Volví, esta vez tardé algo más porque no me había dado tiempo. Compromisos, recados, y se acaba rápidamente mi tiempo libre. En fin, ahora ya está este nuevo capítulo.

¡Disfruten!

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-AU.

-Posible OOC.


De nuevo

Capítulo cuatro: Este extraño sentimiento

Lemrina bajó el paraguas para cuando sintió que ya no habría más lluvia por ahora. El ambiente estaba algo caliente porque el sol ya comenzaba a salir tras las nubes grises, haciendo que la humedad del suelo se fuera evaporando con su calor. Echó una mirada hacia atrás algo irritada. ¿Por qué esos dos caminaban tan lento? Aún no superaba lo que vio en el callejón, y Slaine parecía no querer hablar de eso, pero sentía que debía de saber qué ocurría con él y ese otro que había visto muchas veces en casa de su hermana también. ¿Acaso serían pareja? No le cabía eso en su cabeza. ¿Dos chicos? No, simplemente era… ¡no!

Slaine permanecía en silencio, gracias a Dios que Lemrina no había preguntado nada al respecto, pero también algo le decía en su cabeza que tarde o temprano lo haría. Miró de reojo a Inaho, que solo caminaba en tranquilidad y seriedad. ¿Por qué tenía que ser tan estoico? Esa era una de las cualidades que le gustaban de Inaho pero que a la vez le provocaban molestia e irritación.

Inaho adelantó su paso, pasando al lado de Lemrina y poniéndose frente a ella pero sin verla. Lemrina retrocedió unos pasos para ponerse al lado de Slaine y preguntarle por fin qué era lo que ocurría exactamente aquí.

—Slaine. —Empezó. — ¿Qué haces en Shinawara?

—Ahora que recuerdo…—Dijo el rubio. — ¿Qué haces tú en Shinawara? ¿Tu abuelo está enterado?

—N-No me cambies el tema. —Dijo avergonzada. —Yo pregunté primero.

—Mi padre fue a Corea, y como no quiere dejarme solo tengo que pasar la semana con una persona de su confianza. —Explicó con tranquilidad. —Ahora dime qué haces aquí.

—Y-Yo…—Apartó la cara. —Estaba preocupada por ti, y Harklight me dijo que estabas en Shinawara.

—Pero dijiste que Harklight no-

—Fui a buscarlo a su casa… —Frunció los labios. —Solo quería saber si estabas bien.

Inaho los escuchó. Lemrina parecía estar preocupada por Slaine. Se hicieron buenos amigos en estos años, al menos Slaine tenía a alguien que se preocupara por él todo el tiempo, y que no fuera Inaho durante estos tres años transcurridos. Agradecía que fuera Lemrina, a pesar que ella parecía casi un fantasma cuando ambos iban a casa de Asseylum.

Inaho estaba preparando un té para todos. Lemrina estaba tranquilamente riendo junto a Slaine, hablando de algunas cosas que por lo general solo ellos le encontraban sentido, porque por más que Inaho escuchara su conversación sin querer, no entendía ni una sola palabra que combinara con su supuesto tema.

Ser hospitalario con la hermana pequeña de su mejor amiga en Tokio es algo que le agradaba un poco. Se miraba que se llevaba muy bien con Slaine. Si le preguntaba la razón de su momento de hace rato, y si Slaine no respondía, supuso que él tendría que responderle. Pero por la cara y el tono de voz de Lemrina parecía como si no le importara mucho.

Inaho sirvió el té en tres tazas. Puso dos en la mesita frente al sofá y luego él se sentó en un sillón frente al sofá, frente a Lemrina y Slaine. Lemrina parpadeó al ver el té y luego miró a Inaho. El castaño ladeó un poco la cabeza.

—Inaho-san, yo no tomo té verde. —Dijo Lemrina.

— ¿Te gustaría alguna otra cosa? —Pregunta por cortesía, aunque no le molestaba servirle.

— ¿Jugo de naranja? —Esbozó una pequeña sonrisa.

Inaho comenzó a hacer memoria si tenían jugo de naranja. Negó con la cabeza algo decepcionado. Lemrina suspiró, pero luego miró a Inaho con sus grandes ojos azules.

— ¿Sería tan amable de ir a comprarlo? —Preguntó lentamente.

—Lemrina…—Dijo Slaine como un reproche.

—Está bien.

—I-Iré contigo. —Dijo Slaine con un leve sonrojo en sus mejillas.

—No, quédate haciéndole compañía a Lemrina. —Dijo con firmeza pero sin llegar a la dureza o alzamiento de voz. Slaine asintió bajando la cabeza.

Inaho se levantó del asiento. Lemrina le tendió un billete, que con eso supuso compraría el juego de naranja. Inaho negó con la cabeza y dijo que iría por su cuenta. Lemrina sonrió algo apenada ante tal respuesta. Luego de unos momentos Inaho la había salido del apartamento. Estaba seguro de que no llovería más, así que se fue sin un paraguas.

—Oye, Lemrina…

—Slaine, yo…

Lemrina lo miró con intensidad. Slaine no sabía porque la cara de Lemrina estaba toda roja. ¿Estaría enferma? ¿Tendría fiebre? ¿Se había esforzado mucho de nuevo? Lemrina tenía cuerpo muy débil, pero aun así vino a Shinawara solo a verlo y ver si estaba bien. Le conmovía pero la salud de Lemrina era algo más importante que en dónde estuviera él.

Antes de que Slaine pudiera decir algo más. Ella lo abrazó fuertemente. Se sorprendió, quedándose inmóvil unos segundos.

—Slaine. ¿Qué clase de relación tienes con ese? —Preguntó cerca de su oído. — ¿Por qué estaban en ese callejón?

Slaine la apartó con suavidad. Se alejó unos centímetros más de ella hasta chocar con el brazo del sillón. Lemrina seguía seria pero sus mejillas rojas y ojos tambaleantes le quitaban algo de seriedad, pero eso no iba al caso. Le había hecho esa pregunta. ¿Tenía que responderla? ¿De verdad tenía que dar a conocer a alguien aquel pasado?

—Salimos hace tiempo…—Dijo rascándose la nuca y mirando hacia otro lado. —Pero ya no estamos saliendo.

— ¿Te gustan los chicos? —Preguntó arqueando una ceja. —Siempre creí que te gustaba mi hermana…

—Asseylum, no. —Dijo riendo nervioso. —Solo Inaho y yo salimos un tiempo y ya. Ahora no somos nada.

— ¿Y qué haces viviendo con él? —Pregunta rápidamente. Slaine se maldice en sus adentros. Demonios.

—Eso no estaba en mis planes. La persona de confianza de papá era su hermana mayor, y por ende estoy viviendo con él. —Dijo con la misma expresión. —Pero no somos nada.

—Mmmm…—Dijo mirándolo de reojo.

Lemrina se acercó a Slaine unos centímetros. Slaine la miraba acercarse. Lemrina puso ambas manos a ambos costados de Slaine, quedando a solo pocos centímetros de su rostro. Slaine estaba paralizado. ¿Por qué de pronto Lemrina hacia esto? Los labios de ella temblaron y luego abrió la boca para decir algo.

—Puedo hacer que te gusten las chicas…—Dijo entrecortadamente. —Por eso…—Aprieta los labios nuevamente. —Slaine, hagamos el amor.

Inaho caminaba por las calles directo a la tienda que había en el vecindario. A decir verdad quedaba como a un kilómetro y medio de la casa, pero aun así debía de ir para que Lemrina no se sintiera incómoda, si es que esa era la palabra que combinara con la situación.

Se llevó la mano a la nariz sintiendo un pequeño cosquilleo. Una gota. Miró al cielo, estaba gris de nuevo. ¿Llovería de nuevo, en serio? No traía paraguas.

Giró sobre sus talones y ahora caminaba regresó al apartamento. Dependiendo cómo estuviera la lluvia más tarde, vería si saldría o no.

El aguacero cayó sobre Shinawara. Inaho corría ya bastante húmedo por la lluvia. ¿De que servía cubrirse cuando se estaba todo empapado ya? Al menos Slaine no lo había acompañado, sino también hubiera termino así de mojado, y quizá pescaría un resfriado como él. Mientras corría, estornudó. Iba a darse un baño caliente al llegar, aunque ¿para qué? Ya tenía el resfriado.

Llegó a la puerta del apartamento y la abrió con un crujido. Se sacó la chaqueta y la escurrió afuera, luego entró finalmente, no sin antes agitar la cabeza, desprendiendo unas cuantas gotas de lluvia. Se adentró más, cargando su chaqueta en su brazo. Entonces escuchó algo romperse, seguido de un grito agudo.

— ¡Lemrina no!

— ¡Vamos! ¡No tengas miedo!

Inaho se detuvo al ver caminar a Slaine de espaldas a él, iba retrocediendo hasta que chocó contra él. Slaine se rigió y se apartó de inmediato al sentir el frío. Lemrina, que tenía la blusa de botones con la mitad fuera de su lugar, se quedó helada al ver a Inaho, y de inmediato se cubrió con las mejillas rojas. Slaine también estaba avergonzado.

¿Qué había pasado en los…quince minutos que iba y volvía?

— ¿Puedo preguntar? —Dijo Inaho mirando a ambos por unos segundos. — ¿Slaine?

—Eh…-

—Íbamos a dormir juntos.

Inaho se sorprendió, alzando las cejas por reflejo. Miró a Slaine, que se llevó la mano a la frente con resignación. ¿Los gustos de Slaine habían cambiado con el tiempo? No lo sabía, no lo iba a preguntar. Más sentía algo raro en el pecho, algo como tener una estaca ahí mismo, no sabía lo que era, jamás había sentido algo así.

—Bien. No los detengo.

¿Qué había dicho? Sentía como si fuera dueño de sus acciones. Pasó al lado de Lemrina, buscando la ducha. Sentía la mirada confundida de Slaine en su espalda. Siguió avanzando evitando mirarlo de nuevo. Lemrina y él se había vuelto muy cercanos…ahora notaba que eso no era tan normal como cuando lo intuyó la primera vez. El sentimiento raro en el pecho le seguía molestando aun cuando estaba bajo el agua caliente de la ducha.

No quería salir rápido. Quería estar lo más ahí posible. Se apoyó en la pared húmeda y bajó la cabeza. ¿Qué era esto? Se llevó la mano al pecho y lo arañó con insistencia, pensando que así quitaría eso. No se quitaba. Maldita sea, ¿Qué era esto?

Comenzó a recordar cuando Yuki le hablaba de las relaciones, los sentimientos que pueden desarrollarse con el paso del tiempo una persona con otra. Amor, cariño, afecto, todos eran buenos y puros. ¿Dónde estaba lo malo? Envidia, odio, celos…Celos. Abrió los ojos con fuerza. ¿Acaso estaba celoso? ¿Celoso de Lemrina? Eso era, en definitiva.

Dejó el agua correr mientras aceptaba ese extraño sentimiento llamado celos. Sí, estaba celoso. ¿Por qué dejó a Slaine con Lemrina? ¿Por lo mismo? Esa era la razón. No sabía si en este momento ambos estarían disfrutándose el uno al otro, pero también como le daba igual, también le importaba demasiado. No quería salir de la ducha y averiguarlo.

—Tienes razón, no son nada.

Slaine permanecía aterrado con solo ver a Inaho entrar al cuarto de baño sin ninguna otra objeción, si cuando Slaine decía algo era como un tercera guerra mundial con solo contradecirle. Le dio algo de miedo lo que acababa de pasar. Sí, había estado correteando por la casa escapando de Lemrina. No iba a quitarle la virginidad a una niña que ni siquiera sabe lo que quiere realmente. Además no la amaba, y siempre para Slaine fue que solo debía tener relaciones con alguien a quien amara. E Inaho fue eso para él.

— ¿Slaine?

Lemrina le tocó la manga y la jaló un poco.

—Ya te lo dije. No voy a hacerlo contigo. —La miró de reojo. —Lo siento pero…yo no te amo.

—No necesitas amarme. —Dijo como una súplica. —Por favor. Quiero que sea contigo.

—No. —Apartó el brazo con brusquedad. —No puedo hacerte eso. Aún eres joven, tienes mucho por delante. ¿Quieres perder tu virginidad con alguien como yo?

— ¿Alguien como tú? —Dijo confundida. —Para mí, eres el mejor.

—Lemrina, basta.

Ella guardó silencio más confundida. ¿Qué le pasaba a Slaine? Estaba muy raro. Slaine apretó la boca. Lemrina parecía incapaz de entender que no iban a hacerlo hoy ni nunca, no la amaba, se lo había dicho pero ella tiene un problema de aceptación o algo así.

—Amo a Inaho. Por eso no puedo hacerlo contigo.

Era lo único que se le había ocurrido decir. Lemrina abrió la boca en señal de sorpresa. Dio media vuelta abrochándose su blusa y buscó su paraguas. Slaine suspiró. Al menos ya se iría. ¿Estaba bien mentirle? Por alguna razón sintió algo cálido cuando dijo lo anterior. Amo a Inaho. No, no podía amarlo de nuevo.

—Infeliz. —Dijo Lemrina abriendo la puerta. —Maldito raro. ¿Cómo a un chico le puede gustar un chico?

— ¿Lo ves? —Ladeó la cabeza con una pequeña sonrisa. —Aún eres muy joven para comprender algunas cosas.

Lemrina infló los cachetes y salió de un portazo. Slaine finalmente pudo respirar tranquilo. Se giró al escuchar el agua correr. No iba a tardar tanto, como siempre, eso supuso. Se sentó en el sofá a pensar. Le mintió a Lemrina sobre eso por su bien. No cree que vuelvan a ser amigos de nuevo, de todas formas ya lo insultó y todo. Era mejor así. No era que le desagradara ella, sino que no hubiera sido de gusto hacerlo con alguien que no amara.

¿Y por qué lo hizo con Inaho?

Silencio consciencia.

Se dedicó a esperar a Inaho. Iban a hablar con respecto a lo que acababa de pasar. No quería dejar las cosas en el aire.

Ya va una hora desde que aún escuchaba la ducha. Eso no era normal. Finalmente se levantó del sofá y caminó hasta el cuarto de baño. Se detuvo frente a la puerta algo dudoso. ¿Y si lo molestaba? Obviamente estaría desnudo, pero ese no era el problema. Deslizó la puerta sin hacer ruido. Vio a Inaho sentado en el piso de la ducha, abrazando sus rodillas, recibiendo el agua caliente. Se inmediato le entró la preocupación. Cerró la llave de la ducha y tomó la toalla que estaba colgada en el barandal de madera cerca del baño. Cubrió a Inaho y lo ayudó a levantarse.

Inaho dejó caer la cabeza en el hombro de Slaine, sin fuerzas, parecía muy débil. Slaine no sabía qué hacer. Algo le pasaba y no sabía qué. Podía llamar a Yuki-san pero sabía que tardaría mucho en llegar, además se supone que hoy tenía un turno en su hospital. Tomó a Inaho con fuerza y trató de cargarlo pero no podía. Inútil, se dijo a sí mismo.

— ¿S-Slaine? —Preguntó el castaño.

Slaine no respondió, se limitó a arrastrarlo con cuidado por el pasillo, dejando gotas de agua por el suelo. Los pies de Inaho rozaban el suelo mientras Slaine se volvía rojo por usar tanta fuerza. No estaba acostumbrado a esto. Llegó a la habitación de Inaho y lo recostó, comenzó a buscar ropa entre su armario. Lo miró de reojo, estaba parpadeando y bostezando. No parecía tan grave pero si le preocupaba un montón.

Llegó al final de las ropas en perchas, y al fondo del armario estaba una fotografía. Metió la cabeza para verla mejor solo por curiosidad y su sorpresa fue que era una fotografía suya. Estaba él sonriendo. Recordaba a esa foto.


Inaho estaba toqueteando una vieja cámara, de las que sacaban las fotos de forma instantánea. Slaine permanecía sumido en sus deberes, algo curioso por la cámara vieja de su padre pero también tenía prisa por terminar sus deberes de matemáticas.

Oye, Slaine, mírame.

Slaine se gira para ver a Inaho algo curioso. Inaho hace una mueca graciosa y Slaine ríe sin poder evitarlo, entonces un flash se dispara de la cámara.

No es justo, no estaba listo. —Se quejó el rubio haciendo un puchero.

Pero mira.

Inaho toma la foto y luego de unos minutos se revela. Slaine sonreía mientras sostenía un lápiz en la mano y al fondo se podían distinguir unos libros de matemáticas. Su sonrisa era digna de admirar, parecía verdadera.

No. Tírala. —Dijo el mismo. —No me gusta como estoy.

Bien, lo haré.


Mentiroso, pensó Slaine admirando la fotografía. Sonrió sin poder evitarlo. ¿Cómo se atrevía? Dejó la foto en su lugar y luego miró a Inaho. También lo estaba viendo. Sus miradas chocaron. Slaine no sabía qué pensar o hacer. Deseaba golpearlo pero también quería besarlo. ¿Era posible amar y odiar a una persona al mismo tiempo? Se pensaba que no, pero también podía comenzar a comprobar por sí solo de que si era posible.

— ¿Estás bien? —Preguntó Slaine tratando de apartar los pensamientos de aquella fotografía.

—Sí, solo me quedé dormido. —Respondió con seguridad.

— ¿Quién se queda dormido en la ducha? —Preguntó de forma retórica algo irritado.

Inaho apartó la cara.

—… ¿Y Lemrina?

—Se fue. —"Le dije que te amaba" Ni loco diría aquello.

— ¿No lo hicieron? —Siguió sin mirarlo.

—No.

Inaho lo miró. Slaine le devolvió la mirada. Inaho sintió un alivio en su pecho, al menos no lo habían hecho, pero eso no podía quitar el hecho de que había sentido celos por primera vez. Amaba a Slaine y su cuerpo, cerebro, alma y corazón lo sabían y lo tenían bien en claro. Sabía que si Slaine se iba con otra persona, sea hombre o mujer, eso lo rompería completamente.

—Bat, lamento haberte preocupado.

Slaine ladeó la cabeza y esbozó una leve sonrisa.

—Descuida.

Dio media vuelta y cuando iba a caminar hacia a salida, sintió la mano de Inaho jalar parte de su camiseta. Se detuvo en seco y giró la cabeza un poco para ver a Inaho con la mirada baja, oculta entre sus mechones de pelo castaño apegado a la frente y rostro.

— ¿Orange?

Lo jaló de un tirón, haciendo que Slaine quedara sobre él de manera comprometedora. Slaine sentía el cuerpo caliente de Inaho y no sabía si era por la ducha caliente o por este momento. La humedad se le pegó un poco a la ropa, era algo incómodo. Inaho sostenía su mano, entrelazando sus dedos con los de Bat, mientras la otra lo sostenía de la cadera. Se miraban a los ojos a una corta distancia el uno del otro. Sus ojos de turquesa siempre le habían resultado preciosos.

—Estás todo mojado…—Dijo haciendo una mueca.

—Tengo que decírtelo. —Dijo Inaho. —No te puedo mentir, ya no más. —Hizo una pausa. —Estaba celoso. No quería verte con Lemrina.

— ¿Por eso actuaste así? —Dijo él con temor. —No tenías por qué…Yo no lo haría jamás con alguien a quién no ame.

¿Qué había dicho?

Slaine se mordió el labio inferior y trató de apartarse, pero Inaho lo apresó con sus piernas, y lo tomó fuertemente de la mano, más siempre con su delicadeza para no lastimarlo. Había dicho algo importante, muy importante, y que para Inaho significó algo glorioso y único.

— ¿Entonces me amas? —Dijo él. — ¿Me amas, Slaine?

¿Por qué tenía que decir su nombre en un momento así? Slaine se puso rojo de nuevo y apartó los ojos que amenazaban lágrimas de desesperación.

Inaho usó la mano que tenía en la cadera de Slaine para subirla y hacerle girar con delicadeza el rostro, quedando cara a cara nuevamente. Inaho se acercó para besarlo, a lo que Slaine no opuso resistencia. Se besaron, no con fiereza ni desesperación, simplemente con paciencia y afecto el uno por el otro. Aunque Slaine no lo dijera en voz alta frente a él, no quería decir que no fuera verdad.

Te amo. —Pensó Slaine mientras dejaba que Inaho lo arrastrara a un mar de emociones, caricias y amor.


En el siguiente capítulo viene un lemon (e.e).

¡Gracias por leer!

By: Dazo.