Hola, perdón por la tardanza (D:). Gracias por sus anteriores review, de verdad los aprecio bastante (:D).

Disclaimer:

Los personajes de Aldnoah Zero no me pertenecen.

Advertencias:

-Si no te gusta el yaoi, no lo leas.

-AU.

-Posible OOC.


De nuevo

Capítulo seis: Un futuro vacío

Con cada segundo que pasaba sosteniendo su mano y mirando el electrocardiograma subir y bajar, sentía que el corazón iba a salírsele de su pecho. Algo le dolía, sintiendo que era su culpa por estar en ese momento. ¿Por qué siempre las personas que amaba tenían que terminar lastimadas de una u otra forma? Quería llorar pero no quería hacerlo en frente de los paramédicos. Miraba a Inaho con impaciencia, rogando mentalmente que despertara y lo viera. Ese era su más alocado deseo de ese momento.

De imprevisto sintió la ambulancia frenar. Los dos paramédicos abrieron la puerta trasera y sacaron a Inaho rápidamente. Slaine bajó de un salto y logró entrar a la zona de emergencias, pero más allá de la recepción no pudo pasar, pues fue detenido por un guardia de seguridad. Él, forcejaba mientras miraba a alejarse a los paramédicos con Inaho en una camilla. Sin poder evitarlo, sus ojos se humedecieron y dejó de oponer resistencia mientras se deslizaba lentamente al suelo, llamando la atención de las personas en la sala de espera.

El guardia de seguridad se alejó lentamente de Slaine, retomando su puesto mientras trataba de evitar ver al chico llorando en el suelo. Supuso que alguien de su familia o amigo habría muerto o había sido herido de gravedad para que estuviera en esta zona y llorando.

Slaine soltó un grito ahogado mientras daba un puñetazo al suelo de cerámica blanca, otro golpe y otro golpe hasta que comenzó a manchar de sangre el piso blanquecino. Las personas miraban sin decir o hacer nada la escena. El guardia de seguridad se acercó para echarlo fuera del lugar si permanecía haciendo ese gran escándalo.

Pero una enfermera se lo impidió.

—Yo me encargo. —Dijo ella con voz dulce.

Slaine elevó la vista para encontrarse con los ojos avellana de Yuki-san. Abrió la boca para decir algo pero el nudo en su garganta era demasiado grande como para poder comunicarse y tener las agallas de explicar lo que había sucedido. Yuki le tocó el hombro y lo ayudó a levantarse. Lo tomó de la mano y lo hizo seguirla. Slaine no notó la expresión en el rostro de Yuki-san pero por alguna razón y una corazonada sentía que quizá ya se había enterado de todo. Mientras era guiado por Yuki por el blanco pasillo hacia una pequeña habitación, no podía sacar de su mente el pensamiento de que todo había sido por su culpa.


Yuki terminó de vendarle la mano a Slaine mientras él estaba sentado en una camilla. Se sentía bastante tonto de cierta forma, aunque también se tensaba un poco cada vez que Yuki lo veía a los ojos. Era algo extraño. Un golpeteo en su corazón le gritaba que debía de decirle a Yuki-san lo que había sucedido, aunque por otra parte callarlo también impediría que ella se sintiera mal o preocupada, pero callarlo sería en vano pues sabía que se enteraría tarde o temprano siendo una enfermera.

—Slaine-kun. —Dijo Yuki mirándolo fijamente.

—Y-Yuki-san.

Ella le puso la mano en el hombro mientras lo miraba a los ojos. Slaine sintió su mano temblar sobre su hombro. Luego los ojos de Yuki temblaron y acto seguido unas gotas transparentes amenazaron en sus cuencas.

—M-Mi Naho-kun…

Slaine apretó los labios tratando de contener su tristeza también. Yuki podría parecer alguien fuerte y más cuando Inaho le contó que había perdido un bebé, pero ahora se veía tan frágil. Se cubrió su boca con la otra mano mientras trataba de no soltar sollozos en forma de gritos de agonía y dolor.

—Todo es mi culpa…—Dijo el rubio.

—No sé los detalles…—Dijo Yuki entre sollozos. —Pero jamás podría pensar que la persona que mi hermano más ama en el mundo tuviera siquiera parte de la culpa.

Y por un momento su mente su puso en blanco y su sentir del ambiente se tornó frío.

— ¿Yuki-san?

—Ya lo sabía…—De limpió un par de lágrimas y miró a Slaine. — ¿Cómo saberlo siendo su hermana mayor? Slaine-kun…lamento que él haya desaparecido sin más, lo siento.

No aceptaría que se disculpara en una situación como esta, por otra parte le daba un sentimiento extraño en su ser el saber que Yuki-san lo sabía todo este tiempo. Slaine negó con la cabeza.

—No, Yuki-san. —Dijo Slaine. —No pida disculpas ahora. Yo debería de hacerlo. Lo que le pasó a Inaho es mi culpa.

Ella no respondió, se limitó a dirigirse hacia la salida, pero no sin antes detenerse en la entrada para mirar a Slaine por encima de su hombro.

—Será mejor que vayas al apartamento, no creo que por ahora te dejen ver a Inaho. —Dijo, aunque también se lo estaba diciendo a sí misma. Slaine bajó la cabeza dándole la razón esta vez.


Cuando regresó al apartamento se tiró en el sofá sin tener otra cosa para evitar pensar en las peores cosas que podían ocurrirle a Inaho. Les disgustaba totalmente estar sin poder verlo, estar alejado de él, aunque también sabía que no podía permanecer allá siempre, y no cree que Yuki-san se lo haya dicho por decírselo, lo sintió como más bien una orden de que fuera al apartamento. Ella no se veía enojada con él aunque tampoco podía verificar nada.

La sensación de culpa en su pecho le impedía estar tranquilo, aparte tampoco podría estar tranquilo pensando en cómo estaba Inaho. La oficial de policía dijo que estaba vivo y el electrocardiograma lo verificaba en la ambulancia, pero… ¿y en este momento? ¿Habría un electrocardiograma en el cual podía confiar? ¿Estaba a su lado para escuchar su respiración? Realmente no.

¿Por qué todas las personas que amaba tenían que acabar muertas?

No. Inaho estaba vivo…tenía que estarlo…

Esta situación de angustia y desesperación muy bien disimulada le recordaba a hace tres años, cuando iba todos los días al hospital de Tokio a visitar a su padre en la habitación que poco después dejó vacía debido a su muerte. Se volvió casi completamente loco después de su muerte, se involucró con drogas, y luego cometer un asesinato debido a su ira, desesperación y en parte locura, matando a un compañero, porque amigos no eran, su nombre era Trillam. Poco después las autoridades se enteraron y como aún era un menor de edad, lo enviaron a la correccional para menores, donde estuvo un año y luego fue adoptado por el señor Saazbaum, que a pesar de todo lo que había hecho y pasado, fue amable con él.

Y luego estaba Inaho, que no podía respirar en paz sin saber de él, aunque también tenía en claro que luego de una hora de ingreso no iban a dar respuesta y menos si se notaba que se encontraba en estado delicado. Quizás para mañana habría respuesta, quizás mañana ya estaría bien y podría verlo.


Slaine frunció el entrecejo cuando la recepcionista del hospital le dijo que aún no podía ver al paciente Inaho Kaizuka. No quiso meterse a problemas y se sentó en la sala de espera para esperar ver a Yuki-san, porque quizás a ella si la hayan informado por ser su hermana y enfermera de este hospital.

La puerta principal se abrió súbitamente. Slaine dirigió su atención a las personas recién llegadas. Reconoció solo a una, Inko Amifumi. Las otras dos personas eran un chico rubio de ojos azules y una chica pelirroja de ojos violetas. Inko notó la mirada de Slaine sobre ella y de inmediato se dirigió hacia él. Slaine se levantó para saludarla pero se sorprendió cuando ella lo abrazó con fuerza.

— ¡Slaine-san! —Gritó sollozando. — ¡Debes estar peor que nosotros!

Slaine, entre sorprendido y avergonzado, se queda completamente estático mirando a los otros dos sobre el hombro de Inko. La peli negra se separa poco después, solo para ver el rostro de Slaine algo confundido, viendo a sus otros dos amigos.

—Slaine-san, ellos son Rayet y Calm. —Respondió poniéndose al lado de los otros dos. —También son amigos de Inaho.

—Un gusto en conocerlos…—Dijo con las mejillas encendidas por las miradas sorprendidas de los contrarios al escuchar su nombre. —S-Soy…

— ¿Slaine Troyard, no? —Preguntó la pelirroja llamada Rayet. —Hemos escuchado a Inaho hablar de ti. —Dijo con desinterés.

Slaine no quiso pensar qué cosas Inaho le había comentado a sus amigos. Inko ya sabía acerca de su "relación" pero no estaba enterado que había otras personas al tanto. Yuki-san era otra persona y estos no parecían tener conocimientos más allá de su nombre u otro detalle extra. Más no se atrevía a preguntar qué cosas podrían saber de él.

— ¿Cómo está Inaho? —Preguntó el chico llamado Calm con preocupación en su tono de voz.

—No me han informado nada…—Dijo Slaine encogiéndose de hombros. —En este momento estaba esperando a Yuki-san.

—Ya veo…—Dijo Calm. — ¿Dónde está Yuki-san?

—No lo sé, seguramente con otros pacientes…—Respondió Slaine con cierta preocupación. —Y no me dejan verlo, dicen que está en un estado muy delicado, eso me hace preocuparme aún más.

La conversación entre los jóvenes pronto iba tomando un rumbo deprimente. El rostro de Slaine tampoco ayudaba mucho a la situación, tenía ojeras poco pronunciadas pero se notaban si estabas suficientemente cerca, además la expresión de tristeza era demasiado evidente para los otros tres adolescentes. Inko no podía entender cómo se sentiría alguien que podría perder al amor de su vida, por así llamarle. Rayet permanecía reservada como casi siempre, aunque no podía evitar sentir una molestia en su pecho de solo pensar que Kaizuka podría no volver a despertar.

Le tenía aprecio aunque no lo demostrara, eso siempre seria así.

El celular de Slaine sonó. Sacó el aparato de su chaqueta y se alejó un poco de ellos para poder responder. Era un número desconocido pero por los primeros dígitos supo que era internacional. Contestó con cierta duda en su voz.

— ¿Diga?

¡Slaine! ¡Soy Asseylum! —Respondió del otro lado de la línea. —Lemrina me contó lo que le había pasado a Inaho. No imagino como debes estar. No lo pensé mucho para poder llamarte.

— ¿Lemrina? —Preguntó incrédulo, creyó que no le agradaba Inaho, y que le avisara a su hermana sobre su accidente era algo increíble para él. Otra cosa, no sabía cómo se había enterado del accidente, pero era mejor no saber esa respuesta por ahora. —Asseylum…gracias por llamar de todas formas.

No hay de qué. —Le pareció que sonreía del otro lado de la línea. — ¿Inaho-san está bien? ¿Tienes alguna noticia buena?

—No me dejan verlo aún. —Se deprimió un poco. —Está en estado delicado, por eso.

Ya veo…—Suspiró. —Por otro lado me sorprendió que estés con Inaho-san de nuevo…Creí que su relación ya había terminado.

—Eh…—Dijo nervioso. —El destino es algo juguetón, ¿sabes?

Jeje, me doy cuenta. —Rió un poco. —Slaine, pronto volveré a Tokio por las vacaciones. Espero contar contigo e Inaho para pasar tiempo juntos, como en secundaria. —Hizo una pausa. —Estoy segura de que nos veremos pronto.

—Igualmente…—Con duda en sus palabras se obligó a responder eso. —Adiós, Asseylum

Adiós, Slaine.

Slaine cortó la llamada y guardó el celular en su chaqueta nuevamente. Regresó con los amigos de Inaho pero notó que solo estaban Inko y Rayet. ¿Dónde estaba el rubio? Su pregunta fue respondida sola al ver como dos guardias de seguridad arrastraban a un rubio que forcejaba con ellos. Rayet e Inko suspiraron resignadas ante la actitud de Calm, bastante impaciente e impulsiva.

— ¡Suéltenme! ¡Quiero ver a mi amigo, carajo! —Gritó Calm aun forcejeando con esos guardias de seguridad.

— ¡Calm! —Lo llamó Inko algo alterada. —No trates de violar las normas del hospital. Si dicen que aún no, debes de aceptarlo.

Calm miró a la peli negra, se notaba que quería evitarle otros problemas pero también quería ver a Inaho, le preocupaba demasiado su estado. Dejó de moverse bruscamente y los guaridas lo liberaron. Regresó con los demás y se acomodó la chaqueta soltando un suspiro de molestia. Rayet solo le dio un golpe en la cabeza para expresarle su inconformidad con su comportamiento anterior, Calm lo aceptó sin decir nada, ya estaba acostumbrado a los golpes de Rayet, y estaba seguro de que este vino bien en esta situación.


El reloj de la sala de espera marcó el mediodía. Estuvo toda la mañana esperando noticias sobre Inaho pero nada había averiguado. Tampoco vio a Yuki-san. Se estaba preocupando. Inko, Calm y Rayet habían ido por algo de comer al cafetín que quedaba frente al hospital, dijeron que no tardarían. Slaine se quedó sentado viendo el reloj, deseando que el tiempo avanzara más rápido y así quizás más rápido saber el verdadero estado de Inaho. No sentía nada en ese momento, ni hambre, ni frío, ni calor, salvo angustia y desesperación contenida. En el fondo estaba gritando de la preocupación pero no quería inquietar a las personas de su entorno.

—Oe.

Alzó la vista y vio a quien menos esperaba ver en ese momento.

Lemrina.

Ella se apoyó en su paraguas por el cansancio y su salud delicada. Le extendió a Slaine una bolsa plástica. El rubio aún bastante sorprendido no dejó de mirarla en ningún momento. Sí, Lemrina pudo haber hecho lo que hizo el día anterior pero no le importaba en lo absoluto, después de todo ella seguía siendo su amiga. Tomó la bolsa y le esbozó una sonrisa de agradecimiento.

—Gracias, Lemrina.

—Hmph. —Un leve sonrojo se apoderó de sus mejillas.

Lemrina tomó asiento al lado de Slaine, sujetando su paraguas en sus piernas mientras miraba a Slaine ojear la bolsa que había traído. Era un jugo de uva y un emparedado de huevo. Nada fuera de lo común.

Nadie dijo nada por la siguiente media hora. Slaine se limitaba a masticar en silencio mientras Lemrina jugaba con sus dedos lentamente. No necesitaban decirse nada más, con la compañía del otro bastaba por ahora. Slaine sentía que Lemrina lo apoyaba en silencio, claro que a él, había quedado en claro que al parecer no le agradaba mucho Inaho. Rió ante ese pensamiento, llamando la atención de la chica de cabello lavanda.

— ¿De qué te ríes? —Pregunta mirándolo.

—Nada. —Respondió sonriendo un poco. —Gracias por hacerme compañía, Lemrina.

Ella apartó la mirada un segundo pero luego volvió a mirarlo.

—Slaine. Sé que no es de mi incumbencia pero… ¿Qué harás cuando te toque volver a Tokio?

Se detuvo en seco antes de beber el jugo. No lo había pensado. ¿Qué pasaría al acabar esta semana? ¿Qué pasaría si Inaho no se recupera antes del final de la semana? Miró el suelo buscando un punto de apoyo pero no pudo encontrarlo así que apretó sus manos una con otra, también junto con el jugo que se derramó al ser presionado. Lemrina le quitó el jugo de las manos y juntó las propias con las de Slaine.

—Troyard, mírame. —Aprieta sus manos. —No te desesperes aún, te quedan…creo que cuatro días. —Agita sus manos en busca de la atención del rubio. —Oye, escúchame.

—Ya te escuché…—Dijo con tono desanimado. —Supongo que tendré que irme al final de esta semana…

—Gran tontería. —Dijo ella. —Si amas a ese tonto deberías de quedarte con él, ¿o no? Vale un cacahuate lo que Saazbaum-san diga ante eso. —Arrugó la nariz. —No lo abandones.

Y soltó sus manos. Tomó el paraguas y se apoyó en él para caminar sin mucho esfuerzo. Slaine la miró alejarse, pero no pudo evitar preguntarle a dónde iba.

— ¿A dónde vas?

—A Tokio. —Lo miró por encima de su hombro. —A esperar a mí hermana.

Y salió por las puertas automáticas.

No se despidió. Slaine supo que no haría falta…

Por otra parte Asseylum vendría a Tokio, le gustaría ir a verla también, pero por ahora debía de esperar noticias sobre Inaho. No le molestaba nada aunque la angustia lo estuviera apuñalando cada minuto que pasaba en esta sala.


Un día más.

Había visto a Yuki-san varias veces en el apartamento, le había preguntado sobre Inaho pero ni a ella la tenían informada. Slaine no podía soportarlo, el suspenso lo estaba comiendo vivo de poco a poco. Lemrina le había llamado varias veces, le había respondido e informado que aún no tenía información sobre Inaho. Asseylum también le había marcado para consolarlo unos minutos, pero nada de eso parecía ayudar al rubio.

Se la pasaba casi todo el día en el hospital pero ni siquiera su constante presencia parecía dar frutos como para que le dijeran algo sobre Inaho. Estaba desesperado. Desesperado a tal punto de tratar de colarse en las salas de emergencia. Había intentado robar gabachas pero ni eso había servido. No podía permanecer así para siempre. El tiempo se acababa y cuando llegara el final de la semana sabía que tendría que volver a Tokio.

En este momento estaba tirado en la cama de Inaho, aferrándose a la almohada para sentir su olor. No podía evitar sentirse de este modo, tenía el corazón partido en dos, no podía vivir tranquilamente sin saber si Inaho estaba bien o no.

La puerta de la habitación se abrió lentamente, rechinando un poco. Vio a Yuki-san entrar en silencio. Se enderezó para no parecer un vago a los ojos de Yuki-san. Ella se sentó a su lado sin mirarlo, se limitaba a ver la pared de la habitación. Slaine tenía la corazonada de que le iba a decir algo, pero ojalá no fuera alguna mala noticia de Inaho.

—Slaine-kun. —Habló finalmente.

— ¿Yuki-san? ¿Es alguna noticia de Inaho? —Preguntó con ilusión.

—No…—Dijo ella en tono bajo. —Pero…llamé a Saazbaum-san.

— ¿Qué? —Preguntó con un escalofrío recorriendo su espalda.

—Le dije que no te sentías muy bien. —Apretó los puños. —Y me dijo que volvería mañana ya que no veía tan importante el viaje comparado con tu malestar.

— ¿Qué…? No…—Se llevó las manos a la cabeza desesperado. —No puedo volver así…no sin saber si Inaho está bien…

—No soporto verte así. —Soltó Yuki con la voz quebrada. —Al menos una persona en este lugar debería ser optimista. —Se quejó sin dejar el tono. —Es mejor que estés en Tokio, Slaine-kun. Ahí no tendrás tanto dolor como aquí.

—Yuki-san…—La mira pero ella no le devuelve la vista. —Yuki-san, por favor, no me haga que me vaya…

—Lo siento. —Se levanta rápidamente. —Pero es por tu propio bien, Slaine-kun. Aparte…estoy segura de que a Inaho no le hubiera gustado verte así tampoco.

Y sale por la puerta, cerrándola luego de pasar por el umbral.

Slaine sintió arder sus propias cuencas. Tomó la almohada de Inaho, gritó en ella para que no se escuchara y luego la mordió con todas sus fuerzas. No. No. ¡No! ¿Por qué esto le tenía que pasar solo a él? Su vida no pudo ir peor. Tenía la mentalidad de que con reencontrarse con Inaho todo iría en picada pero ahora que se había dado cuenta de que su amor no se extinguió a pesar de los años, todo siguió en picada, es como si destino jugara solamente en su contra.

Mientras lloraba y gritaba contra la almohada, aspiraba el olor de su amado. Con el paso de minutos y horas sin darse cuenta se había quedado dormido.


Abrió los ojos de golpe, gritando al mismo tiempo. Se levantó de donde estaba sentado y de inmediato se volvió a sentir debido al repentino movimiento que lo mareó un poco. Se llevó la mano a la frente y cerró los ojos. Había silencio, aunque escuchó unos murmureos. Abrió los ojos lentamente, acostumbrándose al ambiente. Estaba un poco oscuro. Había una cortina a su lado, aunque no recordaba que la habitación de Inaho tuviera ventanas y mucho menos cortinas.

Estiró la mano a la cortina y la apartó. Entrecerró los ojos al ver la intensidad del sol al fondo de las montañas mientras iba en movimiento. Estaba en un tren. Su boca tembló. Se levantó de golpe nuevamente pero cuando iba a caminar para dirigirse a la salida se paso fue impedido por su padre y tras él estaba Harklight.

—Padre…—Dijo Slaine a duras penas mientras trataba de analizar la situación.

—Slaine. —Dijo Saazbaum. —Estamos de camino a Tokio. ¿Te estás sintiendo mejor?

Slaine se dejó caer en el asiento y se abrazó sus piernas a sí mismo. El señor Saazbaum se sentó frente a él mientras Harklight iba a buscar unas tazas de café. Saazbaum le tomó los talones con delicadeza, ganando su atención y que los ojos aguamarina hicieran contacto con su persona.

— ¿Por qué? —Preguntó Slaine mirándolo mientras sus ojos amenazaban lágrimas.

—Porque Kaizuka-san ya no quería verte sufrir. —Respondió el señor Saazbaum. —Slaine, ella me explicó todo el asunto. —Hizo una pausa. —Ya no tienes nada que ocultarme.

Ese comentario le importaba poco ahora, ya le valía un bledo que todos supieran su relación con Inaho, lo único que le importaba era su estado de salud, no un simple etiqueta.

— ¿Estará bien? —Preguntó Slaine tomando la muñeca de su padre adoptivo. —Inaho.

—Te diré algo sobre él si prometes que comenzarás a estudiar para los exámenes de admisión a la universidad de Tokio. —Dijo Saazbaum, preocupado más que todo por la educación de su hijo adoptivo.

Slaine apretó los labios pero luego asintió.

—Lo prometo. —Dijo finalmente.

—Envié a un viejo alumno mío a verlo. —Explicó Saazbaum. —Su nombre es Yagarai Soma, es un médico muy bueno. Seguramente Inaho-kun se pondrá mejor si lo ve Yagarai.

Slaine no tuvo otra opción que aceptar esos hechos.

— ¿Y podré verlo?

—Aún no. —Respondió casi de forma inmediata. —Cuando esté totalmente recuperado y tú cuando estés dentro de la universidad.

—…bien…—Bajó la mirada.

Saazbaum apartó su mano y Slaine hizo lo mismo. El rubio volvió a ver a la cortina nuevamente, memorizando su color vino y el olor a nuevo. Harklight llegó con una bandeja y tres tazas de café en ella. El señor Saazbaum tomó una y dio un pequeño sorbo.

—Si quieres duerme, hijo, aún faltan unas horas para llegar a Tokio.

Slaine cerró los ojos y se abrazó a sí mismo mientras trataba de visualizar su futuro en Tokio, como un universitario, supuesto adulto responsable, la mayoría del tiempo reservado, quizás en compañía de Asseylum y Lemrina, pero solo había una cosa que no le gustaba en su proyecto de vida:

Estar lejos de Inaho, sinónimo de futuro vacío.


Aún no acaba (:v) pero pronto lo hará, creo.

Perdón por la tardanza otra vez (uwu) pero quería al menos hacer ver la desesperación de Slaine más real, pero no sé si lo hecho (xd)

By: Dazo.