Capítulo 4
-Esto está llegando demasiado lejos – dijo, mirando hacia la ventana, con los brazos cruzados y todo el cuerpo ensombrecido a contraluz – en mi propia comisaría, en nuestro propio terreno…
-Se lo dije… - la morena se paseaba por el despacho, mientras presionaba dos de los dedos de una mano sobre su entrecejo, con los ojos cerrados, apoyando el codo del mismo brazo sobre el otro, que rodeaba su vientre - ¿Dónde ha ido Fujino? – preguntó, levantando la vista hacia la comisaria.
-La han llevado a casa. Esta noche será vigilada por dos agentes de la comisaría.
Natsuki asintió. Su mente viajó entonces al rostro que vio después de disparar a aquel hombre, el rostro lleno de lágrimas, que no hacía ni cinco minutos era no más que una piedra en cuanto a la expresión de cualquier sentimiento. "Sus ojos…" pensó Natsuki "cuando me miraron sin ninguna máscara, como la que se empeña en llevar todo el rato…" La joven agente frunció el ceño "¿Cree que no me doy cuenta?, quiere esconderse, pero ¿de qué?, ¿por qué?"
Entonces volvió a recordar el angustioso momento vivido hacía apenas tres horas. Realmente el día había sido duro.
-¿Sabe…? Por un momento llegué a creer que estábamos perdidas – la comisaria la miró con curiosidad – Fue cuestión de segundos. El que no estemos muertas es la diferencia de un segundo… . No sé de dónde saqué el valor en aquel momento.
-Supo arriesgar cuando había que arriesgar…
-La vida de una persona nunca debería estar expuesta al riesgo de la suerte.
La comisaria observó a Natsuki durante un momento, como si en su mente estuviese teniendo lugar algún tipo de debate. Avanzó entonces hacia la joven de ojos verdes, y apoyó una mano sobre su hombro. Su mirada llena de determinación.
-Kuga, creo que ya se lo que vamos a hacer… - sus ojos destellaban de forma especial, pero Natsuki no sabía ver qué era lo que le quería decir Miss María.
Toc toc toc
Ambas mujeres miraron hacia la puerta, y la comisaria dio permiso para permitir el paso.
En el umbral apareció una pelirroja con varios papeles en la mano.
-¡Comisaria! – dijo, casi gritando, lo cual provocó una mueca de irritación en la Miss y una pequeña sonrisa en Natsuki – ¡Hemos conseguido identificar el cadáver!
Miss María parpadeó perpleja, mientras Natsuki dedicaba un gesto de incredulidad a la pelirroja. Al sentirse tan atendida, un color rosado tiñó sus mejillas, y pareció olvidarse por un momento de lo que tenía que decir.
-¡Tokiha!, ¡hable de una vez, por amor de Dios! – gruñó la comisaria, como siempre, escasa de paciencia.
-Es imposible – sentenció Natsuki – No llevaba ningún tipo de documentación y-
-No la tenía, pero nos la han dado – dijo Mai, con una sonrisa – Su hermana está aquí.
De nuevo en aquella sala fría y escalofriante, la sala de interrogatorios.
La comisaria María se encontraba sentada en uno de los extremos de la mesa, frente a la que iba a ser interrogada.
La joven agente, Natsuki Kuga, estaba de pié, con sus brazos cruzados, escaneando con sus ojos verdes al centro de atención de la sala.
-Su nombre es Mikoto Kanzaki, ¿estoy en lo cierto? – preguntó la Miss, su rostro serio y profesional.
Kanzaki se limitó a asentir con un ligero gesto de su cabeza. Sus ojos color miel, rojos por las lágrimas, querían esquivar cualquier contacto con los de las dos policías de la sala. De pelo corto y oscuro, éste iba acompañado por dos trenzas finas. Vestía con una parca con capucha de color morado, unos vaqueros y unas deportivas blancas con motivos morados, del mismo tono que el de la parca.
Había llegado a la comisaría llorando, muy angustiada por la muerte de su hermano. Sin dar mayores explicaciones, había pedido hablar con quien llevase el caso donde se había visto involucrado su hermano, y dijo estar dispuesta someterse a un interrogatorio.
-¿Puede volvernos a repetir el nombre de su hermano, Kanzaki – san? – preguntó la Miss, quien echó un rápido vistazo a la grabadora del centro de la mesa, para comprobar que estaba encendida.
La pregunta pareció partir en dos a Mikoto, pues Natsuki pudo ver cómo nuevas lágrimas surgían de los ojos de la chica, que miraba a un punto incierto de la mesa. El dolor pareció paralizarla en un intervalo de unos pocos segundos.
-Reito… Reito Kanzaki – dijo la chica, que según sus datos, todavía no había cumplido los dieciocho años.
-¿Sabía de las intenciones de su hermano, Kanzaki – san? – preguntó de nuevo la comisaria.
La voz de Mikoto pareció quebrarse en este punto. Después de levantar el rostro para mirar a la Miss, finalmente contestó
-No, comisaria – Una nueva lágrima nacía de sus ojos color miel.
-¿Y no sabe qué pudo incitar a su hermano a hacer algo así?- indagó Miss María.
La respuesta de Mikoto fue la misma
-No, comisaria.
La Miss lanzó un suspiro de derrota en este punto. La agente Kuga, mientras tanto, miraba cada uno de los gestos de la adolescente. "Acaba de perder a su hermano, esto es demasiado cruel…" Natsuki sintió como el sentimiento de la compasión la inundaba, y no pudo evitar dedicar en aquel instante una mirada de comprensión y tristeza a Mikoto, aunque ésta no lo notara.
A punto estuvo la Miss de coger la grabadora para apagarla, cuando el movimiento de su mano se detuvo al escuchar de nuevo hablar a Mikoto
-Pero… - dijo. Su voz quebrada dio a Natsuki un vuelco en el corazón – sospechaba que… Mi hermano se-se comportaba de-de forma muy extraña –ciertos sollozos fueron los culpables de que su frase se viese cortada.
-¿A qué se refiere, Kanzaki – san? – La agente Kuga le habló por primera vez, intentando volcar en su frase un tono de amabilidad.
Mikoto la miró directamente a los ojos, y Natsuki creyó ver algo extraño en ellos. Un sentimiento que no llegó a identificar, ya que la chica bajó la vista. "¿Sabrá que fui yo quien mató a su hermano?" Ese pensamiento le produjo un escalofrío.
Matar… era algo que Natsuki todavía no podía creer. Normalmente eran los policías más experimentados los que se encargaban de misiones más peligrosas, donde existía el riesgo de que tuviesen que disparar o incluso matar. La agente Kuga no llevaba ni un año trabajando como policía, y ya había causado una muerte. Sus pensamientos se interrumpieron cuando Mikoto continuó hablando.
-Hace un par de meses, comenzó a recibir llamadas de teléfono. Co…Constantemente – parpadeó varias veces, como si hiciese un esfuerzo por buscar en su memoria – Una vez le pregunté si ocurría algo, algo sobre la universidad… ¿Mi hermano estaba estudiando en la universidad, saben?
Su voz temblaba, sus lágrimas ya eran incontrolables. Natsuki sentía su alma partirse. Un policía debe ser serio y profesional, sin sentimentalismos, sin ideas ni opiniones de nada. "Dejar de ser humano, para convertirse en un depredador de pruebas y conjeturas…"
-Terminaba la carrera este año… iba a ser médico – Natsuki sabía que necesitaba desahogarse, así que permitió que los sollozos la dominasen durante algunos minutos.
La joven agente miró a la comisaria, quien asintió en su dirección, indicándole que la dejase llorar. Sus ojos también mostraban compasión hacia la muchacha, pero apenas un esbozo de lo que manifestaban los de la adolescente. La edad ya había conseguido hacerla impasible. Ya era depredadora.
-Continúe, Kanzaki – san, por favor – dijo la comisaria, cuando vio que los sollozos cesaban
-Eh… le pregunté si era algo de la universidad – repitió, reteniendo el llanto – y … y me dijo que no era asunto mío – su voz se quebraba otra vez – Para mí… el que mi hermano me hablase de aquella manera no encajaba – comenzó entonces a secarse las lágrimas – hace dos días, escuché cómo salía de noche, en plena madrugada.
Mikoto miró un momento a la comisaria, quien le hizo un gesto con la cabeza para que continuase.
-Me vestí rápidamente y salí corriendo tras él. Iba en moto, así que tuve que correr mucho…
Natsuki quedó perpleja. "¿Corriendo tras una moto?"
-Sé que parece una locura – aclaró Mikoto, al ver la expresión de Natsuki – pero así es. De todas formas, no fue demasiado lejos, y el ruido del motor es muy fuerte, así que aunque lo perdí en un par de esquinas, conseguí encontrarles – dijo con la voz medio ahogada por el llanto contenido.
Kuga asintió en ese punto. Era cierto que el ruido de aquel motor era infernal. "Nada que ver con mi silenciosa y sexy Dukati" Esto le produjo una media sonrisa, que tuvo cuidado de ocultar.
-¿Encontrarles? – preguntó curiosa la comisaria.
-Sí… él y un hombre – dijo Mikoto – bueno… podrán verlo ustedes mismas.
Y entonces Mikoto sacaba su móvil del bolsillo de sus vaqueros ante la atónita mirada de las policías. Tras unos segundos tecleteando el aparato, mostraba a las agentes una foto en la pantalla del móvil. Se trataba de un i-pod, por lo que la imagen tenía la calidad suficiene como para verla de forma decente.
Parecía haber sido tomada a cierta distancia. Los dos individuos que aparecían se encontraban bajo una farola. Ambos se encontraban frente a frente. Kanzaki, alto y moreno, recibía una mochila por parte del otro hombre. Vestían de forma casual ambos, vaqueros y camisetas.
-¿Pudiste hacer más fotos, Kanzaki – san? – Natsuki decidió prescindir de la extrema cortesía que habían utilizado hasta entonces, y comenzó a tratarla de "tú".
-Pueden llamarme Mikoto – dijo, un poco seca. Aunque el dolor parecía haberla dejado, al menos durante algunos minutos – y sí, tengo más fotos, dos más.
Dicho esto, mostró la siguiente. Esta vez, Kanzaki parecía mantener abierta la mochila, sujetando en su mano libre un manojo de billetes.
"Así que ese es el dinero que recibió a cambio…" pensó la joven morena.
Natsuki seguía sin reconocer al otro hombre. Parecía mucho más corpulento que Kanzaki, y tenía la cabeza rapada. Pero la joven agente no conseguía encontrar algo realmente distintivo en el aspecto de aquel hombre. Y su rostro no figuraba de manera clara.
-¿Puede mostrarnos la otra foto, Mikoto?- preguntó la comisaria, quien también se había levantado de su asiento para llegar al de Mikoto y así ver las fotos. Había obedecido a la adolescente en cuanto a que la llamasen por su nombre, pero continuaba utilizando el "usted". Natsuki sonrió para sí al observar este detalle.
Y mostró la última foto. Kanzaki aparecía con la mochila al hombro, mientras el otro hombre, de espaldas, parecía saludar con la mano. Se despedían.
La comisaria bufó desilusionada e irritada.
-Nada… no sabemos quién es quien le entrega el dinero a tu hermano, ni si ése es el verdadero asesino, ni si alguien lo ha enviado allí para que hiciese ese trabajo por otros….
-¡Espere! – dijo la agente Kuga, silenciando a la Miss con un gesto de su mano, todavía mirando atentamente la fotografía – Mikoto, ¿puedes ponerle el zoom?
-¿En qué dirección? – sus ojos rojos por las lágrimas indicaban sorpresa
-En la del hombre que está de espaldas, apunta hacia su nuca.
Kanzaki obedeció. Una vez aplicado el zoom, mostró de nuevo la foto a Natsuki, cuyos ojos desbordaban las señales del triunfo
-Fíjese en esto comisaria…
La Miss miró curiosa hacia el punto de la foto donde señalaba Natsuki.
-¿Ve esta mancha oscurecida de aquí?, ¡Es un tatuaje!
Claramente, en el cuello del hombre rapado, había una mancha negra con una forma determinada. Se trataba de una letra china, justo donde comenzaba la espalda del tipo.
-Tenemos que imprimir estas fotos, Kanzaki – san – le informó triunfante la comisaria. Sus ojos brillaban de forma especial, del modo que lo hacían cuando por fin las cosas parecían encontrar un cauce – Nos ha sido de gran ayuda. Muchas gracias por su colaboración – en aquel instante la formalidad y la seriedad regresaron a ella.
-Sí – corroboró Natsuki – al menos tenemos una pista de alguien relacionado con todo esto – "Uno que no está muerto, y que no es un completo idiota", pensó Natsuki al recordar a Tate. "Y hablando de Tate…" – Deberíamos interrogar a Mishima de nuevo, para preguntarle sobre este hombre. Quizás fue el mismo que le entregó el dinero – Dijo la agente, avanzando hacia la puerta.
Al agarrar el pomo de la puerta para salir, ésta se abrió de golpe y una pelirroja terminó en el suelo sobre una petrificada Natsuki.
-¡TOKIHA!
-Ah… ¡ah!, ¡lo siento, Natsuki! – se disculpó la chica, toda enrojecida, mientras se incorporaba de nuevo, y al mismo tiempo la comisaria ponía los ojos en blanco.
Mikoto, observando la escena, se atrevió incluso a sonreír.
-Dis-discúlpenme, pero me han pedido que les diga que pueden ir a ver el cadáver. Está en la sala de autopsias.
-Bien… gracias Tokiha. Y otra cosa – dijo la comisaria mientras Natsuki se quitaba las arrugas de la camisa con fastidio tras levantarse del suelo – necesitamos interrogar a Mishima otra vez, hemos encontrado algo que queremos que vea.
Después de un momento, la pelirroja asintió
-Cuide de Kanzaki – san – le dijo la Miss, antes de abandonar la sala tras una malhumorada Natsuki, mientras la pelirroja le dedicaba una sonrisa de disculpa.
Todas las camillas de la sala de autopsias se encontraban vacías, excepto la más cercana a la puerta, que sustentaba el cuerpo de Reito Kanzaki, boca arriba, y todavía vestido.
-Lo acaban de trasladar a la sala – Informó una mujer al fondo de la misma, con una bata blanca y su pelo oscuro recogido en una coleta – nos pidieron que no lo tocásemos hasta que no lo examinaseis – finalizó al acercarse con una sonrisa.
-Hola Youko – saludó la comisaria, sin dejar de mirar el cuerpo.
-Buenas tardes – dijo la joven agente, mientras se acercaba para observar el rostro de aquel muchacho sin vida.
La luces de la sala estaban encendidas. Ya se hacía de noche.
"Sin duda es hermano de Mikoto. El parecido es admirable. Recuerdo sus ojos… eran del mismo color que el de la chica…" Reflexionó la joven, mientras observaba los párpados de Kanzaki, cerrados para siempre.
De pronto, al observar por segunda vez el cuerpo sin vida del muchacho sintió una terrible angustia inundándole el pecho. El peso de la consciencia de haber manchado sus manos de sangre cayó sobre ella. Era algo que no había sentido nunca. Y no le gustaba.
-Kuga – Natsuki sintió que la comisaria le hablaba desde la lejanía, aunque solo las separaba un par de pasos - ¡Kuga!
-Si… ¡¿Sí?! – Contestó. La comisaria se había situado frente a ella, y la miraba directamente a los ojos. Youko mientras parecía ocupada con los ficheros de una de las estanterías del fondo de la sala.
-No te preocupes – la joven estaba en shock "¿Acaba de lamarme de "tú"?" - ¿Nunca habías tenido que disparar a nadie, ¿verdad?
El rostro de Natsuki se ensombreció. Sentía incluso ganas de llorar. "Le he quitado la vida a un muchacho joven, con toda la vida por delante. Qué demonios he hecho…"
Oyó cómo la comisaria suspiraba frente a ella, y sintió una mano sobre su hombro, que consiguió reconfortarla un poco.
-Era él… o tú y Fujino. Míralo de esa forma. Es él quien aceptó el dinero a cambio de dar muerte a alguien inocente.
"Esos ojos no tienen nada de inocente, aunque ella no lo muestre. Sé que escondes algo, Fujino…" pensó de pronto Natsuki, al recordar aquellos bellísimos ojos color rubí… "¿Bellísimos?, ¡demonios!"
La joven agente asintió ante las palabras de la Miss, sintiéndose algo mejor. "Tiene razón"
-En fin… - dijo la Miss en otro suspiro – ya han examinado toda su ropa, Tokiha ha dejado aquí el informe – dijo, al entregárselo a Natsuki.
-…Nada – concluyó la joven agente. Estaba un poco más calmada que antes. Tenía que olvidar aquel incidente y concentrarse en el caso – no hay nada – un suspiro – supongo que lo único que podemos hacer es ensañarle esas fotos a Mishima y que nos de su opinión – y le devolvía el informe a Youko, quien había vuelto con el fichero en las manos.
Entonces la morena de ojos verdes reparó en algo. Las botas negras de Kanzaki estaban llenas de barro. "¿Barro?, esto me suena de algo…" Sus pensamientos fueron interrumpidos por Miss María.
-Aún no le he dicho lo que vamos a hacer, Kuga – "Otra vez el usted…"
-¡Ah!, sí es cierto… - recordó Natsuki
-Lo que voy a pedirle es delicado, y seguramente el papel más importante que hay que desempeñar en un caso como este, tratándose de la seguridad de una persona tan importante como Shizuru Fujino, y no aceptaré un no por respuesta – sus ojos brillaban de manera especial, volcando toda su confianza en la confundida mirada de Natsuki.
"¿Seguridad…?"
-Quiero pedirle – continuó la Miss – que sea la protectora de Shizuru Fujino
Los ojos de Natsuki parecían a punto de salirse de sus órbitas, y su boca entreabierta daba el paso a una clara expresión de "Ni hablar"
-¡¿QUÉ?!
Je... No me mateis.
Sí, lo sé, he tardado muchisimo, pero las cosas se me han complicado esta semana, no ha sido facil encontrar tiempo para escribir, ¡lo siento mucho!
Este capitulo no tiene mucho movimiento, lo se, pero es necesario para crear la trama. Espero que el siguiente os resulte más interesante.
Supongo que el quinto lo publicaré algun dia de la semana que viene. Me gustaria seguir vuestros conjesos y escribir capitulos mucho mas largos, jeje, veremos si lo consigo a la proxima
¡Esto sigue avanzando!, mas personajes que han aparecido, y mas que quiero que aparezcan.
y por favor, COMENTAD!! quiero saber lo que pensais de todo esto, =) un beso!
