Pinche Misao, no me dejó dormir en toda la noche pensando en los bebés geminianos.

Omake ubicado temporalmente 28 años antes que el animé/manga y unos 30 antes de la saga de fics de Misao.

Disclaimer: No gano nada, ¡NADA! con esto. Todos los personajes de Saint Seiya le pertenecen a Kurumada. Telémaco, Beatriz, Lümi, Antoine y Astrea le pertenecen a Misao y ella me los presta.

¡Mil gracias a Misao por el título del Omake!


AL CALOR DE GÉMINIS

Lümi levantó la cabeza, dejando de lado la armadura en la que trabajaba. Una presencia muy conocida comenzaba a subir rauda las escaleras a Aries.

¿En qué momento Beatriz había dejado su casa? No había visto a la esposa del Santo de Géminis desde que se encerrara en su casa luego de lo ocurrido dos meses atrás.

Se acercó a la entrada del templo para esperarla. La sentía agitada, asustada y preocupada, pero parecía tener mucho cuidado al subir las escaleras. ¿Acaso algo la había atacado?

Beatriz se encontraba a unos 10 metros cuando salió a recibirla. Se encontraba descalza, la arena de la playa manchaba sus pies, y llevaba un bulto de buen tamaño en sus brazos. La expresión desesperada de su rostro la asustó. Pero fue el ruido que sintió salir del bulto lo que la congeló y le robó el aire de la impresión.

X-X-X

Se movía de un lado a otro en su templo como león enjaulado. Hacía un par de horas había regresado de sus rondas en el Santuario para descubrir que su esposa no estaba en la casa. Conociendo su estado, había decidido que le daría ese tiempo a solas para que pudiera liberar su pena sin presiones y en libertad. Pero ya había anochecido, las nubes oscurecían el cielo más de lo normal y no lograba sentir su presencia en ningún lugar. ¿Le habría ocurrido algo a su mujer?

El repentino y casi desesperado llamado de la guardiana de Aries lo sacó de sus pensamientos. ¿Acaso alguien había entrado al Santuario?, ¿acaso… ¡BEA!

No tardó ni 10 segundos en bajar hasta la primera casa, pero no encontró a nadie en el templo. Siguiendo su instinto subió hasta la residencia muy bien oculta, en donde podía sentir la presencia tanto de Lümi como de su esposa.

El alivio por saber que su esposa estaba bien desapareció al llegar al salón.

Beatriz se encontraba sentada en el suelo cerca de Lümi, en medio de un desorden de cojines y mantas. Una de estas cubría sus piernas, mientras otra rodeaba su torso y la ayudaba a tapar el pequeño bulto que sostenía en sus brazos. La joven acariciaba frenéticamente dicho bulto, mientras se mecía con los ojos llenos de lágrimas.

Lümi estaba muy cerca, con una manta cubría a otro pequeño bulto que se encontraba sobre los cojines mientras usaba su cosmos para calentarlo.

El aire abandonó sus pulmones cuando se dio cuenta que los bultos eran dos bebés, azules por el frío y, en el caso del que Lümi intentaba ayudar, sin ningún movimiento perceptible.

- Telémaco, se mueren – La quebrada voz de su esposa lo sacó de su impresión. Luego de asegurarse de que el bebé que ella sostenía se encontraba en mejor estado (respiraba y lloraba muy quedo) los arropó mejor a ambos con la manta, para luego tomar el bebé de las manos de Lümi.

Mientras la amazona dorada partía por algo para ayudar a Beatriz a entrar en calor, acunó al pequeño entre sus brazos, Con cuidado, masajeando su pecho en un intento de ayudarlo a respirar, usó su cosmos para tratar de calentarlo lentamente.

Así los encontró Shion. Alertado por el llamado de Lümi, el patriarca había llegado a la primera Casa acompañado por Antoine de Acuario. Lümi estaba sentada cerca de ellos, pálida y con temor, el café para Beatriz olvidado sobre una mesita.

- Antoine, la amazona de plata que acaba de terminar sus estudios…

- ¿Astrea de Erídano?

- Ve por ella – Shion se acercó al grupo mientras el dorado salía para cumplir sus órdenes. Una rápida ojeada le permitió ver que los bebés eran gemelos, de varios meses de edad pero pequeños, y que si la situación no cambiaba rápidamente, corrían el riesgo de perder al pequeño que cargaba el santo de Géminis. – Permíteme – le dijo suavemente al hombre, mientras tomaba al bebé de sus brazos.

Se las arregló para acomodar a Beatriz junto a los dos bebés. En cuanto estuvieron juntos, vieron que el mayor nuevamente se acurrucaba contra su hermano, acomodándose como si lo estuviera abrazando. Le indicó al dorado que se colocara junto a ellos, sosteniendo con un brazo a su esposa y con otro a los bebés, para seguir calentándolos con su cosmos. Luego de pedirle a su antigua aprendiza que preparara un baño y llamara a un par de guardias, se sentó al otro lado de la pareja y puso sus manos sobre los bebés.

X-X-X

Varias horas después los pequeños por fin se habían estabilizado. Lümi y Beatriz, tras darles un rápido y cálido baño, los vestían con ropas que habían conseguido gracias a los guardias. Abajo, en el templo, Shion junto a los dos dorados recibía el informe de Astrea.

- Ambos bebés parecen estar ya mejor. Sufrían de una severa hipotermia, y aunque no soy doctora (y mañana a primera hora deben llevar a ambos para que los revise un buen pediatra) estoy segura de que ambos tienen una bronquitis de cuidado, además de estar muy desnutridos para su edad – le entregó al Patriarca dos trocitos de plástico – las tuve que cortar con muchísimo cuidado. Son las pulseras que les ponen a los recién nacidos en el hospital, y que nadie les quitó en todo este tiempo. Uno o dos meses más y podrían haberse incrustado en sus muñecas a medida que crecían.

Shion revisó las pulseras con cuidado. Casi toda la información en ellas estaba borrada, siendo lo único visible el número 31 en una de ella, y la palabra Mayo en la otra.

- 31 de Mayo… ¡son géminis! – exclamó el Santo de Acuario fijando su mirada en su compañero.

- Si, son géminis, aunque no los esperaba hasta más adelante – resopló el Patriarca con una mezcla de fastidio y enojo. Recién la noche anterior había visto el anuncio de los aprendices de Géminis en las estrellas, pero nada le había indicado que llegarían tan pronto, mucho menos en ese estado – Antoine, sé que es tarde pero quiero que prepares un aumento en la guardia de la playa. Si alguien logró meterse para abandonarlos, cualquier enemigo podría entrar.

El dorado hizo una señal al Patriarca y, tras despedirse con un gesto, abandonó el lugar para cumplir sus órdenes. Astrea pidió permiso para volver con los bebés, dejando al patriarca solo con el guardián de la Tercera Casa.

- Telémaco, ¿crees que tú y Bea estén listos para recibir a los pequeños?

El dorado guardó silencio por unos minutos, con la mirada perdida. Finalmente sonrió.

- Mucho más que listos, su Excelencia. Estaremos felices de tenerlos con nosotros.


Bueno, ahí está. Tenemos (en esa pequeña sala de conversación en donde sacamos ideas y destrozamos espíritus junto a Misao, Tsuyu y Seika) algunas dudas, sobre si el término es cosmos o cosmo. Con las diferencias que vemos en los artículos de wikis en inglés y español, no logramos ponernos de acuerdo.