9. Sí, Acepto

— Chi-Chicas… — dice Toph temblando — ¿Q-qué ha-hago?

— ¿Eh, cómo dices? — contesta Suki con sorpresa —. Pues, sal y cásate Toph, tu novio te espera, ya lo escuchaste.

— Vamos amiga — dice Katara — no te irás a echar para atrás ahora.

— Tía Toph, ¿tienes miedo? — pregunta Ming viéndola temblar.

— ¿Mi-miedo, y-yooo? — responde la chica ciega haciéndose la fuerte — ¡C-claro que n-no! No t-tengo miedo… Yo… Yo…

— ¡No, que va! — dicen las otras tres a un tiempo, y Katara tomó la palabra — Anda amiga, esto es lo que tú querías. No desaires a Lee, estoy segura de que él también esperó pacientemente este momento. No irás a dejarlo plantado, ¿o sí?

— N-no, claro que no — responde Toph algo más tranquila —. E- es sólo que…

— Nada, nada tía — dice Ming halándola de las mangas —. Vamos ya, que todo mundo te espera.

Toph se deja llevar, con la incertidumbre dibujada en la cara. AL salir de la habitación, un "oh" generalizado se escucha, y las voces masculinas que distingue la novia se deshacen en halagos y admiración. Pero la que a ella le importa es la de su amado Lee, y no la escucha entre las otras.

— ¡T-Toph, pero q-qué hermosa! — dice Sokka con los ojos fijos en ella — ¡Vaya, este Lee sí que tiene suerte…OUCH!

— ¡Y tú también la tuviste Sokka! — le reclama Suki luego de golpearlo, a lo que los demás ríen, incluyendo a Toph.

— ¡Hey Suki, yo sólo quería que sonriera! — se queja el moreno — Ya sabes que tú eres la mayor belleza para mí…

— ¡Sokka, deja ya que me sonrojas! — responde la guerrera melosa.

— Este… me gustaría recordarles que la que se casa soy yo — dice Toph, ya más controlada —. Gracias por el halago Sokka, créanme que me muero de ganas por verme…

— Tus deseos son órdenes chica linda — dice la voz de Lee detrás de Toph, quien se queda inmóvil por la sorpresa —. Si me haces favor de girarte, cumpliré tu deseo. Ming, ¿podrías…?

— Entendido tío Lee — dice la chica, y Toph la escucha correr y volver en un momento.

— Aquí hay un espejo chica linda — dice el ladrón —. Lo detendré para que te mires cuando Ming traiga tu perla.

— ¡Oye! — contesta la chica ciega, saliendo de su ensoñación — Eso me recuerda que no me has dicho cómo sabías lo que hace mi perla.

— Pues, el samuraí Zen me lo dijo, luego de que casi lo adiviné. Si lo recuerdas, él y yo peleamos cuando nos conocimos. Bueno, en esa pelea noté que uno de sus ojos era falso, y quise robárselo para que se humillara, pero increíblemente lo defendió como si fuera su ojo natural. Yo hice de tal forma mi lucha que logré que se le cayera solo, y me di cuenta de que le costaba un poco localizarme. Entonces me di idea de lo que esa perla hacía. Ya de amigos, zen me lo confirmó.

— ¿Y lo guardaste en secreto? ¿No pensabas decírmelo?

— Toph, amor mío, había tantas diferencias entre nosotros cuando nos conocimos, que en lo último que pensaba era en decirte mis secretos… Hasta que me enamoré de ti.

Toph se enterneció ante la confesión, y estaba a punto de besar a Lee cuando Ming llegó corriendo.

— ¡Ya, ya estoy aquí! — dice jadeante — ¡Aquí tienes tía!

Toph siente el peso de su collar en su cuello, y al instante se activa el poder de su perla. Cuando su visión se aclara, tiene ante sí su propia imagen que un gran espejo le devuelve, y se maravilla ante lo que ve. Su vestido de novia es en verdad hermoso, todo de seda, cortado a la medida justa y de un blanco muy puro y brillante. EL ruedo le llega justamente arriba de los tobillos, permitiendo ver sus pies descalzos, que ahora están adornados con joyas de oro, plata y pedrería, al igual que sus manos y su cabeza. Su cabello está atrapado en una hermosa tiara dorada y plateada, y su rostro perfectamente maquillado. Parece una princesa.

—Yo… yo… — balbucea Toph, sintiendo una lagrimita de felicidad en su mejilla.

— No, no chica linda, no llores — dice Lee desde detrás del espejo —, o nos harás llorar a todos. Mejor sonríe, te verás más hermosa.

— E-es que… M-me s-siento tan… tan… — dice Toph, sin poder controlarse.

— Entonces, para que no llores, mira al hombre que tendrás solo para ti.

Lee hace a un lado el espejo que porta, y así Toph puede verlo y sorprenderse con el atuendo que lleva puesto su novio. Es un traje de gala que mezcla los colores de las cuatro naciones, y se veía confeccionado con alta costura al estilo de la Nación del Fuego. Al igual que Toph, Lee no portaba calzado, y tampoco llevaba joya alguna. Eso le recordó los anillos que le diera su tío, e hizo por buscarlos.

— ¡Mi ropa, necesito mi…! — empezó a decir, mas su sobrina la interrumpió.

— ¿Buscas esto tía? Toma, estaban en tu ropa de viaje.

Ming le entregó los anillos, y Toph ahora pudo disfrutar de su finura y belleza. No cabía duda de que su tío Liú era un gran maestro del metal-control.

— Lee — dice la chica ciega —, quisiera pedirte algo. Estos anillos me los dio un familiar que creí perdido, pero lo volví a encontrar. Me gustaría que representaran nuestra unión, la unión de dos familias que se volverán una a partir de hoy.

— Concedido chica linda — dice el ladrón sonriendo —. Pero dime, ¿si lo encontraste por qué no ha venido contigo? Me encantaría conocer a tu familia.

— Y lo harás, algún día. Lo que pasa es que… Bueno, él…

— ¡Hey, por acá! — grita una voz desde el cielo, haciendo voltear a todos — ¡Creo que llego a tiempo! ¡¿Qué te parece sobrina?

Toph no puede creerlo. Su tío Liú en persona, llegando por el aire ayudado por un gran globo de batalla parchado y reparado de la Nación del Fuego, estará presente en su boda.

— ¡Tío, tío Liú viniste! — grita con emoción la novia — ¡Tío, podrás entregarme en el altar!

— ¡Je, je, pero claro sobrina mía! — dice Liú al tomar tierra — ¡No podía perderme la fiesta! Y además, quería conocer a tu novio, no cualquiera se merece la mano de mi sobrina querida.

— E-encantado señor Liú — dice Lee un poco cohibido ante el aspecto de Liú —. Le aseguro que Toph será muy feliz, yo la cuidaré y velaré por ella.

— Lo sé hijo, lo sé — dice Liú satisfecho —. No esperaba menos de ti, felicidades a los dos, perdón; a los ocho.

— ¡¿Eh, ocho? — dice Toph con duda — Pero si sólo somos Lee y yo…

Todos se ríen ante el inocente comentario, y es cuando Toph repara en sus amigos. Todos están vestidos como novios, listos para casarse. Los vestidos de ellas son muy parecidos al de Toph, y los trajes de ellos se asemejan al de Lee.

— Oigan, me alegro por ustedes, pero algo no cuadra — dice Toph —. Para que seamos cuatro parejas faltarían Zuko y su prometida Mai.

— Perdón , pero no faltaremos — dicen los aludidos, llegando por detrás de la casa —. Aquí estamos, aún no somos la pareja real, pero lo seremos pronto.

— ¡Zuko, Mai! ¡¿Pero cómo es que…? — dice Toph con sorpresa.

— Se lo debemos a nuestro amigo y casi alumno mío, Garg — explica Zuko — Para hacerte esta sorpresa, fue hasta la ciudad capital a por nosotros, y nos trajo muy rápido.

— Ay sí — completa Mai —, un poco incómodos, pero bueno, todo sea por verte feliz Toph.

— ¡Mai, de verdad has cambiado! — le dice Katara sonriente — ¡Cuánto me alegro por ustedes chicos!

— Pero, no entiendo — dice Toph incrédula — ¿Cómo hizo Garg para…?

La chica ciega no completa la pregunta, pues en ese momento en el cielo aparece lo increíble. Una gran manada de bisontes voladores pasa sobre la aldea, ante los vítores de la gente. Sobre el bisonte guía van cabalgando precisamente Garg, el enorme hermano de Zen, acompañado de la chica soldado de la que se enamoró en la batalla contra Azula.

— Hoooolaaaaaa… — dice al bajar — Feeeeeliiiizzzz díiiiiiiiaaaaaa Toooophhh yyy Leeeee…

— ¡Garg, estás aquí! — dice Toph sin ocultar su alegría — ¡Ahora podemos casarnos, ya no falta nadie!

— Eh, disculpe señorita Top — interrumpe Wong —, Chen y yo encontramos a este ancianito, que pregunta si es posible que se quede a las fiestas. Dice que la conoce, y que le alegraría mucho estar presente en su boda.

— ¿Lo conozco? — duda Toph. En eso, ve acercarse a Chen, guiando como puede a un anciano encorvado. Nada más verlo, a Toph se le llenan los ojos de lágrimas de contento, y echa a correr hacia el viejo.

— ¡Kiang, eres tú! — dice la novia, quien ha reconocido los pasos del anciano — ¡Bienvenido amigo, claro que puedes quedarte!

— Je, je, muchas gracias linda niña, perdón; futura novia — responde el anciano alegremente —. Y mil felicidades a ti y a tus amigos también.

Todos estaban contentísimos, y ya solamente faltaba llegar hasta el altar, donde otra sorpresa los esperaba. Allí estaba esperándolos para casarlos ni más ni menos que Iroh, el tío de Zuko. Su investidura le permitía oficiar bodas y cualquier otro rito sagrado. Pero antes de comenzar, había un pequeño detalle que resolver. Cada cónyugue debía tener un testigo, y el único al que le faltaba era a Lee.

— ¿Y ahora, qué hago? — se dijo el ladrón mientras miraba a todas partes. Pero la condición era que su testigo debía conocerlo bien, para que la unión fuera válida. En eso, un ruido llamó la atención de todos. Era la roca labrada que representaba el sacrificio de Zen, que se había movido de tal forma que el dragón grabado miraba de frente a Lee.

— ¿Sa-samurai? — le dice Lee dudoso a la roca — ¿Eres tú…? ¡BRRRRRGRLGRL!

Un chorro de agua salió de la roca, a través de las fauces del dragón, mojando la cara de Lee y parte de su ropa. Con eso no le quedaban dudas, se trataba de Zen. Lejos de enojarse, Lee festejó la broma divertido junto a todos los demás.

— Je, je, sí; eres tú amigo. Dime, ¿aceptarías ser mi testigo?

Tras un breve silencio, una brisa suave de aire caliente secó a Lee, y la roca volvió a girar para quedar esta vez mirando hacia el altar. Para Lee eso era más que suficiente, y la boda múltiple comenzó.

—… Y por los poderes que me otorga mi investidura, los declaro a todos esposos y esposas — finaliza Iroh, dando por terminada la ceremonia — Los novios pueden besar a… Eh, bueno, olvídenlo.

Iroh calló al ver que todas las parejas habían seguido el ejemplo de Toph y Lee, quienes se besaban con mucha pasión mientras todos los presentes aplaudían y lanzaban vítores sin parar.

— Lee, soy tan feliz… — dice la chica ciega, abrazando a su esposo — No creo que haya más felicidad que ésta.

— Pues espera un poco chica linda — contesta Lee seguro de sí —. Al terminar la fiesta, te llevaré al paraíso.

— Ay amor, no seas tan presumido — replica Toph —. Ya sé qué vamos a hacer, no es para tanto.

— ¿Y si te digo que será… aquí? — dice Lee, mostrándole un pequeño mapa con indicaciones, que señalaban una isla llena de vegetación no muy lejos de la costa a donde llegaba el río que atravesaba la aldea.

— ¡Wow, suena muy bien! — dice Toph mirando el mapa.

— Y se pondrá mejor linda — replica Lee guiñándole un ojo —, porque te prometo que no volveremos hasta que seamos tres… o más…

FIN