Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Contiene OoC. AU.
Adaptación del libro Anna vestida de sangre de Kandare Blake.
Sakura vestida de sangre
Capítulo 12.
Sasuke seguía sin salir de su asombro por la escena que estaba presenciando. Mebuki acuchillaba a su hija sin compasión.
Sintió un picor en los ojos y se los talló con fuerza. Si pudiera hubiera hecho algo, cualquier cosa, para ayudar a la chica que estaba tirada en el suelo, ya sin vida.
Si pudiera, habría corrido hacía Mebuki para borrarle esa sonrisa de satisfacción del rostro.
A sus espaldas, Sasuke escuchó un ruido sordo, y se alejó de la escena, agradecido por la distracción. Dentro del círculo, Sakura ya no flotaba. Había colapsado en el piso sobre sus manos y rodillas. Los mechones rosas de su cabello se sacudían. Su boca estaba abierta como si fuera a gemir, o llorar, pero no hubo ningún sonido. Lágrimas grises entreveradas rodaron como agua color carbón por sus pálidas mejillas.
Ella había visto su propia garganta ser cortada. Se estaba viendo sangrar hasta morir, rojez empapando la casa y saturando su vestido de baile blanco. Todas esas cosas que no podía recordar dieron bofetadas en su cara. Sakura estaba cada vez más débil.
Sasuke regresó de nuevo a la muerte de Sakura aunque no quisiera. Mebuki estaba desnudando el cuerpo y ladrando órdenes a Jung, quien huyó a la cocina y regresó con lo que parecía ser una manta áspera.
—Cubre el cuerpo. —le ordenó ella y él la obedeció de forma titubeante. Seguía sin creer lo que sucedió. —Ve arriba y encuentra otro vestido para Sakura. —Mebuki volvió a ordenar terminando de quitarle el vestido a su hija.
—¿Otro vestido? ¿Para qué? — preguntó él y ella chasqueó con enojo.
—¡Sólo ve! —gritó la mujer y Jung se fue correteando las escaleras tan rápido que se tropezó.
Mebuki extendió el vestido de Sakura en el piso, tan cubierto de rojo que era difícil recordar que solía ser blanco. Luego fue al armario del lado opuesto del cuarto y regresó sosteniendo velas y un bolso negro pequeño.
—("Ella es una bruja"). —susurró Naruto mentalmente hacia Sasuke.
La maldición ahora tuvo perfecto sentido. Tuvieron que haber intuido que el asesino era una especie de brujo, pero quizás nunca hubieran adivinado que era su propia madre.
—("Mantén tus ojos bien abiertos"). — le respondió Sasuke a Naruto. —("Podría necesitar tu ayuda descifrando qué está pasando aquí").
—("Lo dudo"). —respondió el rubio y Sasuke también lo dudó viendo a Mebuki prender las velas y arrodillarse ante el vestido, su cuerpo se balanceó mientras cantaba en susurros, suaves palabras que ellos no entendían, pero parecía coreano.
Su voz era tierna, como nunca lo fue para Sakura en vida. Las velas aumentaron su brillo. Levantó primero la de la izquierda, y luego la de la derecha. Cera negra se derramó sobre el tejido teñido. Luego escupió sobre él, tres veces. Su canto se hizo más fuerte, pero siguió siendo incomprensible para los chicos.
Sasuke intentó captar algunas palabras para buscarlas después, y ahí es cuando escuchó a su amigo rubio. Naruto estaba hablando suavemente en voz alta. Por un segundo no entendió lo que decía y estaba a punto de abrir su boca para decirle que se callara, que estaba tratando de escuchar, cuando se dio cuenta que estaba repitiendo sus cantos en japonés, el cual estaba dirigido a un demonio.
—Toma esta sangre, toma este poder. Retén a mi hija en esta casa. Aliméntala de sufrimiento, sangre, y muerte. —repitió Naruto.
Mebuki cerró sus ojos por un momento, luego sosteniendo el cuchillo de cocina arriba lo pasó por las llamas de las velas. De forma imposible, se encendió, y luego, en un movimiento feroz, ella clavó el cuchillo en el vestido y atravesó las tablas de madera.
Jung regresó sosteniendo una franja limpia y blanca de tela, el vestido de reemplazo de Sakura. Él observó a Mebuki horrorizado. Estaba claro que él no conocía esa parte de ella, y ahora que lo hizo, nunca diría algo en contra de ella, por puro temor.
La luz del fuego brilló por las tablas del piso, y Mebuki movió el cuchillo suavemente, metiendo el vestido ensangrentado debajo de la casa mientras cantaba. Cuando lo último de la tela despareció, empujó el resto del cuchillo dentro y la luz destelló. El piso se cerró, luego Mebuki tragó saliva y dulcemente sopló las velas, de izquierda a derecha.
—Ahora nunca dejarás mi casa. — susurró satisfecha.
El hechizo estaba terminando. El rostro de Mebuki se esfumó como la memoria de una pesadilla, volviéndose tan gris y marchito como la madera en la que asesinó a Sakura. El aire alrededor de los chicos perdió color y pudieron sentir sus miembros empezando a desenredarse.
Se estaban separando, rompiendo el círculo.
Naruto comenzó a respirar fuerte, al igual que Sakura. Para ellos dos había sido más difícil la situación.
Sasuke seguía sin creer lo que acababa de ver. Se sentía todo tan irreal, no entendía como Mebuki, la mujer que tendría que haber cuidado de su hija, fue la que le arrebató su vida, su futuro, y la había atado a esa casa.
—¿Cómo pudo? —Ino preguntó suavemente, y todos se miraron entre ellos. —Fue terrible. Nunca quiero ver algo parecido de nuevo. — murmuró mientras sacudía su cabeza.
Sasuke miró a Sakura, todavía vestida en sangre y venas. Sus lágrimas teñidas de oscuro se habían secado en su rostro; estaba demasiado exhausta para llorar.
—¿Ella sabía qué pasaría? — le preguntó Sasuke a Naruto. —¿Sabía en lo que la estaba convirtiendo?
—No lo creo. O por lo menos, no exactamente. Cuando invocas a un demonio, no puedes pedir detalles específicos. Sólo haces el pedido, y él hace el resto.
—No me importa si ella sabía exactamente. — gruñó Ino. —Fue asqueroso. Fue horrible.
Gotas de sudor recorrieron las frentes de los cuatro chicos. Sasori seguía sin decir nada.
Todos lucían como si hubieran pasado por doce asaltos con un peso pesado.
—¿Qué vamos a hacer? — preguntó Naruto, aunque parecía como si no estuviera dispuesto a hacer nada por el momento. Estaba tan cansado que Sasuke pensó que podría dormir toda una semana.
Sasuke se volteó y se puso de pie. Necesitaba aclarar su cabeza.
—¡Sasuke! ¡Cuidado!
Gritó Ino, pero no fue suficientemente rápida. Sasuke fue empujado desde atrás por Sasori, quien sacó el cuchillo de su pantalón.
Sasuke rápidamente volteó a Sakura y se tensó al ver a Sasori parado junto a ella sosteniendo el athame.
—Es así como lo haces, ¿verdad? — preguntó Sasori en una voz salvaje mientras movía el cuchillo. —Ella está débil; podemos hacerlo ahora. —susurró casi para él mismo.
—Sasori, no lo hagas. —pidió Ino.
—¿Por qué no? ¡Esto es por lo que venimos!
Ino miró a Sasuke sin poder hacer nada. Es cierto que era a lo que iban, pero luego de lo que todos vieron, y verla acostada allí, ni ella ni Sasuke podían hacerlo.
—Dame mi cuchillo. —le pidió Sasuke calmadamente.
—Ella mató a Deidara. —exclamó Sasori. —¡Ella mató a Deidara! —recalcó con enojo.
Sasuke vio hacia Sakura. Sus ojos seguían negros y amplios, mirando para abajo, aunque sin ver algo en particular. Estaba hundida sobre su cadera, demasiado débil para sostenerse parada. Sus brazos, los que podrían aplastar ladrillos, se estremecieron tratando de mantener su torso fuera del suelo.
Ellos se la habían arreglado para reducir a ese monstruo en una cáscara temblorosa, y si alguna vez habría un momento seguro para matarla, era ese.
Y Sasori tenía razón. Ella mató a Deidara. Había matado a docenas. Y lo haría de nuevo.
—Tú mataste a Deidara. — Sasori susurró y empezó a llorar. —Mataste a mi mejor amigo. — Y luego se movió, apuñalando hacia abajo.
Sasuke reaccionó sin pensar.
Dio tumbos hacia adelante y lo agarró por debajo del brazo, deteniendo el golpe de ir directo a la espalda del fantasma; en vez de eso rebotó sobre sus costillas. Sakura hizo un pequeño lloriqueo y trató de arrastrarse.
Las voces de Ino y Naruto se escucharon gritándoles a los dos chicos que se detuvieran, pero ellos siguieron luchando. Mostrando los dientes, Sasori trató de apuñalarla de nuevo, cortando por el aire. Con las justas Sasuke logró levantar un codo para golpear su barbilla. El Akatsuki tropezó algunos pasos, pero de nuevo volvió a atacar y cuando lo hizo Sasuke lo golpeó en la cara, no muy fuerte pero lo suficiente para hacerlo pensar.
Se pasó por la boca el dorso de la mano. No intentó acercarse de nuevo. Mirando de Sasuke hacia Sakura, supo que él no lo dejaría pasar.
—¿Qué es lo que te pasa? —preguntó. —¿Se supone que este es tu trabajo, no? Y ahora la tenemos ¿y no vas a hacer nada?
—No sé lo que voy a hacer. —respondió el Uchiha honestamente. —Pero no voy a dejar que le hagas daño. No podrías matarla de todas maneras.
—¿Por qué no?
—Porque no es sólo el cuchillo. Soy yo. Es mi lazo de sangre.
—Está sangrando lo suficiente. —se burló Sasori viendo el rastro de sangre que dejó su ataque.
—No dije que el cuchillo no era especial. Pero el golpe mortal es mío. Lo que sea que permita eso, tú no lo tienes.
—Estás mintiendo. —replicó Sasori.
Y tal vez fuera cierto. Sasuke nunca había visto usar su cuchillo a alguien más. Nadie más que su papá. Tal vez toda esa cosa sobre ser escogido y ser parte de una línea sagrada de cazadores de fantasmas era toda una mentira. Pero Sasori lo creyó. Empezó a alejarse, fuera de la casa.
—Dame mi cuchillo. —exigió Sasuke.
—Voy a matarla. — prometió Sasori, luego se volteó y corrió, llevándose el athame.
Algo dentro de Sasuke gimió, algo infantil y básico. Sus pies le dijeron que lo persiguiera, que le atacara y golpeara en la cabeza, que agarrara su cuchillo y nunca lo dejara fuera de su vista. Pero Ino le habló.
—¿Estás seguro que él no puede matarla? — preguntó.
Él miró hacia atrás. Ino estaba arrodillada en el suelo al lado de Sakura; había tenido el valor de tocarla, de sostenerla por los hombros y mirar la herida que Sasori hizo. Se estaba filtrando sangre negra en un efecto extraño: el líquido negro se mezclaba con la sangre que se movía de su vestido, arremolinándose como tinta cayendo en agua roja.
—Está tan débil. — susurró Ino preocupada. —Creo que está muy lastimada.
—¿No debería de estarlo? — intervino Naruto. —O sea, no quiero ponerme del lado de Sasori "estoy compitiendo por un Oscar" Akasuna No, ¿pero no es esa la razón por la estamos aquí? ¿No es ella todavía peligrosa?
Las respuestas eran sí, sí y sí. Sasuke sabía eso, pero no podía pensar con claridad. La chica a sus pies estaba derrotada y su cuchillo se había ido. Y las escenas de "Cómo Asesinar a Tu Hija" seguían en su cabeza.
Ese lugar fue donde todo ocurrió, ese era el lugar donde su vida acabó, donde se convirtió en un monstruo, donde su madre pasó un cuchillo por su garganta y la maldijo a ella y a su vestido y ...
Sasuke caminó más allá al cuarto de estar, mirando las tablas del piso. Luego empezó a pisar muy fuerte, golpeando su pie contra las tablas y saltando arriba y abajo, buscando un punto suelto. No estaba haciendo nada bueno. Era un estúpido. No era lo suficientemente fuerte. Y ni siquiera sabía lo que estaba haciendo.
—No es esa. —dijo Naruto. Estaba mirando el piso, señalando la tabla que estaba a la izquierda. —Es esa. —explicó. —Y necesitarás algo. — Corrió fuera de la puerta.
Sasuke pensaba que ya no le quedaban fuerzas. El chico era sorprendente. Y malditamente útil, porque aproximadamente cuarenta segundos después estaba de regreso, sosteniendo una palanca y una llanta de hierro.
Juntos cortaron el suelo, al principio sin hacer una sola marca y luego agrietando lentamente la madera. Sasuke usó la palanca para levantar el final más suelto y cayó de rodillas. El hueco que hicieron era oscuro y profundo.
No entendían cómo estaba allí. Deberían estar viendo vigas y el sótano, pero sólo había oscuridad. Sólo un momento de vacilación, y la mano de Sasuke empezó a buscar en el hueco, sintiendo profundidades de frío.
Sintió que estaba siendo estúpido de nuevo, y luego sus dedos frotaron contra ello.
El tejido se sentía rígido y frío al tacto. Tal vez un poco húmedo. Lo sacó del piso donde fue metido y sellado sesenta años atrás.
—El vestido, —murmuró Ino con sorpresa. —¿Qué…?
—No sé. —Se apresuró a responder Sasuke.
Él caminó hacia Sakura. No tenía idea qué efecto tendría el vestido en ella, si tenía alguno. ¿La haría más fuerte? ¿La sanaría? Si lo quemaba, ¿ella se evaporaría en aire fino? Probablemente Naruto tuviera una mejor idea. Juntos Jiraiya y él podrían probablemente saber la respuesta correcta, y si no pudieran, entonces Kakashi podría.
Pero Sasuke no tenía esa clase de tiempo. Se arrodilló y sostuvo el tejido manchado ante los ojos de Sakura.
Por un segundo ella no hizo nada. Luego se movió con dificultad hacia sus pies. Sasuke movió el vestido sangriento con ella, manteniéndolo al nivel de sus ojos. Aquellos ojos oscuros y fríos se fueron y los ojos aclarados y curiosos de Sakura estaban ahí dentro de la cara monstruosa, y por alguna razón, eso era más desconcertante que nada. La mano del chico temblaba. Ella se puso de pie delante de él, sin flotar, sólo mirando el vestido, arrugado y rojo y desgastado en algunas partes.
Sasuke se levantó y todavía sin saber lo que estaba haciendo, o lo que estaba intentando, lo tomó por el borde y lo deslizó sobre su oscura y retorcida cabeza. Algo pasó inmediatamente pero no supo qué.
Una tensión entró en el aire, un frío. Era difícil de explicar, como si hubiera una brisa pero nada se estaba moviendo. Sasuke puso el vestido viejo sobre el que sangraba y retrocedió. Sakura cerró sus ojos y respiró profundamente. Rayas de cera negra todavía se adherían al tejido donde las velas gotearon durante la maldición.
—¿Qué está pasando? — susurró Ino.
—No sé. —respondió Naruto por Sasuke.
Mientras observaban, los vestidos empezaron a pelear entre ellos, derramando sangre y negrura y tratando de fusionarse. Los ojos de Sakura estaban cerrados. Sus manos formaron puños.
Nadie sabía lo que iba a pasar, pero fuera lo que fuera, estaba pasando rápido. Cada vez que pestañeaban abrían sus ojos a un nuevo vestido: un momento blanco, otro rojo, luego ennegrecido y mezclado con sangre. Y luego Sakura lanzó su cabeza hacia atrás, y el vestido maldito se desmoronó, estallando en polvo para caer a sus pies.
La diosa oscura estaba de pie, mirando a Sasuke. Cientos de volutas negras morían en la brisa. Las venas retrocedieron de sus brazos y su cuello. Su vestido estaba blanco y sin manchas. La herida del cuchillo había sanado.
Ella puso su mano en su mejilla incrédula y miró tímidamente de Ino hacia Sasuke y a Naruto, quien retrocedió un paso.
Luego volteó lentamente hacia la puerta abierta.
Giró levemente la cabeza para mirar a Sasuke y le sonrió agradecida.
Tras ese gesto caminó hacia la puerta y los tres chicos ampliaron sus ojos por la sorpresa al ver a Sakura atravesar la puerta.
¡Habían liberado a Sakura vestida de sangre!
Gracias por comentar:
Setsuna17, Judith94, Strikis.
Saludos.
