Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.

Advertencias: Contiene OoC. AU.

Adaptación del libro Anna vestida de sangre de Kandare Blake.


Sakura vestida de sangre

Capítulo 19.

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Después de un arduo trabajo por parte de todos, por fin los preparativos estuvieron listos.

Pero Sasuke tuvo que recostarse en el sillón, pues el dolor de cabeza y en su costado se intensificó.

Cerró los ojos y se sintió un poco mejor en la oscuridad.

—Intentaré aliviar tu dolor. —escuchó decir a Jiraiya, pero no se molestó en abrir los ojos. Lo sintió llegar junto a él.

Jiraiya masculló cánticos y luego embardunó la cara y pecho del chico con algo negro y ceniciento que olía como azufre. El dolor en la caja torácica del chico disminuyó. El dolor en su cabeza se redujo a un latido moderado, pero todavía era una molestia.

Sasuke abrió los ojos y vio preocupación y decepción en el rostro del anciano por los resultados.

—Habría funcionado mejor si hubiese tenido sangre fresca de pollo. —mencionó el abuelo de Naruto y se alejó hacia algún rincón de la habitación.

Y aunque el dolor seguía, Sasuke estuvo contento de que él no tuviera acceso a un pollo vivo. Qué espectáculo que habría sido.

Recordó las palabras de Obeahman: Que su mente sangraría por sus oídos o algo por el estilo. Esperaba que eso no fuera literal.

Mikoto estaba sentada sobre el sofá cerca de sus pies. Su mano empezó a frotar distraídamente la espinilla de su hijo.

—Siento lo del gato. —comentó Sasuke.

—Él fue nuestro gato. — ella contestó. —También lo siento.

—Intentó advertirnos. —dijo él. —Debería haber escuchado a esa pequeña bola de pelos. Yo realmente lo siento, Mamá. Voy a extrañarlo.

Mikoto asintió.

—Quiero que vayas arriba antes de que algo comience.—le pidió Sasuke. Ella asintió nuevamente, sabía que su hijo no podría enfocarse si estaba preocupado por ella.

—¿Por qué no me lo dijiste? — preguntó. —¿Qué lo buscaste todos estos años? ¿Qué pensabas ir tras él?

—No quise que te preocuparas. — respondió Sasuke, pero se sintió tonto al decir aquello, pues todo resultó ser peor.

La cara de Mikoto se tornó preocupada y miró más de cerca a su hijo.

—¿Qué? — preguntó él.

—Tus ojos están amarillos. —señaló Mikoto con los ojos humedecidos. —Es tu hígado y tal vez tus riñones. Están fallando. —mencionó con preocupación.

De repente un destello eléctrico afuera, llamó la atención de Sasuke.

—¿No es un poco tarde para la temporada de relámpagos? — preguntó él.

—No son relámpagos exactamente. Creo que nuestro niño trabaja con algún tipo de energía. —contestó Jiraiya desde la puerta de la cocina.

—Deberíamos de hacer el hechizo de convocación. —Sugirió Mikoto.

—Yo iré a buscar a Naruto. —dijo Sasuke levantándose con gran esfuerzo del sofá.

Subió la escalera silenciosamente. En lo alto, la voz de Ino se escuchó desde el interior de uno de los viejos cuartos de huéspedes.

—No sé lo que estoy haciendo aquí. —sonó asustada, pero también algo sarcástica.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Naruto.

—Vamos. Soy la maldita Reina de Promoción. Sasuke se parece a Buffy la Caza Vampiros, y tú y tu abuelito, y su mamá son todos brujos, magos o lo que sea, y Sakura es… Sakura. ¿Qué estoy haciendo yo aquí? ¿Cuál es mi papel?

—¿No lo recuerdas? — le preguntó Naruto. —Eres la voz de la razón. Piensas en las cosas que nosotros olvidamos.

—Sí. Y creo que voy a matarme. Solo yo y mi bate de aluminio. —ella rio.

—No lo estas. No lo harás. Nada va a pasarte, Ino. —prometió Naruto.

Sasuke se sintió como un intruso pervertido escuchándolos a escondidas. Decidió no interrumpirlos y no entró a la habitación. Su mamá y Jiraiya podían encargarse solos de los hechizos.

Así que dio media vuelta y bajó las escaleras. Caminó hacia el porche, necesitaba algo de aire fresco.

Cuando salió, jalando su chaqueta más apretada, vio a Sakura sentarse sobre la verja de hierro con una pierna. Ella observó el cielo, y su cara iluminada por el relámpago mostró temor y preocupación.

—Tiempo extraño. —comentó ella.

—Jiraiya dice que no es solo el tiempo. —le contestó él.

—Te ves un poco mejor.

—Gracias. —No sabía por qué, pero Sasuke se sintió tímido. Pero no era realmente el momento para eso. Sasuke se acercó a Sakura y pudo sus brazos en su cintura.

No había calor en su cuerpo humano. Cuando colocó su nariz en su pelo rosado, no hubo perfume. Pero la podía tocar, y había llegado a conocerla. Y, por a o b, ella podía decir lo mismo de él.

Percibieron un soplo de algo sazonado. Elevaron sus miradas. De una de las habitaciones de arriba emanaban unos zarcillos delgados de humo perfumado, que no se difuminaron con el viento, sino que en cambio se extendieron como dedos etéreos llamando a algo.

El hechizo de convocación había comenzado.

—¿Estás lista? —le preguntó Sasuke separándose de ella para que pudiera ponerse de pie.

—Siempre y nunca. —ella dijo suavemente. —¿No es lo que se dice?

—Sí. — contestó él. —Eso es lo que ellos dicen.

Sasuke se acercó a ella y la besó una vez más.

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—¿Dónde debería de hacerlo? —preguntó Mikoto desde el piso superior. Ella junto con Ino, Kiraiya e Ino observaban a Sakura y Sasuke desde el barandal.

Los últimos estaban en medio de la sala, él con el athame en mano.

—En algún lugar que parezca una herida mortal. —comentó Naruto.

—¿Por qué no en el interior de la muñeca? Es un clásico por una razón. —dijo Ino

Sakura se sentó en medio del piso. Ambos estaban nerviosos, y las sugerencias que llegaban desde el piso superior no ayudaban.

—No quiero lastimarte. — susurró Sasuke.

—No lo harás. No realmente.

Todo se volvió oscuro, y la seca tormenta eléctrica se movía cada vez más cerca de la casa en la colina. El cuchillo de Sasuke, normalmente tan seguro y estable, se estremeció y temblorosamente cortó el brazo de Sakura. Su sangre negra brotó en una espesa línea, manchando su piel y goteando sobre las tablas polvorientas del piso en densas salpicaduras.

El dolor de cabeza de nuevo atacó al chico, quien se esforzó para permanecer lúcido. Mientras ambos observaban la piscina de sangre, lo pudieron sentir, una especie de aceleración en el aire; alguna fuerza intangible que hacía que el vello en sus brazos y cuellos se erizaran.

—Él está viniendo. —dijo Sasuke, lo suficientemente alto como para que pudieran oírle desde donde estaban parados los otros. —Mamá, entra en una de las habitaciones traseras. Tu trabajo está completo. —indicó.

Ella no quería irse, pero se fue.

—Me siento enferma. — susurró Sakura. —Y me está tirando, como antes. ¿Cortaste muy profundo?

Sasuke tomó su brazo.

—No lo creo. No lo sé. — Estaba perdiendo sangre, que es lo que intentaban, pero había demasiada. ¿Cuánta sangre tenía una chica muerta?

—Sasuke. —llamó Ino. Había una alarma en su voz.

Sasuke no la miró. Miró hacia la puerta.

La niebla estaba llegando desde fuera del porche, filtrándose a través de las grietas, moviéndose como una serpiente rastreadora por el suelo.

La niebla hizo círculos alrededor de Sasuke y Sakura, quienes se arrodillamos, exhaustos, luciendo derrotados. Excepto que Sakura realmente lucía más muerta que lo usual. Ese plan podría fallar.

Y entonces la niebla tomó forma y frente a ellos estuvo de nuevo el Obeahman, quien miró de regreso con sus cosidos ojos.

Los cantos de Naruto y Jiraiya comenzaron y el fantasma rio.

—Átenme todo lo que quieran. —dijo. —Tendré lo que vine a buscar.

—Sellen la casa. —les gritó Sasuke a los de arriba. Se puso de pie. —Espero que hayas venido por mi cuchillo en tus tripas.

—Te estás volviendo inconveniente. —Mencionó el fantasma.

Y Sasuke dejó de pensar. Comenzó a luchar. Estaba arremetiendo, e intentando mantener el balance a través del palpitar en su cabeza. Estaba azotando y girando contra la rigidez en su costado y en su pecho.

Él era rápido, y ridículamente ágil para algo sin ojos, pero finalmente Sasuke pudo deslizar su cuchillo en su costado.

Él amagó hacia atrás y puso una mano muerta en la herida. El triunfo de Sasuke tuvo corta vida, antes de que supiera que ocurrió, él se abalanzó hacia adelante y lo golpeó contra la pared. Sasuke se deslizó por la pared.

—¡Átenlo! ¡Debilítenlo! — gritó Sasuke, pero mientras lo hacía el fantasma caminó hacia el sofá y lo levantó como si fuera inflable, luego lo lanzó hacia el segundo nivel.

Naruto, Jiraiya e Ino gritaron ante el impacto. No hubo tiempo para preguntar si estaban bien. El fantasma tomó por el hombro a Sasuke y lo alzó, después lo golpeó contra la pared.

Cuando el chico escuchó lo que sonó como ramas rompiéndose, supo que en realidad eran un montón de sus costillas. Tal vez toda la caja torácica.

—Esta daga es nuestra. —mencionó el Obeahman en el rostro del chico, humo dulce salió de entre las rancias encías. —Es como Obeah, es intencional, tanto tuya como mía ahora, y ¿Quién crees que es más fuerte? — Sobre su hombro Sasuke vio a Sakura.

Sus ojos se habían vuelto negros y su cuerpo retorcido, cubierto en el vestido de sangre. La herida de su brazo creció. Estaba mirando el suelo con una expresión vacía. Arriba vio el sofá lanzado y un par de piernas atrapadas debajo.

Y después una Amazona salió de la nada. Ino saltó por las escaleras, a medio camino de la pared. Estaba gritando. El Obeahman giró justo a tiempo para atrapar un bate de aluminio en su rostro, y le hizo más de lo que le hizo a Sakura, tal vez porque Ino estaba mucho más enfadada.

Él cayó sobre sus rodillas, y ella golpeó una y otra vez.

Sasuke no perdió oportunidad. Clavó su daga en su pierna y él aulló, pero se las arregló para sacar su brazo y agarrar la pierna de Ino. Hubo un estallido sonido húmedo, y finalmente Sasuke vio como era capaz de dar tan grandes mordiscos a las personas: tenía la mayor parte de su mandíbula desarticulada. Hundió sus dientes en el muslo de Ino, quien gritó presa del dolor.

—Ino. —gritó Naruto mientras cojeaba por las escaleras hacia abajo.

Sabiendo que no llegaría a ella a tiempo, no lo suficientemente pronto como mantener su pierna en una pieza, Sasuke se arrojó sobre el Obeahman, su cuchillo fue hacia su mejilla. Y podía jurar que vio caer toda su mandíbula.

Naruto llegó e Ino se aferró a él, quien intentaba alejarla del fantasma.

Sasuke torció su cuchillo en su boca, esperando para bien que no estuviera cortando a su amiga en el proceso, y soltó su mordedura con un golpe húmedo. La casa entera tembló con su furia.

El fantasma se las arregló para fijar a Sasuke debajo de él mientras Naruto arrastraba a Ino fuera del camino, así que él no vio lo que el chico miraba, que era un revoloteante, goteante vestido de sangre.

Sakura sujetó al fantasma por los hombros y lo lanzó contra la barandilla de las escaleras. Sasuke deseó que esa cosa tuviera ojos, para poder visto la sorpresa en ellos.

Sakura se había levantado de su charco, vestida para una pelea, con el cabello retorcido y venas negras. La herida en su antebrazo aún estaba sangrando. Ella no estaba muy bien.

En las escaleras, el Obeahman se puso lentamente de pie. Se quitó el polvo y enseñó los dientes. Los cortes en su costado y su rostro, la herida en su pierna, ya no estaban sangrando.

—¿Crees que puedes asesinarme con mi propio cuchillo? — preguntó altanero.

Sasuke miró a Naruto, quien se había sacado la chaqueta para atarla alrededor de la pierna de Ino. Si no podía matarlo con su daga, no sabía que más podía hacer. Había otras maneras de sacar a un fantasma, pero nadie ahí las conocía.

—No es tu cuchillo. —exclamó Sakura atrayendo la atención de Sasuke y el fantasma. —No después de esta noche. —Miró a Sasuke sobre su hombro y sonrió, solo un poco. —Se lo voy a devolver.

—Sakura. — empezó Sasuke, pero no sabía que más decir. Mientras todos observaban, ella levantó su puño y golpeó el suelo, enviando astillas y pedazos de madera rota hacia el techo.

Sasuke estaba confundido, no sabía qué estaba haciendo. Intentó levantarse, pero apenas pudo moverse.

Y después notó el suave, brillo rojo, como brasas.

Hubo sorpresa en el rostro de Sakura que cambió a un feliz alivio. La idea fue una jugada. Ella no sabía si algo ocurriría cuando abrió el agujero en el suelo. Pero ahora que había ocurrido, ella sonrió con suficiencia.

El Obeahman siseó y ella se adelantó. Aun cuando estaba débil, ella no tenía igual.

Intercambiaron golpes. Ella giró la cabeza solo para que él la golpeara nuevamente.

Sasuke tenía que ayudarla. No importaban los desgarros de sus propios huesos en los pulmones. Se transportó sobre su estómago. Usando su cuchillo como un pico de escalador de montaña, empujó y se rasguñó a lo largo del suelo.

Mientras la casa cambiaba, miles de tablas y clavos oxidados gruñeron fuera de tono. Sakura y el fantasma siguieron intercambiando fuertes golpes. Ella lo hacía volar por los aires para finalmente estrellarse en el suelo.

Sasuke estaba asombrado de que no se quebraran en pedazos sangrantes.

—¡Sakura! —Su voz fue urgente pero débil. No estaba tomando suficiente aire. Los vio luchar uno contra el otro, con muecas de tensión en sus rostros. Ella le hizo una llave a la derecha y a la izquierda; él gruñó y movió su cabeza hacia adelante. Ella tambaleó hacia atrás y vio a Sasuke, acercándose.

—¡Sasuke! — gritó a través de los dientes apretados. —¡Tienes que salir de aquí! ¡Tienes que sacarlos a todos!

—No voy a dejarte. — gritó Sasuke de regreso. O al menos pensó que lo hizo.

Su adrenalina estaba bajando. Sentía como que las luces estaban parpadeando dentro y fuera. Pero no iba a dejarla. —¡Sakura! —exclamó.

Ella gritó. Mientras su atención estaba en Sasuke, el bastardo le había desbaratado su mandíbula, y ahora estaba sujetado a su brazo, cavado como una serpiente. La visión de su sangre en sus labios hizo a Sasuke gritar furioso.

Empujó sus piernas debajo de él y saltó. Sujeto por el cabello al fantasma e intentó alejarlo de ella.

El tajo que hizo en su rostro se agitó grotescamente con cada movimiento. Lo cortó otra vez y usó el cuchillo para sacarle los dientes. Y junto con Sakura uso toda la fuerza que tenía para derribarlo. Él golpeó la escalera rota y cayo, tendido y aturdido.

—Sasuke, tienes que irte ahora. —señaló Sakura. —Por favor.

El Polvo empezó a caer a su alrededor. Ella le había hecho algo a la casa, abrió ese agujero incendiándose en el suelo, y ahora no podía deshacerlo.

—Vienes conmigo. —Sasuke tomó su brazo, pero tirar de ella era como intentar tirar una columna Griega. Naruto e Ino lo llamaron cerca de la puerta, pero parecía como cientos de milla de distancia. Ellos llegaron afuera.

En el medio de todo eso, Sakura estaba calmada. Puso su mano contra el rostro de Sasuke.

—No me arrepiento de esto. — susurró con mirada tierna.

Después se endureció y lanzó a Sasuke por la habitación, hacia la salida. Él rodó, y sintió el enfermo arrugue de sus costillas. Cuando levantó su cabeza, vio a Sakura avanzar hacia el Obeahman, aún tumbado boca abajo donde lo arrojaron al pie de las escaleras. Lo sujetó de un brazo y una pierna.

El fantasma comenzó a agitarse cuando ella lo arrastró hacia el agujero en el piso.

Sasuke pudo percibir a través de sus cosidos ojos el miedo. Él vertió golpes en el rostro y hombros de Sakura, pero sus golpes no parecían enojados ya. Lucían defensivos.

Sakura se lanzó con él dentro del agujero, que iluminó a sus víctimas.

—¡Sakura! —gritó Sasuke cuando la casa comenzó a sacudirse. Pero no pudo levantarse. No podía hacer nada más que mirarla hundirse lentamente, verla arrastrarlo mientras arañaba y rasguñaba e intentaba liberarse.

Sasuke se arrojó hacia la casa. Tenía sabor a sangre y pánico. Naruto lo detuvo de los hombros, estaba intentando sacarlo, justo como lo hizo la primera vez que estuvo en la casa. Pero está vez Sasuke luchó contra él.

Finalmente Naruto se rindió y corrió por las escaleras, donde Mikoto estaba gritando por ayuda mientras la casa crujía. El polvo estaba haciendo más difícil observar, más difícil respirar.

—Sakura, por favor mírame de nuevo. —suplicó Sasuke parado cerca de la puerta.

Pero ella apenas era visible ya. Se había hundido tan profundo que solo unas pocas hebras de cabello aún se retorcían sobre el suelo.

Naruto volvió a colocarse detrás de él, empezó a tirar y arrastrarlo fuera de la casa. Por impedirlo, Sasuke sin querer, le hizo un corte con su cuchillo.

Pero el rubio se las arregló para arrastrarlo hacia el patio. Mikoto estaba sujetando a Jiraiya, e Ino estaba cojeando en una pierna.

—Suéltenme. — gruñó desesperado Sasuke, luchando por liberarse para correr hacia Sakura.

—Oh. —exclamó Ino.

Sasuke alzó la cabeza para mirar la casa. Estaba llena de luces rojas. La casa entera latía como un corazón, arrojando un brillo en el cielo nocturno. Después se derrumbó con un enfermo estruendo, las paredes succionándose a ellas mismas y colapsando, enviando hongos de polvo y astillas voladoras y uñas.

Alguien lo cubrió para protegerlo de la explosión.

El suelo se humedeció por las lágrimas de Sasuke, él quería verla. Quería verla a ella, una última vez.


Gracias por sus comentarios, disculpen que no los pueda contestar en esta ocasión.

Saludos. Muchas gracias por leer.