Done!! Aqui tenemos el cap 5.... muy tarde... lo se...
Muchas gracias por los reviews!! realmente me animan a seguir cn el fic =)=)=)
estoy segura de que a partir de este cap las cosas se van a poner mas interesantes ^^
disfrutadlo!! - eso espero ;)
Capítulo 5
- Venga, Natsuki, ¡no es para tanto! – la pelirroja había estado intentando animar a la joven de ojos verdes durante más de media hora, mientras al mismo tiempo prestaba atención, más o menos, a la carretera.
-Déjalo, Mai… Esto va a ser horrible – contestó la agente Kuga desde el asiento del copiloto.
Al fin llamaba por su nombre a aquella molestia con pelo rojo, quien en aquel momento la llevaba en uno de los coches policiales hacia el domicilio de Shizuru Fujino, quien, en menos de cuarenta y ocho horas, había sido obligada a trasladarse a otro inmueble, mucho más vigilado y… seguro al parecer. Y todo ello bajo la constante vigilancia de tres agentes de policía. Aunque aquello terminaría cuando Natsuki se dispusiera a "velar por la seguridad de Shizuru Fujino, hasta que toda aquella masacre terminase", tal y como le había encomendado la comisaria María, una misión de "suprema importancia y responsabilidad, de cuyo cargo debería sentirse orgullosa al ser alguien tan joven". "¡ja!", pensaba Natsuki al recordar las palabras de la Miss, a quien imaginaba en su mente siendo atropellada por varios trenes.
"Demonios… ¿por qué yo?. No puedo… después de lo que pasó, de aquel encuentro tan brusco… de aquellos ojos llorando… realmente eran- ¡CALLATE!" se reprendió. Sacudió la cabeza mientras se acomodaba de nuevo en el asiento, lo cual provocó que Mai produjese un fuerte volantazo que casi las manda a la cuneta.
-¡Natsuki, me has asustado! – le dijo, muy agitada. Respiró hondo y continuó mirando hacia delante. – Mira… no entiendo por qué crees que ella es… es…
-¿Extraña?, ¿Muy, pero que muy extraña? ¡Lo es! – gritó la morena – tiene algo, no se… - Natsuki intentaba explicarse. Evidentemente sus esfuerzos eran vanos. Mai cada vez parecía entender menos. Finalmente se rindió – Ah… no sé qué es… pero tiene algo que no me gusta, y no es por alardear de nada, pero no suelo equivocarme con la gente – Se cruzó de brazos y continuó hablando mientras miraba por la ventanilla – Alguien con tanto poder, tanto dinero… . Y sin embargo parece tan serena… como si no le importase nada… ni nadie – añadió, mostrando más enfado en su voz – Parece fría y distante, como si su mente estuviese maquinando algo continuamente… . Sus ojos – dijo de repente, como si sintiese la necesidad de hablar de aquella parte en particular. Al recordarlo, su pecho se le encogió, por tercera vez "¡Maldita sea!" – son tan extraños… como si escondiesen algo – Se rascó la nuca en señal de reflexión, mientras Mai conducía en silencio.
-Veo que te has fijado en muchas cosas, Natsuki – dijo Mai con una sonrisita, pillando a la morena por sorpresa.
-No digas tonterías… - balbuceó, mientras un rubor coloreaba sus mejillas. Por suerte para ella, se encontraba mirando hacia la ventanilla, por lo que la pelirroja no lo notó.
-En fin… - dijo Mai, tras lanzar un suspiro de derrota – tendrás que hacerte a ello. Recuerda lo que te ha dicho la comisaria sobre-
-¿Ir pegada a ella todo el día?, ¡SÍ!, ¡lo he oído unas cinco veces! – la joven agente estaba desesperada. "Y todavía no he empezado…" se decía.
¿Qué era aquello que le impedía sentirse tranquila junto a Fujino? Quizás el hecho de encontrarse al lado de alguien a quien claramente querían matar, sin importar a quién se llevasen por delante.
No… . ¿Miedo a la muerte? Natsuki nunca pensó demasiado en ese tipo de "detalles" a la hora de trabajar como policía. Era un riesgo más… pero ¿acaso un profesor, por ejemplo, estaba seguro de no ser aplastado por una pizarra?, o un bibliotecario de ser arrollado por un carrito lleno de pesadas enciclopedias…?
"Bueno, quizás sea verdad que las posibilidades de morir en esos casos sean mucho menores…" Reconoció Natsuki en su silencioso diálogo interior.
-Ya estamos, agente Kuga – bromeó la pelirroja señalando hacia delante con un gesto de su cabeza, obteniendo como respuesta un bufido de la morena.
A penas eran las ocho de la mañana. Se suponía que aquél día, lunes, tenía que comenzar con sus labores de protección. El fin de semana, Shizuru Fujino había obtenido su seguridad por parte de tres agentes de policía, tras el accidente del viernes con Kanzaki.
La agente Kuga tendría que estar junto a ella durante todo el día, atenta a cada minuto al lado de la castaña de ojos color rubí. "Ojos color rubí… ¡Arg!"
El sol salía perezoso por el horizonte, mientras el coche conducido por la pelirroja entraba en una calle muy larga, con apenas unas diez casas, cinco a cada lado.
Éstas no tenían nada que ver con las que se podían ver en la cámara de seguridad donde Tate hizo su aparición.
Eran mucho más pequeñas, con un jardincito. La calle poseía farolas a ambos lados, que apenas comenzaban a apagarse ante la aparición de la luz del sol.
-Vaya, supongo que se han tomado en serio lo de la discreción, ¿verdad? – dijo la pelirroja, observando las casitas, conduciendo despacio para que pudiesen observar mejor la calle.
A pesar de ser mucho más humildes que las otras, no dejaban de ser como casitas de muñecas. Y aunque a Natsuki no solían entusiasmarle este tipo de cosas, llegó a pensar que eran… bonitas. "Supongo que eso no puedo negarlo…"
Aparcaron junto a la última de las casitas de la calle, cuyo jardín quedaba adornado con flores rojas en los altos arbustos y la verja de la entrada. La fachada estaba pintada de blanco, y su base estaba formada por piedra gris. La puerta era grande, de madrera, con un marco también formado por sillares de piedra irregulares. Las ventanas de la fachada, dos en total, tenían cortinas de un color claro y transparente, y en aquel momento se hallaban abiertas. Un ligero soplo de viento las movió por un instante, como si quisieran esconder una presencia en el mismo aire.
El lugar, poco habitado y silencioso como se les presentó aquella mañana, inspiraba paz.
-¿Quieres que te ayude con las maletas? – preguntó la pelirroja.
Debían de llevar ya un largo rato observando la casa desde el coche.
-¿Eh…? No, no hace falta – respondió Natsuki, saliendo de su trance, y recordando el por qué estaba allí.
Las maletas… sí, claro. Esa era otra de las condiciones. Velar por la seguridad de Shizuru Fujino significaba estar todo el día a su lado y alerta… y por lo tanto, eso no sería posible si no compartían domicilio.
Con una desgana propia de la rebeldía Kuga, la joven agente descendió del coche y agarró su maleta de un mediano tamaño. No había empaquetado demasiadas cosas. De todas formas, esperaba resolver el caso lo antes posible, sin soportar demasiado la idea de ir encadenado a alguien todo el día. Agarró su pequeño equipaje y se plantó en la puerta de la casa, intentando grabar todos sus detalles de un solo vistazo
-Bueno , Natsuki, aquí nos despedimos – dijo Mai con una sonrisa de ánimo desde el coche - ¡Mucha suerte!
Kuga observó cómo el coche se perdía tras una esquina al final de la calle, y dirigió de nuevo la vista a la fachada. Tomó aire profundamente. Sin saber por qué, le faltaba el oxígeno sólo de pensar que aquella extraña se encontraba tras la puerta.
Avanzó unos pasos hacia la verja, y la abrió con cautela, provocando un ligero chirrido. La cruzarla, avanzó un poco más, hasta llegar frente a la puerta de madera. Antes de que tuviese la oportunidad de tocar el timbre, ésta se abrió con brusquedad y entonces…
- ¡Eres increíble, Shizuru! – una muy malhumorada joven de largo pelo rubio hablaba con un tono irritante y duro. Su flequillo recto temblaba sobre su frente, tensa por el enfado que sin duda la agitaba en aquel momento - ¡Tú sola! ¡Sola!, ¡después de todo lo que ha pasado…!
Haruka respiraba con dificultad, la adrenalina la estaba matando.
-Ara, Haruka… - dijo Shizuru, ataviada con una bata de noche oscura, que mostraba sus largas piernas, mientras permanecía apoyada contra la encimera de la cocina, té en la mano, y la tranquilidad siempre habitante en sus ojos rojos, acompañada esta vez por un deje de regocijo. "Realmente siempre se preocupa por mi…" – Tal vez fui un poco descuidada… . Perdóname - Ya era la séptima vez que hablaban del tema… ¿No podían dejarlo correr de una vez?
Mostrando la castaña una exagerada expresión de arrepentimiento, Haruka pareció calmarse. Dirigió la mirada a la ventana. Ya estaba amaneciendo, y la cocina se veía poco a poco iluminada por reflejos dorados, al igual que el cabello castaño de Shizuru.
Tras tomar un sorbo más de té, la castaña volvió a mirar a Haruka con su habitual serenidad.
-¿Ya se han ido los policías?
-Hace diez minutos.
La castaña asintió, regresando a su vaso de té.
-Gracias por quedarte de todas formas, Haruka – dijo Shizuru, pillando a la mujer que tenía en frente por sorpresa, provocando que esta diese un respingo y que la sorpresa se abriese camino en sus ojos. Shizuru sonrió – Necesitaba una amiga, gracias.
-No hay nada que agradecer, no seas ridícula – respondió Haruka, orgullosa, dejando que una sonrisa tomase forma en sus labios – De todas formas… ¿Qué vamos a hacer ahora? Anoche no me diste muchos detalles.
-Ara – la sonrisa todavía no abandonaba su boca, aunque sí se apagó un poco – perdóname, Haruka… supongo que estaba demasiado… sobrecogida todavía – se le hizo un nudo en la garganta al recordar el episodio de aquel viernes pasado.
Las imágenes de aquel hombre disfrazado, a punto de acabar con ella… con ellas
"Y esos ojos verdes tan penetrantes… mirándome con tanta… ¿preocupación?"
La joven castaña sonrió un poco al recordarlo, y creyó sentir cómo un ligero rubor tomaba posesión de sus mejillas.
Se sentía cansada. Muy cansada. A penas había dormido durante el fin de semana. Las pesadillas azotaban su descanso hora tras hora, se despertada empapada en sudores fríos. Tenía la sensación de que unas manos le agarraban el cuello y la empujaban hacia el colchón.
Luego llegaban los dolores de cabeza, la mañana fría, y el puro cansancio. "Durante dos noches seguidas…"
-¿Y bien? – preguntó impaciente Haruka, tomando asiento en la mesa de la cocina, donde ambas se encontraban. La gran ventana cortinada les proporcionaba las primeras luces de la mañana. - ¿Qué te ha dicho la policía? ¿Cómo van a protegerte de… de cualquier cosa? – maquinó Haruka, sin saber cómo llamar al desastre que parecía haberse arremolinado alrededor de la castaña.
-La comisaria María me llamó esta mañana – dijo, mientras se dirigía al fregadero para dejar su taza de té, ya vacía – me aseguró que tendría a su mejor agente a mi entera disposición – continuó Shizuru, con una sonrisita de regocijo en sus labios.
-¡Ja! – respondió Haruka con un gesto de su mano, mirando en otra dirección - ¿Una especie de agente secreto que te seguirá a todas partes? – la castaña asintió, mientras miraba hacia la ventana, ajustándose la bata. Hacía frío – Qué idiotez, ¡eso no servirá de nada, Shizuru!...
-Tendrá que vivir aquí conmigo – siguió la joven de ojos carmesí – rondas nocturnas, montar guardias… oh, y creo que se infiltrará en la empresa – esto último captó la atención de su amiga – como una compañera más de trabajo, para no levantar sospechas…
-¿Qué sospechas? ¡¿Qué más da que se sepa que estás protegida, mientras sí lo estés?!
-Haruka… - ésta se estremeció al oir su nombre en aquel profundo acento – no podemos levantar sospechas porque tenemos que averiguar quién está detrás de todo esto – al comprender, Haruka volvió a sentarse (se había levantado ligeramente al gritar), con sus mejillas algo coloradas al darse cuenta de aquella obviedad. Shizuru le dedicó una cálida sonrisa, a lo que la rubia respondió con un tímido asentimiento de su cabeza.
-Y… - continuó la rubia, todavía con un rubor en sus mejillas, cruzando los brazos y situándolos sobre la mesa de la cocina - ¿Conoces a ese agente?
-No, pero la comisaria María me dijo que era uno de los mejores, si no el mejor, así que… presumo que será un señor no muy joven, experimentado y muy aburrido – dijo Shizuru, dirigiendo una pequeña sonrisa burlona a Haruka
Ésta rió con ganas. De repente, la rubia frenó en seco su carcajada. Shizuru la miró expectante
-Haruka, ¿qué…?
-¡Shhh! – la silenció su amiga de ojos violeta – he oído cómo un coche aparcaba fuera.
La castaña la miró divertida, al ver a Haruka tan preocupada.
-Ara, debe ser ese agente, Haruka…
-¡Tú qué sabes, bubuzuke! – susurró la rubia – no podemos fiarnos. ¿Y si ocurre lo mismo que en el aparcamiento de la comisaría?
Y decidida, se dirigió a la entrada de la casa, cercana a la salida de la cocina, en el primer piso, mientras Shizuru la seguía, con una sonrisita en los labios, segura de que no había peligro alguno. "Haruka puede ser muy terca a veces…" se recordó a sí misma.
Cerca de la puerta había un paragüero con un único paraguas negro. La rubia lo agarró ante la atónita mirada de la joven de ojos carmesí. "Se lo ha tomado enserio" se dijo, haciendo que esa sonrisita se agrandase todavía más, mientras observaba la espalda de su amiga, avanzando con cautela hacia la puerta de entrada, con el paraguas a modo de bate de béisbol.
-Haruka, no creo que sea nece-
-¡Shhh! – dijo una vez más, cortando a la castaña, la cual decidió rendirse y esperar a que Haruka quedase satisfecha con sus intentos de protegerla.
Definitivamente afuera se oían voces. Tras unos segundos, el ruido del motor de un coche arrancaba, para después volverse a desvanecer. Oyeron cómo unos pasos inseguros se acercaban a la verja. Se abría. Los pasos avanzaban un poco más…
Y entonces, con un rápido movimiento de su mano libre, Haruka abrió la puerta y asestó el golpe.
-¡AH!
Todo ocurrió tan rápido que Shizuru tuvo que parpadear varias veces para darse cuenta de la escena que se presentaba frente a ella.
En el suelo, rascándose la parte superior de la cabeza, y con una furia que podía olerse a kilómetros, se hallaba Haruka, de rodillas, mirando a la figura femenina que se situaba frente a ella.
"Ara… eso sí que ha sido… inesperado" pensó Shizuru, al ver a una tremendamente sexy joven de cabellos negros y ojos verdes mirando hacia Haruka, en una mezcla de sorpresa y resolución, mientras, y esto era lo más sorprendente, sujetaba una pistola en su mano derecha apuntando directamente a Haruka, y en la izquierda el paraguas negro, con una forma un poco rara. Lo había partido.
Sin embargo, la castaña no malgastó mucho tiempo en estos detalles, sino más bien, en la propia agente Natsuki Kuga, vestida, esta vez, con ropa de calle. Más o menos.
Zapatos con algo de tacón, azules oscuro. Pantalones vaqueros también oscuros, que interrumpían la tela por debajo de la rodilla, y que terminaban sobre "Ara" una espeluznantemente sexy y ligeramente curvada cintura. Seguía la parte de arriba, una camisa de media manga blanca, algo escotada "Ara".
Y finamente, sin recuperarse todavía del shock, descubrió su cuello ligeramente tenso, su pequeña barbilla de muñeca, sus "Ara…" labios ligeramente gruesos, entreabiertos. En aquel momento estaba respirando con dificultad. Y entonces…
-¡¿Fu-Fujino-san?! – preguntaron los labios de aquella boca jadeante, su voz áspera y, por supuesto "Ara…" sexy. Miraba todavía descompuesta a una rabiosa Haruka en el suelo, incapaz de decir nada.
Y al final, Shizuru se encontró con sus ojos verdes, muy abiertos, en shock, que miraban detenidamente a su amiga de ojos violeta. De ellos no supo salir. "ARA"
-¿Quién es ella, Fujino – san? – preguntó de nuevo Natsuki, quien no se recuperaba del susto todavía. "¡Acabo de entrar y mira con qué me encuentro! Esto no es una buena señal". Seguía mirando fijamente la figura de Haruka arrodillada en el suelo, la cual dirigía periódicas miradas a la pistola, a Natsuki, y en último lugar, al paraguas roto.
La castaña se obligó a recuperar la compostura interiormente, pues su exterior se mantenía tan sereno como siempre. Su máscara correctamente colocada.
-Ara – comenzó, con su dulce acento, sin dejar de mirar aquellos ojos verdes – no te preocupes… ¿Natsuki? – recordaba su nombre, ¿cómo no recordarlo? Además de lo gua-además de haberla conocido hace poco, le había salvado la vida.
Ésta se estremeció al escuchar cómo pronunciaba su nombre. "¿Lo recuerda?" Ésta asintió, indicándole que ese era su nombre, y en señal para que continuase.
-No es ningún peligro, Natsuki – respondió casi riendo, captando al fin su mirada, sin abandonar nunca sus ojos verdes, una sonrisa en su rostro. Por vez primera, el verde y el carmesí se encontraron intensamente. Por alguna razón, se forzaba a mirarla a los ojos, algo que no hacía muy a menudo con la gente de su alrededor – es una amiga, y compañera de trabajo. Puedes bajar el arma.
Insegura todavía, la morena bajó poco a poco la pistola, guardándola finalmente en el bolsillo trasero de sus pantalones.
-¡¿Y qué demonios pretendías hacer son esto!? – gritó Natsuki a Haruka, cambiando completamente el tono de su voz. Uno que muy pocos se atreverían a contradecir, excepto claro, Haruka.
-¡¿Qué pretendías tú, caminando sigilosamente de esa manera ahí fuera?! – chilló la rubia, fuera de sus casillas, levantándose – Además, ¡¿quién demonios eres tú?! – gritó de nuevo, apuntando a Natsuki con el dedo. Seguían en la puerta de entrada.
-Natsuki Kuga – bramó Natsuki, lo más grave posible. "¿Quién se ha creído esta histérica que es?" – la protectora de Shizuru Fujino
"Ara…"
Vale, se que es la segunda vez que os lo pido, pero, no me mateis =)
ya se, ya se, prometi capitulos mas largos, pero creo q esta es la longitod que prefiero para el desarrollo la historia, por lo menos de momento... lol Aun asi perdonadme!!
Siento muchisimo la tardanza, de verdad!
Intentare subir un capitulo cada semana, repito, lo intentare
Sigo queriendo saber vuestra opinion sobre el fic, que os esta pareciendo... ¿aburrido? ¿interesante? ¿qereis mandarme a cualquier lugar menos a un ordenador para no escribir mas? lol
Y COMO SIEMPRE LOS REVIEWS ESTAN MUY MUY BIEN RECIBIDOS =)!!
