Capitulo 7

Sabía perfectamente que no era sólo casualidad que el jovencito que estaba entregándole un paquete de correspondencia no dejara de mirarla. Al retirarse lo hizo caminando hacia atrás y sonriéndole sin apartar la mirada. Por un momento se sintió como una reina en la época antigua a la que no podían o debían darle la espalda.

Estaba segura que el chisme de que se estaba acostando con el jefe se había esparcido como reguero de pólvora y hasta en la oficina de correos hablarían de eso. Quizá dijeran que no era tan alta como las otras o tan atractiva. En fin .. no podía hacer nada contra las habladurías.

Observó el paquete con el letrero de "entregar en mano" y se imaginó de inmediato quién lo enviaba.

Lo abrió y no se sorprendió de encontrar un sujetador que realmente no estaba destinado a sujetar nada, sino mas bien como para que lo arrancaran a mordidas.

Se levantó despacio de su lugar y caminado se dirigió a la puerta de su jefe.

Tocó una vez y abrió.

-Acaba de llegar esto para ti – dijo mientras sostenía en alto el sujetador.

-Seguimos con los regalitos.

-Parece que Eliza va lanzándose con todo ¿no?

-En la mañana me preguntó si me había gustado su regalo. No alcancé a responder porque en eso llegaste tú.

-Menos mal y ¿qué hago con esto? – preguntó avanzando hacia el escritorio - ¿Lo tiro a la basura?

Albert sonrió.

-¿Te imaginas la cara de la señora de la limpieza al verlo?

-Que importa, no creo que piense que sea mio, a menos que me hiciera un implante de silicón.

Pasó saliva como pudo. No podía o no le producía ninguna reacción imaginarse a Eliza usando las bragas y el sostén, pero si en su lugar aparecía Candy, entonces tenía muchísimas probabilidades.

Tenía demasiado tiempo obsesionándose con su casi hermana y el tenerla en su mente con ese diminuto sosten y las bragas le estaban trayerndo serios problemas corporales.

-¿Te lo llevas a la casa entones?

-Olvidalo Candy, no pienso llevarme eso – contestó tratando de borrar su mente las imágenes que lo bombardeaban.

-Entonces lo dejo en el cajón de Bárbara, ella sabrá que hacer con él.

-Me parece bien.

-O quizá quieras que lo archive – respondió con una pícara sonrisa – ¿Lo pongo en la "s"?

-Me encanta tu sentido del humor. Quizá si no fuera por el problema que me está generando hasta sonreiría.

-Vamos Albert, ya pronto terminará.

-Eso espero.

Salió de la oficina mientras un pensativo muchacho no podía apartar de si la imagen de una chica rubia usando una diminuta ropa interior.

-¡Maldición!

Terminaron la jornada laboral y se fueron juntos al apartamento que compartían.

Ya no sabía qué hacer. Se sentía incómodo, desesperado, de todo un poco. La miraba de reojo y verla acostada en el sofá, con unas bermudas y una playerita blanca lo hacían sentir raro. El cabello recogido en un pequeño chongo y leyendo despreocupada un libro sin prestarle atención siquiera, completamente perdida en su mundo.

Las páginas avanzaban, la muchacha sumergida en su lectura y él sintiéndose parte del mobiliario sin poder concentrarse en nada ni apartar la mirada.

Esto era demasiado. Había encontrado la manera de no dejarse afectar por ella mientras estaban en la oficina, pero en casa era muy distinto. Todo le recordaba a Candy. Un vaso de jugo por aquí, un pasador de cabello por allá, la bolsa colgada en el perchero de la entrada y el aroma a rosas que emanaba de su cuerpo respirándose en cada rincón de su hogar.

Tenía que poner un remedio, pero estar como estatua mirándola no iba a ser de mucha ayuda.

-Estoy aburrido, ¿vamos a dar una vuelta?

La joven levantó perezosamente la mirada del libro.

-¿Ahora?

-Claro que ahora.

-¿Puedo ir a cambiarme entonces?

-Así estás perfecta, además si te cambias tomará tiempo y perderemos el atardecer.

-¡Uy! Toda una cita entonces ¿eh?

Albert sonrió de medio lado. Candy se estaba poniendo el pie y pudo admirar nuevamente el bien formado cuerpo de la chica.

-¿Vamos? – preguntó él tratando de controlar las hormomas que estaban a punto de explotarle por los poros.

-Vamos – aceptó ella dejando el libro sobre el sofá y acomodando un poco su cabello.

El día era apacible y después de varios ajetreos en la oficina les vino muy bien caminar.

-¿Algo en particular que se te antoje?

-Un helado – sonrió ella saboreándolo de antemano

-Conozco un lugar donde son deliciosos y no están lejos de aquí.

Caminaron un poco mientras platicaban. Quizá se conocían de toda la vida pero había demasiadas cosas que desconocían el uno del otro. No sabía que estaba obsesionada con los crucigramas, que le gustara la miel en lugar del azúcar, que detestaba el alcohol y el cigarro y le volvía loca la música escocesa. Demasiadas cosas que ahora le daban una idea diferente de lo que era Candy.

-¿Segura que comerás todo eso?

-¡Por supuesto!

-Nunca había conocido a alguien que comiera tal cantidad de helado y galletas y conservara una hermosa figura. Debes agradecerle a la naturaleza.

-Y a la genética – sonrió recordando la excelente figura de su madre hasta el día de su muerte.

-Sí, también.

-Hablando de buenas figuras … ¿sabes algo de Annie?

-No, no ha escrito ni hablado.

-¿La extrañas?

Hizo una breve pausa mientras contemplaba cómo ella soboreaba de una manera deliciosa su helado.

-Supongo que estaba acostumbrado a su compañía, eso es todo.

-¿Nunca consideraste la posibilidad de establecerte y formar una familia con ella?

-No Candy, yo jamás voy a casarme. No voy a ser el responsable de arruinarle la vida a alguien.

Ambos habían vivido cosas muy difíciles, sin embargo su perspectiva era diferente.

-Creí que yo era la que había pasado por un rompimiento familiar y aún así creo en el matrimonio. Quizá no debiera pero lo hago.

-Yo no. Mi padre me odiaba y …

El padre de Albert, tan enamorado de su esposa que ni con su hijo quiso compartirla. Quizá eso hizo que el chico se esforzara más y más, porque sintió que no estaba a su altura.

-No creo que te odiara Albert.

-Quizá, pero hay cosas que jamás se borran de la memoria y más si eras un niño cuando las viviste.

-¿Qué pasó?

-No quisiera arruinar la tarde con recuerdos depresivos, así que mejor disfrutemos del atardecer mientras te terminas ese litro de helado.

-¿Cuál litro? No seas exagerado.

Caminaron un poco más mientras Albert observaba de reojo a la rubia disfrutar como una niña de un dulce. Así era Candy, transparente, sincera.

-Albert – dijo de pronto - ¿de verdad no piensas formar una familia nunca?

-Nunca.

-¿No crees en el amor?

-Eso no es para mí Candy.

-¿Entonces en qué crees?

-En el deseo, en la pasión mutua. Es mejor aceptar que una relación dura lo que dura y punto.

Era triste escucharlo hablar así. ¿Y Annie?

-¿Ni con Annie te has sentido así?

-Ella busca más la seguridad del dinero que otra cosa.

Candy estaba sorprendida. ¿Cómo era posible que un hombre como él anduviera con mujeres como Annie?. Era simpático, inteligente, demasiado trabajador. Leía todas las mañanas los periódios de inicio a fin, sus consejos eran considerados como reglas de acción por miles de personas. Entonces ¿qué hacía con una mujer como Annie?, una mujer cuyo mayor proceso mental consistía en decidir de qué color vestiría ese día. Era una verdadera pena.

Hubo un breve silencio en el que cada uno pensaba acerca del otro y las situaciones por las que estaban pasando juntos en ese momento.

-Candy ¿puedo hacerte una pregunta?

-Claro.

-¿Qué es lo que hace que una mujer se comporte como Eliza?

-Se quedó pensando un momento. Miles de veces trató de explicarse diferentes situaciones a lo largo de su vida, pero no encontraba explicaciones lógicas.

-No lo sé … ¿Por qué mi padre abandonó a mi madre? o ¿Por qué tu padre no te quería como debería?

-Yo sé por qué – pensó.

El lo tenía muy claro, pero no podía decírselo. No le pertenecía el secreto, le pertenecía a su madre.

-Demasiadas preguntas sin respuesta. Me siento como aquella que dijo que un segundo matrimonio es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia.

Albert se sonrió.

-¿De verdad lo crees?

-Sí. Mi madre sufrió mucho los engaños de papá.

-¿Quieres decir que hubo más a parte de Linda?

-Solía encontrar notas en la bolsa de sus pantalones. Había días que no llegaba a la casa y sabíamos que estaba con alguien más. Ella lo pasó realmente mal. ¿No te lo ha contado Tom?

-No.

-Fue muy duro, por eso yo he decidido elegir muy bien.

-Te vendría mejor ser excéntrica y tener muchos gatos.

-No lo creo, pero gracias por los deseos.

Candy buscaba una relación estable con el "hasta que la muerte nos separe". No podía engañarse porque él no creía en eso. La idea de un hogar y la familia feliz. Podía imaginarla a ella con una pareja en una bella casa con jardín y rodeada de niños, pero no era lo que él se había propuesto desde hacía años. Lo único que le incomodaba es lo apetecible que resultaba ahora.

Continuará ...


Hola chicas ... mil gracias por seguir al pendiente de esta historia y una disculpa de antemano porque en contra de mi voluntad me vere obligada a dejarla en stand-by por algunos meses. Tengo algunas complicaciones que no me permiten concentrarme en seguir escribiendo y escribir solo por llenar un capitulo no es mi idea ... asi que ... en caso de que no pueda hacer algo de calidad, mejor la eliminare de fanfiction y cuando pueda tener el tiempo para continuarla ... la subire de nuevo.

Sorry ... de verdad no queria hacer esto pero no veo otra alternativa ...

Por lo pronto mis mas sinceras gracias a: lady karen, Roni de Andrew, jazmine21, cotapese, valebu, anilem, maya y yarda. Chicas aprecio en el alma sus reviews, de verdad no saben lo feliz que me hace leerlos y me emociona saber que les gusta leer mis locuritas.

y bueno ... inocentes palomitas que se dejaron enga;ar ... jijijiji ... feliz dia de los santos inocentes jejejejeje! sorry pero no pude contenerme =)

Besos risue;os de

Scarleth Andrey! =) juar juar juar!