Este capítulo está dedicado con todo el cariño del mundo para mi amigo Pedro.

Y para todos aquellos a los que les guste la historia y quieran hacer reviews, recordad que la historia es mía en parte. Yo solo escribo las ideas que gesta en su cabeza Kimba68. El mérito de la historia es más suyo que mío. No lo olvidéis.

Saludos desde el Muro y desde Desembarco del rey.

Samwell123 y Kimba68.


WHITE CLOUD.

"Nuestro pueblo se derrite como la nieve en las laderas de las colinas al calor del sol, mientras que los miembros de vuestro pueblo brotan de la tierra como los tallos de hierba en primavera".

Tatanka Yotanka (Toro Sentado)
Jefe Sioux Hunkpapa.1837-1890

Poh, poh, poh…

El sonido de los tambores, amortiguado por la distancia, reverbera en las paredes del cañón y asciende por las mismas en busca del cielo, llamando a los espíritus a su ancestral cita. Allá en lo alto, pasadas las inmensas paredes que protegen el poblado sagrado, el sol luce en todo su esplendor y sus rayos alcanzan a llegar hasta el fondo de la garganta, arrancando destellos plateados de las limpias aguas del río que discurre por el fondo del cañón y haciendo brillar con hermosas tonalidades verdes las praderas que se extienden desde las riberas del río hasta alcanzar las estribaciones de los farallones rocosos.

Poh, poh, poh…

Los tambores no solo llaman a los espíritus, también reclaman la presencia de los habitantes de Nankoweap. Y de entre todos ellos, los tambores son una señal de que la hora por fin ha llegado para "Nube Blanca". Poco a poco los habitantes del poblado abandonan sus quehaceres diarios y se dirigen hacia el gran tipi que se alza en medio del poblado. Algunos con la prisa propia de la juventud y la curiosidad de ver por primera vez en sus vidas "La danza del sol", otros, curtidos por la edad y sabedores de lo que va a acontecer, caminan lentamente, saboreando el calor del sol del mediodía y anticipándose a lo que saben va a ser un día de fiesta en el poblado. Solo los fieros guerreros indios encargados de proteger las sagradas moradas de los grandes jefes indios permanecen en sus puestos. Las tumbas de aquellos que una vez fueron caudillos de sus respectivos pueblos, sin importar la procedencia, no pueden ser dejadas sin vigilancia. Es la sagrada misión que se les encomendó a los habitantes del poblado hace muchas, muchas estaciones. Es la esencia misma de la existencia de aquel lugar y, como tal, ni siquiera la ominosa llamada de los tambores ceremoniales puede apartar a los guardianes de la entrada de las cuevas sagradas que se alzan en medio de las grandiosas paredes que custodian Nankoweap. Así pues, los vigilantes permanecen en sus puestos, haciendo caso omiso a la llamada. Ellos… y "Nube Blanca".

Poh, poh, poh…

La llamada sorprende a "Nube Blanca" encaramada en el farallón más cercano al suelo. Contemplando embelesada, desde su lugar preferido, el soberbio espectáculo que ofrece Nankoweap a esta hora del día. Sabe que los tambores suenan por ella. El gran día ha llegado. El día en que va a dejar de ser parte de la tribu para convertirse en la tribu en si misma. Cuando la ceremonia acabe ella se habrá convertido en la gran chaman de Nankoweap. Largo camino recorrido desde que "Pequeño Hombre" la rescató de una muerte segura. "Alce negro" le contó la historia de cómo ella llegó al poblado hace ya muchas estaciones, cuando todavía era una niña. Intrigada por el claro color de su piel y las evidentes diferencias con las otras niñas de Nankoweap, corrió a saciar su curiosidad en busca de "Alce Negro". Ella sabía que las sabias palabras de su abuelo seguro que alcanzarían a explicar aquello que no entendía.

"Alce Negro" la cogió de la mano y juntos subieron hasta el mismo lugar en que "Nube Blanca" se encuentra ahora. Y sentados en el pequeño saliente del farallón, El poblado entero a sus pies, su abuelo comenzó el relato…

"—Hace muchas lunas —comenzó a hablar el Gran Chaman con su voz dulce y pausada—, "Pequeño hombre" regresaba de las montañas, custodiando el cadáver de un gran caudillo indio en su último viaje hasta su morada final, cuando tropezó con los restos de una caravana de hombres blancos arrasada por completo. Supongo que por el ataque de alguna de las belicosas tribus que moran fuera del cañón. La caravana estaba en llamas y se podía oler la carne de los muertos al ser consumida por el fuego. Entre tanta devastación, "Pequeño Hombre" acertó a escuchar el débil llanto de un hermoso bebe de piel blanca, como las nubes de verano, que había sobrevivido a la matanza.

¿Era yo? —preguntó asombrada "Nube Blanca"

Sí, mi dulce niña. Tú fuiste la única superviviente de aquella caravana. Supongo que el resto de tu familia estaría entre los muertos. "Pequeño Hombre" —continuó hablando "Alce Negro"—, es un guerrero feroz. Capaz de realizar los mayores actos salvajes con tal de proteger los caudillos indios que le son encomendados para su viaje final, pero su corazón no alberga inquina alguna contra un bebe. Así que ordenó recogerte y alimentarte. Y en sus brazos llegaste a Nankoweap.

Cuando "Oso Feroz", el jefe de los guardianes de las tumbas, se enteró de tu llegada, montó en cólera. Recriminó a "Pequeño Hombre" el haber puesto en peligro el emplazamiento del poblado. Si los hombres blancos te andaban buscando podían seguir el rastro de la expedición y encontrar Nankoweap. Él quería rebanar tu garganta con un cuchillo, con la esperanza de que tu sacrifico sirviera para que los espíritus ayudaran a que el poblado siguiera oculto.

"Pequeño Hombre" te puso en mis manos y dejó que yo, como supremo chaman, dictaminara tu futuro. "Oso Feroz", aunque es el jefe de los guerreros, me debe obediencia a mi, ya que yo soy quien está a cargo del poblado.

«No hay honor, proclamo, en arrebatar un alma indefensa. ¿Acaso nosotros no veneramos a los animales, a las plantas a las piedras y a las montañas? ¿Acaso no nos asombramos con el viento, el rayo y las nubes? Pues bien el gran espíritu ha hablado de una niña de piel blanca, no roja; que nos será traída en el calor de la lucha, el fuego y la muerte. Esa niña será uno con nosotros y con el gran espíritu. De rubios cabellos, de ojos marrones de pronta sonrisa. Ella seguirá los pasos del chaman, nos guiara y, con el tiempo, nos salvara a todos…»

Esas fueron mis palabras y esa mi decisión —sentenció "Alce Negro" con voz ceremoniosa.

¿Entonces, yo estoy destinada a ser tu sucesora? —replicó "Nube Blanca".

Sí, mi niña. Los espíritus te han traído a mí para que yo te enseñe todo aquello que necesites saber. Y algún día —susurro "Alce Negro" con voz dulce—, el destino de Nankoweap estará en tus manos."

Y así sucedió. "Nube Blanca", a la par que se iba convirtiendo en una de las más hermosas muchachas de la tribu, fue aprendiendo de manos de "Alce negro" todo aquello necesario para convertirse en chaman. Aprendió a reconocer todas las plantas que crecían a lo largo de las riberas del río, y en lo más profundo de los pequeños bosques que jalonaban el cañón. "Alce negro" le enseñó como preparar pócimas para los mas diversos usos. Se mostró especialmente diestra en el aprendizaje de la medicina india, y pronto pasó a ser reclamada en lugar de su abuelo para curar las dolencias de los miembros de la tribu. Con el tiempo toda la tribu supo ver en aquella muchacha de piel blanca algo más que una intrusa y pasó a formar parte de ellos, a ser su familia. Incluso "Oso Feroz" acabo por ceder y reclamó sus servicios para superar unas fiebres que lo tuvieron postrado en su lecho casi una estación completa. Como disculpa por su comportamiento y en agradecimiento a su buen hacer con su enfermedad, "Oso feroz" le concedió el honor de conocer aquellos a quien Nankoweap cuida. Él la acompañó en su primera visita a las cuevas sagradas. Y allá pudo contemplar las hermosas tumbas de los incontables caudillos indios que descansaban por toda la eternidad en tal majestuoso lugar.

La prueba definitiva de que "Nube Blanca" ya era parte de la tribu llegó el día que floreció y paso de ser una niña a ser mujer. Prácticamente todos los hombres solteros de Nankoweap, exceptuando algún que otro arisco y solitario guardia, fueron a postrarse a los pies de "Alce Negro", portando los más hermosos y variados presentes, solicitando la gracia de convertir a aquella hermosa mujer de piel blanca, larga melena brillante como los rayos del sol, inmensos ojos de color avellana y franca sonrisa, en su esposa. "Alce Negro" delegó en ella la decisión y "Nube Blanca" rechazó a todos sus pretendientes. Ella solo quería ser como su abuelo y seguir la senda marcada por los espíritus hace ya muchas estaciones. Aquel día "Alce Negro" la proclamó, ante todo el poblado, su sucesora.

Poh, poh, poh…

Los tambores la arrancan de sus ensoñaciones. Alejan sus recuerdos y la hacen darse cuenta de que ya es la hora. Toca dejar atrás todo temor y aceptar su destino.

"Nube Blanca" destrepa del farallón con gran agilidad y, al llegar al suelo, emite un largo y prolongado silbido.

—Vamos, Shadow —grita.

El poderoso mustang negro azabache aparece cabalgando por la ribera del río, tal y como apareció el día que "Nube Blanca" fue proclamada sucesora. Aquel día el caballo apareció de la nada y fue a postrarse a los pies de "Nube Blanca", dejándose acariciar por una sorprendida mujer que no daba crédito a lo que sus ojos veían. Desde aquel día, Shadow se convirtió en el fiel compañero de la muchacha. Juntos recorrieron todos los senderos del cañón e incluso, contadas veces y en contra de la prohibición de "Alce Negro", remontaron el escarpado sendero que ascendía hasta las llanuras que rodeaban Nankoweap.

El mustang se acerca a "Nube Blanca" y, al llegar a su altura, reduce la velocidad para que la mujer se agarre a sus crines y de un salto se suba a la grupa del caballo.

—Vamos, Shadow —le susurra—. El abuelo se va a enfadar si llego tarde a la ceremonia.

En pocos minutos Shadow la conduce hasta el gran tipi que se alza en el centro del poblado. Los habitantes de Nankoweap la están esperando expectantes.

"Nube Blanca" descabalga y se postra ante su abuelo.

—Llegas tarde, chiquilla —le reprende el Gran Chaman con voz dulce.

—¿Chiquilla? —responde ella con media sonrisa—. ¿Voy a convertirme en la líder del poblado y tú todavía me ves como a una niña?

—Siempre — Responde "Alce negro"—. Siempre serás mi dulce niña venida de más allá de las montañas para alegrar mi vida.

—¿Sabes lo que tienes que hacer? —pregunta "Alce Negro" sabiendo la respuesta de antemano.

—Sí, abuelo. Recito la oración ceremonial y entro el la tienda. Tengo que beber el sagrado licor de los espíritus y si ellos tiene a bien comunicarse conmigo, me mostraran aquello que está por venir, una visión de mi misión en esta vida. Luego despertaré para ser la Gran Chaman. Si los espíritus no tienen a bien elegirme, nada veré.

—Así sea —proclama "Alce Negro" a plena voz —Empecemos.

—"Oso Feroz" enciende la gran hoguera ceremonial y todos los habitantes del poblado comienzan a bailar alrededor del gran tipi. "Nube Blanca coge fuerzas, lanza un breve suspiro y comienza a declamar la letanía ceremonial.

"Oh, gran espíritu, cuya voz oigo en el viento.

Y cuyo respiro da vida a todo el universo.

Óyeme. Soy pequeña y débil. Uno de tus muchas hijas.

Déjame pasear en la belleza y permite que mis ojos siempre puedan contemplar el rojo y el púrpura de la puesta de sol.

Haz que mis manos respeten las muchas cosas que tú has creado y agudiza mis oídos para oír tu voz.

Hazme sabia para comprender todas las lecciones que tú has escondido detrás de cada hoja y de cada roca.

Dame fuerza, no para ser más fuerte que mi hermano, sino para luchar contra mi peor enemigo. Yo misma.

Y hazme siempre lista para ir ante ti con las manos limpias y la mirada recta. Para que cuando la luz se desvanezca, como se desvanece la puesta de sol, mi espíritu pueda llegar ante ti sin ninguna vergüenza."

Acto seguido, "Nube Blanca" se adentra en la oscuridad de la tienda.

Poh, poh, poh…

Los tambores retumban. Los habitantes del poblado bailan alrededor del tipi. Comen, beben, ríen, esperan…

El día pasa. La luz del sol se oculta tras los inmensos farallones que guardan el poblado y la cercanía del atardecer se intuye en el ambiente, cuando "Nube Blanca", si cabe más pálida que cuando entró a la tienda, abandona la misma con una ligera mirada de preocupación pintada en el semblante. "Alce Negro" fija su intensa mirada en aquellos ojos color avellana, no intentando saber si los espíritus se han comunicado con su chiquilla, ya que de eso está seguro. Pocas veces recuerda haberse equivocado el Gran Chaman en sus predicciones. "Nube Blanca" es su sucesora. La mirada de "Alce negro" trata de transmitir a su niña un poco de tranquilidad y sosiego, ya que él sabe por propia experiencia que, a veces, las visiones de los espíritus son todo menos agradables. La mujer se queda plantada en la entrada de la tienda. Los tambores cesan su letanía y todos los habitantes del poblado dejan de bailar, de reír, de comer, casi de respirar. Esperan expectantes la resolución de la ceremonia. El ambiente se vuelve tenso, pesado, anhelante.

—"Nube Blanca" —declama el Gran Chaman—. ¿Los espíritus te han visitado?

—Si —responde con una mezcla de orgullo y preocupación la mujer—. Me han visitado y me han hecho ver lo que le acontecerá al poblado. Ahora ya se que es lo que hay que hacer para proveer protección a Nankoweap. Ellos me han mirado, me han tocado, me han hablado…me han elegido para guiaros y protegeros.

—Así sea —sentencia "Alce Negro" acercándose a "Nube Blanca" y entregándole el bastón ceremonial—. A partir de hoy tú regirás el destino del poblado. Nankoweap eres tú. Tú eres Nankoweap. Y así será hasta que encuentres a tu sucesor. Saludemos al la Gran Chaman "Nube Blanca", guía y protección de este lugar sagrado —entona con voz potente el anciano volviendo la vista a los habitantes del poblado.

Los habitantes del poblado emiten un alarido de satisfacción, todos al unísono, felices de poder contar con un caudillo tan hermoso, bueno y sacrificado. Sabedores de que nada malo les puede pasar bajo su protección. Uno a uno se van acercando a "Nube Blanca" y, tras tocarla levemente, se inclinan en señal de respeto y abandonan el lugar. La vida sigue en Nankoweap y hay muchos quehaceres pendientes.

"Oso feroz" se planta delante de la mujer de la que un día, cuando era un bebe, reclamó su sangre, y se arrodilla en el suelo. Baja la cabeza hasta tocar el suelo y se levanta para enfrentar a su Gran Chaman. Le tiende a "Nube Blanca" un hermoso arco de caza y un carcaj de flechas, profusamente adornado, en cuyo interior hay media docena de flechas con hermosas plumas de vivos colores.

—El arco sagrado es tuyo —declama orgulloso—. Y con él mi vida y la de mis guardianes. Estamos a tu servicio, pues tú eres Nankoweap y Nankoweap eres tú.

—Gracias —responde "Nube Blanca" con voz cariñosa después de dedicar una leve caricia en la mejilla del fiero guerrero y sentir, bajo su dura piel, una dureza y una determinación para con su protección, y la del poblado, fuera de toda duda.

Poco a poco todos los habitantes del poblado abandonan el lugar y la Gran Chaman "Nube Blanca" y el anciano se quedan solos.

—Abuelo —susurra con temor la mujer—, ¿Las visiones se pueden compartir?

—Si así lo deseas —responde el anciano—. ¿Qué te han mostrado los espíritus que tanto te preocupa?

—Destrucción —responde "Nube Blanca" con el dolor pintado en su rostro—. He visto el poblado arrasado. Ardiendo con un fuego devastador. Y en medio de todo aquel fuego, de todo ese dolor, he vislumbrado un demonio. Un demonio montado a caballo que acudía a mi presencia. Un ser guiado solo por la necesidad de encontrarme y destruirme. A mí y a Nankoweap. Una mujer con el odio pintado en su cara que atravesaba mis carnes con una mirada penetrante. Dos glaciales ojos, uno azul, uno marrón, desgarraban mis carnes y me sumían en la desesperación. ¿Es eso lo que nos espera, abuelo? ¿La extinción? —pregunta la mujer con un deje de desesperación.

—Puede que sí, puede que no —responde "Alce negro" con voz pausada—. Los espíritus te han mostrado aquello, de entre todo lo que te va a suceder en la vida, que es lo más importante. Las visiones no son inmutables. Ellos te lo muestran para que tú estés advertida de lo que va a pasar y puedas tener una ventaja sobre el futuro y prepararte para lo que está por venir. Puedes aceptar la visión y resignarte a la destrucción de Nankoweap. Puedes decidir trasladar el sagrado lugar ha otro sitio. Puedes luchar contra el demonio bicolor. Es tu decisión. Los espíritus te conceden la gracia de saber el futuro para que juegues con ventaja.

—Entonces —replica "NubeBlanca"—. ¿Se puede contradecir a los espíritus y cambiar el destino de la visión?

—Sí, mi niña. Se puede. Yo lo hice.

—¿Qué viste y que hiciste? —pregunta con curiosidad "Nube Blanca".

—Los espíritus me mostraron —comienza a hablar el anciano con voz dulce—, a un bebe de piel blanca pasado a cuchillo por el bien de la tribu.

—¿Yo?

—Sí, "Nube Blanca". Eras tú. Yo supe de ti mucho antes de que tú aparecieras en mi vida. Hace muchas, muchas estaciones, cuando era joven, los espíritus me mostraron que algún día tendría que decidir entre el bien del poblado y una hermosa niña. Esa duda me tuvo en vilo durante muchas de mis noches. Dediqué mucho tiempo a pensar en que haría cuando llegara el día en que tú te hallaras a mis pies. Cuando ese día llegó, decidí que el bien del un lugar sagrado como este no se puede edificar sobre la sangre de inocentes y decidí cambiar la visión. Te liberé de tu muerte y te convertí en mi sucesora. Si los espíritus deseaban tu vida por el bien de Nankoweap, ya tienen tu vida. Te he ligado a ellos al convertirte en Gran Chaman y he solucionado con sabiduría, y sin derramar una sola gota de sangre, el dilema.

"Nube Blanca" se toma unos segundos para meditar todo lo que aquel gran hombre le acaba de relatar y, tras esa breve pausa, se acerca a "Alce Negro" y se abraza a él con lágrimas en las mejillas.

—Abuelo —le susurra al oído—. Gracias por salvar mi vida, pero no te has dado cuenta que haciéndolo puede que hayas propiciado que ese demonio me encuentre y nos destruya a todos. ¿Quizás mi muerte era lo que tenía que haber pasado por el bien del poblado?...

La noche se cierne sobre Nankoweap. El sol ha desaparecido por completo y una pequeña y pálida luna ha despuntado en el cielo. El silencio y la oscuridad se espesan por momentos. La Gran Chaman y el anciano permanecen unidos. Oscuras sombras acechan a su alrededor, llenando el silencio del lugar de terribles presagios.

El ruido de los cascos de shadow rompe el silencio con su presencia y el poderoso mustang se acerca a su dueña a gran velocidad. En su boca porta el sombrero más ridículo que ninguno de los dos haya visto jamás.

—¿De donde has sacado eso? —inquiere sorprendida "Nube Blanca".

El caballo deja caer el sombrero en el suelo, lanza un prolongado relincho y se da media vuelta, empezando a cabalgar en dirección a la ribera del río.

—Algo quiere Shadow —replica el anciano—. Vamos.

"Nube Blanca" y "Alce Negro" siguen los pasos del caballo hasta llegar a la orilla del río. En la misma se encuentra un hombre tendido, sin aparentes signos de vida.

La pálida luz de la luna arranca plateados destellos de su piel. Negra como la oscura noche que se cierne con su espeso manto sobre Nankoweap.