Recomiendo leer el 39 de Amo del Universo antes de leer este. Este capítulo (y el Rick dulce que hay en él) es para Alba, lea o no este fic.


Capítulo 3

Richard Castle bajó a la cocina y se encontró allí a la sumisa de su mejor amigo, ajetreada entre sartenes y batidoras. Aspiró, sintiendo como se le hacía la boca agua ante el olor a bacon crujiente, huevos revueltos, tortitas y zumo de naranja natural. Se la veía feliz con una espumadera en la mano; sin querer molestarla se acercó sigilosamente y sacó un paquete de café, haciendo que Pam se sobresaltara al oír el ruido de la cafetera.

-¡Rick! ¡Dios, que susto me has dado!

-Estás en mi cocina –le recordó, divertido. Ella se sonrojó. Castle no pudo evitar compararla con su sumisa, Pam tan dulce y vergonzosa; Katherine tan dura y segura de sí misma… y sin embargo era la primera la que nunca había negado sus sentimientos y su sexualidad.

-Siento el desorden –se disculpó, mirando al suelo. El escritor suspiró, no le era difícil imaginar como el cabrón de su ex la habría abofeteado al ver la cocina sucia. Miró a la bonita rubia y se acercó a la vitrocerámica.

-Continua tú con los batidos, yo me ocupo de los huevos y el bacon. Vamos a hacer que esos dos tengan un desayuno decente para variar.

-¿Kate no cocina?

-La verdad es que no lo sé –respondió -. Pero siendo policía dudo que tenga tiempo para cocinar.

-¿Sigue dormida?

-Sí. Lo de anoche fue intenso –Richard sintió algo muy cálido al recordarlo. Kate se había acurrucado en sus brazos y cerrado los ojos tras la escena, dejándose llevar por el relax; el escritor la había llevado hasta su dormitorio y se había echado a su lado. Había pasado horas viéndola dormir, algo que no había hecho con una mujer en mucho, mucho tiempo. Pam tosió, devolviéndolo a la realidad. –Tú también deberías estar durmiendo. ¿No estás cansada?

-Me siento bien –respondió -. Gracias… por cuidarme… ayer.

-Yo no hice nada.

-Estuviste ahí y me diste tu apoyo. Gracias –se acercó a él y le dio un beso en la mejilla, retirándose rápidamente, con cierta vergüenza. Rick sonrió. Echaba de menos a esa tierna Pam, la misma que siendo apenas una chiquilla iba corriendo a sus brazos a abrazarlo. La que años después y ya convertida en una hermosa mujer no había parado hasta conseguir que él la llevase al Pauline Réage, asegurando que quería ser dominada. Con cierta tristeza se preguntó si ella no hubiera sido más feliz si él se hubiera negado. Si no la hubiera llevado al club, Pam jamás habría conocido a su exmarido.

-Bueno –dijo, con formalidad -. Será mejor que me ocupe de ese bacon antes de que se chamusque. ¿Le parece bien, chef?

-Oui.

Durante un rato estuvieron cocinando en un cómodo silencio. Cada uno ajeno a los pensamiento del otro. El escritor no podía dejar de recordar en la pasión que había experimentado la noche anterior con la inspectora, tan diferente a los anteriores polvos. Pam, por su parte aún sentía en su piel la sensualidad de cada azote; Matt había sido tan paciente con ella... tan dulce. El pobre debía haber pasado una mala noche durmiendo en ese sofá, completamente excitado. Ella, tímida se había ofrecido para aliviarle, pero el pelirrojo se había negado. "Estos días son para ti, princesa". Después le había ordenado acostarse en la cama y descansar a pesar de que ella había asegurado estar bien en el sofá. Es agradable sentirse mimada otra vez.

Rick se ocupó de las sartenes tal como había dicho y cuando todo estuvo listo dejó los platos apartados y tapados para que conservaran el calor. Pam dejó las bebidas sobre la isla y se sentó con un vaso de zumo en la mano. Richard le acercó una taza de café.

-Si no se levantan pronto se lo beberán frío; y el zumo sin vitaminas –comentó ella.

-Los llamaremos en un rato. Antes me apetece disfrutar de este café, contigo –dijo él, mirándola con cariño.

-Kate se pondrá celosa –se burló.

-No tiene motivo.

-Porque la quieres –aclaró ella. No lo preguntó, fue una afirmación. Rick bebió un sorbo de café y dejó la taza sobre la encimera, sujetándola con ambas manos, sintiendo como la cerámica le traspasaba el calor. Luego miró a su amiga, serio. Ella agachó la mirada, asustada –Lo siento –musitó. Él masculló algo en voz baja antes de colocar un dedo bajo su barbilla y obligarla a mirarlo.

-Había olvidado esa manía que tienes con ser tan directa –le dijo con suavidad.

-Perdóname. –Pam temblaba. Enseguida horribles recuerdos volvieron a su mente, apartándola del momento tranquilo y feliz que estaba viviendo con su amigo. ¿A ti qué coño te importa a donde he ido? ¡No, todavía no tengo trabajo, ¿estás contenta, zorra?! ¡Sí, me he ido de putas, vuelve a reprochármelo y te arrancaré la piel a tiras!

-No pasa nada, cielo –Rick la rodeó con los brazos y masajeó sus hombros, tensos -. No pasa nada –murmuró, dándole un beso en el pelo.

-¿Va todo bien? –Kate, la sumisa de Rick, se acercó a ellos. Llevaba el cabello suelto y sólo iba vestida con una camisa masculina que Pam supuso era de él. La rubia se desembarazó de los brazos del escritor y empezó a coger platos, acercándolos a la isla, sin hablar, nerviosa. Rick estaba serio. –Deja que te ayude –la inspectora trató de coger el plato de tortitas de sus manos, pero Pam se aferró fuertemente a él, haciendo que cayera al suelo con gran estrepito, haciéndose añicos. Pam se arrodilló, murmurando disculpas y apresurándose a recogerlo todo, con las manos temblorosas. Rick y Kate intercambiaron una mirada. El escritor se agachó, sintiendo como se le encogía el corazón al oír sus torpes, nerviosas, asustadizas y completamente innecesarias disculpas.

-Lo siento… lo siento… no volverá a pasar… lo recogeré todo… lo siento…

-Pam –la llamó con dulzura -. Pam, mírame.

-Lo siento… lo siento, señor –gimió, como una niña. En ese momento Matt se acercó a ellos, interrogando a Kate con la mirada. Al ver los restos del plato y comida en el suelo y a Pam llorando arrodillada entre trocitos de vajilla comprendió. Rick se levantó, cediéndole su sitio.

-¿Nena? –le dijo con suavidad -. Cariño, ¿por qué no te sientas a disfrutar de este increíble desayuno? Yo recogeré esto.

-Yo no quería… -su voz sonaba herida, aterrada; su respiración entrecortada. Matt la ayudó a ponerse en pie y la dirigió hasta una de las sillas de la isla.

-Todo está bien, no pasa nada. Es sólo un plato. Vamos, toma un poco de agua –le entregó un vaso y la obligó a beberlo. Pam lentamente se fue calmando de su pequeño ataque. Para cuando su respiración volvió a la normalidad Matt ya había recogido todo el estropicio y estaba sentado junto a ella. La anticuaria no se sintió capaz de levantar la cabeza y mirar al resto, se sentía muy avergonzada. –Aquí tienes –le dijo el pelirrojo -. Vamos, come, se enfriará. –Le había seleccionado para ella los trozos más crujientes de bacon; Pam murmuró un "gracias" en voz baja y al fin se atrevió a mirar al frente. Kate parecía concentrada en su plato, como si no hubiera ocurrido nada. Cuando dejó los cubiertos con un suspiro de felicidad le sonrió.

-Voy a echar mucho de menos comer así cuando volvamos a casa.

-Gracias… -murmuró.

Matt le dirigió una elocuente mirada a su amigo, quien asintió. Luego se dirigió hacia la inspectora.

-Kate, me he dejado unas bolsas en el coche, ¿me ayudas a traerlas?

Ella asintió, comprendiendo enseguida; se marcharon, dejándolos solos. Pam seguía triste. Rick tosió, llamando su atención. La miró con seriedad.

-Era un gran plato –afirmó -. Un gran plato… deberíamos dedicarles unas palabras, ¿no crees?

Pam frunció el ceño, apretó los labios.

-Yo soy el escritor, así que lo haré yo. –Rick se puso una mano en el pecho y bajó la mirada; su voz sonó grave, solemne.- A un buen plato, generoso y tranquilo; no daba problemas, sus compañeros de la alacena siempre lo recordarán como el más limpio, mejor decorado y…

-Idiota –riendo le tiró un trapo de cocina a la cara. Él lo dejó a un lado y se acercó a ella, abrazándola. Rick se apartó y luego suspiró, cuando habló su voz sonó sincera:

-Ayer pasé una de las mejores noches de mi vida –le confió. Pam esperó a que continuase -. Durante mucho tiempo me he acostado con todo tipo de mujeres, las he sometido, las he follado, no te diré que no he disfrutado con ellas pero…

-Con Kate es distinto –terminó ella. Rick asintió.

-Me quedé horas viéndola dormir. Sin tocarla, sin besarla, solo mirándola. No hacía eso desde… desde que Kyra se marchó. No esperaba volver a sentir algo así sólo con mirar.

-¿La quieres? –Esta vez no fue una afirmación, se lo preguntó, mirándolo a los ojos, Rick se encogió de hombros.

-Hace mucho que decidí no volver a calificar algo como amor.

-Te lo preguntaré de otro modo, ¿crees que podrás vivir sin ella?

-No –contestó sin vacilar. No necesitó pensarlo. Pam abrió la boca, vacilante, él esperó.

-¿Y si ella decidiera que no puede ser sumisa? –Rick la miró sorprendido. El día anterior Kate no había mostrado ningún temor, ni había dudado. Se había comportado como una perfecta sumisa, estaba muy orgulloso de ella. ¿Por qué Pam dudaba? Ella observó la perplejidad en sus ojos y continuó: -Siempre es una posibilidad… yo estaba muy segura de que me gustaba sentir el control de un hombre en mi vida y ahora… -se le quebró la voz. Rick negó.

-Tú dejaste tu confianza en manos de un hombre que la despreció. No temes ser sumisa, cariño, sino volver a encontrar un amo que traicione esos sentimientos.

-¿Y Kate? –replicó, sin querer negar o aceptar esa idea.

-¿Hablabais de mí?

Kate se acercó a ellos; Matt se reunió junto a ella, frunciendo el entrecejo. –Esto de dejaros solos empieza a parecerme una mala idea –comentó. Matt se había ocupado de la doma de Pam años atrás, pero siempre había sentido cierta envidia de la complicidad entre Pam y Richard.

-No te pongas celoso. Sabes que soy sólo tuyo –se burló el escritor. Kate se rio, mirando a la otra mujer:

-¿Siempre están así?

-No, la noche en la que hicimos el trío estuvieron muy compenetrados –sonrió. La inspectora pasó la mirada de la anticuaria a su amante.

-¿Un trío? ¿Con ella?

-Pam, ¿qué dijimos de no comentar eso con nadie? –La voz del pelirrojo había cambiado, parecía enfadado. Rick por su parte tomó a su sumisa de la mano y se la llevó de allí. Pam había rotos las reglas. Y eso tenía sus consecuencias.