Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.

Advertencias: Contiene OoC. AU.

Adaptación del libro Anna vestida de sangre de Kandare Blake.


Sakura vestida de sangre

Capítulo 6.

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Sasuke se encontraba mirando la casa de Sakura en medio de la noche.

Naruto había intentado detenerlo advirtiéndole del peligro que corría. Había visto lo que podía hacer Sakura la noche anterior y dudaba de que él pudiera acabar solo con ella. Pero Sasuke no podía permitirse involucrar a alguien más en su trabajo. Librar al mundo de los fantasmas era una tarea que recaía sobre los hombros de la familia Uchiha.

Por un momento dudó en entrar, su mente le jugaba una mala pasada. Era imposible, lo sabía, pero parecía como sí la casa se estuviera inclinando hacia adelante, intentando separarse de su base para tragarlo entero. Sasuke se obligó a recordar que era lo que había adentro lo que la hacía aterradora y peligrosa.

Un maullido lo hizo voltear. Denka se encontraba parado con sus patas delanteras sobre la ventana del lado del copiloto de la furgoneta de su mamá.

Después de la escuela Sasuke había ido a su casa y le contó todo a Mikoto, excepto aquella parte donde su compañero fue partido en dos y el casi fue asesinado. Y cuando le habló de su intención de ir a esa casa nuevamente, insistió en que llevara al gato consigo.

Mikoto no le dijo mucho, sabía que siempre tenía en la punta de la lengua decirle que parara, que era peligroso y que podía morir. Pero ella no lo externaba porque entendía que más personas morirían si él no hiciera su trabajo.

Sasuke suspiró y sacó el cuchillo de la bolsa de cuero que colgaba de su cinturón.

Su padre había dejado su casa una tarde llevando ese cuchillo, justo como lo hacía desde antes que él nació. Y nunca regresó. Algo se llevó lo mejor de él. La policía llegó un día después, luego de que su madre lo reportara como desaparecido. Dijeron que su padre estaba muerto.

Mikoto lo envió a su cuarto, pero él se quedó escondido mientras ellos cuestionaban a su madre y eventualmente el detective susurró sus secretos: que el cuerpo de Fugaku estaba cubierto de mordidas; que pedazos de él estaban perdidos.

Él era un joven que tenía que pensar en autos, deportes o en la chica que le gustara, pero en lugar de eso los pensamientos de Sasuke fueron invadidos por la horrible muerte de su padre. Se lo imaginaba en todas las maneras posibles. Soñaba con ello. Lo dibujaba en un papel con un lapicero negro y una crayola roja, pegaba figuras de esqueletos y sangre de cera. Su madre trató de sanarlo; cantando constantemente y dejando las luces encendidas, tratando de dejarlo fuera de la oscuridad. Pero las visiones y las pesadillas no se detuvieron hasta el día en que levantó el cuchillo.

Nunca cogieron al asesino de su padre, por supuesto. Porque el asesino ya estaba muerto. Así que ya sabía lo que debía hacer. Mirando a la casa de Sakura en ese momento, ya no tenía miedo, porque Sakura Haruno no era su final. Algún día Sasuke regresaría al lugar donde murió su padre, y arrastraría su cuchillo por la boca de la cosa que lo comió.

Sasuke volvió a respirar profundo y empezó a caminar hacia la casa con el cuchillo afuera, no había necesidad de pretensión. Sabía que ella estaba ahí adentro, y que sabía que estaba yendo. Podía sentirla observando.

La noche estaba tranquila. Sin aire, sin insectos, nada. El sonido de la grava debajo de sus zapatos era dolorosamente ruidoso. No tenía sentido tratar de ser cauteloso.

No necesitó derribar la puerta, pues estaba abierta. Entró despacio.

Una espeluznante luz gris se filtraba sin emitir un sólo haz. Sólo se mezclaba con el aire oscuro, como una niebla luminosa. Sus oídos se esforzaron por escuchar algo; a lo lejos se escuchó el bajo retumbar de un tren, y hubo un chirrido como de cuero mientras apretó la empuñadura de su athame.

Cerró la puerta, no quería darle la oportunidad a ningún fantasma de tirarla como en una película de terror barata.

El vestíbulo estaba vacío, la escalera también. El esqueleto de un candelabro en ruinas colgaba del techo sin destellar, y había una mesa cubierta con una lámina de polvo.

Sasuke inspeccionó de nuevo el lugar, había algo malo en esa casa. Algo aparte de la presencia que obviamente la atormentaba. Lo podía sentir.

—Sakura. —pronunció Sasuke. Pero sus palabras se perdieron en el silencio de la habitación.

Miró a su izquierda. El lugar donde Deidara murió estaba vacío salvo por una mancha oscura y aceitosa. No tenía idea de lo que Sakura había hecho con el cuerpo, y honestamente, prefería no pensarlo.

No hubo respuesta, y él se desesperó. Vio las escaleras, pero desechó la idea de subir, no quería enfrentarla ahí. Ella tenía demasiada ventaja en ser tan fuerte como una diosa vikinga, muerta y todo.

Se adentró en la casa caminando a través de los muebles dispersos y cubiertos de polvo. Un pensamiento cruzó por su mente, que ella podía estar echada esperando; que el sofá lleno de bultos no era para nada un sofá lleno de bultos, sino una chica muerta cubierta en venas. Estaba a punto de atravesar su athame por él por precaución, cuando escuchó algo arrastrando los pies. Se giró enseguida.

—¡Diablos! —masculló.

—¿Ya han pasado tres días? — le preguntó el fantasma de Deidara. Estaba parado cerca de la ventana en la que fue arrastrado. Estaba en una pieza. Esbozó una sonrisa tentativa. La muerte, al parecer, lo había hecho más ingenioso.

Pero parte de Sasuke sospechaba que lo que estaba viendo en realidad no era para nada Deidara, que sólo era la mancha en el suelo, levantada por Sakura, hecha para caminar y hablar.

—Perdón. Por lo que te pasó. No se supone que pasara. —dijo Sasuke por si acaso estaba equivocado y su fuera el fantasma del chico rubio.

Deidara ladeó su cabeza.

—Nunca se supone que pase. O siempre se supone que pase. Lo que sea. —Sonrió. Sasuke no podía distinguir si de forma amistosa o irónica, pero definitivamente era espeluznante. —Está casa está mal. Una vez que estamos aquí nunca nos vamos. No debiste haber regresado.

—Tengo asuntos aquí. —respondió Sasuke tratando de ignorar la idea de que Deidara nunca podría irse. Era demasiado terrible y demasiado injusto.

—¿Los mismos asuntos que yo tenía aquí? — preguntó el rubio en un bajo gruñido.

Antes de que Sasuke pudiera responder Deidara fue partido en dos, en una exacta repetición de su muerte.

Sasuke tropezó hacia atrás y sus rodillas chocaron con algo, él no se preocupó por ver de qué se trataba.

El shock por ver de nuevo morir a Deidara fue más grande. Estaba acostumbrado a la muerte de fantasmas asesinos, pero ver morir a una persona era diferente.

Deidara se comenzó a deshacer en dos horripilantes charcos húmedos.

—Hey, Sasuke. —mencionó Deidara desde el suelo. Ya solamente era su cara.

Sasuke trató de calmar su respiración.

—Sólo duele por un minuto. —agregó Deidara y luego se terminó de hundir en el suelo, lentamente, como aceite en una toalla.

Mientras Sasuke continuó mirando el punto negro del suelo, se dio cuenta que estaba conteniendo la respiración. Se preguntó a cuánta gente Sakura había matado en esa casa. Se preguntó si todavía todos ellos seguían ahí, caparazones de ellos, y si ella podría levantarlos como marionetas, arrastrando sus pies hacia él en varios estados de descomposición.

— Ahora no es el momento para el pánico. —se dijo Sasuke mientras apretaba su cuchillo. Y muy tarde se dio cuenta de que algo estaba detrás de él.

Vio sobre sus hombros unos mechones de cabello rosa ondear en el aire. Se giró esperando a que ella no estuviera ahí, que hubiera desaparecido. Pero no lo hizo, ella permanecía en el aire ante él, a varios centímetros del piso.

Sasuke y Sakura se miraron uno al otro. La mirada ónix del chico estudiaba los ojos de ella. Fríos, completamente negros, su mirada era fuerte, penetrante. No podía distinguir las pupilas.

Ella era más baja que él, tal vez mediría poco más de 1.60 si estuviera en el suelo, pero al estar flotando él debía mirar hacia arriba. El sonido de su vestido chorreando era suave mientras caía la sangre al piso.

—("¿En qué se ha convertido desde que murió? ¿Qué poder encontró, qué ira, que le permitió ser más que un simple espectro, convertirse en un demonio de venganza? "). —se preguntó Sasuke.

Sus cabellos rosas seguían flotando a su alrededor, pero un mechón intentó enredarse en su cuello. Con un movimiento rápido lo cortó con su cuchillo. Las puntas del cabello rosa flotaron hacia abajo y ella las vio hundirse en las tablas del suelo, como lo hizo Deidara momentos atrás.

Algo pasó a través de la frente de Sakura, tensión, tristeza, y luego miró a Sasuke descubriendo sus dientes.

—¿Por qué has regresado? —preguntó con voz cavernosa. Sasuke tragó saliva. No sabía qué decir. Retrocedió aunque su orgullo le gritó que no lo hiciera. —Te di tu vida, empacada como un regalo. —Su voz era profunda y espantosa. Era el sonido de una voz sin aliento. —¿Pensaste que era fácil? ¿Quieres estar muerto?

Había algo esperanzado en la manera en que preguntó la última parte, algo que hacía sus ojos más fúnebres. Ella echó un vistazo al cuchillo con un tic poco natural de su cabeza. Una mueca se apoderó de su rostro; las expresiones pasaron locamente, como ondas en un lago.

Luego el aire alrededor de ella vaciló envolviéndola, y la diosa delante de Sasuke ya no estaba. En su lugar había una chica pálida con cabello largo y rosado. Sus pies estaban firmemente plantados en el suelo.

Sasuke miró abajo, hacia ella.

—¿Cuál es tu nombre? — preguntó. Su voz dejó de ser temible, parecía hasta dulce. Sasuke no respondió. —Tú sabes el mío. Yo salvé tu vida. ¿No es justo?

—Mi nombre es Sasuke Uchiha. —respondió pensando en cuán barato era ese truco, y uno estúpido. Si ella pensaba que no la mataría estando en esta forma estaba muy equivocada. Pero era un buen disfraz, le daba créditos por eso. La máscara que llevaba tenía un rostro pensativo y suave, ojos verdes y usaba un vestido blanco pasado de moda.

—Sasuke Uchiha. —repitió ella.

Él asintió.

—Has venido a matarme. —mencionó ella y comenzó a caminar a su alrededor en un círculo amplio. Sasuke la dejó llegar hasta su hombro y también giró. No había manera que la dejara detrás de su espalda. Podía ser dulce e inocente en ese momento, pero conocía a la criatura que vendría estallando dada la oportunidad.

—Alguien ya ha hecho eso. —Respondió Sasuke.

—Alguien lo hizo, sí. —comentó ella, y luego su cabeza se torció y se ajustó de ida y vuelta. Por un segundo su cabello empezó a retorcerse de nuevo, como serpientes. —Pero tú no puedes. —señala altiva.

A Sasuke le pareció interesante el hecho de que ella supiera que estaba muerta, pues la mayoría de fantasmas no lo sabían. Se podía hablar con algunos de ellos, pero usualmente pensaban que son otros, alguien de su pasado.

—Cariño, mi padre y yo hemos puesto más fantasmas en el suelo de los que puedes contar. —Contraatacó Sasuke. Él también era orgulloso.

—Nunca uno como yo. —mencionó con orgullo teñido de amargura.

Sasuke nunca había visto algo como Sakura. Su fuerza no tenía límites, al igual que su bolsa de trucos. No era cualquier fantasma que se arrastraba con los pies, molesto por haber sido matado a tiros. Ella era la muerte misma, horrible y sin sentido, pero incluso si estaba vestida de sangre y venas, no podía evitar mirarla fijamente.

Pero él no tenía miedo. Fuerte o no, todo lo que necesitaba era un buen ataque. No estaba fuera del alcance de su athame, y si podía llegar a ella, se desangraría como el resto.

—Tal vez deberías buscar a tu padre para que te ayude. —Sugirió Sakura. Él apretó la daga.

—Mi padre está muerto. —No supo porque le contó aquello.

Sasuke se sorprendió, pues creyó ver remordimiento en los ojos verdes de la chica.

—Mi padre también murió, cuando era una niña. — dijo ella suavemente. —Una tormenta en el lago.

Sasuke no podía dejarla seguir así porque podía sentir algo ablandándose en su pecho, dejando de gruñir, completamente a pesar de él. La fuerza de Sakura hacía a su vulnerabilidad más conmovedora.

—Sakura. —pronunció Sasuke y los ojos de ella se ajustaron a los suyos. Levantó la daga y el destello de ésta se reflejó en sus ojos.

—Vete. — ordenó ella. —No quiero matarte. Y parece que no lo tengo que hacer, por alguna razón. Así que vete.

—No me iré hasta que estés fuera de esta casa y de regreso al suelo. —respondió Sasuke con mil preguntas en su cabeza.

—Nunca estuve en el suelo. — siseó a través de sus dientes. Sus pupilas empezaron a crecer tornándose negras, la oscuridad arremolinándose exteriormente hasta que todo lo blanco desapareció. Las venas comenzaron a surgir a través de sus mejillas para encontrar cabida en sus sienes y en su garganta. La sangre burbujeó de su piel y se derramó a lo largo de ella, de su vestido.

Sasuke avanzó empuñando su daga, pero Sakura apareció frente a él con tanta rapidez que cuando sintió ya había sido lanzado al aire por el golpe de ella en su pecho. Su espalda chocó contra la pared.

Su hombro dolía, pero lo hacía más su orgullo. Una chica lo había derribado.

Sasuke se puso de pie y corrió hacia ella, esta vez ni siquiera trataba de matarla, se conformaba con trozar algo, tan siquiera su cabello.

Cuando llegó a ella Sakura detuvo por la muñeca el brazo que empuñaba la daga, y como una hoja lo aventó hacia el otro lado de la habitación. Sasuke volvió a chocar con la pared, deslizándose por ella al suelo.

Sakura se elevó del suelo, su cabello comenzó a ondear amenazante mientras gotas de sangre caían al piso. Veía a Sasuke con resentimiento.

Él se puso de pie lentamente. Esperando que pareciera como si estuviera planeando su siguiente movimiento y no lo que verdaderamente sucedía, que estaba en grandes cantidades de dolor.

Sasuke estaba realmente molesto, ella no trataba de matarlo, sólo jugaba con él.

—Detén esto. — dijo ella en su voz cavernosa.

Pero Sasuke corrió hacia ella, intentó clavar su daga en su pecho, pero ella lo agarró de las muñecas. Él forcejeó, pero era como tratar de luchar con concreto.

—Sólo déjame matarte. —murmuró en frustración. La rabia se encendió en los ojos de Sakura y por un segundo Sasuke pensó en el error que ha cometido, que ha olvidado lo que realmente era ella, y que acabaría igual que Deidara.

—Nunca te dejaría matarme. —señaló ella y lo volvió a empujar contra la puerta.

—¿Por qué? ¿No crees que sería más tranquilo? — preguntó él. Y por millonésima vez se preguntó por qué nunca podía callar su boca.

Ella lo miró como si fuera un idiota y flotó hasta él.

—¿Más tranquilo? ¿Después de lo que he hecho? ¿Tranquilidad, en una casa de chicos destrozados y desconocidos destripados? —Jaló su cara muy cerca a la de ella. Sus ojos negros eran amplios. —No puedo dejar que me mates. — dijo y luego gritó, gritó tan fuerte como para hacer palpitar los tímpanos del chico mientras lo lanzaba a través de la puerta principal, pasando las escaleras rotas hasta la grava de la entrada.

—¡Nunca quise estar muerta! —gritó ella en el interior.

Sasuke golpeó el piso rodando y vio hacia arriba justo a tiempo para ver la puerta cerrándose de golpe. La casa lucía en calma y desocupada, como si nada hubiera pasado ahí en un millón de años.

Sasuke probó cautelosamente sus extremidades y encontró que todas funcionan en orden. Luego se empujó hacia arriba con sus rodillas.

Deseó haberle podido decir a Sakura que ninguno de ellos quiso estar muerto alguna vez, o algo ingenioso para que no se sintiera tan sola. Además le haría sentir menos idiota después de haber sido lanzado por todas partes como un secuaz anónimo en una película de James Bond.

—Qué buen asesino profesional de fantasmas soy. —murmuró mientras se daba la vuelta y guardaba su daga en la bolsa.

Mientras caminaba al auto de su mamá, trató de tenerlo de nuevo todo bajo control y borrar aquellos sentimientos de ternura que ella le despertaba.

Porque atraparía a Sakura sin importar lo que ella pensara. Porque nunca ha fallado antes, y también porque en el momento que le dijo que no podía dejarlo matarla, sonaba como que deseaba que pudiera hacerlo. Su conocimiento la hacía especial en más de una manera. A diferencia de los otros, Sakura lo lamentaba.

Sasuke frotó el dolor a lo largo de su brazo izquierdo y que sabía estaría cubierto de moretones.

—Por la fuerza no va a funcionar. Necesito un plan B. —se dijo antes de subir al carro.


Gracias:

Yuno Uchiha: Gracias por leer, espero este capítulo te guste.

Strikis: Me alegro te guste la historia, en este capítulo ya quedó explicado lo de los ojos negros de Sakura.

Sasuke por lo visto es masoquista, todavía insiste en regresar por Sakura aun sabiendo que le dará otra paliza.

Saludos.