¡Al fin! Otro omake listo. Costó en salir, ya que tuve hartas cosas en el camino (maldita vida que se interpone).
Esta historia salió directamente de los escritos de Misao, veamos quien pilla de donde.
Disclaimer: Mi alma se lamenta cada noche al comprender que no poseo NADA de Saint Seiya ::llanto desconsolado::, Telémaco, Beatriz y Lucas son personajes de Misao y ella me los presta :D
ARDE
1735
Levantó con pesadez el brazo para poder cubrir sus ojos. En cuanto llegaron al bosquecito se habían tirado sobre el pasto y ahí se quedaron, sin moverse.
La mayor parte de los santos se encontraban en el Templo Principal estudiando la situación actual del Santuario: en los últimos días varios aprendices (y un par de santos ya adultos) habían caído víctimas de una fuerte fiebre que los mantenía aletargados en sus camas, con náuseas e intensos dolores de cabeza. Aunque la fiebre era lo suficientemente fuerte para mantener en vilo a todos en el Santuario sólo el día de ayer, tras la súbita muerte de dos de los más jóvenes aprendices plateados, habían comprendido el peligro al que se enfrentaban.
Inmediatamente se había ordenado una cuarentena, recluyendo a todos los aprendices en las estancias que compartían con sus maestros y prohibiéndoles la salida, en un intento de evitar más contagio entre los pequeños. Sin embargo, aprovechando que sus maestros se encontraban lejos analizando la situación, unos pocos aprendices dorados se las habían arreglado para escapar rumbo al bosque para jugar.
O esa era la idea. En cuanto llegaron al lugar cayeron rendidos al suelo, incapaces de volver a moverse. Iságoras, Basilio y Diego (aprendices de Sagitario, Leo y Acuario respectivamente) se habían quedado en cama, víctimas de la fiebre desde la noche anterior. Shion, quien parecía tener nada más que un fuerte resfrío, prefirió quedarse también en la comodidad de su cama. Sven, Lynus, Parminder, Iñaki y Dohko (aprendices de Piscis, Escorpio, Virgo, Capricornio y Libra) aunque no mostraban síntomas de la enfermedad, prefirieron no desafiar a sus maestros y se quedaron en la seguridad de sus casas.
Eso dejaba a Ronaldo de Tauro y a los gemelos Lucas y Alejandro como los únicos 'rebeldes' entre los aprendices dorados, dispuestos a desafiar la recientemente impuesta norma.
Idril… al verlos escapar los siguió desde lejos. La pequeña aprendiza estaba preocupada por el aprendiz de Aries (aunque nunca lo reconocería) y esperaba escuchar del trío alguna noticia de su compañero.
Pero los chicos no hablaban mucho. Se quedaron simplemente acostados, buscando la sombra de los árboles, y tratando de recuperar el aliento tras la carrera.
- Me duele la cabeza – se quejó Ronaldo a la derecha de Lucas. – Creo que debimos haberle hecho caso a nuestros maestros.
Durante cinco segundos Lucas pensó en darle una respuesta mordaz, pero se contuvo. A él también le dolía la cabeza.
- Esto fue una mala idea – le dijo su hermano a su izquierda con voz débil.
- ¿Te quejas ahora? Si mal no recuerdo esto fue tu idea – le reclamó Lucas, sin destaparse los ojos. La poca luz solar que traspasaba el follaje le molestaba.
Se quedaron varios minutos más bajo los árboles. Pese a la carrera y la jaqueca, la suave brisa y el fresco aire del lugar parecían lograr que se sintieran un poco mejor.
- Mejor nos vamos a casa antes de que nos pillen… o que nos quedemos dormidos aquí – la voz del joven toro sacó al gemelo menor de su sopor. Sentándose con esfuerzo, le dio una patada a su compañero para mostrarle que estaba de acuerdo, mientras se giraba hacia su hermano.
- Ronaldo tiene razón, mejor nos vamos antes que el maestro Spyros nos… ¿Ale?
Lucas se asustó. Su gemelo estaba acurrucado de costado, pálido y temblando como si estuvieran en pleno invierno.
- ¿Ale?, ¿estás bien? – Lucas se acercó más a su gemelo y tomó su brazo para remecerlo. Estaba caliente. Todo su cuerpo ardía. - ¡ALE, CONTÉSTAME!
Un poco más lejos, Idril de Cáncer salió de su escondite al escuchar los gritos del muchacho. Sólo Ronaldo (quien daba vueltas alrededor sin saber que hacer) la vio. Con un simple gesto le indicó que fuera por ayuda.
La llegada de la aprendiza de Cáncer generó un caos entre los dorados. Rápidamente (con el permiso de Athena) los santos de Géminis, Cáncer y Tauro se dirigieron al bosque, guiados por la pequeña elfa.
Poco más de una semana pasaron los jóvenes gemelos luchando contra aquella fiebre. Hasta que una tarde, tras una corta y última conversación con su hermano, Alejandro murió en los brazos de su maestro.
3 de Mayo, 1982
Lucas suspiró cansado (si es que un fantasma puede cansarse) mientras se restregaba los ojos con las manos.
El último mes había sido caótico. Luego de la repentina llegada de los futuros aprendices de géminis, la actividad se había multiplicado al infinito en la tercera casa.
Las dos primeras semanas estuvieron llenas de miedo por el estado de los pequeños. Su evidente desnutrición, sumado al tiempo pasado en el frío y humedad de la playa les había provocado una fuerte bronquitis de la que tardaron en salir. Telémaco, Beatriz y el mismo Lucas habían pasado casi todas las noches en vela vigilando a los pequeños, listos para partir al hospital ante cualquier complicación.
Una vez que los pequeños se estabilizaron, comenzaron las visitas por parte de los dorados.
Es que, con la excusa de querer ver y regalonear a los pequeños, y tras descubrir la excelente mano de Beatriz en la cocina, los guardianes de las otras casas aprovechaban de dejarse caer precisamente a la hora de la cena, costumbre que no abandonaron por años y que cada vez ponía más furioso a pobre guardián de Géminis.
Beatriz era su esposa, y no tenía por qué compartirla (o compartir lo que cocinaba) con los demás.
Lucas sonrió mientras recordaba la última vez que Telémaco había explotado y les había dicho exactamente lo mismo a sus compañeros. El grito que dio asustó a los gemelos, lo que puso a Beatriz en modo mama leona, obligando a todos a dejar la casa para ir a calmar a sus pequeños.
Telémaco durmió esa noche en el sofá.
A Lucas poco le importaban las visitas de los otros dorados. Para él lo único que importaba eran los pequeños. Le encantaba tener gemelos en géminis. Cada noche, después que sus nuevos padres adoptivos los hicieran dormir, se sentaba junto a su cuna y les contaba historias de su vida. Los combates con sus enemigos, la camaradería compartida con sus compañeros de armas… los juegos con su hermano Alejandro.
La presencia de Beatriz lo sacó de sus recuerdos. Con un mes viviendo con los pequeños comenzaban a formarse rutinas en la tercera casa. Ahora, tras despertar de su siesta (las que aprovechaba de tomar mientras los pequeños dormían la suya) la esposa de Géminis comenzaría a cocinar para un regimiento… digo, comenzaría a preparar la cena (durante la cual de seguro les llegarían visitas).
Lucas aprovechó para ir a vigilar a los gemelos. Si bien la salud de ambos había repuntado, no podía evitar preocuparse por Saga, quien finalmente mostró ser el más vulnerable a la dichosa bronquitis y que mantuvo en vilo tanto a los residentes de Géminis como al Patriarca (y a varios santos más).
Cuando llegó al cuarto de los pequeños un mal presentimiento lo embargó. Se acercó a la cuna y los vio dormir, tranquilos como sólo estaban durante el sueño. Al igual que cuando los encontró en la playa, Saga se acurrucaba contra Kanon, como abrazándolo y protegiéndolo de cualquier cosa que pudiera llegar.
Le dio mala espina. Ese gesto inconsciente del bebé había desaparecido poco a poco, a medida que se iban recuperando. Si su memoria no le fallaba, llevaba casi dos semanas sin abrazar a su hermano mientras dormían.
Se acercó un poco más, y notó que el bebé respiraba más rápido de lo normal, y con mucha dificultad. Un suave silbido salía de su pecho cada vez cada vez que respiraba, y sutiles temblores recorrían su cuerpo cada cierto tiempo. Concentrándose mientras acercaba la mano al pequeño, pudo notar que este ardía en fiebre.
Un recuerdo casi olvidado lo azotó de repente. Una imagen de su hermano, tendido bajo los árboles, ardiendo mientras temblaba entre sus brazos…
Si hubiese estado vivo, habría tropezado en cuanto mueble se le cruzara por delante en su desesperación. Afortunadamente, como fantasma, atravesar paredes y obstáculos era pan de cada día, por lo que pudo llegar junto a Beatriz casi de inmediato.
¿Cómo le avisaba?
La vez anterior le había dado un pequeño empujón mental para que caminara rumbo a las rocas, lo que había sido fácil de hacer gracias al estado psicológico de la mujer. Ahora que estaba completamente recuperada, no sería capaz de repetir dicho truco.
¿Qué hacer? ¡¿Qué hacer?!
Entonces se fijó en la taza de café que la mujer sostenía en sus manos. ¡Claro! Ella era muy supersticiosa. Se concentró unos segundos en la taza, pensando en…
La taza se agrietó por completo, de arriba hacia abajo justo al lado del asa. Beatriz inmediatamente la dejó en el lavaplatos, observándola con temor mientras el café se escapaba por la grieta. Hacía un par de meses Natsuki, la joven amazona de Camaleón, tras ver cómo su propia taza de rompía de la misma forma, había comentado que eso era un mal augurio, y que una tragedia estaba ocurriendo cerca (o le ocurría a alguien cercano).
Dos horas después un llamado le comunicaba la muerte de su padre en un accidente en Hokkaido.
Su primera reacción fue avisarle a Telémaco (y asegurarse de que nada grave estuviera ocurriendo en el Santuario), pero un golpe sordo desde el cuarto de los bebés llamó su atención.
Momentos más tarde los gritos de Beatriz alertaron a su esposo, quien rápidamente subió hasta el piso residencial y corrió hacia donde escuchaba a su esposa. Sin alcanzar a avisar a nadie, Telémaco abrió un portal al hospital más cercano para llevar a un ardiente Kanon a emergencias.
Lucas volvió a suspirar con pesar, mientras trataba de calmar con su poca y fantasmal energía tanto a Saga como a la mujer que lo mecía en sus brazos. Algo le decía que con estos gemelos, no habría nunca más calma en la casa de Géminis.
¿No encuentran curioso que una serie de omakes ubicados temporalmente en el pasado de la serie (y de la Saga de Misao) se llame Futuro? :P
