Narra Harrison
Me encontraba sentado en el sofá, presionando continuamente el mando a distancia para encontrar algo decente que mirar entre los muchos canales que había. Cuando al fin encontré una película que parecía buena, el sonido del timbre me obligó a levantarme.
Caminé pesadamente hacia la puerta y, después de pelearme con la llave que por alguna razón alguien había dejado en la cerradura, conseguí abrirla llevándome una grata sorpresa.
–Leah…–susurré casi más para mi mismo– pensé que aún estabas en…
Me callé al ver que no tenía sentido comentar aquello teniendo la clara evidencia de que había vuelto delante de mis ojos. Por mala suerte, la tía de su madre que estaba enferma se había puesto peor y decidieron hacerle compañía durante las navidades, por lo cual no esperaba su visita.
–Hola –saludó alegremente mientras una sonrisa se extendía por su rostro– pensé en llamarte, pero ya sabes que me gustan las sorpresas. –besó mi mejilla y se adentró en casa sin esperar invitación siquiera.
Normal, no habían pasado más de dos semanas desde la última vez que nos vimos, pero aún así no me esperaba su visita y quedé atontado durante unos segundos.
Cuando por fin salí de mi estado de aturdimiento, entré tras ella.
Enseguida me di cuenta que su estado de humor era mucho más bueno del que había tenido las últimas semanas.
Sus padres habían estado teniendo continuas discusiones, cosa que ella se tomó muy mal y pensó en el peor desenlace para esa historia. Aunque fuera joven, Leah se había visto envuelta en muchas situaciones poco agradables que le habían hecho ponerse una barrera para no salir nunca herida. Pero cuando esa barrera fallaba, y notaba que le empezaban a surgir sentimientos, su estrategia consistía en mantener las distancias. No la culpaba por ello, cada persona tiene sus motivos para ser tal como es.
Y yo, tenía muy claro mi objetivo, conseguir derribar esa gran barrera que no me permitía llegar a la verdadera Leah.
–¿Me escuchas? –preguntó pasando su mano izquierda por delante de mi cara. Entonces bajé la mirada y me di cuenta de que su mano derecha estaba ocupada por una cajita en la que no me había fijado antes.
–Eh… ¿Nos sentamos?
Vi a Leah asentir con la cabeza mientras seguía mi ademán para sentarnos en el sofá.
–Pues lo que te decía –prosiguió alargando su fina mano hasta depositar la cajita roja en mi regazo– te he traído una cosita. Considéralo mi regalo de Navidad atrasado.
Cogí el regalo entre mis manos mientras observaba la caja intentando adivinar su contenido. La curiosidad me ganó y rápidamente deshice el lazo que envolvía la caja.
Dentro se encontraba una cosa que no hubiera adivinado nunca. Saqué con delicadeza lo que parecía ser un álbum de recuerdos y abrí la primera página para confirmar que sí lo era. Página tras página se encontraban pegadas de una forma muy original y ordenadas por orden cronológico muchas de las fotos que nos habíamos tomado desde el inicio de nuestra amistad.
No era un álbum comprado, lo había hecho ella con recortes de papel y cartón de diferentes formas haciendo que quedara mucho más bonito y personal. No me quiero ni imaginar el montón de tiempo que le habría llevado hacerlo.
–Estos días que no he estado por aquí he tenido mucho tiempo libre. –se calló pero al ver que yo no decía nada se apresuró a continuar– sé que no es lo mejor que te han regalado ni nada por el estilo pero…
–Es perfecto –la interrumpí antes de que sacara conclusiones precipitadas.
Sabía perfectamente que su familia no se encontraba en una buena situación económica y que por lo tanto no podía desperdiciar el dinero en cualquier cosa. Pero eso no me importaba, aunque sus padres hubieran sido millonarios, prefería sin dudo un regalo como ese, personal y emotivo, que no uno que se paga con dinero pero que en dos días se te olvida que lo tienes.
Narra Leah
Estaba de camino a mi casa tras pasar la mayor parte de la mañana en casa de Harrison. Cuando llegó la hora de comer, me despedí a pesar de sus suplicas para que me quedara con él. No podía quedarme ya que les había asegurado a mis padres que estaría de vuelta para el almuerzo.
Entré en la cocina y saludé a mis padres, que por suerte no peleaban desde hacía varios días, y me informaron que aún quedaba un poco para que la comida estuviera lista.
Subí las escaleras para llegar a mi habitación y poco después el móvil vibró en mi bolsillo informándome de que había recibido un mensaje nuevo.
Harrison:
¿Tienes el libro de ciencias en casa?
Me extrañé por su pregunta pero aún así le contesté con una respuesta afirmativa. Poco después me llegó su contestación.
Yo lo tengo en clase. ¿Puedes mandarme una foto de la página 49?
Vale, esto cada vez se volvía más extraño. ¿Para qué iba a querer una foto de esa página? No tenía sentido, más que nada porque aún estábamos en vacaciones y no teníamos deberes de esa asignatura.
A pesar de todo me dirigí a mi escritorio, donde se encontraba el grueso libro y empecé a hojearlo hasta llegar a la página que buscaba.
Entre las páginas cuarenta y ocho y cuarenta y nueve se encontraban dos entradas para ir a un concierto al que me hacía mucha ilusión ir, pero al que mis padres no se habían podido permitir comprar las entradas ya que eran excesivamente caras.
Cogí las entradas y divisé que un papelito las acompañaba.
¿Sorprendida? Por si acaso estabas empezando a hacer planes, olvídate, yo seré tu hermoso acompañante.
Feliz Navidad
-H
Me reí por el adjetivo que se había puesto a él mismo, pero que aún así era muy acertado. Sabía perfectamente que estaba bromeando y que desde el primer momento tenía claro que yo no iba a llevar a nadie que no fuera él a ese acontecimiento.
Rápidamente fui en busca del móvil que se había quedado encima de la cama y empecé a teclear.
Wow… No sé qué decir, estoy sin palabras. No me lo esperaba para nada. Muchísimas gracias.
PD: ¿cómo conseguiste ponerlas allí sin que me enterase?
Él no se demoró en responder:
Bueno… El plan era hacer que las encontraras en Navidad pero debidas las circunstancias, es mejor tarde que nunca.
PD: un mago nunca rebela sus trucos.
(***)
Cometí el grave error de decir que me aburría delante de mi madre, la cual no dudó ni un segundo en decirme que me llevara a mis hermanas al parque ya que no se estaban quietas en casa y tras una larga semana, mis padres necesitaban descansar.
Caminamos un par de manzanas, hasta llegar al parque al que solíamos acudir. Por desgracia, a esa hora de la tarde estaba repleto de gente.
Alice salió corriendo hacia los columpios mientras que yo con Sarah en brazos me dirigía a un banco para quitarle una piedrecita que se le había metido en el zapato.
–Hola –saludó una chica sonriente que no había visto con anterioridad pero que se le veían las intenciones que llevaba. La pequeña Sarah seguía siendo un imán para las chicas, al parecer llevar una bebé te hacía parecer más atractivo– me llamo Lily ¿y tú?
–Harrison –contesté con poca amabilidad mientras intentaba mantener quieta a mi hermana, la cual movía su pie descalzo para que no pudiera ponerle el zapato de nuevo.
–¿Vienes mucho por aquí? –continuó interesándose.
–Bastante.
–Yo cuido a ese niño de allí –señaló a un niño de más o menos la edad de Alice– ¿tú también eres niñero?
–Es mi hermana. –contesté con sorna ya que la chica solo buscaba establecer conversación fácil, sin ser muy listo se veía que Sarah y yo compartíamos demasiados rasgos como para no mantener ninguna relación de parentesco.
Sarah, que por algún motivo no le gustó esa chica, me rodeó el cuello con sus bracitos y le dirigió una mirada despectiva.
Varios meses atrás no me hubiera molestado que una chica con segundas intenciones se acercara, es más, hubiera estado encantado con la idea, pero por alguna razón ahora ya no sentía interés por ellas, en realidad me hacían sentir incómodo.
Sarah señaló hacia su hermana, removiéndose entre mis bajos para que la bajara y poder ir a su encuentro. Iba a dejarla en el suelo cuando divisé a un hombre desconocido hablando con ella. Sin dudarlo sostuve bien a Sarah contra mi cadera y me dirigí a paso rápido hacia los columpios.
No llegamos hasta ahí ya que Alice nos vio y llegó hasta nosotros rápidamente, sabiendo que iba a ser regañada para hablar con extraños. Dirigí una última mirada al tipo que había estado hablando con ella, que por alguna razón sentía como si lo hubiera visto antes y me giré nuevamente.
–Ali, ¿qué quería ese hombre? –ella se aferró a mi pierna mientras miraba hacia atrás, pero junto los columpios ya no había nadie.
–Me ha preguntado por Tyler.
–¿Por Tyler? –pregunté confundido. ¿Para qué querría saber algo del hijo de Vee un hombre que no me parecía haber visto con anterioridad en el barrio? Y, más importante aún, ¿Por qué intentaba sacarle la información a mi hermana?
–Quería saber dónde vive, si se lo decía prometió comprarme lo que quisiera.
–No se lo has dicho, ¿verdad? –pregunté esperanzado.
–No. Estaba por inventarme una dirección falsa cuando te he visto y me he ido sin contestarle.
–Bien. –contesté intentando parecer calmado. Cogí la mano de Alice y nos dirigimos hacia la salida –Es hora de irnos.
Alice, que en otra ocasión hubiera rechistado porque acabábamos de llegar, intuyó que algo iba mal y se mantuvo en silencio.
Iba dando vueltas en mi cabeza sobre el extraño encuentro cuando me vino un rápido flashback que me permitió identificar al hombre que había intentado sacar información de Alice.
Recordé perfectamente haberlo visto en un álbum familiar, sosteniendo a Scott en brazos.
Y no sentí alivio en reconocer que el tipo que había estado hablando con mi hermana era Gavin, él era pasado para todos nosotros, sin embargo, parece ser que no tuvo suficiente con amargarle la vida a Vee.
Él estaba de vuelta, y peor aún, no creía que sus intenciones fueran precisamente buenas.
