Lamento el excesivo retraso y demorarme tanto en actualizar T^T Fue una mezcla de falta de inspiración, vagancia y pruebas en la U con resultados no muy agradables que terminaron deprimiéndome ¡pero! eso no es excusa y en verdad les pido disculpas, y como compensación les traigo este capitulo mas largo de lo usual, para que se estresen y lloren conmigo xD Broma, espero que disfruten el último capítulo ^-^
Día seis: Parte III.
- Admiro tu valor Iwa-chan, pero temo decirte que esto se acaba aquí y ahora – rió macabramente, como el villano de una película de muy bajo presupuesto.
- Me gustaría ver que lo intentaras, cuando acabe contigo rogaras por piedad – le sostuvo la mirada desafiante al igual que el castaño.
- ¡Ha! Solo oigo palabras vacías, puedo asegurarte que estas temblando ante mi magnificencia y poder.
- Eres tú el que solo habla y no hace nada – contratacó, molestando severamente a su adversario.
La tensión entre ambos muchachos era inmensa, que cualquiera que tuviese un cuchillo podría cortarla con bastante facilidad, pero porque era tan intensa y perceptible, nadie a su alrededor se atrevía a moverse o emitir palabra alguna, ni siquiera los padres de los niños que estaban dentro de los otros autos chocones.
- ¡Aquí voy! – gritó con potencia, pisando el pedal a fondo para embestirlo con todo.
Iwaizumi le imitó casi de inmediato, rápidamente encontrándose ambos a la mitad de la pista, estrellándose fuertemente, sacudiéndose y golpeándose contra el manubrio del vehículo. Ambos rieron vivamente, saliendo a duras penas de allí a causa del dolor, pero aun así se divertían como dos pequeños niños… disfrutando de aquello como los mejores amigos que siempre habían sido.
- Creo que me rompí una costilla – se quejó Oikawa sobándose el costado una vez estuvieron fuera del campo de batalla – eres un bruto, Iwa-chan – el chico a su lado por su parte solo se dedicaba a masajear su cuello, dedicándole una mirada de reproche.
- Tu comenzaste – bufó con su ceño fruncido.
- Y tú me seguiste el juego – odiaba cuando tenía razón, pero simplemente le era imposible no dejarse llevar por los caprichos del castaño, sin embargo eso no significaba que no le fastidiara.
- No pude evitarlo, tu molesta y estúpida cara me provocaron – lo dijo con tal franqueza y naturalidad, que Tooru fue incapaz de replicar, haciendo un enorme mohín a modo de protesta.
- ¡Siguiente! – y sin importarle la opinión de Hajime, tomó su mano, arrastrándolo a su próximo destino.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
- I-Iwa-chan – le llamó con voz queda y temblorosa, temiendo que no solamente el chico a su lado lo oyera, sino además cualquier cosa que pudiera esconderse en aquella profunda y espesa oscuridad.
- Si ibas a comportarte como una completa gallina, no debiste haber insistido en entrar a esta mansión embrujada – se burló riendo entre dientes, contemplando de soslayo al muchacho que temblaba peor que una gelatina.
- ¡No soy una gallina! – Su voz no sonaba para nada convincente – n-no estoy ni lo mas remotamente a-asustado – trató de lucir tranquilo, pero perdió toda su fingida compostura al oír un grito agudo y lastimoso en la lejanía, de esos que erizan hasta el último pelo de tu piel – pe-pero ¿puedo tomar de igual forma tu mano? No porque tenga miedo o algo parecido – y aunque el moreno no lo aceptó ni rechazó, Oikawa ya sujetaba su brazo como si su vida dependiera de ello.
- Lo que digas conejito, solo asegúrate de no arrancarme el brazo – le pidió mofándose sin disimulo, sonrojando y avergonzando al setter, haciendo que lo soltara y retrocediera unos cuantos pasos.
En el preciso instante en que abrió la boca para quejarse e insultar al atacante, un llanto cargado de dolor y arrepentimiento inundó el lugar, interrumpiendo abruptamente su berrinche. El armador giró su cabeza en cámara lenta hacia aquella dirección, hallando una muñeca de porcelana, que pese a que era iluminada vagamente por un farol, se notaba claramente el mal estado de su vestimenta, toda ensangrentada, y la cual al darse cuenta que era observada, soltó un grito, desapareciendo nuevamente en la oscuridad de la estancia.
Uno, dos, tres, y los agudos y ensordecedores gritos de Oikawa no se hicieron de esperar, literalmente casi destrozándole los tímpanos a Iwaizumi, a quien uso de escudo al refugiarse tras él, enterrando su rostro en su espalda, desordenando su ropa casi por completo en el proceso.
- ¿Estás seguro de que no tienes miedo Bakakawa? Porque a mí me parece exactamente lo contrario – jactó socarronamente.
- ¡No te rías de mi Iwa-chan! ¡Eso fue realmente aterrador! – intentaba convencerlo, mas Hajime continuo riéndose descaradamente.
- Para nada, solo admite que eres un miedoso.
- ¡No es…- mas no siguió discutiendo al notar cierto detalle en particular que hacia su compañero, pequeño, casi imperceptible, seguramente hecho de manera inconsciente, pero aun así no pasó desapercibido ante la gran percepción del capitán de Seijou – Iwa-chan ¿podría ser que estas temblando? – sabía que terminaría gravemente lastimado, pero al verlo sobresaltarse, sabia también que había dado en el clavo.
- ¿De-de que e-estás hablando idiota? – su voz se quebró una fracción de segundo, pero fue suficiente para darle aún más la razón al castaño.
- Dicen que ver a alguien más asustado que uno, hace que actúes de forma valiente, ocultado tu propio miedo… ¿podría ser este tu caso y que el valiente de Iwa-chan este igual de asustado que un conejito?
- Estas e-equivocado – nuevamente fue traicionado por su voz, por lo que Tooru sonrió victorioso – el único co-conejito asustado eres tú – sentencio cruzándose de brazos en el vano intento de demostrar lo contrario.
- ¡¿Qué es eso?! – exclamó repentinamente horrorizado, apuntando hacia su dirección opuesta, provocando que Iwaizumi instintivamente siguiera aquella dirección.
- E-estas imaginando cosas maldito idiota – refutó perturbado y a la vez aliviado de que no hubiese realmente algo aterrador – estas comenzando a alucinar a causa de tu cobardía – mas Tooru ya no se hallaba detrás suyo cuando se volteó a confrontarlo - ¿Oikawa?
Únicamente fue el silencio lo que reino tras llamarlo, y sumándole el hecho de que estaba completamente a oscuras, impidiéndole distinguir la más mínima silueta; comenzó a poner bastante intranquilo al As de Aobajosai.
Continúo llamando a su capitán, y en cada ocasión con más desesperación en su voz, pero sin llegar a los gritos, su orgullo jamás le permitiría llegar a esos extremos y verse tan frágil.
- Aquí estoy Iwa-chan – aquella cantarina e irritante voz fue la nana que calmó sus nervios.
Se giró soltando mas de algún insulto dirigido al castaño por no responder cuando lo llamaba (nunca en su vida diría que fue por dejarlo solo), mas cuando sus ojos se posaron en su "rostro", hallando esta vez no la irritante y boba sonrisa de Oikawa, sino un hocico puntiagudo repleto de afilados colmillos, brillantes ojos amarillos (técnicamente uno solo ya que el otro lo tapaba un parche; pelaje marrón con numerosas manchas de sangre… definitivamente no era la cara de Tooru, mas bien lucia como uno de los animales psicópatas que salía en uno de los juegos de Matsukawa (*).
Fue el turno de Iwaizumi esta vez de romper la quietud del lugar con sus gritos ante la aparición de dicha criatura.
Oikawa por su parte, se quitó la máscara tras incorporarse para masajear de mejor forma la mejilla que fue víctima del puño de acero del moreno, mientras esbozaba una sonrisa de oreja a oreja, viéndolo huir a toda prisa por el pasillo. Podía haberlo tirado al piso y dejarlo adolorido por el golpe, pero no podía sentirse más satisfecho y orgulloso al lograr aquella reacción tan adorable y única en el terco de Hajime. Y si Tooru tenía que ser golpeado nuevamente para lograr repetir tal situación histórica…. Bueno, él estaba dispuesto a pagar con gusto el precio.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
Cuando ambos lograron reunirse una vez más, ya fuera de la aterradora mansión embrujada, el sol comenzaba a desaparecer de su vista, pintándose el cielo de diversos matices rojizos y anaranjados, indicándoles la pronta llegada de la noche y por ende, el término de su salida.
Comenzaron a caminar, buscando algún juego que llamase su atención y que no hubiesen probado todavía, el cual seguramente sería el último en el que se subirían.
- Por cierto ¿de dónde sacaste la máscara de antes? – preguntó nada más para deshacer el incómodo silencio formado, aunque en verdad aquello si le daba curiosidad.
- Bueno…- Oikawa se sujetó el mentón pensativo durante unos segundos, antes de sonreír de lado, mirándolo directamente – del mismo lugar de donde tu sacas los balones de vóley para golpearme – respondió con burla, quizás como una especie de venganza ya que Iwaizumi nunca contestaba sus preguntas.
- Touché – en vez de molestarse y gritarle, le divirtió la respuesta del setter, y prefirió no insistir, manteniendo el misterio como él lo hacía con sus balones.
- ¿Eh? ¿Qué tiene que ver aquí un estuche? – quiso golpearse el rostro con su mano por la incorregible estupidez de su amigo.
- Idiota tenías que ser – suspiró rendido a la idea de que esa actitud jamás cambiaria.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
El cielo estaba ya completamente negro y cubierto de brillantes estrellas cuando sus pies los llevaron a la última atracción del día, la enorme, brillante y famosísima rueda de la fortuna… porque que mejor juego para dar cierre a tan maravillosa y mágica velada… además de ser una situación completamente cliché en una comedia romántica.
Por la hora, solo había unas cuantas personas formadas, y obviamente por la índole del juego, solo eran parejas melosas, colocando a los dos chicos en una escena bastante embarazosa, sintiéndose un poco fuera de lugar, puesto que por el momento aun solamente los unía un fuerte lazo de amistad y compañerismo, nada de naturaleza romántica.
- ¿Estás seguro de querer subir a esto? – para su asombro, fue el mismo Oikawa quien cuestionó la idea de subirse a la noria.
- ¿No quieres?
- No es eso, pero es que este lugar es mas para…- contempló con melancolía a la pareja frente a ellos, incapaz de completar aquella cruel oración que le restregaba en la cara la cruda realidad.
- Pues yo sí quiero subir – admitió tranquilamente, comprendiendo perfectamente la consternación del castaño – la vista en la cima debe ser espectacular y única ¿seguro que quieres perderte algo así? – preguntó con una tenue y casi imperceptible sonrisa.
- ¡Por supuesto que no! – contestó exaltado, sonrojado y algo nervioso, la dulce y repentina sonrisa de Iwaizumi siempre lograba descolocarlo de esa forma.
Los minutos continuaron transcurriendo, y entre los nervios de Tooru y la expectación de Hajime, su turno no tardo demasiado en llegar.
- Cuidado con su cabeza al subir – les advirtió la joven mujer uniformada, portando una amplia y brillante expresión de júbilo, abriéndoles la puerta para que ingresaran.
- ¿Eh? – y como Oikawa aún seguía con la mente en la luna, poniendo cero atención a lo que hacía, se dio de lleno en la frente con el umbral, tambaleándose adolorido.
- ¿Se encuentra bien señor? – preguntó la mujer verdaderamente preocupada, sin embargo no logró colocar siquiera un dedo sobre el armador, ya que Iwaizumi lo jaló del brazo, sentándolo bruscamente frente a él.
- No se preocupe, lo peor que podría pasar es que quede mas idiota – espetó con sorna, haciéndola reír, y que el otro refunfuñara por lo bajo.
El juego no tardo en ponerse en marcha, meciendo las cabinas con suavidad mientras ascendían lentamente hasta la dichosa y alta cima.
Ellos por su parte al ser incapaces de entablar una conversación banal o mirarse siquiera, optaron por contemplar el paisaje repleto de luces y estrellas en lo alto.
- ¿Sabes? – Tooru se aclaró la garganta, todavía nervioso y temeroso de pronunciar sus siguientes palabras, no quería decir nada equivoco, conduciéndolo a un resultado desastroso – no creí que esto saldría tan bien… y mucho menos cuando llegue tarde a la estación – admitió riendo con torpeza, sin valor de despegar la vista de la ventana – pensé que me patearías por eso… "peor, que ni siquiera te presentarías" – pensó con amargura lo último.
- Si, no sé qué diablos me paso ahí – concordó burlesco – seguramente se me terminó contagiando algo de tu infinita estupidez – aseveró, siendo el primero en atreverse a mirar a su acompañante.
- Hemos pasado muchos años juntos, es normal que se te pegase algo – rio sintiendo su cuerpo relajarse, permitiéndose mirar directamente al otro en esta ocasión – pero me alegra que pasara, si eso hizo que disfrutaras este día tanto como yo – confesó dibujándose una amplia, sincera y gentil sonrisa en su rostro, aquellas tan raras de presenciar y le quitaban el aliento a cualquiera, incluyendo a Hajime.
- Por primera vez en mucho tiempo no estuvimos pensando en vóley, comimos muchas cosas deliciosas y me divertí tanto por los juegos como por tus sandeces… quizás no haya sido perfecta… - la cara de todas las chicas que se toparon durante el día y que babearon por el castaño, cruzaron involuntariamente por su mente, mas luchó para no darles mayor relevancia… no por el momento – pero fue una buena cita – declaró con sus mejillas ligeramente sonrojadas, bajando la mirada claramente avergonzado de lo dicho.
-Iwa-chan~, es muy malo para mí y mi corazón que te comportes tan lindo y adorable – le reprochó haciendo mohín.
- ¡¿Hah?! – Aquel tono escarlata en su rostro se extendió hasta sus orejas - ¡¿E-estás ciego acaso?! – sentía su cara arder por la vergüenza provocada por las simples palabras del otro.
Una suave risa escapó de su boca, enternecido de la exagerada y esperable reacción del moreno, quien sintiéndose cada vez mas avergonzado y confundido del extraño actuar de su capitán, se hundió en su lugar, cortando todo contacto visual.
Oikawa dejó su lugar, consciente de que Iwaizumi registraba de reojo cada uno de sus movimientos. Se instaló a su lado, colocando su mano sobre la del moreno que reposaba convenientemente sobre el asiento, acción que obviamente lo hizo respingar por la sorpresa, mas no hizo ademán de apartarla.
- Hoy fue un gran día… me divertí contigo como no lo hacía hace años – apretó la mano, pero no con la suficiente fuerza como para lastimarlo – me arrepiento de no haberlo hecho antes… - afirmó con tristeza, con la mirada clavada en el piso.
- Oikawa, yo-
- Siendo honesto… me arrepiento de muchas cosas – aclaró serio, confrontando esta vez los ojos de Hajime – no debí haber dejado ir tu mano ese día… nunca debí haberme permitido hacerlo.
- No lucias muy afectado tampoco cuando lo hiciste – un torrente de nervios recorrió su cuerpo, haciéndolo estremecer.
- Sabes tan bien como yo que mi orgullo me hace actuar como un total idiota.
- Eres idiota de nacimiento, no trates de excusar tu estupidez.
- Es por esa misma razón que no volveré a cometer el mismo error y lo enmendaré… sí me das la oportunidad para hacerlo… y por eso – con su mano libre, acarició dulcemente una de las mejillas del moreno, acercando peligrosamente su rostro al ajeno – sal conmigo Iwa-chan – más que pregunta, sonó a orden, sin embargo el ligero tono de súplica no pasó desapercibido para los oídos de Hajime.
La intensidad con que lo contemplaban aquellas irises marrones, sin permitirse dejar escapar ni el más mínimo detalle o movimiento que hacía, lograban colocar a Iwaizumi cada vez más inquieto y avergonzado, afectado también principalmente por las directas palabras pronunciadas por el setter.
Su cerebro terminó por fundirse al sentir la nariz de Tooru rozar la suya y su tibio aliento acariciar su rostro hasta mezclarse con el propio, mientras se perdía en aquella sagaz y decidida mirada, la cual era enteramente para él en ese momento. Sintió que finalmente cedería, aturdido e hipnotizado por todo ello, que finalmente se entregaría nuevamente al castaño… o eso esperaba.
Sin embargo sus labios no fueron capaces de tocar los de Iwaizumi. Lo único que lograron rozar fue la mano que este utilizó para evitar el contacto y mantener una distancia prudente entre ambos para encararlo.
- Lo siento Oikawa, pero…- el castaño retrocedió incrédulo de lo que acababa de ocurrir, forzándose a escuchar el por qué lo rechazó cuando todo había ido tan bien.
- ¿Pero? – al ver que el otro lucia tan acomplejado, le insistió a que continuara… aunque aquello le causara un inmenso temor.
- Pero no será así Oikawa… no saldré contigo – sintió su corazón quebrajarse sin piedad alguna, frente a la firme resolución del rematador estrella.
- ¿Po-por qué? Dijiste que te divertiste, di-dijiste que había sido una buena cita – le recordó con voz temblorosa.
- Lo hice – concordó con una vaga sonrisa.
- ¿Por qué dices eso entonces? – Le cuestionó en completo pánico – dime por qué me estas rechazando así.
- Es precisamente porque la pasamos bien juntos que quiero que sigamos siendo amigos - su estómago se retorció dolorosamente – no quiero que nuestra relación vuelva a cambiar – una potente punzada atravesó su ya desquebrajado corazón al oír aquello.
- Pe-pero Iwa-chan-
- Es lo mejor Oikawa – sentenció cortante.
- ¡¿Mejor para quién?! – No podía aceptarlo, no quería hacerlo – quizás lo sea para ti, pero para mí...– se sentía lastimado y molesto, con su voz a punto de quebrarse.
- Entiéndelo-
- ¡No puedo ni quiero hacerlo! – Alzó la voz, dejando su puesto y plantándose de pie frente al moreno – dime Iwa-chan ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué debo hacer para que estemos juntos? – cubrió su rostro con ambas manos, desesperado por una respuesta.
- No se trata de lo que yo quiera o de lo que tu hagas – negó moviendo la cabeza lentamente – desde un principio esto estaba destinado a fallar… y no quiero pasar por esto otra vez – Tooru se tensó, apretando fuertemente la mandíbula – me elegiste porque era más sencillo de esa forma, pero de igual forma puedes salir con alguna de tus interminables admiradoras sí te surge la necesidad – pronunció lo último con desdén, mas Oikawa estaba sumido en enojo e incredulidad.
- Puedes decir lo que se te antoje para rechazarme – el juego se detuvo con ligera brusquedad, pero el castaño mantuvo el equilibrio sin mayor complicación – pero ni siquiera tú tienes el derecho de poner en duda mis sentimientos por ti – sentenció elevando el rostro para encararlo con sus ojos parcialmente cristalizados, a punto de romper en llanto, descolocando completamente al moreno.
- ¿Señor? – ninguno se había percatado que la mujer había abierto la puerta hace bastante rato, pero no se había atrevido a soltar palabra alguna por la intensidad del ambiente entre ellos.
- Si ibas a decir esto desde un principio, sin importar lo que yo dijera o hiciera, no debiste haberme dado falsas esperanzas – dicho esto, cortó el contacto visual, abandonando rápidamente la cabina – pareciera como si no supieras de quien estoy enamorado – espetó como últimas palabras, antes de alejarse a toda velocidad del lugar.
Iwaizumi se recargó con pesadez en el respaldo, llevando una de sus manos al rostro, riendo por lo bajo de manera tosca, seca y dolorosa, todo había salido mucho peor de lo que había previsto, sin embargo, y por mucho que se arrepintiera de haber sido él el causante de la expresión lastimosa que le dedico el castaño antes de marchar, no había vuelta atrás.
- Idiota – masculló al aire, sintiéndose cada vez peor, como si una parte de él se hubiese roto en pedazos – hice lo que hice porque no tengo la seguridad de que me seguirás eligiendo con todas esas faldas corriendo tras de ti… eres tú el que no sabe de quién estoy irremediable y estúpidamente enamorado…
- ¿Se encuentra bien? – la mujer estaba preocupada después de todo lo que había presenciado. Hajime solo la miró, sonriendo dolorosamente.
- Sobreviviré – respondió colocándose de pie y saliendo finalmente de allí – siempre lo he hecho – dijo más para sí que para la chica, iniciando así su marcha de regreso a casa.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
Hanamaki, Watari, Kunimi y Kindaichi habían decidido pasar la tarde jugando videojuegos en la casa de Matsukawa, ya que sería más sencillo y expedito acudir al llamado de su capitán, puesto que estarían todos ya reunidos, además de que la casa del azabache era la más cercana al lugar de la dichosa cita.
- ¿Cómo creen que le esté yendo a Oikawa-san? – preguntó Kindaichi de la nada, maniobrando el control de la Wii para hacerse con el primer lugar en el Mario Kart.
- Supongo que bien, pues no ha llamado o enviado algún mensaje llorando por lo contrario – aseguró Makki, lanzando un caparazón rojo, arrebatándole el puesto al de primer año.
- ¡Eso no se vale! ¡Acabo de caerme por su culpa! – reprochó frustrado, intentando adelantar a los numerosos autos que lo sobrepasaron.
- Estas a siglos para ganarme en esto, novato – proclamó burlesco, cruzando la meta.
- Se están tomando un simple juego demasiado enserio – aseveró indiferente Kunimi.
- No vengas a hacerte el maduro, cuando prácticamente destrozaste a Watari-san para adelantarlo – se mofó Yuutaro, haciendo sonrojar al chico, que no dudo en aventarle el mando a la cara.
Todo el cuarto se llenó de risas y burlas, molestando a los de primero, quienes no le dieron mayor importancia, uniéndose rápidamente a ellos. Mas todo quedó en silencio cuando Matsukawa se levantó y apagó el televisor sin previo aviso, ganándose numerosos abucheos por parte del equipo.
- Se acabó la hora de juegos, señoritas, hemos sido convocados – sentenció lanzándole su teléfono al colorín, quien leyó aquel mensaje en voz alta al comprobar de quien era.
- 'Los espero en la plaza que está cerca de la casa de Mattsun en 15 minutos' – todos intercambiaron miradas entre ellos, apagando la consola y poniéndose de pie rápidamente – supongo que no salió tan bien como creíamos – aseguró colocándose su abrigo, ya que afuera estaba completamente oscuro y frio.
- ¿Deberíamos llevar helado para consolarlo? – cuestionó el dueño de casa, saliendo de esta tras el resto.
- Dejemos las bromas para cuando esto realmente se solucione – propuso Akira, emprendiendo la marcha junto al resto.
No tardaron en visualizar su destino luego de unos siete minutos caminando, y al adentrarse en esta, distinguieron a su capitán sentado melancólicamente en uno de los columpios, sumido en sus pensamientos con la mirada clavada en el suelo.
- Llegaron rápido chicos, siempre eficientes en los momentos cruciales – al oír sus pasos acercándose, levantó con pesadez el rostro, sonriéndoles lastimosamente.
- No hagas eso, luces mas horrendo de lo normal con esa patética mueca en tu rostro – le recriminó serio y molesto Hanamaki de que intentara fingir aun cuando se notaba a kilómetros que sus ojos estaban rojos de tanto llorar...
- Perdón, los viejos hábitos son difíciles de erradicar – aquella expresión se esfumo a medida que bajaba la mirada.
- Para que luzcas tan abatido, que ni siquiera puedas fingir como usualmente lo haces, tiene que haber ocurrido algo verdaderamente malo – los dos de tercero se sentaron en los dos columpios restantes, uno a cada lado del setter – y eso que habías mandado un mensaje todo rosa en la tarde, alardeando lo grandioso que iba todo – finalizó Matsukawa.
- Exactamente qué fue lo que ocurrió – se aventuró a preguntar el líbero.
- En resumen, me mando directo a la friendzone – explicó con tristeza remarcada en su voz.
- ¿Así de simple?
- Así tal cual lo oyen – reafirmó Oikawa, soltando un largo y profundo suspiro.
- Seguramente lo enfureciste haciendo lo que normalmente haces…
- Ser un completo idiota – completó Hanamaki, ganándose una mirada de reproche por parte de Oikawa, quien luego sonrió sin ánimos.
- ¿Tan mal salió? – a su pregunta, Kindaichi recibió primero un enorme suspiro como respuesta.
- Salió excelente – corrigió Tooru sin levantar la mirada, meciéndose suavemente – nos divertimos como no lo hacíamos desde hace años, literalmente parecíamos dos mocosos corriendo y gritando por todos lados… pero… - su labio inferior temblaba a medida que su voz se quebraba - … pero cuando lo intente besar, me dijo que lo mejor era permanecer siendo amigos… - expresó con amargura – me dijo que lo nuestro nunca tuvo ni tendría futuro, así que simplemente eligiera a alguien más si necesitaba desahogarme – concluyó con burla, con ira y desprecio.
- ¿Terminaste nuevamente rodeado por chicas?
- No, me comporte como un total caballero durante todo el día, incluso no cedí ante las ruidosas chicas del metro o las de la cafetería, quienes apropósito no paraban de parlotear acerca de no…- abrió los ojos desmesuradamente ante aquel pequeño detalle, que ya no lo parecía tanto ahora.
- Así que si había algo – Oikawa pasó repetidas veces sus manos por su cabello, revolviéndolo con frustración.
- Maldición, soy un completo idiota – gruñó fastidiado de no haber visto algo tan simple y obvio – quien creería que con su carácter y agresiva apariencia, Iwa-chan resultara ser tan inseguro – realmente se sentía el ser más estúpido por haber estado en las nubes y no haber notado aquello antes.
- ¿Y qué harás ahora? – todos estaban curiosos y expectantes ante su siguiente paso.
- Mi última jugada – murmuró elevando la vista, contemplando el inmenso firmamento nocturno sobre ellos – mañana será la última.
- ¿Va a darse por vencido Oikawa-san? – El tono de Watari salió con gran preocupación – usted mejor que nadie sabía que sería un reto convencer a Iwaizumi-san.
- El chico tiene razón – secundó Issei igual de alterado – no puedes tirar por la borda todo tu esfuerzo solo porque no se lanzó a tus brazos como esperabas – Tooru negó con lentitud.
- Sé que mi actitud y mi irremediable popularidad han sido las causantes de todo este lio – inspiró profundamente antes de seguir – pero exponer tantas veces mis sentimientos para ser ignorado, golpeado y rechazado, es más doloroso de lo que podrían imaginar – nadie se atrevió a decir algo, no sabían que decir o hacer , nunca habían visto a su capitán así.
- Pero-
- Aun así yo nunca hable de rendirme – sonrió arrogante, balanceándose con mayor fuerza en el columpio – mañana será la última, porque será tan grandiosa e increíble que al terco de Iwa-chan no le quedara de otra más que decirme que si – dio un gran salto, haciendo un aterrizaje perfecto.
- ¿Qué ridiculez tienes en mente esta vez? – todos le siguieron, formando un pequeño círculo.
- Quizás la más vergonzosa hasta ahora – la sonrisa sádica que les dedico los hizo temblar internamente – y necesitare que todos ustedes la ejecuten conmigo – y fue justo en ese momento que el grupo se arrepintió de involucrarse en aquel descabellado plan de Oikawa… nuevamente.
(*)Para los que no lo conocen, se trata del maldito de Foxy, del juego Five Nights at Freddy's, un juego de terror bastante popular.
Por las dudas, era broma lo del último capítulo así que no me maten :c
Sinceramente me dieron ganas de golpear a Iwa-chan, pero luego recordé que todo por el bien de esta historia, además lo amo así que no podría hacerlo *^*
Espero que hayan disfrutado y nuevamente me disculpo por la tardía actualización, pero no puedo prometerles que la siguiente no sera una agónica espera, ya que ese si seria el climax y final de este fic...
Como siempre, muchas gracias por leer y su infinito apoyo y paciencia, ademas de sus hermosos reviews que siempre son un grato gusto leer, y nos leemos en la próxima actualización
Bye bye ^^
