Lanzadera CASA Spacecar SC-120F, dársena de acoplamiento 3 del costado de babor del crucero ligero C-12 Blas de Lezo
De Córdoba se abrochó el cinturón en su asiento de la lanzadera, frente a él estaban los capitanes de las otras 3 naves, el oficial médico de la Blas de Lezo, Isabela Martí la doctora del DISAN de a bordo, la psicóloga castrense Iglesias también perteneciente al mismo órgano de la Armada y como escolta ocho infantes de marina pertenecientes al FGAE, con el equipo completo. Martí aterrizo sobre su asiento con un ademán similar al de un turista alocado en su primer viaje en gravedad cero.
- Teniente por favor.
- Lo siento capitán. La Blasa es bastante dura, por eso me encantan los acolchados de las lanzaderas.
- ¿La Blasa? Teniente le recuerdo que la nave se llama Blas de Lezo por uno de los mejores marinos que ha tenido nuestro país. Bastante fue menoscabado por la historia como para que usted haga chistes con su nombre.
- Lo siento capitán. - Dijo en tono afectado. - No obstante solo he usado un nombre ya existente. - Alejandro apuntó esto, puede que fuera bastante permisivo según que cosas con sus hombres a cambio de un desempeño sobresaliente a la hora de la verdad, pero esto no iba a permitirlo.
- No importa teniente, solo le ruego que no vuelva a repetirse, tanto esto como su comportamiento en la lanzadera, tengamos o no personal ajeno a bordo de la misma. - Dijo sin mirar a los otros capitanes que miraban divertidos la escena a pesar de no entender el galaico-portugués que hablaban Martí y De Córdoba en ese momento.
- Entendido, capitán. - Levantó el rostro como si se hubiera acordado de algo de pronto. - Capitán. ¿puedo hacerle una pregunta sobre mi presencia aquí?
- Teniente si se pregunta porque esta aquí es porque he estimado necesario evaluar la salud física de los supuestos refugiados de la flota. Si son tan humanos como dicen ser, también necesito saber si traerán consigo alguna enfermedad exótica.
- Tiene razón capitán, normalmente los únicos riesgos biológicos que hay en otros sistemas son los que se lían a dentelladas con los colonos. Pero si ellos son humanos o se parecen a nosotros un poco podrían tener enfermedades compatibles.
- Por eso llevamos las mascaras, teniente. - Dijo tocando la suya, situada a su lado.
- Capitán, no es eso, no existe un protocolo para contactar con "otros humanos", por eso nadie lo ha tenido en cuenta, sencillamente porque era ridículo solo pensar en eso. Los protocolos estándar hablan de evitar la exposición a elementos tóxicos, pero no de virus alienígenas ya que no son compatibles con la vida terráquea, las infecciones de otros mundos son cosa de las películas de ciencia ficción de siglos atrás. Pero aquí estamos hablando de una fisiología compatible, podríamos infectarnos incluso con las mascaras.
- ¿Que sugiere entonces teniente? - Dijo De Córdoba con gesto serio.
- Si entramos así al menos una cuarentena de nivel 3. Si no, deberíamos ir con trajes de asilamiento NBQ o EVA al menos, esta es mi recomendación capitán.
- Teniente aprecio su recomendación, pero tenemos ordenes y no vamos a ir a una situación de Primer contacto con unos trajes aislantes o trajes de EVA. Tendrá que conformarse con las inyecciones extras de nanomeds que nos ha puesto en el Blas de Lezo.
- Pero... está bien capitán. - Dijo comenzando a revisar su propia mascara.
- Teniente, es una mascara de iones. ¿Como quiere revisarla?
- Lo siento, mi capitán, pero estoy algo intranquila.
La lanzadera atracó en el modulo de babor superior de la Pegasus, los pasajeros miraron sorprendidos como la nave parecía tener algún tipo de generador de gravedad, en lugar de cubiertas rotatorias. La lanzadera aterrizo pesadamente debido a eso.
- Mira por donde ya creo que esta gente tiene mucho que ofrecernos. ¿Como demonios lo harán? - Dijo Iglesias.
- ¿Un generador de gravitones? - Dijo el capitán Masters.
- ¿Y como se generan gravitones? - Dijo Korolev. - El instituto Cherekov lleva décadas estudiando como generar un campo gravitatorio artificial y no me avergüenza decir que todo es teoría.
- Tal vez sea así como pueden saltar con una velocidad igual a cero. - Aventuró a decir Iglesias. - Tal vez en lugar del núcleo metálico tienen un potente generador gravitatorio de pequeño tamaño, por lo que la nave no necesitaría alcanzar la velocidad de salto necesaria para que la masa del núcleo curve el espacio. - Korolev se mesó su barba con la mano derecha.
- Tiene sentido, eso explicaría el fogonazo energético que producen al saltar.
- Damas y caballeros. - Dijo el piloto de la lanzadera. - Todo listo, la presión atmosférica es nominalmente similar a la de esta nave.
- Pronto lo sabremos, por ahora pongámonos las mascaras. - Dijo el capitán de la flota del Pueblo Chino, al tiempo que se ajustaba la suya y activaba al campo de iones, durante un segundo su rostro destello con un tono azulado hasta el que campo se estabilizó y se hizo virtualmente invisible. Todos le imitaron.
Modulo superior de babor de la BSG-62 Pegasus
La extraña lanzadera entro en el hangar remolcada por un vehiculo, cuando se detuvo un chorro de presión salio de una válvula e instantes después la puerta se abrió.
La almirante Caín miraba molesta esa nave, no bastaba con que la hubieran humillado demostrando que la Pegasus no podía ni siquiera alcanzar al Blas de Lezo, sino que ahora tenía que recibirlos porque una de sus naves había conseguido destruir una nave base Cylon y hacer huir a otra en un corto, pero sangriento, enfrentamiento, demostrando que esa diminuta nave de apenas tres cuartas partes de la eslora de la Galáctica tenía mucha más potencia de fuego de la propia Pegasus. Cuando unas figuras voluminosas salieron de la nave sus ojos se abrieron de par en par.
Un escuadrón completo de hombres armados salio y comenzó a formar a un lado de la nave, junto a la puerta. Todos portaban un rifle de aspecto voluminoso, con un visor de un tamaño acorde. Cada hombre (si es que eran hombres) vestía algún tipo de traje negro, posiblemente presurizado, con refuerzos rígidos que recordaban a una armadura, pero hecho de algún tipo de material textil, la cabeza era una mascara lisa con 4 pequeños visores a ambos lados de la cabeza que debían de hacer de cámaras para permitir ver a sus ocupantes, y una banda azul claro. Mientras, sobre el hombro izquierdo de cada uno había una voluminosa hombrera con algún tipo de símbolo que Caín juzgo que debía ser la graduación junto con otra banda azul. A la espalda llevaban una voluminosa mochila. La almirante no entendía como podían moverse con semejante traje. Tras los hombres blindados salieron varios oficiales, o al menos eso juzgo ella.
Lee miraba también a los invitados, pero con menos animosidad. Había dos mujeres y cuatro hombres, salvo las mujeres y uno de los oficiales, que coincidían en el color del uniforme, todos los uniformes eran de corte similar pero de diferentes esquemas de colores e insignias. Pensó que debían ser miembros de diferentes cuerpos de un mismo ejército. Todos llevaban un mono de salto ajustado con acolchados, con una chaquetilla corta con las insignias de su rango y su nombre en el pecho y unas extrañas piezas metálicas pegadas en ambos carrillos unidas a un cable que bajaba hasta un dispositivo enganchado en la cintura. Además los tres oficiales que llevaban el mismo uniforme llevaban un tahalí del que iba prendida con un extraño correaje una espada corta en el caso de las mujeres y dos en la del hombre, un tipo de casi dos metros de altura y anchos hombros.
- ¡Atención! - Rugió un sargento de los marinos. Todos los oficiales coloniales se pusieron firmes. Los visitantes les imitaron cuando uno de los soldados blindados imitó al sargento.
- ¡Aprestaos! - Rugió a través del altavoz de su traje en galaico-portugués el sargento del FGAE, Haciendo que sus hombres también se pusieran firmes. Lee se extrañó al no entender el idioma en que hablaba.
Ambos grupos se quedaron quietos unos segundos firmes unos enfrente de otros, luego se saludaron militarmente de forma rápida y mecánica, el hombre y las dos mujeres con el mismo color de traje en lugar de saludar con la mano en la frente se llevaron la mano derecha al pecho, bajaron la cabeza y echaron hacia atrás su pie izquierdo, lo que dejó confundidos a todos los coloniales. La almirante fue la primera en responder.
- Sean bienvenidos a la Estrella de Combate Pegasus, de la flota colonial. Soy la almirante Helena Cain. - Señaló a un hombre mayor y de aspecto recio y luego a una mujer madura pelirroja. - Este es el comandante William Adama de la Estrella de Combate Galáctica, y esta es la presidenta de las colonias Laura Roslin.
- Muchas gracias. - Respondió el oficial más joven, pero ostensiblemente más alto y con una voz profundísima, Caín no tardó e darse cuenta de que él era la molesta voz que los había conminado a rendirse. - Soy el capitán de navío Alejandro de Córdova, capitán del Crucero ligero de escolta Blas de Lezo de la armada espacial del Reino de España. - Señaló al hombre más mayor de todos, que apenas aparentaría los 30 años, vestido con un traje de salto negro y una chaquetilla con unas charreteras más grandes de lo normal y luciendo una perfectamente cuidada barba negra. Caín se dio cuenta de que todos los oficiales eran muy jóvenes. – Este es el Comandante Dimitri Korolev, capitán del crucero pesado de línea Pedro el Grande de la flota espacial de la Federación Rusa. - Luego señaló a un nombre de tez cetrina y ojos rasgados. - El capitán de navío Wu Jiali, actual del crucero ligero Huangdi de las Fuerzas Espaciales del Pueblo Chino. Y este el es capitán Adam Masters del crucero de asalto Monitor de la marina espacial de los Estados Aliados de America. - Señaló al último hombre, un hombre rubio, fornido y de anchísimo cuello, luego se volvió hacia las dos mujeres que lo acompañaban. - Ellas son la teniente Isabela Martí y la teniente Mariana Iglesias, oficiales médicos del Blas de Lezo. - Se permitió mentir a medias De Córdova, tal vez se tomaran a mal que la llevaran en su primer encuentro, pero si algo de lo que habían contado era cierto la vertiente psicológica del asunto no carecía de importancia. - En virtud de que mi nave fue la primera en detectar su presencia, déjenme, en hombre de los mandos de esta flota y de los representares de los Cascos Azules de las Naciones Unidas de la Tierra y sus Colonias darles la bienvenida al sistema Terranova. - De pronto un revuelo cruzó las líneas de los coloniales. Varios marinos, oficiales y demás gente comenzó a murmurar, incluso la almirante y el comandante intercambiaron unas miradas de asombro y perplejidad.
- ¿Que demonios pasa? - Dijo Masters.
- Lo que sea, ha sido al decir la palabra Tierra. - Sentenció el capitán chino.
La almirante Caín gritó con fuerza pidiendo orden a sus hombres, los cuales se fueron acallando pero poco a poco.
- ¿Han dicho la Tierra? ¿quieren decir la treceava colonia?
- No. - Por el rostro de Caín pareció cruzar una expresión de alivio. - Por lo que sabemos la Tierra es el planeta natal de la humanidad, es más, deseábamos que nos explicaran de donde han salido ustedes y donde han sacado una tecnología tan diferente de nuestros conceptos científicos.
- Eso no es posible. - Intervino Laura Roslin. - Según nuestros registros los humanos partieron hace siglos de Kovol a 13 colonias diferentes, una de ella se llamo Tierra.
- Tenemos documentados civilizaciones humanas arcaicas desde hace 11 o 12 mil años en nuestro planeta y fósiles de los primeros pobladores con alrededor de 2.500 millones de años de antigüedad y en ningún caso los restos de una nave espacial que nos llevara.
- ¿Esta seguro de eso?
- Nací a unos 100 kilómetros del que se considera el asentamiento europeo más antiguo del hombre, incluso fui allí un par de veces con la escuela, y no estoy hablando de miles sino millones de años de antigüedad.
- Estuve de vacaciones con mi mujer el mes pasado en Egipto donde hace 5000 años los humanos construyeron las grandes pirámides, con tecnología de la edad del bronce. - Dijo Korolev.
- Pero...
- Señora, tenemos múltiples hallazgos arqueológicos que datan desde hace miles de años de nuestro planeta y todos construidos o habitados por el hombre, desde Orce, Atapuerca hasta la ciudad sumergida de Mega. Y en ningún caso hay referencia alguna a una llegada en nave espacial.
- Salvo algunas teorías de conspiranoicos. - Terció Iglesias, la cual se ganó una mirada reprobatoria de De Córdoba.
Enfermería de la BSG-62 Pegasus
Martí se volvió hacia el oficial médico de la Galáctica, un hombre mayor llamado Cottle, el cual le recordaba a algunos médicos ya muy baqueteados por su trabajo y que estaban ya hastiados del mismo pero por algún motivo, que a veces ni ellos mismos comprendían, seguían ejerciendo.
- ¿Es en serio?
- Así es. - Dijo el hombre algo molesto, tal vez por la incredulidad de la joven doctora llegada de saben los dioses donde. - Estos son los recursos de los que disponemos.
- ¡Por la cruz de Santiago! Tengo que hablar con mi capitán, si la población de esta flota es tan grande como dice necesita al menos veinte veces lo que disponen aquí solo para un par de meses.
- Lo mejor seria hablar directamente con el DISAN. - Dijo Iglesias. - El Blas de Lezo tiene un hospital al nivel técnico de un gran hospital de una ciudad, pero no al nivel de cantidad de personal, esto nos viene demasiado grande. Tal vez no baste con los hospitales de las otras naves.
- ¿Estas sugiriendo llamar a un buque hospital?
- Hay mucha gente que necesita ayuda y debemos intervenir, un buque del tamaño del Castilla debería bastar para empezar.
- ¿Y ustedes van a hacerlo sin pedir nada a cambio?
- El Ejército Español lleva 7 siglos acudiendo a misiones humanitarias sin pedir nada a cambio, al igual que los Cascos Azules. - Dijo Iglesias visiblemente molesta llevándose la mano al pomo de su espada reglamentaria de oficial, colgada de su tahalí de entornos ingrávidos. - Supongo que desconoce que por una ofensa menor dos oficiales se han batido en duelo en nuestro ejército. - El doctor la miro con los ojos desorbitados. Martí le puso la mano sobre el brazo que asía el arma.
- ¡Por favor Iglesias! - Esta se relajó y soltó el pomo pero siguió mirando con ojos fríos a Cottle, consiguiendo no partirse de risa por la amenaza que le había soltado. Era bastante único ver la reacción de oficiales de otros ejércitos ante la amenaza de un español a retarlo a un duelo a espada. Principalmente porque, salvo algunas excepciones, el ejército español era el único que entrenaba para usar semejante arma a sus miembros.
- ¿Qué demonios se propone?
- Lo siento, doctor, en nuestro ejército desde hace tres siglos están estipulados los duelos de honor. Yo personalmente no los apruebo, aunque, generalmente, sean duelos a primera sangre.
Modulo superior de babor de la BSG-62 Pegasus
Lee se quedo mirando a los infantes de marina españoles, ahora ya sin la placa facial del traje. Según parecía el pesado traje estaba dotado de unos servomecanismos para poder mover su masa con facilidad en gravedad y verniers de pequeño tamaño para poder hacerlo en ingravidez. Eran, por lo tanto, trajes para tanto en uso dentro de una nave como fuera de ella. El traje constaba también de un blindaje de compuestos de alta potencia, placas y tejidos antibalísticos, aparte de algunos refuerzos de metal. Aquellos mastodontes españoles llevaban un rifle G-592EK sin casquillos, con un táser bajo el cañón, aparte de una pistola pesada en el vientre, un espadón a la espalda y un cuchillo serrado en la parte de atrás de la cintura.
El oficial entendió que aquellos soldados estaban acostumbrados a batallas muy fieras debido a su armamento.
- Por los dioses de Kovol. Me hubiera gustado poder disponer de un par de esas cosas cuando los Cylons entraron en la Galáctica. - Dijo señalando uno de los rifles.
- Proyectiles de 6,82 mm. de ultra alta velocidad con cabeza de transferencia cinética. Tengo entendido que lucháis contra robots.
- Nosotros los llamamos tostadoras, pero si.
- Durante la guerra contra los Adelfoí esta munición atravesaba sus blindajes estándar y aplastaba sus blindajes pesados, con ellos dentro. Puede que no te mate un disparo en el pecho si llevas su mejor coraza, pero que un solo disparo haga que tu coraza se doble aplastándote el pecho es algo que no te permite luchar muy bien, ni respirar. Y ahora estos pequeños han sido mejorados con su tecnología de compensadores inerciales y a pesar de su potencia no tiene retroceso alguno.
- ¿Adelfoí?
- Alienígenas. Setenta años después de la colonización del planeta llamado por aquel entonces Terra II una flota de naves desconocida apareció en su orbita y comenzó a atacarla, por aquel entonces el gobierno de Terra II era independiente, y formaba parte de las Naciones Unidas junto con otras dos colonias nuevas. - Comenzó a narrar el sargento. - Apenas tenía poco más de cincuenta millones de habitantes y como protección constaba solo de cinco patrulleras ligeras, que fueron destruidas casi instantáneamente. El gobierno de la colonia mandó una señal de ayuda. Quiso Dios que el crucero Álvaro de Bazán estuviera en el exterior del sistema y respondiera presta. El capitán del navío tuvo un plan al ver que de momento la flota enemiga controlaba la orbita y su nave no bastaba para derrotarles así que lo que hizo fue efectuar un salto en baja orbita e insertar a su infantería de marina para reforzar la defensa de sus ciudades. Luego soltó las patrulleras que remolcaba, antes de saltar a casa a por refuerzos, ordenándoles que no se trabaran en combate sino que dividieran en lo posible la fuerza enemiga obligándolas a perseguirlas. Gracias a eso tanto ella como varias naves españolas y una nave de desembarco de la flota la Albión descargaron un total de cinco mil infantes de marina, cuatro mil legionarios, doscientos EZAPAT y mil quinientos Highlanders Commandos de Albión en el planeta, mientras en la Tierra se reunía una flota de ataque. De no haber sido por los hombres que descargamos en Terra II y el plan del general Posteguillo por el cual la ciudad minera de Midas fue usada como fortaleza para atraer el fuego enemigo la población no habría podido escapar de la aniquilación. - El sargento levanto la vista sonriendo. - ¡Mi padre lucho en esa batalla! Esos malditos aliens los superaban cinco a uno y los nuestros aguantaron dos semanas, dos semanas de infierno. Al final de la primera semana la munición escaseaba y ante la idea del vice-gobernador de la ciudad de escapar y dispersarse por la selva un infante de marina dijo. - Calló y miro a los suyos.
- ¡NO NOS MARCHAREMOS ASI TENGAMOS QUE LUCHAR A PEDRADAS COMO PELAYO EN COVADONGA! – Gritaron al unísono todos los infantes de marines, haciendo retroceder a los presentes un paso.
- Y lo hicimos, con dos cojones. Estoy seguro de que en las cuevas en las que viven ahora los Adelfoí asustan a los niños contando cuentos de miedo sobre el tercio viejo de infantería de marina.
- ¿Y que paso con la flota?
- La machacaron, una flota combinada de las Naciones Unidas no es moco de pavo, aunque tardamos 10 días en conseguir que todo el mundo se mojara y mandara naves. La batalla duró treinta horas y perdimos 8 naves, que Dios guarde sus almas, pero ellos salieron escaldados.
- Y no te olvides de la Valerosa Galicia. – Dijo uno de sus hombres.
- ¡Cojones no! - Dijo en Galaico-Portugués para luego continuar hablando en ingles al colonial. - Durante la batalla espacial los Adelfoí descubrieron que nuestras naves se quedaban sin munición más rápido que ellos y que dichas naves aceleraban para saltar y repostar, así que se cebaron sobre ellas. Por esto las naves españolas siguieron luchando incluso cuando se quedaron nada más que con armamento de energía, esperando una abertura para saltar y repostar.
- ¿Y se produjo?
- Si, en cierto modo, esa abertura era la Galicia, uno de nuestros buques nodriza, su capitán saltó en medio del combate y reposto a nuestras naves bajo el fuego enemigo. Luego usando unas turbinas auxiliares que le habían acoplado y cubiertas por el fuego de dos cruceros de escolta, incluso el viejo Blas de Lezo, el cual por desgracia acabo tan dañado tras la batalla que tuvo que ser retirado y desguazado, saltó repostó ella misma y volvió de nuevo al frente cuando nuestras naves lo requirieron, no una sino seis veces más. Desde entonces la Galicia se paso a llamar la Valerosa Galicia y su tripulación acumuló tantas condecoraciones que tenían que dejarlas en tierra para que el peso extra no frenase la nave. - Dijo a modo de broma. - Hubo muchas más historias en aquel día, tanto en tierra como en la orbita, tomamos una de sus naves junto a los Spacy Seal de los Estados Aliados, otra nave envistió a uno de los cruceros de batalla...
- ¿El Saladino? - Dijo una de las tres mujeres que había mezcladas entre ellos.
- Si, gracias Aguilar, maldita mala memoria. - Sacudió la cabeza. - Pero para cuando los camioneros terminaron con esa flota ya habían soltado todas las tropas que pudieron al planeta y machacamos en tierra a esos cabrones. El planeta se liberó a ras de suelo no en la orbita. - Dijo con orgullo. - Después de eso se firmó el acta de cohesión colonial, que ligaba las colonias extrasolares a un país miembro de las Naciones Unidas, el cual tenía el deber de protegerla. El gobierno de Terra II intentó por todos los medios evitarlo, pero el grupo de presión de los Estados Aliados ansiaba los increíbles yacimientos de titanio, platino y osmio del sistema. Así que al final su gobernador decidió ganarles en su juego, y consiguió apoyo para que al menos cada colonia eligiera su país representante en referéndum, y él mismo, que se había convertido en un héroe para los suyos durante el ataque llegando incluso a luchar junto a los infantes de marina, dirigió una campaña para que el planeta pasara a llamarse Covadonga y fuera parte del Reino de España, el primer país que había corrido en su ayuda y el que más tropas de tierra había desplegado inicialmente. Niven, - dijo señalando al más alto de los infantes. - es nativo de Covadonga, y te lo puede confirmar.
- Creo recordar que el capitán también es de Covadonga, aunque se crió desde pequeño en la Tierra. Y en mi versión antes de recurrir a las piedras usaron las espadas. - Dijo tocando el pomo que sobresalía sobre su hombro derecho. -Y eso les causó pavor a esos cabrones. Nunca habían visto un arma de cuerpo a cuerpo, es más, todos sus enfrentamientos siempre han sido a distancia. Así que cuando se dio la señal de a degüello y los infantes y legionarios les cayeron encima como una picadora de carne debieron manchar por dentro sus armaduras. Desde aquel día los Highlanders Commandos aprendieron la lección y llevan Claymores tácticas también con su equipo. - Sacó su espada, Lee pudo ver la ancha hoja de acero ennegrecido químicamente, estaba claro que estaba hecha para manejarse con el traje debido a su tamaño. - Yo personalmente prefiero la ibera táctica de mano y media, permite usarla con una o dos manos.
- ¿Que pasó con la guerra? - Pregunto Lee. El soldado torció el gesto.
- En la nave de capturamos conseguimos las coordenadas de varios de sus planetas y sus planes de ataque a otras dos colonias humanas e incluso a la Tierra. Ellos pensaban que habían borrado los datos, pero no sabían que habíamos bloqueado sus ordenadores con un proyectil digital...
- ¿Proyectil digital?
- Una bomba lógica informática, un virus semi- inteligente que bloquea los sistemas de las naves enemigas para impedir que borren datos o destruyan la nave, los usamos previamente antes de abordar una nave. Hace que el enemigo piense que todo funciona bien pero no es así. No puede descargar tanta información sin ser descubierto, por ello tenemos que entrar nosotros a "rescatarlo".
- ¿Una IA?
- ¿Inteligencia Artificial? ¿Y que más? ¿El abominable hombre de las nieves? - Lee no entendió que quería decir. - Son solo programas asistentes, las inteligencias artificiales son solo mitología informática.
- Las naves que los han atacado, los Cylon, son inteligencias artificiales. – El hombre clavó sus ojos en él. Sus acompañantes se quedaron también sorprendidos y petrificados.
- ¿Estas de broma? ¡Pensaba que esos robots que decíais eran drones teledirigidas! - Dijo poniéndole las manazas del traje sobre los hombros, se le veía turbado. - Según tengo entendido las IA no pueden existir, algo tan grande y complejo no puede crearse ni con ordenadores quánticos.
- Para nada, los creamos nosotros, se revelaron y han destruido todos nuestros mundos, solo quedamos nosotros.
Habitación del capitán, C-12 Blas de Lezo
Sistema Terranova, bajo jurisdicción temporal de las Naciones Unidas de la Tierra.
2 días después del primer contacto
De Córdoba leyó de nuevo las ordenes. La ONU le había mandado un pliego de instrucciones hasta la llegada de los diplomáticos. Todas las naves de la flota debían de soltar sus patrulleras para formar un cordón de seguridad alrededor de la flota. El Monitor, como crucero de asalto no transportaba ninguna, pero a cambio, a pesar de ser la nave más pequeña, era la que más potencia de fuego tenía sin tener en cuenta los artefactos nucleares. Otra de las ordenes seria proporcionar atención médica a los coloniales, algo que ya pensaba hacer de todas formas. También deberían mantener un oficial de enlace en la Pegasus y la Galáctica, mientras que un oficial colonial sería transferido al Blas de Lezo. Quedaba al mando de la flota, porque a pesar de que su nave no era la más grande de la flota compartía rango con Kamarov y el crucero de escolta tenía un sistema comunicación y control más efectivo. También debía de preparar la flota para la llegada de un almirante, el cual se haría con el mando de la misma. Por el momento desconocía la identidad de dicho almirante. Durante este ciclo de servicio a la ONU había 6 almirantes, uno de los Estados Aliados, otro de Albión, otro más Chino, uno alemán, uno ruso y finalmente, después de 13 años sin tener un almirante en la flota combinada de la ONU, uno español, la almirante Alva Fañez. Se preguntó a cual mandarían, posiblemente a uno de algún país no representado actualmente en la flota. Confió en que no fuera el almirante Steiner o tendría que obligar a sus infantes a hacer sus servicios de guardia con los cargadores de sus armas sacados y sin espadas cada vez que el almirante abordara la nave, eso si se dignaba en hacerlo.
Una luz centelleó en su pantalla, era una comunicación del puente, de la sección de comunicaciones, pronto saldría de dudas.
- ¿Si?
- Mi capitán, acaba de llegar la comunicación del alto mando de la ONU, es para usted.
- Envíemelo. ¿Como van las cosas Mena?
- ¿Perdón, mi capitán?
- Nuestros invitados, como esta su red de comunicaciones. ¿Están tensos?
- Mucho mi capitán. Sus comunicaciones militares se han reducido, pero las civiles están saturando sus bandas.
- Bien, otra cosa sería lo raro.
- ¿Y las medidas de seguridad frente a intrusiones informáticas?
- Implementadas mi capitán, hemos levantado cortafuegos adicionales, clonado y mutado nuevos perros guardianes en todos los puntos de entrada, la codificación cambia cada 64 minutos en una clave de 1024 qubits generadas por varios robots de números aleatorios en rotación. Hemos habilitado particiones fantasmas en todos los sistemas y hemos creado un entorno separado para estudiar las bombas lógicas Cylon, del mismo modo que han comenzado a hacerlo en la Tierra.
- Bien, esperemos que todo este trabajo valga. Continúe así Mena.
- Entendido mi capitán.
En cuanto le llegó el mensaje lo abrió. El mando seria transferido del Blas de Lezo al Rey Bruce, una nave de línea de Albión. Al mando del capitán Dianne Fergunson, con ella vendría el almirante William Ó Neill. Lo conocía, era uno de los militares partidarios de que la flota de la ONU dejara de ser temporal para convertirse en una flota permanente. De Córdoba no sabía que opinar al respecto, la idea en inicio parecía buena, en lugar de poseer una flota combinada cedida por los países miembros, una flota fija haría que sus unidades fueran mejores trabajando en equipo, pero mantener una flota espacial, con sus gastos y sobre todo una flota constituida por unidades de diferentes países construidas con diferentes tecnologías y sistemas dispararía aún más el coste del mantenimiento. Aunque el casco de las naves españolas fuera similar al modelo estándar ruso, su electrónica era propia, y el equipo de sus infantes alemán, los Estados Aliados, tenían cascos propios y casi todos sus sistemas y equipos eran también propios, exceptuando sus armas y reactores de origen israelí, al igual que las que usaban las naves de Albión, los chinos y los rusos solo coincidían en los sistemas de C3, la red de defensa antimisiles y el calibre de sus armas. De Córdoba meneó la cabeza, no le importaba apoyar dicha iniciativa, pero no le gustaba la idea de juntar una flota de retazos, el equipo debía de ser estandarizado, pero ¿que estándar?
Siguió leyendo, Ó Neill llegaría en una semana con suerte. Cosa que De Córdoba dudaba. Pero al menos antes llegarían un par de nodrizas a entregar material médico y comida a la flota y una nave de la Federación Países Sudamericanos o FEPASUR, el crucero de batalla Macchu Pichu, al mando del Capitán Saulo Alberto Verde Salazar, el Macchu Pichu era el crucero que daba nombre a esa línea de naves de la flota de la FEPASUR, que eran, curiosamente, una modificación del propio Álvaro de Bazán, línea a la que pertenecía el Blas de Lezo, pero que no disponía de armamento nuclear, a cambio una nave concebida originalmente como crucero ligero había aumentado de tamaño, tenía casi 25 cm más de blindaje ultrarefragtario alrededor del cinturón blindado de la nave y mayor número de armas convencionales, todas estas de mayor calibre, pero era 3.5 g más lenta acelerando que el propio Blas de Lezo debido al mayor peso de sus armas y blindaje, a pesar de ello superaba con mucho a un crucero de batalla convencional en aceleración. La idea que había llevado a los feps (como se les solía llamar coloquialmente) o pan-americanos a hacer semejante modificación a un crucero ligero hasta convertirlo en un crucero de batalla era crear una nave de este último tipo que pudiera sobrevivir más tiempo por si sola en batalla y pudiera desplegar tanta potencia como un navío de línea. Tal vez no tuviera el blindaje de una nave de línea o un crucero de batalla al uso, pero si el enemigo no podía alcanzarle debido a su defensa puntual no lo necesitaba. Vendría bien tenerlos en la flota, los oficiales sudamericanos eran un añadido reconfortante para De Córdoba. Actuaban con profesionalidad y arrojo. Casi parecía que tuvieran que demostrar algo, aunque a él pensaba que eso no era necesario, y eso a pesar de su pequeña flota, que pronto aumentaría en cuando se iniciara la colonización de Teotihuacan. Esa nueva colonia estaba en la ultima fase de exploración y evaluación, previa a la llegada de colonos. Personalmente pensaba que deberían haber elegido otra colonia, la superficie de ese planeta estaba plagado de metales pesados, y la terraformación para evitar que los colonos sufrieran enfermedades derivadas de su contacto con ellos complicaría el proceso, pero una vez hecho la Federación dispondría de una fuente casi inagotable de materias primas, que rivalizaría con las minas del cinturón de asteroides y las minas de superficie de Covadonga. Supondría un varapalo para parte de la economía española, pero seguían controlando el mercado del osmio, y la competencia les vendría bien a las empresas para que no se relajaran y se pusieran las pilas. Por suerte y por desgracia las empresas españolas habían aprendido, por el camino malo, siglos atrás que estancarse en un sector haciendo siempre lo mismo era una sentencia de muerte lenta y agónica... y de estúpidos.
Conectó con comunicaciones de nuevo.
- Mena. ¿Puede ponerme en contacto con la flota colonial? Con todas sus naves.
- Afirmativo mi capitán.
- Gracias. - No le gustaba la almirante de aquella flota pero debía informarle de las ordenes de las Naciones Unidas, aunque al informarle junto al resto de capitanes reduciría la consideración que le mostraba, y posiblemente ella lo sabía.
