Más ideas locas del pasado de los dorados. ¿Cómo llegó Afro al Santuario? Con un poco de ayuda divina.

Disclaimer: como siempre, no soy dueña de nada de Saint Seiya T-T, Ragnar de Piscis es personaje de Misao y me lo presta :D


AYUDA DIVINA

Ypres, 22 de marzo

Se sentó en una de las muchas terrazas de la Plaza del Mercado, dispuesto a disfrutar de un buen (y muy necesario) café.

Llevaba ya varios días recorriendo cuanto orfanato, hospital e iglesia existente en Bélgica, y aún no encontraba al que sería su futuro aprendiz.

Cuando el patriarca lo había llamado para anunciarle la llegada del nuevo aprendiz de Piscis, se había sentido eufórico, nervioso y algo preocupado. ¡Él, con un aprendiz! Era bien sabido entre los dorados existentes que el actual Santo de Piscis tenía una tendencia al despiste, y más de alguna broma habían hecho sobre las posibilidades de sobrevivencia que tendría un aprendiz a su cargo.

También era conocido que a Ragnar le encantaban los niños. Había sido el primero en llegar con regalos para los gemelos cuando Telémaco y Beatriz los rescataron hacía ya 5 años, y más de alguna vez los había escondido para ayudarles a evitar un castigo después de alguna travesura. Lo mismo había ocurrido tras el nacimiento de Aioros, hijo y futuro aprendiz del Santo de Sagitario.

Por esa razón, cuando le dijeron que debería partir para buscar a su muy recién nacido aprendiz, no se preocupó tanto como muchos habrían imaginado. Cuidar de un bebé no lo asustaba… tanto.

El problema es que no habían muchos datos sobre donde debía buscarlo. Lo único que sabía el patriarca es que la madre lo entregaría en algún lugar de Bélgica. Para los que analizaron la información (y para él) daba a entender que el bebé sería dejado en algún orfanato o lugar similar. Por eso había recorrido ya casi todo el país buscando en cada lugar en donde se pudiera abandonar o dejar a un niño no deseado.

Sentado ahora en una de las terrazas de la Plaza de Ypres, bebiendo un (maravilloso) café, sentía que se le acababan las posibilidades de encontrar al pequeño.

- Si sigues preocupándote tanto te vas a arrugar – una voz femenina le dijo muy cerca de él. Volteando en dirección de la voz, se encontró con la mujer más hermosa que había visto en su vida sentada junto a él.

- Disculpe señorita, ¿la conozco? – la mujer rió suavemente mientras alargaba la mano e intentaba suavizar su gesto con una caricia.

- Es en serio Ragnar, eres demasiado guapo para que arruines tu rostro con esas expresiones. Relájate y disfrutemos de nuestro café – en ese momento Ragnar descubrió que la mujer disfrutaba de un café aparecido de la nada… y que ella le estaba hablando en griego.

Ok. Una diosa griega se encontraba sentada a su lado. Algo que no le extrañaba tanto como debería, considerando su trabajo. Ahora debía ingeniárselas para no hacer o decir algo que pudiera ofenderla.

Le dio una cuidadosa y disimulada mirada. Llevaba un vestido de corte elegante de exquisito diseño y zapatos a juego. El cabello estaba sujeto en un peinado algo conservador para la época, y su belleza natural no necesitaba de ninguna ayuda para destacar con luz propia.

- Señora… - la mujer carraspeó sin dejar de beber su café. – Señorita Afrodita, no esperaba verla por estos lados, ¿qué la trae a este lugar?

- Disfrutando las hermosas vistas de la ciudad mientras sigo a mi santo favorito – le respondió guiñándole un ojo. Ragnar levantó una ceja, en un gesto que mostraba la pregunta que no haría en voz alta. - ¿No me crees? Vamos… que no me hayas visto hasta ahora ni significa que no he estado detrás de ti… por bastante tiempo.

ESE era un PEDAZO de notición que jamás se habría esperado. El santo se la quedó viendo con la boca abierta, incapaz de responder. La diosa volvió a sonreír, mientras le cerraba suavemente la boca.

- Cuida que no entren moscas – dejó su mano en el rostro del santo, acariciando su mejilla. Ragnar sintió que su rostro se calentaba, lo que le permitió saber que comenzaba a sonrojarse.

- Disculpe señorita…

- Tengo un nombre, cariño. No temas usarlo sin tantas formalidades.

- Ejem… Afrodita. Disculpa mi reacción. Es que, esto es un poco sorpresivo, en especial en estos momentos en que…

- ¿En que estás buscando a tu futuro aprendiz? – comentó terminando su frase. – Sobre eso, creo que te tengo algunas buenas noticias. – El dorado pareció animarse (y disminuir su sonrojo) al oírla.

- ¿Sabes donde puedo encontrar al bebé?

- Sé cómo lo vas a encontrar, y que no será hoy – la sonrisa del santo se apagó un poco. – La otra noticia es: si te vas conmigo ahora, no sólo te ayudaré a disminuir tus preocupaciones hasta mañana, sino además te ayudaré a buscar al pequeño – le dijo mientras se levanta con sensualidad y le tendía la mano.

Dos segundos tardó en decidirse, tomar la mano de la diosa y seguirla.

Es que, ¿qué posibilidades existían de que algo así le volviera a ocurrir?


Ypres (nuevamente), 23 de marzo

Tentado (¡tentadísimo!) estuvo de no salir de la habitación del hotel ese día. Pero el deber llama, y hoy (si su reciente y divina amante no se equivocaba) encontraría a su esquivo aprendiz.

Siguiendo el consejo de Afrodita, fue de nuevo a la Plaza y se quedó de pie cerca del Palacio de Justicia, mientras bebía otro café. Completamente distraído pensando en la noche anterior, no se dio cuenta de la jovencita que se acercaba a él hasta que llamó su atención tocando su brazo.

- Disculpe, ¿es usted un Santo de Athena? – preguntó la joven, que no tendría más de 15 o 16 años, y que sostenía a un pequeño bebé en sus brazos.

- Ragnar de Piscis, señorita. ¿Necesita algo? – la niña, sin responder, estira sus brazos para entregarle el bebé.

- Si llego con él a casa, me matan – dijo en un susurro, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. – Hace una semana soñé con él en una armadura dorada, y supe que se convertiría en uno de los santos de aquella diosa griega… Nació el 10 de marzo, por lo que también es Piscis, ¿lo cuidará por mí?

El santo se quedó de piedra, apenas atinando a tomar en brazos al pequeño. Jamás se imagino que aquello de la madre lo entregará en Bélgica fuese tan literal.

Abrió un poco la manta que cubría al bebé para observarlo: su cabello era de un color aguamarina, y lo observaba fijamente con sus pequeños ojos de un celeste muy parecido al de su cabello. Levantó la vista del pequeño para preguntar su nombre, pero no encontró a la niña por ningún lado.

- No la busques – Afrodita apareció repentinamente junto a él. – Es mejor así… al menos para ella. – dijo mientras acariciaba al bebé. De pronto sonrió, mientras miraba a Ragnar con una sonrisa en el rostro. – Ponle mi nombre…

El pobre dorado casi se atraganta con la sorpresa ante dicha petición.

- ¡Es un chico! Si le pongo tu nombre jamás dejarán de lloverle las bromas. – La diosa entrecerró sus ojos, como si tramara algo.

- Tienes a un bebé sueco sin papeles de ningún tipo, al que debes sacar de este país para llevarlo hasta Grecia y sin usar la velocidad luz (porque podría lastimarlo).

- ¿Sueco? Estamos en Bélgica, ¿estás segura que es sueco? – Afrodita suavizó su expresión.

- Ponle mi nombre. Te ayudaré con los papeles y prometo darle mi bendición, cuidar de él y de ti hasta que obtenga la armadura… y ayudarte en todo lo que necesites durante todo ese tiempo… y quizás más – terminó con un gesto que daba a entender muy bien la clase de ayuda a la que refería.

Ragnar observó a la diosa unos segundos. Antes de asentir.

Athena lo perdonara, pero ya no podía negarle nada a esta divina mujer.


Santuario, Grecia. 24 de marzo

Sentado en su escritorio, Shion no sabía qué pensar mientras revisaba los papeles que tenía frente a él.

Hacía pocas horas que Ragnar había vuelto al Santuario, con un pequeño niño en sus brazos y varias bolsas con cosas para bebés. Mientras Telémaco y su esposa ayudaban a ordenar un poco su casa para cuidar al nuevo aprendiz, el santo de Piscis pasó rápidamente a dejar el papeleo correspondiente con el patriarca.

Papeleo que tenía a Shion con un enorme signo de interrogación en su cabeza.

De acuerdo al certificado de nacimiento el pequeño había sido abandonado en un orfanato en Ypres, con una nota donde indicaba el lugar de nacimiento (Laholm, Suecia) y la fecha (10 de marzo), junto a su nombre…

Por siglos, se tenía como norma en el Santuario mantener el nombre del bebé si este le había sido dado por sus padres antes de ser dejado en el Santuario.

Afrodita.

Se cubrió el rostro con las manos.

Quien fuera la madre del pequeño, le había llamado como la diosa del amor y la belleza.

Afrodita.

Afrodita, futuro santo de Piscis.

El pobre patriarca era capaz de ver las burlas que sufriría el pobre pequeño en los próximos años.

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Efectivamente, durante gran parte de su infancia el aprendiz de Piscis tuvo que soportar las burlas (que venían de aprendices de todo rango de armaduras), aunque mucho no le importaba.

Tenía un nombre de nena, era verdad, pero no era una nena cualquiera.

Era el nombre de una diosa. Y según su maestro, esa diosa lo había bendecido y lo protegería hasta que fuera capaz de protegerse a si mismo. ¿Cuántos aprendices podían decir lo mismo?

Además, se llamaba como la chica de su maestro, que se aparecía en secreto casi todas las tardes y le ayudaba con sus lecciones, jugaba con él o le llevaba golosinas.

Le agradaba la chica de su maestro, y él siempre se veía más feliz y relajado cuando ella llegaba a visitarlos.

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Durante los años pasados entre su llegada y la obtención de su armadura, los santos y amazonas del Santuario (al menos los dorados… y algunos pocos plateados) intentaron convencer a sus aprendices de no burlarse del nombre del aprendiz de Piscis. No con mucho éxito, hay que reconocer.

Si bien estaban todos extrañados por la peculiar elección que tuvo la madre del pequeño, lo que más les llamaba la atención era la actitud del guardián de la doceava casa.

Ragnar, antes de la llegada del pequeño, tenía gran fama de distraído. Una vez que llegó su aprendiz, al contrario de lo que la mayoría esperaba, esa distracción dio paso a una gran atención y concentración… en lo que se refería al pequeño. En todo lo demás, el dorado era aún más distraído que antes.

Sobre todo en las tardes y noches. Solía encerrarse alrededor de las 7 junto a su aprendiz y nadie lo sacaba de ahí, a menos que ocurriera alguna emergencia.

Ni siquiera salía a citas, aún cuando era uno de los santos solteros más cotizados por las chicas en Atenas.

Cuando Ragnar murió de una extraña y repentina fiebre, 7 meses después de que su aprendiz obtuviera su armadura, una misteriosa (y extremadamente hermosa) mujer fue vista rondando la casa de Piscis, aunque Afro negó siempre haber visto a cualquier otra persona en el lugar.