Harrison

Era culpa mía.

Si ese loco tenía que tomarla con alguien debería haber sido conmigo.

Yo tenía que ir a comprar, no ella.

Ella tendría que estar aquí, en casa, con nosotros.

Mierda.

¿Quién sabe de lo que es capaz ese enfermo?

La habitación a mí alrededor se iba difuminando y creí que en cualquier momento me fallarían las piernas.

Por suerte, unas manos evitaron la caída y me acompañaron hasta sentarme en el sofá. Noté que Leah se sentaba a mi lado y, sin decir palabra alguna, intentaba tranquilizarme aunque eso no era posible.

Mi pierna se movía incontrolablemente mientras por mi cabeza pasaban cientos de imágenes de lo que podría estar pasando en ese momento a mi hermana.

Patch

Era culpa mía.

Nunca debería haber dejado que fuera sola.

Joder.

Mi pobre niña.

Al darme cuenta que aún sostenía a Nora entre mis brazos, intenté despejarme y la acompañé para sentarme junto a ella en el sillón.

Estaba pálida, muy pálida. Al igual que Harrison.

Lo único que se me pasaba por la mente es que debía encontrar a ese malnacido y…

No. Tenía que relajarme. Cualquier movimiento en falso y pondría en peligro a Alice.

En el salón reinaba el silencio absoluto.

Leah abrazaba desde atrás a Harrison, el cual estaba absorto en sus pensamientos.

Mi mirada volvió entonces a Nora, que mantenía la vista en un punto fijo y su cuerpo empezaba a temblar.

En mi interior todo eran malos presentimientos, pero no era momento para pensar en negativo.

Alice nos necesitaba, y si nos dejábamos llevar por la desesperación no conseguiríamos nada.

—Todo estará bien –susurré mientras acercaba más su débil cuerpo a mi pecho –la encontraremos, la llevaremos con nosotros y luego nos encargaremos que ese tipo no vuelva a aparecer jamás en nuestras vidas –continué, tratando de convencerme a mí mismo de mis propias palabras.

Hubo un largo silencio.

De repente noté que los brazos de Harrison se tensaban y supe que la ira lo estaba superando. En cualquier momento empezaría a golpear todo lo que tuviera al abasto. Por suerte, Leah también pareció notarlo y haciendo más fuerte su agarre consiguió que poco a poco sus músculos se fueran destensando.

En algún momento, un llanto proveniente de la habitación de Sarah rompió el silencio.

Para mi sorpresa, Nora intentó recuperar la compostura y se limpió las lágrimas que aún descendían por su rostro. Quise levantarme para ir yo mismo, pero me lo impidió.

(***)

Cuando Leah se fue, no sin antes asegurarle que si podía ayudar en algo, no dudaríamos en avisarla, decidimos que lo adecuado sería llamar a Vee para informarla sobre las intenciones de su ex marido. Sabía perfectamente que para Alice la familia era algo sagrado y, por eso mismo, sabía que evitaría a toda costa dar alguna información que pudiera llevar a Gavin a descubrir el paradero de la persona que ella consideraba como su tía. Aún así, cuando le contamos a Vee que estaba utilizando a Alice como estrategia para encontrarla a ella, perdió los nervios y aseguró que vendría enseguida a nuestra casa, pero concluimos que era mejor no reunirnos por si acaso Gavin andaba cerca. Por precaución, decidieron que en ese mismo instante llevarían a Tyler a casa de sus abuelos y luego volverían a llamarnos.

–Si hubiera ido yo esto no estaría pasando… –comenzó a lamentarse Harrison que no paraba de ir de una punta a otra del salón.

–Harrison, el único culpable es Gavin. –concluí a pesar de sentirme también culpable por no haberla acompañado.

El ruido del timbre nos sobresaltó a todos.

Nora, que era la que se encontraba más cerca de la puerta, se encaminó a abrirla, pero se lo impedí. Al abrir, me sorprendió encontrarme con Scott.

Me eché a un lado para dejarlo pasar y cerré la puerta tras él cuando lo hizo.

–No sabéis la vergüenza que me da ser –pausó un momento y puso cara de repulsión –hijo de semejante individuo. Yo… sé que habéis acordado que era mejor que no viniéramos, pero necesitaba hacer algo para ayudar.

Nos sentamos y empezamos a pensar alguna forma posible de encontrarlos, descartando todas las que pudieran suponer un peligro para Alice.

Nos planteamos engañarlo diciendo que si soltaba a Alice, Vee se reuniría con él, pero sabíamos perfectamente que no era tan ingenuo como para creérselo. También intentamos pensar donde se estaría escondiendo, pero había demasiados sitios posibles. Finalmente, llamar a la policía parecía la última y mejor opción.

Harrison, que había sido partidario de acudir a las autoridades desde el primer momento, sacó el móvil rápidamente y tacleó el número adecuado.

–Eso es. –solté de repente, llamando la atención de los que me rodeaban. –Esperad.

Hice un gesto a Harrison para que colgara la llamada y dirigí una mirada rápida al calendario antes de empezar a hablar.

–Harrison, ¿le has dado alguna clase ya a Alice para que aprendiera a usar sus dones?

–Sí, un par. Aunque aún me faltaban algunas cosas para enseñarle –soltó confundido –¿Por qué?

Bien. Alice era lista, seguro que la opción de meterse en la mente de Gavin ya se le habría ocurrido. Lo que seguramente no sabía era donde se encontraba y, a no ser que se viera en apuros, no iba a escapar sin saber a dónde ir.

–Seguro que sabe que puede usar los trucos mentales en su favor, pero si no lo ha hecho aún, es porque hay algo que se lo impide.

–Debe estar asustada, cuando le di clases se agobió. Pensaba que nunca lograría utilizarlos como nosotros, a pesar de que le advertí que no era tan fácil cuando se era principiante.

–Bien, entonces lo único que le falta es confianza. Debe saber que estamos con ella.

–Creo tener una idea de donde pueden estar. –Scott nos miró y se dio cuenta que estábamos esperando a que prosiguiera –En nuestra antigua casa.

Cuando se divorciaron, Vee tuvo que dejar la casa ya que estaba a nombre de Gavin, por lo tanto, aunque él se hubiera ido del país tras la ruptura, era evidente que aún mantendría una copia de la llave.

–¿Tú crees? –preguntó Harrison –¿No sería demasiado evidente?

-–El nunca ha sido demasiado listo. –respondió Scott encogiéndose de hombros.

–Entonces, será mejor llamar a la policía para que este cerca en caso de que algo salga mal.

-–Llamaré a mamá para que venga a cuidar de Sarah, y podemos irnos.

Princesa, dentro de nada estarás de nuevo con nosotros