Fate 2: Camino a Erebor
La figura negra sentada en el filo de un gran ventanal en Rivendel, el agua de cascadas calmantes para cualquier visitante pero no para este que tenía una mirada vacía que se planteaba a analizar el cielo en un intento de olvidar su ultimo sueño, pero era difícil apartarlo de su mente.
Siendo un Istari tenía como una ventaja el poder soportar noches en vela sobre todo cuando ese recuerdo recurrente en su subconsciente salía a flote en sus noches de descanso… esto solo anunciaba que probablemente tendría una semana antes de que pudiera descansar debidamente.
El viento soplo con fuerza, esforzó a cerrar sus ojos para saborear ese silencioso consuelo… aquel vacío que persistió aun con la presencia de Shirou en su vida… aquella vida ya distante… se esforzó en recordarse que ahora tenía una oportunidad de limpiar su consciencia, pero el nombre lo golpeo nuevamente… Irisviel… y con ellos sus palabras…
Te maldigo… Emiya Kiritsugu… al dolor… me arrepiento hasta la muerte de haberte conocido… Nunca, te perdonaré…
-Helërandir- una voz suave llamo su atención salvándolo de la voz de su difunta esposa… o el grial, Glorfindel en todo su esplendor se acercaba a aquel Istari que aunque no mostraba expresión alguna, sabía que lo escuchaba –sus municiones ya han sido entregadas… el herrero espera en su lugar de trabajo- aviso.
Kiritsugu volteo para clavar su oscura mirada en aquel antes capitán de Gondolin–me siento honrado de que un gran señor elfo haga los recados para mí- aseguro con humor, al ponerse de pie para enfrentar el gesto fingido de indignación del alto Eldar.
-Si tu atmósfera no indicara nada oscuro… estoy seguro que más de mi gente tuviera la confianza de acercase a su presencia… Helërandir- contesto con sarcasmo contenido, era verdad pocos elfos tenían la seguridad de acercarse cuando este mago tenía esa amargura rondándolo… estaba seguro que hoy era uno de esos días, que si no fuera el… recibiría una mirada cruel de su parte, como esas que comparte mucho con Saruman.
Emiya entendió la directa bastante obvia, tenia la fortuna de ser uno de los pocos que podían decirle sus verdades, los elfos al ser unos seres bastante perceptivos sabían cuando era oportuno y cuando no molestarlo, algunos parecían incómodos bajo su mirada vacía que ocultaba toda esa sabiduría a la cual según entendió eran característicos de los Istari–Como digas- contesto a la ligera, sin gesto alguno para dirigirse donde sus municiones esperaban.
-No has pensado usar un arco y flecha- cuestiono Glorfindel, acompañándolo a través de todo Rivendel hacia la ubicación de los elfos herreros, miradas curiosas eran ganadas al ver al Istari negro entre su gente… pues era raro sus visitas, esto solo avisaba que algo grande pronto sucedería.
El antes asesino le dio una mirada de reojo, como silenciosa respuesta de que en verdad… no le gustaba la idea ofrecida por su colega de concilio… él tenía sus propias armas, lucho para que la gente de ese nuevo mundo pudiera proveerlos de las municiones necesarias para el mismo modificarlas más tarde con su propia magia –tu sabes que cuento con mi propio estilo-
-Un estilo bastante llamativo… según los rumores- aseguro Glorfindel con rapidez, recordando las miles de historias que rondan de las pocas veces que se ha visto en acción al mago negro… la mayoría de la gente de Dale en aquella aventura en la reconquista de Erebor.
-Una flecha no mata miles de enemigos… un arco no auxilia cuando está roto… una espada no es suficiente para proteger al desvalido- recito como mantra en una voz monótona pero dura, Emiya viajo bastante en la tierra media… recolecto sustancias, descubrió químicos… su "magia" en explosiones era un mito bastante seguro en Arda, pero más sus armas de acero… como eran conocidas sus pistolas y variantes.
El capitán de Gondolin sintió tristeza, pues a su lado estaba una persona que perdió esperanzas y sueños… aunque no fuera abierto sobre ese tema, la manera en que se manejaba en el mundo… lo hacía diferente al resto de los magos, una persona cruel dispuesta a realizar sacrificios con la creencia de "no se pueden salvar a todos"… Glorfindel era sabio, no tanto como Elrond ni Galadriel… pero lo necesario para conocer a la viva imagen de la oscuridad en una persona de bien.
Con eso en mente llegaron al lugar donde un elfo herrero esperaba paciente para la aprobación de un pedido peculiar… no eran espadas, hachas, lanzas o flechas… solo las armas del Istari negro, pequeños proyectiles con un vacío interior para albergar algo desconocido para este… numerosas navajas afiladas pero pequeñas, para ser transportadas entre ropas y esferas también huecas.
-Yo no pedí esto- aseguro con un ceño de molestia el Istari negro, señalando entre sus cosas una gran espada plateada con grabados en sindarin en la hoja con su respectiva funda.
-Pero yo si…- Elrond entro en toda su gloria, sonriendo con paciencia al mago negro que le daba un gesto de severidad por la libertad que se tomó –es un presente… sé que no confías en la espada… pero tómala como un arma de último recurso- aclaro, al tomar dicho sable para juzgar el trabajo… felicitando al herrero por el arma hecha con calidad.
Un suspiro de resignación por parte de Kiritsugu, dando una mirada de advertencia a un Glorfindel que en sus ojos brillaba la diversión de verlo por fin con una espada –Como quiera… señor- indico con ausencia, tomando todas aquellas cosas con cuidado para por fin partir al inicio de su misión.
-Espera…- otra voz detuvo la retirada del mago negro –No entiendo cómo es que siempre olvidas esto…- dijo con tono cansado Gandalf que parecía haber corrido distancias inéditas por todo su gris cabello revuelto y estaba seguro que hojas en su barba estaban pegadas, entregando el báculo de su colega que parecía hasta ahora lo recordaba –amigo mío… toma en serio tu posición de Istari… no lo abandones en Bree- indico con impaciencia.
Kiritsugu tomo la madera oscura de su báculo con indiferencia –Gracias Gandalf- aseguro, pero solo por saber que aquel peregrino gris había viajado hasta Bree adivinando su abandono de aquel inútil bastón… pues el nunca le daba un uso, pero ahora tal vez en Moria… si tendría que tener miles de opciones a la mano.
Mithrandir entrecerró sus ojos, al ver la falta de apego de su colega por su báculo… pero sabía que su amigo era funcional aun sin este –te deseo que la gracia de los valares este contigo… mi amigo- indico, con ganas de el mismo acompañarlo… pero este tenía que viajar, asegurar que la oscuridad este lejos de ciertos lugares.
Una sonrisa arrogante adorno el sobrio rostro de Emiya –no necesito la gracia de los valares… pero agradezco tus deseos- indico al dar la espalda aun ofendido Mithrandir, un Glorfindel divertido por la sequedad de ese intento de humor y un Elrond que miro a los cielos para que los valares no se ofendieran con el rebelde mago… ah sin contar a un intrigado herrero, pues estaba seguro que nadie le pago sus servicios.
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Emiya suspiraba el humo de su pipa mientras descansaba en la piedra de aquellas montañas, mirando el cielo y disfrutando de la soledad que la naturaleza ofrecía.
-No quisiera esto… pero debo hacerlo- se dijo así mismo, pues no le agradaba la idea de pedir ayuda a un pasado espíritu heroico… pues aunque cambio con los años, todavía tenía una aversión por aquellos pasados héroes de su mundo.
Juana aunque hubiera sido considerada casi su amiga en arda, todavía tenía ese estigma por el cual el pasado asesino todavía odiaba… pero debía aceptar las cualidades que esta tenia, además que seguramente todavía había habilidades usables para su misión casi suicida.
Suspiro con frustración, esperaba que a su llegada por lo menos esta mujer ya hubiera anunciado su misión y no tener que luchar contra un esposo sobreprotector… ante esto le dio un escalofrió, pues si Thorin era una persona severa y estricta… también era una persona que ponía el bien de sus seres queridos por encima del propio –espero que no sea el caso- gruño en voz baja al tomar sus cosas para seguir el camino.
XXXXX
Radagast miraba con algo de duda a su invitado, como si tratara de conocer de dónde lo había visto… sabía que lo tenía en la punta de su lengua, pero no recordaba el motivo de una llegada tan inesperada… pues además de Gandalf… ahí enfrente de él estaba una persona que sabía confiaba en su juicio a pesar de lo que siempre dice la gente o su apariencia descuidada –Emiya- dijo reconociendo al hasta hace unos minutos extraño.
Kiritsugu le dio una mirada cansada, sabiendo que su colega Istari era demasiado distraído que estaba seguro lo podrían confundir con un mendigo loco –Radagast… espero no molestar- aseguro al momento en que le daban pase a la choza, que aunque en las afueras se viera abandonada… en el interior estaba un ambiente hogareño, algunas aves volaban con soltura y libertad en el techo en evidencia del amor de este por los animales.
-Por supuesto que no… Emiya- aseguro el Pardo con armonía, mientras quitaba una rata de campo de una silla para ofrecerlo a su invitado… que dejaba un costal pesado en el suelo, acomodaba la espada y báculo en el respaldo de su asiento para dejarse caer fatigado de un viaje desde lejos.
-Necesito lo que te di a guardar- aseguro el negro al aceptar una bebida ofrecida por su colega de orden –también te voy a molestar unos días mientras trabajo- pidió, sabiendo que el Pardo no se opondría.
Una sonrisa indulgente adorno el rostro del descuidado mago –No hay problema… amigos como tú o Gandalf son bienvenidos- indico con soltura, pues aunque estaba seguro no entraba en la categoría que el mismo le daba al negro… por la confianza que le dio al pedirle guardar sus armas extrañas y otras cosas en su casa, muy por encima de Saruman o el peregrino gris, era un pase directo para ser considerado un fiel amigo.
Kiritsugu miro como el Pardo desaparecía en una de las habitaciones para buscar lo pedido, pues él sabía que al mago descuidado nadie lo consideraba enserio por lo cual era la mejor opción para guardar sus objetos preciados sin que nadie sospechara… miro la mesa, comenzando su limpieza para vaciar los objetos que pidió en Rivendel, haciéndolo su lugar de trabajo.
-Y ahora que misión tenemos- pidió Radagast al entrar arrastrando un costal, mientras trataba de equilibrarse con otro en el hombro… algunos animales protestaron al ser molestados, pero ignoraron a su amigo para seguir en su vida silvestre dentro de la casa.
Kiritsugu no volteo a verlo, mientras agrupaba las "balas" en diferentes montones para hacerlas para funciones variadas –Moria… reconquistaremos las minas del enano- dijo con ausencia, sin sobresaltarse cuando su colega dejo caer lo que traía en shock.
-Estas seguro- dijo tragando grueso el Pardo –pero… es peligroso- apretó sus manos con nerviosismo, recordando las historias variadas que rondan aquel lugar olvidado de los valares.
El mago negro volteo a observarlo, viendo el sudor que comenzaba a adornar la frente del otro Istari –lo se… pero es una razón mayor para eliminar dicho peligro- aseguro con ausencia, al acercarse para recoger lo que habían tirado… saco de los costales varias armas largas y otras más chicas, para comenzar el mantenimiento y acoplar con mana las diferentes balas eso sin contar las granadas con químicos, que agradeció que el descuido no haya roto nada donde eran contenidos.
Pardo miro al hombre como si fuera el mayor héroe –no solo Gandalf… tú también- dijo saboreando las palabras, miro el suelo con vergüenza pues el a comparación de sus otros colegas no era de ayuda en Arda… una mano se posó en el hombro, llamando su atención para ver los ojos indiferentes del negro.
-Tú tienes tu propio camino… Radagast- Emiya indico con su voz monótona y aburrida, pero en trato de consuelo del mago… odiaba a la gente que se recriminaba, pero más odiaba tener que consolar… pero era algo que le nació desde el momento en que su corazón despertó para su hijo adoptivo –ahora… tengo trabajo que hacer- indico al apartarse, acomodando las armas a lo largo de otro estante.
Se sintió calmado, el corazón del pardo se alzó un poco… comenzando con el auxilio del mago negro en sus diferentes limpiezas o en tener un buen ambiente de trabajo, manteniendo sus animales lejos del negro.
XXXXX
El bosque negro era adornado por diferentes y amenazantes árboles, torcidos con una oscuridad plasmada… pues la huella del Nigromante quedo grabada profundamente en las raíces hasta el punto en que el nombre cambio para dar hincapié al daño.
Emiya descansaba en una de las raíces, recargándose en su casi olvidado báculo (pues Radagast se lo recordó) con dos armas largas a su lado y su espada en el costado, sentía la magia en el aire del rey Thranduil que protegía su territorio con recelo… pero a este no le afectaba, solo le daba lastima a las pobres personas que esto tomaba desapercibido pues podría convertirse en una tumba triste si eras descuidado.
-A que debemos su paso… Helërandir- una voz llamo desde las alturas, dejándose caer pesadamente enfrente del indiferente Istari, que lo miro con un aire aburrido.
-Príncipe Legolas…- saludo al elfo con una breve inclinación –voy hacia Erebor- indico uniformemente, sacando su pipa para comenzar a fumar en la tranquilidad de un silencio vigilado por el rubio.
-No entiendo su fanatismo por eso- dijo Legolas con desagrado por la pipa del ausente Istari que parecía no iba a hablar más de los motivos de su paso por aquellas tierras, al sentarse para curiosear las armas de metal.
-Culpa a Gandalf- aseguro con ironía Emiya sin prestar más atención de la necesaria al tema, mirando con más interés ese árbol enfrente.
-Cuando lo vea… será lo primero en lo que me quejare- sonrió socarronamente el elfo, pues para nadie era indiferente lo distante que era ese mago… pero también el tipo de humor que celebraba, aunque pocos podían ser testigos de un evento como este… él era de esos pocos afortunados –aunque es mejor que esos palillos blancos- recordó aquello que fumaba cuando lo conoció.
–Cuando regresaste- cuestiono al elfo que ahora sostenía una de sus armas para mirarla de cercas, pues sabía que estas llamaban la atención al ser desconocidas en ese mundo… tratando de olvidar el tema de sus cigarros, recordarlos se le hacía agua a la boca.
-La semana anterior…- informo con un suspiro el elfo, abandonando aquel objeto de su curiosidad en su lugar, pues su tiempo con los dunedain se había agotado, extrañaba su casa aunque el apego por esos mortales siempre quedara en su corazón–Estel pregunto por ti- dijo con voz extrañada, pues no sabía cuál era el apego para ese distante hombre de parte de su joven amigo.
El istari negro sonrió, pues a ese heredero de Isildur lo conoció de joven… vio reflejado a su hijo en este, él puede tener el halago de ser el único que en verdad conocía su lado suave –si vuelves… dile que haga su mejor esfuerzo… no por nadie… sino por el- aconsejo con aspereza.
Un breve ceño fruncido paso por el gesto del pulcro elfo, notando esa suavidad que infructuosamente trato de esconder su negro acompañante –lo dices como si no te fuéramos a ver- índico con sospecha.
-Nunca está de más prevenir- aseguro con un encogimiento de hombros, suspirando el humo calmante de su vicio (aunque seguía extrañando sus cigarros).
Un silencio cómodo se instaló entre ambos personajes con diferentes personalidades pero que expresaban una sabiduría por su propia mano pero de diferentes edades –es cierto los rumores…- pidió ya después de tiempo el elfo, con un tono de suave para dar a mostrar lo dudoso que estaba de sacar dicho tema –el rey parece no estar dispuesto… mi padre tampoco le agrada la idea- informo al mirar el cielo que oscurecía conforme el silencio de esa platica se expandía.
Un resoplido por parte del mago negro –sabía que esa mujer no sabría manejar ese tema…- aseguro, suspirando en resignación… una premonición de futuras molestias le hacían doler la cabeza y daban ganas de retirarse con su poca paciencia de lo que promete ser una pelea segura.
-Creo que ella lo dijo de una manera tan natural… que estoy seguro que si no sabríamos el tipo de lugar al que van… podía pasar como un viaje de campo relajante- sonrió Legolas, conociendo la reina de Erebor que era tan jovial casi como un mediano.
Era de los pocos mortales al cual Thranduil respetaba, por lo cual su padre había mostrado su molestia de dejarla ir... casi tan protector como si fuera una hija propia (después de todo ella paso años con su gente antes de ir a Erebor)... y no ayudaba el hecho que el mismo Thorin era similar de terco.
-Lo entiendo... y adivino la importancia con la que ella lo manejo- Emiya se imagino la situación -estoy seguro que saco el tema solo porque se acordó- acuso, por el resoplido del elfo era probable que el mismo pensara igual.
-Suerte... con lo que promete ser una prueba mas difícil que su mismo viaje a Moria- indico burlón cuando uno de sus guardias salia entre las sombras, como aviso que era hora de regresar a reportar a su rey... que seguramente estaría interesado en que pronto la reina de Erebor marcharía.
Emiya miro la espalda del elfo, que subió con agilidad las ramas de los arboles para desaparecer en la oscuridad... opto por sumergirse en sus propios pensamientos, después de tiempo en un sueño liviano.
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Dale era una ciudad armoniosa, nada a comparación como lo recordaba de primera impresión en aquel pasado donde salvo a su gente del ataque orco durante la reconquista de Erebor… la edificación se alzaba orgullosa, la gente caminaba de un lado a otro… con su destrucción y abandono ya como historia para sus niños y futuras generaciones.
-Bienvenido... Peregrino negro- saludo un hombre mayor que se notaba el esfuerzo que aplicaba para caminar a su encuentro, su edad no quitaba la sombra de la grandeza que celebro hace años.
-Gracias... Bain hijo de Bardo- respondió con educación el ausente mago negro, manteniendo cerca sus pertenencias y asegurándose de no olvidar su báculo o espada en algún rincón olvidado.
Una sonrisa del que conoció como niño, aquel apegado al asesino del dragón y descendiente de Girion.
-No deberías estar aquí...- regaño levemente Emiya, sabiendo la condición del anciano que predecía le quedaba días antes de partir a un descanso eterno.
-Como perder de saludarte... seguramente no te molestarías en verme- adivino el anciano mientras caminaban por las calles cuyos curiosos miraban al dúo, pues el viejo ya no salia de su hogar y muchos solo esperaban la noticia de su fallecimiento.
Emiya no hiso alusión de tener una platica, manteniendo el silencio... el sabia que la esperanza de vida entre los hombres era escasa, sobre todo con enfermedades y su medicina que podía rivalizar con la edad media de regreso a casa.
Mas adelante, Kiritsugu observo a un hombre imponente, austero con su cabello hasta los hombros en rizos castaños vestido de pieles con un aire de respeto -Brand hijo de Bain- saludo al pasarlo de largo, para continuar su avance a lo que predice sera un encuentro bastante tenso con los enanos.
Brand miro interrogante y algo molesto de que su padre estuviera fuera de la cama, pero miro al acompañante sabiendo que su progenitor era terco... pero muy apegado al frió peregrino negro, después de todo es el recuerdo de aquella época dorada donde Bardo I reivindico su legado de rey... suspiro siguiendo su propia rutina de gobierno.
-Tienes una misión peligrosa en manos- aseguro Bain con voz cansada mientras se detenía en las fronteras de su ciudad, donde podían ver el reino enano en su grandeza recuperada.
Una mirada ausente de los ojos oscuros indicaron que el mismo ya sabia eso -es necesario... - dijo secamente.
-Yo probablemente ya no este a tu regreso... porque estoy seguro que lograras esto- dijo con confianza el anciano mientras el mago negro continuaba su caminata a la ciudad de Erebor.
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Kiritsugu se abrió camino pesadamente para subir, las flores y el pasto bien cuidado comenzaban a adornar las orillas del sendero siendo el jardín de la reina lo primero que cualquier visitante podría apreciar... algo que los enanos no eran conocidos, pero por ella lo habían permitido.
Las grandes puertas de Erebor se cernían amenazantes a pesar del verde valle, ahí unas estatuas enorme custodiaban la puerta para mostrar la calidad del trabajo en piedra de lo que son famosos los enanos.
Emiya se detuvo a observarlas con detenimiento, en toda sus visitas nunca se cansaba de apreciar el arte de la piedra... con silencio mientras el viento golpeaba con levedad azotando su gabardina negra... juzgo del lado izquierdo la tallada con las características del sobrino caído, Fili con su espada de piedra clavada en el suelo viendo al horizonte con una expresión digna de su linaje de Durin... en sus tonos de piedra y bastante detallada.
Pero la personificación del lado derecho en una posición similar al enano caído, la mujer cuya grandeza trataron de plasmar con excalibur entre sus manos y una vista temeraria al horizonte... una leve mueca de desagrado paso por el inexpresivo rostro del mago, pues el la recordaba bien... una de las personas que el fallo con sus creencias... Arturia Pendragon también había dejado huella en la historia de ese mundo... la estatua en su honor era prueba de ello.
-Que haces aqui- una voz gruesa llego desde las puertas, bajando la mirada del mago negro para cumplir con el llamado... ahí enfrente de el, estaba Thorin Escudo de Roble, con mas canas pintadas pero que no amedrentaban su aire de grandeza... vestido como su linaje y posición lo indica... era momento de enfrentar al rey debajo de la montaña... o en su papel de marido protector.
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FIN DEL CAPITULO
Bueno aqui otro capitulo algo corto (segun yo), se que la estoy haciendo de emocion pero queria demostrar las diferentes conexiones que realizo Kiritsugu en Arda o parte de ellas... quiera o no.
Todos sabemos que Kiritsugu si sobrevive... pero en esta linea de tiempo, todavia no lo sabe.
Sobre la religion, se que en la tierra media no manejan tal cosa... solo expresan de la existencia de los valares, pero en verdad no es tanto como para ser culto o cosas como la que nosotros estamos acostumbrados... sobre eso hablare en el siguiente capitulo, pues ahora si pasara Joan en toda su gracia.
No voy a expresar como fue su asimilacion en la tierra media, pero todo sabemos que Juana de Arco tiene una personalidad amistosa... asi que solo he dado menciones de algunas amistades que realizo, tratare de ir mas a fondo de esto en el siguiente capitulo... o solo menciones, pues es de Kiritsugu el fic.
Las mejoras de Erebor, dos estatuas custodiando las puertas de la misma... de un lado tenemos la que esta en honor de Fili, sobrino de Thorin y caido en la batalla... del otro esta Saber o Arturia, asesina de Dragones y leyenda de Dale junto a Erebor.
Que les parecio... Shirou, espero que sea de tu agrado y paciencia en cuanto al tema religioso... en cambio, con "caminos cruzados" tengo algo preparado para Galadriel, asi que no te apures porque la maneje como una persona intocable y sobre Klaud, bueno tengo que dar mencion a los orgullos magullados XD pero seguro que si la aprecian ah y sobre tu pregunta... tengo algo planeado para nuestro 9 espectros, paciencia.
Neah20 fuera... agradezco lecturas, review, follow y favorite.
