¡AHHHH! Sus reviews, los amé con toda mi alma. Cada día que pasaba los leía y sonreía como boba a la pantalla :3 Gracias de verdad.

Agradecimientos: shioris-san, Crosseyra, Song for the Coffe-chan, ShiNeet y Blood tinted rain. Gracias por dejar sus reviews, en verdad se les agradece, me alegran cada vez que los leo :3

Advertencias:

-Si no te gusta el yaoi, no lo leas.

-AU.

-OOC.


De nuevo

Capítulo tres: Slaine, vamos al cine

—No, Slaine-san. Naho-kun solo estaba bromeando.

Slaine suspiró aliviado y miró con furia a Inaho, que parecía totalmente ajeno a la conversación. Lo maldijo en sus pensamientos y luego volvió a dirigir la mirada a Yuki.

—Tenemos un futón. Pensaba que sería mejor si lo usaras, ya que eso sería lo normal. A Naho-kun le gusta hacer ese tipo de bromas.

Yo no creo que haya sido una broma para él. —Pensó el rubio teniendo un tic en su ojo.

—Yo no tengo problemas, Yuki-nee.

—Usaré el futón. —Cortó Slaine mirándolo fríamente.

Slaine miró el reloj de la pared. 12:42 A.M. No importaba, no era como si tuviera que hacer cosas mañana. Suspiró. Estaba cansado, ya había comenzado a sospechar que era porque Inaho se había excedido con él, pero en fin, él tenía toda la culpa por haberse entregado de todas formas.

Estaba durmiendo en la sala, mirando la oscuridad y escuchando un leve "tic-tac" del reloj. Se sentía extraño dormir en una casa ajena, y más si esa casa pertenecía a tu antiguo amor. Se cubrió el rostro con la sábana del futón y se ocultó para ésta. Desearía no estar aquí, pensó. ¿Por qué su padre tendría que tener a Yuki-san de ex alumna? ¿Y porque ella tiene a Orange de hermano menor? Es como si el destino hubiera hecho un complot en su contra. Le gustaría tener a sus amigos ahí consigo, para no sentirse de ese modo. Ellos nunca supieron sobre su relación con Inaho en la secundaria, salvo Asseylum, que era la más cercana a ambos, pero nadie aparte de ella.

—Harklight…

Si Harklight supiera dónde estaba en este momento, Slaine estaba realmente seguro de que vendría volando para buscar una manera de ayudarlo. Lo normal de Harklight. Él siempre lo trató con respeto, lo valoró y todo eso. Lo conoció en cuanto se mudó con su nuevo padre, Harklight era el mayordomo de la casa, siempre fiel a ambos.

— ¿Harklight?

La voz de Inaho.

Slaine se quitó la sábana de encima y miró a Inaho, estaba desconcertado. Llevaba su pijama pero la confusión era evidente en su rostro. Era seguro que preguntaría quién era Harklight.

—Es alguien de Tokio. —Respondió simplemente y con extraña naturalidad en su voz.

—Ah, vaya. —Dijo con seriedad. — ¿Quieres té?

—No. —Se cubrió con la sábana hasta la cabeza de nuevo. —Buenas noches.

Yandere.

— ¡Que no me llames así!

Realmente no había podido dormir pensando en cómo actuaría este día. Pero ya, luego de meditarlo por varias horas, y escuchando a Inaho tomar té mientras sentía su mirada traspasar el futón…Decidió optar por actuar con normalidad, fingiendo ser inconsciente de lo que pasaba a su alrededor, fingiendo que no conocía a Inaho, que era solo el simple hermano de Yuki-san. Iba a resultar complicado pero podría lograrlo.

—Bat, pásame la sal.

Slaine frunció el ceño levemente pero hizo lo ordenado.

—Oh, ya se llevan bien, hasta tienes un apodo para Slaine-san. —Dijo Yuki sonriendo con amplitud.

Slaine guardó silencio y comenzó a tomar de su jugo mientras evitaba mirar a Inaho cocinar, le traía recuerdos de Tokio, y en verdad a pesar de ser placenteros, también le perforaban el alma de ver que no iban a volverse realidad de nuevo.

—Ya nos conocíamos desde antes.

Se atragantó.

— ¿Ah, sí? —Sonrió Yuki. — ¿De dónde se conocían?

—Desde Tokio.

—Así que eran buenos amigos, ¿eh?

Yuki miró de reojo a Slaine, que solo se dio una sonrisa nerviosa. Inaho sacó tres platos y los puso en el pequeño comedor. Tomó la sartén y comenzó a servir en los platos. Huevos revueltos.

—Hoy no podré venir a casa. —Dijo Yuki de pronto mientras se llevaba una tostada a la boca.

Slaine contuvo su sorpresa, pero dejar a la mano a medio camino del tenedor le dio gracia a Inaho, que para ocultar su risa comenzó a beber de su vaso.

—Tengo turno en el hospital. —Aclaró ella. —Pero veo que podrán estar bien.

—Claro que sí, Yuki-nee.

Slaine aún tenía el cabello húmedo. Se había llevado la ropa al cuarto de baño para poder vestirse ahí, no se iba a arriesgar a que Inaho viera todo su cuerpo. No necesitaba de sus reacciones, que de seguro le dolerían.

Salió del cuarto de baño con su ropa puesta, y vio a Inaho quitándose la camiseta en el pasillo. El castaño lo miró sin expresar nada de su mirada, siempre neutra. Slaine se sonrojó ante su vista. Su cuerpo cambió, y no lo había notado la noche anterior mientras tenían relaciones, estaba demasiado distraído gimiendo como como gata en celo, por no decir otras palabras.

Siguió avanzando al lado de Inaho, pero no pudo seguir ya que él lo tomó de la cintura de nuevo para apegarlo a él. Slaine se quedó estático de nuevo, como casi todas las ocasiones que hacia eso. Inaho apegó sus labios a la oreja de Slaine, el rubio sintió su cálido aliento, sintió escalofríos también. Pudo sentir su torso. Maldición, cómo había cambiado. Inaho usó una de sus manos para hacer girar la cabeza de Slaine para verlo de frente, iba a besarlo, pero por segunda vez ya, fueron interrumpidos por el dichoso timbre.

Era como si timbre fuera algo para detener el hipnotismo que Inaho tenía en Slaine. El rubio se quitó sus brazos de encima y fue a abrir la puerta porque no tenía otra cosa que hacer. Escuchó la puerta del baño cerrarse, teniendo por seguro que Inaho iba a darse una ducha ahora.

Cuando abrió la puerta reconoció a la misma chica de ayer. Inko… ¿no?

—Slaine-kun. —Dijo con una sonrisa. —Buenos días.

—Buenos días…

Slaine, sin saber qué más hacer o decir, la dejó pasar. Cerró la puerta. Inko tomó asiento en el sofá. Slaine suspiró mientras rogaba para que Orange saliera del baño lo más rápido posible, para así no seguir con esta extraña incomodidad.

—Y entonces…

Slaine la miró.

— ¿Se conocen desde Tokio?

Maldición, ojalá Inaho saliera rápido de esa ducha.

—S-Sí.

— ¿De veras? —Dijo algo divertida. — ¿Sabes? No quiero hacerte sentir incómodo de ni nada…

Pues lo estaba haciendo.

—Pero… ¿Qué fue lo que te gustó más de Inaho?

Entonces los colores le subieron a la cabeza, sintiendo un fuerte ardor en sus mejillas. No era una pregunta grosera pero…algo bastante fuera de lugar tomando en cuenta que ya no eran pareja. Se cubrió el rostro con sus manos sin saber que decir. ¿Qué podía decir? ¿Su sonrisa…? No. Algo que siempre le gustó de Inaho…

—S-Sus…ojos.

¿Qué rayos había dicho? Se maldijo en sus adentros. Esta chica emanaba cierto aire de confianza que le hacía decir lo que pensaba realmente.

— ¿Son bonitos, eh?

—S-Sí.

Esos ojos cafés que podían parecer rojos. Esos ojos que lo cautivaron cuando los vio por primera vez. Un nuevo estudiante en la secundaria, se decía que venía de otra ciudad. Cuando lo vio entrar al salón, no dejó ninguna expresión a la vista pero sus ojos eran grandes y rojos, le gustaron siempre. Y mientras iba conociendo al chico nuevo, sin saberlo se fue enamorando de él, y al pensar que él no podía corresponder a sus sentimientos, resultó todo lo contrario…

— ¿Inko?

Escapó de sus pensamientos al ver salir a Inaho completamente vestido. Aproximadamente…unos cinco o seis minutos en la ducha. Como siempre, se duchaba rápido y se vestía rápido, aún recordaba como Inaho salía rápido de la ducha de su casa cuando pasaban la noche juntos y al día siguiente había escuela…

Al recordar todo eso, se volvió a cubrir el rostro con sus manos y se apoyó en la mesa de la cocina para evitar ser visto.

— ¿Slaine?

Slaine hizo el ademán de que no importaba.

—Jeje. —Inko soltó una risita. —En fin, Inaho, traje lo que me pediste esta mañana.

Inko le entregó un sobre blanco a Inaho, que solo guardó en el bolsillo de su pantalón. Slaine seguía perdido en sus alborotados pensamientos, que se mezclaban con este presente siendo del pasado.

—Nos vemos, chicos. —Dijo la peli negra. —Ojalá se diviertan.

¿Divertirse?

Y esperaba que no fuera lo que pensó.

Slaine miró a Inaho interrogante mientras escuchaba el sonido de la puerta cerrarse. El castaño se encogió de hombros. Slaine no sabía qué tanto le pudo haber contado a Inko, y esperaba que fuera todo lo vergonzoso y bochornoso que ambos pudieron haber sido en su relación.

Cuando Inaho iba a responder, el sonido de un mensaje al celular de Slaine se hizo presente. El rubio lo sacó de su bolsillo y vio el mensaje.

Mensaje de Lemrina Vers:

Slaine. ¿Dónde estás? Fui a tu casa y ni Harklight estaba. Slaine estoy preocupada. Por favor, llámame.

Ese mensaje tenía siete horas de recibido.

Slaine sonrió un poco. Lemrina, la hermana pequeña de su mejor amiga Asseylum estaba preocupada por él, le resultaba bastante tierno. Se comenzó a hacer amigo de Lemrina poco después de que su nuevo padre lo adoptara. Recordaba a Lemrina como una niña que se escondía tras las paredes de la casa para observar qué hacían Asseylum, Inaho y Slaine cuando llegaban a casa de la rubia para hacer alguna tarea o algo por el estilo.

Pero ahora la consideraba como una amiga más, incluso a veces salían al cine y las personas los confundían como una pareja, o a veces escuchaba murmureos poco agradables ya que es mayor que ella.

— ¿Lemrina?

Inaho se había inclinado sobre el celular. Slaine lo bloqueó de pronto algo indignado.

—No leas mis mensajes.

—Lemrina…—Dijo pensativo. —Me suena de algo.

—Es la hermana menor de Asseylum. —Aclaró.

—Es verdad. —Hizo una pausa. — ¿Cómo está Asseylum?

—Está bien. —Dijo Slaine. —Hace unos meses fue a estudiar al extranjero. A Londres.

— ¿Y tú que piensas estudiar? —Preguntó de pronto, cambiando el tema.

—No lo sé. —Respondió con sinceridad. —No tengo planes para el futuro por ahora. Digo, no le veo tanta importancia. Aún soy joven…—Lo miró entonces. — ¿Y tú qué?

Inaho lo miró, pero entonces de un momento a otro, el rubio tenía al castaño sobre él, con sus labios a centímetros de los suyos. El color rojo se le subió a la cabeza, queriendo apartarlo de un empujón, pero le daba algo de miedo. Sentía su aliento contra el suyo, su corazón se comenzó a acelerar. La frente de Inaho estaba pegada a la suya. No sabía qué hacer. Se limitó a callar.

—Hace dos días no tenía planes para el futuro…—Dijo con suavidad, saboreando cada palabra en su boca. —Pero ahora…quisiera ser una persona digna de tu amor y confianza.

¿Por qué? ¿Por qué tenía que decir siempre lo necesario y conmovedor? Slaine cerró los ojos y juntó sus labios con los de Inaho. Fue una pequeña sorpresa para el castaño pero igualmente le correspondió al pequeño roce de labios. Luego Slaine se alejó un poco.

—Ya has caído…

—No he caído.

—Ya lo hiciste.

—No es verdad.

Lo empujó lejos de él. Odiaba eso de Inaho, lo odiaba por hacerle quererlo tanto. ¿Por qué estos sentimientos no podían desaparecer y ya? ¿Por qué su subconsciente lo hacía pasar malos ratos? Ya se prometió a sí mismo que no iba a caer ante Kaizuka Inaho de nuevo. Pero entonces ¿por qué se le ocurrió besarlo? Una tormenta en su cabeza hacia que no pudiera pensar con claridad y consciencia.

—Slaine. ¿Vamos al cine?

Sus pensamientos se detuvieron. Giró la cabeza lentamente para ver al castaño, parecía como si nada hubiera pasado. Regresó a la realidad.

— ¿Al cine?

Y como si realmente nada hubiese sucedido, hablaban con la misma normalidad que hace unos minutos. Quizá Inaho estaba comprendiendo cómo se sentía respecto a lo que acababa de pasar, aunque no podía asegurar nada, a veces Inaho le resultaba una caja de sorpresas.

—Sí, al cine. ¿Vamos? No. Mejor dicho, trae tu chaqueta, iremos.

—Oye espe-

Pero fue interrumpido porque Inaho regresó a su habitación. ¿Quién se creía que era? Slaine gruñó. Al poco tiempo Inaho traía puesta su chaqueta y le aventó la suya a Slaine, el rubio la tomó algo molesto con el castaño.

—Vamos.

Inaho fue a la puerta y salió, seguido de un molesto Slaine. Al cerrar la puerta con llave, ambos comenzaron a caminar por la calle. Slaine iba al lado de Inaho observando el lugar en donde vivían, para así no perderse si se le ocurría salir en algún momento. Pero había otra pregunta flotando en su mente. ¿Cómo había aceptado tan rápido esto? Fue como si Inaho hubiera aprovechado ese momento de confusión en su mente. Podía culparlo por todo, estaba en su derecho, aunque a veces le costaba admitir que le dolía que se hubiera ido de Tokio. Ya dio sus razones pero el dolor seguía allí.

La siguiente media hora caminando fue algo agotadora, para ser temprano (aunque no tanto) el sol estaba fuerte. Slaine tenía las mejillas rojas de tanto calor, cuando esto ocurría en Tokio generalmente no salía de casa, prefería quedarse bajo las mantas de su cama recibiendo el agradable aire acondicionado de la casa.

Finalmente llegaron a su destino. Un teatro que estaba cerca del centro de la ciudad. No se miraba muy lujoso, más si parecía popular. Había gente haciendo cola para las taquillas. Slaine miraba algo confundido esto, no conocía el lugar más no se sentía tan alejado de esta realidad. Inaho le dijo que lo siguiera dentro del local. ¿Qué no iba a comprar entradas?

—Oye, Orange. ¿Y las entradas? —Preguntó el rubio empujando la puerta para entrar luego de Inaho.

—Aquí están.

El castaño mostró un sobre blanco. A Slaine le pareció haberlo visto antes, pero el calor estaba tan fuerte que no lograba concentrarse bien. Inaho rompió el sobre y mostró dos entradas para la tanda de las 12:40 P.M.

—Me pareció haber visto el tráiler de esa película. —Mencionó Slaine un poco entusiasta. —Me gustó mucho, la verdad.

—Una guerra de Marte contra la Tierra. —Dijo el castaño. —A mí también me pareció interesante. Por eso le pedí a Inko que consiguiera entradas. —Se encogió de hombros. —Pensaba que…como siempre te ha gustado la ciencia ficción…

Slaine se sonrojó un poco. Inaho pensaba en él, y le prestaba atención a lo que decía. Slaine recordaba que le había mencionado que le gustaba mucho la ciencia ficción una vez, él había visto a Inaho concentrado en su tarea de matemáticas que creyó que no le ponía mente a lo Slaine hablaba. Pero al final estaba en lo equivocado.

—Bueno, sí. —Dijo sin saber qué más agregar.

Inaho se encogió de hombros de nuevo y siguió adentrándose al teatro. Según el reloj del local, faltaban diez minutos para la película. ¿Qué podían hacer durante el tiempo que restaba? ¿Hablar de sus vidas? A Inaho le resultaba difícil hablar de eso, aún no decidía qué quería ser. Por un momento llegó a pensar que podría ser un militar pero a Yuki-nee no le gustó nada la idea. Descartó eso. Miró de reojo a Slaine, estaba leyendo las revistas del cinema. Parecían tan normal a veces que le daba un poco de envidia. Inaho estaba seguro que Slaine no fue el único que sufrió como tanto lo menciona. Mientras venía en el tren de Tokio a Shinawara, le pareció ver por la ventana una lágrima en su ojo. Y durante los primeros días en Shinawara, mientras cuidaba un poco a Yuki-nee, a veces iba a llorar a su habitación, en silencio, solo dejando que las lágrimas resbalaran por sus mejillas, sin hacer mucho escándalo.

Y así fueron los primeros seis meses. Todas las tardes a dejar las lágrimas fluir a escondidas de Yuki-nee, mientras ella no necesitara cuidados de él ya que el señor Koichiro Marito iba a cuidarla a veces. Luego de esos seis meses comenzó a asimilar que ya no podía volver a Tokio. Intentó hacerlo una vez pero entonces regresó de la estación de trenes arrepentido de todo. Y ahora…mientras veía a Slaine tan tranquilo, le daba envidia que el pareciera no haber sufrido tanto.

Pero ¿Qué sabía él de cómo se sentía Slaine realmente?

Los diez minutos pasaron algo lentos. Finalmente ambos chicos pudieron entrar a la película. Slaine se sentó antes que Inaho, en una de las filas de en medio, Inaho se sentó a su lado. Algunas personas le daban miradas extrañas. ¿Qué jamás habían visto a dos chicos ir al cine?

Slaine se sintió incómodo al escuchar a un par de chicas hablar de él. Estaban frente a ambos pero trató de ignorarlas lo más posible. Le daba algo de nervios la opinión de las chicas a decir verdad. Inaho se las arregló para ignorarlas y concentrarse en la película, que por que la sala se estaba oscureciendo, estaba indicando que iba a empezar en breve.

No habían pasado ni veinte minutos de película para que ocurriera la primera muerte de un personaje. Era uno de los amigos del protagonista, siendo evaporado por el Catafracto del enemigo. Realmente era bastante interesante la película.

Slaine estaba ensimismado con la película, tanto que no notó que Inaho no prestaba atención en lo absoluto. El castaño prefería deleitarse mirando como el rubio miraba con emoción la pantalla. No era que no le gustase la ciencia ficción, simplemente gozaba solamente ver a Slaine entusiasmado. Aún recordaba cómo se ponía como un cachorro cuando su amo llegaba su casa, lo recibía con ladridos de alegría y lamidas. En el caso de Slaine no fue muy diferente.

Inaho fue tan presente en aquella época que incluso el padre de Slaine hablaba con él, platicaban acerca de diversos temas, e incluso a veces el padre de Slaine cocinaba para ambos. Él no estaba enterado de su relación, ambos eran precavidos en ese sentido. Y el profesor Troyard jamás estaba cuando ellos tenían sus encuentros.

El castaño se inclinó un poco hacia Slaine, tanto que su aliento rozaba la oreja del rubio. Slaine se estremeció y miró de reojo a Inaho.

— ¿Qué? —Preguntó en susurro.

—Nada.

Slaine volvió a dirigir su atención a la película, al menos eso fue hasta cuando sintió el aliento de Inaho hacerle cosquillas en el cuello. Apretó los labios. No iba a armar una escena en la sala del cine. Lo apartó con sus manos, mirándolo con reproche, como diciendo estamos en un lugar público.

Inaho se recostó en su asiento algo molesto. Bien, se aguantaría por ahora. El motivo para venir al cine era ver la película, no tratar de seducir a Slaine en la oscuridad. Dio un pequeño suspiro y siguió viendo la película.

Slaine estiró sus brazos al salir de la oscura sala. Inaho lo siguió detrás. Para la sorpresa de ambos estaba lloviendo. Slaine no encontraba lógica en todo esto. Cuando entraron al cine el sol estaba que quemaba y ahora llovía. No era nada normal. Inaho suspiró y se cambió el peso del pie para estar más cómodo.

— ¿Qué te pareció la película?

Slaine lo miró con los ojos centellantes, olvidándose que el que le hablaba era Inaho.

—Fue genial. No esperaba que los dos protagonistas se odiaran a muerte. No puedo asegurar si la princesa de Marte está viva. Oh rayos, no puedo creer cuanto suspenso pusieron en esto. —Dijo el rubio emocionado. —Necesita una segunda parte, claro que sí.

La mirada de Slaine, tan brillante y llena de emoción hizo a Inaho apretar la boca. No podía soportarlo más, tenía que hacerlo suyo ahora. Lo amaba tanto.

Inaho tomó del brazo a Slaine y lo arrastró hacia la salida. Slaine estaba confundido pero se vio obligado a caminar con él para no caerse en el trayecto. La lluvia los azotó, pero parecía más una fuerte pero pequeña brisa. Inaho lo llevó hasta un callejón donde lo apegó a la pared, golpeándolo sin darse cuenta, pero gracias a la mueca de dolor de Slaine se enteró.

—Lo siento. —Dijo rápidamente.

— ¿Qué haces? —Preguntó el rubio sintiendo gotas de lluvia en su rostro.

Inaho puso su brazo al lado de Slaine para evitar que se fuera, luego lo besó. Slaine se sorprendió y trató de apartarlo. Uno, estaban en un lugar público, dos, era un callejón, y tres, no quería caer ante él de nuevo. Pero para Inaho era otra historia. Lo apegó a él y luego lo levantó. Slaine se vio obligado a enredar sus piernas alrededor de la cintura de Inaho mientras emitía un leve quejido porque el castaño lo mordió sin querer.

Slaine trató de apartarse pero con cada segundo que sus labios seguían juntos, su autocontrol se desvanecía, su consciencia dejaba su ser y el deseo lo invadía. Inaho bajó su mano al cinturón de Slaine, dispuesto a desabrocharlo. Slaine se separó para tomar aire.

—Orange, aquí no…

—Aquí y ahora, Bat.

Slaine gruñó pero dejó hacerlo a su merced. Cuando iba a quitar el cinturón, escucharon una voz.

— ¿S-Slaine?

Slaine se giró para ver, sosteniéndose de Inaho para no caerse. Había una chica con cabello color lavanda y ojos azules sujetando un paraguas. Miraba horrorizada la escena. La reconoció al instante pero igualmente la interrogante salió de sus labios.

— ¿Lemrina?


CHA CHA CHAAAAAN (:v) Pensé que sería buena idea poner a esta lisiada, solo para más tensión (e.e). Y sí, la película era Aldnoah Zero (XD).

¡Gracias por leer!

By: Dazo