5. Un precio alto

La chica ciega no puede creer lo que le muestra el poder de su perla. Hace un momento estaba en una acogedora habitación, y ahora está rodeada de escombros. Sus ropas están rasgadas, como si hubiera tenido un ataque de desesperación y se las hubiera arrancado. Mientras camina entre las ruinas, dos figuras saltan de la nada, y la toman por sorpresa atrapándola e impidiendo que toque tierra.

— Perdónanos Toph — le dice Chen, el chico sin piernas, abrazándola con fuerza — ¡Wong pronto, arriba!

Wong aparece por la espalda de ambos, y con un ágil movimiento de pierna, levanta a ambos en el aire, y Chen cae en los hombros de su primo con la chica abrazada fuertemente. Toph no alcanza a comprender por qué hacen eso.

— ¡Pero qué…! ¡Oigan, paren esto! — se queja la chica ciega.

— Lo sentimos, no podemos — dice Wong, saltando hasta alcanzar los árboles cercanos, evitando que Toph alcance a utilizar su poder. Con grandes zancadas entre las ramas, pronto llegan a la plaza del poblado, que luce peor que la casa que acababan de dejar. Allí están sus amigos, ante un gran montón de escombros que parece imposible de remover, y que Aang escarba tan rápido y cuidadosamente como puede con tierra-control.

— ¡¿Pe- pero qué pasó aquí? — exclama Toph sin entender.

— Tú debes saberlo Toph — dice una voz femenina a sus espaldas. Es Suki la guerrera, que trae a cuestas a Sokka, pues debe ayudarle a caminar por traer una pierna fracturada e inmovilizada. Ella misma está bastante golpeada, tenía un ojo inflamado y apenas veía por dónde iban.

— ¿Y-yooo? — responde Toph incrédula — ¿Pero… Cómo…?

— Porque tú fuiste quien lo hizo Toph — le dice su amiga Katara, mientras se cura los raspones de los brazos con agua-control —. Montaste en cólera porque Lee no regresaba, y tu furia hizo todo esto.

— No podíamos detenerte sin lastimarte Toph — le dice Zuko, acercándose en guardia junto con Mai —, y de verdad no queríamos hacerlo, por eso nos dedicamos a tratar de salvar a tanta gente como pudimos. Garg nos ayudó a sacarlos en los animales de carga más grandes que tenían, y todos se fueron a las montañas.

— N-no entiendo… ¿Cómo es que yo…? — sigue diciendo la chica ciega.

— La verdad, todos sabíamos cuándo volvería Lee — sigue diciendo la morena —, pero él quería que todo esto fuera una verdadera sorpresa para ti, y nos pidió guardarle el secreto.

— Así es — continúa Sokka —. Todo estaba planeado, la tardanza era a propósito para dar tiempo a que todo estuviese listo. Pero tuvimos que adelantar el viaje, para que no sospecharas…

— Pero aún así, queríamos ocultarte la sorpresa — dice Aang acercándose, con el semblante descompuesto —. Lee regresó hoy, e iba a darte un regalo muy bonito. Aquí está…

El Avatar muestra un vestido blanco manchado de tierra, maltratado y medio rasgado. Tiene huellas de manos, en color rojo, las cuales horrorizan a Toph haciéndola pensar en lo peor.

— Estaba moviendo la tierra con cuidado, para ver si podía estar bien — explica Aang cerrando los ojos —, pero creo… Creo que llegué tarde…

— ¡¿Quéeee? — grita Toph con desesperación — ¡No, no puede ser, no es posible que Lee esté… que yo lo haya… yo…!

— ¡Sujétenla bien! — ordena Zuko, y todos apoyan a los primos inválidos para evitar que Toph pueda bajar a tierra. Al tenerla sujeta, la mantienen suspendida horizontalmente, tomándola por las extremidades, mientras Aang se le acerca lentamente, con lágrimas en los ojos.

— Cuando hice esto nunca creí tener que volverlo a hacer — dice el Avatar, imponiéndole las manos a su amiga —, y mucho menos a alguien que aprecio. Lo siento mucho Toph, pero eres un peligro para todos, incluso para ti misma. Por eso, voy a retirarte tu tierra-control, igual que hice con Ozai.

— ¡¿QUÉEE? ¡Noooo, no Aang, no lo hagas por favor! — ruega Toph, luchando por liberarse — ¡Nooo, no lo hagas, perdónenme, por favooooorrr…!

Todo parece terminado para Toph, quien comienza a desvanecerse. Los ojos se le nublan, y no alcanza ya a escuchar su propia voz gritando. Ya solo se deja llevar por el momento, pero entonces sucede algo extraño. En vez de la mano del Avatar sobre su frente, siente dos manos pequeñas que le sacuden por los hombros con cuidado. Aunque abre los ojos no ve nada, y asustada se levanta de repente, golpeándose la cabeza contra algo que identifica por el sonido que sigue después.

— ¡AAUCH! — se queja Sokka, agarrándose la cabeza — ¡Toph, lo confirmo ahora, eres una cabeza dura! ¡Aaayyy!

— Ya, ya Sokka. A ver, déjame ver… — le dice Suki amorosamente, mientras el moreno se deja querer.

Todos ríen ante la situación, menos Toph, que no sabe qué es lo que pasa. Entonces la voz de Katara la saca de su aturdimiento.

— Je, je, no te toques el golpe amiga — le dice poniéndole un poco de agua —. Como siempre, mi hermanito se llevó la peor parte, y tiene un gran chichón en la frente.

— ¡Katara, eres tú! — le dice Toph a la morena, abrazándola — ¡Qué alegría! Pero, ¿y mi perla, dónde está? ¡Katara, la perdí, no puedo ver sin ella!

Todos callan ante lo que ha dicho la chica ciega, poniendo cara de duda. Katara se resigna, y le explica a Toph que sigue siendo de noche, que están en casa de los primos inválidos esperando el amanecer para partir a la aldea de Lee, y le recuerda que él tiene su perla, junto con los demás obsequios que les diera Zen, el samurái.

— Y bueno, pues acabas de revelar el secreto de tu perla Toph — le dice sonriendo —, el que les íbamos a revelar en el momento de tu boda.

— ¿De-de verdad puedes ver con esa perla Toph? — dice Aang con aire inocente.

— Sí "pies ligeros" — contesta Toph ya más tranquila —, se los mostraré en cuanto la tenga otra vez. Pero, por favor díganme, ¿no estábamos hace un rato en la aldea ya?

— Aún no Toph, permítenos decirte — dicen Wong y Chen—. Habíamos planeado salir muy temprano de aquí para ahorrar tiempo, de hecho, ya casi es hora. Lo dispusimos así para llegar a la aldea con anticipación como querías, y pues…

— ¡No, no! — interrumpe Toph, comprendiendo todo de golpe — Está bien, hay que descansar mucho para el viaje, lo comprendo. No se preocupen por mí, sabré esperar. Podemos partir después del desayuno, ¿qué les parece?

Todos se miraron asombrados, pero nadie se atrevió a contradecirla. Se dieron de nuevo las buenas noches, y se retiraron a sus camas, pero Toph detuvo un poco más a Katara.

— Oye amiga — le dice en voz baja —, ¿Aang no me ha quitado mi poder, verdad?

— ¡Ay Toph, claro que no! — le confirma la morena — ¿De dónde sacaste ésa tontería? Aang no sería capaz de hacerte eso.

— Gracias, muchas gracias Katara — le dice Toph con alivio —. No sabes lo feliz que me pone escuchar eso. Hasta mañana amiga.

Katara se despide, sin comprender muy bien lo que significan las palabras de su amiga, y no se percata de que fuera de la casa hay una figura que las ha comprendido muy bien, y se retira con una gran sonrisa.