Capítulo 18
Transcurrieron varios días antes de que Watson pudiera volver a ponerse en pie. La nieve ya había comenzado a fundirse y, en cuanto el camino estuvo transitable, el doctor Mortimer regresó, trayendo consigo a Perkins, para recuperar su carro. Quedó conmocionado al escuchar los sucesos que habían tenido lugar aquella noche, y volvió a vendar el brazo herido de Watson, aunque éste se negó de plano a utilizar un cabestrillo. Aún estaba pálido y demacrado, y exhibía los primeros síntomas de un catarro bastante molesto.
Pero Holmes no podía esperar más. Una noche, al concluir la cena, se dirigió a su audiencia, compuesta por Watson, sir Henry y el doctor Mortimer.
—Caballeros, creo que he llegado a una conclusión sobre la naturaleza de nuestro asaltante, aunque aún no haya podido determinar su identidad. Se lo diré claramente, sir Henry: usted ha sido víctima de un estafador muy creativo, si bien un tanto torpe.
—Le agradecería, señor Holmes, que nos contara qué ha descubierto —respondió el americano, inclinándose hacia él con interés.
—El hombre que buscamos mide aproximadamente un metro ochenta; eso lo deduzco por la distancia entre sus pasos marcada por las huellas que dejó en el polvo del ático y la nieve la noche en que huyó. Es fuerte y atlético, eso lo evidencia su habilidad para trepar hasta el alféizar de una ventana y subir al tejado para manejar su marioneta, haciendo que parezca que flota ante la ventana, aumentando o reduciendo la longitud de los hilos dependiendo de la altura. No fuma, pero bebe un poco; la ropa de cama del ático olía claramente a alcohol, que sin duda le suministraba la pobre doncella…
Holmes prosiguió, paseándose por la habitación.
—Es un buen jinete y probablemente un exitoso timador profesional. Yo diría que ya había llevado a cabo argucias similares para ahuyentar a la gente rica de sus hogares y así poder robarles a placer. Tiene educación (probablemente es médico o, al menos, sabe algo de medicina), y es creativo. Es violento, y puede que ya haya matado antes, aunque detesta la confrontación. Pese a haberlo herido en el páramo, Watson, prefirió huir en lugar de arriesgarse a pelear con usted. Se disfrazó como Stapleton, aunque es algo más bajo. Pretendía asustarlo con su marioneta, sir Henry, y si no eso funcionaba, aparecería ante usted como Jack Stapleton…
—Y eso, probablemente, habría funcionado —se estremeció sir Henry—. Pero ¿por qué?
—Simplemente por ánimo de lucro —respondió Holmes—. Lo ahuyentaría de su propia casa y luego le robaría o, en caso de que usted decidiera huir para siempre del país, tomaría posesión de ella fingiendo ser un pariente, o se adueñaría de su hacienda falsificando un título de propiedad a su nombre. Supongo que hasta ahora se había limitado a objetivos menores, pero recientemente se enteró de su desafortunado incidente con Stapleton y el sabueso… probablemente a través de la prensa. Watson incluso lo publicó por entregas, idealizándolo para sus fieles lectores de la Strand Magazine.
—Holmes —lo amonestó Watson.
Holmes le dedicó una sonrisa de disculpa y continuó:
—Sospecho que nuestro hombre cree que Watson ha muerto y que ninguno de nosotros conoce su identidad. También creo que ha llevado a cabo su propia investigación; se las arregló para crear un esqueleto con un aspecto similar al de Beryl Stapleton…
—Esa pobre mujer —murmuró sir Henry con pesar, mientras Watson asentía, abatido.
—En efecto —Holmes inclinó ligeramente la cabeza—, pero eso también nos indica dónde localizar su base de operaciones.
—¿De veras? —preguntó el doctor Mortimer, incrédulo—. ¿Y dónde está?
Watson, en cambio, había seguido el razonamiento de Holmes. Éste miró brevemente a su compañero, asintiendo, y Watson respondió:
—Está en la Casa Merripit.
