Narra Scott

No podía esperar mucho más, era momento de entrar en acción.

Llamé con cautela al timbre de la casa, pero al comprobar que no funcionaba, golpeé los puños contra la puerta. Poco tiempo después, oí la voz ronca de un hombre soltando alguna que otra maldición y arrastrando los pies pesadamente hacia mi dirección.

Oí el ruido del pomo al girarse y seguidamente se abrió un poco la puerta. Mi paciencia se estaba agotando, así que la empujé de una patada para que se abriera completamente e hice algo que hacía mucho tiempo deseaba hacer. Mi puño fue directo a la cara de ese individuo, que no se podía considerar un hombre. Al parecer, empleé más fuerza de la que tenía prevista, porque Gavin cayó directamente al suelo quedándose inconsciente.

Me hubiera gustado seguir allí dándole la paliza que se merecía y hacerle pagar por todo el sufrimiento que había causado a la gente que más quería, pero en ese momento tenía que hacer algo más importante.

Corrí escaleras arriba para dirigirme a la habitación de la cual salían leves sollozos, encontrándome allí a la pequeña Alice acurrucada en una esquina temblando.

Pensé que tendría miedo de mí y evidentemente lo tuvo cuando me vio. Pero cuando le conté que era amigo de Nora y estiré mis brazos hacia ella, se levantó pausadamente y terminó apoyando su pequeña cabeza en mi pecho.

Me senté en la cama con ella en mi regazo mientras iba acariciando su lacio cabello, consiguiendo así que se fuera calmando.

No pasó mucho tiempo cuando oí ruidos en el piso inferior y Alice enseguida se volvió a remover inquieta sobre mi regazo.

No mucho después, se libró de mis brazos para arrojarse a los de su madre, que se encontraba en el umbral de la puerta mirando con incredulidad hacia mi dirección.

Narra Nora

Parpadeé varias veces intentando asimilar lo que mis ojos veían.

Trastrabillé hacia atrás cuando Alice se arrojó a mis brazos y salí de mi aturdimiento abrazándola con fuerza. Por detrás de su hombro pude ver como Scott se ponía en pie y mantenía una tímida sonrisa en su rostro.

Con sumo cuidado, después de llenar la cara de Alice de besos, me giré para dejarla en los brazos de Harrison y con pasos vacilantes me acerqué a alguien que no creí volver a ver en la vida.

No sabía muy bien como actuar, de hecho, aún tenía dudas de si era real o si en realidad me estaba volviendo loca.

De repente, alcé la vista encontrándome con su mirada y comprendí que escasos pasos me separaban de él. Quería alargar mi brazo para tocarlo y asegurarme que era real, pero un movimiento rápido por su parte me lo impidió y de repente me encontré envuelta en sus brazos.

(***)

Cuando me había recuperado mínimamente de la impresión, había comenzado a hacerle miles de preguntas, pero no obtuve respuesta para la mayoría de ellas. Aún así, prometió contármelo todo y darme todas las explicaciones que quisiera una vez hubiera tenido la ocasión de hablar con Vee.

Era totalmente comprensible, así que la llamé, primeramente para tranquilizarla y contarle que todo había terminado y por otra parte, para pedirle que se reuniera conmigo en un lugar en concreto- aunque en realidad yo nunca iría allí-, pero pidiéndole expresamente que fuera sin compañía.

Después de eso, Patch se encargó de mantener inmovilizado a Gavin hasta que llegara la policía.

Narra Scott

Cuando Nora propuso que me encontrara con Vee en esa plaza alejada, me pareció perfecto ya que podría contarle todo sin que nadie nos molestara, con pausa. Pero en ese momento estaba aterrado. ¿Y si no quería verme? ¿Y si no compartía la misma ilusión que sentía yo por volver a verla? ¿Y si solo sentía rechazo hacia mi persona?

Tuve ganas de huir, pero al ver su figura apareciendo por el fondo del callejón, todas mis ganas de alejarme se disolvieron.

Solo quería atraparla entre mis brazos y no dejarla salir jamás, pero sabía perfectamente que las cosas habían cambiado y eso no iba a ocurrir.

Cuando llegó al centro de la plaza, salí de detrás del árbol desde donde la había estado observando todo este tiempo y me dirigí trastabillando hacia allí.

Estaba preciosa. No. Más que eso. No había palabras para describir todo lo que su presencia causaba en mí.

Cuando sus ojos conectaron con los míos, el mundo que nos rodeaba despareció para mí. Solo éramos ella y yo. Yo y ella. Nosotros.

No quería asustarla, por lo que aunque me moría de ganas, no tenía previsto alargar mi mano para tocarla. Aun así, me vi obligado a hacerlo cuando sus piernas flaquearon. Si no hubiera sido por mis manos sujetándola por la cintura, hubiera terminado en el suelo.

Minutos después, cuando comprobó que sus piernas volvían a sostenerse sin ayuda, apartó mis manos de su cuerpo y me miró con desconfianza.

–Esto tiene que ser una trampa. O una broma. Una de muy mal gusto. ¿Por qué todos quieren hacerme daño? No creo que haya hecho nada malo para merecer esto…

–Eh. Mírame – le cogí la barbilla e hice que sus ojos miraran a los míos –. Soy yo. Todo lo malo va a terminar.

La mirada de desconfianza se transformó en confusión, pero me alivié cuando en el tercer intento me dejó rodearla con mis brazos de nuevo.

-–Creí que los sueños no se cumplían –murmuró –. No sabes la de veces que le he rogado a la oscuridad que me diera un momento como éste…

–Shhh. –la hice callar suavemente cuando su cuerpo empezó a convulsionarse debido a los sollozos que salían de su garganta.

Me sentí de lo más aliviado al comprobar que los indicios de rechazo hacia mí en sus acciones habían desaparecido. Aunque me hubiera gustado quedarme en esa postura toda la eternidad, nos guié a ambos hasta el banco más cercando, donde, para mi sorpresa, Vee se acurró lo más cerca que pudo de mi pecho.

–¿Crees que es el momento para explicaciones? ¿Estás preparada para oír todo lo que te tengo que contar?

Sus sollozos aún no habían desaparecido por completo, así que se limitó a asentir levemente con la cabeza.

–Bien… Cuando morí, sentí una sensación de lo más extraña. Vi como me desprendía de mi cuerpo, que se encontraba tirado en el suelo, e iba ascendiendo. Asustado intenté gritar a Nora para que me ayudara, pero enseguida comprobé que no me oía.

Al contrario de lo que me imaginé, cuando dejé de ascender me encontraba rodeado de ángeles. No comprendí nada, ya que creía que iría a un lugar con todos los Nefilim, pero allí no había ninguno. De repente un arcángel se presentó ante mí, uno que había visto con anterioridad; el detective Basso.

Estuvo hablando mucho rato, diciéndome que se sentían en deuda conmigo por haber contribuido a acabar con los planes de Dante y con él, la hechicería diabólica. Así que me propuso que le dijera algo que deseara, y ellos intentarían cumplirlo.

Me detuve un momento para mirar a Vee a la cara y comprobar que me estuviera escuchando, al ver que así era, proseguí.

–Mi único deseo era volver junto a ti. Así que les pedí que me devolvieran a la tierra. Ellos se mostraron sorprendidos, pero creyeron que era un deseo fácil de complacer. Solo debían expulsarme del cielo y estaría de nuevo contigo.

–Entonces, ¿por qué no has vuelto hasta ahora? –preguntó ella con cautela.

–Ahí cometí un error que nunca me perdonaré. Fui demasiado egoísta. Que me expulsaran del cielo significaba volver, sí, pero no hubiera podido sentirte como lo estoy haciendo ahora –la apreté suavemente contra mí. –Entonces, me dijeron que para volver a la tierra con todos los sentidos, me llevaría semanas. Desde el cielo podía verte y se me rompía el corazón cuando veía que estabas destrozada por mi culpa, pero creí que si volvía sin poder sentirte, lo nuestro cambiaría. Así que siendo un iluso, acepté. Tras varias semanas, que supusieron una eternidad, estaba listo para poder volver, pero entonces tú te habías mudado a Inglaterra e interpreté eso como que querías olvidarte de todo lo relacionado conmigo.

De todas formas, siempre estuvisteis presentes en mi mente, y aunque no fuera un ángel custodio propiamente dicho, me propuse actuar como tal.

–Me.. –interrumpió ella medio tartamudeando –¿Me odias por haber tenido hijos?

–En absoluto. Tus hijos representan un pedacito de ti, y amo todo lo que tenga que ver contigo. Además, cuando le pusiste a tu primer hijo mi nombre, recuperé las esperanzas de que aún siguieras pensando en mí.

–En realidad, nunca he dejado de hacerlo –susurró.

Deposité con cautela un beso en su frente y proseguí con el final de todo lo que tenía por contarle.

–Últimamente, he estado observando las intenciones de Gavin y sentí que no podía quedarme allí arriba. Ese desgraciado quería hacer daño a las personas que más amaba, utilizando a los hijos de Nora para destruirte a ti… Simplemente, no podía permitirlo.

–¿Amabas? –preguntó con recelo.

–Amaba, amo y amaré.

Porque sí, a pesar de los años que habían pasado desde que hablé con ella por última vez, la seguía amando con todo mí ser.

Y, a juzgar por sus labios que fueron en busca de los míos, mis sentimientos eran correspondidos.