El próximo será el último capítulo ambientado en Sevilla, después volverán a casa (y recuerdo que Pam le decía a Kate que habían hecho el amor), así que ya sabéis que toca para el siguiente.
En cuanto a este decir dos cosas: Su, si alguna vez leyeras esto, yo no quería hacerlo, ella me obligó. Y Estrella, espero no decepcionarte pero ya sabes que ese tipo de escenas no son lo mío.
Espero que os guste.
Capítulo 15
-¿Y bien? ¿Qué os parece?
-En otro momento te habría dicho que es una gran idea, pero no creo que Pam esté lista para eso.
-Oh, no te preocupes –Estrella sonrió, maliciosa -. Pam y yo ya tuvimos un ensayo.
-Sí… ya me lo contó –masculló Matt.
Los cinco amos se encontraban en el patio, tomando una cerveza y discutiendo sobre la próxima noche y pensando en algún juego que hiciera aún la sesión más emocionante. Andrés miró con diversión a ambos amos y luego se volvió hacia su mujer, la única sumisa allí presente:
-Estos dos se acaban matando. –Erika soltó una risita y asintió; luego añadió.
-A mí me gusta la idea. Pero entendería que a Pam no le hiciera gracia.
-Quizás la ayude. Poco a poco va perdiendo el miedo, se la ve mucho más tranquila desde la semana pasada –comentó Eva -. Esto sería como un pequeño empujón. Además el amo que jugara con ella negociaría primero contigo y tú no dejarías que ninguno de nosotros le hiciera daño.
-La verdad es que podría ser divertido… pero tendré que consultarle primero.
-Yo acepto –dijo Ángel -. No suelo consultarles a Jessica y Miguel sobre mis planes, ventajas de ser el amo.
-¿Y si se negaran? –Estrella lo miró, interesada.
-Bueno, tienen su palabra de seguridad –se encogió de hombros. Luego miró a ambos hombres -. Sabéis que para mí no sería un problema, pero ¿qué pasaría si a vosotros os tocara un sumiso?
-Cogería una pala y le daría en el culo durante los diez minutos del juego –dijo Andrés. Matt se rio y asintió -. Lo mismo. No tengo ningún problema con ver a dos hombres follando, pero hacerlo yo no es lo mío.
-Eso no sería justo –protestó Eva -. Yo tampoco follo con tías pero si me tocara Erika, por decir, haría algo más que darle con una pala.
-Le meteré un vibrador primero –sonrió Andrés -. Y Erika, hazme un favor cielo, si te toca jugar con Eva, no le des la satisfacción de correrte. Se le subiría a la cabeza.
-Imbécil –masculló la dómina. Todos se rieron, luego Matt miró a Estrella.
-¿Y si te toca a ti jugar con un hombre?
-Le haría un nudo en la polla y me iría a tomar con un café.
-Claro.
-Jessica, Su y Pam ya deben estar listas. Nos vamos –Erika se levantó con energía, le dio un beso en los labios a su marido y se marchó. Andrés la llamó.
-Ponte protección solar.
-Sí, papá –respondió, poniendo los ojos en blanco. Él negó con la cabeza.
-Se va a ganar una mordaza sólo por eso.
-En realidad sí que has sonado como un padre –se burló Eva.
-o-
-¿Estáis listas?
-Perdona, no sabía que ponerme. Cuando queráis.
-Pues vámonos.
Las cuatro sumisas habían acordado una salida de chicas. Pam ya había hecho algo de turismo con Matt, visitando bellísimos palacios como la Casa de Pilatos y por supuesto la catedral y la giralda. La subida, al ser por rampas y no escaleras, no se le había hecho muy pesada y las vistas merecían la pena. Además había descubierto el encanto del barrio de Santa Cruz, donde se encontraba el hogar de Erika y Andrés. Pero lo que de verdad la había enamorado eran los Reales Alcázares. Especialmente aquellos jardines. Era todo tan diferente a Nueva York, tan elegante. Sevilla era una preciosidad, a pesar del horrible calor.
-¿Y bien? ¿Cuál es el plan?
-He pensado que estaréis hartas de ver monumentos y tiendas de souvenirs, así ¿qué tal si nos vamos de compras?
-Suena bien –se entusiasmó Susana -. Quiero comprar algo de lencería nueva para esta noche.
-No me refería a ese tipo de compras, pero por mí genial.
-¿Podríamos pasar por un sex-shop? –añadió Jessica -. Me gustaría comprar un vibrador y un par de cosas más.
-¿No se encarga Ángel de eso? –Pam arqueó las cejas.
-Sí… bueno. ¿Sabes lo incómodo que es usar un vibrador el doble de grueso que la polla de tu amo? Prefiero elegir yo.
-Me sorprende que te lo permita.
-Suelo echarle la culpa a Miguel –sonrió alegremente –Él tolera el dolor mejor que yo.
-Sí, ya lo vi la otra noche.
-Bueno, vámonos.
Se pusieron en camino, pero un par de ladridos las detuvo. Erika se rio –Creo que nos hemos olvidado de una chica.
-Lo siento cielo –Pam se agachó y acarició a su mascota -. No puedes venir con nosotras. Ve con Matt, vamos ve.
Audrey meneó el rabo y volvió a ladrar. Jessica le dio un par de palmadas -. No creo que te dejen entrar en un sex-shop, amiga, seguro que te pondrías a morder los vibradores como si fueran huesos.
-Creo que voy a quitar esa imagen de mi cabeza –comentó Su -. Vamos chica, vete con el pelirrojo.
Tras dejar al animal con Matt, las cuatro salieron. Jessica resopló –Es salir de casa y asarte. ¿Cómo podéis soportar este calor todo el verano?
-Tenemos una casa en la playa, solemos pasarlo allí –respondió Erika, sacando un abanico del bolso y pasándoselo. Luego miró a Pam y chasqueó la lengua: -Con la piel tan blanca, los ojos azules y el pelo rubio pareces una guiri.
-¿Y no lo soy? –respondió, alegre.
-o-
Matt abrió dos botellines y se los pasó a los dos sumisos que acaban de llegar de la piscina. Ambos miraron a sus respectivos amos, quienes asintieron, tranquilos. Miguel sonrió antes de sentarse en la silla, no le apetecía nada arrodillarse en ese momento. Ángel lo miró con lascivia, sin perder detalle de las gotas de agua que corrían por su frente y su torso musculoso. El profesor tenía un cuerpazo. Para Ángel había sido una agradable sorpresa descubrir sus tendencias sumisas, él necesitaba dominar para disfrutar de una relación y Miguel había estado más que dispuesto.
-¿Puedo haceros una pregunta? -Matt dio un trago a su cerveza y miró a ambos hombres. Ángel asintió. -¿Cómo llegasteis a la situación de un trío permanente?
-Empezamos a salir hace cuatro años – El amo señaló a Miguel -. Pero nos dimos cuenta que nos faltaba algo. Alguien.
-Y entonces conocí a Jessica –añadió el sumiso -. Era una alumna brillante y supe que era justo lo que estábamos buscando. Alguien llena de vida.
-¿Era tu alumna? –Matt parecía sorprendido.
-¿Te acostaste con tu profesor?
Las cuatro chicas tomaban algo en una terraza junto a la catedral. Jessica negó, indignada. –¡Claro que no! Lo deseaba, no te voy a engañar, pero no iba a joderme así la carrera. Ni la suya. Estaba decidida a esperar a mi graduación, pero al final no fue necesario. Gracias a los recortes –suspiró.
-¿Los recortes?
-Me echaron –aclaró él -. Y una vez en el paro me dije que ya no teníamos que esperar más.
-Eso se llama ver el lado positivo a las cosas –se burló Ángel.
-Después de cagarme en el gobierno y de pasarme una semana a base de vodka me dije que tenía que empezar a ver el lado bueno –sonrió su pareja.
-Imaginad mi cara cuando Miguel me dijo que quería hacerme el amor durante toda la noche.
-Suena bien.
-No sonó tan bien cuando después de hacerlo como conejos me contó lo de Ángel.
-Hubiera matado por verte la cara –se rio Erika.
-En un principio pensé que me estaba tomando el pelo y luego no supe que pensar. No porque me propusiera un trío… la idea me excitaba y mucho. Y lo de la sumisión… bueno siempre he fantaseado con que me aten y me zurren.
-¿Entonces? –Pam la miró, interesada.
-No podía creerme que Miguel fuera sumiso. No después de como me había follado. Él se rio de mí cuando le dije que me parecía demasiado varonil para ser sumiso. Al día siguiente conocí a Ángel.
-Era un encanto –suspiró Ángel -. Divertida, pícara y muy tímida para algunas cosas… aunque no para otras.
-Te entiendo perfectamente –aseguró Matt, pensando en Pam.
-Fue todo un reto, pero mereció la pena. Todavía nos quedan muchas cosas que explorar con ella, pero se somete de corazón. Es la mujer más valiente y franca que conozco. Da todo de sí misma. Ahora no podemos vivir sin ella.
-No puedo vivir sin ellos –concluyó Jessica -. Y…
-¿Y?
-¡Nos vamos a casar! –anunció.
Las reacciones fueron variadas. Susana gritó de alegría, Erika escupió la cerveza y Pam no puedo evitar soltar: -¿En España la bigamia es legal?
-No –dijo, poniendo los ojos en blanco -. Me casaré oficialmente con Ángel, porque es el amo y el mayor de los tres, no por otra cosa y Miguel será el padrino. Pero será como si me casara con los dos.
-Bueno… ¿felicidades? –dijo Erika, vacilante.
-Un poquito de entusiasmo se agradecería –protestó, haciéndolas reír y levantarse para abrazarla con afecto.
Las chicas pasaron el resto de la tarde comprando conjuntos de lencería y juguetes eróticos. Pam disfrutó de los pequeños momentos, riéndose a carcajadas cuando Erika salió del probador con un traje de enfermera y le preguntó al novio de una clienta, que la miraba con la boca abierta, si quería que le pusiera una inyección. Más se rio cuando Susana tropezó en medio de la calle y dos vibradores fueron a parar desde una bolsa hasta los pies de una monja. Momentos tontos, pero que a una mujer que había olvidado lo que era reírse por nada, le sabían a gloria.
Al volver a casa dejó las bolsas sobre la cama y acarició a Audrey. Podía oír la ducha, así que supuso que Matt estaba en el baño. Mordiéndose el labio, se desnudó completamente y abriendo la mampara entró con él, abrazándole desde atrás. Matt se permitió un minuto de disfrute antes de darse la vuelta, con el bote de champú en la mano. Aplicó una generosa cantidad sobre su pelo y empezó a lavarle la cabeza. Pam cerró los ojos, disfrutando del masaje.
-¿Te has divertido con las chicas?
-Mucho. Nos hemos ido de compras pervertidas –añadió. Matt paró pero decidió no preguntar. –Sigue –le pidió ella, haciéndolo reír.
-Te están sentando bien las vacaciones –dijo, apartando un poco de jabón que se acercaba a sus ojos -. Estás mucho más alegre, más cómoda… te pareces mucho más a la Pam que conocía.
-Esa Pam estaba asustada y escondida… y en parte todavía lo está. Pero gracias a ti y a la gente que me apoya, poco a poco vuelvo a ser yo. Me siento mucho mejor.
-La noche en la mazmorra no te avergonzaste de tus cicatrices. Me siento muy orgulloso, cariño.
-Tú tenías razón. Son una prueba de que sigo viva y de que soy más fuerte que su odio.
Se quedaron un rato sin hablar, él terminó de lavarle el cabello y le echó la cabeza hacia atrás. Luego tomó una esponja y echó un poco de gel sobre esta. La lavó con mimo, sin olvidar una sola parte de su cuerpo, dejándola en un estado de necesidad. Cuando volvió hacia arriba se fijó en su boca entreabierta y sus ojos cerrados. La besó en la comisura de los labios, antes de mordérselo, presionando.
-Matt –suspiró. Él dejó caer la esponja al plato de la ducha y la abrazó, su erección presionando sobre su estómago. Las ganas de hacerlo con ella lo estaban matando, pero todavía no era el momento. Todavía no.
Ella notó su sufrimiento y se apartó un poco, sintiéndose culpable. Llevó su mano hasta su miembro y lo acarició; abrió la boca, en una clara señal de ofrecimiento. Él negó.
-No tienes que hacer esto.
-Quiero hacerlo.
-Lo harás –le aseguró -. Pero hoy no, tengo otros planes.
-o-
Pam empezaba a preguntarse por qué diablos había aceptado hacer aquello cuando los amos cogieron cada uno un papel de un bol de cristal negro. El pelirrojo le dedicó una sonrisa tranquilizadora. Estoy aquí, respira. Suspiró. Sólo serán diez minutos. Puedes hacerlo. Diez minutos y luego lo matas por hacerte esto. Diez minutos.
Matt leyó el suyo y miró hacia Erika. Ella sonrió, con picardía. Pam frunció el ceño. Es sólo un juego, además Matt no es más que un buen amigo, relájate. Fue el turno de Eva quien miró su papeleta y dijo:
-Juego doble.
Jessica tragó saliva, su compañero le rodeó la cintura en un ademán protector. Eva tenía un lado sádico que asustaba a la chica, pero no a Miguel.
-Susana -. Andrés tendió la mano hacia la mujer, quien parecía poco entusiasmada. Pam se compadeció, una lesbiana jugando con un amo; su reacción era completamente normal. Era el turno de Ángel y sólo quedaban dos opciones…
-Carlos –anunció. Lo que significaba que a Estrella sólo le quedaba:
-Pam –sonrió, triunfante.
Tanto Matt como Susana emitieron un ruidito de disconformidad, pero no dijeron nada. El pelirrojo se acercó para negociar la escena, apretando la mandíbula. Andrés también se dirigió hacia ellos, dejando a Erika y a Susana junto a Pam.
-Tu amo parece cabreado –Erika le dijo en voz baja. Susana estaba de brazos cruzados. Pam se mordió el labio, sabía que no debía hablar –Y tú estás celosa.
-No lo estoy.
-Sólo recuerda que quiero a mi marido. Aunque el pelirrojo esté muy bueno.
La anticuaria no respondió, sus amos las miraban, advirtiéndoles. Silencio. Andrés tomó a Susana de la mano y se alejó, no sin antes darle un beso a su esposa. –No tienes permiso para correrte –le advirtió. Ella resopló. –A veces lo odio.
Matt se acercó hacia ambas, mirando primero a Erika. –Espérame junto a la cruz, de rodillas.
-Sí, señor. –El pelirrojo no pudo evitar fijarse en su trasero al caminar; Pam carraspeó, mientras mentalmente se decía que estaba portándose como una estúpida. –He negociado para ti una escena suave –le informó, atrayendo de nuevo su atención. -Sólo sexo oral, azotes leves y algún juguete. Tu palabra de seguridad es rojo, úsala si te asustas o te bloqueas o…
-Lo sé –lo cortó -. Tranquilo, estaré bien.
Él se quedó mirándola, sorprendido. A pocos pasos Estrella esperaba, tras haber negociado la escena de Susana con Andrés. –Puedes echarte atrás –añadió, como si esperara algo. Pam arqueó las cejas.
-¿Quieres que me eche atrás?
-No… supongo que no.
-Tú tampoco tienes porqué jugar con ella –ladeó la cabeza hacia Erika, que esperaba, impaciente.
-Es sólo un juego, ¿no? Además… nosotros no tenemos…
-Una relación romántica, lo sé. Es sólo sexo. –Ambos se quedaron callados, nerviosos, dejando pasar los minutos como si necesitaran decirse algo. Al fin, Matt abrió la boca, pero al otro lado de la sala, Andrés habló.
-Matt, si vas a hacer esperar a mi mujer toda la noche deja que me ocupe yo de ella.
Erika los miraba, su impaciencia cambiada por vergüenza. Quizás el pelirrojo no la consideraba adecuada. El resto de sumisos jugaban con los amos de intercambio. Su amo propinaba azotes suaves con un flogger sobre el culo desnudo de Susana, que jadeaba con cada golpe, aunque ahora toda su atención estaba puesta sobre ella. Sólo quedaban Erika y Pam. Agachó la cabeza, sintiéndose humillada.
-Vamos, es hora de jugar. –Pam habló con voz firme. No era la primera que hacía aquello, ya había sido ofrecida anteriormente, había visto a su amo jugar con otras. Le habían excitado aquellos intercambios, aunque entonces había tenido muy claro lo que sentía por Matt. Ahora… quizás no tanto. Decidió dejar de pensar en ello, quería disfrutar de la noche y un poco de novedad no vendría mal. Además, no tenía miedo. No le había tocado jugar con un hombre. Podían hacer eso. Se dirigió hacia ella pero de repente Matt la tomó del brazo y la besó, dejándola sin respiración. Luego sonrió a Estrella –Divertíos. –Le guiñó un ojo a la rubia antes de ir junto a Erika, a la que acarició el rostro.
-Perdóname cielo, no era mi intención hacerte esperar tanto.
-No importa… señor –murmuró, aunque ya no parecía para nada entusiasmada. –Matt la hizo levantarse y le echó una mirada de arriba abajo. Luego se acercó a la pared y sacó unas pinzas de una caja –Creo que voy a jugar un rato con esos pechos –le dijo en voz baja, mirándola con lujuria -. Se me hace la boca agua. –Erika sonrió con timidez. Era difícil estar enfadada con aquel hombre. (SALVO PARA CIERTA ESTRELLA QUE YO ME SÉ ¬¬)
-Ya era hora, estaba a punto de irme a dormir.
Estrella había estado muy pendiente de la pareja y de lo que se habían dicho sin hablar. Sabía como se sentía, también a ella le costaba expresarse con su chica. Su chica… miró hacia ella, que gemía. Andrés le había vendado los ojos y no la tocaba con sus manos, sólo con juguetes, haciéndola olvidar que estaba siendo sometida por un hombre. Estrella asintió, complacida. Sabía que Su estaba en buenas manos, aunque ella era más afortunada, a diferencia de Susana, sí jugaría con una mujer. No le gustaban los hombres, prefería las manos suaves femeninas que hacían las caricias más sensuales e íntimas. Pam esperaba, inquieta por lo que iba a ocurrir. La ama, cruzada de brazos, señaló el potro con un movimiento de su cabeza. La sumisa obedeció, colocándose. –Cierra los ojos –le exigió.
-¿Qué vas a hacerme? –Estrella frunció el ceño.
-No sabía que estuviera mal entrenada –dijo en voz alta, llamando la atención del pelirrojo. Él se volvió; con una mano ajustaba una pinza sobre el pezón de Erika, que apretaba los labios, conteniendo un gemido. Sonrió, con orgullo.
-Y no lo está. Gánate su obediencia –Y volvió a lo suyo.
La dominatrix entrecerró los ojos, luego se agachó, colocándose a la altura de la mujer. -¿Alguna vez te has corrido con una mujer? –le preguntó, directa. Pam negó. –Bien –susurró, recorriendo sus labios con un dedo – habrá que solucionar eso.
Estrella dio una vuelta completa alrededor del potro, aumentando la ansiedad de la sumisa. Luego sacó una venda del bolsillo de su vestido y la ató alrededor de su cabeza, sobre sus ojos. Pam gimió, ahora nerviosa. –Shhh. No tienes que ver nada… sólo sentir.
Con el sentido de la vista anulado, Pam no tenía más opción que obedecer. Podía oír los sonidos de sexo a su alrededor, los gritos de dolor y de placer pero sobre todo, oía a la ama pisar fuerte con sus botas de tacón. Y entonces sintió. Una fusta recorriendo su espalda, lentamente. Su respiración se aceleró. Sabía que esas cosas podían hacer daño si se lo proponía. El cuero siguió rozándola y después… nada. Esperó el golpe, que no llegó.
-Relájate –la oyó decir, antes de volver a notar la lengüeta de la fusta, esta vez sobre su culo. Le dio un par de golpecitos, flojos y de repente los sintió. La ama empezó a azotarla, alternando entre nalga y nalga, sin golpear nunca en el mismo sitio, repartiendo el calor y el dolor por igual. Pam jadeó cuando uno cayó con más fuerza, esta vez sobre los sensibles labios. –Eso es… buena chica. –Y volvió a dejar caer la fusta allí, arrancándole un grito. -¿Te gusta?
Dejó el juguete a un lado y se agachó, su aliento cálido sobre sus pliegues la hizo gemir. La lamió, sólo una pasada con su lengua, de arriba abajo, recorriéndola entera. El calor la volvió loca. Pero entonces paró. –Respóndeme –acompañó la orden con una fuerte nalgada. Pam se retorció. –Por favor.
-Respóndeme –repitió, antes de volver a posar su boca sobre ella. Pam sintió como la humedad goteaba entre sus piernas, estaba empapada. La ama jugaba con ella dando golpecitos con la punta de la lengua sobre su clítoris, para después hacer círculos a su alrededor y volver a lamerla entera, penetrándola con la lengua. Pam no podía parar de gemir. Y volvió a frenar -. Sigo esperando una respuesta, niña.
La sumisa no podía ver pero podía oír perfectamente el sonido de un vibrador que se acercaba peligrosamente a ella. La dómina tanteó su entrada con él, antes de introducirlo, sólo un poco. –Quizás no te gusten las mujeres –le susurró -. Pero tu cuerpo no coincide contigo… mira cómo te retuerces de placer… estás deseando correrte en mi boca.
Respondió echando su cuerpo hacia atrás, deseando más. El movimiento hizo que el vibrador entrara aún más en su cuerpo, dilatándola. Y entonces estaba completamente dentro de ella y la lengua de la ama sobre su clítoris. –Vas a dármelo todo, nena… pero primero vas a admitir que deseas más.
Retiró el vibrador hasta dejar sólo la punta y volvió a meterlo de golpe. Empezó a moverlo rápidamente dentro de ella, no sin antes subirlo al 4. Pam gritó. Estrella sonrió, ya la tenía donde quería. –Respóndeme –repitió por tercera vez, su voz ronca por la excitación. Los sonidos que la sumisa emitía; el olor a sexo; el calor que su cuerpo emitía… todo aquello cautivaba a la dómina y la ponía a cien. Azotó el trasero de la joven con secas palmadas, sólo por diversión, deleitándose cuando la piel ya rosada se enrojeció. –Tus diez minutos se acaban, preciosa, te lo diré una vez más. ¿Te gusta?
-¡Sí! –se rindió.
-¿Sí? ¿Quieres más? ¿Quieres correrte en mi boca?
-¡Sí, por favor! Ama, por favor –sollozó. La vibración golpeaba contra su punto G, ahora con movimientos cortos. Y de nuevo sintió como la lengua experta de la dominatrix la lamía, esta vez sin parar, llevándola más y más alto. Hasta caer. Hasta que su cuerpo se convirtió en una fuente de la que Estrella no dejó de beber.
-o-
Pam entreabrió los ojos, agotada. Se encontraba en la cama del hotel, tapada sólo por una sábana. Desnuda. Miró a su lado, confundida. Matt le sonrió.
-Bienvenida, cielo.
-¿Qué hac…
-Estabas muy cansada –explicó -. Estrella te dejó exhausta. Te envolví en una manta y te traje aquí.
-No lo entiendo –murmuró. Había tenido un orgasmo. Un increíble orgasmo. Con una mujer. Él la acarició, atrayéndola hacia su cuerpo. –Te dejaste someter por otra persona: tu primera experiencia con una mujer y obviamente te encantó. Es normal que estés confusa.
-Pero a mí no me gustan las mujeres.
-Quizás no o quizás sí, eso sólo lo sabes tú. El placer es placer, el sexo es sexo. Puede que te gusten las mujeres, puede que te guste el placer que una ama experta te pueda ofrecer o quizás Estrella sea una diosa con la lengua. Era sólo un juego y te ha gustado, nena, no le des más vueltas.
-Ha estado bien –dijo.
-Te he tenido que traer en brazos. Creo que Estrella te daría con un látigo si te oyera decir que sólo ha estado bien.
-¿Ahora te cae bien?
-Ha sido buena contigo, te ha cuidado y te ha hecho disfrutar. Supongo que podría decir que… no me cae mal del todo.
-Pero…
-Pero quitando juegos ocasionales… eres mía –dijo, mirándola fijamente.
-Sí, amo –respondió y lo besó. Matt profundizó el beso, dispuesto a recordarle a su confundida sumisa lo que él sabía hacer con su boca.
-o-
-Estás muy callada.
-Sólo le doy un descanso a tus oídos. Los gritos de esa chica te habrán dejado sorda, ama –contestó.
Estrella dejó el libro que estaba leyendo y se volvió hacia Susana. Entrecerró los ojos. -¿Estás enfadada? Ya habíamos hecho intercambios antes, nunca te habías quejado.
-¿Te gusta esa mujer? –preguntó, ignorándola.
-¿Y a ti no? –respondió -. Es guapa, simpática, dulce. Es encantadora.
-Si tanto te gusta puedo decirle que venga a dormir contigo –masculló -. Me iré a otra habitación para no molestar.
Se levantó, dispuesta a marcharse, pero su ama la sujetó, con destreza, obligándola a tumbarse. Se sentó a horcajadas sobre ella.
-El sexo con otras es sólo sexo –le dijo, sonriendo ante sus forcejeos -. Pero sólo te quiero a ti, tonta.
Susana paró, mirándola. -¿De verdad? –susurró.
-De verdad. Sólo a ti. –Y la besó, esta vez con dulzura para después hacerle el amor, sin sujeciones ni órdenes. Por esa noche no fueron ama ni sumisa. Sólo fueron Estrella y Susana.
