Hey! ¿Qué tal estais? Siento haber tardado tanto, pero los exámenes me tenían frita (me encanta la veterinaria… pero no cuando tenemos exámenes finales XD ) y la musa no ha parado de ir y venir…

¡Pero en fin, ya estoy aquí con el 3er cap! Quiero decir que es el que más me gusta de los 3 que llevo escritos. Es el cap más dinámico de todos con diferencia, es bastante largo (para compensar la espera ) y la historia avanza mucho. Es muy trágico en determinados momentos y me ha gustado mucho escribirlo, espero que lo disfrutéis.

También he aumentado el tamaño de la fuente para facilitar la lectura

Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertenecen.

Breve resumen de lo que ha ocurrido hasta ahora: Suzumebachi ha quedado liberada y en vez de atacar a su maestra ha atacado directamente a Yoruichi. Una posible explicación sería que Soi-fong no la ha perdonado del todo por haberse marchado (ya que en teoría el alma de el maestro y la zampakutó son una sola), por lo que Yoruichi decide ir a la S.S a preguntárselo directamente… pero según parece todo está bien.


En alguna parte del inmenso bosque de la S.S se halla una profunda cueva cuya existencia es desconocida para todos los shinigamis. Sus paredes son duras como el acero, sus grutas son laberintos y la mayoría de su suelo se encuentra bañado por agua subterránea procedente de los estratos más profundos de la tierra. Los shinigamis la ignoran, cierto, pero hay un ser que conoce sus caminos y que no ha dudado en elegirla como su guarida. Muramasa, la zampakutó causante de la rebelión de las espadas, no ha dudado un solo instante en esconderse allí con sus compañeros. ¿Qué mejor sitio que ese para urdir a placer sus planes?

Se encuentra sentado en un trono de roca, esperando pacientemente, mientras que el resto espera, pero sin tanta paciencia.

-¿Cuando va a llegar esa maldita avispa?

Es la voz de Kazeshini, la zampakutó del teniente Hisagi, la que ha roto el silencio. Tobiume, zampakutó de la teniente Hinamori, le responde dulcemente.

-No te exaltes, Kazeshini-san, seguro que está al caer.

Pasan los minutos en el más profundo de los silencios, Muramasa permanece impasible mientras Kazeshini cambia constantemente de postura con el ceño fruncido. El resto se limita a entretenerse mirando

el techo de la cueva. Por fin, un brillo dorado aparece de la nada acercándose a ellos a gran velocidad. La zampakutó que faltaba ya está aquí.

-Suzumebachi- dice Muramasa levantándose para recibirla.

-Muramasa-san, disculpa el retraso, pero tenía algo importante que hacer y no podía esperar.

El líder de las zampakutó la mira directamente a los ojos, pudiendo ver la verdad en ellos, por lo que finalmente, y a pesar del importante retraso, decide dejarlo pasar. Es entonces cuando se gira al resto de sus compañeros y dice fríamente:

-Podemos empezar.


Soi-fong se lo estaba pasando como nunca peleando contra un oponente tan difícil. Hacía ya por lo menos 2 horas que Yoruichi y ella habían empezado a entrenar y pareciera que sólo llevaran 2 minutos.

Yoruichi hacía que fuera divertido, no había quien pillara por sorpresa a aquella mujer. Si atacaba por la derecha, ya había un brazo esperando para contrarrestarla, si la atacaba con una fuerte patada, el muslo de su oponente detenía su golpe. Definitivamente hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien.

No obstante, la actual capitana tampoco se quedaba atrás y no estaba poniéndole las cosas fáciles a la mujer gato.

Cansada de los golpes reglamentarios, la peliazul se movió ágilmente, escurriéndose bajó su oponente y poniéndose a su espalda a una velocidad de infarto… pero Yoruichi logró detenerla a tiempo.

-¡Fiu! ¡Has mejorado mucho Soi fong! Has seguido entrenando desde la última vez, ¿eh?

Soi-fong le dedicó una sonrisa malévola.

-No he hecho otra cosa.

Y acto seguido volvieron a la carga.

A Yoruichi le sorprendía cuánto podía cambiar su antigua discípula durante un combate. Hasta hacía 2 horas la trataba como si siguiera siendo su maestra (llamándola Yoruichi-sama y tratándola con sumo respeto) pero ahora la trataba de forma distinta… como si los títulos nobles no importaran, como si todo lo que hubiera alrededor no importase…

Definitivamente, se tomaba en serio el entrenamiento, y eso la hacía sentirse extraña.

No estaba intentando herirla, eso estaba claro, pero sí estaba dando lo mejor de sí, hasta cierto punto y eso le encantaba a Yoruichi. Era esa bipolaridad lo que más le gustaba de la nueva Soi-fong, que parecía ahora tan madura y dueña de la situación.

Se sorprendió a sí misma observándola entre ataque y ataque, perdiendo interés en la pelea.

-¿En qué pensáis?- dijo la capitana al notar distraída a la gata.

Yoruichi (que había bajado el nivel de lucha al estar concentrada en ese cálido sentimiento que la invadía) se recuperó inmediatamente, enredando instintivamente (y sin pensar mucho lo que hacía) su pierna alrededor de la de Soi-fong y precipitando así la caída de ambas.

-En ti- dijo susurrando medio tumbada sobre su discípula.

De pronto, y en sólo un instante, el ruido provocado por las patadas y los golpes dio paso al más absoluto de los silencios.

Soi-fong se encontraba en shock ante tales palabras, visiblemente ruborizada y sin ser capaz de reaccionar. Yoruichi había caído sobre ella y sus cuerpos se encontraban en contacto directo, tanto que Soi-fong podía notar el calor de la piel de su maestra.

Sin saber por qué, ambas se quedaron mirándose a los ojos durante unos minutos, sin moverse, hasta que poco a poco Yoruichi sintió el impulso de acercar su rostro cada vez más al de la peliazul mientras comenzaba a acariciar su pelo.

Pero aquel impulso sólo duró unos segundos, hasta que la gata recuperó la compostura incorporándose rápidamente.

-Dentro de poco podrás ganarme Soi-fong- dijo sonriendo ampliamente ya de pie.

La aludida por su parte permaneció en el suelo unos segundos más, completamente anonadada, mirando a su maestra. Todo había sido tan rápido que aún podía sentir Yoruichi sobre ella.

-Sí…- dijo tímidamente mientras se levantaba aún con aquel rubor en su rostro- eso espero… Yoruichi-sama.

Yoruichi se dio la vuelta y volvió a hacerse la coleta, la cual estaba básicamente destrozada por el entrenamiento, por lo que Soi-fong no pudo verle la cara… pero sí sabía cómo debía estar ella. Se pasó la mano por la cabeza y se colocó correctamente el uniforme, que también estaba trastocado por tanto movimiento…

Aún se estaba recuperando de lo sucedido cuando Yoruichi volvió a la carga como si nada hubiera pasado.

Parecía que todo estaba normal. El nivel de pelea era el mismo en cuanto a velocidad, los golpes eran ingeniosos y no aburridos, y la actitud era aparentemente seria. Todo eso era cierto, pero la fuerza de los ataques no era la misma. Yoruichi estaba siendo más suave con ella y de nuevo parecía distraída… el entrenamiento no volvió a ser igual…


De vuelta en aquella oscura cueva, una corta pero precisa reunión acaba de terminar. Todas las zampakutós saben ya lo que tienen que hacer: unas deben actuar mientras que a otras les toca esperar su turno, y a aquellas espadas agresivas como Kazeshini esto no le hace demasiada gracia…

Por fin, la estancia se va vaciando. Algunos se dirigen al seretei a cumplir con su cometido, otros se dirigen a sus estancias a descansar… pero hay una zampakutó que permanece en su sitio.

Suzumebachi, la espada de la capitana del 2º escuadrón, parece tener algo más que decir…

-Bien Suzumebachi…- dice Muramasa sabiendo de alguna forma las intenciones del hada- ya estamos solos. Habla.

La avispa levanta el vuelo para acercarse a su líder y se detiene hasta quedarse a escasos metros.

-Muramasa-san… sé que nuestro principal cometido es acabar con nuestros maestros para lograr la liberación completa.-la pequeña hada habla con sumo cuidado- De la misma forma, sé que estáis al tanto de que aún no he intentado matar a mi dueña.

Muramasa levanta la mirada, pero continúa mirándola en silencio.

-Hay una razón para eso y quiero explicárosla: Veréis, creo que mi maestra podría servirnos de utilidad… podría ayudarnos a destruir a ciertos shinigamis que podrían interponerse en nuestro camino. Opino que vale más viva que muerta.

El hombre se levanta levemente confuso ante tal afirmación y decide hablar.

-Pero los shinigamis no se traicionan así como así, Suzumebachi, y mucho menos tu dueña que tanta lealtad profesa al Gotei 13.

-No os estoy hablando de shinigamis pertenecientes a los 13 escuadrones. Hay otros shinigamis… incluso más peligrosos que ellos.

-¿Te estás refiriendo a…?

-Exacto.

Hay una breve pausa en aquel interesante intercambio de ideas que está empezando a intrigar cada vez más al líder de la rebelión. Quizás deba tomarse el asunto como una gran oportunidad.

-¿Y cómo piensas poner a tu dueña de nuestra parte?

Suzumebachi calló un momento, para volver a hablar con un tono de voz sombrío.

- Con un poco de vuestra ayuda.


La noche estaba a punto de caer sobre la S.S cuando la comandante de las llegó a los barracones del 2º escuadrón dispuesta a comerse cualquier cosa que hubiera de cena. No había comido hacía horas y su estómago rugía cual león hambriento, recordándole que, por muy fuerte que fuera, necesitaba comer de vez en cuando como todo el mundo.

Las luces estaban encendidas y desde el pasillo central del escuadrón podían escucharse las voces de todos los shinigamis que se hallaban en el comedor, y en especial la de uno en concreto...

-¡Pues claro que sí!- decía el hombre- ¡Y después alcé mi zampakutó y detuve el rayo con el filo de mi espada! ¡PUM!

Soi-fong enarcó una ceja a la par que se dibujaba en su rostro una mueca de asco. No había que ser muy lista para reconocer la voz de Omaeda diciendo tales sandeces… probablemente seguía dándole vueltas al tema de la tormenta de la noche anterior y estaba intentando limpiar su nombre inventándose tonterías…

Respiró hondo. No iba a dejar que su teniente le arruinara la cena, así que lo ignoró y se dirigió la cocina siguiendo el dulce olor de la comida.

-Buenas noches capitana- la saludó amablemente la cocinera.

-Buenas noches.

Su voz sonó seria como siempre, y la cocinera, más que acostumbrada a la personalidad distante de su superiora, se dirigió a las cocinas con toda normalidad.

Mientras esperaba que le sirvieran su ración, Soi-fong hizo un repaso de todo lo acontecido en el día: la reunión de la Asociación de Mujeres Shinigami había sido un fracaso y Byakuga había descubierto su lugar de reunión… pero al menos había visto a Yoruichi-sama después de 7 meses...

y de qué manera…

Ahora que estaba más tranquila, sin la presencia de su maestra absorbiéndola, podía tratar de pensar con claridad. ¿Qué había pasado exactamente aquella tarde? Porque había sido con diferencia una de las más raras de su vida…

En primer lugar y empezando desde el principio, Yoruichi le había preguntado de buenas a primera si la había perdonado. Y no es que fuera raro en sí, teniendo en cuenta el tiempo que hacía que no se veían desde lo del bosque, pero tampoco le había dado razones para pensar lo contrario…o al menos eso pensaba.

Además los gestos de su anterior capitana mostraban una severa preocupación… ¿Qué había pasado? ¿Tendría algo que ver con las zampakutó?

La voz de la cocinera cortó esos pensamientos mientras le servía su bandeja.

-Aquí tiene capitana.

Soi-fong le dio las gracias cortésmente y levantó la vista, buscando la mesa más alejada para continuar con sus pensamientos. Se suponía que ella debía sentarse en la mesa del capitán, pero quería evitar a su querido teniente a toda costa, por lo que al final acabó sentándose en una pequeña mesa al fondo del comedor donde estaría más tranquila.

Una vez ya instalada y retomando el tema, había algo que su maestra no le estaba contando, y eso le dolía en cierta forma. ¿Por qué ocultárselo? ¿Tendría algo que ver con ella? No podía saberlo…

Destapó los platos y se sorprendió al ver sopa de pescado en el primero de ellos, una suerte, porque adoraba el pescado. Cogió la cuchara y se dispuso a probar la sopa, la cual estaba increíblemente deliciosa. Una sensación de calor invadió su cuerpo con la primera cucharada y de repente, sin saber cómo, un recuerdo vino a su mente.

Se encontraba tumbada en el suelo, exausta, dolorida… y sobre ella tenía a Yoruichi, transmitiéndole todo su calor a través de su piel. Sus ojos ambarinos la hipnotizaban con su brillo y sus manos la sujetaban por las caderas y acariciaban su pelo. El tiempo parecía haberse parado en ese momento, en una situación que no tenía ningún sentido… pero que se había producido hacía unas horas… ¿cómo habían llegado a eso?

Se encontraba disfrutando de ese recuerdo cuando, por desgracia, una voz masculina rompió estos pensamientos.

-¡!Hey capitana! ¿Por qué está aquí sola? Venga con nosotros a la mesa del capitán.

Si había algo desagradable en este mundo, era que te sacarán de un pensamiento agradable, pero mucho peor si lo hacía ÉL.

-Lo lamento Omaeda- dijo aparentemente tranquila- pero ya estoy cenando aquí.

-Lo sé capitana… pero el capitán del escuadrón de detención tiene algo que hablar con usted… y parece importante.

¿El escuadrón de detención?

.

.

?

.

.

¡Mierda! ¡Era cierto! Hacía unas semanas que lo había enviado al distrito Rukongai a vigilar a un grupo sospechoso de individuos. Y si quería hablar con ella con tanta urgencia era porque había descubierto algo… definitivamente ese asunto no podía esperar.

-Dile que venga aquí, es un sitio más privado.

Omaeda obedeció y segundos después el líder del escuadrón de detención ya iba camino de su mesa.

Pareciera que las preocupaciones nunca acababan para ella.


En la oscuridad de la noche de la S.S una siniestra sombra seguida por un haz de luz dorada, paseaba por las calles sin ser vista. El paso era lento, tranquilo y ninguno de los dos hablaba demasiado. A veces, el hombre le recordaba a su acompañante que él haría las cosas a su modo y que ella se quedaría al margen de todo. Por su parte el haz de luz se resignaba ante tales órdenes.

Poco a poco, fueron llegando al lugar de destino: una enorme puerta se erigió ante ellos, exhibiendo un enorme símbolo conformado por un rombo en cuyo interior se hallaban dos líneas horizontales.

-El 2º escuadrón… - susurró Suzumebachi deteniendo el paso.

Muramasa por su parte avanzó seguro de sí mismo, sabiendo perfectamente a quién buscaba…


Mientras, en el mundo humano, cierto tendero rubio acababa de cerrar su tienda suspirando de cansancio.

-¡Buff! ¡Por fin!- dijo limpiándose teatralmente el sudor- Hay días que parece que no fueran a acabar, ¿no crees Yoruichi-san?

Por muy extraño que pudiera parecerle a cualquier persona normal, aquel hombre le estaba hablando a un gato negro, el cual alzó la cabeza muy digno.

-Dímelo a mí.

Su amigo se le acercó entonces riendo.

- Eso no ha sonado demasiado bien, ¿no crees?

Yoruichi no contestó.

-¿Qué tal ha ido tu día?-insistió el rubio.

"Dios" pensó Yoruichi.

Kisuke podía ponerse muy pesado cuando quería y ella no estaba de humor… lo miró seriamente, viendo en su ojos ese brillo divertido que ocultaba su preocupación por su amiga… ahora que lo pensaba, podría venirle bien la opinión de su compañero, así que acabó hablando con tono cansado.

-Pues en teoría ha ido bien.

-¿En teoría?- dijo el tendero ahora abiertamente preocupado.

Se sentó en el suelo para mirar a los ojos al gato que continuó hablando.

-Soi-fong me trata exactamente igual que antes. Me trata con esa inocencia, ese respeto… como si yo siguiera siendo su señora.

-¿Y?-dijo el tendero totalmente perdido.

-Pues que no es posible que todo lo que ha sufrido lo haya olvidado de un día para otro Kisuke. Ella dice que me ha perdonado, que no me guarda rencor… pero algo debe de haber si Suzumebachi me ha puesto en su lista negra por encima de su propia maestra.

El rubio se quedó pensativo un momento. Era cierto… quizás Soi-fong pensara en verdad que la había perdonado, pero los actos de su zampakutó rebelaban lo contrario…

-Y eso no es todo Kisuke- dijo Yoruichi- Aunque Suzumebachi fracasó en su primer intento, ten por seguro que va a haber un 2º y un 3º y un 4º.Es igual de testaruda que su dueña.

A Kisuke le vino un severo flash sobre la personalidad de su antigua compañera de escuadrón… una escena relacionada con cierto seguimiento que le hizo para demostrarle a la, por aquel entonces comandante de las , que él no era el apropiado para encargarse del escuadrón de detención.

Un recuerdo escabroso y revelador sin duda… definitivamente, Yoruichi tenía razón.

-Además… pienso que deberíamos marcharnos de aquí. Puede que Suzumebachi ya no pueda presentirnos, pero nos conoce, y si investiga acabará encontrando esta tienda.

Su amigo asintió. Si eso ocurría todos estarían en peligro, incluidos los niños… y eso era algo que no podía permitir.

-Me pondré a prepararlo todo.-dijo decidido mientras volvía a ponerse de pié.

Yoruichi no dijo nada y Kisuke se dispuso a salir de la trastienda pero una pregunta más apareció en su mente, una muy importante, y acabó frenando en seco.

-Por cierto… ¿Le contaste a Soi-fong de qué va todo esto?

Yoruichi levantó la mirada para luego desviarla hacia otro lado. Kisuke ya debía conocer la respuesta con sólo verle el gesto.

-No.

-Mmm- dijo el rubio con una leve sonrisa- sigues tratándola como tu pequeña subordinada, ¿eh?- Yoruichi volvió a dirigirle la mirada- Aunque quizás debería empezar a pensar en ella como una mujer adulta, y no como una niña…

El rubio salió finalmente de la estancia y no alcanzó a escuchar la respuesta de su amiga.

-Por desgracia, ya lo hago…


Soi-fong caminaba pensativa por los pasillos del 2º escuadrón deseando ardientemente llegar a su habitación.

La conversación con el capitán del escuadrón de detención se había alargado más de lo debido hasta que finalmente había decidido realizar una ofensiva directa contra aquellos criminales que, según parecía, estaban planeando un atentado contra el Seretei. Se llevaría a cabo mañana y esperaba que todo saliera bien para poder zanjar de una vez ese desagradable asunto. Pero al menos eso la había obligado a centrarse más en sus labores y olvidarse momentáneamente de otras cosas… pero desde luego no la había ayudado a relajarse.

Se sentía cansada y sólo pensaba en llegar al final de ese maldito pasillo.

No obstante y a pesar de su estado, hacía tiempo que notaba una extraña presencia tras de sí. No sabía exactamente qué era o de quién, pero estaba claramente detrás de ella, por lo que se dio la vuelta rápidamente esperando ver algo entre las sombras… pero sombras fue lo único que encontró.

Siguió avanzando, girándose repetidas veces, intentando pillar por sorpresa a quien quiera que fuera, pero cada vez que lo hacía se encontraba de nuevo con la oscuridad. ¿Estaba paranoica? ¿O simplemente cansada? Después del día que había tendido hoy, probablemente se trataba de las dos cosas.

Se giró varias veces más antes de llegar a su cuarto donde la esperaba su mesa llena de papeles y su cómoda cama. Hizo una pequeña votación en su mente y definitivamente, la cama le ganó al trabajo por goleada, así que no la hizo esperar. Se tumbó en la cama olvidando aquella extraña sensación y no tardó mucho en dormirse.


Muramasa y Suzumebachi salieron de las sombras del cuarto en cuanto estuvieron seguros de que la peliazul estaba dormida. Probablemente sólo llevaban esperando 5 minutos para poder actuar… mejor para ellos.

Sin hacer ruido ambos la rodearon y Muramasa, sin mediar palabra con su acompañante, puso su mano sobre la frente de Soi-fong mientras susurraba palabras que nadie podía entender. Por su parte, la avispa se posó en el escritorio esperando a que Muramasa hiciera su trabajo.

Sonrió para sí. Cuando su maestro hubiera terminado de hacer lo que fuera hacer, Soi-fong volvería a ser la maestra que ella recordaba.


La imagen era borrosa, oscura e inquietante… no podía ver nada en ese entorno tan loco. Poco a poco, la luz se abrió paso, la nitidez se apareció lentamente pero no del todo y la inquietud dejó paso a una quietud aparente, que desparecía y regresaba a placer...

Soi-fong se hallaba en un bosque de colores y consistencia extraña.

El aire era pesado y se le hacía difícil ver, pues la vegetación no paraba de moverse, pero juraría que se trataba del bosque del 2º escuadrón. ¿Cómo había acabado allí?

Los arbustos aparecían y desaparecían en ese fastuoso baile, el cielo cambiaba de naranja a lila en cuestión de segundos, apenas podía respirar y no parecía haber ningún animal vivo a los alrededores. Jamás se había sentido tan agobiada.

Tenía que salir de allí.

Echó a correr en dirección a los barracones del 2º escuadrón, saltando de árbol en árbol antes de que desapareciera. Corrió durante muchos minutos, desesperadamente, para finalmente detenerse exhausta. Ya debía estar cerca de su escuadrón, y entonces averiguaría como había llegado hasta allí, pero al levantar la vista para mirar a su alrededor sintió como la angustia se apoderaba de ella. Sorprendentemente, se encontraba en el mismo sitio que antes. Los mismos arbustos, los mismos árboles, los mismos nidos vacíos… Todo era igual. No se rindió y trató de avanzar de nuevo varias veces, pero siempre acababa en el mismo sitio. El bosque era una secuencia repetida una y otra vez.

-¿Qué pasa aquí?

Nada era lo que parecía, y en medio de esa confusión, sintió un reiatsu extraño no muy lejos de ella. Buscó con la mirada, tratando de definir en qué lugar se hallaba ese extraño ser exactamente. Nada en los árboles situados a su espalda, nada a su derecha, nada al frente… Se giró entonces rápidamente a su izquierda y pudo ver una sombra que la observaba desde un árbol.

-¡EH!-gritó.

La sombra echó a correr y Soi-fong hizo lo mismo, pero ninguna de las dos parecía avanzar. A pesar de que la sombra también estaba atrapada en aquel bucle, Soi-fong no parecía recortar distancias con ella. Si la sombra giraba a la izquierda, Soi-fong también lo hacía. Si por el contrario giraba a la derecha, ella también, pero nada parecía cambiar. Finalmente, Soi-fong se detuvo en uno de los árboles y, para su sorpresa, la sombra hizo lo mismo. Se quedó quieta unos instantes, esperando el momento justo para saltar sobre la sombra. Unos segundos más y tendría la fuerza y la concentración necesaria para llegar hasta ella de un solo salto. Esperó un poco más… sólo un poco más …. y ¡ZAS!

¡Saltó unos 4 metros de una zancada!

Pero la sombra hizo lo mismo, cayendo atléticamente sobre el árbol más cercano.

-¿¡QUIÉN ERES!- preguntó Soi-fong-¿¡QUÉ PASA AQUÍ!

La sombra no se inmutó ante los gritos desesperados de la peliazul. De pronto, los cambios en aquel bosque comenzaron a desestabilizarse y todo comenzó a temblar. Muchos árboles se derrumbaban, los arbustos desaparecían definitivamente, el cielo se volvió bicolor de forma perpetua y finalmente el árbol sobre el que se encontraba Soi-fong cayó al vacío.

Soi-fong se despertó exaltada en mitad de la noche. El sudor recorría su frente, la cama estaba básicamente empapada y se encontraba en un estado de histerismo que no recordaba haber sentido hacía mucho tiempo… Estaba temblando, y le costaba moverse a causa del miedo. Le costaba cerrar los ojos…

Se tranquilizó levemente al ver que se encontraba en su habitación, en su cama y se dijo a sí misma que todo había sido una pesadilla. No había nadie en su habitación, ni rastro de aquella extraña sombra… ya no sentía ningún reiatsu extraño…

Cuando estuvo un poco más tranquila se levantó de la cama y salió a la terraza de sus aposentos para observar el bosque. Todo estaba bien: el cielo nocturno estaba lleno de estrellas, los arbustos y árboles estaban en su sitio, seguía habiendo ardillas dando vueltas por ahí y las aves rapaces nocturnas ya hacía rato que estaban de caza.

Todo parecía normal.

Se sentó en la silla de su mesa y trató de serenarse pasándose la mano por el pelo. Había sido una pesadilla horrible, agobiante… y lo peor de todo, sin sentido alguno. ¿Tendría algún significado en especial? ¿O sólo era producto del cansancio y la imaginación? Ojala fuera lo segundo…

De pronto, una inmensa sensación de tristeza y dolor la invadió por completo… se sentía vacía, perdida… sola.

Necesitaba salir de allí, necesitaba inexplicablemente echar a andar por la S.S… ¿por qué? No lo sabía… pero lo hizo.


En la tienda de Urahara, todo el mundo estaba despierto a pesar de la hora de la noche que marcaba el simpático reloj de gato de la entrada. Uryu y Jinta habían terminado de empaquetar sus cosas, y Tessai, que tenía poco que empaquetar, ya tenía sobre sus hombros al menos 3 maletas (una era suya, las otras 2 eran del tendero).

-Bien. Creo que ya está todo- dijo el susodicho en voz alta.

-No lo olvides Kisuke, no se os ocurra pasar cerca de las casas de Ichigo y sus amigos. No queremos involucrar a nadie más.- dijo Yoruichi en su forma humana.

-Tranquila, no te preocupes. Sé lo que tengo que hacer.

Y dicho esto toda la tropa de la tienda excepto la mujer de pelo violeta salió de la tienda en mitad de la noche.

Yoruichi se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados mientras los veía marcharse. Sin embargo sus pensamientos se hallaban en la Sociedad de Almas, pues hacía rato que había notado algo extraño, como un gran cambio en el equilibrio cósmico del Seretei. ¿Habrían atacado las zampakutó? ¿Debía ir a echar un vistazo o se trataría de una trampa de Suzumebachi? Fuera como fuere, notaba que Soi-fong estaba involucrada en ese cambio… y no era nada bueno.


Soi-fong avanzaba lentamente, recorriendo la sociedad de almas como lo haría un animal herido, sin fuerza, sin ganas y con una terrible expresión de tristeza en sus ojos azules. Por alguna razón, se sentía impulsada a realizar el recorrido que llevaba haciendo desde que había despertado. Era ya más de media noche y los shinigamis estaban durmiendo en los barracones de sus correspondientes escuadrones, asi que nadie la vio paseando cual alma en pena en la oscuridad del cielo nocturno. El sonido de los grillos y la luz de las luciérnagas eran sus compañeros de viaje mientras sus pasos la llevaban lejos del centro de la S.S. , cerca de las afueras del seretei, adentrándose en el bosque donde se encontraban las agrupaciones de los clanes. Sin saber muy bien cómo, ahí se hallaba, de pié, inmóvil ante la puerta de la aldea del clan Fong de la aristocracia menor. Hacía décadas que no había vuelto a pisar ese lugar, desde que lo abandonó para formar parte de las fuerzas especiales. Dudó unos instantes, pues un cúmulo de sentimientos la abordaban mientras contemplaba el símbolo de su clan en la puerta, ese símbolo que ella había prometido honrar con su servicio a "esa familia de la aristocracia mayor" a la que su clan se hallaba subordinado. Finalmente ( y aún con ese nudo en el estómago que no la abandonaba) , entró sin hacer ruido y volvió a cerrar el portón tras de sí, encontrándose de lleno con las casas de sus familiares y antiguos vecinos. A medida que iba avanzando por las calles, se dio cuenta de que todo estaba exactamente igual que hacía 150 años. Nada había cambiado tras su marcha. No parecía que nadie la hubiera echado de menos.

Se sorprendió al ver que todavía recordaba dónde estaban las casas de sus amigos y familiares más cercanos, llegando paso a paso hasta su propia casa: un edificio de una planta, tamaño medio y con un precioso estanque en su jardín. Pasó el pequeño puente que atravesaba el estanque y llegó a la puerta del que fue su hogar en la infancia.

Su padre había muerto hacía ya muchos años en una misión y su madre, victima de un ataque, había perdido un brazo y se había visto obligada a regresar a su hogar en el clan. Sabiendo todo esto, la actual líder de las dudó de si entrar a su casa en la posición en la que se encontraba era lo apropiado, por lo que finalmente optó por dirigirse al jardín de la parte de atrás.

Allí la esperaba un precioso banco de piedra protegido por un enorme sauce llorón, en el que había jugado con sus 6 hermanos tantas veces, tratando de llegar de un solo salto a aquel majestuoso árbol. Soi-fong siempre ganaba en ese juego, mientras que sus hermanos, más grandes que ella , nunca llegaban a rozar si quiera las ramas. Ahí fue donde comenzó a verse el potencial de cada uno, y paradójicamente, la vida de los 7 pequeños se había desarrollado exactamente igual que sus juegos: los 6 varones no habían conseguido si quiera rozar un puesto firme en las (pues habían muerto en sus primeras misiones) mientras que la mujer, y encima la hermana pequeña, lo había conseguido todo. Soi-Fong, sonrió con tristeza ante tal pensamiento. A pesar de que sus hermanos habían deshonrado a su familia con su debilidad, los echaba de menos en aquellos momentos de soledad.

Sin embargo, ese no fue el único recuerdo que llegó a la mente de la capitana en ese jardín, pues pinceladas de un atardecer primaveral se hicieron cada vez más nítidas en su memoria hasta el punto de sobrepasar la realidad…

"Shaolín….. Shaolin date prisa y ven aquí, hay algo importante que tengo que decirte"…

La voz de su padre sonaba clara como el canto de los pájaros mientras una pequeña de unos 8 años de edad corría rauda hacia el sauce donde la esperaba sentado su progenitor. Por fín se inclinó ante el hombre que comenzó a hablar.

"Shaolin, ahora vendrás conmigo a un lugar muy importante"

"¿Un lugar importante?" dijo la pequeña

"Así es, ponte tu kimono más formal y reúnete comigo en la puerta de la aldea, hoy cambiará tu vida y será sellado tu destino"

La pequeña sin entender demasiado obedeció y entró rápidamente a su casa donde su madre ya se había adelantado y tenía preparada ya su indumentaria. Se vistió rápidamente y se dirigió a toda prisa a la puerta de la aldea para no hacer esperar a su padre, quien ya la esperaba con un uniforme negro y un pañuelo que ocultaba sus rasgos.

Soi-Fong, que observaba la escena atónita, se reconoció a sí misma en esa niña y corrió tras ellos siguiendo sus pasos de cerca, recordando perfectamente el lugar al que se dirigían…

No tardaron mucho tiempo en llegar y lo hicieron justo a tiempo. La procesión en aquel majestuoso puente acababa de empezar y la familia Shihoin estaba a punto de hacer su aparición. El padre de la pequeña Shaolin se arrodilló y permaneció así durante todo el paso de la familia noble a la que servía mientras la atónita niña observaba todo con curiosidad. Por su parte Soi-fong no daba crédito. ¡Estaba viendo escenas de su pasado como si de fantasmas se trataran, su padre, aquel bello atardecer, incluso a sí misma! Oía sus voces claramente, los veía de forma nítida y sentía la misma emoción y desconcierto que había sentido cuando era pequeña. Sabía bien lo que venía ahora y aún así no podía evitar una inmensa emoción. Ya habían pasado los sirvientes, los pajes, y ahora le tocaba el turno a ella…

"¿Puedes verla, Shaolin? Esa dama que tienes ante ti es la Tenshi Heisouban, la princesa del clan Shihoin .Un día se convertirá en la cabecilla del escuadrón de castigo, tú estarás a sus órdenes y deberás obedecerla aunque sea a costa de tu vida. "

"¿Aún a costa de mi vida?"

"Así es, aún a costa de tu vida. A partir de hoy cambiarás tu nombre por el de "Soi-Fong" y vivirás para esta persona. ¿Lo has entendido?"

La pequeña miraba hacia el puente fijando sus ojos en aquella muchacha de piel morena sin ser capaz de decir una palabra. Por su parte Soi-Fong se hallaba en la misma situación…

-Excelencia…

La princesa, sentada en su trono llevado por sirvientes, miraba al frente con los brazos entrecruzados en las mangas del kimono, congelando todo a su paso, imponiendo un inmenso respeto en las dos Soi-fong, que no podían hacer otra cosa si no admirar su perfección…

Finalmente, la procesión finalizó y la familia Shihoin se alejaba cada vez más dejando en ambas un vacío inmenso.

La Soi-fong adulta estuvo a punto de correr tras ellos, pero la voz de un hombre se lo impidió.

-¡Soi-fong!

La aludida se giró rápidamente y advirtió a un miembro de las fuerzas especiales que no era su padre, pues éste era más alto y sus ojos eran también azules.

-¡Su excelencia requiere su presencia inmediatamente!- dijo el hombre serio y hablando como un auténtico soldado.

Cuando Soi- fong se quiso dar cuenta, el soldado ya había empezado a correr y tuvo que darse prisa para cogerlo y correr a su altura. No entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando, pues el hombre también parecía un recuerdo, al igual que todo en lo que había estado metida hasta ahora.

El camino que ambos seguían era conocido para la peliazul, pues lo había recorrido miles de veces… el bosque se abría paso en la S.S, siendo bañado por la luz del atardecer, atravesaban riachuelos, lagos y finalmente llegaron al lugar de destino: El 2º escuadrón.

Cuando se quiso dar cuenta, ya estaba allí, plantada en la puerta de la sala del comandante de las , esperando ser anunciada. Los soldados entrenaban en el pabellón protegidos por la muralla que cercaba el territorio y sus gritos y golpes se oían claramente, haciendo que Soi-fong recordara aquellos tiempos en los que tenía que derrotar a todos sus compañeros para demostrar que era buena, que su entrada y permanencia en las no había sido casualidad…

Los minutos pasaron y al fin, el mismo soldado que la había traído le mandó pasar. Se movió como movida por un resorte, se arrodilló y alzó la cabeza tímidamente, pero ni una sola palabra salió de su boca, pues la presencia de su comandante lo eclipsaba todo:

-Vaya, ya estás aquí,¿ lo has oído?- dijo el recuerdo

Un nudo se le hizo en la garganta al escuchar de nuevo su voz… sabía lo que iba a decir, sabía lo que ella respondería… estaba reviviendo ese recuerdo y no podía reaccionar. Ni si quiera era capaz de mirar a Yoruichi-sama a la cara, porque aquí no era Yoruichi-sama, era su excelencia.

-¿Qué te pasa? ¿No quieres mirarme… Soi-fong?- dijo la comandante entristecida.

La peliazul se sorprendió al ver que Yoruichi se encontraba ahora en frente de ella, arrodillada, mirándola fijamente a los ojos y ya no se encontraban en la sala del comandante de las fuerzas especiales, si no en una montaña casi desértica. El atardecer era intenso, una máscara de hollow se encontraba medio desintegrada en el suelo… y Yoruichi acababa de salvarla de aquel ser cuando debería haber sido al revés.

Soi- fong, recordando claramente lo que había sucedido, sintió de nuevo la impotencia y la rabia de no ser capaz de hacer bien su trabajo, de no se capaz de morir por ella como había jurado hacer. Le faltaba poder, le faltaba destreza… no era lo suficientemente buena para el cometido que se le había encargado y la vergüenza se apoderó de ella a pesar de que constantemente se repetía a sí misma que todo esto era un recuerdo.

-Su excelencia…

-¿mm?- dijo la mujer de pelo violeta visiblemente molesta ante tal honorífico.

La peliazul alzo la vista y se encontró de lleno con esos ojos ambarinos recriminándole. Se perdió en ellos un instante y los sentimientos volvieron a aflorar de nuevo con la misma intensidad y pureza que entonces. Había sido tan feliz en aquellos años…

Sólo hablaba conmigo misma… Yoruichi-sama.

Y la aludida le mostró su sonrisa perfecta a modo de aprobación.


En las sombras de la S.S, Muramasa y Suzumebachi mantienen una conversación bajo la luz de la luna.

La avispa está visiblemente emocionada mientras escucha las órdenes que le están siendo encomendadas sin poder contener las ganas de ponerse en camino.

-El conjuro durará más tiempo y sacará a la luz todo ese dolor contenido que tanto ansías hacerle recordar. Debería estar de tu parte una vez que se despierte, por lo que tus órdenes son ir al mundo humano y encontrar al enemigo. Puedes comenzar sin ella, pero como bien se demostró la última vez, vas a necesitarla.

Ese último comentario molestó levemente a Suzumebachi, ¿pero qué importaba? Por fin iba a lograr su objetivo.

-Muramasa-san –dijo la zampakutó aún molesta por la burla sufrida- No quiero pecar de curiosa, pero ¿en qué consiste vuestro conjuro?

La zampakutó la miró seriamente. No le hacía mucha gracia explicar sus secretos a nadie, pues escondía un secreto mucho mayor, pero teniendo en cuenta el estado de ánimo de la avispa, no tuvo reparos en revelarle parte de la verdad. Total, Suzumebachi no estaba pensando precisamente en las verdaderas intenciones de su líder.

-Mi especialidad, es infiltrarme en las almas de los demás, así fue como os liberé a todos. Entró en la esencia de las personas y llegó hasta los rincones más remotos de su ser, encontrando sentimientos, recuerdos, deseos… No importa lo escondidos que estén o lo antiguos que sean, nada escapa a mi control. Puedo usarlos, manipularlos hasta cierto punto para que se muestren tal y como son, para que resurjan de sus cenizas como el Fénix renace de las suyas. Si tu maestra ha estado conteniendo algún tipo de sentimiento, ese conjuro hará que salga… y entonces será nuestra.

Ese pensamiento desató una euforia contenida en Suzumebachi, que no podía esperar más. Acabaría con sus enemigos, y después con la vida de su maestra por haber mostrado tanta debilidad.

-No esperes más, Suzumebachi, ve y encuentra a la anterior comandante de las Fuerzas Especiales, Shihoin Yoruichi.

Y así lo hizo.


Soi-fong corría al lado de aquella Yoruichi del pasado sintiendo una enorme felicidad que no había vuelto a sentir hacía mucho tiempo. La diosa de la velocidad, vestía el uniforme de comandante de las fuerzas especiales y miraba con sus imponentes ojos siempre al frente mientras la pequeña Soi-fong la contemplaba con la admiración y el respeto que siempre le había tenido. Era de noche y atravesaban el bosque de la S.S como dos rayos de una misma tormenta. A veces, Yoruichi, al sentirse observada por su subordinada, le dirigía una mirada, consiguiendo ponerla roja como un tomate y haciendole desviar la vista.

Finalmente, llegaron a un claro lleno de árboles de cerezo y la peliazul sabía muy bien que recuerdo se iba a suceder. El recuerdo más hermoso ,y a la vez doloroso, de toda su vida iba a ocurrir de nuevo y no estaba segura de si sentía alegría, tristeza… o miedo.

-Voy a refrescarme un poco, ¿me esperas aquí?

A duras penas, Soi-fong logró articular un "sí" y Yoruichi se marchó, dejándola sola con sus pensamientos.

Dios, ¿qué estaba pasando? Todo había comenzado con ese extraño sueño que la había impulsado a recorrer la S.S a aquellas horas de la noche, y ahora de repente parecía ser víctima de algún tipo de conjuro. El día que vió por primera vez a Yoruichi, cuando entró a formar parte de su guardia personal… su trató calido y protector hacia ella… Todo su pasado había vuelto a buscarla de alguna forma y no entendía nada. Trató de pensar, de aclararse, de ser capaz de pensar más allá de Yoruichi, pero en estos momentos le era imposible. Los días más felices de su vida se habían sucedido continuamente y sus sentimientos hacia esa persona la abrumaban. Se sentía plena, feliz y la presencia de la Yoruichi del pasado no hacia más que avivar ese sentimiento. De nuevo sentía esa conexión con su maestra, esa tremenda emoción que sólo ella había conseguido hacerle sentir. El honor de servir a su comandante era más grande incluso que el de ser capitana y ahora podía decirlo con toda seguridad.

De pronto, oyó algo entre los árboles. Parecía como si alguien estuviera dando mandobles al viento, exclamando y gritando en mitad de aquella hermosa noche. Al principio se sorprendió y permaneció callada, esperando entender de qué se trataba pero finalmente optó por ir a averiguar qué estaba ocurriendo. Corrió en la dirección de la que parecía venir el sonido y al llegar al sitio se encontró con una joven muchacha de pelo negro-azulado blandiendo su espada contra un enemigo invisible.

"¡¿Cómo voy a poder protegerla con este nivel?"

Sorprendida, Soi-fong se encontró de nuevo consigo misma. La joven Soi-fong estaba visiblemente afectada y dirigía su rabia hacia la nada, cuando ella sabía que el enemigo al que intentaba derrotar era su propia debilidad… De nuevo, recordó ese sentimiento de frustración…

Mientras la Soi-fong de nuestro tiempo observaba abrumada la escena, Yoruichi apareció por detrás suya, sorprendiéndola, y se dirigió hacia la pequeña Soi-fong como si la actual capitana del 2º escuadrón fuera invisible.

-Escucha… Soi-fong- dijo suavemente agarrando a la pequeña por el brazo- Un mandoble se hace así.

Yoruichi movió el brazo de la pequeña con cuidado y ambas parecieron entonces dos bailarinas danzando al mismo son. La pequeña dejaba que Yoruichi la guiara y ésta observaba las reacciones de su discípula que acabó arrodillada ante ella como tantas otras veces.

-Deja de machacarte tanto, lo estás haciendo bien- dijo Yoruichi.

Esa frase llegó hasta el alma de Soi-fong como si de un puñal se tratase, pues, si bien en el pasado se consideraba débil para proteger a su comandante, en la actualidad se consideraba débil para sucederla. Esa era la razón por la que entrenaba cada día, la razón de su inflexibilidad y rigidez en todo lo que hacía… para llegar a ser digna de suceder a Shihoin Yoruichi debía que dar lo mejor de sí misma.

A pesar de que había tenido 100 años para alcanzarla, su pelea en el bosque con su antigua maestra había demostrado que aún no había alcanzado el nivel, por lo que Soi-fong no pudo evitar responder al unísono con su pasado.

-No… no soy lo suficientemente buena…

Yoruichi posó su mano en la cabeza de la pequeña Soi-fong mientras susurraba un "ya es suficiente" que hizo sonreír amargamente a la actual capitana del 2º escuadrón.

"A veces siento como si fueras mi hermana" oyó a continuación, y sintió de nuevo el calor de sus palabras y un gran consuelo al recordar aquellas muestras de afecto.

La siguiente escena humedeció sus ojos, pues Yoruichi se hallaba acostada con la cabeza en las rodillas de su pasado, mientras las flores del árbol del cerezo caían suavemente al pasar del viento. La luna llena reinaba en el cielo y Yoruichi cerró lentamente los ojos.

-Siempre estaré a vuestro lado protegiéndoos…-dijo la pequeña- Siempre…

Soi-fong estaba al borde del llanto.

-Sí… es una promesa.

Pero esa promesa jamás se cumplió.


Shihoin Yoruichi se encontraba sola en la tienda de Urahara desde hacía más de 3 horas. Kisuke, su mejor amigo, se había marchado de allí con Tessai y los niños para evitar que salieran heridos durante un posible enfrentamiento con Suzumebachi. El silencio reinaba en su cuarto, habitación en la que había terminado después de una larga y pensativa procesión por la casa, y no podía parar de darle vueltas a la cabeza.

La perturbación que sentía en el Seretei estaba impregnada con la esencia de su antigua discípula y era cada vez más y más intensa. ¿La habría atacado Suzumebachi? No, no era posible, en una pelea no se emitían esas vibraciones ni mucho menos podía sentirse un enfrentamiento desde otra dimensión. Tenía que ser otra cosa, ¿pero qué?

Se acostó sobre su futón, tratando de tener algún pensamiento que clarificara el asunto, pero todas sus ideas acababan en la nada. ¿Qué iba a hacer? ¿Esperar a que Suzumebachi la encontrara de nuevo? ¿Regresar a la S.S y contarle a Soi-fong la verdad?

Quizás la segunda opción era la que tendría que haber llevado a cabo desde el principio, pero no había sido capaz de decirle la verdad a la peliazul. De hecho, había muchas cosas, cosas importantes, que todavía no le había contado, pero es que ella simplemente intentaba protregerla. Si Soi-fong supiera lo que había ocurrido con Suzumebachi no habría dudado en ir a por ella, y además con un motivo doble:

1-Proteger a Yoruichi.

2-Recuperar su zampakutó.

No tenía duda de que su antigua discípula era muy poderosa, pero las habilidades de Suzumbachi no eran algo a pasar por alto, y si la capitana esperaba derrotarla iba a necesitar toda su concentración… y no parecía esta muy concentrada.

O al menos, así la había dejado Yoruichi aquella tarde en el bosque.

Ni si quiera ella misma entendía qué había ocurrido exactamente. ¿Por qué había hecho lo que había hecho?

Ver a Soi-fong tan concentrada, peleando contra ella con esa agilidad, con esa actitud… casi pareciera que eran enemigas colocadas al mismo nivel, o al menos eso le había parecido a Yoruichi.

Sus movimientos rápidos, su mirada, sus gestos de seguridad… era una Soi-fong que nada tenía que ver con la niña tímida que había estado a sus órdenes: era sin duda toda una mujer.

Fue entonces, ante este último pensamiento, que Yoruichi confirmó lo que ya había estado pensando: esa nueva Soi-fong la había excitado hasta el punto de acostarse sobre ella en mitad de la batalla, hasta el punto de desear besarla en ese mismo instante mandando a paseo el hecho de que fuera su pequeña Soi-fong.

Era increíble lo que habían cambiado las cosas y por primera vez en su vida no sabía que iba a hacer. ¿Volvía a buscar a Soi-fong o se quedaba en el mundo humano esperando que su discípula derrotara a la avispa?

-Maldita sea…- dijo agobiada.

Sabía que la 2º opción era la que debía tomar, pero ¿y si Suzumebachi derrotaba a Soi-fong? ¿Podría perdonarse algún día haberse quedado allí a salvo pudiendo haber ido a ayudar? La respuesta era obvia: no.

El tiempo apremiaba y debía decidir, pues aquella extraña perturbación seguía aumentando… y estaba llena de dolor.


Soi-fong continuaba en el bosque de la S.S, quieta sin moverse, inmersa en un mar de sufrimiento y decepción. Yoruichi y su yo pasado hacía tiempo que habían desaparecido en medio de toda esa locura que sólo Dios sabía de donde había salido… y aquel sentimiento de soledad y abandono había regresado más fuerte que nunca después de haber revivido todos aquellos recuerdos. Se sentía débil y cansada pero tenía que resistir y pensar cómo iba a salir de aquello. Estaba tratando de averiguar de qué tipo de conjuro podría tratarse todo aquel circo cuando, de repente, algo se movió entre los árboles. Al girarse notó el mismo reiatsu desconocido que había percibido de aquella sombra con la que había soñado. De nuevo ese ser estaba ahí y no iba a dejarlo escapar. Se concentró durante un segundo y lo localizó de nuevo.

-Esta vez te cogeré- susurró para sí.

Contó hasta tres y en unas milésimas saltó sobre uno de los árboles que había a su izquierda… pero de nuevo aquella escurridiza sombra pudo esquivarla sin problemas.

Y así comenzó una nueva persecución.

Pero esta vez no era un sueño, todo era muy real, y en consecuencia no había bucles espaciales que pudieran detener su marcha ni árboles que dificultaran la persecución apareciendo y reapareciendo molestamente. Sin embargo, y sorprendentemente, Soi-fong era incapaz de alcanzar aquella sombra.

Corría y corría sin dar un solo traspiés, manteniendo siempre el ritmo de carrera, pero por alguna razón aquella sombra era más rápida que ella, tanto, que la llevaba detrás como si fuera un perro al que sacan de paseo.

Aquella carrera no parecía tener fin. Atravesaban de nuevo el bosque de lado a lado, zigzagueaban, después volvían a hacer una línea recta y nada parecía cambiar en aquella pole.

Finalmente, y ante una perpleja Soi-fong, un enorme edificio se erigió ante ellos y la capitana pudo ver como la sombra entraba dentro sin ningún miramiento.

Las paredes de aquel edificio eran de color blanco perla, macizas y resistentes como un ejército de soldados. Los tejados daban la impresión de apoderarse del cielo, pues la casa era alta y magestuosa cual dragón, y las ventanas y arcos parecían mirarte como si no fueras más que un insecto.

Más allá de todos estos detalles, había algo mucho más impactante.

Sobre la puerta principal había un símbolo, un símbolo legendario compuesto por dos rombos, dos cuadrados entrecruzados, una luna y 4 estrellas. No cabía duda, había llegado a uno de los edificios más importantes de la S.S, había llegado a la residencia Shihoin.

Para su sorpresa no había guardias, nadie había protegiendo a la familia noble más importante de toda la Sociedad de Almas, pero en ese momento le dio igual. Sólo una cosa importaba: la sombra, y ya había perdido mucho tiempo estando atolondrada.

Entró sin dudarlo a la mansión y no tuvo más que seguir aquel reiatsu que la llevó a la sala de visitas.

Segundos después de entrar, Soi.-fong se quedó muda de nuevo.

Yoruichi y Urahara Kisuke, se encontraban sentados en los sillones de la sala, charlando tranquilamente. La capitana avanzó lentamente sin hacer ruido, contemplando a la pareja en medio de la oscuridad de la sala, pero el rubio se percató de su presencia

-Oye Yoruichi-san, mira quién está aquí.

La Shihoin giró levemente la cabeza y se encontró con aquella inesperada invitada, mostrándo una expresión de fastidio en su cara.

-Vaya, mira que eres molesta, ¿es que no puedo librarme de ti?

-Pues parece que no- bufó el rubio- pensaba que cuando te marchaste hace 100 años habría entendido el mensaje…

Soi-fong no entendía nada, pero las dos frases que acababa de escuchar, así como la reacción de su antigua maestra al verla, le habían dolido como si todo aquello tuviera algún sentido.

Yoruichi, que había leído el dolor en los ojos de su antigua subordinada, no se detuvo ahí.

-¿Qué pasa?¿Va a quedarte ahí callada toda la noche?

Kisuke dirigía su mirada intermitentemente a una y a la otra, esperando una contestación por parte de la pequeña avispa que jamás llegó. Pareciera que estuviera viendo un programa de televisión en lugar de asistiendo a aquel desafortunado encuentro.

-¿Piensas seguir yendo detrás de mí toda la vida como has hecho esta noche en el bosque?-continuó la gata con tono de superioridad- ¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz?

-Jajajaja- río su compañero.

-P..pe..pero.

La voz titubeante de Soi-fong no acababa de salir y Yoruichi la cortó.

-Vamos, Soi-fong, no seas estúpida. ¿Es que no lo ves?-permanecía sentada tranquilamente en su sillón y de alguna forma, supo lo que tenía que decir para continuar hiriendo sin piedad a Soi-fong- Para mi sólo fuiste una subordinada más, alguien a quien usar. Yo soy una Shihoin y tú un miembro del clan Fong, ¿de veras crees que alguien como yo podría sentir algo por una sirvienta como tú?

La actual capitana del 2º escuadrón trató de hablar, de defenderse, de gritarle a aquella mujer que se callase, que la dejara en paz… sin embargo otra vez fue incapaz de hablar, pues las lágrimas le apretaban la garganta.

¿Por qué le estaba diciendo esas cosas? ¿A qué venía todo aquello? ¿Era Yoruichi de verdad?

La Shihoin se levantó y se inclinó sobre ella como un rey se levanta incómodo para hablar con sus vasallos. La miró directamente a los ojos.

-Piensa un poco. Si me hubieras importado lo mas mínimo me habría quedado contigo ¿no? O te habría llevado conmigo al mundo humano para seguir juntas como te prometí.- hizo una breve pausa, mirando con una sonrisa torcida a la peliazul- Jajajajaja ¿no ves k ni si quiera me molesto en explicarte por qué me marché? ¿Necesitas más datos para entenderlo?

Las lágrimas se desbordaban de los ojos de Soi-fong, que ya no era capaz de mantenerle la mirada a su antigua maestra. Kisuke intervino entonces antes de que la gata continuara jugando con su presa.

- Jajajaja pobrecilla, no te pases Yoruichi… ¿no ves k te quiere mucho?

La aludida miró a la mujer que tenía delante sin ningún tipo de remordimiento.

-Jajaja sí, es verdad- dijo divertida- por eso no pudo si quiera matarme en el bosque cuando tuvo la ocasión ¿no es patético?

Fue entonces, ante esa última frase, cuando la rabia remplazó de nuevo al dolor en el alma de Soi-fong, y un instinto asesino tan fuerte como el que la había dominado hacía 100 años volvió a hacer acto de presencia. Se sentía burlada, ridícula al haber profesado tanto amor y respeto por una persona que, como era lógico, la consideraba tan poquita cosa. Tenía razón, ¿cómo alguien como Yoruichi iba a considerarla como su igual? ¡Era ridículo!

Ella misma lo había sabido siempre, pero Yoruichi se había empeñado en jugar con ella, en hacerle creer que para ella era algo más que una simple subordinada. ¿Cómo podía haber sido tan retorcida?

Una suave voz le decía desde lo más profundo de su alma que todo eso no era más que un complot, que Yoruichi siempre le había demostrado su cariño, que siempre la había protegido, que le había enseñado todo lo que sabía…

Pero entonces el instinto asesino le gritaba: ¡¿Sí? Y si tanto te quería, ¿por qué te abandonó sin una sola razón? ¿por qué se marchó al mundo humano con Urahara Kisuke? ¿por qué no te dice la verdad sobre las cosas?

El instinto volvía a ganar terreno y de nuevo se sentía una guerrera, una luchadora capaz de hacer cualquier cosa, incluido superar a la anterior comandante de las .

Cuando elevó la mirada, Kisuke estaba abrazando a Yoruichi, quedando claro lo que había estado haciendo su maestra después de haberse librado de ella aquella fatídica noche. Decidió entregarse por completo a su odio, a ese rencor que creía superado, pero que en realidad dominaba su vida. A pesar de haber perdido a Suzumebachi, no se lo pensó, echó mano de su espada vacía y haciendo acopio de toda su rapidez atacó a aquella pareja que tanto daño le había hecho.

En apenas unos segundos, todos habían desaparecido y se encontraba completamente sola en aquel salón.

La luz de la luna entraba por los ventanales, iluminando la oscuridad de la estancia, y devolviendo la calma y el sosiego a la escena… pero no a nuestra capitana.

De pronto, escuchó pasos. Alguien debía haberse despertado con el alboroto y bajaba a ver qué sucedía.

Voló fuera de la sala, ágil como una gacela y se apresuró a salir del terreno de la familia noble más importante. Ahora todo estaba lleno de guardias, pero ninguno la vio, y el aire parecía tener otra consistencia más ligera que antes.

Al fin, los recuerdos habían terminado, nada extraño ocurría ya, volvía a ser dueña de sí misma, volvía a pensar con claridad… y sabía exactamente a quién quería hacerle una visita.


Fin del cap XD. Ya podéis tranquilizaros y dejar de apretar el puño contra esa asquerosa de Yoruichi jajajajaja

Espero que os haya gustado y que me dejéis algún review comentando (los leo todos, me encantan, muchas gracias a todos los usuarios que habéis comentado). El próximo tardará menos, prometido, y probablemetnte será el penúltimo de esta historia T.T . Pero tranquis, que todavía queda un poquitín… y además lo más interesante ;) XD