¡Hola, hola! Aquí con una nueva actualización luego de desaparecerme de esta fandom por una buena temporada (ewe) ¡Perdón por la demora! ¡Lo siento mucho!

Y claro, gracias también por el apoyo que ustedes, queridos lectores, me dan a pesar de que yo soy floja y actualice con mucho retraso (lo siento de nuevo). ¡Gracias por sus comentarios y apoyo! (Los amo sadfghjk)

Disclaimer:

Los personajes de Aldnoah Zero no me pertenecen, pero si la historia es mi autoría.

Advertencias:

-Si no te gusta el yaoi, no lo leas.

-AU.

-Posible OoC.


Capítulo siete: Las voces en mi cabeza

Un par de chicas estaban hablando sobre sus cosas, de las clases, la cena de anoche, de su familia y de los chicos que podrían estar a la altura de sus gustos. Aparte de un rumor que desde hace tiempo corría por los pasillos de la universidad de Tokio. Se rumoreaba algo posiblemente improbable, aunque también predecible. ¿Que qué era? Que el guapísimo muchacho de primer año, Slaine Saazbaum… ¡tenía novia! Desde que había ingresado a la universidad atraía miradas de chicas (¿Y por qué no chicos?) de otros años. Se había hecho bastante popular en poco tiempo. Ya estaban a mitad del año y no dejaba de llamar la atención.

— ¿Cómo qué novia? —preguntó su amiga con expresión entre molestia y sorpresa, pero ¿Por qué no ambas?

—Sí, y es de preparatoria. —dijo la otra haciendo un ademán de desprecio. —Por ahí escuché ese rumor. Pero, solo es un rumor.

—A veces los rumores como esos resultan ser ciertos. —respondió la otra frunciendo el ceño. —Espero no sea verdad.

Su amiga se puso de pie cargando su bolso. Alzó una mano y sonrió de forma burlona.

—No es como si Slaine Saazbaum fuera a fijarte en ti. —dijo con tono burlón y escondiendo una risa.

—Qué ánimos me das, mejor amiga. —dijo la otra levantándose de la banqueta.

Su amiga rió y le empujó un poco el hombro. Comenzaron a caminar buscando rumbo a su siguiente clase. Fue cuando ambas se detuvieron de golpe a ver a Slaine Saazbaum reír junto a un chico castaño rojizo que era más alto que él. Se quedaron pegadas a la pared del pasillo solo escuchando sus risas. El otro muchacho también era apuesto.

—Mazuurek-senpai, ya te he dicho que es verdad. —Volvió a soltar una risa al mismo tiempo que el otro muchacho.

—Es que no me lo creo, Slaine. —respondió él. — ¿De verdad piensan eso de ti y Lemrina? Vaya…—se apoyó en la pared para recuperar el aliento. — me resulta bastante gracioso. A ti igual.

— ¿Y cómo no? —dijo Slaine abriendo los brazos. Luego los bajó y miró seriamente a Mazuurek. —Por cierto, ¿esta semana acaban los exámenes, no?

—Sí, así es. —dijo fingiendo desinterés. — ¿Tienes planes para las vacaciones?

—Sí. —le respondió rápidamente. —Pero necesito tu ayuda para eso.

— ¿Y eso? —preguntó confundido. —Antes nunca pedias ayuda para nada, siempre buscabas forma de hacerlo por ti mismo. Aún tengo esos recuerdos de secundaria…—sonrió un poco, luego volvió a seriedad. — ¿Y bien? Dime qué es lo que necesitas.

Cuando Slaine iba a abrir la boca, escucharon un golpe. Ambos muchachos se giraron al ver a dos chicas en el suelo bastante nerviosas. Ambas saludaron a Slaine, Slaine les devolvió el saludo bastante confundido pero tampoco quería preguntar, pues era obvio que habían estado escuchando su conversación.

—Bueno, Mazuurek-senpai, nos vemos más tarde. —dijo Slaine alejándose por el largo pasillo.

Mazuurek se quedó ahí mirando a ambas chicas, luego les sonrió y se les acercó para tenderles ambas manos, una para cada una. Las chicas tomaron sus manos y se levantaron rápidamente. Mazuurek les volvió a regalar una de esas sonrisas que le ponen los pelos de punta y las hacen sonrojarse de inmediato.

— ¿Y bien? ¿Quieren tomar un café conmigo?

"..."

Slaine salió por los portones de la universidad. Suspiró y se puso en marcha con rumbo al metro. Sí, ya llevaba seis meses en Tokio en la universidad, ya casi finalizando el segundo trimestre. Había sido muy difícil el cambio de vida, el examen de admisión, la paga de la colegiatura, cómo viajar de la casa a la universidad y viceversa, los horarios, tareas, trabajos, proyectos cualquiera. Era bastante agotador. Se había metido a la universidad sin tener una idea exacta sobre la carrera que quería estudiar. Había cursado ese examen sin tener una idea de qué escribir sobre la línea que pedía: "Carrera". Pero en un abrir y cerrar de ojos entendió qué quería ser en la vida. ¿Cómo? Recordó a su padre, él fue un doctor, y luego recordó a Inaho, que estaba en un hospital. Fue sencillo.

Carrera: Doctor.

Segundo opción: Docente.

¿Por qué docente? Pues la verdad no se veía tan agotador como se pensaba (¿O sí?). Enseñar a jóvenes, o niños. Es algo que siempre le llamó la atención, pero primero estaba la medicina y su misterio que tanto atraía a Slaine de cierta manera.

Llegó a la entrada del metro, donde una joven de uniforme y cabello lavanda lo estaba esperando, como todas las tardes.

—No tienes por qué estar aquí…—dijo en voz baja.

Bajaron las escaleras del subterráneo, pasaron su pasaje y luego se adentraron en el metro.

—Siempre con lo mismo. —replicó ella un poco divertida. —Ya llevo medio año haciéndolo, una semana más no vendría de más. —soltó una pequeña risa al final.

—Hay rumores sobre que tengo una novia en preparatoria. —le dijo como un reproche.

—Oh, vaya. —volvió a reír. —Estoy haciendo bien mi trabajo. Así puedo alejar a chicas y chicos de ti. —le dio un leve empujón, Slaine se tambaleó.

—Eh, para algo tienes que servir, Lemrina. —se burló devolviéndole el empujón.

Lemrina lo persiguió, Slaine corrió entre las personas, golpeándose con algunas y entre risas junto con Lemrina. Llegaron a las vías donde se detuvieron jadeantes y llamando la atención de varias personas. Se miraron a los ojos y volvieron a reír.

Aparte de la vida que llevaba ahora, bastante dura para su gusto, se había logrado acostumbrar poco a poco, y claro, con la dosis de risa y ridiculez de todas las tardes de los días de semana con Lemrina notaba que no era tan malo como había pensado. Siempre había que verle el lado positivo a todo, y aunque no lo tuviera, habría que buscarlo hasta debajo de las piedras para que la realidad no fuera tan mala.

El tren llegó a la estación. Ambos entraron junto a otras personas que también buscaban rumbo a casa. Se sentaron uno al lado del otro, recuperándose de las risas de antes.

Se detuvo en la primera parada, donde Slaine se bajaba. Lemrina se bajaba en la siguiente estación. El rubio le dio un beso en la mejilla y luego se despidió. Las puertas se cerraron tras de sí en cuanto puso un pie en la estación. Ahora debía de volver solo a casa.

El cielo se estaba tiñendo de oscuro cuando salió de la estación. El ambiente estaba fresco. Comenzó a andar apretando la correa de su bolso cruzándole el pecho por pura costumbre. De pronto se encendieron las farolas de la calle que lo llevaría a casa. A los ojos de todos, Slaine Saazbaum era un estereotipo de chico perfecto, notas perfectas, un buen apellido, hijo de un maestro ejemplar y querido en la universidad en el área de literatura, aparte bastante apuesto. Pero nada de eso le interesaba a Slaine.

Lo único que quería era (y aún ahora) volver a Shinawara, ver si Inaho estaba bien, porque a pesar de que habían transcurrido casi seis meses, aún no sabía nada de su estado, y se limitaba pocas veces a sacarle el tema a su padre. No porque no quisiera, sino porque no quería ponerse de irritante preguntando de forma tan seguida algo que siempre contenía la misma respuesta que no lo satisfacía. Se suponía que era un adulto responsable, y así como podía tomar sus propias decisiones, debía de acatar las normas que su padre le puso.

Pero, ya con sinceridad, a veces su corazón dolía demasiado como para seguir en este lugar y fingir que era un estudiante estrella que brillaría en cualquier lugar donde se atreviera a poner un pie. Sí, estaba cansado de eso, cansado de que todo se le fuera de las manos de un momento a otro. Quería ir a Shinawara, no le importaba si su vida se fuera al carajo si hacia tal cosa. No quería pasar más tiempo sin alguna noticia nueva sobre Inaho.

¿Y qué harás al respecto, Slaine Troyard?

No lo sabía. Estaba un poco confundido.

¿No le dirás a tu padre lo que piensas?

Qué estaba confundido, no podía tener ideas claras.

¿No quieres ir a Shinawara, a ver a tu amado Inaho?

Claro que quería.

¿Y qué harás al respecto?

Otra vez con la misma pregunta…

Pero gracias a Mazuurek-senpai, alguien que conoció en secundaria, se hicieron cercanos y al final de esta semana le pediría ayuda. Ya sabía que a su padre no le agradaría la idea, pero todo cambiaba si no se enteraba de nada. Ya todo estaba planeado, en su mente, claro, pero eso no quitaba el hecho de que podría volverse realidad su sueño de hace seis meses.

Ver a Inaho de nuevo.

"..."

Cuando Slaine llegó a casa, todo estaba sumido en oscuridad. No estaba Harklight porque hoy era su día libre. Dejó las llaves en la mesa de la entrada y se dispuso a buscar su habitación para ponerse al día con el estudio de los exámenes. Al parecer tampoco estaba su padre.

Dejó escapar un suspiro de cansancio y encendió las luces de la casa. Escuchó una pequeña explosión y luego su vista se llenó de papeles de colores y sonrisas grandes bajo gorros de fiesta y un extraño aroma dulce.

— ¡Feliz cumpleaños, Slaine!

Las personas esperaron su reacción. Asseylum, Harklight, su padre, y para otra sorpresa, Mazuurek-senpai. De un momento a otro las sonrisas de los demás se borraron al ver que Slaine no tenía ninguna otra expresión que no fuera incredulidad. Asseylum suspiró y se cruzó de brazos.

— ¿Olvidaste que era tu cumpleaños, verdad? —preguntó alzando una ceja.

Slaine asintió avergonzado sin otra cosa que hacer.

La puerta se abrió y apareció Lemrina junto con Eddelrittuo cargando unas bebidas y una caja blanca que seguramente era pastel. Slaine las ayudó sin saber qué más poder hacer en ese momento. Todos rieron al ver su nerviosismo por haber olvidado su cumpleaños.

También era un poco preocupante porque eso significaba que no estaba pendiente de sí mismo. Asseylum había estado en la ciudad desde que Slaine entró a la universidad, así que lo sabía. Sabía que Slaine había estado muy sumido en las cosas de la universidad a tal punto de olvidar esta fecha tan importante.

Comenzaron a beber de lo que las chicas habían traído. Era jugo de naranja. También comían pastel de pie con un tenue sonido de música electrónica de fondo. Asseylum se apoyó en la barra de la cocina mientras bebía jugo. Se aclaró la garganta.

—Slaine, Mazuurek-senpai me dijo que ya tenías planes para las vacaciones. —dijo la rubia. Slaine se atragantó. —Ya sé que tienes planes…Pero… ¿No te importaría acompañarme a Londres?

Slaine tosió parte del jugo. El señor Saazbaum solo alzó ambas cejas sin decir nada. Lemrina se cubrió la boca ocultando una risita. Eddelrittuo giró la cabeza con indiferencia mientras servía más pastel junto con Harklight, y Mazuurek le guiñaba un ojo a Slaine mientras miraba a Asseylum con disimulo y un destello de picardía en sus ojos. Slaine comprendió un poco, pero, exactamente, ¿Qué estaban pensando esos dos?

— ¿L-Londres? —dijo recuperándose de la tos anterior. — ¿Es en serio?

—Sí, muy en serio. —se inclinó un poco sobre Slaine. —Al final de esta semana…Porque, ya sabes, son vacaciones y podríamos hacer lo que sea.

El señor Saazbaum tosió para llamar la atención. Todos lo miraron curiosos, y Slaine algo avergonzado.

—Señor Saazbaum. —dijo Asseylum. — ¿Dejaría a Slaine venir conmigo, por favor? —puso una cara de cachorro. —Me gustaría enseñarle una ciudad que amo a mi mejor amigo.

¿A qué quería llegar Asseylum con esto? Slaine iba a responder pero fue callado de golpe por un pisotón que le dio Mazuurek. Miró al muchacho con el ceño fruncido y él movió los labios en silencio, queriéndole decir algo. Slaine abrió los ojos con fuerza y comprendió. Shinawara. Se quedó callado mientras Asseylum ponía a prueba sus dotes de chica linda.

—B-Bien…—se aclaró la garganta. —No tengo problema con eso. —Slaine apretó los puños para reprimir una risa de felicidad. —Solo deben tener cuidado.

— ¡Claro que sí! —dijo Asseylum felizmente. —No se preocupe, señor Saazbaum, yo cuidaré a Slaine.

"..."

— "Yo cuidaré a Slaine" —repitió Mazuurek riendo un poco.

—Oh, cállate, debía de sonar convincente. —espetó Asseylum molesta.

Slaine suspiró.

Ya finalizando la semana de exámenes, Slaine no se molestó en volver a casa. Habían usado el auto de Mazuurek para alejarse de la universidad. Asseylum los había estado esperando frente a su casa junto a Lemrina, pero la segunda no iba a ir con ellos, dijo que prefería quedarse con Eddelrittuo. Slaine no necesitaba seguir insistiendo. Mazuurek la había recogido y ahora estaban dirigiéndose a Shinawara vía carretera.

Como era un jeep sin capote, el viento les pegaba en la cara con fuerza pero también con frescura. Slaine iba en la parte de atrás mientras que Asseylum iba de copiloto.

Slaine miró el cielo y notó que se estaba haciendo el ocaso. Ya lo sabía. Pronto estaría con Inaho de nuevo.


Una sala consumida en color blanco, en silencio, con el único sonido proveniente del electrocardiograma que subía y bajaba. En medio de la sala, en una única cama, estaba un muchacho, castaño, de menos de veinte años. Cualquiera pensaría que estuviera dormido, pero una mascarilla le cubría parte del rostro, y solo el personal del hospital sabía la verdad.

Ese muchacho había estado en coma desde hace seis meses.

Su hermana era una enfermera del hospital. Todos los días, antes de empezar su turno, lo acompañaba y evitaba llorar. De vez en cuando venían sus amigos a verlo, a acompañarlo aunque él no tuviera la menor idea de lo que pasaba a su alrededor. Se decía que las personas en coma podían escuchar pero a veces nadie se esforzaba en articular palabra. Nadie los culpaba, era algo bastante delicado como para tomarlo a la ligera.

Antes de que se verificara su estado actual, vino un doctor de Tokio llamado Yagarai. Hizo todo lo que tuvo al alcance pero eso no impidió que el muchacho quedara en coma. No era culpa de nadie más que de las personas quienes le dispararon.

La puerta se abrió sin hacer ruido, pasó una mujer en traje de enfermera. Tomó lugar a su lado en un banco pequeño. Le tomó la mano y lo miró. Los ojos cerrados, se había salvado al menos de aquel disparo que casi le cuesta la vida. El doctor Yagarai hizo un buen trabajo. Pudo salvarle la vida pero no de este estado. Un ojo de vidrio ocupaba aquel orificio que antes conversaba un ojo bueno. Yuki soltó un par de lágrimas y luego miró en dirección a la puerta donde estaba un hombre. Era Marito.

Se acercó hasta ella y le puso la mano en el hombro. Ella colocó su otra mano sobre la mano de Marito, en busca de consuelo. Marito siempre venía con ella cada vez que podía o se le daba la oportunidad. No le importaba estar aquí con Yuki, y mucho menos ver si Inaho estaba mejor o no. Quería mucho a los hermanos Kaizuka.

Pasaron varios minutos viendo al muchacho, luego Yuki se puso de pie y fue acompañada por Marito hacia la puerta y salir por ella, dejando al chico como siempre.

La puerta se cerró haciendo un pequeño sonido de cuando la cerradura golpea con el seguro. Vuelve el silencio molesto a la habitación, salvo por aquel electrocardiograma. Ya el horario de visitas terminó. Ya nadie entraría por hoy en esa habitación salvo por algunos doctores o enfermeras que están encargados de ese paciente, pero que ya saben que no habría cambios en mucho tiempo más.

¿Por qué no puedes despertar?

Si lo supiera…

¿Tienes una idea de dónde estás?

Nada en concreto.

¿Escuchas el exterior?

A veces a escucho voces que me parecen muy lejanas…

¿Reconoces esas voces?

No tengo la menor idea.

¿Por qué no abres los ojos?

Vio una luz, fuerte y muy brillante nublándole la media vista que tenía. Gritó de forma ahogada, casi como un alarido, y se cubrió el rostro con una mano, jalando unos cables mientras sentía el dolor de cuando se quita sin previo aviso una aguja larga. Se enderezó quitándose el resto de cables y escuchando cuando el electrocardiograma presentaba un solo sonido al cual no le dio importancia pues sabía que no estaba muerto como lo decía la máquina.

Al no estar expuesto directamente a la lámpara de la habitación, se vio las manos, algo heridas y con agujas hipodérmicas conectadas a solución salina que colgaba a su lado. Parpadeó varias veces y sintió incómodo el ojo izquierdo, pero no le molestaba tanto.

Dio un gran respiro y tosió un poco debido a la brusquedad.

El cabello le cubría parte de las orejas, que le causaba un poco de cosquillas e incomodidad por llevarlo tan largo. Miró la habitación, totalmente blanca y luego se volvió a mirar las manos, como si esperara que hubieran cambiado.

Abrió su boca y solo dijo algo con esfuerzo, su voz se escuchaba carrasposa e incluso molesta a sus propios oídos:

— ¿Dónde estoy?


Perdón por no actualizar antes (sí, lo repito) pero es que no tenía idea de cómo avanzar, entonces un amigo me dio una idea magnifica (y cruel, cabe mencionar) que servirá para la historia (:3)

¡Gracias por leer!

By: Dazo.