Capítulo 3

Vaya, no estaba nada mal para ser el primer día en Londres. Dos silbidos en el metro, ropa nueva y un corte de cabello que le parecía maravilloso.

Vio la dirección nuevamente y ubicó la casa. Era muy hermosa, de colores claros y moderna. La entrada le recordaba un jardín de cuento. Para nadie era secreto que Albert tenía fascinación por las plantas y la naturaleza.

Entró por la puerta trasera pues no había nadie y encontró una nota al llegar a las escaleras con la caligrafía de su anfitrión.

"Hola Candy, tu cuarto es la Segunda puerta a la derecha arriba. Te dejé toallas sobre la cama por si quieres ducharte y hay té, vino y lo que necesites en la cocina"

Candy sonrió y subió las escaleras.

Se quedó maravillada por lo linda que era su habitación. La enorme cama y los almohadones, el espejo, el baño que era un sueño y así después de acomodar sus cosas momentáneamente sobre la cama se dispuso a disfrutar de un baño de burbujas.

Sus músculos se relajaron de inmediato y saboreó la suerte de estar ahí. Ese sería su espacio por dos semanas, sólo de ella y para ella.

Recién salía cuando tuvo que contestar el teléfono que sonaba insistente.

-Hola Candy, llegaste temprano.

-Sí …

-Estaré en casa en 15 minutos. No te perdiste ni hubo problemas ¿verdad?

-No Albert y gracias por hacerme sentir como una pueblerina …

La risa del rubio sonó en el auricular y la llamada se cortó. ¿Quince minutos? Imposible volver a adquirir la imagen con que había llegado. Quizá no era tan fácil poner el delineador color berenjena como le habían dicho y tampoco terminaría de arreglar su cabello como lo había hecho la estilista.

No había más remedio. Se puso unos jeans, una sencilla playera de algodón y con una horquilla separó el cabello de su frente deteniéndolo hacia un lado. Su cara sin una gota de maquillaje y descalza. No era lo que había pensado para su encuentro con Albert pero … en fin … tampoco esperaba que él se arrodillarse a sus pies rendido por su belleza …

Unos cuantos minutos más tarde llegó el dueño desabrochando su corbata.

-Hola Candy.

-¿Tuviste un buen día querido? No deberías trabajar los domingos – comentó en tono de burla.

Se sonrió al escucharla y verla. Era lindo encontrar a alguien más en casa.

-Veo que encontraste todo.

-Sí gracias.

-Acompáñame a tomar algo ¿quieres?

-Ajá.

Avanzaron hacia la cocina con paso lento.

-¿Jugo? ¿vino?

-Un jugo está bien.

Albert estaba sirviendo los vasos y volteó a verla. Candy tenía las manos dentro de los bolsillos traseros de su pantalón y pudo ver cómo la blusa marcaba los pezones de la chica … sin sujetador.

Las manos le temblaron y tragó saliva ¿qué rayos estaba pensando? Era Candy, la conocía de toda la vida, era como su hermana … y en ese momento no podía dejar de pensar cómo sería, qué sentiría al acariciárcelos ¡rayos!

Trató de desviar sus pensamientos a como diera lugar. Cuando le dio el vaso volvió a tragar saliva. No se había equivocado, bajo la ropa ancha y sin forma había algo infinitamente interesante. Se sentía de pronto como un adolescente mirando algo prohibido.

-¿Vamos al jardín?

-Claro.

Albert miró el movimiento de sus caderas y su trasero al caminar. El calor debía estar alterándolo … no podía pensar en ella de esa manera.

-¿Fuiste de compras?

-Claro … esta blusa es nueva – añadió de pronto y dirigiendo su mirada a la prenda.

¡Vaya! ¡Con que era nueva! Una simple playera de algodón que estaba afectando la imagen que Albert tenía de Candy.

-Pero puede que haya gastado mucho dinero Albert. Todo iba muy bien hasta que vi un traje maravilloso. Por favor no me obligues a devolverlo. Si es demasiado te lo pagaré cuando me pagues tú.

-Vamos Candy, unos cuantos trajes no me van a arruinar. Además te agradezco mucho que estés aquí.

-¿Cuánto? Porque había unas botas …

-¡¡Bruja!! No sabía que te gustaba tanto comprar ropa.

-No había tenido la oportunidad en mucho tiempo.

-Es algo que no entiendo aún ¿Por qué tu padre no te ayuda?

Se quedó pensativa un momento, pero no era un secreto para nadie.

-No es que no quiera Albert … son las consecuencias de tener una nueva familia. Su nueva esposa como hija única y sin hijos no entiende bien la palabra "compartir" y creen que debo buscarme la vida yo sola. – Ese era el problema con Linda, la parte egoísta que suele haber en los humanos estaba bastante desarrollada en ella – pero hablemos de algo más interesante porque la verdad es que estoy muy nerviosa por mañana.

-No tienes por qué.

-Te conozco Albert. Te pondrás histérico al mínimo error.

-No soy así.

-Con los demás quizá no, pero conmigo es diferente.

Albert comenzó a reir.

-Si te refieres a cuando copiaste mi tesis doctoral te lo merecías. ¡Qué desastre! Yo lo hubiera hecho más rápido con dos dedos.

-Ok, ok – sonrió la chica al recordarlo – creo que mejor voy por más jugo.

Albert ofreció su vaso.

-Pero es tuyo…

-Tómatelo, no tengo nada contagioso, además yo quiero una cerveza.

Caminaron de regreso hacia la cocina.

-¿Qué ha pasado con Eliza esta semana?

Albert se sirvió la cerveza y esperó un momento sonriendo antes de contestar.

-Ha enviado otro paquetito a la oficina, lo cual es malo pero hay algo peor, George quiere hacer la fiesta para celebrar que se retira … en su casa – su mente viajó unos segundos como tratando de asimilar las posibilidades - Tengo que ir obviamente, pero estar en los terrenos de ella me preocupa. Pensé que elegirían otro sitio.

Candy dejó el vaso sobre la mesa y se colocó la horquilla del pelo, sin darse cuenta que en esa postura la camiseta se pegaba a sus pechos. Albert no podía dejar de mirar la silueta de los pezones bajo la tela. La idea de que no llevara nada debajo le estaba causando serios problemas.

-No creo que haga nada con George ahí, además vas a ir con Annie ¿no?

-Sí.

-Pues no pareces muy seguro.

-Iré con Annie a la fiesta … sí – murmuró para sí ... no era el momento como para cambiar de novia. El problema era que Annie quería establecerse, tener hijos … nada del otro mundo, pero él jamás se casaría ni complicaría así su vida.

-No te preocupes, conmigo en la oficina y Annie del brazo estás más que a salvo.

-Ojalá.

-¿Esperas a alguien? – preguntó al escuchar el timbre.

-No que yo sepa.

-¿Y qué había en el paquete que te envió Eliza?

-Unas bragas de color rojo – contestó deteniéndose a medio pasillo.

-¿Para ti?

-No se me había ocurrido – contestó riendo y acercándose más a la puerta.

Era Annie. Al verla, la alegría de Candy se esfumó de inmediato y tuvo que recordar que ella era sólo una invitada. La dueña de Albert en ese momento era la chica que estaba junto a la puerta dándole un posesivo beso en los labios y debía admitir que se veía fabulosa. Seguramente las hormonas de Albert estaban a punto de explotar con esa abertura en la falda que dejaba expuestos sus perfectos muslos.

-Hola …Candy es tu nombre ¿cierto? – saludó con la mayor desfachatez

-Si.

La diseñadora la vio de arriba abajo y sonrió de oreja a oreja al constatar que al menos no encontraba competencia. Irritada Candy levantó la barbilla … que pensara lo que pensara. Ella no estaba interesada en Albert. Lo conocía muy bien y sabía que tarde o temprano se buscaría a otra.

-¿Quieres algo de beber? Candy y yo estábamos charlando en el jardín.

-Sólo tengo cinco minutos, debo arreglarme para la cena de esta noche. Vine a corroborar que no se te hubiera olvidado. Albert tiene una memoria horrible cuando algo no le agrada – comentó dirigiéndose a la rubia.

-Sí, por eso es tan amigo de mi hermano.

-Por Dios … ¡Olvidar tu cumpleaños! no tienen disculpa … ¿Salimos al jardín?

Annie salió la primera.

-Me encanta este jardín, pero deberíamos añadir algunas rosas y quizá madreselva ¿no te parece?

-Si a Albert le agrada.

-Confía en mi, soy diseñadora. Amor ¿no te acordabas de la cena?

Albert estaba serio y esa mirada la conocía perfectamente bien. Los días de Annie estaban contados y quizá por eso ella se portaba de esa manera tan posesiva.

-Te dije que pasaría por ti a las ocho.

-Pero pensé que se te habría olvidado.

-No se me ha olvidado.

Candy sintió pena por ella. Debía ser horrible haberlo tenido y perderlo.

-Es una pena que tengamos que salir siendo tu primer noche en Londres, pero es un compromiso al que no podemos faltar. La alta sociedad estará ahí.

-No se preocupen, me las arreglaré.

-Es lo que le dije a Albert, además supongo que tendrás conocidos ¿no?

-No me apetece salir, la verdad estoy nerviosa por lo de mañana.

-Si, me lo imagino, tu primer trabajo. Seguramente esto te ayudará a encontrar algo fijo. Es una buena oportunidad para ti.

-Sí, claro – suspiró – aún no puedo creer que Albert sea tan generoso conmigo.

El rubio soltó una carcajada y como por arte de magia el mal humor de Candy se esfumó ¿Qué es lo que tenía la risa de Albert Andrey?

-Annie, me está haciendo un favor así que no te pases con ella.

-Bueno, los dejo solos – exclamó Candy poniéndose en pie.

-Annie también ya se va. Iré a buscarte a las ocho como quedamos.

Mientras los dos salían, Candy comenzó a recoger los vasos. Le pareció ver un brillo de desaprobación en los azules ojos de Albert pero era imposible. Los hombres nunca entendían los piques entre mujeres y casi le daba las gracias a Annie por fijarse en ella, quizá la playera ajustada y los jeans o que se sentía particularmente insegura en ese momento.

Para ella era claro que Albert quería librarse de su novia y lo haría sin miramientos ni volver atrás. Había visto ese brillo de aburrimiento en sus ojos y sabía que podía ser cruel. Aun recordaba a Henriette Moterson diez años atrás llorando como la Magdalena en el jardín de su casa. Entonces supo lo peligroso que era Albert Andrey.

-No tienes que hacerlo.

-No me cuesta nada Albert.

-Siento que tenga que salir esta noche.

-Te cansarás de verme estas dos semanas – sonrió – no te preocupes.


Pero Albert estaba preocupado. No quería dejarla sola su primer noche en Londres y también sabía lo que le estaba pasando, se aburría horrores cada vez que Annie abría la boca pero no era el mejor momento para terminar, la necesitaba como escudo para la fiesta de George. Podía seguir con Annie o … ¡diablos!


Dormía plácidamente, enroscada como gato en el sofá, con la cara lavada, la ridícula horquilla de plástico y su respiración acompasada. Se veía tan hermosa, tan fresca.

Albert la movió ligeramente.

-Candy, despierta. Es tarde, deberías estar en la cama.

La chica a penas y se movió, sus ojos se entreabrieron y pudo observar el rostro del hombre.

-Albert has vuelto …

Y quería besarla. ¿Qué le estaba pasando? Conocía a Candy de toda la vida, la había abrazado cuando el funeral de su madre y no había sentido nada, pero ahora era como estar con otra persona. No se había dado cuenta de las venitas azules en sus muñecas, ni de los brillos dorados de sus ojos verdes. Era como si una persona diferente estuviera frente a él.

Albert se apartó avergonzado. Quizá era la reacción lógica por no haberse quedado a pasar la noche con Annie. Aun recordaba la cara de la joven al ver que no iba a entrar.

-Ya es mayorcita Albert. Seguro no espera que llegues a dormir.

Pero Albert apartó las delicadas manos y las separó de sus hombros diciéndole que estaba cansado.

-Llámame.

Por supuesto que la llamaría, no tenía opción.

Cuando volvió a mirar a Candy ella se estaba incorporando.

-Lamento despertarte pero amanecerías con dolor de cuello si te dejara en el sillón.

-¿Qué hora es? – preguntó abrochando la bata alrededor de su cuerpo haciendo que a Albert se le atragantaran las palabras.

-Las doce – contestó sirviéndose una copa de Whisky.

Esto no era normal, de pronto le habían entrado unas ganas enormes de mirar bajo esa bata blanca de algodón que nada dejaba a simple vista. ¿Qué pasaría si se acercaba y desabrochaba el cinturón? Quería ver si llevaba algo debajo, quería tocar su piel.

-¿Tan insoportable estuvo la reunión?

-Sí, muy insoportable – contestó dando un gran trago a su bebida para calmar sus pensamientos.

-Pero ya pasó … bueno Albert, buenas noches – dijo dándose vuelta para subir las escaleras a su habitación.

-Buenas noches Candy – contestó viendo a la mujer desaparecer de su vista. De pronto dos semanas le parecían demasiado tiempo.

Continuará ...


Listo el capitulo 3!!!

Les esta gustando?? Espero que si!!!

Valebu: Aqui tienes el cap. 3 ... hasta eso no me tarde tanto verdad?? Espero que tambien te guste linda!!

Tamborsita: Ese Albert y la mala memoria!!! Esos hombres que tienen memoria selectiva jijiji!. Es como mi esposo ... maaaaaaaaalo para las fechas!!!

Cotapese: Este ya estuvo menos de transicion??? ya un poco mas emocionante?? jijijiji!!!! Eliza no puede sino ser odiosa ... pobrecita mujer ... pero acepto sugerencias para hacerla ver su suerte eh!!! jijiji!!!

Roni de Andrew: Hola amiga ... genio y figura ... los hombres son coquetos aunque digan que no ... y los hay mas que las mujeres jijijij!!! este guerito va a sudar la gota gorda con esta chiquitina bajo su propio techo jijiji!!! ah como me divierto!

Yarda: Lista y preparada ... ahora solo falta que me digas que te sigue gustando el fic!!! siiiiiiiii????

Claridad: Amiguis ... aqui estoy con la continuacion!. Voy llegando a casa ... te platico en un mail el drama de hoy ... estuvo pesadisimo ... te cuento luego =(

Buenos chicas les mando un beso enorme, mil gracias por leer y no se olviden de dejarme un review ... necesito que me suban las pilas ... hoy fue un dia dificil.

Scarleth Andrey =)