Hola!

Siento haber tardado en actualizar, y sobre todo lo siento por que el capítulo no merezca la pena ( sobre todo después del final del último cap xD) pero wen... espero mejorar y que al menos os parezca entretenido :)

Comencé otro fic, otro Dramione pero dramático. La verdad esque me pasé de dramático. Espero que os paséis por ahí y me comentéis porque no estoy segura de si seguirlo o no :S

Y por último, pero no menos importante...


Capítulo 8

¡Pillada!


Draco Malfoy y Hermione Granger se encontraban ambos frente a frente en la habitación de las chicas de séptimo de la casa Gryffindor.

Mientras que Draco vestía el uniforme femenino de la casa de los leones ( con la falda reglamentaria excesivamente corta) y un cabello digno de pelo Pantene, Hermione sólo iba tapada con una toalla verde pálido atada a la altura del pecho, el pelo rubio mojado goteando sobre sus hombros y la culpabilidad tatuada en su cara.

Sin embargo, no podía evitar que se le escapase una media sonrisa mientras observaba a su rival mirándole con el entrecejo fruncido y con la anteriormente suya espesa cabellera suavemente peinada en dulces bucles y brillantes que caían sobre sus hombros.

- Wow…- exclamó Hermione que seguía mirando ese peinado que le quedaba (bueno…, a su cuerpo) francamente bien.

- Lo mismo podría decir de ti, sangre-sucia…

La Gryffindor bufó relajando suavemente los hombros.

- No he hecho nada que seguramente hayas hecho tú.

- ¿Y tú que sabes?

Ella abrió mucho los ojos y le señaló con ambas manos, como si su sola existencia respondiese a esa pregunta. Draco entornó los ojos.

- Para tu información estas muy equivocada.

- Ya, seguro…

El chico imitó el gesto que ella había hecho antes pero señalando el pelo que tenía sobre su cabeza.

- ¿Acaso crees, oh Diosa de la sabiduría, que domar ese infierno de mata pelo que tenías tú para convertirlo en algo parecido a una cabellera femenina me ha llevado tan poco tiempo que he aprovechado para sacar a tu cuerpo algo de calor? Porque, de verdad chica, eres más fría que las mazmorras de Pociones…- acabó la frase mirando despectivamente a un lado, sin poder evitar que volviese a su memoria el recuerdo del antojo de Hermione.

Ésta le miró dubitativa.

- En algo tienes razón…

- ¡No me lo puedo creer!

- Déjate de chistes fáciles Malfoy, empiezas a cansar- le interrumpió sin apartar la vista del pelo sobre la cabeza del Sly. Éste la miró sorprendido por su contestación- Entonces… ¿ de veras no has…?

- No.

- ¿En serio?- Herms le miró inclinándose hacia delante, sin acabar de creérselo.

- ¿Tanto te sorprende que no me intereses en absoluto? "No pienses en el antojo, no pienses en el antojo…"

- No, pero… no sé…

- Claro que lo sabes, soy Draco Malfoy, el depravado de Hogwarts¿cómo no iba a desaprovechar la oportunidad de manosear a una sangresucia en primer plano?

"Y no pienses en su entrepierna…¡¡¡mucho menos en su entrepierna…!!!"

Hermione torció el gesto.

- Siento haber dudado de tu integridad, Milord- dijo con sorna.

Malfoy sonrió de lado y se pasó la mano por el pelo marrón, largo y por primera vez sedoso.

- Disculpas aceptadas Granger, y me encanta que me llames Milord.

- Parece que le estas cogiendo el gusto a ser tía- dijo con acidez Hermione, al ver el gesto tan Malfoy realizado con unas maneras un poco demasiado femeninas.

- Y a ti te da gusto… "coger" ciertas partes de mi cuerpo que no te pertenecen- contestó el Sly frunciendo el entrecejo.

Hermione enrojeció, y con gran sorpresa para sí misma, se vio invadida por una furia inexplicable, que le obligaba hacer rechinar los dientes, a apretar fuertemente los nudillos y a levantar poco a poco el puño derecho con la única determinación de clavárselo a Malfoy entre ceja y ceja.

No pensaba en que la cara que destrozaría era la suya propia. No pensaba en que ella era la primera que rechazaba ese tipo de violencia ( excepto en casos MUY puntuales) y en lo mucho que recriminaba a Ron su tendencia exagerada a reaccionar de esa manera a la mínima.

Pero no podía pensar.

Algo extraño más grande (debía ser un exceso de testosterona marca Malfoy) pensaba en esos momentos por ella, y la obligaba a pensar en piernas rotas y labios amoratados.

- Uhhh, la sabelotodo Granger quiere destrozarme ¿ehhh? – dijo Draco fingiendo un ataque de pánico - ¡¡Dios mío!!¡Que alguien me ayude! Potty, Weasel ¿Dónde estáis? Jaajajajajaja- el chico abandonó la pantomima al ver que la cara de furia de Hermione comenzaba a contraerse excesivamente- Ey, si esa es mi cara de furia doy auténtico miedo…- dijo pensativamente- No me extraña que el pobretón de tu novio se cague en los pantalones cada vez que…

Suficiente.

Por orden de Hermione, el puño pálido que había en su mano se estampó contra la cara que tenía enfrente, completamente indiferente al hecho de que fuera la suya propia, o que le pudiese dejar marcas irreversibles. Daba igual. Sólo quería hacer daño a ese malnacido que sólo servía para hacerles la vida imposible a sus amigos y (ahora más que nunca) a ella misma.

El puñetazo le cogió a Draco de improviso, de modo que no pudo evitar el golpe y los nudillos que hacía poco más de un día habían sido suyos impactaron en lo que ahora era su mejilla, haciendo un ruido sordo.

-¡¡¡¿¿¿Qué dientes está pasando aquí???!!!

El par de ojos grises de Hermione se giraron hacia el umbral de la puerta donde, de brazos cruzados y con gesto desconcertado, se hallaba Severus Snape, quien había contemplado el puñetazo en todo su esplendor. Pero éste no le dirigía la mirada a ella (bueno, a él) sino que estaba contemplando fijamente a su reciente objeto de violencia.

Olvidándose de que se hallaba en el cuerpo de Draco Malfoy, se giró hacia éste para enfrentarle y dirigirle una mirada de: "ahora tu padrino te salvará de las garras de esta simpática sangre-sucia".

Pero no pudo mas que quedarse con la boca abierta cuando vio que, en vez de ira o satisfacción por la reciente entrada del profesor, el rostro frente a ella ( que no era otro sino el suyo propio) temblaba enrojecido, con los labios apretados y una curiosa humedad en los ojos.

Herms se quedó de piedra durante un segundo.

¿Draco Malfoy… llorando?

"No, tiene que estar fingiendo" pensó sacudiendo su cabeza.

- ¿Señor Malfoy?- preguntó Snape.

- ¿Sí?- respondieron a la vez.

"Mierda"

Hermione fulminó a Draco con laminada, aunque éste parecía tan concentrado en otra cosa que ni siquiera se percató de su error. Seguía mirándola de manera extraña, conteniéndose no sabía bien si para no echarse a reír o no echarse a…

- Señor Malfoy…- repitió el profesor.

Lanzando una mirada de amenaza al chico, Hermione se volvió hacia Snape.

- ¿Sí, Señor?

- Usted no, señorita Granger, me dirijo al otro Malfoy.


- ¡¿Cómo habéis podido ocultar a vuestros jefes de casa algo tan grave?!

McGonagall estaba que se tiraba de los pelos. Llevaba ya un buen rato sermoneando a una Hermione y un Draco apesadumbrados, ambos sentados juntos (muy a su pesar) en un pequeño butacón del despacho de Snape.

Éste les había conducido hasta allí sin decir una palabra, pero no había mucho que decir: había descubierto en apenas un momento que se encontraban uno en el cuerpo de otro, y suponían que recibirían su castigo, aunque en el fondo de ambos dos pensaban que tal vez, los dos profesores podrían dar con una solución.

McGonagall seguía con sus reproches, aunque Draco apenas le estaba prestando atención, todavía le dolía la mandíbula del golpetazo que le había propinado la bestia de Granger.

"Si todavía tuviera mi cuerpo ya te daría yo…" pensó con rencor.

Sin embargo, no podía relajar su cuerpo, tenso desde el momento del puñetazo. Tan pronto notó ese fuerte puño en su mentón, no sólo le sobrevino el recuerdo del anterior puñetazo de ésta ( en tercero) el cual fue una nimiedad en comparación con éste último. También se vio inundado por un sentimiento horrible, aplastante y vergonzoso: impotencia.

Y no porque no le pudiera devolver el golpe, eso hubiera podido hacerlo sin problemas aún con la pequeña fuerza del cuerpo de Granger. Era de esa impotencia de saber que has hecho algo mal y que acaban de castigarte de manera brutal. Y nunca lo había experimentado.

Pero había algo peor que eso.

Algo estremecedor que le obligó a apretar los puños de sólo recordarlo.

Lágrimas.

Una náusea le volcó el estomago.

Había sentido lágrimas en sus ojos en el momentos en que esa sangresucia le golpeó.

"Joder"

La última vez que lloró probablemente tenía sed y quería que Narcisa le diera de mamar, y probablemente su padre le pegó una zurra por ello.

O tal vez al nacer, y seguro que también fue reprimido por su padre.

Había aprendido a base de jarabe de palo que la debilidad es una vergüenza que los Malfoy no pueden permitirse.

Si Lucius le viera ahora… Metido en el cuerpo de esa traidora a la sangre (eso sí, con un peinado magnífico) y a punto de llorar por un puñetazo.

Patético.

- ¿Malfoy, me está eschando?

La voz chillona de McGonagall le trajo de vuelta a la realidad.

Carraspeó.

- ¿Perdón?

La profesora le miró ceñuda.

- Decía que usted y la señorita Granger quedan bajo la supervisión nuestra y de la señora Pompfrey hasta que todo este desaguisado haya sido arreglado. De verdad Severus…- meneó la cabeza en un gesto de negación.

- Minerva, ya ha quedado claro que este problema no ha sido por negligencia mía. La señorita Granger - hizo una mueca al ver a un "Draco" con cara de inocencia y e sentado en una postura típicamente femenina- ya nos ha explicado la inoportuna incursión del pelo de unicornio en la poción.

Draco expiró todo el aire que tenía en los pulmones.

- Joder tía, encima échame la culpa a mí.

- ¡No te atreverás a negarlo!

- Creo que tienes un problema mental.

- ¡¿QUÉ?!

- El pelo de unicornio es el problema, pero no tiene nada que ver conmigo.

- ¿Y de dónde dices que salió entonces, estúpido niñato arrogante?

- No sé, a lo mejor haces excusiones nocturnas al bosque Granger¿necesidad de emociones fuertes?

- Madura, Malfoy.

- Díselo a éstas- hizo un gesto hacia los pechos que pesaban bajo su cabeza- ¡Maduraaaaad!

- Díselo a ésta- Herms simplemente bajó la vista hacia su propia entrepierna.

- No pongas en entredicho algo que ya has tenido ocasión de comprobar, estúpida.

- Ya lo he comprobado, mamón, y sin duda le quedan algunas semanas en el árbol a tu platanito.

- ¡No puedes desafiarme de esa manera y salir impune!

- Encájalo con arte…

Los profesores se quedaron mirándolos estupefactos.

No por la escena, no había nada insólito en la manera de discutir de aquellos dos.

Lo raro era que, aunque cada uno estuviese en el cuerpo del otro, la imagen no difería con la de siempre: es decir, ellos veían a una Hermione Granger enfurecida y exaltada, y a un Draco Malfoy despectivo y a la defensiva.

Lo raro y perturbador era, que en realidad eran un Draco enfurecido y una Hermione despectiva.

Snape y McGonagall intercambiaron sendas miradas preocupadas e interrumpieron la pelea verbal que se llevaba a cabo delante de ellos, y que comenzaba a tomar magnitudes catastróficas.

- ¡¡¡Baje ese zapato Señor Malfoy!!!

Draco en un arranque de histeria, se había incorporado sobre el butacón y amenazaba los ojos de Hermione con la punta del pequeño tacón de su zapato.

Como pudo, volvió a su postura sobre el asiento, que de repente se le antojó horriblemente estrecho.

- Me las pagarás sangresucia- le soltó en un susurro.

-Y tú a mí los zapatos, son los únicos que tengo…

Snape carraspeó sonoramente, y ambos se quedaron callados. No era plan de colmar la paciencia de su profesor de pociones.

- Bien, ahora que ambos están en silencio, les indicaré la habitación donde se acomodarán sin decirle nada a nadie. Se les suministrarán libros, tinta y pergamino para que estudien a fondo su caso e intenten dar con una solución.

- Ya lo hicimos profesor, y no la hay.

- Entonces invéntensela.

- Pero…

- Si no estudian no comerán.

McGonagall se adelantó un paso.

- Síganme- y se alejó por la puerta.

Y una colleja de Snape les hizo apretar el paso tras ella.


Andaban, o más bien corrían tras la profesora por unos pasillos nada concurridos, hacia la torre de astronomía.

-¿Nos va a encerrar con la Trenlawney¿Para que acabemos más grillados de lo que estamos ahora?

- No, señorita Grang… digo Malfoy. No van a estar en la clase de adivinación, y mucho menos van a estar encerrados. Sólo que no podrán tener contacto con el exterior.

-¿Va en serio?

- Muy en serio señor Malf… digo Granger.

- ¿Podría avisar a harry y a Ron, profesora? No querría preocuparles.

- Lo entiendo Draco…

- ¡¡¡EHHHH!!!

- ¡Merlín! Lo siento Draco, decía que te entiendo Hermione, tanto alumnos como profesores sabrán la noticia de que han sido enviados a sus casas. Si les escriben, recibirán las lechuzas en su habitación, pero han de mantener la tapadera en sus escritos¿está claro?

- Como el agua…

-¡Le he oído, señor Malfoy!

- Emmm, ha sido Granger, profesora.

McGonagall no volvió a hablar hasta que les condujo frente a una puerta escondida tras el retrato de una doncella, que al parecer daba a una estancia justo bajo la clase de adivinación.

La profesora abrió la puerta con un conjuro susurrado que ninguno de los dos jóvenes pudieron oír, y les indicó que psaran dentro delante de ella.

La habitación no era demasiado pequeña, y aunque parecía que hacía mucho tiempo que nadie la había utilizado, estaba totalmente limpia y equipada (seguramente los elfos domésticos habían sido avisados previamente).

Era completamente rectangular, con dos camas bastante grandes separadas por una pequeña mesilla, y tres amplios ventanales en la pared del fondo, con unas pesadas y tupidas cortinas verdes y granates.

"Qué irónico" pensó Herms al observar los colores.

El resto de la estancia estaba tapizada con una gruesa moqueta beige con adornos en granate, y un gran armario tapaba la pared frente a las dos camas. Un pequeño baño asomaba por el rincón tras la puerta, y una gran lámpara de cristales colgaba del techo blanco impoluto.

- Cosa más cutre…

- Quien haya sido que se calle- espetó la profesora.- Pasarán aquí los días, pueden conjurar cualquier mueble que les vaya bien y llamen a los elfos cuando quieran algo de comer. El profesor Snape y yo les visitaremos cada mañana temprano para realizar unas… pruebas.

- ¿Qué case de pruebas?

La profesora ignoró la pregunta.

- Dentro de un rato bajarán vuestras cosas personales, así que les sugiero que comiencen a pensar en cómo repartirán el espacio entre los dos.

- ¿Compartir?

- Ambos vivirán aquí.

- ¿Viv…?

"No, no nonononnoonoooooo"

El pensamiento, al parecer, fue mutuo.

- Yo me como esas cortinas antes que compartir el cuarto con…

- Pues vaya pidiendo sal de frutas a los elfos domésticos señor Malfoy, porque la necesitará- y con una pequeña sonrisa divertida abandonó la habitación, justo cuando Draco se giraba hacia la chica que observaba las cortinas con el ceño fruncido, y con una voz aguda y afectada gritó:

- ¡¡¡¿¿¿Y por qué sigue echándome la culpa de lo que dices tú???!!!


xD Me río de imaginarme a Draco diciendo: joooooo¿por qué me hecha la culpa a miiii? xD

Na que la historia va por derroteros misteriosos. Tranquilos, los libros volverán a aparecer. Pero...¿convivir?¿en ese estado?¿sin salir? No creo que ninguno lo soporte!!!

Gracias por leer y ¡¡¡recomendadme fics!!!Quiero leeerrrrrrrr ñaaaam :)

kiz