Espero que no me odiéis. Es mucho tiempo, lo sé. Y tampoco espero que os guste el capítulo... Sólo no quería abandonar la historia, y sobre todo, no quería abandonaros a vosotros. :)
Capítulo 11
El Plan...
- ¡Se acabó!
Hermione casi se cayó de espaldas ante el repentino grito de Malfoy. Al volverse vió que el Slytherin se había puesto de pie y mantenía su puño frente a él fuertemente cerrado a la vez que miraba al vacío con una determinación feroz.
"Se le ha ido la olla" pensó Hermione ya recompuesta del susto.
- ¿Perdona?- le espetó a esa figura erguida sobre ella misma.
- ¡Digo que se acabó!- volvió a gritar con el mismo tono feroz mirando a nada en concreto – Si la sabelotodo Granger ha perdido la esperanza es que no hay esperanza posible, ¡y me niego a aceptar eso! Necesito mi cuerpo, necesito mi cuerpo para ser yo mismo, estos pelos y estas portuberancias femeninas…
- Protuberancias – le corrigió sin ganas – y gracias por el "piropo".
- …que no ayudan en nada a mi salud mental no las puedo soportar más, aunque he de admitir que son atractivas, y la faldita me quedaba bastante bien, no es que esté del todo incómodo con la situación, siempre hay algo nuevo que experimentar en la vida y yo siempre he sido un mago abierto a toda suerte de experiencias y riesgos…
"Ahora sí que se le ha ido la olla" Hermione comenzó a levantarse del suelo del baño pesadamente.
- …¡pero esto ha llegado demasiado lejos!- continuaba Malfoy ajeno a los movimientos de ella – Soy Draco Malfoy, hijo de la prestigiosa casa Slytherin, alto, guapo, rubio, deseado por todas las féminas y por la mitad de los chicos de este colegio, pero… ¡TÚ NO TE MUEVAS!
Hermione se quedó congelada a punto de agarrar el pomo del baño para irse. De mala gana se volvió hacia el chico.
- ¿Has acabado tu discurso?
- ¿No me has oído?
- ¿El qué? ¿Los elogios hacia mis "poRtuberancias" o los elogios hacia tí mismo? Porque no me interesa lo mucho que las idiotas de este colegio te hayan besado el c…
- ¡Me tienes que dejar terminar para enterarte, estúpida!
- Siento mucho que te andes por las ramas cuando hablas – contestó Hermione mientras se daba la vuelta decidida a irse.
Apenas había llegado a la puerta cuando unos torpes brazos la volvieron cara a su enemigo, cara que en esos terribles días era su propio y extrañado rostro, el cual la miraba con una intensidad demoledora de miedo y decisión. Sus manos todavía apretaban con fuerza los brazos de ella.
Hermione arqueó una ceja confusa.
- Mafoy, ¿Qué…?
- Hermione…
La aludida abrió mucho los ojos. Nunca antes se habían llamado por el nombre, y era sorprendente lo que esa muestra de familiaridad pudo extrañarla, ya que habían compartido habitación, baño…¡por Dios, compartían los cuerpos!
- Hermione- repitió, y tragó saliva- aparte de todo lo que soy y mis notables cualidades (¡Déjame terminar!) hay algo que no soy: no soy valiente. Puedo insultarte, andarme por las ramas, criticar tu ropa interior y mandarte a tomar por el culo, pero nada me infunde más esperanza de que logre salir de este… de tu cuerpo, que la insistencia y el valor con el que tú afrontas la situación. Tú. No yo.
- Hermione le obserbaba con los ojos como platos. ¿Podía Draco Mafoy estar diciendo lo que estaba diciendo?
No es algo que me resulte fácil de decir pero...- el chico agachó la cabeza y tragó saliba- …Necesito tu confianza, sabelotodo. Necesito que tu mente filtre una solución; yo soy bueno insultándote y gritándote para que bajo presión quizás aceleres el proceso, ¡puedo ayudarte en eso!.
La cara de Hermione era un poema.
- Pero por favor no abandones este barco…Necesito tu confianza, capitana.
- ¿Capitana?
- Sí, ya sabes: timón, gorra blanca, "¡arriad las velas!", esas cosas...
- Sí, ya sé lo que es un capitán de barco, lo extraño es que tú lo sepas.
El rostro femenino del chico se tornó rosa.
- Bueno…- evitó la mirada inquisitiva de la Gryffindor - .. ya sabes, uno siempre debe saberlo todo acerca de su enemigo…¡sobre todo en materia de guerra!
- Ya…
Hermione giró la vista aparentemente indiferente, mientras el Sly resplaba con alivio.
- Así que lo de construir maquetas de veleros muggle del a espaldas de tus padres es pura curiosidad bélica ¿no?
La cara colorada de Malfoy pudo con la máscara de indiferencia de Hermione, que se dio por vencida y no pudo más que hecharse a reír.
- ¿Cómo…?- comenzó él.
- El Libro, Malfoy. De verdad que a veces consigues sorprenderme…
Hubo un silencio incómodo en el que el chico intentaba recobrarse del bochorno y Hermione le miraba especulativamente de refilón.
Draco Malfoy acababa de confesar su cobardía ante ella y le había pedido que recobrase su confianza…
Bueno, un esfuerzo como ese merecía una recompensa.
- Vamos, hay un par de cosas que podemos intentar para que todo esto resulte como mínimo un poco más sencillo.
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A duras penas Hermione Granger podía contener la risa.
En el fondo sabía que de haber estado en esas condiciones hace un tiempo se habría sentido horrorizada y cohibida, pero en esos momentos y bajo el control de las hormonas del cuerpo de Draco Malfoy (que ya eran bastante potentes y en bastante cantidad) no podía sino resultarle una situación la mar de divertida.
- ¡No pienso ir con estas pintas!- exclamaba Malfoy desde hacía media hora.
Sentados ambos sobre sus respectivas camas, Hermione pudo ver el rostro enfadado de Draco bajo la máscara que era su propia cara. Le había escondido todos los accesorios-nacidos-de-la-soberbia-para-nada-necesarios, según ella: potingues para el pelo, cepillos, peines y demás instrumentos capilares, así como había destruido a cenizas aquella insultante minifalda, con el único objetivo de que la actual Hermione Granger tuviese el mismo aspecto que ella tenía siempre, y no fuese una visión porno de ella misma alterada por la mente de un Slytherin demasiado salido.
Éste era el plan: fingir.
Sí, iba a ser complicado. Iba a ser complicado, duro y extenuante, aunque ninguno sabía quién de los dos lo iba a pasar peor. Hermione estaba segura, de una manera que la satisfacía enormemente, que el rubiales las iba a pasar canutas: no sólo le había hecho prometer obeceder todas las instrucciones de la castaña si querían salir de aquella jaula en la que se hallaban confinados (instrucciones entre las que se incluían no peinarse, vestirse como una Gryffindor decente y comportarse de manera al menos normal), sino que…¡lo había conseguido!
Levantó por segunda vez su mirada del libro de hechizos y comprobó satisfactoriamente el aspecto de Draco Malfoy: una Hermione Granger normal y corriente, con su ropa holgada de siempre y su pelo de recién levantada como siempre.
Aunque no supo porqué, se demoró demasiado rato en sus piernas.
- ¿Granger?
- ¿Sí? – respondió esta, volviendo a su libro. "¿Qué había sido eso?"
- ¿Terminas ya?
- Estaba a punto de decir lo mismo… de tus quejas.
- Ja-ja.. Termina de una vez, éstos deben estar a punto de llegar.
Hermione terminó de memorizar unas líneas, cerró su libro, lo dejó caer despreocupadamente de la cama ("¿Ha dejado caer despreocupadamente de la cama UN LIBRO?" pensó Malfoy alzando una ceja) y se acomodó sobre los cojines con otros dos libros muy diferentes pero igualmente similares entre sí: sus libros de "Anatomía".
- Muy bien Malfoy, ¿qué libro te apetecería tener a todas horas entre tus manos?
- El kamasutra.
- Muy muggle, no está mal. Pero casi mejor algo más apropiado para todas las edades.
- Ah, claro, tus clases particulares…
- Exacto, ahora… ¿qué te parece un sencillo diccionario de runas?
- "Yupi"
- Me alegro que te guste.
Y decidida, Hermione dirigió su varita hacia el libro marrón y reprodujo las palabras memorizadas. Draco Malfoy vio cómo el título elaborado de "Anatomía de Granger" daba paso a un rústico y pobre "Diccionario", y su tamaño disminuía hasta casi el tamaño de sus dos manos extendidas.
- Buen trabajo, Granger- dijo éste apreciativamente mientras examinaba la nueva imagen de su guía: tamaño práctico, de aspecto muy viejo y sin ningún tipo de referencia sobre lo que había en su interior.
- Ni siquiera podrá leerlo nadie, necesitas un specialis revelio para leer su contenido original – dijo la chica.
- ¿Y cuál es la palabra mágica para el revelio?
- "Malfoy es un capullo"- respondió y, sin detenerse a contemplar la reacción del rubio, dirigió su varita una segunda vez hacia el libro de cuero negro que quedaba sobre la cama, que inmediatamente quedó convertido en una encuadernación básica de apenas unas hojas y papel brillante en plan revista, en cuya portada había…
- ¡¿Brujas desnudas?- exclamó Malfoy, ya recompuesto del insulto anterior.
- Se supone que he de ser tú, ¿no?
- Sí, pero… yo no leo eso.
- Vengaaaaaaaaaa…
- Te hablo en serio, Granger.
La mirada que éste le dirigió desde sus propios ojos marrones era tan seria que no pudo sino creerle… no sin antes posar su mirada sobre sus labios.
"¡¿Qué coño me está pasando?!" gritó mentalmente Hermione mientras transformaba la revista de magas desnudas en un catálogo de túnicas de lujo. "¡Son mis propias piernas, mis propios labios los que estás mirando, idiota! ¡No puedes dejar que estas estúpidas hormonas masculinas que revolotean por este cuerpo controlen tus ojos! ¡Y menos cuando su objeto de deseo es tu propio cuerpo!"
Esto empezaba a ser demasiado raro…
- Bien, ya estamos preparados, ahora…
- No sé si podré Granger.
- ¿QUÉ?
- Que no creo que funcione.
- Claro que sí, tú estate callado. Mejor dicho: callada.
Iba a funcionar. Tenía que funcionar.
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Tras unos minutos de incómodo silencio en el que Hermione se dedicaba a repeinar hacia atrás aquel pelo rubio que le adornaba la cabeza, y en el que Malfoy registraba en su nuca indicios de una posible rasta creada de manera espontánea en aquel pelo enmarañado, la puerta de su confinamiento se abrió súbitamente, sobresaltando a nuestros protagonistas.
Snape y McGonagall entraron con rapidez cerrando la puerta tras de sí.
- ¿Se puede saber qué ocurre? – gritó con voz chillona la profesora ajustándose bien las gafas mientras Snape cerraba la puerta.- ¡Una lechuza ha entrado en mi cuarto de baño mientras me duchaba y eso no es nada agradable…!
Hermione ahogó una risa.
- ¡…y exijo saber ahora mismo cual es ésa urgencia de la que hablaban, y espero por su bien sea una emergencia real!
- Hemos vuelto a la normalidad.
La profesora se quedó muda.
- Sí- prosiguió Hermione, apartándose con petulancia el pelo rubio que le caía sobre los ojos.- No sé cómo ésta mañana he despertado en mi propio cuerpo, gracias a Dios, y estoy deseando irme de éste lugar antes de que ésta me vuelva a contagiar.
Snape miraba al que creía el miembro de su casa con mirada especulativa. Draco decidió intervenir.
- Profesora, déjeme volver a mí también, no soporto perderme más clases.
"No está mal" pensó Hermione al ver la mirada tierna que McGonagall dirigió al que creía miembro de su casa. Draco se la acercó y la abrazó con gesto suplicante. La mujer parecía a punto de echarse a llorar.
- Claro que sí, Hermione. Me alegro que todo esto haya pasado- y medio abrazando a una falsa Gryffindor, la profesora le dirigió hacia la salida.
Hermione suspiró interiormente de alivio.
- Un momento- interrumpió Snape.
"Mierda" pensaron los alumnos al unísono.
McGonagall se giró con Draco aún en los brazos.
- ¿Qué ocurre, Severus? Están bien, ya no tenemos por qué preocuparnos.
- Yo no estoy tan seguro- puntualizó éste, avanzando hacia Hermione y mirándola profundamente, intentando leer en esos ojos grises que tan bien conocía.- Draco… ¿no?
Hemione tragó saliva.
- ¿Sí? Dígame, profesor- contestó con toda la compostura de la que fue capaz.
- ¿Cómo llamaste a la primera mascota que tuviste y dónde te mordió?
Draco abrió mucho los ojos.
No… no podía ser.
Si su padrino quería asegurarse de que estaba llevando a Slytherin a la persona correcta, ¡podría usar legeremens sin ningún problema! ¿Por qué tenía que interrogarla? Y si había decidido interrogarla, ¿es que no existían en el mundo otras preguntas que no implicasen escenas vergonzosas de su infancia?
Esperaba por su propio bien mental que aquel plan saliese mal, porque eso significaría que Hermione no habría superado el interrogatorio de Snape, y eso significaría que Hermione no había estudiado tanto como para haber averiguado aquellos detalles de su vida…
- Se llamaba "Pikachu" y me mordió en el culo. Aún tengo la cicatriz.
Draco creyó morir.
- ¿Y qué te dijo tu padre después del incidente?
- Que dejara de jugar a los Pokémon y me olvidara de toda aquella "chusma muggle"
Hermione intentó poner cara de "trauma-infantil-revivido" mezclado con "desprecio-pero-amor" para convencer aún más a Snape que ya parecía dudar que hubiera alguna farsa, aunque aquel brillo de diversión en los ojos de la chica no se le escapaba a Draco…
Ésa chica lo pagaría caro… en cuanto se levantase de aquél pozo profundo de humillación y bochorno. Saldría en cualquier momento…
- Por último, Draco… ¿qué ocurrió aquella vez que estábamos tú y yo solos en Malfoy Manor e invitaste a una chica?
"En cualquier momento" pensó Draco mientras caía inconsciente.
- No me hagas recordarte, tío, que al final fuiste tú el que se la tiró…
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Sin más, ¿qué os parece? He perdido práctica...
