Hola hola, ya ando de nuevo por aquí. ¡Muchas gracias a los que comentaron en el capítulo anterior! Me hacen muy feliz ^-^ También les agradezco todos los follow/favs, la verdad es que no esperaba tantos en el primer capítulo :D.
Aclaraciones de la Historia: Olvidé decirlo en el cap anterior, así que lo digo aquí. Los eventos de la película los he organizado a como mejor queda con la historia del fic. Es decir, sabemos que desde el día en que Ben anuncia su decisión a sus padres y el día de su coronación transcurre un mes, pero todos los eventos que suceden en medio de eso no tienen fechas específicas, así que yo los he colocado como mejor me conviene, lo que no quiere decir que haya sucedido exactamente así en la línea de tiempo original en la película. Digamos que aquí, se tardaron cosa de una semana en hacer todos los preparativos para que llegaran los chicos de la Isla, por lo que ahora todavía faltan tres semanas para la coronación.
Espero que se entienda o al menos no haberlos confundido mucho, en todo caso si alguien quedó con dudas no dude en preguntármelo :3. Ahora sí, los dejo con el capítulo.
[Capítulo 2 ─ Auradon]
La escuela era, justo como ellos habían imaginado desde un principio, por completo fastidiosa. Jay estaba harto de tantos buenos modales y cortesías acompañadas de falsas y forzadas sonrisas en los rostros de todos los que se había llegado a topar hasta el momento. Nadie los quería ahí, eso se notaba a simple vista, y ellos tampoco querían estar en ese lugar. Ya podían competir por ver quién deseaba más que se largaran.
Por eso fue que agradeció bastante a cualquier Dios del Caos existente cuando llegó el momento de ir al campo y entrenar. Tuvo la oportunidad de liberar toda esa frustración e ira que llevaba dentro desde que la noche anterior había arruinado su oportunidad de tomar la varita, y llevarse por delante de forma permitida a unos cuantos principitos en el proceso. Resultó que el tourney era bastante entretenido, y le sorprendió un poco que lo acostumbraran en Auradon. Quizá el lugar no era tan aburrido como esperaban.
Carlos, por su parte, habría preferido no tener que entrar en el campo. Él era bueno moviéndose, lo sabía, su cuerpo era ágil y rápido, pero ahí adentro no estuvo muy seguro de qué se suponía que debía hacer, no había practicado ese deporte ─o alguno parecido─ en toda su vida. No estaba acostumbrado a la violencia, tampoco, a pesar de estar la mayor parte del tiempo peleando con Jay. El chico siempre le ganaba sin mucho esfuerzo. Tal vez fue por eso, y por la manera en que el árabe se acercó a él corriendo con un grito tan intimidante, que prefirió lanzarse al suelo en lugar de entrometerse en su camino. Ya había visto la forma en que derriba a los demás chicos de su equipo, y él no quería ser uno de ellos, muchas gracias.
Claro que eso no pareció ganarle muchos puntos con el entrenador, ni con nadie más en realidad. Mientras que el hombre estaba más que satisfecho y contento con el rendimiento de Jay ─miraba al muchacho como si se tratara del mejor descubrimiento que hubiera hecho en toda su vida─ a él le dedicó una mirada que… bueno, en realidad prefería no catalogarla.
—Tal vez el tenis te vaya bien —había dicho.
Y Jay, por supuesto, no puedo evitar soltarse a carcajadas. A él le encantaba molestar a Carlos por muchas razones, pero una en especial: su expresión. El chico era como un libro abierto, y todo lo que llegaba a sentir se notaba en su rostro. Ese momento no fue una excepción, y todo en él gritaba «herido en el orgullo». Sin embargo, su sonrisa se esfumó al instante con la intervención del príncipe Ben.
—Yo lo apoyaré —dijo, colocando una mano en el hombro del chico De Vil como si quisiera hacer énfasis en sus palabras.
Cuando Carlos se giró a verlo sorprendido, y Ben le dedicó una sonrisa conciliadora, Jay frunció el ceño, sin ninguna razón aparente, tan sólo había decidido que ese chico no le agradaba, lo que no era sorpresa dado que nadie en ese lugar le caía bien. Entonces el entrenador indicó que siguieran entrenando, y todo el mundo retomó sus lugares.
—No tienes que hacerlo, Ben —dijo Carlos, mientras caminaba al lado del príncipe de nuevo hacia el campo.
—No es ningún problema, en realidad. Creo que es una buena oportunidad para que nos conozcamos mejor, también. Será divertido.
—Yo no le veo el lado divertido —comentó frunciendo los labios mientras se sobaba el brazo en el que sostenía su escudo, ése que Jay le había pisado al saltar sobre él.
—No es tan malo, una vez que te acostumbras. De hecho, creo que serías un buen jugador, sólo hay que encontrar tu punto fuerte.
—No estoy seguro de tener uno.
—Bueno, lo averiguaremos —declaró Ben, aún sin borrar esa sonrisa de su rostro.
Carlos no sabía muy bien cómo sentirse al respecto, pues era la primera vez que alguien lo trataba de esa forma, que expresaba interés y preocupación por él sin esperar nada a cambio. Porque no creía que Ben pudiera beneficiarse de ayudarlo a entrenar, más bien sería una pérdida de tiempo para él. Y aun así, el chico lo haría, se ofrecía a ayudarlo con amabilidad, sólo por hacerlo. Su sonrisa era, en cierta forma, tranquilizadora, y también destilaba un poco de seguridad, pero no en sí mismo, como la arrogancia, sino en la causa. Era una seguridad dirigida hacia él. Y Carlos sonrió también, sin siquiera darse cuenta de ello, un gesto leve pero sincero que no solía dedicarle a muchas personas.
—¡Vamos chicos, no tenemos todo el día! —exclamó el entrenador, apurándolos.
El resto del entrenamiento Ben se mantuvo cerca de él en todo momento, dándole algunos consejos o indicaciones, explicándole un poco más acerca del juego y ayudándolo a ponerse de pie cada vez que alguien lo derribaba. Jay, por el contrario, parecía estar aún más agresivo que al principio, sin alguna razón aparente.
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Al día siguiente después de clases y justo como había acordado con Ben, Carlos se dirigió a los vestidores para cambiar su ropa por una que fuera más apropiada para el ejercicio físico, y una vez listo se fue al campo a encontrarse con su… ¿entrenador personal? Bueno, lo que sea que fuera. El chico ya estaba ahí, por supuesto, y lo recibió con esa sonrisa amigable que parecía no querer borrarse de su rostro. En serio, ¿acaso no le dolían las mejillas de tanto sonreír?
Después de pasar unos minutos calentando, Ben le indicó que harían unas pequeñas pruebas para saber qué era lo que más se le dificultaba y lo que, por el contrario, podría hacer mejor. El príncipe tenía una tabla en manos ─que habría sacado de quién sabría dónde, pues Carlos estaba seguro de que un momento atrás no la llevaba─, un silbato colgado del cuello, y un cronómetro. Carlos no sabía si de verdad necesitaba todo eso, o si sólo quería verse un poco más como el entrenador, pero decidió mejor no comentarle nada, el chico le estaba ayudando después de todo, lo menos que podía hacer era guardarse sus comentarios sarcásticos.
—Bien, haremos una prueba de velocidad.
Ben le indicó dónde colocarse en posición, mientras que él se alejaba trotando unos cuantos metros. Lo observó escribir alguna cosa en su tabla y después tomar el cronómetro.
—Muy bien, Carlos. Correrás un poco, ¿de acuerdo?
Él asintió. Perfecto, era sólo correr, podía hacer eso. Pero antes de que Ben hiciera su señal, un sonido que nunca antes había escuchado, estridente y fuerte, se hizo presente detrás de él, así que giró el rostro para ver de dónde provenía. Y entonces lo vio. Una bola de pelo café corriendo hacia él.
Colmillos. Garras. Sangre. Asesino.
Echó a correr, huyendo de esa criatura que desde pequeño le habían enseñado a temer, gritando suplicas para que lo dejara tranquilo y perdonara su insignificante vida. Para cuando quiso darse cuenta, ya se había metido entre los árboles y subido al tronco de uno de ellos, mientras que el endemoniado cachorro se quedó en el suelo, como esperando a que bajara.
Entonces llegó Ben, como caído del cielo, y lo salvó de esa criatura asesina que quería clavarle los colmillos en el cuello. Aunque en lugar de llevárselo lejos, el príncipe, después de escuchar su descripción del cachorro y la razón por la que había salido corriendo, lo miró con una sonrisa de comprensión.
—Nunca habías visto un perro antes, ¿verdad?
—Por supuesto que no —contestó, como si fuera una respuesta obvia. En cierta forma lo era, porque no había perros en la Isla.
—Chico, éste es Carlos. Carlos, él es Chico, nos acompaña siempre.
Y, de un momento a otro y con tan sólo unas palabras de presentación, Ben había cambiado su perspectiva hacia el cachorro. Bajó del árbol y se acercó al perro, un poco titubeante. Pero el cachorrito ni siquiera le ladró, sólo esperó a que se acercara. Le acarició la cabeza, y sonrió al ver que no le mordía la mano, ni le gruñía amenazante, ni nada parecido—. Eres un buen chico. —Entonces Ben dejó que lo cargara, y él no podía creer que de verdad estaba llevando a un perro en brazos. El animal estaba tan cerca de su cuello que podría acabar con él en un segundo, pero en lugar de intentar clavarle los dientes, tan sólo lamió su mejilla, como con cariño.
Ben se fue poco después, dejándolo solo con el cachorro para que se conocieran mejor. Carlos se quedó bastante tiempo ahí, rascándole la barriga y haciéndole mimos, con una sonrisa que casi parecía pintada en su rostro porque no disminuía ni un poco. Se sentía tan extrañamente bien estar ahí, con el pelaje del cachorro entre sus dedos, y ni siquiera tenía lógica, pero él disfrutaba de ello. No podía creer que se estaba divirtiendo a lo grande tan sólo en la compañía de un perro, algo que en la Isla jamás habría sido posible.
Tal vez, Auradon no era tan malo después de todo.
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Jay, que iba pasando por el campo, alcanzó a ver cómo Carlos corría despavorido siendo perseguido por un pequeño perrito, mientras que el príncipe Ben los perseguía a los dos, hasta que se perdieron en medio de los árboles que rodeaban el lugar. Sonrió con un poco de malicia, pensando en que Carlos se lo tenía merecido por estar confraternizando con el enemigo. Quizá después de ese susto al encontrarse de frente con su peor miedo, el chico De Vil entendería que no debía acercarse demasiado a los habitantes de ese lugar, que a fin de cuentas, estaban ahí para buscar la manera de arruinarles la vida a todos.
Se alejó del lugar, de un considerable mejor humor que el que había llevado durante todo el día, y se dirigió a su dormitorio. No se dio cuenta del momento en el que el príncipe Ben salió de entre los árboles, sonriendo con simpatía, sin la compañía del cachorro ni de Carlos. Más tarde, cuando su compañero llegara a su habitación, se llevaría una enorme sorpresa.
Continuará...
¡Muchas gracias a todos por leer! Espero que les haya gustado. Ya saben, si quieren dar alguna opinión, crítica o sugerencia, pueden hacerlo dejando un review. Nos vemos la próxima~
Misa-chan
