3. No hay imposibles

Toph no tuvo que esperar mucho para reunirse con sus amigos. Katara y Sokka corrieron a abrazarla, mientras Suki los miraba sonriendo.

— ¡Toph, al fin te encontramos! — exclama Katara casi llorando de emoción.

— ¡Sí, y no eres nada fácil de encontrar! — dice Sokka estrechándola.

— Qué bueno que pudimos hallarte — dice Suki acercándose —. Estábamos preocupados por ti, aunque sabemos que puedes cuidarte sola.

— Eh, pues gracias — le contesta la chica ciega —. Oigan, ¿y quién es ése?

Toph señala en la dirección de donde habían llegado sus amigos, pues siente la presencia de un personaje muy peculiar.

— Ah, pues verás amiga — contesta la morena —, deja que te presente a…

— Wong y Chen señorita — dice un joven, que Toph sintió de pronto muy bajo de estatura, aún más que ella —, Yo soy Chen, mucho gusto.

— Y yo soy Wong, un placer — dice otra voz, esta vez de un hombre más alto que la maestra-tierra. El primer chico le estrecha la mano, con lo que se dio una idea de su baja estatura; pero el otro no se la da, mas luego se disculpa con ella.

— Perdone señorita, no puedo darle la mano como mi primo, pues carezco de ambas.

— Y yo — dice el primer joven —, no es que sea bajito como imagina, sino que no tengo piernas.

— ¡Hey, pero son dos! — dice Toph con asombro — ¿Cómo es que sólo pude sentir a uno?

— Ah, eso es porque estábamos así — dice Chen, el joven sin piernas, y al decirlo hace una espectacular pirueta con solo la fuerza de sus brazos, saltando y cayendo sobre los hombros de Wong, el chico sin brazos. Verlos así unidos, semejaban y se movían como si fueran un solo hombre, uno muy alto. Hicieron juntos una serie de movimientos de artes marciales, con tal maestría que definitivamente parecían uno solo.

— Tienen que enseñarme esos movimientos chicos — dice Suki aplaudiendo —, son sensacionales de verdad.

Sokka los mira receloso, mientras Toph esboza una sonrisa discreta, pues percibe los celos en el moreno.

— Wong y Chen nos ayudaron a encontrarte amiga — continúa la morena —. Ellos conocen bien toda esta zona, no viven muy lejos de aquí con sus esposas.

— Ah vaya — dice Toph —. Entonces deben conocer al amable anciano que vive aquí, en esa casa.

— ¿Eh, anciano? — dice Wong, mientras Chen vuelve a bajar al suelo —. Pero señorita, esta casa ha estado deshabitada desde hace muchos años, creo que más de cien.

— Así es — agrega Chen —. Nuestro abuelo solía contar historias sobre un hombre solitario que llegó a vivir aquí, y que podía controlar el tiempo. Pero nadie en la familia le creía, porque era… eh, bueno…

— Un poco loco —dice Wong, poniendo gestos graciosos —. Dice que la única vez que habló con él le dijo que llevaba más de quinientos años buscando un sitio para vivir en paz, pues todo el que lo conocía quería utilizar su poder en su propio provecho.

— Así es, y que al llegar aquí se dedicaba a ayudar a quien de verdad necesitara un poco de tiempo para reflexionar, o para volver a comenzar.

Toph estaba asombrada. Por las palabras de ambos chicos, comprendió lo que le había pasado. El tiempo se había detenido cuando conoció al viejo Kiang, y siguió así mientras estuvo conviviendo con él, para luego continuar su marcha al despedirse. Por eso sus amigos la encontraron, estaba ya dispuesto que sucediera.

— Gracias a los espíritus que te encontramos amiga — le dice entonces Katara —. Por favor, perdónanos por ser tan insensibles contigo. Estábamos tan emocionados con la coronación de Zuko y todo lo demás, que...

— Sí, sí, ya, no importa — dice Toph con algo de fastidio —. De todas formas, no creo que pudiera llegar muy lejos con estos mapas que sólo Sokka puede leer.

— Pero Toph, déjame decirte... — dice la morena, buscando el perdón de su amiga.

— Dije que ya no importa Katara — le dice Toph a la cara —. Ya sé que, a fin de cuentas, tengo que depender de ustedes para volver con Lee... E- está bien... (sob).

— Ay no, Toph no llores — le dice Sokka en plan serio —. No salimos a buscarte para verte así. Mira, por el camino nosotros, eh; hablamos un poco, y... pues...

—Lo que Sokka quiere decir — dice la morena —, es que volveremos ya mismo a la aldea. No podríamos ser felices si tú no lo eres junto con nosotros amiga.

La felicidad invade todo el cuerpo de la chica ciega. No podía creer lo que escuchaba, así que toma a su amiga por los brazos y la agita antes de preguntar.

— Katara, dime que no me están mintiendo, por favor, ¡dímelo, necesito escucharlo!

— Ninguna mentira señorita — intervienen los primos inválidos —. Nosotros nos hemos ofrecido a acompañarlos, pero como ya es algo tarde, les ofrecemos nuestra casa para que pasen la noche, y mañana temprano partiremos, ¿qué le parece?

— ¡Gra-gracias, muchas gracias a todos (sob)! — dice la maestra-tierra casi llorando de felicidad — Pero por favor, dejen eso de "señorita", soy Toph, ¿de acuerdo?

—Completamente de acuerdo Toph — dicen los primos al unísono.

— Bueno, pues, ¿dónde está Appa? — pregunta la chica ciega —. Déjenme subie a él para ponernos en marcha.

— Eehhmmm… — dice Sokka llamando la atención de Toph — Appa no nos acompaña Toph. Iremos por tierra todo el camino.

— ¡¿Eeehhh? — exclama Toph incrédula — ¡¿Pero por qué?

— Verás — explica Katara —. Zuko debe quedarse a organizar su gobierno, y a preparar su coronación. Es algo ineludible ya, pues el pueblo necesita saber quién los gobernará en adelante. Incluso su boda con Mai será pospuesta.

— Y para prepararlo todo — interviene Suki —, le ha pedido a Aang que le preste a Appa, pues con él harán su entrada como gobernantes de la nueva Nación del Fuego.

— Precisamente Aang fue a avisarle que te encontramos — puntualiza Sokka —, para que vuelva a la ciudad con sus soldados que salieron con él a ayudarnos a buscarte. Volverá pronto, y entonces marcharemos hasta la aldea.

— ¡Pero vamos a tardar muchísimo! — exclama Toph perdiendo la esperanza de llegar pronto.

— Ahí es donde mi primo y yo les ayudaremos Toph — dice Wong —. Conocemos bien todos estos caminos, y ya con los mapas del amigo guerrero podremos tomar algunos atajos para llegar rápido a su aldea.

— Pero, como dijimos — completa Chen —, es algo tarde para aventurarnos a caminar en la oscuridad, así que les invitamos una rica cena y una confortable cama en nuestra humilde morada, donde nuestras esposas nos esperan.

— Eh… bueno — dice convencida la chica ciega, y todos emprenden el camino a la casa de los primos inválidos. Aang los alcanza por el camino, y llegan pronto a la casa donde dos chicas muy atractivas los reciben, dándoles muestras de mucho amor a los primos.

— Amigos — anuncia Chen —, tengo el placer de presentarles a Fan y Liú, nuestras adorables esposas.

— Mucho gusto — dice la primera —. Soy Fan, la esposa de Chen, y ella es mi hermana Liú.

— Así es — se presenta la otra —, y soy la esposa de Wong.

— Vaya — comenta Sokka luego de presentarse —, pero qué coincidencias con el parentesco.

— Nuestras familias arreglaron los matrimonios — explica Wong —. Pensaron que nosotros no podríamos conseguir esposa estando así.

— Pero qué bueno que nos casaron — dice Fan —. Si no, hubiéramos perdido a dos magníficos caballeros que nos complacen en todo.

— Mmm… sí… — apunta Liú pícaramente — Y en qué forma…

Todos ríen ante el comentario, y se disponen a pasar una linda velada. Los primos cuentan cómo fue que quedaron en su estado actual, tras un grave accidente ocurrido en su casa familiar. Un incendio se llevó todas sus pertenencias, mas no así la vida de sus familiares, pero Chen casi no lo cuenta al quedar atrapado en los escombros, con las piernas atoradas bajo las vigas ardientes de la casa. Wong fue el único que pudo lanzarse a rescatarlo, y el mover las pesadas vigas para sacar a Chen le valió tener graves quemaduras en los brazos. Ambos perdieron sus miembros, pero no así sus ganas de vivir, y salieron adelante montando un pequeño espectáculo acrobático, donde llamaban tanto la atención que recibían suficiente dinero para vivir. Ahora eran los guardabosques de la ciudad, por eso se habían mudado a las afueras donde no les faltaba nada para vivir bien con sus jóvenes esposas.

— ¡Vaya! Debió ser muy duro para ustedes los primeros meses — comenta Katara.

— Estamos acostumbrados — dice Wong orgulloso —. Desde entonces nos convencimos que podíamos hacer, si no todo, pues casi todo. Sólo hay que encontrar la forma.

— Y hasta ahora no hemos dejado de encontrarla — finaliza Chen —. Pero nuestro logro mayor ha sido encontrar el amor en nuestras lindas esposas.

— ¡Ay Chen! — dicen ambas sonrojándose. A Toph eso le pareció algo cursi.

La velada terminó y todo el mundo se retiró para descansar. Toph en un principio no podía dormir, pensando en cómo llegar más pronto a la aldea.

— ¡Caramba! — dice la maestra-tierra — Ojalá y hubiera alguna forma de llegar en menos tiempo…

Con esto en mente, la chica ciega se quedó dormida, sin sospechar que su deseo ha sido escuchado por una figura encorvada, que sonríe fuera de la casa.