4. Ansiedad

Toph despierta temprano, deseando encontrarse con sus amigos preparándose ya para viajar. Pero algo extraño pasa, y ella se da cuenta casi de inmediato. Hay murmullos fuera de la habitación donde está, y todos caminan con sigilo. Ella los imita, y muy quedo se aposta junto a la puerta, abriéndola muy despacio. Usando su oído, sacó una mano con rapidez, capturando la manga de alguien que iba pasando cerca de la puerta, el cual no tuvo tiempo de decir nada hasta que estuvo dentro. Toph cerró la puerta y se dispuso a interrogar al capturado.

— ¡Tía Toph, estás despierta! — dice el pequeño Sung, sorprendido.

— ¡Sung, eres tú! — dice Toph, también sorprendida.

— Pues sí tía, aquí es nuestra casa — dice el niño con naturalidad.

— ¿Pe-pero cómo es que… que llegué aquí? — se pregunta la chica ciega.

— Ay tía, debes seguir agotada — contesta su sobrino —. Llegaste hace unas horas, junto con los maestros y unos amigos, pero tú estabas tan cansada que venías durmiendo. El maestro Sokka te trajo hasta tu habitación, y la maestra Katara te puso ropa de dormir.

— Nuestra casa — repite Toph incrédula, y luego sacude a su sobrino por los hombros — ¡Sung pronto, dime dónde está el collar con mi perla!

— Eh, yo… n-no lo sé tía — dice Sung agitado. A Toph no le suena sincero, así que lo presiona más.

— Si vivimos aquí, tú debes saber dónde se encuentra todo, ¿verdad?

— S-sí tía Toph — contesta el chico nervioso.

— Y sabes por tu tío Lee, que yo puedo saber si me están mintiendo o no, ¿verdad?

— Sí, s-sí tía.

— Bien. Entonces Sung, por favor llévame hasta donde está mi perla. Tú sabes dónde está guardada.

— Sí tía, sí lo sé. Pero… Tío Lee nos dijo que no te la diéramos hasta que él volviera.

Las palabras del chico dejan de una pieza a la maestra-tierra. Sin soltar a Sung, continúa interrogándolo.

— ¿Qui-quieres decir… que Lee no está aquí?

— Sí tía. Tío Lee salió de viaje hace tres días, a buscarte un lindo vestido para la boda de ustedes.

Ahora Toph comienza a calmarse, con la ilusión dibujada en el rostro. Eso explica el por qué Lee no estaba en la cama con ella, ni en la casa, ni en la aldea.

— ¿Les dijo a ti y a Ming por qué no deben darme mi perla? — le pregunta a Sung con tranquilidad.

— Pues dijo que todos los preparativos de su boda son una sorpresa para ti tía — contesta Sung —. Pensaba volver antes de que llegaras, pero por si acaso nos advirtió de que por nada del mundo te dijéramos o mostráramos nada de lo que estamos haciendo aquí y allá afuera… ¡Ups!

El chico se le quedó mirando, tapándose la boca con ambas manos mientras Toph sonreía abiertamente. Ahora era primordial conseguir su perla, a como diera lugar.

— Sung, pequeño — le dice a su sobrino arrodillándose a su lado —. Yo sé que ustedes son unos niños muy obedientes, y sé que está mal si desobedecen a su tío. Pero quiero decirte que no te preocupes, soy tu tía y te quiero lo suficiente como para evitar que te castigue si me das la perla. Te prometo que no le diré ni a tu hermanita, ni a tu tío nada de esto. Será un secreto entre nosotros.

— E-es que… Era una sorpresa para ti… — dice el pequeño compungido.

— De hecho, todo esto es una sorpresa para mí Sung, te lo aseguro.

— ¿Será un secreto tía, de verdad?

— Claro que sí, palabra de maestra-tierra.

— Bueno… ¡Está bien!

El chico fue hasta la cama, y Toph sólo podía escucharlo porque el piso es de madera. Sung hurgó bajo las almohadas, y sacó de ahí una bolsita de cuero, y fue a entregarla a su tía.

— Toma tía. Espero que te guste la sorpresa.

— Me gustará, seguro que sí — le dice Toph a Sung, poniéndose el collar. De inmediato, la mágica perla realiza el prodigio, y devuelve la vista a la chica ciega, quien se maravilla mirando su alcoba matrimonial. Es sencilla, pero llena de pequeños detalles que, sin ser lujosos, lucen maravillosos a la vista de Toph.

— ¡Qué hermoso! — dice Toph, olvidando por un momento que está acompañada. Sus ojos encuentran la ventana de la alcoba, y rápidamente se dirige a ella.

— ¡No tía, te van a ver! — grita Sung, pero es tarde. Toph se asoma ya a la ventana, y se entusiasma al ver que da hacia las calles de la aldea, engalanadas por miles de cadenas florales que desprenden deliciosos perfumes. Algunos aldeanos que estaban colocando más flores se sorprenden al verla, y corren a esconderse.

— ¡Tía, ya no es secreto! — le dice Sung enojado a sus espaldas — ¡El tío va a molestarse, y ya no confiará en mí!

— ¡Sung, no corras, lo siento! — dice Toph, percatándose de que su ansiedad por ver la sorpresa la hizo cometer un error. Va tras el chico, y como puede ver lo sigue hasta la puerta de la alcoba por donde ha salido, frenando ahí su carrera y quedándose parada en el umbral. Allí están, mirándola, todos sus amigos con excepción de Zuko y su prometida Mai. Sus amigos se ven algo cansados, y tienen claras señales de no haber dormido mucho.

— ¡Toph, despertaste! — le dice Aang acercándosele — Creíamos que terminaríamos antes de que te levantaras, pero bueno, ya no importa. Ven, te mostraremos tu nuevo hogar.

Toph anda por cada lugar de la casa, descubriendo un mundo nuevo en cada sitio. Se da cuenta de que Lee ha cuidado cada detalle para darle la vida más cómoda posible a su prometida. Sin embargo, el ver a sus amigos tan desgastados la preocupa, y en la primera oportunidad habla con su amiga Katara.

— Katara, no entiendo. ¿Qué sucedió, cómo es que llegamos sin que me diera cuenta?

— Te explicaré — dice la morena, esforzándose por sonreír a pesar del cansancio —. Para sorprenderte, decidimos viajar mientras dormías, e hicimos el recorrido casi sin parar ni dormir. Al llegar aquí te acomodamos en tu cama, para que siguieras durmiendo y no te dieras cuenta de las sorpresas que has visto.

— ¿Por eso están así, tan cansados todos?

— Pues sí, pero no te preocupes. Ya tendremos tiempo de reponernos, por ahora, tu boda es la prioridad. Los niños nos explicaron lo que pasaba con Lee, y Sokka, consultando sus famosos mapas, nos dio que es muy probable que tu adorado novio llegue mañana.

Toph tuvo entonces sentimientos encontrados. Se sentía feliz de que al fin podría abrazar a su amado Lee, pero le oprimía el corazón el ver en ese estado a sus amigos, que habían hecho tal sacrificio sólo por su capricho. En eso, un halcón mensajero entró por la ventana, posándose cerca de ellas. Traía una carta dirigida a los chicos, pero Toph se la quitó y la entregó a Katara para que se la leyera.

— Es de Lee amiga — le informa la morena —, y dice que tardará un poco más en volver, pues no encontró barco que saliera hacia acá pronto. Les avisa a Ming y a Sung que te reciban, y que te digan que no te preocupes por él, que pronto estará por aquí para desposarte.

— ¿Pronto? Pero… ¿Cuándo es pronto Katara? — replica la chica ciega.

— No lo sé, no lo dice — contesta Katara un poco compungida por su amiga.

— Un poco más… Que espere un poco más… — dice la maestra-tierra, comenzando a enfadarse — ¡¿Pero, por qué me hace esto, por qué? ¡¿Qué no sabe que lo amo, que quiero estar con él?

— ¡Toph, cálmate por favor! — le dice Katara, tratando de controlarla —. No debes apresurar las cosas, dale su tiempo. Él te ama, y no va a abandonarte.

— ¡De seguro ya se encontró a otra! — grita Toph desesperándose más — ¡Sí, es eso, se encontró a otra mejor y más bonita que yo, una que puede verlo sin usar magia! ¡Ay, quisiera tenerlo ya aquí mismo, y vería quién soy yo!

Así diciendo, Toph vuelve a la habitación, encerrándose a llorar su desconsuelo. Se queda arrodillada en el suelo, y llora sin parar por largo rato, con las manos sobre su rostro. Cuando al fin se calma, limpia sus lágrimas y hace por levantarse, pero se lleva una sorpresa. El piso de madera cruje bajo su peso y la habitación está en ruinas. Donde ella no puede verla, la misma figura encorvada que antes escuchara su deseo la observa, esta vez con gesto grave, aunque atento.