Perdón por la demora uwu.

Disclaimer:

Los personajes de Aldnoah Zero no me pertenecen, pero si la historia es mi autoría.

Advertencias:

-Si no te gusta el yaoi, no lo leas.

-AU.

-Posible OoC.


Capítulo ocho: Un milagro inútil

El jeep pasó a gran velocidad en la carretera que tenía vista al mar. El cielo se iba oscureciendo poco a poco, mientras en dicho vehículo iban tres amigos que cantaban junto con la radio una canción bastante pegajosa.

El rubio que iba en el asiento trasero dejó de cantar un momento y vio como el mar, apenas iluminado por unos pocos rayos de sol que aún había, bailaba al ritmo de las olas que iban y venían en la arena. Sonrió y se imaginó un bello reencuentro con su amado Inaho que seguramente ya estaría mejor desde la última vez que lo vio. Soltó una pequeña risa y trató de no sonrojarse, pero le resultó imposible.

Ya, muy pronto.

"..."

— ¿Dónde estoy?

Al escuchar su propia voz, se aclaró la garganta al escucharla tan extraña y carrasposa. Parpadeó otra vez y siguió mirándose las manos en busca de algo más, pero no sabía qué. Decidió echar un vistazo por la habitación, así que, con un poco de temor, alzó la vista al lugar. Entrecerró ambos ojos y notó que casi todo era de color blanco.

— ¿Dónde…? —Pronunció apenas, mientras volvía a aclararse la garganta. Se miró cómo iba vestido, bata color azul claro, solamente eso.

Se sentía muy confundido y aturdido. Abrió y cerró sus propias manos, y cuando iba a seguir preguntándose donde estaba, escuchó pasos. Entró en pánico y saltó de la camilla, perdiendo el equilibrio al tocar el frío suelo. Hizo una mueca cuando sus rodillas golpearon el suelo, pero eso no le impidió arrastrarse bajo la camilla como si su vida dependiera de ello.

Vio la sombra de la puerta abrirse y ver entrar los pies de dos personas distintas, aparentemente un hombre y una mujer. Escuchó caer algo, como una tabla.

— ¡No está el paciente! —Gritó una voz masculina con desesperación—. ¡Suzuki!

—P-Pero se supone que no habría cambios…—respondió una voz femenina—. ¿Por qué…?

— ¡Eso no importa! —Respondió el médico—. ¡Solo hay que encontrarlo rápido!

— ¡S-Sí!

El muchacho arqueó una ceja, bastante confundido. ¿Acaso hablaban de él? Escuchó la puerta cerrarse y luego los pasos del médico aproximarse a la cama. Se puso alerta ante sus acciones que apenas podía ver desde ahí abajo. El médico chequeó los cables, desconectados y el electrocardiograma encendido. Tocó la cama, seguía caliente, eso significaba que no se había ido hace mucho. Por otra parte le parecía bastante improbable que el paciente se hubiera levantado y se hubiera ido caminando, como un zombi. ¿Por qué como un zombi? Porque, la verdad, ese chico llevaba las de quedarse en ese estado para siempre. ¿Un muerto viviente? Es un nombre bastante acertado.

—Oh, estos milagros…—susurró frotándose las sienes, y luego mira delicadamente hacia arriba, pero a ningún punto en concreto del techo, solo arriba—. Eres grande, ¿eh?

El joven ladeó la cabeza un poco confundido. ¿A quién le hablaba exactamente? Daba igual realmente, pero solo tuvo un pequeño momento de curiosidad. Se movió hacia atrás y se puso de pie en silencio. El médico lo miró, sin querer ocultar la sorpresa en su rostro con algunas arrugas. Él notó que tenía cabello castaño oscuro y lentes.

—Kaizuka Inaho-san…—dijo sin pensar el hombre—. Así que…estás consiente.

El muchacho solo lo miraba en silencio, sin saber qué responderle. ¿Kaizuka Inaho? ¿Por qué le había llamado de ese modo? Quería preguntarle, pero antes de eso, el doctor habló de nuevo:

— ¿Te sientes bien? ¿Te gustaría que llamara a tu hermana? —Preguntó con una pequeña sonrisa adornándole el rostro.

— ¿H-Hermana…? —Preguntó confuso.

—Sí, tu hermana, Yuki-san —aseguró el doctor—. Yo soy el doctor Yagarai, estuviste a mi cargo desde tu accidente.

— ¿Accidente…?

—Sí…—baja la mirada un segundo—. Te dispararon unos chicos, así que… ¡espera! ¿No recuerdas nada? —Lo ve con intensidad a través de sus gafas—. ¿Kaizuka Inaho-san?

— ¿Recordar qué…? —Pregunta frunciendo el ceño por no recibir las respuestas que quería exactamente.

Yagarai saca su celular de su bata de médico y marca un número, que responde a las tres tonadas. Sigue mirando al muchacho, que solo (a sus ojos) quedó más confundido con lo que le dijo. Esto era grave. Podría ser una amnesia leve, pero si él no recordaba ni su nombre, ni que tuviera una hermana, y también el hecho de que estuvo en coma seis meses, no sabría responder con exactitud si se lo preguntaran.

Se supone que las amnesias duran un par de días, o menos, quizás unas horas. Esperaba que eso funcionara para este chico.

"..."

El jeep se estacionó en la calle frente a un condominio de apartamentos que Slaine conocía muy bien. Mazuurek quitó el seguro de las puertas y Slaine bajó con su mochila. Asseylum se apoyó en la puerta y miró a su amigo con una extraña alegría y emoción. Ella pensaba que era muy romántico esta huida de casa (con un consentimiento falso) para ver al amor de su vida.

— ¿Estarás bien aquí? —Le pregunta la rubia—. Llama si necesitas algo.

—Claro —respondió Slaine—. Mazuurek-senpai, ¿dónde se hospedarán?

—En un motel que vi al llegar —respondió—. Parece que no hay hoteles por esta zona, y ese pequeño lugar se ve un poco confiable.

—Tengan cuidado —dijo el rubio. Asseylum asintió junto con Mazuurek.

—Cuídate, Slaine —dice Asseylum—. Aprovecha para estar con Inaho-san esta noche porque mañana nosotros también queremos pasar tiempo con él.

—Le diré que vinieron conmigo —les sonrió al final.

Mazuurek arrancó el jeep de nuevo y se alejó bajo las luces de la carretera. Slaine suspiró y colocó la mochila en su espalda. Comenzó a caminar hacia el condominio con el corazón golpeándole el pecho y la emoción a tan solo un poco de rozar las nubes. Subió las escaleras exteriores y ya se encontraba en el pasillo donde vivía su amado.

Se acercó a la puerta y la tocó un par de veces.

No hubo respuesta.

Se comenzaba a preguntar si en realidad estaban en casa o no.

Quizás estaban por los alrededores.

Slaine caminó y volvió a bajar las escaleras. Ya estando en la calle comenzó a mirar por todos lados, buscando a Yuki-san o a Inaho.

Las calles estaban iluminadas por las farolas, algunos autos pasaban a velocidad promedio y veía algunas personas caminar solas o en pareja. Cosas tan pacíficas no se encontraban en Tokio tan a menudo como en Shinawara. Se sintió relajado. No había podido respirar con tranquilidad desde que se fue de Shinawara, sin mencionar también por las estresantes clases de la universidad, toda esa presión a veces le era insoportable que quisiera explotar y venir a ver a Inaho. Pero había hecho una promesa y no podía romperla…al menos no en aquellos momentos.

Su mente, en este momento, no podía pensar en otra cosa que en la ansía de poder ver a Inaho, su amado Inaho, que en estos momentos seguramente estaría mejor que la última vez. Slaine se sentía como jovencito enamorado de nuevo, ansioso por que Inaho llegaría a su casa por las noches, o cuando iba a su apartamento en Tokio. Pensar en tantas cosas que hicieron juntos y que volverán a hacer lo ponía en las nubes, le hacía sonrojarse y pensar que era el muchacho más afortunado del mundo.

Así tenía que ser.

— ¿Eh? —Dijo distrayéndose de sus pensamientos al ver a una conocida figura femenina acercarse a paso lento—. ¿Será…Yuki-san?

Con curiosidad y el corazón golpeándole el pecho por estar un poco más cerca de ver a Inaho, se acercó a paso rápido a donde venía la figura femenina, caminando por la calle bajo la luz blanca de las farolas.

Ella entrecerró los ojos y se detuvo en seco en cuanto su mirada encontró la de Slaine, de color aguamarina, un color raro y encantador que siempre le había resultado curioso desde que lo vio por primera vez en la estación de Shinawara, e incluso las tantas veces que su hermanito lo mencionaba siempre trataba de imaginárselo pero nunca se había acercado ni un poco al encanto del verdadero Slaine. Muchas emociones y un sentimiento de culpa encontraron el camino al corazón de Yuki. La sonrisa del rubio que al acercarse cada vez más a ella a través del camino se volvía más grande, como si todo estuviera bien. Seguramente no lo sabía, y ella no podía culparlo.

—Yuki-san…—suspiró felizmente—. ¿Cómo se encuentra?

Yuki parpadeó y apretó la correa del bolso que cargaba en el hombro.

—Slaine-kun…—dice un poco aturdida por la repentina llegada del rubio—. ¿Qué…?

—Sé que es de mala educación no avisar antes de venir —dijo apenado—. Pero no podía esperar. De hecho también fue improvisado venir…—dijo rascándose la nuca con nerviosismo y sonrojado—. Pero estoy feliz de estar aquí.

—Slaine-kun…—Yuki no sabía exactamente que podía decirle al joven.

—Lo siento —sonrió apenado—. Solo quería ver a Inaho.

El corazón de Yuki se rompió un poco más al escuchar esas palabras. Slaine a veces decía cosas normales, pero el tono o la expresión con las que las decía podían cambiarlo todo. Yuki lo toma de la mano con fuerza, haciendo que el rubio pusiera expresión de desconcierto. La morena suspiró y con mucha dificultad pronunció las siguientes palabras:

—Sobre Inaho-

Antes de que pudiera decir aquello que resultaba tan doloroso para ella (y posiblemente resultara doloroso para Slaine), su teléfono sonó desde el interior de su bolso con el tono por defecto del aparato. Yuki soltó la mano de Slaine y sacó el aparato. Vio el nombre del contacto: Yagarai Soma.

¿Acaso habría alguna nueva noticia sobre Naho-kun? Yuki sintió su corazón palpitar con fuerza y luego miró a Slaine.

—Espera un momento…—le dijo con suavidad.

Slaine asintió.

Yuki se alejó unos pasos del rubio y luego respondió la llamada con un poco de preocupación.

— ¿Sí? —Preguntó cuándo se enlazó la llamada.

—Kaizuka-san —escuchó la voz del doctor Yagarai—. Creo que es un buen momento para regresar a ver a su hermano.

Yuki no comprende.

— ¿Eh? ¿Pasó algo…? ¿Se encuentra bien? —Preguntó con tono preocupado, llamando la atención de Slaine.

—Sí…él está bien, está sano…pero hay un problema…—dijo con cierto nerviosismo. Yuki tragó saliva.

— ¿Cuál es el problema, doctor?

¿Doctor? Slaine se sintió un poco aturdido. ¿Acaso Yuki-san estaba enferma? No…se veía bastante sana… ¿Acaso Inaho…?

—Él…Su hermano…Perdió la memoria.


Perdón por no actualizar antes, solamente tenía muchos inconvenientes con la escuela y la falta de internet Uwu pero ahora al menos ya está el capítulo uwu

¡Gracias por leer!

By: Dazo.