Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.

Advertencias: Contiene OoC. AU.

Adaptación del libro Anna vestida de sangre de Kandare Blake.


Sakura vestida de sangre

Capítulo 11.

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Sasuke se despidió de su madre y salió de la casa. Llevaba en una bolsa negra lo que necesitaban para el ritual y amarrada a su cintura iba su Athame dentro de su forro de cuero.

En la calle el llamativo carro de Naruto ya estaba estacionado.

El chico de cabello negro caminó hacia él y subió al auto. Naruto lo saludó con un movimiento de cabeza e Ino, sentada atrás, con un movimiento de la mano. En un principio quedaron tanto Ino como Sasori de llegar en sus autos a la casa de los Haruno, pero al final Ino se arrepintió. Estaba demasiado nerviosa como para manejar y demasiado asustada para llegar sola.

—Pondré un poco de música. —comentó Naruto en cuanto arrancó el coche.

Los primeros acordes sonaron y a Sasuke le dio un tic en el ojo derecho.

If there´s somethin strange in you neigborhood. Who ya gonna call (ghostbusters)

If it´s somethin weird an it don´t look good. Who ya gonna call (ghostbusters).*

—¡Quita eso! —exclamó Sasuke enojado al escuchar la famosa melodía de los cazafantasmas. Apagó el estéreo.

—Sólo quería entrar en ambiente. —respondió Naruto con un tono de voz jovial, pero su rostro se veía tenso. Con sus ojos le indicó que mirara a Ino.

Sasuke la vio por el retrovisor. Ella miraba por la ventana y una pequeña sonrisa se había dibujado en su rostro. Entonces comprendió que su amigo sólo quería ayudar a la chica para que se relajara un poco.

Ella giró el rostro hacia ellos.

—¿Creen que todo saldrá bien? —preguntó con temor, pero pese a ello seguía dispuesta a ayudar a sus amigos.

—Sí. —respondió Sasuke. —Naruto ha ensayado bien el ritual, además confío en que Sakura no querrá lastimarnos.

—Bien. —respondió Ino y de nuevo miró hacia la calle.

—¿Sakura eh? —preguntó Naruto sugestivamente y con una sonrisa zorruna.

—¡Cállate! — exclamó Sasuke y también volteó a ver la calle.

Naruto sonrió y regresó su vista al camino, luego la sonrisa se esfumó.

Si lo que pensaba era cierto, lo complicaría todo. Y temía mucho por Sasuke.

C~C~C~C~C~C~C~C~C~C~C~C

Diez minutos después, los cuatro chicos estaban de pie frente a la entrada de la casa.

Sasuke les dio una rápida mirada a todos. Sabía que ellos estaban asustados a muerte por lo que había adentro, pero él estaba más aterrado por la propia casa.

Sabía que era tonto, pero no podía evitar sentir como si la casa estuviera viéndolos, y tal vez sonriendo, sonriendo a sus intentos infantiles para detenerla, riéndose hasta sus cimientos mientras ellos se movían como gallinas en su dirección.

El aire era frío. El aliento de Ino salió en pequeñas nubes calientes.

Ella llevaba una chaqueta de pana gris oscuro y un pañuelo rojo de punto suelto. Enterrada dentro de la bufanda, estaba la bolsa de hierbas que Mikoto elaboró. Sasori se presentó con una chaqueta de deporte, por supuesto, y Naruto usaba como siempre su chaqueta en naranja y negro. Él y Sasori estaban resoplando en la tierra, reorganizando las piedras del lago Superior en torno a sus pies en un círculo de un metro y medio.

Ino se acercó a Sasuke mientras él miraba la casa.

—Huele a regaliz. — comentó Ino después de oler su bolsa de hierbas, luego olió la de Sasuke, que también colgaba de su cuello, para asegurarse de que eran lo mismo.

—Eso es muy inteligente por parte de tu mamá. — dijo Naruto detrás de ellos. —No estaba en el hechizo, pero nunca está de más añadir un poco de suerte.

Ino le sonrió en la oscuridad brillante.

—¿Dónde aprendiste todo esto? —preguntó ella.

—Mi abuelo. — respondió con orgullo, y le entregó una vela. Luego le repartió las suyas a Sasuke y Sasori. —¿Listos? — Preguntó.

Sasuke miró a la luna. Estaba brillante y fría, y aún se veía llena para él. Sin embargo, el calendario decía que era menguante, y a las personas se les pagaba para hacer calendarios, así que Sasuke supuso que estaban listos.

—Sí. —respondió el chico de cabello oscuro.

El círculo de piedras estaba sólo a unos seis metros de la casa. Sasuke tomó su lugar en el oeste y todo el mundo se movió a tomar los suyos. Naruto trató de equilibrar el cuenco de cristal en una mano mientras sostenía la vela con la otra. Una botella de agua Ciel se asomaba por su bolsillo.

—¿Por qué no le das las patas de pollo a Ino? — Sugirió Sasuke mientras Naruto trataba de sostenerlas entre sus dedos anular y meñique. Ella extendió su mano con cautela, pero no demasiada.

—¿Lo sienten? — Naruto preguntó con ojos brillantes.

—¿Sentir qué? —cuestionó Sasuke.

—Las energías se están moviendo. —explicó.

Sasori miró a su alrededor con escepticismo.

—Todo lo que siento es frío. —respondió Sasori.

—Enciendan las velas, en sentido contra reloj desde el este. —indicó Naruto ignorando el comentario del chico de cabello rojo.

Cuatro pequeñas llamas se encendieron e iluminaron sus rostros y pechos, revelando expresiones que eran en parte pregunta, parte temor, y parte sintiéndose estúpidos. Sólo Naruto no estaba perturbado. Apenas estaba con ellos. Sus ojos estaban cerrados, y cuando hablaba, su voz era aproximadamente una octava más baja de lo habitual.

Ino estaba asustada, pero no dijo nada. Sasori seguía en su pose imperturbable.

—Comiencen el cántico. —ordenó Naruto y los demás obedecieron. Sasuke no podía creer que ninguno se equivocaba.

El canto era en latín, cuatro palabras que se repetían una y otra vez. Sonaban estúpidas para ellos, pero cuanto más lo hacían, menos estúpido se sentía. Incluso Sasori comenzó a cantar con todo su corazón.

—No se detengan. —dijo Naruto abriendo los ojos. —Movámonos hacia la casa. No rompan el círculo.

Cuando se movieron juntos sintieron el poder del hechizo. Podían sentirse a todos caminando, todas sus piernas, todos sus pies, unidos con un hilo invisible. Las llamas de las velas se mantenían firmes, sin parpadear, como fuego sólido.

Sasuke no podía creer que Naruto estaba haciendo todo eso. No podía creer que el torpe e irritante Naruto escondiera todo ese poder dentro de una chaqueta naranja.

Caminaron a la deriva sobre los escalones, y antes de que pudieran pensar, estaban en su puerta.

La puerta se abrió. Sakura los miraba en el interior, cerca de la puerta.

—Has venido a hacerlo. —mencionó con tristeza. —Y deberías. —Ella miró a los demás. —Sabes lo que pasa, cuando entran. —advirtió. —No puedo controlarlo.

Sasuke quería decirle que todo iría bien. Quería pedirle que tratara. Pero no podía dejar de cantar.

—Él dice que todo irá bien. — mencionó Naruto detrás de Sasuke, y la voz de él casi se tambaleaba. —Él quiere que lo intentes. Te necesitamos en el interior del círculo. No te preocupes por nosotros. Estamos protegidos. —sonrió de forma reconfortante.

Sakura se tranquilizó y Sasuke por una vez se alegró de que Naruto pudiera entrar a su cabeza.

Sakura vio a Sasuke y luego a Naruto, luego se deslizó en silencio lejos de la puerta. Sasuke cruzó primero el umbral.

Cuando todos estuvieron adentro, Sakura comenzó a cambiar.

Venas aparecieron por sus brazos y cuello, serpenteando a través de su cara. Su cabello liso y brillante comenzó a elevarse por el aire. Sus ojos verdes se volvieron negros. El vestido blanco se saturó de sangre de color rojo brillante, y la luz de la luna rebotó en él, haciendo que brillara como plástico. La sangre comenzó a correr por sus piernas goteando en el suelo.

Detrás de Sasuke, el círculo no dudó. Y él estuvo orgulloso de ellos, tal vez si eran los cazafantasmas después de todo.

Las manos de Sakura estaban apretadas en puños con tanta fuerza que sangre negra comenzó a filtrarse a través de sus dedos. Estaba haciendo lo que Naruto le pidió. Estaba tratando de controlarlo, tratando de controlar el impulso de rasgar la piel de sus gargantas, de arrancar sus brazos por sus hombros.

Sasuke llevó el círculo hacia delante y ella apretó los ojos cerrados. Ellos se movieron más rápido. Ino y Sasuke giraron sobre sus talones, así que quedaron frente a frente. El círculo se abrió, dejando pasar a Sakura. Durante un minuto, Ino estaba obstruida por completo de la vista del Uchiha. Todo lo que veía era el cuerpo sangrante de Sakura. Cuando ella quedó dentro, el círculo se cerró de nuevo, justo a tiempo.

Era todo lo que Sakura podía hacer para contenerse a sí misma en él, y en ese momento sus ojos y boca se abrieron en un grito ensordecedor. Cortó el aire con los dedos en garras y Sasori se deslizó hacia atrás, pero Ino pensó rápidamente y ubicó las patas de pollo por debajo de donde se cernía Sakura. La fantasma se calmó, ya no se movía, pero los vio a cada uno con odio mientras se retorcía lentamente.

—El círculo está hecho. —comentó Naruto. —Está contenida.

Naruto se arrodilló y todos lo hicieron con él. Colocó el cuenco de plata en el suelo y destapó la botella de agua.

—Funciona tan bien como cualquier otra cosa. — aseguró mientras vertía el contenido en el cuenco. —Es limpia y clara y conductora. El necesitar agua bendita o agua de un manantial... es esnobismo. —mencionó mientras el agua caía en el recipiente con un sonido cristalino, musical.

—("Sasuke"). —llamó Naruto y el chico lo volteó a ver. Con sorpresa se dio cuenta de que no había dicho nada en voz alta. —("El círculo nos une. Estamos dentro de la mente del otro. Dime lo que necesitas saber. Dime lo que tienes que ver").

Todo eso era demasiado extraño. El hechizo era muy fuerte, y Sasuke se sentía conectado a la tierra y alto como una cometa al mismo tiempo. Pero también se sentía arraigado, seguro.

—("Muéstrame lo que sucedió a Sakura"). — pensó con cuidado. —("Muéstrame cómo fue asesinada, lo que le da este poder"). —pidió.

Naruto cerró los ojos otra vez, y Sakura comenzó a temblar en el aire, como si tuviera fiebre. La cabeza rubia cayó. Por un segundo, Sasuke creyó que perdió el conocimiento y estaban en problemas, pero luego se dio cuenta de que estaba mirando fijamente al cuenco.

—Oh. —Susurró Ino con sorpresa.

El aire que los rodeaba estaba cambiando. La casa a su alrededor estaba cambiando. La extraña luz gris poco a poco se calentó, y las polvorientas sábanas se derritieron de los muebles.

Sasuke parpadeó. Estaba mirando a la casa de Sakura, la forma en que era cuando estaba viva.

Había una alfombra de lana en el piso de la sala de estar, que estaba iluminada por faroles que hacían el aire amarillo. Detrás de ellos, escucharon la puerta abrirse y cerrarse.

Pero todavía estaban demasiado ocupados mirando los cambios. Las fotos colgadas en las paredes y el bordado rojo oxidado en el sofá. Mirando más de cerca, podían ver que en realidad no estaba tan bien, la araña tenía cristales empañados y desaparecidos, y había un desgarro en el tejido de la mecedora.

Una figura se movió por la habitación, una chica en una falda marrón oscuro y una blusa gris claro. Ella estaba llevando libros de texto. Su cabello iba recogido en una larga cola de caballo, rosa, asegurada con una cinta azul. Cuando se volvió a un sonido en la escalera, pudieron ver su cara. Era Sakura.

Verla con vida era indescriptible para Sasuke. Una vez pensó que no podría quedar mucho de la chica viva dentro de lo que Sakura era ahora, pero se equivocó.

A medida que ella miraba hacia el hombre en la escalera, sus ojos se volvieron familiares. Eran duros y sabios. Estaban irritados.

Sasuke supo sin mirar que ese era el hombre del que le habló; el hombre que iba a casarse con su madre.

—¿Y qué aprendimos en la escuela hoy, querida Saku? — Su acento era tan fuerte que apenas se podían distinguir sus palabras. Él bajó las escaleras, y sus pasos eran exasperantes, perezosos y confiados, muy llenos de su propio poder. Había una leve cojera a su paso, pero no estaba realmente usando el bastón de madera que llevaba. Cuando caminó alrededor de Sakura, Sasuke recordó a un tiburón nadando en círculos sobre su presa. La mandíbula de Sakura se tensó.

La mano del hombre subió por encima del hombro de ella y trazó un dedo a través de la portada de su libro.

—Más cosas que no necesitas. —dijo él.

—Mamá desea que me vaya bien. — respondió Sakura girándose para verlo.

—Y así lo harás. — Sonrió el hombre. Tenía un rostro angular y buenos dientes, una barba incipiente en sus mejillas, y estaba empezando a quedarse calvo. Llevaba lo que quedaba de su cabello rubio peinado hacia atrás. —Chica lista. — susurró acercándole un dedo a la cara. Sakura se sacudió lejos y subió las escaleras, pero no parecía que estaba huyendo. Parecía con actitud.

—("Esa es mi chica"). —pensó Sasuke con orgullo. Y a continuación recordó que estaba en el círculo. Se preguntó cuanto de sus pensamientos y sentimientos estaban pasando a través de la mente de Naruto.

Dentro del círculo, se escuchó el goteo del vestido de Sakura. Sasuke la sintió estremecerse mientras la escena avanzaba.

Él mantuvo sus ojos en el hombre: el aspirante a padrastro de Sakura.

Él estaba sonriendo para sí, y cuando la puerta se cerró en el segundo piso, metió la mano en su camisa y sacó un fajo de tela blanca.

No distinguieron lo que era hasta que se lo puso en su nariz. Era el vestido que Sakura cosió para el baile. El vestido en el que murió.

—("Jodido pervertido"). —Pensó Naruto dentro de sus cabezas.

Sasuke apretó los puños. El impulso de correr hacia el hombre era abrumador, aunque sabía que estaba viendo algo que ocurrió hacía más de sesenta años. Lo estaba viendo como si estuviera siendo reproducido en un proyector.

Y no podía cambiar nada de eso.

El tiempo avanzó, la luz cambió. Las lámparas parecían cada vez más brillantes y figuras aparecieron como manchas borrosas.

Sasuke podía oír las cosas, conversaciones apagadas y argumentos. Sus sentidos luchaban por mantener el ritmo.

Había una mujer al pie de las escaleras. Llevaba un vestido negro intenso que parecía ser áspero como el infierno, y su pelo recogido en un rígido moño rubio. Estaba mirando hacia arriba en el segundo piso, así que Sasuke no pudo ver su cara. Pero podía ver que ella sostenía el vestido blanco de Sakura en una mano, sacudiéndolo de arriba a abajo. En la otra, estaba sosteniendo una serie de cuentas de un rosario.

—("Poder") —pensó Naruto. — ("El poder del negro")

Sasuke no supo lo que quiso decir, pero no tenía tiempo para preguntárselo.

—¡Sakura! — la mujer gritó, y la chica de ojos verdes apareció saliendo de la sala en la parte superior de las escaleras.

—¿Sí, mamá?

Su madre tenía el vestido en su puño. —¿Qué es esto? —cuestionó molesta.

Sakura pareció afectada. Su mano se colocó a la barandilla. —¿De dónde sacaste eso? ¿Cómo te enteraste?

—Estaba en su habitación. —respondió el hombre saliendo de la cocina. —Le oí decir que estaba trabajando en ello. Lo encontré por su propio bien.

—¿Es cierto? —demandó su madre. —¿Cuál es el significado de esto?

—Es para un baile, mamá. —respondió Sakura con rabia. —Un baile en la escuela.

—¿Esto? —Su madre sostuvo el vestido y lo extendió hacia fuera con las dos manos. —¿Esto es para bailar? — Lo agitó en el aire. —¡Puta! ¡No vas a ir a bailar! Niña mimada. ¡No vas a salir de esta casa!

En la parte superior de las escaleras, se escuchó una suave y dulce voz. Una mujer de piel aceitunada con el pelo largo y negro recogido en una trenza tomó a Sakura por los hombros. Esa debía ser María, la costurera que era amiga de Sakura, que dejó a su hija atrás en España.

—No se enoje, señora Haruno. —pidió María con rapidez. —Yo le ayudé. Fue mi idea. Algo bonito.

—Tú. — la señora Haruno escupió con molestia. —Tú has hecho lo peor. Susurrando tú inmundicia española en los oídos de mi hija. Se ha vuelto obstinada desde que llegaste. Orgullosa. No voy a dejar que le susurres nunca más. ¡Quiero que te vayas de esta casa!

—¡No! — gritó Sakura.

El hombre dio un paso más cerca de su novia.

—Mebuki. —llamó. —No necesitamos perder huéspedes.

—Silencio. —ordenó Mebuki. Y Sasuke empezó a entender por qué Sakura no podía decirle a su madre lo que ese hombre buscaba.

La escena se aceleró. Sasuke podía sentir más que ver lo que estaba pasando. Mebuki tiró el vestido de Sakura y le ordenó que lo quemara. Le dio una bofetada en la cara cuando trató de convencerla para que María se quedara.

Sakura estaba llorando, pero sólo la chica en la memoria. La verdadera Sakura estaba siseando mientras observaba, con la sangre negra hirviendo.

Sasuke deseó poder hacer una mezcla de las dos.

El tiempo volvió a avanzar, y los ojos y oídos de Sasuke se forzaron para seguir a María mientras se iba, con sólo una maleta. Sakura le preguntó acerca de lo que iba a hacer, pidiéndole que se quedara cerca.

Y entonces todas, menos una de las lámparas se apagaron, y las ventanas exteriores se oscurecieron.

Mebuki y el hombre estaban en la sala de estar. Ella estaba tejiendo algo de hilo de color azul oscuro y él estaba leyendo el periódico, fumando una pipa. Se veían miserables, incluso en sus rutinas de placer de la tarde. Sus rostros flojos y aburridos, sus bocas en líneas finas, sombrías.

Sasuke no tenía ni idea de cómo fue el noviazgo, pero seguramente fue tan interesante como mirar los bolos en TV. Su mente se trasladó a Sakura, todas sus mentes se movieron a Sakura, y como si la hubieran convocado, ella bajó las escaleras.

Sasuke tuvo la extraña sensación de querer apretar los ojos cerrados sin ser capaz de sacar algo.

Ella llevaba el vestido blanco. Era el vestido en que moriría, pero no se veía igual ahora en ella como lo hacía entonces.

Sakura, al pie de la escalera, con una bolsa de tela, viendo las expresiones de sorpresa y cada vez más de furia de su madre y su novio, estaba increíblemente viva. Sus hombros estaban cuadrados y fuertes, y su cabello rosa colgaba en ondas por la espalda. Ella levantó la barbilla.

—("Me gustaría poder ver sus ojos"). —pensó Sasuke, porque sabía que estaban tristes y triunfantes.

—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó furiosa poniéndose de pie.

Ella estaba mirando a su hija con horror, como si no supiera quién era. El aire a su alrededor parecía mecerse, y Sasuke obtuvo una bocanada del poder del que Naruto habló.

—Voy a ir al baile. — Sakura respondió con calma. —Y no volveré a casa. —declaró con seguridad.

—No vas a ir a ningún baile. — expresó Mebuki con acritud. —No vas a ir a ninguna parte con ese vestido repugnante. — Ella avanzó hacia su hija, entrecerrando los ojos y tragando fuerte, como si estuviera enferma. —Te vistes de blanco como una novia, pero ¿Qué hombre te tomará después de que dejes que los colegiales levanten tus faldas? — Ella levantó la cabeza hacia atrás como una víbora. —Tu padre estaría avergonzado. —escupió con coraje.

Sakura no se movió. Lo único que delataba cualquier emoción era la subida y caída rápida de sus costillas.

—Papá me amaba. —contestó en voz baja. —No sé por qué tú no.

—Las chicas malas son tan inútiles como estúpidas. —respondió Mebuki con un gesto de su mano.

Había bilis en la garganta de Sasuke mientras veía y escuchaba. Nunca había escuchado a nadie hablar con su hijo de esa manera. Quería llegar y agitarla hasta que ella consiguiera algo de sentido común.

Sasuke se concentró en la escena al escuchar romperse algo.

—Ve arriba y quítatelo. — fueron las órdenes de Mebuki. —Y bájalo para quemarlo.

Sasuke vio la mano de Sakura apretarse en su bolso. Todo lo que poseía estaba en una pequeña tela de color marrón y atado con una cuerda.

—No. — respondió ella con calma. —Me voy de aquí.

Mebuki se rio. Era un sonido quebradizo, vibrante. Una luz oscura entró en sus ojos.

—Jung. —dijo ella. —Lleva a mi hija a su habitación. Y sácala de este vestido.

—("Cielos, no"). — pensó Naruto angustiado.

Ino puso su mano sobre su boca, también estaba angustiada.

Sasuke no quería ver eso. No quería saber eso. Si ese hombre la tocaba, rompería el círculo. No le importaba si era sólo un recuerdo. No le importaba si lo necesitaba saber. Él iba a romper su cuello.

—No mamá. — Respondió Sakura con miedo, pero cuando Jung se movió hacia ella, se amplió su postura. —No dejaré que se me acerque.

—Yo seré tu padre pronto, Saku. —mencionó el hombre. Su tono dulce revolvió el estómago de Sasuke. —Tienes que obedecerme.—Su lengua apareció entre sus labios con impaciencia.

Detrás de él, Sasuke escuchó a su Sakura, Sakura vestida con sangre, comenzar a gruñir.

A medida que Jung avanzaba Sakura se dio vuelta y corrió hacia la puerta, pero él la atrapó por el brazo y la giró, tan cerca que su pelo caía contra su rostro, tan cerca que ella debía ser capaz de sentir el denso calor de su aliento. Sus manos ya estaban buscando, arañando su vestido.

Sasuke miró a Mebuki sólo para ver una expresión terrible de odio satisfecho.

Sakura se volteó y gritó a través de sus dientes, balanceó la cabeza hacia atrás y se conectó con la nariz de Jung, no lo suficiente para que sangrara, pero lo suficiente para doler. Se las arregló para liberarse y se apresuró hacia la cocina y la puerta de atrás.

—¡No vas a salir de esta casa! — Gritó Mebuki y la siguió. Llegando a un puñado de cabellos de Sakura, tiró de ella hacia atrás. —¡Nunca, nunca vas a dejar esta casa! —en sus ojos había demasiada furia.

—¡Lo haré! — Sakura gritó empujando a su madre.

Mebuki cayó frente a un aparador de madera grande y tropezó. Sakura la rodeó, pero no vio que Jung estaba recuperándose cerca del pie de las escaleras.

Sasuke quería gritar para que se diera la vuelta. Quería decirle que corriera. Pero no importaba lo que él quisiera. Todo eso ya había ocurrido.

—¡Perra! —exclamó él en voz alta. Sakura saltó por el susto. Él sostuvo su nariz y comprobó si tenía sangre, mirándola. — Te alimentamos. Vestimos. ¿Y esta es tu gratitud? — Él sostenía su mano abierta a pesar de que no había nada en ella. Luego la golpeó con fuerza en la cara y la agarró por los hombros, moviéndola y sacudiéndola, mientras le gritó en un lenguaje que los chicos no entendieron, coreano probablemente.

El cabello de Sakura se meció y ella comenzó a llorar. Todo eso parecía emocionante para Mebuki, cuyos ojos brillaron mientras veía a su novio maltratar a su hija.

Sakura no renunció, se defendió empujando a Jung hacia adelante, golpeándolo en la pared frente a la escalera.

Había una jarra de cerámica en la cómoda al lado de ellos. Ella lo rompió contra el costado de su cabeza, haciéndole rugir y logrando que la soltara. Su madre gritó mientras corría hacia la puerta.

En ese momento hubo tanto griterío que Sasuke casi no podía distinguir nada de ello.

Jung abordó a Sakura y la tenía por la parte posterior de las piernas. Ella cayó en el suelo del vestíbulo.

El ambiente se tensó, junto con los chicos. Ellos lo sabían, ese era el momento. Lo supieron incluso antes de que Mebuki saliera de la cocina con un cuchillo en la mano.

Ino, Naruto y Sasori estaban sin poder respirar, con ganas de, más que cualquier otra cosa, poder cerrar los ojos, o gritar y ser efectivamente escuchados. Nunca habían visto nada como eso. Ellos probablemente nunca habían realmente pensado en algo así.

Sasuke miró a Sakura, de bruces en el suelo, aterrorizada, pero no lo suficientemente asustada. Podía ver a esa chica que luchaba por escapar, no sólo de las manos de Jung, sino de todo. De esa casa asfixiante, de esa vida como un peso sobre los hombros, arrastrándola hacia abajo y plantándola en la tierra.

Podía ver a esa chica mientras su madre se inclinaba sobre ella con un cuchillo de cocina y nada más que ira en sus ojos, cólera estúpida, ira sin fundamento. Y luego la hoja colocada en su garganta, arrastrándose a través de la piel, abriendo una línea de color rojo oscuro.

Demasiado profundo, pensó Sasuke, muy profundo.

Sintiéndose impotente escuchó a Sakura gritar hasta que ya no pudo más.


Gracias:

Tammy Fray: Te entiendo perfectamente, también suelo leer en las noches, y hubo un capítulo en el que realmente tuve que dejar de leer porque si me dio algo de miedo. Me alegra saber que te gustara la historia, espero este capítulo te guste.

Strikis: Yo también quisiera que estuviera viva, pero lamentablemente no se puede. En este capítulo por fin se reveló como murió y quien mató a Sakura. Creo que estuvo un poco fuerte, pero ojalá te haya gustado.

Yuno-Uchiha: Hola, gracias por leer y comentar. Ya vimos que el ritual funcionó bien y descubrieron como murió Sakura, espero te haya gustado el capítulo.

¿Se imaginaron que fue la madre quien mató a Sakura? Yo la verdad me sorprendí cuando lo leí, había pensado que fue el padrastro.

Saludos.