Disclaimer: Todos los personajes son de Meyer, la historia es de Vampire Angel 94. Sin embargo este capítulo es mío XD
Lamento haber demorado y no subido hasta ahora. La verdad es que he tenido unos días que no se los deseo a nadie. Ya saben gajes del oficio de ser una A.M.
Espero que les guste el capi. Lo terminé justo donde Nicolle me dijo que terminaría el capi final, después de todo es su historia y tengo que honrar sus deseos.
CAPITULO 35
No podía creer que la mujer que estaba frente a mí, fuera mi reflejo. El vestido de la madre de Edward aunque Alice tuvo que hacerle unos arreglos para que diera espacio a mi nueva forma. No era que se me notara mucho embarazo, pero el vestido fue hecho para alguien de mi antigua talla y que no se hubiera— como dicen popularmente— "comido el pastel antes de la fiesta."
Eso no me importaba, no me importaban las cejas levantadas que mi condición pudiera generar en los familiares distantes de Edward.
Este bebé era la muestra de nuestro amor y ningún mohín presumido de Jane o mirada reprobatoria de sus primas, haría que me sintiera incómoda o avergonzada por estar embarazada.
En breve estaría casada con Edward.
En unos cuantos minutos dejaría de ser Isabella Swan para convertirme en Bella Cullen.
Bella Cullen, me gustaba como sonaba.
Tenía la esperanza que las cosas mejorarán a partir de anoche. Edward durmió pacíficamente a mi lado después que le prometiera por millonésima vez que no me iría de su lado. Esperaba que ahora que llevara su nombre y su anillo en el dedo, dejará atrás sus miedos y sus pesadillas con un poco de terapia.
Al menos habíamos logrado que aceptara de buena gana que me alistara para la boda en uno de los cuartos de la casa de Esme, aunque si me pongo a pensar que dicho cuarto esta justo al lado de donde él se preparaba, sumando que había una puerta interna que los conectaba.
Un suspiró escapó de mis labios.
Alice y Eme estaban hablando entusiasmadas, incluso Rosalie entraba y salía de la habitación trayendo noticias de los avances. Todo parecía estar listo, Edward ya había salido de su habitación y Rosalie tuvo que echarlo ya que estaba de pie frente a la mía.
Sacudí mi cabeza cuando lo comentó, eso hizo que me ganara una buena reprimenda de parte de Alice, quien estaba acomodando unos rizos en la parte superior de mi cabeza y según ella no podía hacer que quedara perfecta si me movía con tanta frecuencia.
Quise rodar mis ojos, pero recordé que no hay nada más atemorizante y peligroso que enojar a Alice—salvo enojar a Alice estando embarazada.
Volví a suspirar pensando en cómo y por qué accedí a este circo.
Edward...y Alice…y mi madre…sin olvidar a Esme.
Todos hablaron de lo especial e inolvidable que era este día. De lo mucho que lamentaría no hacer aunque sea una pequeña celebración con nuestros amigos y familiares más cercanos.
Si claro…
Una pequeña celebración…
Familiares y amigos cercanos…
Si claro…
La boda de Alice y Jasper fue con sus familiares y amigos cercanos….y allí habían más de doscientas personas…
Sólo pensar que Alice había catalogado a nuestros compañeros de trabajo como "amigos cercanos" me hacia querer gruñir.
Aún temblaba cuando recordaba el día que envió las invitaciones y las recibieron en la oficina.
No todos en la oficina sabían lo mío con Edward y eso causó una gran sorpresa.
Edward fue muy duro con Jessica en cuanto a la intimidad de nuestra relación, así que yendo en contra de sus más primarios instintos, Jessica se guardó el chisme de nuestro compromiso y de mi embarazo.
Aunque no sé si hubiera sido mejor que se supiera, tal vez de esa forma me hubiera evitado el desagradable encuentro que tuve con Lauren Mallory en el baño de mujeres.
—Tú… zorra taimada…—me gritó en cuanto me vio entrar al baño. —Te dije bien claro que no te quería cerca de mi Edward—por un instante me hizo retroceder al tomarme desprevenida.
—No es tu Edward y no tengo por qué hacerte caso—entré rápido a un cubículo vacio. Odiaba que el embarazo me hiciera ir al baño cada cinco minutos.
—Sabía que tratarías de meterte en su cama desde que vi tu cara, tenias escrito por todos lados que eras una caza fortunas.—rodé mis ojos, no iba a dejarme intimidar por ella. Abrí la puerta y me puse a lavarme las manos mientras seguía con su perorata—Te estoy hablando—gritó sacudiendo la invitación de mi boda en mi cara
—¿Bella, amor?—Edward apareció en la puerta del baño quedándose paralizado por la sorpresa.
—¡Edward!¿Qué es esto?—se giró hacia él, apretando con fuerza la invitación en su puño.
—Creo que se ve claramente que es la invitación a una boda, señorita Mallory, para ser más precisos mi boda con Bella—se acercó a mí y me abrazó colocándome a su lado, mirándola con el ceño fruncido.
—¡Pero Edward! ¡Tú no te puedes casar con ella! ¿Dónde queda lo nuestro?— Edward bufó y sabía que si hubiera podido ver sus ojos, los habría visto rodar.
—Pensé que dejaste de alucinar con una relación entre los dos. ¿El no responder tus llamadas o los mensajes que me dejabas no fue suficiente indicativo que no deseaba, ni deseo tener nada contigo?—me encogí ante el veneno que destilaban sus palabras al igual que Lauren.
—Si esta zorra no se hubiera metido entre los dos no me dirías esto—parpadeé sorprendida viendo su mano levantada en el aire a poca distancia de mi rostro. Edward estaba lívido mientras la sujetaba con fuerza por la muñeca.
—Nunca. Te. Atrevas. A. volverle a. levantar la mano.—dijo a través de sus dientes fuertemente apretados. Miró hacia abajo y pude ver que sus ojos estaban oscuros mientras la miraba con tanto desprecio que me dio miedo. Su mano libre fue hacia la invitación que estaba aferrada entre los dedos de Lauren y se la quitó con muy poca cortesía, guardándosela en el bolsillo de su pantalón.
—Edward…—mi voz era suave, no me gustaba verlo tan enojado. Las pocas veces que el mal genio de Edward hacia aparición se borraban todos los trazos de bondad que siempre lo caracterizaban para ser reemplazados por una fría ira.
Lauren parecía estar tan estupefacta que perdió el habla.
De pronto Edward empezó a caminar saliendo del baño llevando a Lauren arrastrada por la mano. Caminé tras ellos, odiando una vez más los malditos tacones en los que Alice me hacia subirme.
Las cabezas se asomaban a mirarnos mientras pasábamos los cubículos, logré alcanzarlos cuando iban entrando al elevador. Edward se colocó entre las dos, su vista seguía fija en Lauren quien lloriqueaba levemente. Cuando le indicó al elevador que bajara al piso 20 pude ver que su mano se volvía un puño a su lado.
Las puertas volvieron a abrirse y la sacó sin decir nada, tuve que volver a apresurar el paso para poder alcanzarlos, no tenía idea de lo que Edward pensaba hacer. Sin embargo cuando llegamos a la puerta del director de recursos humanos lo supe.
—Williams, la señorita Mallory desde estos momentos no labora para nuestra empresa. Asegúrate de que abandone el edificio y que quede constancia que no es bienvenida en este lugar de ahora en adelante. Tuvo la osadía de levantarle la mano a mi prometida—su voz fue como un latigazo que la sacó de su letargo.
—¡No puedes hacerme esto, Edward!—chilló subiendo su tono de voz a unos decibeles inesperados que hicieron que tuviera ganas de taparme los oídos.
—No me obligues a ponerte en la lista negra. Si vuelves a acercarte a Bella de cualquier manera, ten por seguro que no volverás a conseguir trabajo en esta ciudad.—cuando se giró me tomó de la mano y salimos de la oficina dejando a un estupefacto Williams junto a una muy llorosa Lauren.
En cierto modo me dio pena, parecía que necesitaba atención psicológica y nunca la había buscado.
Subimos al elevador, Edward llevó su mano libre al puente de su nariz y lo presionó tratando de calmarse mientras respiraba profundamente.
—¿Estás bien, Edward? —abrió los ojos y me sonrió a manera de disculpa.
—Lamento lo sucedido…no puedo creer que se haya atrevido a levantarte la mano. Es la primera vez que te dice algo desde tu primera semana de trabajo, ¿verdad? Si te ha molestado antes dímelo y me encargaré de destruirla profesionalmente.—su voz volvió a tener ese corte afilado que no me gustaba.
Envolví mis brazos en torno a su cintura y recosté mi cabeza contra su pecho. Lo escuché suspirar contento y envolver sus brazos a mí alrededor. Cuando salimos del elevador había un pequeño grupo de personas cuchicheando en el pasillo y Edward les ladró que regresaran a trabajar mientras me llevaba de la mano hacia nuestra oficina, en cuanto cerró capturo mis labios en un beso desesperado.
—Todo está bien Edward—le aseguré—¿me seguiste al baño?—lo acusé, separándome para poder mirarlo, me sonrió apenado.
—La última vez que tardaste tanto en el baño aquí en la oficina rompiste conmigo…—su voz al final se volvió casi un susurró y mi corazón se encogió.
—Eso nunca volverá a suceder…ninguna de las te dejaremos jamás—tomé su mano libre y la coloqué sobre la pequeña curva de mi vientre, lo cual lo hizo sonreír como un tonto—¿confías en mí?—asintió sonriendo más ampliamente—bien—me puse de puntillas para unir nuestros labios.
—¡Es hora!—la voz emocionada de Alice me devolvió al presente.
Solté un trémulo aliento al darme cuenta que estaba de pie frente al espejo completamente arreglada y con el ramo en la mano.
Caminaría sola hacia al altar… no tenía a Charlie para que me llevara. Nunca podría verme tomar la mano del hombre al que me uniría en todas las formas humanamente posibles. Nunca me diría lo hermosa que me veía…
Mi madre me sugirió que Phil podía llenar ese rol, pero me negué rotundamente. Nadie. Nadie nunca llenará el lugar de mi padre.
Las lágrimas acudieron a mis ojos, pero no me atreví a dejarlas salir.
—¿Qué sucede, corazón?—preguntó mi madre poniendo un dedo bajo mi mentón y obligándome a levantar el rostro.
—Charlie…—fue todo lo que dije. Una sonrisa triste se formó en su rostro.
—Tu padre está contigo en este momento, corazón, aunque no puedas verlo. Sé que sentiría más que orgulloso de ver lo hermosa que estas y ver que has escogido a un buen hombre. Tal vez no aprobaría las circunstancias—miró significativamente mi vientre—pero estaría más que feliz de verte tan radiante de felicidad. Charlie, siempre pensaba en ti. Eras lo más importante en su vida—solté aire por la nariz para contener una melancólica risa.—Tal vez no lo dijera con palabras, pero si con hechos.—levantó la falda de mi vestido dejando expuestos mis zapatos de raso y encaje coronados con dos hebillas de plata que muchas veces vi en una de sus gavetas de ropa.—Tal vez no pueda llevarte de la mano, pero guiará tus pasos en este día.
Las lágrimas que luchaban por salir, cayeron libremente acompañadas de un sollozo.
Mi madre me envolvió en sus brazos y por una vez pude sentir que cada una estaba en su rol. Ella era la madre que consolaba a su hija y yo era la hija que buscaba el consuelo de madre.
Me separé de ella con una trémula sonrisa, Alice, Esme y mi madre, tenían lágrimas en los ojos.
Respiré profundamente antes de mirarme nuevamente al espejo.
¡Gracias al cielo por el maquillaje a prueba de agua!
Alice asintió antes de tomar mi mano y guiarme fuera de la habitación, dirigiéndome hacia la parte posterior del hotel donde se encontraba el salón en el que se realizaría la ceremonia, aun estábamos en invierno por lo que teníamos que celebrarla bajo techo, Alice quería haber esperado a que fuera verano para hacerla al aire libre, pero ni Edward, ni yo queríamos esperar tanto tiempo.
Volví a respirar hondo mientras Alice me hacia detenerme frente a las puertas cerradas. Tras ellas estaba mi Edward. Eso era lo único que me importaba. Bueno eso y no caerme de cara al suelo mientras caminaba por el pasillo.
No me dejes caer, Charlie…
Pensé, sonriendo al imaginarlo tomándome del brazo para ayudarme a caminar por el pasillo. Levanté con cuidado las faldas de mi vestido y sonreí al ver las hebillas.
Las puertas se abrieron y Rosalie salió seguida de Alice. No quité la vista de mis zapatos hasta que escuché la tradicional marcha nupcial. Volví a respirar y pensar en Charlie antes de levantar la mirada y encontrar al hombre de mis sueños al final del pasillo.
Solté mi vestido y empecé a dar un paso a la vez.
Me sentía con cada paso más en calma, cada paso me acercaba a él. A mi príncipe azul quien me despertó del letargo. A la única persona que me complementaba hasta sentirme completa. A mi puerto seguro.
Sus ojos brillaban con emoción y estaban clavados en los míos. Parecía que todos los demás desaparecieron. No había cientos de personas en la sala. No estaban mis amigos de Forks. No estaban mi madre y su esposo. No estaba su familia.
Sólo éramos Edward y Bella.
Bella y Edward
Así seria hasta el final de nuestros días, viendo nuestros hijos crecer y darnos nietos.
Así seria.
Finalmente llegué a su lado y cuando su mano sujetó la mía, me tiró hacia él sellando nuestros labios en un beso que hizo que la audiencia estallara en risas y aclaraciones de gargantas.
Cuando nos separamos, su sonrisa era petulante. Mucho más petulante que la primera vez que me beso.
—Estas absolutamente deslumbrante, amor—me susurró antes que nos volteáramos a ver al sacerdote que nos miraba divertido.
Durante toda la ceremonia no pudimos quitar los ojos el uno del otro.
Era como si ambos tuviéramos miedo de que el otro fuera a desaparecer en cualquier momento.
Sentía que mi sonrisa no podía ser más que cuando intercambiamos los votos y los anillos.
Cuando el sacerdote nos unió para toda la vida proclamándonos marido y mujer, Edward me tomó en brazos y me besó con toda la pasión que podía contener en su pecho.
—Eres la señora Cullen, finalmente—susurró contra mis labios.
—Lo soy…para siempre.
—Sí. Para siempre
Y sabía que sería así.
Tenía la certeza de que aunque no creía en los cuentos de hadas, así es como viviríamos.
Felices para siempre.
Muchísimas gracias a todas las personas que han seguido esta historia por más de un año. Sólo nos queda el epilogo.
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