Narra Harrison
Me encontraba tranquilamente mirando la televisión, cuando el llanto de Sarah resonó en mis oídos.
Genial. Se me había acabado la tranquilidad.
Mis padres habían llevado a Alice a su concurso de baile, por lo que tendría que hacerme cargo de mi hermana menor durante todo el día.
Cuando llegué a su habitación, la encontré agarrada a los barrotes de la cuna, intentando salir.
–Sarah –suspiré –algún día te vas a caer.
La cogí en brazos y vi como fruncía el ceño. Seguro que no esperaba encontrarse conmigo, normalmente es mi madre quien la despierta.
–Haddy –dijo de pronto sonriendo, agarrando mi nariz y tirando levemente de ella.
–No. Harry no. Di Harrison –repetí lentamente.
–Haddy. –intenté dejarla en el suelo para que caminara por su propio pie, pero se agarró como un koala a mi cintura.
Solté un suspiro y cuando llegamos a la cocina la dejé sentada en la encimera. Rebusqué en la nevera la leche para prepararle el desayuno, pero recordé que me la había terminado yo mismo el día anterior.
–Empezamos bien el día.
Cuando hube vestido a Sarah, nos encaminamos a la tienda más cercana.
–Buenos días –saludó Amber sin levantar la vista de unos papeles. Cuando por fin lo hizo, nos sonrió –¡Pero mira quienes están aquí! ¿Cómo están mis chiquitines favoritos?
Sabía perfectamente que odiaba que me llamara de ese modo, porque de "chiquitín" ya no tenía nada, pero terminé por acostumbrarme.
–Oye. ¿Cómo está Alice? Me enteré de lo que pasó y…
¿Cómo no se iba a enterar? Era la mujer más chismosa de todo el barrio.
–Está mejor. Estuvo un par de noches sin dormir, pero es fuerte. Me sorprende la madurez con la que afrontó la situación.
–Pobrecita mi niña –contestó más por ella misma que por nadie –Oh. Y cuéntame, ¿qué tal con tu novia?
–¿Perdona? –contesté sorprendido. ¿De dónde sacaba esas cosas esta mujer?
–No intentes engañarme, que Alice ya me lo contó todo. –genial, Alice. Ya podía empezar a pensar en mi venganza –Ya decía yo que un chico tan guapo como tú debía tener algún amor secreto por allí… Tranquilo, puedes contarme, no les diré nada a tus padres…
–Yo no tengo novia –le corté.
–Oh –se llevó una mano al pecho, dramatizando claramente –¿Entonces habéis terminado?
–Ni si quiera empezamos… -susurré.
–¿Pero cómo…? –intentó seguir cuestionando pero por suerte una vocecita la interrumpió.
–Haddy. –Sarah se removió inquieta –Teno hambe.
–Cierto. Tenemos algo de prisa, ¿tiene una botella de leche?
(***)
Por la tarde, mientras perseguía a Sarah por el salón evitando que destrozara alguna cosa, sentí mi móvil vibrar en el bolsillo trasero del pantalón.
Sonreí involuntariamente al ver la imagen de Leah brillar en la pantalla.
–Sarah, estate quieta un segundo. –dije cuando ya había descolgado la llamada.
–¿Hermano mayor en apuros? –se rio.
–Algo así –mientras hablaba, Sarah intentaba quitarme el móvil de la oreja. –Mira, es Leah. ¿Quieres decirle hola?
Le acerqué el móvil a su pequeña oreja y oí como Leah le hablaba. Sarah se limitaba a asentir con la cabeza, sin saber que ella no podía verla.
Cuando por fin me devolvió el aparato, pudimos hablar tranquilamente.
–Y bueno, ¿A qué se debe tu llamada? –pregunté finalmente.
–Estaba muerta del aburrimiento y quería preguntarte para ir a algún sitio, pero ya veo que estás atareado.
-–Pero estoy desando verte… Con todo lo de estos días, no hemos podido vernos. ¿Por qué no vamos al centro comercial? Deberías comprarte un vestido, si mal no recuerdo las entradas para el concierto que te regalé en navidad son para dentro de poco.
–Eh… Sobre eso… No te dije nada porque evidentemente había asuntos más importantes para ocuparnos en ese momento, pero la fecha ya pasó.
De repente me sentí terriblemente mal. Sabía que no era mi culpa lo sucedido, pero de haberme acordado le habría dicho que fuera con alguna de sus amigas al concierto.
–No te preocupes. –dijo rápidamente –ya tendremos otras oportunidades. Lo primero es lo primero, y Alice está de vuelta a casa, que es lo importante. –seguí en silencio porque no sabía cómo disculparme –¿En tu casa dentro de media hora?
–Claro. Hasta luego.
(***)
Al principio me sentí algo incómodo, pero al ver que Leah no le daba gran importancia al incidente, acabé por relajarme y disfrutar de la tarde con dos de mis chicas favoritas.
En cierto momento Leah se adentró en una tienda de ropa, lo cual significaba que estaría una eternidad allí adentro.
Para aprovechar el rato, decidí ir a comprar dos helados y cuando los tuve, junto a Sarah nos sentamos en un pequeño banco enfrente de la tienda.
De repente, vi como una chica miraba hacia nuestra dirección, pero sus ojos no estaban puestos en mí, sino en mi hermana, la cual estaba sentada en mi regazo.
La chica, que parecía de mi edad, se acercó hasta nosotros con pasos vacilantes y tímidos.
–Hola –me saludó con una pequeña sonrisa –siento molestar, pero me encantan los niños y tu… hermana, supongo, es una dulzura.
–Hola –le devolví el saludo –tranquila, no es ninguna molestia. Sarah, dile hola a esta chica tan simpática.
Mi hermana la miró con desconfianza, entrecerrando sus ojos hacia ella y acurrucándose contra mi cuerpo en un gesto de timidez. La chica, por suerte no se lo tomó a mal, y dejó escapar una pequeña risita nerviosa.
–No te preocupes, no es nada personal. Es muy cariñosa cuando quiere, pero le cuesta relacionarse con personas que no conoce.
Desvié mi mirada hacia la entrada de la tienda y vi como Leah nos miraba a ambos, con una expresión no muy amigable. Cuando llegó hasta donde estábamos, se sentó a mi lado y enseguida Sarah estiró sus bracitos hacia ella para que la cogiera.
–Bueno, tengo que irme. –se disculpó la chica –un placer hablar contigo. Adiós pequeña.
La vi alejarse hacia un grupo de gente que supuse que eran sus amigos.
–¿Quién era? –preguntó Leah mientras jugueteaba con las manos de mi hermana.
–Ni idea. Ni siquiera sé su nombre.
–No me gusta. –susurró.
–A mi tampoco, pero era amable. Además, solo venía a ver a Sarah… Espera. ¿Estás celosa?
–Para nada.
Iba a dejarlo estar y pasarle su helado cuando volvió a hablar.
–Bueno, quizá un poquito.
Una sonrisa se instaló en mi rostro.
–Pues no te preocupes, mi hermana se encarga de echar a todas las chicas. Les manda unas miradas asesinas que hasta a mí me asustan. Creo que solo le gustas tú. –me di cuenta de que estaba conteniendo una sonrisa –Sarah, ¿quieres a Leah?
-Shí. –contestó ella sin dudar ni un segundo.
–¿Y a mí? –le pregunté.
–No shé. –me hice el ofendido, pero me era imposible enojarme con ella.
–¿Me quiedes? –le preguntó ahora mi hermana a Leah.
Ella le respondió afirmativamente y se hizo un breve silencio.
Estaba por sacar otro tema de conversación, cuando la pequeña volvió a hablar.
–¿Y a Haddy? –le preguntó señalando hacia mí.
