Capítulo 5

-No lo dirás en serio.

-Por lo visto Annie cree que te estaba prestando demasiada atención – la miraba fijamente comenzando a intimidarla - Está preocupada porque no quiero comprometerme y decidió que es mejor que nos demos un tiempo.

-Se leer.

Cerró la computadora y suspiró. ¿En qué momento su vida se había complicado tanto?

-No puedo alegar nada. Tiene razón. No estoy preparado para el compromiso, menos mal que estás aquí.

-Olvídalo Albert, yo no pienso ir.

-Tienes que hacerlo. Ya le dije a Eliza que irías.

-Búscate otra yo no lo haré.

-¿Cómo que buscarme otra? – replicó entornando los ojos - He estado saliendo con Annie hace meses, no puedo sacarme una novia de la manga.

-Pues entonces mejor convence a Annie que es la mujer de tu vida.

-Sólo pasará si le entrego un anillo de compromiso y no lo pienso hacer.

-Eso ya no es mi asunto.

-Candy tú eres perfecta. Nos conocemos desde niños …

Albert estaba hablando en serio y Candy temblaba.

-¿Por qué no llevas a alguna de tus ex novias?

-Sí claro ¿Y qué excusa le doy para invitarla después de meses de no llamar?

-Ese es tu problema – dijo Candy avanzando hacia la puerta.

-Te equivocas – respondió serio – es problema de George.

La rubia se detuvo justo cuando ponía la mano sobre la perilla y escuchaba esta última frase. La única razón por la que estaba ahí era su padrino. Y ahora no podía tratar de convencerse a sí misma diciendo que Albert estaba exagerando porque había visto la actitud de la flamante Eliza con sus propios ojos.

Si tuviera quince años se habría puesto a dar brincos de emoción. Fingir ser la novia de Albert ¡WOW! Pero ahora esto implicaba muchas cosas. La experiencia le había enseñado a ser cauta. "Fingir ser la novia de Albert", que él se mostrara interesado y al pendiente de ella, pretender ante todos que la quería. El saldría indemne de esas dos semanas pero ¿y ella?. Además ¿quién diablos iba a creérselo? Albert era un caballo de carreras y ella después de su experiencia con Alan se sentía como un Pony.

-Nadie va a creer que estás conmigo.

-¿Por qué no? Eliza se lo ha creído. Entraste en el momento oportuno. La hija de Steven, hermana de Tom, vives en mi casa. Todo es perfecto – exclamó sonriendo mientras dejaba al pluma que había tomando momentos antes sobre el escritorio.

Candy se sintió parada sobre arenas movedizas.

-No soy trigueña ni soy alta. Tú siempre has andado con morenas altísimas. Roana, Sophie, Samantha, Dessire, Annie.

Albert arrugó la nariz y el corazón de Candy dio un saltito.

-Que buena memoria tienes.

-No soy tu tipo – añadió.

-Pero tú podrías ser el tipo de mujer que elegiría si quisiera una relación en serio.

-Pero yo no…

-Calla, me parece que ha entrado Bárbara, platicaremos después.

Caminó hacia la puerta para abrirla y en el umbral apareció su secretaria con el nerviosismo pintado en el rostro.

-Acabo de ver a la señora Johnsson. ¿Acaso…?

-No te preocupes Bárbara – contestó invitándola a pasar – Candy se ha cargado al enemigo magistralmente. La verdad es que no pudo haberlo hecho mejor.

-Menos mal, no sabía que estaba en el edificio.

Dejó la bandeja con las tazas y se dirigió a la chica.

-Entonces Candy si quieres venir conmigo te diré donde guardo las cosas.

La joven volteó a ver a Albert como dándole a entender que la conversación no había terminado. Era absurdo, mientras más lo pensaba, más imposible le parecía. No podía hacerse pasar por su novia delante de su padrino y todos los demás. Además nadie con algo de inteligencia creería que había cambiado a Annie por ella. ¿Ser una de las ex novias de Albert Andrey? No le apetecía en lo absoluto, aunque sólo fuese de mentira.

-Bueno, no tengo mucho tiempo pero vamos a empezar con la carpeta de notas. Tenla siempre cerca de ti.

Después de una hora, con el café helado y repasando los pendientes, Candy tuvo que admitir que Bárbara tenía todo meticulosamente ordenado. Había incluso una libreta con comidas, horarios y restaurantes favoritos de cada cliente. Todo para que la vida de Albert Andrey fuera mucho más fácil y llevadera.

Candy sonrió mientras repasaba sus notas. Hasta antes de aparecer Eliza en escena, la vida de Albert era tan tranquila. Estaba segura que ni siquiera sabía todo lo que su secretaria hacía por él. Claro, era sólo otra fan más de ese rubio de oro.

-¿Crees que tendrás problemas?

-Espero que no. Se usar la computadora y tienes todo tan desglosado que no creo que pase nada.

-De cualquier manera si tienes alguna duda puedes preguntarle a Fiona o incluso al mismo Albert. Ellos te ayudarán. Sólo que las chicas ahora están un poco nerviosas.

-¿Nerviosas? ¿Por qué? - pregunto extrañada.

-Bueno – vaciló un poco – Albert me ha dicho que has aceptado hacerte pasar por su novia y pues consideré que era mejor platicarlo con alguna de las chicas.

¿Aceptado? Ella no había aceptado nada.

-¿Qué les dijiste? – preguntó ya temiendo escuchar la respuesta.

-Que viven juntos y vas a ayudarlo estas dos semanas mientras no estoy. La única desventaja es que ahora que saben que es su novia quizá te sientas un poco aislada.

Candy suspiró de nuevo pensando en el tremendo problema en el que se iba metiendo cada vez más.

-Nadie va a creer que soy su novia.

-¿Por qué no? – contestó buscando algo en su bolso – a mi me parece la solución perfecta.

Pero esa era su opinión.

-Toma – dijo alargando el brazo para entregarle una tarjeta - este es el número de teléfono de la casa de mi madre, si me llegaras a necesitar ahí me encontrarás.

Candy la miró extrañada.

-Pensé que saldrías de vacaciones.

-No exactamente – contestó colgándose el bolso al hombro - Mi hermano con su familia viene de Japón después de 7 años de no hacerlo, así que se reunirá toda la familia en Escocia. Si hubieran sido unas simples vacaciones las habría pospuesto hasta después de la fiesta del Sr. Johnsson.

Ese era el misterio.

-Comprendo. No te preocupes, creo que podré lidiar con todo esto.

-Estoy segura que sí, pero si llegas a necesitar algo no dudes en llamarme.

-Gracias Bárbara, lo haré.

-Debo irme Candy, tengo que salir en dos horas para Escocia. Mucha suerte.

-Gracias.

Después de una hora Albert se asomó a ver a su "novia". Se veía mucho más cómoda y segura que a su llegada.

Había lidiado con las llamadas de su nuevo jefe, con uno que otro cliente energúmeno y casi terminado de pasar el archivo confidencial que le había dejado Bárbara dentro de las tareas pendientes.

Detrás del escritorio era lo más llamativo de esa oficina y Albert no pudo dejar de admirarla por cienmilésima vez desde que había llegado a Londres.

-¿Tienes tiempo para ir a comer?

-No lo sé, trabajo para un hombre muy autoritario que me tiene encadenada a la computadora – dijo sonriendo y cruzando una de sus bien formadas piernas mientras cerraba una carpeta y lo miraba de reojo.

Nuevamente a pasar saliva.

-Pues deberías quejarte.

-No sabes cómo me agradaría.

Esa sonrisa que le hacía brincar el corazón en el pecho. ¿Cómo no había descubierto todas esas cosas antes en ella?

-Por cierto ¿tú le dijiste a Bárbara que hiciera circular rumores sobre nosotros?

-Sí

La franca aceptación la dejó boquiabierta y más la sonrisa que tenía su interlocutor.

-¡Albert!

-Soy un hombre desesperado Candy. Vamos, te convenceré mientras almorzamos.

Y ahí estaba de nuevo. Otra vez en las garras de ese hombre que podía convencer hasta al más astuto. No sabía qué tenía Albert Andrey cuando hablaba pero siempre te hacía sentir como si no tuviera lógica o fuera una tontería no aceptar lo que él decía, sólo que esta vez trataría de darle un poco más de batalla.

-¿Qué te apetece comer? – preguntó mientras se acercaba para recorrer la silla de la rubia y ayudarle a levantarse - ¿comida japonesa? ¿algo italiano?

-Caramba Albert, la gente normal sólo compraría un bocadillo.

-Mmmm Podemos hacer eso también.

Diablos! Esa sonrisa …

Caminaron hacia la salida ante la vista de todas las muchachas de las oficinas.

-Cuando regresemos, todos sabrán que somos una pareja.

-Cállate, ya lo sé.

Albert rió y le pasó el brazo por los hombros.

-Esto no ayuda mucho.

-A ti no, a mí si – la atrajo un poco más hacia él y entonces pasó un cosquilleo por su vientre.

Albert era guapísimo, el aroma de su cuerpo incitante y de nuevo el pensamiento que la aterrorizaba: Fingir interés en ella … no lo iba a soportar.

-Hay unos bocadillos por aquí cerca. Te van a encantar.

Caminaron un poco más y llegaron a un restaurante con sombrillas en la parte de afuera desde donde se podía ver el río. Tomaron asiento a tiempo que la chica que anotaba las ordenes veía al Albert con admiración. La reacción típica de todas las mujeres.

-Dos vegetarianos y dos vasos con agua.

La joven se sonrojó mientras veía de reojo a la joven que acompañaba a su fuente de admiración.

No iban a ser nada fácil esas dos semanas, de eso Candy estaba completamente segura.

Continuará …


Admiradora: Aqui tienes la continuacion! no me tarde tanto verdad? el que a lo mejor se tarda es el sig. capitulo ... pero tenganme paciencia ... que ya llegara!

Claridad: Hola amiguis ... pues Albert papucho no mas la anda metiendo en problemas jijijiji! esos hombres condenados que no tienen nada mejor que hacer ... en fin! a ver en que mas la mete este guapo. Te mando besos amiga! =)

Lady Karen: Muy bien jovencita ... pongale muchas ganas a sus estudios! y sobre todo a tener buen promedio =) Nada mejor que unas buenas vacaciones y descanso despues de tanto estudiar ... asi que aprovecha! besitos guapa!

Jenny: Jajajaja! ya no se sabe ni quien va a tratar de seducir a quien... mas bien creo que los dos ya andan medio atarantados ... no se ni a cual irle ... ya veremos despues que hacen estos polluelos juar juar juar! Besitos!

Roni de Andrew: Si la pobre de Candy se va a cargar de enemigas a las chicas que anduvieron o tienen interes en Albert papucho ... ya valio porque la van a hacer pomada jijiji! son demasiadas contra una! =) A ver si Albertcito la defiende. Te mando un besos!

Tamborsita: Pues los pobres solo se ba;an con agua fria ya que ninguno se anima a tomar la iniciativa ... mmmm ... que aburridos no? Besitos!

Yarda: Sip ... picante, hot ... a ver que mas se me ocurre y a ver si aguanta el pobre Albert tanta presion hormonal jijijiji!

Abi: Jajajajaja! bueno ... es lo que le escribio Annie ... no que se le declarara a Candy ni mucho menos ... solole compartio el mail que le mando Annie ... y la pecas se medio sonrojo pero porque igual sus sue;os se hacian realidad de golpe ... pero nooooooooo... todavia nop! Besos amiguita =)

Cotapese: Hay de tooooodo en la vi;a del Se;or ... desde las bien lentas como mi Candy ... a las bien jijas ... como Eliza ... En fin ... pobre Albert ... tan perseguido por las feminas , es su culpa por ser tan guapo jijijiji!

Chicas mil gracias por dejarme un review! y a todos los que leen aunque no escriban ... MIL GRACIAS!

Me despido y hasta prontito!

Besos!

Scarleth Andrey =)