Capítulo XV: una de las definiciones de fantasma es imagen de algo muerto. Por lo tanto, si usamos la palabra fantasma para referirnos a algo que vive y respira, sea un odio irracional o un pasado funesto o un amor no tan enterrado como se supone, estaremos cayendo en un error.
CAPÍTULO XV:FANTASMAS DEL PASADO
-No es justo, profesora. Llevamos castigados desde después de Navidad y creo que ha sido tiempo más que suficiente para...
-Disculpe, señor Collins, pero lo que es y no es suficiente queda a mi criterio. Y mi criterio dice que aún no han recogido ustedes suficiente mierda de clabbert como para compensar lo que hicieron. Apenas acabamos de pasar Semana Santa. Todavía tienen hasta el verano para demostrarme que pueden razonar como las personas
Jonathan Collins, Christopher Cushing y Khalid Mirza miraron a su profesora con expresión entre implorante e indignada pero Maeve, impasible, se limitó a tenderles los guantes con que habrían de separar, a mano y muy cuidadosamente, las semillas diseminadas entre los excrementos con que Pomona Sprout fertilizaría sus helechos de fuego.
-¡Es una injusticia! -protestó Mirza- ¡Fue ese cerdo de Slytherin quien tuvo la culpa, nosotros sólo defendíamos a Lara, es él quien debería...!
-¿Defendían a Lara? ¿Machacar a un compañero tres contra uno es la nueva definición de defender?
La ironía de Maeve frenó en seco el encendido alegato de defensa de Khalid Mirza, que se miró los pies con aire frustrado.
-Escúchenme los tres, porque ya estoy harta de intentar explicarles esto y no pienso repetirlo -dijo Maeve, seria e irritada- Entiendo que a veces a uno se le puede nublar la razón; la tendencia a reaccionar violentamente forma parte de nuestra naturaleza. Reconozco que yo misma he perdido los estribos varias veces a lo largo de mi vida y he soltado algún puñetazo que otro. Pero mírenme bien -les instó, señalándose de arriba abajo con un gesto de la mano- No hay más que verme para imaginar que cuando me he enfrentado con alguien no lo he hecho con ventaja física, como sí es el caso del señor Collins frente a casi cualquier otro alumno de esta escuela. Y les aseguro que tampoco lo he hecho, ni lo haría jamás, en condiciones de superioridad numérica. Lo que ustedes tres hicieron...
-Profesora... -intentó terciar Collins.
-Lo que ustedes tres hicieron es una bajeza -siguió Maeve, levantando un poco la voz para callarle- Es propio de gente ruin. Es algo que debería avergonzarles. En resumen, es intolerable. Y como intolerable que es quiero que ustedes y todos los demás se den cuenta de que no voy a dejarlo impune si está en mi mano. Seguirán castigados hasta que den muestras de que se arrepienten o de que al menos han reflexionado sobre ello. Y ese rollo tan cansino de "Lerroux se lo merecía por cerdo y por ser de Slytherin y blahblahblah" me dice que no vamos por buen camino, señores. Así que arreando para la jaula de los clabberts. Les queda un montón de mierda por recoger.
-Hace bien -le dijo Argus Filch, complacido, viendo a los Gryffindors abandonar el pabellón veterinario cargados de material de limpieza y de frustración- Estos vándalos necesitan mano dura. Cada vez hay menos educación y peores modales. Se porta mejor cualquiera de sus bichos, profesora Murphy. Si de mí dependiera, el castigo sería mucho peor.
Profesora Murphy. Nunca la llamaba de otra manera. Maeve se había pasado todo el curso anterior y lo que llevaban de aquél tratando de convencer a Argus Filch de que podía tutearla como cuando era la asistente de Silvanus Kettleburn, pero no había forma. Aunque la hubiera conocido cuando era una chiquilla y le sacara suficientes años como para ser su abuelo, ella era ahora una profesora de Hogwarts, una doctora, alguien que estaba por encima de él. Los códigos del sistema de clases, con sus rígidos conceptos de inferior y superior, estaban tan grabados en la mente de Argus Filch desde su más tierna infancia de squib entre magos avergonzados que ya no había forma de borrárselos.
-Temo por mi pobre amiga -susurró el hombre en un tono mucho menos siniestro, casi dulce, tapando a la Señora Norris con una manta antes de permitir que Maeve volviera a cerrar su jaula.
Maeve trató de animarlo mientras volvían al castillo junto con Saighead. Había que mantener el optimismo, le dijo. Las mandrágoras estaban a punto de superar la adolescencia, o al menos eso decía Pomona, que era la que más entendía del asunto. Así que ya faltaba poco para que pudieran recolectarse. Y Severus se encargaría de hacer el filtro -Albus ya se había asegurado de ello ahora que las vidas de dos alumnos estaban en juego- con lo que no había que preocuparse de que Lockhart metiera sus espléndidamente manicureadas patazas en el asunto.
-Pero... ¿Y si ella no aguanta hasta entonces?
Maeve sonrió compasivamente. La preocupación del huraño Argus Filch por su gata era sobrecogedora y a ella, al contrario que a muchos de los alumnos y profesores de Hogwarts, no le parecía ridícula. Sabía lo fuerte que podía llegar a ser el lazo afectivo establecido con un animal. Ella no quería pensar cómo se habría sentido si a Nzeli o a Hobe o a Bijou les hubiera pasado algo malo estando a su cargo. No quería pensar cómo se sentiría el día -lejano, dado que los peregrinus mercurii podían vivir cerca de cuarenta años, pero inevitable- en que Saighead, a quien había llegado a considerar un amigo muy querido, la dejara. Y eso ella, que tenía muchas más gratificaciones en la vida aparte de su mascota. Argus Filch sólo tenía a su gata.
-Es un animal muy fuerte. Compruebo sus constantes vitales seis veces al día, la tengo bien alimentada por sonda y sus funciones corporales parecen mantenerse... Bajo mínimos, como si hibernara, pero se mantienen -viendo la expresión poco convencida del conserje, Maeve le apretó con suavidad un brazo mientras caminaban por un corredor. Saighead chirrió como si apoyara asu dueña en lo que decía- Aguantará, Argus, ya verás. Ten esperanza.
El conserje había esbozado lo que en su cara adusta podía considerarse un amago de sonrisa cuando su expresión se torció, adoptando de nuevo el aire siniestro que le era tan característico. Maeve siguió su mirada y vio que lo que tanto desagrado le producía era Harry Potter volviendo del entrenamiento de quidditch hacia su Sala Común. Nadie, ni siquiera Dumbledore con sus contundentes argumentos, había podido convencer a Filch de que Harry era inocente del atentado contra su gata.
-¿Se puede saber qué andas tramando, repugnante arrapiezo? -gruñó al sobresaltado muchacho-¿Merodeando por los pasillos a deshoras, eh? ¿Qué buscas, otra víctima más, despreciable...?
-Argus, el chico no está haciendo nada... -trató de razonar Maeve en voz baja.
-¡Porque lo hemos pillado a tiempo! Si no llegamos a aparecer ya estaría intentando cazar a otro niño de familia muggle y...
-¡Argus! -exclamó Maeve- Deja de decir insensateces, por el amor de Dios. ¿Cómo va él a...?
-¡Yo qué sé! ¡Pregúnteselo! -bramó el conserje- ¡Y deje de defenderlo porque el día menos pensado irá a por usted! ¡Atacó a mi gata después de enterarse de que soy un squib y usted es tan squib como yo y además, con lo que le pasó a su familia y siendo hija de una muggle seguro que intenta...!
-¡Basta, Argus!
Harry había estado mirando el intercambio verbal entre ambos adultos mudo de la impresión, y la tajante exclamación de Maeve le hizo cerrar los ojos, temiendo una brutal respuesta por parte del conserje. Pero éste se limitó a mirar a la profesora con cara de preocupación y disgusto y al chico, una vez más, con odio.
-Usted verá lo que hace, profesora Murphy, pero está tan en peligro como cualquier otro hijo de muggles en esta escuela -le advirtió siniestramente.
Ella y Harry vieron marcharse al hombre, los dos con gesto consternado. Maeve fue la primera en romper el pesado silencio que se había hecho en el corredor.
-No le haga caso. Está estresado por lo de la Señora Norris y... Bueno... Él es así. No hay que tenérselo demasiado en cuenta.
Harry asintió pero sus ojos no eran los de alguien que se hubiera quedado tranquilo. Lo injusto de aquella acusación, unido al hecho de que los problemas parecieran empeñados en perseguirle, debía de resultarle abrumador. Maeve suspiró con resignación.
-Vamos, señor Potter: le acompañaré un trecho hasta su Sala Común -propuso desenfadadamente.
-No quiero que se moleste.
-No es molestia, en serio. Hace mucho que no hablamos. ¿Todo bien?
El chico pareció relajarse un poco y empezó a contarle cosas triviales y poco comprometidas acerca de cómo habían ido las vacaciones de Semana Santa en Hogwarts. Parecía haberle cobrado mucha confianza a Maeve desde su charla de las Navidades. La comprensión de ella y su forma de quitarle hierro al hecho de que pudiera hablar con las serpientes le habían supuesto mucho ánimo al chico en el momento más bajo de su popularidad, cuando gran parte del colegio daba por hecho que él era el Heredero de Slytherin y, por tanto, el culpable de los ataques. Aunque ahora todo aquello pareciera haber quedado muy atrás, sepultado por la calma y la falta de nuevos incidentes, su simpatía por Maeve no había mermado. Y Maeve no podía dejar de pensar que si el chico supiera qué sospechas había reforzado Dumbledore gracias a los datos recogidos por ella aquella tarde quizá no le mostraría tanta cordialidad: a nadie debía de gustarle la conclusión de que ciertos dones le venían del Señor Tenebroso en persona.
-¿Podría preguntarle algo, profesora? Es un consejo que quiero que me dé...
-Pregunte lo que quiera.
Harry se aclaró la voz y pareció dudar un par de veces antes de escoger las palabras.
-Ya sabe que tenemos que escoger ahora las optativas para el próximo curso y... Bueno, lo que usted hace con los animales parece interesante, y la verdad es que yo no sé lo que se me da bien ni lo que quiero hacer de mayor ni nada, pero creo que al menos me divertiría y...
Maeve esperó varios segundos y se decidió a romper el silencio al ver que Harry no lo hacía.
-¿Qué quiere saber? ¿Si yo creo que Cuidado de Criaturas Mágicas sería una buena asignatura para usted?
-Sí -contestó Harry con tono dubitativo, y se mordió el labio inferior, indeciso- Y... Todo el mundo sabe que Hagrid es su ayudante y asume muchas tareas de la asignatura y todo eso y... Lo que quería preguntar... Usted no confiaría en él si él no fuera de confianza, ¿verdad? Quiero decir... con todos esos animales... hmm... peligrosos, y demás... Que podrían llegar a matar a alguien en un descuido... Usted no...
Harry se detuvo al darse cuenta de que su profesora también lo había hecho y lo miraba parada en el pasillo, cruzada de brazos con una expresión inquisitiva casi idéntica a la del halcón posado en su hombro.
-Esa es una pregunta un poco extraña, ¿no le parece, señor Potter?
Harry tragó saliva y carraspeó.
-Bueno, después de lo de Norbert el año pasado...
No la estaba mirando directamente a los ojos. Hablaba del asunto de Norbert pero a la vez había algo más que no quería especificar y sin embargo teñía todas y cada una de las sílabas que pronunciaba con el aire incómodo de las verdades que se callan. Harry sabía algo más que le causaba inquietud acerca de Hagrid. Y Maeve pensó con un estremecimiento que el chico sólo podía referirse a una cosa pero se dijo que era imposible, porque Hagrid no le habría hablado de eso. Nadie en aquel colegio le habría hablado a un alumno de algo tan turbio y trágico que comprometía a toda la institución. Nadie le habría hablado de algo que dejaba en un muy cuestionable lugar no sólo al guardabosques de Hogwarts sino al director que lo había contratado a sabiendas de su horrible pasado. Nadie...
¿Nadie?
-El señor Hagrid tiene debilidad por criaturas poco aconsejables pero nunca permitiría que un alumno sufriera ningún daño. Y yo tampoco, si es eso lo que le preocupa -afirmó Maeve, amable pero terriblemente seria- Porque es eso todo lo que le preocupa, ¿verdad? No hay nada más que... le ronde la cabeza. Nada raro que otro chico de la escuela le haya dicho...
Harry se esforzó en sonreír con desenfado, como si no tuviera nada que ocultar. Al parecer, se dijo Maeve, estaba frente a un mentiroso casi tan malo como ella misma. Lily estaría orgullosa.
-No, profesora Murphy. Sólo era eso.
Habían llegado a las escaleras principales. Maeve había tenido, hasta aquel momento, la intención de ir hacia sus dependencias para cambiarse y contestar a la última y muy extensa carta en la que Tess se explayaba sobre su delirante futura -en un sentido hipotético- familia política y sobre la preocupante escalada de violencia en Ruanda y, si le quedaba tiempo antes de la cena, leer un rato; el libro de su abuelo estaba en un punto interesantísimo, con la expedición llegando al estado de Durango y pasando serias dificultades en un paso de montaña en la Sierra Madre... Pero acababa de cambiar de idea. Tenía que hablar primero con Hagrid para asegurarse de que nada de lo que Harry pudiera sospechar se debía a uno de sus característicos deslices.
-Vaya a descansar. Mañana tiene partido de quidditch y querrá estar fresco, supongo. Y, por cierto... -lo llamó cuando él ya subía las escaleras camino de los dominios de Gryffindor- Sí que creo que Cuidado de Criaturas Mágicas sería una buena asignatura para usted.
Sí, decidió. Hablar con Hagrid sería lo primero. Y al día siguiente por la mañana, antes del partido, hablaría con Severus. Porque esta vez, tal y como le había prometido antes de empezar el curso, quería hacer las cosas bien. Esta vez le informaría antes de cabrear a Lucius Malfoy por interrogar a Draco para determinar si era él, azuzado por su padre, el que estaba agitando los fantasmas del pasado.
La mañana había amanecido clara y fresca, con el cielo despejado y apenas una suave brisa agitando las banderas del campo de quidditch. A las mazmorras, sin embargo, no llegaban ni el aire ni la claridad del exterior. Era una de las razones por las que Severus prefería desayunar allí, solo. Odiaba interaccionar con otros seres humanos antes del segundo café de la mañana y prefería estar reconciliado con la idea de vivir otro día más rodeado de idiotas antes de afrontar el mundo exterior. Los sábados eran especialmente agradables, ya que la falta de obligaciones docentes le permitía posponer el contacto con sus semejantes hasta el mediodía.
Por eso no le sentó demasiado bien oír, mientras leía la edición matinal de El Profeta sentado a su mesa de comedor, que alguien llamaba a la puerta de su despacho. Aun siendo consciente de que aquello era altamente excepcional y de que sería muy grosero no atender cuando alguien se había tomado la molestia de bajar hasta sus dominios a importunarle, no hizo el menor amago de levantarse a abrir. No debía de ser nada importante. Dumbledore habría utilizado el Flu, y sus alumnos le habrían comunicado primero cualquier incidencia a alguno de los prefectos de Slytherin, los cuales también tenían acceso a la chimenea de su tutor bajo la firme condición de no traspasarla jamás para poner un pie en su salón. Así que quien fuera -probablemente Pomona para hacer el innecesario reporte diario de la crianza de las mandrágoras o, peor aún, Sybill con aquella tontería que le había dado sobre no sé qué del aura rosa de todo el mundo- ya se cansaría. Nadie le fastidiaría su mañana de sábado. No permitiría que ningún imbécil...
Sonó otra vigorosa e insistente tanda de golpes. Severus cerró el periódico con gesto exasperado y pasó del salón al despacho con grandes y sonoras zancadas. El improperio que tenía preparado para soltar se congeló en sus labios al abrir y descubrir a Maeve en su puerta. Sobre todo porque al reparar en cómo iba ella ataviada -con uno de aquellos vestidos de mercadillo y una gruesa chaqueta de punto y sus botas de montar- reparó también en que él, como acostumbraba a hacer los sábados por la mañana -porque, maldita sea, nunca tenía visita- estaba en bata y pijama.
-¿No deberías estar ya vestido? El partido empieza en un cuarto de hora.
Maeve había pasado sin esperar a ser invitada y tomado asiento en una de las sillas que había frente al escritorio de Severus, quien, perplejo, todavía la miraba desde la puerta. El hombre se recompusó deprisa y cerró de un portazo.
-¿A ti quien te ha dicho que pienso ir al partido? Gryffindor contra Hufflepuff -escupió-Tan emocionante como una partida de ajedrez entre dos abuelos en coma...
-Bueno. Hufflepuff tiene a Diggory como buscador y todos dicen que el chico es bastante bueno. Puede que el partido no sea tan sumamente aburrido y previsible como cuando Gryffindor juega contra tus chicos...
Severus miró a Maeve como si pudiera pulverizarla sólo con el deseo de hacerlo, su rostro adquiriendo el gesto del que acabara de ingerir una medicina intragable de puro amarga.
-Ja-ja -replicó sin el menor asomo de humor.
-Es increible lo bien que pillas los chistes recién levantado.
-No estoy recién levantado.
La mujer alzó una ceja, conteniendo una sonrisa.
-¿Entonces, esto -dijo, con un gesto que lo señalaba a él en su conjunto- es alguna especie de prueba de vestuario? ¿Vas a cambiar el rollo Nosferatu por la bata y el pijama? Lo veo un poco radical, pero qué narices, la historia de la moda la escriben los audaces...
Severus lamentó hondamente no haber llevado nada contundente consigo para tirárselo a la cabeza. Tuvo que conformarse con rodear el escritorio sin mirarla y dejarse caer en su silla sin quitar ni por un segundo la expresión de odio de sus ojos. Ni siquiera lo muy bonita que ella estaba o el placer de tenerla en sus dominios de forma inesperada podían con su misantropía matinal.
-¿Hay algún motivo para esta invasión, aparte de criticar lo que llevo puesto?
-¿Invasión? Juraría que me has abierto la puerta...
-Vale -resopló Severus, apoyando los codos en la mesa y entrecruzando los dedos ante su cara mientras la miraba amenazadoramente- Has venido a verme porque te aburres y te apetece reírte de alguien pero creo que te has equivocado de despacho. El de Trelawney está en...
-He venido a hablar de Draco Malfoy -le cortó ella, ya sin sorna.
Aunque no era su intención, Severus no pudo evitar una nota de interés y de preocupación en su voz.
-¿Qué ha hecho esta vez?
-Algo grave -dijo Maeve, antes de matizar- Bueno. Creo. No sé. No estoy segura. Pero quiero estarlo. Así que voy a hablar con él después del partido de hoy. Sólo quería que lo supieras. Ya sabes... Para que no te pongas luego hecho un basilisco con eso de que te tienes que enterar por Lucius -añadió, haciendo signos de comillas con los dedos.
Severus, prefiriendo tener la fiesta en paz, decidió pasar por alto la ironía de aquella última observación.
-¿Qué ha hecho? -insistió.
-Ayer hablé con Harry Potter. Bueno, más bien fue él quien habló conmigo. No me preguntes por qué, pero creo que sabe algo de lo que ocurrió hace cincuenta años... Lo de la otra vez que... No sé exactamente hasta dónde sabe, pero sí que conoce que sucedió algo turbio y que Hagrid estuvo implicado.
-¿Y qué pinta Draco Malfoy en todo eso? ¿Tiene que tener la culpa de todo sólo porque es hijo de quien es?
-Perdona: don Harry Potter va a pagar que yo no soportara a su padre no me está dando lecciones de ecuanimidad, ¿verdad que no? -replicó ella con ironía, recibiendo un seco bufido como respuesta- No hay mucha gente que conozca ese asunto porque en su día se tapó muy bien. Y las únicas personas vivas aparte de Albus y de Cornelius Fudge y del propio Hagrid que se me ocurre que podrían saber del tema son los que estuvieron en el círculo íntimo del otro implicado. Ya sabes. El que le cargó el muerto a Hagrid y luego se levantó un día con el pie izquierdo y ganas de dominar el mundo y después presumía delante de sus Mortífagos de cómo no le habían pillado en aquella pequeña travesura de cargarse a una compañera... Así que, dado que el Ministro no ha estado ultimamente por aquí yéndose de la lengua y eliminando la posibilidad de Albus y de Hagrid, sólo...
-¿Cómo estás tan segura de que no es Hagrid el que se ha ido de la lengua? -la interrumpió Severus.
-Porque Hagrid es ingenuo pero no estúpido, aunque a ti ambas cosas te parezcan la misma. Y porque se lo he preguntado y me ha dicho que no.
-Podría mentirte.
-¿Hagrid? -gritó Maeve- ¿HAGRID? Por el amor de Dios, Severus...
Guardaron silencio unos instantes, ella mirando al techo enfadada e incrédula y él mirándola a ella, la preocupación ganando rápidamente terreno a la irritabilidad matinal en su ánimo.
-Draco no ha sido -le aseguró
-Ha tenido que ser alguien cercano a alguien del círculo íntimo de Riddle. Draco es hijo de uno de los posibles culpables de haber sabido la información por Riddle e irse ahora de la lengua. No conozco más nombres, aparte del tuyo, porque tú no quieres dármelos... Así que tendré que empezar por él.
-Draco -insistió Severus- ya ha sido aleccionado por su padre en la conveniencia de ser discreto. Aun en el caso de que tuviera esa información no la iría compartiendo fuera de Slytherin, y menos con Potter.
-Bueno. Pues alguien lo ha hecho -repitió Maeve, porfiada.
-Crees que lo ha hecho -matizó Severus
Maeve bufó y se metió tras las orejas unos mechones de pelo empeñados en independizarse de su trenza. Miró a Severus con expresión hosca.
-Lo creo, sí. Y no lo voy a dejar de creer sólo porque a ti te tranquilice verme lejos de tus Slytherins. No soy de porcelana, ¿sabes? No voy a rompreme sólo por generar algunas antipatías. No puedes ponerme en una vitrina de cristal y esperar que me limite a ver pasar las cosas sin hacer nada, como con todo ese asunto de Lerroux...
Severus dio un respingo y la miró intensamente, alzando un dedo en señal de advertencia.
-No vamos a volver a discutir ese tema -dijo con sequedad- Te dije que yo me ocuparía si hubiera algo de lo que ocuparse... Y no lo hay. Punto.
Volvieron a callar, respirando la inequívoca sensación de que los dos se estaban callando cosas respecto a aquel asunto que acababan de tocar. Maeve ya contaba con que Severus se reservaría toda información que temiera que fuera a provocar una acción -cualquier acción- por parte de ella; y aunque preferiría poder ser clara, había decicido en consecuencia no compartir sus últimas teorías sobre Lerroux y Vodianov con él hasta que no tuviera pruebas irrebatibles. En cuanto a Severus... Bueno, no podía culpar a Maeve por querer actuar por su cuenta cuando él le había puesto tantas trabas. Pero que no pudiera culparla por querer actuar y que tuviera que gustarle eran cosas diferentes. Silas Fraser era una persona peligrosa y su vástago iba por el mismo camino. Ahora mismo Charles Fraser era la mano ejecutora de un operativo encaminado a asegurarse la adhesión del muy influyente Aristide Lerroux a través de su único hijo. Si lo estaba haciendo mediante la persuasión o -como Severus se temía- mediante la intimidación era lo de menos. Lo único cierto era que si se podía intervenir y salvar de alguna forma a Damien Lerroux había que hacerlo de forma sutil. Y Maeve, de eso estaba absolutamente convencido, jamás habría sido sorteada en Slytherin por su sutileza.
-Muy bien.
-Vale.
-Vale.
-No te entretengo más, entonces -dijo ella, su voz no exenta de cierto rencor, haciendo amago de levantarse.
-Espera -la detuvo Severus, mirándola con ojos inquisitivos- No has dicho que hayas cambiado de idea sobre eso de hablar con Draco.
-Cierto -admitió ella- Ni lo voy a decir.
-Maeve... -rugió Severus en tono de advertencia.
-Alguien está intentando volver a culpar a Hagrid de algo que no ha hecho y voy a pillarlo y cuando lo pille... - se detuvo y dudó unos segundos buscando algo lo bastante gráfico y contundente- ... se va a cagar. Y ahora, aunque lamente mucho renunciar a tu maravillosa hospitalidad -añadió con ironía- me voy a ver el partido, que ya debe de estar a punto de empezar.
-No sabía que te gustara el quidditch.
-Y no me gusta -admitió- Reconozco que me pierdo con tanta gente volando y no entiendo nada de las reglas. En mi casa éramos más de fútbol, ¿sabes?
Severus lo sabía, sí. Sabía que el padre y los tíos de Maeve habían sido las estrellas indiscutibles del equipo de Ravenclaw durante su estancia en Hogwarts pero que la siguiente generación se había decantado por los deportes a ras del suelo desde el día en que fue evidente que la joya de la familia jamás podría hacer volar una escoba. Tres de los brujos más prometedores de su generación jugando al fútbol con los muggles de Ballingarry para poder compartir diversión con su prima, la squib... El mayor de aquellos chicos, Fionn Murphy, tendría ahora la misma edad que Severus y, de no haber renunciado a asistir a Hogwarts, habría sido su compañero de curso. Severus solía pensar, a la luz de las cosas que Maeve contaba de Fionn, que quizá con él se habría llevado algo mejor que con los demás. Habían sido una gente peculiar aquellos Murphy. Realmente únicos, imposibles de etiquetar.
Y ahora ya no existían. Estaban todos muertos, en parte por culpa de él. Muertos por ser, como la última de su sangre, demasiado comprometidos, demasiado valientes. Era irónico tener que salvar a Maeve de la misma genética que la hacía tan especial.
-¿Seguro que no quieres venir? -insistió Maeve, levantándose. Severus la imitó para acompañarla hasta la puerta. Tenía educación, después de todo. Y ahora que su insociabilidad de primera hora se estaba disipando le atraía más la satisfacción de tenerla un poco cerca que el placer de mirarla desde su asiento- He apostado con Minerva y voy a pulverizarla.
-¿Has apostado contra Gryffindor? -preguntó él sin poder evitar una pequeña sonrisa de satisfacción maligna.
-He apostado por Hufflepuff -matizó ella- Poppy está convencida de que hoy van a ganar y ¿tú has visto que Poppy se equivoque alguna vez?
Severus tuvo que darle la razón. Sospechaba hacía años que Poppy poseía algún tipo de don que ya querrían para sí muchas videntes. Lo que Maeve le había contado de su charla con la enfermera durante las Navidades era la prueba que lo confirmaba. Severus no podía creer que hubiera disimulado tan mal su afecto por Maeve tanto ahora como en el pasado. Que en apenas dos meses de 1982 una simple enfermera hubiera podido descubrir la inoportuna verdad que en vida y conocimiento del Señor Tenebroso habría significado la sentencia de muerte para los dos...
Aunque quizá no era culpa de él. Quizá era que algunas cosas, simplemente, no podían esconderse y la única forma de evitar los riesgos que conllevaba su descubrimiento era evitarlas a ellas. La realidad no hacía más que confirmarle que dejar a Maeve era lo más sabio que había hecho en toda su vida. Por él, por ella, por la Causa, por todo... ¿Por qué, entonces, se seguía sintiendo el más idiota de los hombres por haber hecho lo que debía? ¿Por qué seguía deseando no haberlo hecho?
Egoísmo. La respuesta es egoísmo, Severus. Y tú estás lleno de él.
-Iré en unos minutos -le dijo a Maeve- Puede que un partido de Gryffindor contra Huflepuff no tenga la menor emoción, pero ver perder a Minerva en lo que sea...
Maeve respondió a su sonrisa de zorro con una que quería ser de reproche pero se quedaba en un cómplice y tibio "eres imposible". Fue a abrir la puerta y no se dio cuenta, porque seguía mirándole a la cara, de que él ya tenía su mano sobre el picaporte.
No podía ser sano sentir con cada vez mayor frecuencia -porque cada vez se tocaban más a menudo, intencionadamente o no, superado el terror a rozarse de los primeros meses- aquellas taquicardias, aquella horrible y a la vez deliciosa sensación de que el cuerpo se les disolvía por debajo del estómago para ir a fusionarse con el abismo, sus entrañas convertidas en puro vértigo. Ni podía ser sana la rabia que les devolvía a la realidad cuando pensaban que el otro no sentía lo mismo.
Así estaban, mirándose congelados por el azoramiento y con las manos unidas sobre el picaporte, cuando los sorprendió el fogonazo del Flu en la chimenea del despacho. El rostro de Dumbledore no podía disimular cierto regocijo malicioso ante las vistas ni siquiera envuelto en llamas verdes, ni siquiera en medio de la gravedad que teñía su voz.
-Qué bien que os encuentro juntos; así me ahorro un viaje -les dijo maliciosamente, con toda la intención de molestarlos. Y triunfó, a juzgar por el destello asesino en los ojos de ambos y la rapidez con que separaron sus manos- Os quiero en cinco minutos en la Sala de Personal. Reunión urgente.
-Pero... El partido... -objetó Maeve.
-Acaba de suspenderse. Hemos encontrado otras dos víctimas petrificadas, dos niñas. Tenemos problemas, muchachos -afirmó. Y todo su aire de tranquilidad no bastó para ocultarles su consternación- Serios problemas...
Los alumnos yacían en camas contíguas al fondo de la enfermería. Cinco meses después de ser atacado Colin Creevey aún tenía las manos en posición de sujetar su cámara de fotos mientras que las de Justin Finch-Fletchley estaban levantadas como si hubiera sido sorprendido por el maleficio a mitad del gesto de protegerse con ellas. Hermione Granger y Penélope Clearwater, en cambio, parecían relajadas, como si no hubieran visto venir el ataque.
Ninguno de aquellos muchachos había tenido tiempo de defenderse.
-¿Siguen bien?
Poppy asintió con la cabeza mientras efectuaba con su varita el rutinario scanneum sobre los cuerpos de sus pacientes. Dumbledore observó su precisión, su fluidez de movimientos. La técnica de Poppy era peculiar pero impecable. Verla concentrada resultaba espectacular. Sobre todo para él, que todavía se recordaba recogiendo los libros que ella se dejaba tirados por todas partes cuando todavía era Pauline Simmons y la alumna más despistada de Hufflepuff.
-Sus constantes vitales y funciones orgánicas se mantienen bajo mínimos, como si estuvieran en estado de hibernación. Pero se mantienen, que es lo importante. Supongo que ralentizar el metabolismo es la forma del cuerpo de protegerse del desgaste que supone el maleficio -Poppy terminó con Justin y guardó la varita en su bolsillo, suspirando- El ser humano es asombroso, gracias a Merlín.
-La Naturaleza es asombrosa, en general -replicó Dumbledore- Maeve me cuenta lo mismo de la Señora Norris... Espero que todos aguanten hasta que el filtro pueda ser preparado. Pomona dice que no falta mucho, que las mandrágoras ya dan muestras de estar preparadas para independizarse y que eso significa que su madurez está próxima. En cuanto estén recolectadas Severus no tardará nada en tener el remedio listo. Si la situación no empeora...
-Espero que no, porque si lo hiciera, Albus, yo no tendría ni idea de qué hacer -se lamentó Poppy, frunciendo el ceño con preocupación- Estoy completamente perdida con este tema. No he encontrado nada, ni en toda la bibliografía que he repasado ni consultando a los mejores especialistas del mundo mágico, que pueda hacerse con este tipo de petrificación aparte de administrar el filtro. Si el estado de los chicos empezara a decaer...
-No lo ha hecho en meses: intentemos mantener la esperanza, Poppy.
La enfermera corrió las cortinas que guardaban a los petrificados de miradas indiscretas y acompañó a su amigo y superior hacia la salida. Dumbledore había tenido que rechazar su invitación a una taza de té con gran disgusto. Las infusiones que Poppy se hacía traer de China eran una de sus mayores debilidades, pero el tiempo apremiaba. Una tempestad amenazaba con desatarse sobre Hogwarts y quizá aún estuviese a tiempo de evitarlo mediante la diplomacia.
-No puedo quedarme mucho tiempo -se lamentó el Director mientras caminaban por el pasillo- Tengo una reunión urgente en mi despacho dentro de un cuarto de hora.
-¿Fudge? -gruñó la enfermera.
Dumbledore asintió con aire irritado.
-Está nervioso -aseguró- Que los padres de Colin pusieran el grito en el cielo es una cosa... Pero los Finch-Fletchley son gente influyente en el mundo muggle, de mucho dinero, con contactos importantes. Parece ser que siguen amenazando con un escándalo de proporciones épicas si la situación no se resuelve pronto... Lo que ha sucedido ahora con estas dos pobres chicas les dará todavía más argumentos. Y ya sabes que nada le molesta tanto a nuestro querido Ministro de Magia como que los problemas se hagan evidentes -añadió con suave ironía- Fudge estaba convencido de que yo tenía la situación bajo control, de que no habría más ataques.
-¿Y era lo que tú le habías dicho? -preguntó la enfermera con incredulidad.
Dumbledore suspiró.
-No, Poppy. Le había dicho la verdad: que estaba perdido respecto a la causa de los ataques y no podía garantizar que no fueran a repetirse. Pero dudo que Fudge me escuchara. Quería creer que todo estaba solucionado y es lo que ha estado creyendo hasta que la realidad le ha abofeteado en la cara. Sospecho que ahora estará furioso conmigo. Quiere una solución y quiere un culpable. Y los quiere ya.
-¿Y por qué no pone la investigación en manos de nuestro querido Gilderoy? -gruñó la bruja- Al fin y al cabo, bien que repite y repite, hasta que a uno le sangran los oídos, que si la situación estuviera en sus manos ya se habría solucionado hace meses... ¿Por qué no darle una oportunidad de demostrar lo infalible que es resolviendo problemas de este calibre? –sugirió, sarcástica.
-Por si acaso, Poppy, no le demos ideas a Fudge: un Ministro desesperado es capaz de recurrir a lo que sea, incluso a Lockhart.
Lo había dicho con intención de bromear pero sin demasiado espíritu, y Poppy no le rió la gracia. Los dos guardaron silencio hasta que llegaron a la puerta, dándole vueltas interiormente a algo que les inquietaba y que la mujer fue la primera en expresar.
-Hagrid está preocupado -comentó con tristeza- No quiere reconocerlo pero esto le recuerda demasiado a lo que ocurrió hace años, antes de que lo expulsaran. Y teme que vayan a por él.
-Yo también lo temo -reconoció Dumbledore- Remover el pasado es otra de las medidas desesperadas que espero de Fudge.
-No puedes permitir que eso suceda, Albus. Hagrid es parte de esta escuela; si consentimos que se le toque estaremos dando a entender que se puede tocar Hogwarts... Y además...
Poppy no tenía que terminar la frase para que Dumbledore supiera en qué más estaba pensando.
-Maeve -dijo.
-Sí.
Que Hagrid era el segundo de a bordo de la profesora Murphy era algo bien sabido dentro y fuera de Hogwarts. Cualquier escándalo que afectara al guardabosques la salpicaría a ella como salpicaría al propio Dumbledore. El Director era plenamente consciente de ello, como lo era de que la posición de los tres era cada vez más delicada frente a un Consejo Escolar en el que Lucius Malfoy había ido ganando adeptos semana tras semana. Un Consejo Escolar rendido a la teoría de su ineptitud como Director después de los últimos ataques y que en aquel momento se hallaba, con toda probabilidad, reunido en Londres, sometiendo a votación su continuidad al frente de la escuela.
-Mientras yo dirija Hogwarts Maeve no será cuestionada -le aseguró a la enfermera, sonriendo con suavidad y callándose sus muy fundados temores de que ese puesto de dirección estuviera ya en el filo de la navaja.
-Eso espero, Albus -dijo la mujer, añadiendo con intención- Y no sólo por Maeve. No querría tener que ver a cierta persona metida en un buen lío por salir en su defensa... Después de lo que sucedió el año pasado con Quirrell, sospecho que matar es lo mínimo que él haría por ella si la viera amenazada
Dumbledore se detuvo y miró a la enfermera con una ceja arqueada, sin perder la sonrisa.
-Intuyo que hablas de Severus.
-Siempre tan perceptivo, Albus.
-Creía que habíamos dejado claro este tema y que olvidaríamos el asunto, Poppy.
La mujer adoptó de inmediato un suave pero inequívoco aire retador.
-Recuerdo que tú me dijiste que olvidara el asunto pero no que yo dijera estar de acuerdo. ¿Tanto te incomoda un simple comentario? -respondió, cruzándose de brazos.
-Lo que me incomoda, Poppy, es tu obstinación en agitar fantasmas del pasado.
-¿Fantasmas? -bufó la bruja- Fantasma es la imagen de algo muerto, Albus. Y lo que hay entre esos dos muchachos está tan vivo que una puede sentirlo latir. Ella todavía lo quiere y por algún motivo la muy boba piensa que nunca fue correspondida y él... ¡Merlín, si eso no es un hombre enamorado ya no sé qué lo es! ¿Cómo puedes llamarlo fantasma? -le recriminó.
Dumbledore sopesó cuidadosamente las palabras que iba a decir. De escoger las adecuadas dependía que Poppy hiciera lo que se esperaba de ella. La diplomacia podía ser tan útil para evitar tormentas como para desencadenarlas, cuando eso era lo que uno deseaba.
-Hubo un tiempo, Poppy... un breve tiempo... en el que lo que hubiera entre Severus y Maeve carecía de mayores implicaciones. Pero ese tiempo pasó. Dejó de ser conveniente que se quisieran -añadió, remarcando con vehemencia la palabra conveniente, satisfecho del destello de indignación que brilló de inmediato en la mirada de Poppy- No creo que lo entiendas y no puedo explicártelo mejor, pero no podía ser: Severus hizo lo correcto, todo está bien como está y no es posible que sea más de lo que es.
-¿Conveniente? ¿Correcto? -repitió Poppy con asco- ¿Quién eres tú y qué has hecho con el Albus que yo conozco?
Convertirlo en el "viejo monstruo desalmado" que puede sacarte de tus casillas, querida Poppy, pensó Dumbledore, tratando de no sonreír de pura satisfacción. Sabrás agradecérmelo a la larga. Tiempo al tiempo...
-Cuando no era ni conveniente ni correcto que Richard y yo estuviéramos juntos, cuando sus padres querían prometerlo con una chica de buena familia y mis padres no querían ni oír hablar del hijo de un ex-seguidor de Grindelwad, cuando ninguno de nuestros compañeros de casa aceptaba que fuéramos novios y teníamos que escuchar barbaridades hasta que nos sangraban los oídos... ¿Quién nos animó a rebelarnos y a decir que nos queríamos y a no agachar nunca la cabeza? -preguntó la bruja, indignada- ¿A quién sino a ti le debo haberme casado con el único amor de mi vida? ¿Ahora resulta que tengo que oír al defensor del amor diciendo que no es conveniente ni correcto que dos personas se quieran? No puedo creérmelo... Es más, Albus -afirmó, cruzándose de brazos, mirándolo con dureza- No puedo aceptarlo. Y no lo aceptaré.
Esa era su Poppy. Justo la que él esperaba y necesitaba. La sonrisa era casi incontenible en los labios de Dumbledore, pero el mago llevaba demasiados años controlándose al milímetro como para ir a delatarse en un detalle tan nimio.
-Te lo advierto por última vez, Poppy -dijo con severidad- No metas tus narices en este asunto. Las cosas han de quedarse así por el bien de todos. No es conveniente y no puede ser. Punto. Quiero que me prometas que dejarás a Maeve en paz, que no sabrá nada de esto, que permitirás que siga adelante y que nunca, oyeme bien, NUNCA le dirás nada.
Dumbledore sabía reconocer aquel halo que había debajo de la expresión de frustración e indignación que dominaba el rostro de Poppy. Era la astucia. La sutil astucia que Richard Pomfrey, el Slytherin, le había legado a su mujer como su mayor y mejor herencia. Y era la principal aliada de Dumbledore en aquel asunto.
-Muy bien, Albus -concedió ella rencorosamente, pero sin perder aquel destello sibilino en los ojos- Te prometo que Maeve no sabrá nada de esto por mí.
Cuando ella le dio la espalda, Albus se permitió al fin sonreír.
-No esperaba menos de ti -dijo afablemente.
La mujer se limitó a gruñir y a decirle que se marchara, no fuera a llegar tarde a la maldita reunión con el condenado Ministro Fudge.
Esa era su Poppy. Ciertamente, no esperaba menos de ella.
Si se confirmaban sus temores y Lucius Malfoy conseguía su destitución, Dumbledore no sólo tendría que abandonar Hogwarts y dejarlo en las hábiles manos de Minerva, quien gozaba de su plena y eterna confianza. También tendría que dejar a Maeve al cuidado de Severus. Y a ellos dos bajo la supervisión de la muy leal, muy amante de la justicia y muy dispuesta a intervenir Poppy Pomfrey. Y no podía decir que aquello le causara inquietud. Al contrario. No conocía mejores manos en las que delegar que ciertas aguas volvieran por fin a su cauce.
Estaría bien que de toda aquella locura inspirada por el deseo de destruir y hacer daño fuese a salir algo bueno.
Y con esto podemos decir que ya se ha formado el lío de verdad y que empiezan las emociones fuertes tanto en la trama del basilisco como en la historia de nuestros dos protagonistas. Sea lo que sea que pretende Dumbledore de Poppy, parece que lo está consiguiendo. ¿Sabremos qué trama el viejo o nos lo tendremos que imaginar? ¿Llegarán a darse cuenta Severus de Maeve que, en efecto, lo suyo sigue estando tan vivo que puede sentirse latir o seguirán haciendo el memo cada uno por su lado? ¿Reaccionará bien ella ante lo que se avecina para Hagrid de la mano del Ministro? Las respuestas, en breve.
He tardado un poco en actualizar porque el trabajo es agotador ultimamente y no me ha dejado ni fuerzas para mantenerme despierta un rato delante del ordenador. Prometo enmendarme (pero no demasiado, no os vayáis a creer XD)
Como de costumbre, gracias por llegar hasta aquí, animaos a comentar que no me como a nadie y contesto a todo el mundo y preparáos para lo bueno si decidís seguir.
NOTA ACLARATORIA:
-No he encontrado desde cuándo estaba Diggory en el equipo de Hufflepuff. A lo más que he llegado es a leer, en el libro 3º, que en Hufflepuff tenían "un nuevo capitán buscador". He decidido que lo de "nuevo" no tenía que ir por las dos cosas al tiempo, así que de momento está de buscador y el capitán es otro.
