La inquietud que me creas es una nueva puerta que no estoy segura de abrir

CAPÍTULO 7

Natsuki nunca había sentido tanta tensión en una misma sala. Todos los ocupantes de las sillas, alrededor de la gran mesa rectangular no habían dejado de mirarlas cuando entraron en la habitación, unos veinte minutos tarde.

La joven agente vio diferentes tipos de reacciones ante la no muy triunfal llegada. Mientras aún recuperaban el aliento tras la carrera, le dio tiempo a observar a los componentes de la reunión.

No eran más de diez personas. La mayor parte tenían toda la pinta de altos ejecutivos, de mirada fría y mente llena de cálculos, ganancias y pérdidas. Acosadores del papeleo y astucia empresarial. Un objetivo: beneficio.

Y ese fue el primer análisis de Natsuki Kuga, sobre todo a lo largo de la reunión.

Nada más entrar en la sala, sin embargo, todos las miraron sorprendidos e irritados. Algunos habían adquirido una postura más cómoda en una silla en la que tendrían que sentarse durante bastante tiempo. Parecían haber olvidado las composturas por el aburrimiento y la espera, y apoyaban la barbilla sobre una mano, o se rascaban la cabeza impacientemente.

Cuando entraron aquellas que faltaban, el poco ruido de papeles sobre la mesa y el insistente repiqueteo de bolígrafos golpeando la madera del mueble se desvaneció, y en silencio, quedaron mirando a las tres figuras que acababan de entrar por la puerta.

A pesar de los sonoros jadeos de Haruka, y la expresión ligeramente descompuesta de Natsuki, Shizuru Fujino permanecía con una sonrisa en los labios y saludando al personal.

- Muy buenos días señores… y señoritas – dijo Shizuru, dirigiéndose con una mirada rápida a la única mujer de la mesa, una de las cuales le dedicó una pícara sonrisa – debo disculparme por el retraso, tuvimos problemas con el tráfico. Les ruego, otra vez, que nos disculpen – dijo, con una suavidad extra de su acento de Kyoto.

"Demonio de mujer…" pensó Nastuki cuando, tras observar a los demás allí reunidos, dirigía su atención hacia su secretamente protegida. "¿Cómo puede mentir con esa facilidad y tranquilidad…?"

Y entonces las recién llegadas repararon en una cosa: sólo había dos asientos libres, uno que presidía el otro lado de la mesa, y el otro a su lado, en un lateral.

Percatándose a un tiempo, las tres se miraron. Fue entonces cuando Shizuru dirigió a Haruka su típica sonrisa de disculpa. Y adivinando la inmediata protesta de la rubia, la castaña de ojos carmesí habló.

- Haruka, confío en ti la revisión de las gestiones del contrato con Nakamura del mes pasado, ya sabes que aquello nos dio muchos problemas, y necesitamos andar sobre seguro… porque puedo confiar en ti una tarea tan importante, ¿verdad?

"Vale… esta mujer es increíble" pensó Natsuki, observando primero las dos sillas vacías, y después el repentino cambio en la expresión de Haruka, ante la evidentemente falsa (al menos para Natsuki) mirada de determinación y plegaria en aquellos hermosos ojos carmesí.

-Ah… eh… - intentando protestar, fue cortada por Shizuru.

- Verás, ayer Yukino-san parecía tener problemas, y creo que deberías ayudarla. Después de todo te escogí como gerente por algo – y coronó su victoria con una sonrisa de orgullo.

Un poco sonrojada, disculpándose ante la pequeña multitud, la rubia de ojos violeta se dirigía hacia la puerta y desaparecía tan rápido como había entrado.

Natsuki vio por el rabillo del ojo el atisbo de un suspiro de alivio en Shizuru.

- Ara, señores, discúlpenme otra vez, ¿dónde están mis modales? – avanzando hacia Natsuki, se colocó a su lado, casi rozándose. Natsuki pudo apreciar su fresca esencia, sutil, …¿embriagadora? "Para ya, ¡céntrate!" – les presento a mi secretaria, Natsuki Kuga.

- Buenos días – dijo la aludida, intentando ocultar lo mejor posible su nerviosismo, mirando hacia el suelo, sintiendo cómo sus mejillas se encendían.

Shizuru observó su reacción. "Irresistible" se dijo, reprimiendo una sonrisita de burla. "¿Realmente eres así por dentro, Natsuki?"

- Vaya, Shizuru – san – la mujer rubia que presidía la mesa al otro lado habló por primera vez. A pesar de su aparente tono serio, se dirigió a la castaña con una sonrisa – Ya creíamos que no ibas a venir. Cosa que me habría sorprendido muchísimo, teniendo en cuenta quienes son los verdaderos beneficiados en esta unión – y dejó escapar una ligera carcajada.

La mujer, joven, seguramente rondando los veinticinco o treinta, era rubia y de pelo largo, recogido en aquel momento por una cinta negra. Sus ojos azul claro miraban divertidos a Shizuru. El afecto parecía compartido, ambas se sonreían de una forma muy natural.

- No me lo perdería por nada del mundo, Alyssa – respondió la castaña de ojos carmesí, tomando asiento en la silla que presidía el otro lado de la mesa, justo frente a la aludida.

Natsuki se sentó en la silla que estaba a su lado, en una esquina. Al hacerlo, sintió sobre sí una mirada de complicidad por parte de Shizuru, lo cual la hizo sonrojarse. "¿Pero por qué me hace sonrojar? No puedo controlarlo, ¡no es justo!" se reprendió la joven agente a sí misma, con enfado.

Este gesto no fue pasado por alto por la joven frente a ellas, y comenzó a reírse dulcemente.

- Vaya, Shizuru-san, tienes una secretaria muy tímida

Esto solo provocó que Natsuki se sonrojase más todavía. Las creadoras de su tormento comenzaron a reír al unísono.

-Disculpen… - comenzó Natsuki, con el tono más frío y ronco que le permitían sus cuerdas vocales – pero creo recordar que tienen una reunión importante entre manos, ¿no es así?

- Ara… Kuga-san tiene razón – ante el uso de aquel apelativo tan formal, Natsuki quedó mirando a Shizuru. "¿Volvemos a los formalismos…?, creo que me has hecho sonrojar demasiadas veces como para eso, Fujino… Demonios…"

La sonrisa de Shizuru había aumentado considerablemente ante las reacciones de los vasos sanguíneos sobre las mejillas de la joven agente. No sabía encontrar explicación a este hecho, pero ver cómo una persona aparentemente tan dura en el exterior reaccionaba así ante ella, la hacía sentirse de forma especial.

Estando todos sosegados y calmados, al menos en parte, comenzó la reunión. Las que presidían ambos extremos de la mesa, sin embargo, no mostraron más signos de buena amistad como antes, ni siquiera de cierta amistad. Las miradas que dirigían a los diferentes ejecutivos, mientras parecían discutir los diferentes puntos y condiciones de la unión de la empresa, permitieron a Natsuki darse cuenta de algo increíble.

Había grandes diferencias entre la Shizuru que había conocido en su casa y la que hablaba ahora mismo con los hambrientos gerentes de la compañía de Alyssa Searrs.

La joven de ojos verdes encontró una forma perfecta para describirla. Una belleza fría. La que se sentaba a su lado desprendía toda la belleza de la que Natsuki ya había sido testigo en su casa. Pero ahora que tenía la oportunidad de observarla detenidamente y sin tener que excusarse, pudo comprobar lo realmente bella que era Shizuru Fujino.

De hecho, Natsuki pronto se encontró sin parar de mirar a la inmensidad roja de aquellos ojos.

De repente un escalofrío cruzó todo su cuerpo. En aquella mirada… no había nada. Ningún tipo de afecto, emoción… nada. Algo muy diferente a lo que había visto en la cocina de Fujino aquella mañana, o aquel viernes en la comisaría. Una belleza fría, ni más ni menos.

"Parece tan diferente ahora mismo…" se decía Natsuki a lo largo de la reunión, cuando ya había empezado a cansarse de escuchar cosas de las que no entendía nada. Shizuru llevaba su habitual máscara, pero doblemente reforzada. Su expresión era ilegible, y las pequeñas sonrisas que lanzaba no tenían nada que ver con las de aquella mañana en su cocina. "¿Por qué, Shizuru?"

Según parecía, para justificar allí su presencia, había algunos papeles sobre la mesa, frente a su asiento, con información sobre la empresa Searrs.

Sin más remedio, y harta de escuchar a uno de los vejestorios de la sala hablar de posibles pérdidas en no se qué transacciones, Natsuki decidió leer por encima aquellos documentos.

Parecía ser que la empresa Searrs se dedicaba a la financiación de proyectos de otras empresas. En realidad, no tenían ningún producto propio y particular. Su afición, por así decirlo, era la financiación de otras empresas prometedoras, para así compartir ganancias.

¿Quería esto decir que la empresa Fujino no andaba bien de dinero? "Probablemente esa sea una de las razones de la unión…" se dijo Natsuki. Podría preguntarle más tarde a Shizuru.

Y pensando en aquello, una empresa que no andaba bien económicamente… ¿A quién le interesaría hundir un negocio que ya podría estar hundiéndose por sí mismo? Era una prueba más de que quien perseguía a Shizuru Fujino no lo hacía por ningún interés económico.

Por supuesto, aquello no eran más que conjeturas de las cuales no estaba segura, de las que no tenía pruebas. Pero su deber sería preguntar después.

Natsuki ya no escuchaba lo que se decía dentro de la sala desde hacía un rato. Ya estaba oficialmente aburrida y cansada de darle vueltas al bolígrafo sobre la mesa.

Hubo un par de momentos en que descubrió a Shizuru mirando en su dirección. Pero la castaña había apartado tan rápidamente la vista que no sabía si la había estado observando realmente.

"¿Observándote, Kuga?, Sí, sí, claro…"Se dijo a sí misma desde su asiento, que desde que pasaron cuarenta y cinco minutos había comenzado a resultarle incómodo. "Esto es eterno… ¿Cuándo vamos a salir de aquí…?"

Las, para qué negarlo, adorables expresiones de desesperación de Natsuki no pasaban desapercibidas, sobre todo por Shizuru, que comenzaba a sentirse culpable por el tormento que estaba sufriendo la joven de ojos verdes.

Justo cuando Natsuki creía que no había salvación posible, un móvil comenzó a sonar. El suyo.

Los presentes, que estaban ahora en medio de una acalorada discusión sobre Dios sabe qué, cortaron sus diálogos, preguntándose de dónde procedía el "ring-ring" que les interrumpía aquello tan importante.

- Discúlpenme, señores, pero debo atender una llamada – y salió por la puerta con andares de determinación.

"Lo más curioso" se dijo Shizuru internamente, tras observar a Nastuki desaparecer tras la puerta "es que lo ha dicho de la forma más fría que ha podido, pero se ha sonrojado como no he visto a nadie hacerlo hasta ahora" Y ante el recuerdo de aquella imagen tan cercana, sonrió. No de forma fría y banal. Tal vez de la forma más sincera en que lo había hecho hasta ahora. Aunque no lo supiera.

Sintiéndose libre de las miradas de Alyssa (y de Shizuru), que parecía haber mostrado cierto interés en todo lo que hacía, ya que no había dejado de mirarla, respiró profundamente, sintiéndose extrañamente aliviada.

"¿Qué hago aquí fuera..? Ah, el móvil…" se dijo, saliendo de la comodidad de aquella soledad que había echado de menos desde que entró en la reunión. Contestó entonces el aparato.

- Kuga – dijo simplemente, con su habitual voz ronca.

- ¡Natsuki! – la estridente voz de Mai hizo que la morena tuviese que apartarse el teléfono de la oreja - ¡no vas a creer lo que ha pasado!

- Habla, Mai –dijo la joven agente, sintiéndose preocupada por el tono de voz de la pelirroja.

- Esta mañana, cuando la Miss y yo íbamos a interrogar a Mishima, lo hemos encontrado muerto en su propia celda.

- ¡¿Qué? – exclamó Natsuki. "Mierda, mierda, mierda…"

- De un disparo – continuó Mai – un disparo en la frente, Natsuki… . Han detenido temporalmente al agente que estaba de guardia, pero dice que se lo encontró así cuando volvió de traer un café.

- Joder… - susurró Natsuki, más para ella misma que para la pelirroja, aunque ésta lo oyó de todas formas - ¿Y ahora qué?, no tenemos nada. Está claro que sea quien sea el que lo ha matado, lo ha hecho para asegurarse de que no nos decía nada sobre el hombre de la foto…

- Parece obvio… - corroboró Mai, con clara preocupación en su tono de voz.

Natsuki comenzó a sentir angustia ante lo incierta que se había transformado la situación en que se habían metido.

Entre tanteos y deducciones, no habían conseguido sacar nada, y cada vez era más difícil dar con el asesino o los asesinos de Shizuru Fujino. Sinceramente, la agente Kuga nunca se imaginó que un caso pudiera ser tan complicado. Aunque después de todo, apenas llevaba un par de años en el cuerpo, ¿no? ¿cómo rendirse cuando apenas había comenzado su camino?

- Bien Mai… - contestó la morena tras un rato de silencio. Su tono, abatido – avísame de cualquier novedad… Quizás si encontramos al asesino de este hombre, tengamos algo más para aclarar un poco todo esto.

Tras escuchar a Mai responder afirmativamente, colgó el teléfono.

La sensación de una inmensa impotencia se apoderó de sus nervios. Todo esto comenzaba a irritarle, a hacerla sufrir. De repente, una imagen de Shizuru llorando en sus brazos cruzó su mente. No, no podía dejar que aquello pasara dos veces, no podía verla… "No podía dejar que nadie sufriese así", se corrigió a sí misma.

Se apoyó sobre la pared más cercana a la puerta donde estaba teniendo lugar la reunión, tratando de ordenar sus ideas. "Solo tenemos una foto de un tipo calvo con un tatuaje en el cuello… ¿cuántos puede haber con esas características, me pregunto?" No podía dejar de recriminarse.

"La única forma de conseguir algo más es… otro ataque" pensó, con tristeza "Aunque preferiría que eso no se repitiera".

Otra imagen de Shizuru, esta vez sonriente, se le apareció en sus pensamientos, ante la cual Natsuki se encontró dedicándole una pequeña sonrisa. Al descubrirse haciendo esto, sacudió la cabeza nerviosamente para retirar la imagen de su mente, y sintió cómo sus mejillas se encendían al darse cuenta de lo que había hecho.

- Ara, no sabía que Natsuki también se sonrojase incluso a solas– dijo aquella dulce voz, sintiendo incluso su cálido aliento cruzar su oreja. "¿Cómo demonios has aparecido así de la nada?"

- ¡Ah! – Natsuki pegó tal salto que se encontró mirando a la sonriente castaña desde el otro lado del pasillo.

Ciertamente aquella sonrisa era muy diferente a las que había visto en la reunión frente a todos los presentes. Pero, ¿era algo que Shizuru hacía con frecuencia? ¿lo hacía a propósito? ¿o era algo… natural? "Algo que solo he visto cuando estamos solas… ¡¿Qué dices Kuga? Apenas la conoces, llevas menos de veinticuatro horas con ella, por el amor de Dios…"

- Natsuki – la llamó la castaña para captar la atención de la joven, perdida en sus pensamientos. "¿En qué piensas Natsuki? ¿Eres así de dulce por dentro, bajo la fortaleza que quieres demostrar?" se preguntó Shizuru, observando el ligero tono rosado de sus mejillas, que iba desapareciendo. "¿Puedo confiar en ti, Natsuki?"

- ¿Uhm? – preguntó la morena, intentando con todas sus fuerzas volver a su estado de seriedad total, aunque sin saber por qué, con aquella mujer al lado le resultaba muy difícil reprimir su sonrojo. "¡Joder Kuga!, ¡espabila!"

- La reunión ya ha terminado, si te parece podemos ir a mi despacho, tengo que arreglar algunos asuntos allí, ¿de acuerdo?

- Sí, claro – dijo Natsuki, oficialmente en su estado de seriedad total. El cambio tan repentino de su modo de actuar frente a Shizuru, hizo que ésta última se sonriese a sí misma. "Adorable…"

De camino al despacho, Natsuki tuvo la oportunidad de observar el edificio por dentro. Bueno, al menos más detenidamente. En su carrera hacia él no había tenido tiempo para eso.

Los pasillos eran largos y anchos, iluminados por ventanas correderas grandes y también anchas.

La luz del sol entraba directamente, llegando a dañar ligeramente los ojos de ambas jóvenes.

Durante el trayecto, se cruzaron con varias personas que ibas de aquí para allá, algunos con papeles en la mano, otros hablando por el móvil mientras sostenía un maletín…

Y lo más sorprendente. Al cruzarse con Shizuru, todos la saludaban, como ansiosos por obtener un saludo por parte de la castaña, la cual lo ofrecía con gusto, dedicando una de esas sonrisas que iluminaban incluso más que el sol que cruzaba las ventanas. Pero había algo diferente en aquellas sonrisas. La calidez, la sinceridad. Natsuki sería seguramente de las pocas personas en poder dar aquella distinción. Y sintió cómo su pecho se sobresaltaba al darse cuenta de que ella sí había recibido al menos una de aquellas sonrisas que parecían hacerla sentir… diferente.

Una voz a la que ya se había acostumbrado la sacó de sus pensamientos.

- Natsuki ha estado mucho tiempo hablando por teléfono, ¿se aburría en nuestra pequeña reunión? – preguntó Shizuru, expresándose involuntariamente con un pequeño puchero.

Mientras caminaban, no había dejado de mirar a la morena, la cual, estaba tan inmersa en su diálogo interior que no se había dado cuenta. De esta forma Shizuru tuvo la oportunidad de admirar su lindo perfil, sus ojos verdes que destellaban a la luz del sol. Su figura, ataviada con aquella falda estrecha y aquella camisa, captó también su atención, quizás más de lo necesario. Cuando se dio cuenta de que había estado mirándola descaradamente, decidió tratar de distraerse entablando conversación con la agente, recordando que había salido de la sala durante casi media hora.

Estaban solas en el pasillo, por lo que no habría problema en hablar abiertamente.

- ¿Eh?, ah… ¡No! – dijo inmediatamente, al ver la expresión de Shizuru, ligeramente dolida, ligeramente. - ¡Nada de eso, lo juro! – Natsuki parecía realmente arrepentida por eso. ¿De verdad había pasado tanto tiempo fuera?

Ante las nuevamente coloradas mejillas de Natsuki, Shizuru comenzó a reír.

Aquella risa traspasó los sentidos de Nastuki, hasta el punto de sentir cómo le temblaban las manos. El pecho, como tantas otras veces, se le encogió fuertemente.

- Verás… - dijo Natsuki tratando de distraer sus propios impulsos de salir corriendo de aquel sonido que empezaba a impedirle respirar – Me han llamado de la comisaría – ante esta afirmación, Shizuru pareció recobrar algo de su seriedad, algo – No quería contártelo, la verdad… no quería preocuparte.

Mientras decía esto, Natsuki había mirado a Shizuru directamente a los ojos, donde volcó toda la preocupación que había estado guardando desde la llamada de Mai.

Shizuru vio sintió cómo su propia máscara comenzaba a fundirse en aquellos ojos verdes. "Natsuki…" El corazón comenzó a latirle con fuerza. Un grito ahogado se hizo paso por su garganta, aunque Natuki pareció no notarlo

- …pero supongo que no queda más remedio – continuó Natsuki, mirando otra vez hacia delante. "¿Cuándo hemos dejado de caminar?" – han… encontrado a Tate muerto esta mañana.

Shizuru parpadeó varias veces, confusa.

- ¿Es eso lo que te ha estado preocupando, Natsuki? – preguntó la castaña, algo incrédula.

- Él era el único que nos podía dar una pista sobre el tipo de la foto que tenemos – dijo la joven agente, mirando hacia el suelo, claramente fastidiada por eso – supongo que estabas enterada de lo de Kanzaki-

- Sí, la comisaria me habló de ello – corroboró Shizuru.

- Lo siento… - murmuró Natsuki – parecía que estábamos cerca… pero…

Su expresión seria, la preocupación pintada en sus delicadas facciones y en sus ojos, su empeño por protegerla… Shizuru sintió cómo el corazón se le salía del pecho. Alguien se preocupaba por ella, y parecía que de forma sincera. Desde que su padre había muerto, no se había sentido tan protegida, cuidada por alguien. Tal vez una de las razones de aquello fuese lo reservada que Shizuru Fujino era con los demás. El miedo de ser tan frágil que tememos a sentir cualquier tipo de alegría creyendo que tal vez pueda traernos dolor. El miedo a sufrir… en definitiva, a sentir.

La joven empresaria decidió ocultar la expresión vulnerable que se abría paso en su rostro irremediablemente. Aquella joven de ojos verdes, sin ni siquiera pretenderlo, estaba perforando poco a poco su tan trabajada máscara, su realidad hacia el mundo, ocultando la criatura frágil y necesitada de amor que gritaba desgarradoramente pidiendo salir. Shizuru había aprendido a no escucharla, a abandonarla desde que descubrió el dolor del sufrimiento, decidiendo pasar por alto cualquier sentimiento para no probar esa amargura nunca más.

Sin contestar a la morena, la castaña de ojos carmesí continuó andando. Natsuki quedó perpleja ante su silencio. "Ni siquiera ha dicho nada…". Ante ello, Nastuki frunció el ceño. "Totalmente ajena al peligro, tal y como me esperaba".

El resto del camino al despacho fue silencioso y algo incómodo. Y largo. ¿Tan grande era el edifico?

Llegó un momento en que solo se oían los tacones de ambas jóvenes. El eco de aquel sonido rítmico las acompañó hasta una gran puerta de roble, muy distinta a las demás que se habían visto durante el trayecto.

La castaña entró primero en su despacho, dejando la puerta abierta para que la morena entrase después y quedase contemplando la maravillosa habitación.

Enorme, luminosa (llena de ventanas correderas, mucho más grandes que las del resto del edificio) y llena de estantes con archivadores y montones de papeles ordenados alfabéticamente, con el cartelito de la letra correspondiente.

La mesa de Shizuru (el mueble más grande de la habitación) era pulida y oscura, con un enorme flexo a un lado, y varias plumas junto a él. Al otro lado, un teléfono. Sobre ella podían verse también varios montones de papeles. Pese a todo, la mesa parecía totalmente ordenada y limpia.

- ¿Natsuki? – la voz de la joven de ojos carmesí interrumpió sus observaciones – Podrás trabajar en esta mesa, o por lo menos fingirlo – dijo Shizuru, con una pícara sonrisa, señalando a una mesa al otro lado de la habitación. Ésta no era tan grande como la de Shizuru, pero aún así no dejaba de resultarle impresionante, para lo poco (o nada) que trabajaría realmente como secretaria.

Teléfono, ordenador (muy grande) y un gran flexo coronaban el mueble.

"Quizás pueda leer el periódico en esa cosa, aunque no sea muy aficionada a la prensa…" se descubrió pensando, observando impresionada sus "útiles" de trabajo.

- Ah, Shizuru – dijo de repente Natsuki, observando la mesa de la castaña otra vez – tú… tu ordenador…

Al comprender lo que la joven agente quería decir, la castaña contestó por ella con una radiante sonrisa, mostrando sus blancos y bien alineados dientes.

- ¿Te refieres a por qué no tengo ordenador? – la morena asintió, con algo de vergüenza manifestada en sus mejillas, lo cual agrandó todavía más la sonrisa de Shizuru – prefiero que mi secretaria atienda el correo, además no me gusta tratar a la gente a través de una pantalla. Y prefiero escribir con mi propia caligrafía, creo que eso te acerca mucho más a la gente y a tus… objetivos. ¿estás de acuerdo, Natsuki?

Estaba ese brillo en sus ojos. Unos ojos que sonreían por sí mismos, mientras los delicados rayos del sol todavía traspasaban con fuerza el cristal de las ventanas del despacho.

Y una vez más, Natsuki se encontró preguntándose a sí misma qué podría haber detrás de aquella imagen de pura dulzura, tras el reflejo de aquella mujer tan fuerte, al menos al exterior.


- ... así que, Natsuki, bienvenida a tu cuarto – dijo una emocionada Shizuru

Tras haber hecho un recorrido por toda la casa para que la joven agente comprobara que todo estaba en orden (y bueno, para verla también), la joven de ojos color rubí la acompañó hasta su propio cuarto, situado justo al lado del de Shizuru, pared con pared, y hacer así la vigilancia más fácil.

No distaba mucho del de Shizuru. Probablemente fuese incluso un poco más grande, ya que al parecer esa sala estaba destinada en un principio para una sala de estar.

Estaba totalmente vacía, a excepción de la cama, muy amplia, una mesita de noche, y un armario. La rapentina mudanza de la castaña no había permitido mayores decoraciones, razón por la cual la castaña se disculpó.

- No importa – respondió Natsuki con una sonrisa, debida a la clara preocupación de Shizuru por el posible disgusto de Natsuki ante ese hecho – es más que suficiente.

- Si es así… - murmuró la castaña, todavía no muy convencida. – Otra cosa – dijo de repente – tendremos que compartir el baño. No creo que sea muy cómodo para ninguna de las dos tener que bajar al de abajo todo el tiempo, así que mejor compartirlo, ¿estás de acuerdo?

Todas las situaciones posibles que podrían producirse al compartir baño con aquella mujer pasaron por la mente de Natsuki en un flash, y sin mayor explicación, sus mejillas se tornaron rosas.

Ante la curiosa reacción de la agente, Shizuru abrió sus labios para decir algo, pero decidió reprimirse. "Demasiadas bromas por hoy…" se dijo, complacida por la permanencia de el sonrojo en las mejillas de la mujer que tenía delante suyo.


- Entonces… lo mataste.

- Tuve que hacerlo

- ¿Sospechan de alguien?

- No… que yo sepa. Ah… antes de colgar…

- ¿Sí?

- Fujino está muy protegida ahora mismo.

- Lo sé.

-Tendremos que hacernos cargo de... sea lo que sea lo que la protege, ¿no te parece?

- Supongo que tienes razón

-Así pues... te necesito.