21.4. Descubierto
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"Son las sei..."
"Disfruten de..."
"Madrugadores ya son cuarto para las..."
"Son las siete con veinte minutos, es hora de la mejor música matutina"
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¿Música?
Se removió entre las colchas blancas con flores rosas.
Ah que temprano. Se apretó más en la posición fetal en la que dormía frecuentemente.
Como me gusta esa canción.
Why can't you leave me? 'Cause even though I shouldn't want it, I gotta have it, I want you!
Un momento acaso dijo siete.
Abrió los ojos y se quitó las sabanas de un tirón. No podía creer que se había quedado dormida, hace años que no le sucedía eso.
Se empezó a desvestir dejando la pijama en donde cayera para meterse directo a la ducha. En donde agarro su cepillo de dientes del lavabo y le vertió pasta sabor manzana-canela. Se bañó velozmente utilizando todos sus miembros posibles para hacerlo. Sus manos se esparcían shampoo en sus castaños cabellos después el jabón de duraznos con cerezos para el cuerpo y los dientes todo a la vez. Y también hacía intento de cantar la canción de la radio en la parte donde rapeaba.
Too biggie to be here stressin', I'm thinkin' I love the thought of you, more than I love your presence, and the best thing now is probably for you to exit, I let you go. Let you back. I finally learned my lesson!
No entendía que le había sucedido. Siempre se levantaba a las seis con el despertador porque se conocía, sabia sus mañas de amar la cama. A menos que fuera por esa nota de ayer, no, eso no debía impedirle seguir con su rutina.
Se vistió con un pantalón de mezclilla y una blusa sencilla marrón con un chaleco dorado. No tenía tiempo de combinaciones y necesitaba lavar ropa por lo que se había puesto sus calzoncillos de emergencia, unos blancos casi transparentes que tenían un pequeño orificio en el hueso de la cadera y una ropa que casi no se ponía.
Se fue directo a la puerta con llaves en la mano. Salió pero recordó cuando esperaba el ascensor que no traía su bolsa por lo que regreso a su puerta azul. Abrió y busco en la sala sus cosas. Dios se le hacía tarde y tenía esperarse el autobús o llamar a un taxi, porque su auto llevaba una semana en el taller.
Saliendo de su edificio de 4 pisos, suspiro porque ahora tenía que correr.
Se dirigió a la esquina derecha de la cuadra cuando un Rolls Royce obstruía su paso. Frunció su ceño ligeramente empezando a florecer en sus labios palabras nada agradables, cuando este bajo la ventana oscurecida y se sorprendió.
Negó con la cabeza a la vez que sonreía.
—Hola, abuelo.
—Hola, Florecilla ven y sube.
—Abuelo, tengo escuela—dijo rodando los ojos obviando su inconformidad.
—Sube, tenemos que desayunar—sonrió amablemente mientras arrugas aparecían en sus parpados y mejillas.
—Pero...
—Shhst, Asaho me debe un favor.
Ese comentario la dejo boquiabierta. Su abuelo chantajeando a sus profesores.
—Abuelo, no debiste hacerlo
—Sube que tu abuelo quiere platicar, no sé cuánto tiempo me quede de vida y tú poniendo peros.
Resignada subió al asiento trasero con su abuelo, en cierta forma se lo debía por regalarle su departamento en una zona céntrica y segura que para una joven de su edad sería imposible conseguir.
—Buenos días, Henry—saludó al chófer de su abuelo.
El señor Amamiya era un hombre que había trabajado duro para darle lo mejor a su familia, brindarle seguridad a sus hijas y apoyo económico. En general era muy modesto al gastar su dinero, pero sabía invertirlo comprando un departamento que actualmente era de Sakura y dos casas, una en la ciudad y otra en un campo para vacacionar, entre otras inversiones que tenía. Pero, su único gusto lujoso fue el Rolls Royce que poseía desde hace treinta años y seguía como la primera vez que lo compro.
—Toma, Dorotea nos ha preparado esto—señalo la bandeja que sostenía.
Eran unos huevos con queso amarillo y jamón en forma de cupcakes con capacillos de cuadros rojos con blanco. Unas copas con jugo de naranja y unos bollos azucarados de guayaba especialidad de la cocinera de su abuelo.
—¿Cuándo regresaste abuelo?
—Ayer, quería venir a verte por tu cumpleaños, sé que no estuve por mis negocios pero Nadeshiko me dijo que cenaste con ellos.
Ella sonrió mordiendo un cupcake, amaba la comida de Dorotea era lo que le cocinaba cuando niña visitaba al abuelo.
—Sí, mama vino para llevarme a cenar, me la pase bien con ellos.
El observó a su nieta, atento a sus facciones.
—¿Todo salió bien?
—Sí, cenamos pizza en un restaurante Italiano, fueron Clow y Kero, también Touya, todos regresaron de Tokyo para mi cumpleaños. Ya me acostumbre a eso abuelo, no te preocupes.
—Es bueno saberlo, no quería que te la pasaras sola.
Dijo serio mientras la miraba comer, ella siguió en silencio por un rato. La admiraba por su fortaleza, pero quería verla más animada, antes de que sus padres hubieran deshecho su familia.
—Sabes… al principio sentía que nunca encajaría con la nueva vida de mamá, por eso cuando se casó decidí vivir sola, no quería que se preocupara por hacerme sentir incomoda por la situación, pero... entiendo que todos tenemos que seguir.
—Me alegro que tu madre sea feliz, Sakura, después de lo de tu padre no sé cómo ella sobreviviría, lo amaba mucho pero... pasó lo que paso y cuando llego Reed a su vida, las cosas mejoraron para ella. Pero tú siempre me has preocupado, tu hermano es todo un adulto así que se valía por sí mismo, pero tú a tus 15 años estabas tan sola, apenas entrando en la flor de la vida y cuando tu mamá se fue tú no querías dejar a tus amigos y te quedaste conmigo. Sé que has madurado, solo quiero ver a mi nieta resurgir de todos esos problemas ajenos a ti y que seas feliz.
Tenía tantas ganas de llorar, su abuelo fue su mayor apoyo después del desastroso divorcio de sus padres, porque su mama salió a buscar que haría de su vida, dejándola con su abuelo porque ella no quería más cambios y quería que su mamá analizara su situación.
Entonces, a sus 17 su madre regreso con la noticia de que se iba a casar con Clow Reed, un amigo de la infancia que encontró en Paris, donde vivió todo ese tiempo resurgiendo de las cenizas en las que se había convertido después de lo de su papá.
Y con ello también llego Kero, el hijo de 11 años de Clow. Así que su mama tenía una "nueva familia" que acogieron con gusto porque los dos hombres Reed eran fáciles de querer.
—Abuelo, estoy contenta con mi vida- dijo esto sonriendo cálidamente, pensando en que todo podría haber sido peor.
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Lo único bueno esa mañana fue que el profesor de Derecho Administrativo tuviera ocupaciones por lo que esa hora fue libre y las siguientes iban a ser unas conferencias de reformas y cosas que no le importaban.
Por lo que aprovecho para ir al estacionamiento hacia su automóvil, su adorado convertible "Cut", apodo derivado del nombre original del auto Cutlass, para así tomarse una siesta. Amaba dormir bien y el asistir a la universidad le restaba horas a su descanso.
Pero al ver una carpeta en el piso del copiloto no lo dejaba tranquilo. No se había atrevido a confirmar lo que Spinnel le había informado. Era como si el simple hecho de ver esas hojas lo carcomiera y consumiera.
Se volvió a recostar en su asiento y lo reclino, se tapó el rostro con una chaqueta café que tenía arrumbada y trato de no pensar.
Pero recuerdos le venían a la mente. Su mama cocinando, sus celebraciones navideñas, los consejos de su abuelo... Trataba de analizar si las situaciones tenían algo extraño pero no recordaba nada, debía de haber algo en sus memorias que re confirmaran lo que había investigado. Quería llevar su cerebro a analizar pero eso solo sucedía en las de ciencia ficción.
Su celular comenzó a vibrar y a sonar.
Contestó.
—Papá dice que no se te olvide la cena, no entiendo porque siempre me manda a recordarte las cosas, ni que fuera tu asistente.
—Hola, ¿Cómo estas, hermanito?, ¿Qué tal te va? Así se inicia una conversación telefónica o de perdida con alguien a quien no has visto en varios meses.
—Vamos, Shaoran, está bien, lo lamento, solo sabes cómo es nuestro padre, a veces…
—Sí, como sea—lo cortó mientras se restregaba los ojos y observaba la hora en su celular.
Dios, no puede ser, las once ¿Cómo pude dormir tanto?
—¿De qué cena hablas no recuerdo, que me dijera algo?
—La verdad no tengo idea, según él te dijo ayer pero supongo que le hiciste el mismo caso de siempre—se burló.
—Mmm… no es mi culpa no ser el favorito, Tsubasa.
—Y vuelves con lo mismo, recuerda que Hien Li no quiere a nadie, solo por ser su hijo mayor es que me tiene consideraciones, tu deberías de estar agradecido, no tienes que… bueno, confórmate con ser casi normal.
Casi normal, acaso está bromeando.
—Oye, Tsubasa, si te pregunto algo me contestarías con la verdad.
Un silencio de 5 segundos le respondió.
—Claro
Pero su claro no le contestaba nada. Era una respuesta vacía, sin sentido.
¿Sabes lo de papá?
Es lo que quería preguntar pero la frase se quedaba atorada en su garganta, no sabía por qué, siempre había confiado ciegamente en él, lo protegía cuando su padre sospechaba de algo que hubiera hecho. Pero había una gran pelota de beisbol en su garganta que no se dejaba caer… o escupir.
—Que si sabes de qué se trata la cena.
—Ah... No, no es nada, pero... —suspiros y ese nada decían más de lo que él quisiera—, solo no te exaltes.
—Tsubasa... Me prome…
—Shaoran, hay cosas que se deben dejar para sobrevivir.
De qué rayos.
—¿De qué hablas?
—Nada, bobadas de la edad, me tengo que ir, adiós.
Solo el sonido muerto del teléfono lo acompañaba.
Y entonces entendió que estaba solo, ya ni siquiera su hermano mayor lo salvaría de los monstruos debajo de la cama, porque ahora los monstruos habían salido de su escondite y no dudarían en atraparlo.
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Despidió a su abuelo observando que ya era tarde en su reloj de pulsera, eran las once y media, algo que su abuelo no comprendía era que su tiempo era importante, no negaba que se la había pasado bien al platicar con una de sus personas favoritas pero no debía faltar a clases, las faltas componían un porcentaje importante en sus notas finales, lo bueno es que llevaba casi medio semestre. Faltaba para que Julio llegara con sus múltiples promesas de tranquilidad.
Pero tenía tiempo para llegar a Leyes Internacionales, por lo que apresuro su paso a la vez que buscaba en su bolso su credencial de estudiante.
¿Dónde deje esa…? Oh, ¿Qué es esto?
Sostuvo en sus dedos una cajita aterciopelada de color rosado, tenía adornos dorados a los lados como pequeñas rosas. Frunció ligeramente el ceño porque no entendía que hacia eso ahí. Sin detenerse, la abrió, encontrando un papel blanco con una prolija letra manuscrita de su abuelo:
"Olvidemos ese cacharro
Y acepta el regalo de tu pobre,
Viejo y desgastado Abuelo"
Al girarla contenía una amenaza muy clara: NO ACEPTARE DEVOLUCIONES.
Sonrió confundida y observo unas llaves con un llavero dorado con letras rosas Mazda.
NO.
Ella había hecho mucho sacrificio de gastar sus ahorros en un antiguo automóvil reconstruido que estaba a las afueras de un taller. No era el más veloz ni el mejor pero le gustaba, la confortaba aunque últimamente le diera muchas batallas. Pero tenía que regresar ese automóvil, no podía quedarse con ese regalo.
Lo primero no debía verlo, no debía tocarlo ni sentirlo porque probablemente lo amaría y no le gusta dejar algo que quiere.
Pero, lo que Sakura Kinomoto no había visto, era que una simple piedrita le haría perder la cabeza.
Literalmente.
—¡Demonios! —gritó recostada en la acera de la universidad, no es porque quisiera acostarse en el suelo, simplemente una pequeña piedra atorada en la rendija de una losa ocasiono que la suela de su zapato se resbalara.
Por lo que una Sakura desconcertada observando todas sus posesiones esparcidas en el piso, se sentó para levantarse y así poder recoger sus cosas, pero un mareo la sacudió dejándola esta vez, inconsciente.
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—Disculpa, ¿sabes dónde se encuentra Kinomoto? —le preguntó a una joven de cabellera marrón ligeramente ondulada.
—Oh, Li, no sabes lo que sucedió—afirmó más que preguntar con una ligera sonrisa y una mirada de curiosidad—, tuvó un accidente y ahora está en la enfermería.
Pero antes de que dijera la última palabra el joven de jeans oscuros se alejó para ir a su próximo objetivo: la enfermería
Ya era mediodía, y al tener una cena "importante" tenía que buscar a su única salvación: Sakura Kinomoto. Quería tener una excusa para llegar tarde con su adorada familia y ella era su respuesta; un trabajo escolar.
Al saber que ella estaba lastimada lo hacía sentirse culpable y entendía el por qué no la había visto.
Siguió avanzando hacia la enfermería, esperaba que no tuviera nada grave.
Al llegar escucho dos voces, frunciendo el ceño abrió lentamente la puerta y lo que vio era algo que en su vida esperaría ver.
Parecía que las sorpresas nunca paraban en su vida.
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Mientras tanto en algún lugar del mundo una pelinegra recibe un mensaje.
R: Creo que hay alguien que se interesa por Sakura y ella también está interesada.
T: No, porque no estoy ahí cerca O:
R: Te enviare una foto de él.
[Foto enviada]
T: OMG, no puedo creer que esto suceda después de tanto tiempo. Pero ¿porque está dormido?
R: Es un chico muy serio, fue difícil tomar esa foto sin arriesgar mi vida.
T: Pequeña Saltamontes, has aprendido bien, que bueno que te deje a cargo de mi más preciado tesoro.
—¿Qué estás haciendo maltratando la pantalla de ese celular?—dijo un contrariado marido al ver a su esposa en cuclillas al lado de la cama con una bata de baño y los ojos brillosos.
—Nada querido, nada—sonríe como un gato después de rascarle la espalda.
—Está bien, es mejor no saber, es mejor no saber—se fue a la ducha repitiendo su mantra, su esposa nunca cambiaría.
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Le dió un último beso, un simple rose en comparación de los ávidos besos de preocupación, no es como si fuera una pasión desbordante, simplemente eran signo de alegría de que estuviera bien.
Su primera norma era ningún contacto en la universidad, pero al Yukito enterarse de que su adorada Sakura estaba lastimada de su rodilla, fue a verificar que estuviera bien. Entonces, no pudo detenerse a preocuparse por las muestras de afecto, ella era tan linda, tan cándida y siempre al pendiente de sus necesidades, agradecía el momento en que la conoció. Aunque eso llegara a durar poco tiempo.
—Gracias, por venir—susurró mientras acariciaba sus mejillas, eran tan cálidas.
—No tienes que agradecer, me preocupo por mi alumna estrella eso es todo.
—Claro, luego quien querría participar en tus debates ¿no?
—Eres… como un buen dolor de cabeza.
—¿Buen dolor de cabeza? —acaso eso era un cumplido, en realidad no tenía congruencia lo que decía.
—Sí, eres realmente necesaria para que uno decida alejarse y tomar un respiro mientras consigue calmarse, a eso me refiero, siempre que estoy contigo no hay peleas, insinuaciones, todo es tranquilidad.
—Claro—no sabía que decir a eso, en realidad ella quería algo más que solo ser "un buen dolor de cabeza", a veces temía que todo fuera tan tranquilo.
Cada vez que ella comenzaba a enfurecer, él la miraba y tomaba su hombro para calmarla, pues a Yukito no le gustaba lo incontrolable.
Para él era mejor cuando se tenía la cabeza fría, calculando cada paso que se daba; porque así había sido como había llegado tan alto en su carrera, tomando los casos pequeños y seguros, conociendo a la gente adecuada, para después profundizar y sorprender a otros en sus ataques.
Eso es lo que le gustaba de Sakura Kinomoto, su dedicación a construir su carrera, su inteligencia y centralidad. Nunca había nada profundo, nada que esconder, pues al ser una chica reservada se libraba de las presiones que tuvo con antiguas parejas al conocer todo un historial familiar, al ir a cenas, conocer familias. Eso era un arduo trabajo y muy agotador. Pero con ella no existía eso o esperaba estar alejado de esas opciones.
—Creo que debemos irnos, te llevare a tu casa—la ayudó a bajarse de la camilla ofreciendo su hombro como apoyo.
—Gracias, eres muy lindo— hizo esfuerzo al caminar con su pierna izquierda.
Al despertar de su desmayo, se dio cuenta que tenía una gran cortada en su pierna, no era algo profundo pero ardía como las mismas llamas del infierno.
—¿Te duele?
¡Qué pregunta!
—Solo un poco, no te preocupes—sonrió con un gesto de incomodidad.
Salieron hasta el área de estacionamiento, cuando el celular del profesor sonó y tuvo que alejarse para contestar mientras la miraba con culpabilidad.
—Princesa, lo siento pero…—tembló un poco, porque cada vez que decía esa frase era signo de decepción—, hay una junta escolar y todos los profesores se están juntando, así que….
—Yo lo entiendo, es tu trabajo, lo laboral primero ¿cierto? —trató de sonar neutral, aunque le doliera por dentro, sabía que nadie debía de descubrirlos y que su trabajo siempre iría primero.
—No, te llevare y…
—No te preocupes, pediré a alguien que me lleve o llamare un taxi.
—¿Estás segura? —sostuvo sus manos con delicadeza.
No.
—Sí, ve.
Lo vio alejarse mientras que cada 5 pasos se giraba a mirarla y sonreírle, hasta que ya no volvió a voltear dejándola sola.
Suspiró y decidió caminar con las muletas que le había ofrecido la enfermera, se sorprendió al ver que tuvieran tanto equipamiento.
—Sube.
Sakura levantó la vista sorprendida, había pensado que él había regresado pero no era su novio, si no la persona que no quería ver el día de hoy.
—No creo que sea conveniente, yo conseguiré un taxi—empezó a caminar de regreso al plantel educativo, después de lo de ayer no quería confrontarlo tan rápido.
—Sube, todos están ocupados almorzando y un taxi tardara, así que solo te quedo yo, además, acuérdate de nuestro proyecto es mejor adelantarle—se encogió de hombros.
—Ah, sí, eso… no creo que mi…
—Vamos, que en la mía no se puede y ahorita necesitas estar en tu casa.
Lo que sucede es que no quiero estar contigo… sola.
—Em, tal vez otro…
—Vamos, déjame te ayudo, para que veas que soy amable.
Sin más remedio suspiro, dejando que Shaoran la ayudara a colocar sus muletas en la parte trasera de su auto y ella se sentaba en el asiento contiguo.
—Así que… ¿tu dirección? —agarró el volante y la miro con intensidad, se sentía desnuda cada vez que la miraba.
¿Desnuda? Siento como si estuviera en la cueva del lobo.
Trago pesado mientras le daba indicaciones de su edificio que no quedaba muy lejos de ahí, si ibas en coche.
—No te preocupes, no acostumbro morder a las personas.
Por ahora, ya veré como me serás útil, mascota del profesor. Sonrió pensando esto sin quitar la vista de la calle.
A lo que Sakura solo pudo mirar por la ventana.
Parece que hoy todos deciden llevarme sin mi consentimiento. Suspiró. Esta será una larga tarde.
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Hola!
Bueno, aquí les traigo un nuevo cap, tal vez no dice tanto a simple vista pero en el fondo tiene mucho :P. No tengo mucho que decir porque mi cerebro está agotado, fue un día... un día eso es lo único que hay que saber.
La canción del principio es Problem de Ariana Grande, sonó cuando estaba pensando en la escena del principio jejejeje, apareció el abuelo de Sakura (yeeeiii) que le regalo un auto, hablaron sobre la familia, un poco de lo que le sucedió a nuestra adorable Sakura (porque me dije, hey Shaoran ya sabemos un poco de él) ¿qué piensan del abuelo? ¿qué falta saber de Sakura? ¿Porque se levanta tan temprano, por Dios las 7 e.e?. Shaoran y Sakura, el destino los quiere juntar (o yo, o Shaoran o... dejémoslo en el destino) y apareció telefónicamente el hermano mayor de Shao (si han leído TRC, bueno ustedes saben, no "spoilemos") ¿el hermanito que esconderá? ¿Qué sucederá en la cena que pueda alterar a Shaoran?
Y lo más importante... ¿Qué sucederá con la nueva secuas de Tomoyo? (okey, necesitaba algo de diversión después de casi tanta seriedad jijiji), la pregunta adecuada es: ¿Qué sucederá con estos retoños solos?
Sin más que decir, gracias por sus favs, les contesto después el review y aquí los que no tienen cuenta.
emily: Que bueno que te gusto y espero sigas leyendo! jajaja que bueno que te agrado esa parte en que se menciona su anatomia pero sus ojos no los olvides son lo mejor ;P
Sofitkm: Muchas gracias que bueno que te emocionaste esa es la intención jijiji, no te frustres con Shao él tiene sus razones (ok solo lo quiero justificar e.e). Emmm... aun no sé si pondré "esas" escenas, creo que se verá al pasar la historia jijijiji, no te preocupes no eres a la única a la que le gustan.
Ahora sí, ¡déjenme un review hermoso para saber qué les parece *.*
Y como dice Scarlet: Mañana será otro día.
(O algo así no recuerdo bien)
