Capítulo 7
Menos de dos horas después, el doctor Mortimer se despidió a lomos de su percherón, sobre una silla prestada, para emprender el viaje a casa. Holmes, sir Henry y Watson, ya en pie, regresaron a la mansión.
—Ha sido un gran apoyo para mí en las últimas semanas—murmuró sir Henry—. Señor Holmes, lamento muchísimo molestarlo una vez más, pero me temo que necesito su ayuda. Al parecer, Jenkins y Perkins han visto a… la aparición… flotando anoche ante mi ventana, mientras hacían guardia en los predios. Juran que no vieron a nadie, sólo a un esqueleto que flotaba en la segunda planta irradiando un brillo fantasmal…
—Vieron a una marioneta cubierta de fósforo —resopló Holmes—, y no vieron a nadie porque estaban tan fascinados que no repararon en nada más.
—En cualquier caso, Jenkins regresó al pueblo esta mañana sin decir ni una palabra, y hace una media hora Perkins cogió un caballo y se fue a Londres con la excusa de ir a ver a un pariente enfermo. ¡Mi personal ha iniciado una estampida, señor Holmes, y yo soy incapaz de dormir por las noches por miedo a esa horrible visión!
—Cálmese, mi querido sir Henry —dijo Watson con voz cansada pero alentadora—. Venga. Vamos al salón a tomar el té y a discutir el asunto...
—Yo tengo una propuesta diferente —lo interrumpió Holmes—. Sir Henry, por favor, convoque al personal restante en el salón. El doctor Watson y yo llevaremos a cabo un meticuloso registro de toda la mansión. Quiero pedirles a usted y a sus empleados que permanezcan juntos hasta que el registro esté completo.
Sir Henry vaciló, pero finalmente asintió.
—Ciertamente, eso me tranquilizaría…
Holmes le dedicó una tensa sonrisa y sir Henry, con un breve asentimiento, se fue en busca de Sally y de los Barrymore. Holmes se volvió hacia Watson, que parecía pálido pero alerta.
—¿Cómo se encuentra, Watson?
—Bastante bien, gracias, Holmes —respondió Watson con una sonrisa cortés—. Siento tanto los efectos del cloroformo como los del café, pero los últimos acabarán imponiéndose.
Holmes le devolvió la sonrisa.
—Le pediremos a Barrymore las llaves de la casa y empezaremos nuestra cacería. ¡Watson! ¡Comienza el juego, lo sé!
