Capítulo 4

Candy se dio media vuelta en su cama. Por un momento tuvo la tentación de seguir durmiendo. Era demasiado temprano y ella ya comenzaba a sentir un cosquilleo en el estómago.

Se levantó como pudo y se puso las zapatillas. Caminó hasta el baño y se miró en el espejo. Hizo una mueca de desagrado, parecía una quinceañera. Seguramente Eliza no la tomaría en serio, no podría proteger a Albert, George descubriría el tipo de mujer que era su esposa, le daría un infarto y ella tendría toda la culpa.

No debía haber aceptado ser la secretaria de Albert. Había sido un error monumental pero ahora era demasiado tarde para hacerse para atrás.

Abrió su maleta y comenzó a sacar la ropa que le hacía falta.

-Te dejé un té en la mesita – dijo Albert tocando a su puerta – ¿qué vas a desayunar?

-Pan tostado y un café

-Ok … yo bajo en 20 min.

Candy se apresuró a arreglar su cabello y maquillarse. No estaba nada mal, de repente tenía pómulos y sus ojos resaltaban enormemente. El sujetador que valía lo que le había costado había hecho el milagro, parecía que tenía busto. Claro, no como el de Eliza, pero al menos el de ella no era de silicón.

Se detuvo un momento a tomar un sorbo de té antes de elegir una falda café y un camiseta beige. Pensaba en Eliza y en que debía ser la mujer más rara del planeta para arriesgar tanto por una aventura con Albert. Por supuesto las mujeres se mataban por meterse en la cama del rubio desde que tenía memoria pero … sabían que aquello no iba a durar. ¿Cuál podía ser una razón para aferrarse a una ilusión? Sólo que no tuvieran neuronas, pero ella las tenía … claro que las tenía.

Se calzó los zapatos, echó un último vistazo y se sintió satisfecha. Los zapatos de tacón, la falda corta y pegada, la blusa y el pequeño saco café cumplían su cometido, se veía bastante bien y sonrió.

Salió de la habitación tomando su pequeña bolsa.

-¿Quieres un café?

-Sí gracias. Sin leche y sin azúcar – contestó Albert desde su habitación.

Candy bajó a la cocina sintiéndose más alegre de lo que pudiera imaginar. Había algo maravilloso en estrenar ropa. Además parecía mayor y más profesional.

Se sirvió una taza de café y buscó el azúcar. Todas las alacenas prácticamente estaban vacías a no ser por unas cuantas latas.

-¿Acaso nunca comes en casa? – preguntó cuando escuchó la puerta de la cocina.

-Prefiero hacerlo fuera – contestó Albert secándose el cabello con una toalla, con el torso desnudo y sólo llevando los pantalones.

Candy apartó la mirada. ¡Diablos! Esos bíceps, ese cuerpo de infarto … ¿por qué rayos no se vestía ese hombre? Lo que había visto era una imagen que no sería para nada fácil de olvidar.

Lo primero que Albert vio al entrar a la cocina fue lo bien que esa faldita se marcaba a su cuerpo y se le atragantaron las palabras. No podía haber ocurrido en peor momento. Candy tenía piernas, unas piernas muy bien torneadas. Siempre le había parecido una chica bajita pero era más que eso. Era de constitución delgada pero firme y sexy … endemoniadamente sexy. Se quedó hipnotizado mirándola.

-¿Qué te parece? – preguntó dándose vuelta para que él pudiera verla.

-¿Yo he comprado todo eso? – contestó admirándola de verdad.

-Sí y me gasté una fortuna, fue parte del trato ¿recuerdas?

Albert sonrió dejando la toalla sobre una silla.

-Quiero parecer una secretaria. ¿Me veo mayor?

-Ninguna mujer quiere parecer mayor Candy y para serte honesto te ves preciosa.

Estaba nervioso, el pulso se le había acelerado y sentía un cosquilleo en la parte baja del estómago.

-Ayer no me fijé en tu cabello – dijo viendo como este rozaba levemente las clavículas, se fijó en el escote de la blusa, en el destello dorado de sus ojos verdes. Deberían de darle una paliza por lo que estaba pensando de Candy. Y seguramente sería Tom quien se la diera si no lo dejaba su libido en paz. Quizá fuera sólo la sorpresa de la transformación o que la chica comenzaba a gustarle - ¿Tom te ha visto vestida así? – preguntó tocando su hombro para liberar tensión.

-No

-Ya

Era obvio. Si Tom supiera que su hermana pequeña era una bomba jamás hubiera permitido que se quedara en su casa. Se pasó la mano por el cabello y suspiró tratando de controlar sus hormonas. La observó de nuevo y no podía dejar de admirarla. Era hermosa.

Candy estaba ahí para hacerle un favor y él no pensaba hacer nada que la avergonzase. Aunque a juzgar por el deseo que sentía de abrazarla iba a ser muy difícil.

-Voy a ponerme una camisa.

-¿Dónde tienes el pan?

-¿Pan?

-Si, eso que se hace con trigo. Quiero tostar uno.

Estaba tomándole el pelo como siempre. Sabía el efecto que ejercía en él y lo encontraba divertido. De hecho bastante divertido.

-Hay pan de molde en ese cajón. ¿Me puedes hacer uno a mi si no te molesta?

-Claro ¿sólo uno? – contestó ella inclinándose para abrir el cajón.

-Sí, sólo uno – respondió Albert observando de nuevo ese excitante trasero.

Iban a ser dos semanas muy largas, pensó mientras se batía en retirada.

Cuando volvió a la cocina Candy estaba sentada en un taburete comiendo.

-Tu cocina es un completo desastre Albert. ¿Sabes que sólo hay unas cuantas latas y 4 botellas de vino?

-Cuatro botellas "sin abrir" – contestó recorriendo sus piernas discretamente – si estás buscando indicios de mi licenciosa vida te sugiero que mejor revises la basura. ¿Sigues queriendo ir sola a la oficina?

Candy bajó del taburete.

-Creo que es lo mejor. Una secretaria temporal no llegaría a primera hora el primer día. Además Bárbara va a estar toda la mañana para explicarme ¿no?.

-Sí, pero a partir de mañana tienes que llegar a las 7.30 am como yo. Si Eliza se entera que llegas más tarde soy hombre muerto y recuerda que para eso te pago.

-No te preocupes, mañana apareceré a las 7.30 am como relojito, pero hoy lo haré a las 9 – hizo una breve pausa y sonrió juguetona - ¿Sabes? Empiezo a pensar que me he ganado la ropa.

-Lo harás – contestó sonriendo también y terminando de ajustarse la corbata – me voy, te espero a las nueve en punto. En punto Candy.

-Como usted ordene amo.

-Muy simpática jovencita. Ya veremos si seguimos sonriendo al final de estas dos semanas.

Albert caminaba hacia la salida de la cocina con las llaves en la mano disponiéndose a partir.

-Todo va a salir bien Albert. No lo dudes.

-Quiero ser igual de optimista que tú pecosa.

-¿Pecosa? – exclamó sorprendida y abriendo enormemente los ojos. Era la primera vez que él se dirigía a ella con ese adjetivo.

-Sí, pecosa – volvió a decir el rubio mirándola - una pecosa muy hermosa.

Candy se sonrojó al escuchar su voz y saber que era el blanco de esa intensa mirada. Quizá unos años atrás habría brincado de emoción pero ahora la cautela sustituía a la atracción y a la emoción.

-Ahora sí me voy. Te veo en un rato más.

-Nos vemos Albert.

Fue un momento algo incómodo. Uno se retiró realmente conmocionado por lo que comenzaba a experimentar con la cercanía de la rubia y ella expectante, consciente, sabía que una relación con Albert jamás podría durar. Él no era de los que compartían su vida ni tomaba las cosas en serio, por lo que estaban en un juego que ella no se permitiría jugar. No era tonta, al menos no mientras tuviera el control de sus neuronas sobre sus hormonas.

A la hora prevista dejó la casa y se dirigió a su nuevo trabajo.

Si quería una confirmación de que su aspecto había cambiado la tuvo cuando un joven le detuvo la puerta a la entrada del consorcio Johnsson. Eso jamás hubiera pasado antes y le elevó la autoestima y agrandó el ego. Sabía que se veía muy bien y no podía evitar sonreir y sentirse mucho más segura.

Y le hacía falta, odiaba admitirlo pero había algo intimidatorio en el éxito de Albert. Una cosa era insultarlo amistosamente en Henley y otra muy distinta estar dentro de su territorio.

Albert era todo un playboy pero también era un hombre de negocios. Un doctorado bajo el brazo en Oxford y una carrera intachable eran suficiente para que Candy se sintiera en verdad nerviosa. La gente arriesgaba millones basados en los consejos de Albert.

-Es un muy mal momento para marcharme pero no puedo cancelar mis vacaciones. Llevamos demasiado tiempo planeándolas.

-No te preocupes. De todos modos no creo que Alb … digo, el Señor Andrey aceptara que cancelaras tus vacaciones.

Se sonrojó por la familiaridad con que lo había tratado pero Bárbara fingió no notar la confusión.

-Es muy tranquilizante saber que estás aquí Candy. Una amiga de la familia me parece la mejor idea para la situación y dadas las circunstancias. Espero que no haya ninguna complicación en mi ausencia y no te preocupes, te he dejado una carpeta con la información que necesitarás.

-Bien.

-Todo está anotado, pero si necesitaras algo más puedes preguntarle a Antoniette, la secretaria de Mr. Jefferson. Es una chica muy agradable, la encuentras en la extensión 4733. Después del recorrido te la presentaré.

-4733 – repitió Candy confundida entre números y pasillos.

-Pero como ya te dije, todo, absolutamente todo está en la carpeta y por lo pronto sólo me resta presentarte el que será tu hogar por las siguientes dos semanas – dijo Bárbara abriendo una hermosa puerta de madera para dar paso a un enorme despacho. Además de la computadora sobre el precioso escritorio había una sala bellísima, unos archiveros de madera enormes empotrados en la pared donde ya se imaginaba que estaba todo meticulosamente ordenado.

Nunca se había imaginado una oficina como esa, es más, nunca se habría imaginado trabajando para Albert en esa oficina durante dos semanas.

-Si quieres avisarle al Sr. Anrdrey que estás aquí sería bueno, está esperándote impaciente – añadió señalando hacia una puerta – Voy a hacer un té ¿quieres?

-Claro, gracias.

Bárbara desapareció y ella se quedó con la duda de si llamar o no a la puerta. Claro que sería su jefe pero no era algo totalmente cierto, así que optó por no tratarlo tanto como tal y después de un breve golpecito abrió la puerta y asomándose al interior se quedó sin habla.

El saludo no pudo salir de su boca ya que la otrora Eliza Leagan y ahora Sra Jhonsson estaba tumbada en el escritorio frente a Albert con la mitad del pecho fuera de la chaqueta.

-Con que llega la caballería – se rió la pelirroja sin alterar una sola línea de su rostro y sin intentar incorporarse si quiera - ¿Te conozco? Estoy segura que te he visto antes.

A Candy se le revolvió el estómago. Era justo lo que Albert y Tom le dijeron que debía esperar pero fue demasiado para ella. Vaciló un momento antes de entrar, pero al ver la expresión de angustia en el rostro de Albert fue consciente de que realmente necesitaba su ayuda y no pensaba defraudarlo.

Respiró dos veces y cerró la puerta tratando de aparentar una calma que estaba demasiado lejos de sentir.

-Mi padre y su esposo son amigos, Sra Johnsson.

-¿Sì?

-Es Candy White – dijo Albert levantándose del asiento y caminando hacia la rubia pasándole el brazo por los hombros. Claro que no era el gesto más normal entre una secretaria y su jefe pero Candy no se movió un centímetro. Sabía que esto era serio y de verdad lo ayudaría.

-¿White? Ah! Claro, la hija de Steven – dijo incorporándose – has cambiado mucho, cuando te conocí eras … gordita.

-Pues usted es exactamente como la recordaba – respondió cortante.

Una luz como un rayo de ira pasó por los ojos de Eliza y se instaló en su cara.

-¿Acaso me he perdido algo? No me digas que estás saliendo con Albert.

-Es más que eso – se adelantó a cualquier respuesta – Candy y yo vivimos juntos.

Eliza la miró como si fuera lo más asqueroso del planeta.

-¿Y lo sabe Annie?

-Claro.

-No me esperaba esto – dijo mientras abotonaba su chaqueta – realmente pensé que irías con Annie a la fiesta de "mi esposo" – añadió con la mayor desfachatez.

-No, iré con Candy.

Candy se puso más tensa si es que eso era posible. No había dicho palabra desde hacía varios segundos pero ¿qué diablos estaba pensando o pasando por la cabeza de Albert?. Una cosa era ayudarlo como su secretaria y otra muy distinta a convertirla en sólo unos minutos en su amante. ¿Y Annie?

-Ya lo veo. Siempre habrá otra "cariño" – dijo refiriéndose a la jovencita – Si aceptas un consejo no deshagas la maleta. Albert y yo somos iguales, siempre hay alguien más excitante, una nueva aventura.

Salió del despacho contoneando sus bien formadas caderas y mostrando el espectacular porte que tenía.

-¿Qué juego es este Abert? ¿Qué ha pasado con Annie?

-Baja la voz, podría estar escuchando.

La rubia se aproximó a la puerta y la abrió. No había nadie.

-¿Y Bárbara?

-Fue a hacer café.

-Mal momento.

-¿Cómo iba a adivinar que estaba esa mujer aquí? Además no has respondido a mi pregunta ¿Qué pasó entre Annie y tú?

Albert caminó hacia el escritorio para abrir su correo electrónico.

-No hay nada peor que una mujer despechada.

-¿Qué le hiciste?

-Nada, ese es el problema. Termina de leer.

-¿Quién es la otra mujer en la que estás interesado?

-Tú.

El corazón de Candy dio un vuelco y volteó a verlo a los ojos sintiendo sus mejillas arder en rojo carmesí.

Continuará ...


Listo!!! ya cumpli con mi mision de actualizar este fic ... pero la verdad mis ojos estan cansados y no se si hay por ahi algunos errores ... si los hay ... mil disculpas!!!

Bueno ahora los agradecimientos:

Roni de Andrew: Con estos hombres toooooooodo puede pasar. Algunas veces se dejan llevar por las apariencias pero mira ... despues viene las gratas o ingratas sorpresas jijiji ... a ver si le cae el veinte a este chico y pronto!!! te mando un besotototote!!!

Lady Karen: Espero que ya todo bien con tus examenes y saque solo dieces jijijiji!!! el fin de semana me dare tiempo para leer con tranquilidad todo lo que han subido ... si le batalle para leer el mio (y creo que ya ni le entendi bien) no quiero leer los demas porque mi cerebro esta medio atolondrado ... en fin!!! besitos guapa!!!

Jenny: Siiiii!!! le voy a sugerir a Candy que todas las noches le prepare la tina con agua fria a Albertcito papucho jijijji!!! que se aguante tantito ... ni modo que no pueda jijiji!!! besos amiga y tks por escribirme!!!

Claridad!!!: Hooooooola .... por aqui ando otra vez con mis ojos como de tortuga ninja por lo hinchados (tengo mil cosas que contarte ... ) pero dejando capitulo nuevo antes de ir a tumbarme a mi cama y dormir tooooooodo lo que pueda. Si son las 9.20 pero no importa ... me muero de sue;o!!!). Acepto sugerencias sobre lo que quieren que pase eh!!! ya ven que tambien se agotan las ideas (y mas gacho cuando el cuerpo esta agotado ... ). Te mando besos amiga!!!! =)

Abi: Amiguis!!! Tks por el review!!!! insisto en que acepto ideas de lo que quieran que pase eh!!! porque ya casi acabo de subir lo que tengo escrito y pues ... no lo he terminado aun plop!!! necesito darme prisa ... pero ya se me estan agotando las ideas en serio!!! snif .. help!!! Besitos desde gringolandia =)

Tamborsita: Aqui lo tienes!!! ya pudiste leer la reaccion de Albert cuando vio a Candy jijijiji!!!! pobre ... yo creo que hasta el cafe se le fue por otro lado jijijijij!!! pero bueno .... recordemos que lo que importa es el interior (pero no por eso dejamos de reconocer un buen exterior jijijijiji) Besitos!!!

Valebu: Si, medio hot ... pero todo se basa en que haya cositas por ahi para que se interesen mas y mas jijijiji!!! eso es lo que se pretende para que constantemente piensen el uno en el otro. Besooooooooos!!!! =)

Jazz: Lista la actualizacion!!! ... y bueno ... esos hombres de memoria de teflon .... que te puedo decir ... me case con uno que comparte ese tipo de memoria, o sea que pues ya me resigne y me hice a la idea jijijiji!!! Besitos!!!

Anilem: Servida se;orita!! aqui tiene la actualizacion y antes de lo que me habia prometido a mi misma ... para que vean que si las consciento jijijiji!!! gracias por escribirme!!

Chicas ya saben que me encantan sus reviews, me pone super feliz saber que les gusta la historia y no se olviden que se aceptan sugerencias eh!!!!

Les mando un besitos y nos leemos en el siguiente!!!!

Scarleth Andrey a punto de caer dormida =)