Este capítulo está dedicado a todos vosotros, queridos lectores. Recibir 4600 visitas en tan solo dos meses y con solo cinco capítulos escritos es algo que ha desbordado todas nuestras expectativas y nos ha colmado de felicidad tanto a mi, como a Kimba68.

No hay palabras suficientes para expresar lo orgullosos que nos sentimos de estar escribiendo una historia que hace disfrutar a tanta gente. Sirva este capítulo como humilde intento de haceros disfrutar cada vez más.

Gracias de corazón.

Samwell123 y Kimba68.

Y no olvidéis la encuesta. De momento vamos dos votos para los romanos, uno para los espías y uno indiferente.


BRINGING THE LOVERS.

Cuatro días cabalgando por la llanura. Cuatro días desde que dejaron atrás Nankoweap y comenzaron a reducir la distancia que les separa del demonio bicolor. Cuatro días, seis jinetes.

Hale ha pasado la mayor parte del tiempo cabalgando en silencio. Callado y taciturno. Ocupado en mantenerse encima de la silla, sujetando con tan solo una mano las riendas, pues la herida del hombro todavía le duele. Con cada milla que pasa, más preocupado se encuentra. En su corazón se ha instalado una certeza que le produce una inquietud insondable. Tiene miedo de que, a pesar de las dulces palabras de "Nube Blanca" y de sus exquisitos cuidados, ya no les sea necesaria su presencia en cuanto avisten el rancho del doctor MacCorrigan. Teme que los dos fieros guerreros indios que cabalgan a su lado sean sus ejecutores y, llegado el momento, está seguro de que no les temblará el pulso a la hora de acabar con su vida y proteger el secreto de Nankoweap.

Nube Blanca cabalga al frente de la partida, flanqueada en todo momento por "Pequeño Hombre", que se ha convertido en su sombra durante los cuatro días que llevan cabalgando. Ella, al contrario que Hale, no se deja llevar por los oscuros presagios que le esperan más allá, al final del viaje, y se dedica a disfrutar del paisaje, el viento, la sensación de libertad que le produce cabalgar a lomos de Shadow. Hace mucho tiempo que no se aleja tanto de su hogar. De hecho, Nube Blanca" solo ha estado una vez en su vida tan lejos de Nankoweap como ahora. Fue al poco de llegar Shadow al poblado. Un día el caballo empezó a mostrarse inquieto. Pifiaba y relinchaba, señalando con su testuz a lo alto del gran cañón. "Alce Negro" lo interpretó como una señal y mandó a "Pequeño Hombre" y a dos de sus mejores guerreros a custodiarla en un viaje similar a este. Un viaje que la llevó, guiada por Shadow, a un lugar recóndito de las montañas que en este mismo momento se alzan ante ella. Montañas que separan las llanuras controladas por los indios del territorio en el que mora el hombre blanco.

A lomos de Shadow llegó a un hermoso paraje en el interior de las montañas. Una pequeña pradera donde se alzaban unos pocos tipis a la orilla de una pequeña laguna creada por un remanso del riachuelo que desembocaba en la misma tras salvar una irregularidad del terreno mediante una hermosa, pero exigua cascada.

—La gran hechicera. Aquella que puede leer el humo sagrado —le respondió "Pequeño Hombre" cuando "Nube Blanca" le preguntó por la hermosa mujer de pelo moreno y arrebatadores ojos azules que salió a su encuentro.

Allá pasaron unos deliciosos días en compañía de la gran hechicera y su familia. Allá asistió, entre sobrecogida y asombrada, a la ceremonia en la que la gran hechicera, tras encender un enorme fuego con las ramas de unos delicados árboles que crecían junto al poblado, leyó en el humo sagrado el destino de la pequeña mujer de piel blanca…su destino.

—Dile a "Alce Negro" —la gran hechicera encaró a "Pequeño hombre"—, que su elección ha sido acertada. Ella será una digna sucesora…

"Nube Blanca" aparta esos hermosos recuerdos de su mente y fija su atención en el camino. Enfrente suya se alzan, casi a tiro de piedra, las montañas de su juventud. Montañas que ahora, vistas desde la perspectiva que le dan los años vividos y la madurez, no son más que meros cerros de unos pocos cientos de metros de altura, flanqueados aquí y allá por profundas quebradas.

—No son obstáculo suficiente—la triste certeza se instala en su mente— para evitar que un día el hombre blanco las cruce y domeñe a mi raza, tomando posesión de nuestras tierras e, incluso, descubriendo Nankoweap.

"Nube Blanca" da el alto y ordena montar el campamento. Han llegado al final del territorio seguro y a partir de mañana tendrán que cabalgar por terreno dominado por el hombre blanco. Se impone, pues, la prudencia y la discreción.

Al día siguiente, no bien ha salido el sol por el horizonte, "Nube Blanca" toma un hatillo de ropas de su caballo y, despojándose de todas las ropas indias y de todos sus adornos, se viste con ropas de mujer blanca. Solo conserva para sí el medallón que le diera la gran hechicera después de leer su futuro en el sagrado humo blanco. El medallón siempre ha estado colgado de su cuello desde aquél día y es el símbolo sagrado de su posición y poder entre los indios. El espíritu del gran águila, exquisitamente tallado en un trozo de madera redonda, ha estado pegado a su pecho, protegiéndola, guiándola, desde aquel día.

Después de un breve desayuno despide a "Pequeño hombre" y a los dos guerreros, ordenándoles volver a Nankoweap. Le indica a un incrédulo y aliviado Hale que monte en su caballo y ambos comienzan a ascender por el retorcido camino que les introduce poco a poco en las montañas.

Tras todo el día a caballo, con dos breves paradas, "Nube Blanca" detiene su cabalgar al llegar a lo alto de los cerros. Es peligroso que sigan cabalgando tan cerca del ocaso y por terreno descendente. Se impone montar el campamento y descansar. Mientras Hale se encarga de los caballos, ella observa como el enorme sol naranja se hunde por la planicie y pinta el cielo con un contraste rojo y azul. La vasta extensión de tierra absorbe la puesta de sol con reverencia y serenidad. "Nube Blanca" nunca se cansa de mirar al sol cuando llega el ocaso. La puesta de sol la deja sin aliento. A medida que la luz se desvanece en el firmamento, los sutiles cambios de color y atmósfera la embelesan. Es una vista magnífica. De repente, siente la necesidad de compartirla.

—Hale, acércate —"Nube Blanca llama a su compañero—, ¿Alguna vez has visto algo tan bello como cuando se oculta el sol?

—Señora —replica Hale quitándose su ridículo sombrero—, en verdad que es una hermosa puesta de sol, pero yo he visto cosas tan hermosas y más que esta a lo largo de mi vida. Si le apetece, mientras cenamos le hablare de mí, de mis viajes, mis inquietudes. Primero encendamos un fuego y acomodémonos.

—De acuerdo, Hale —"Nube Blanca le dedica una franca sonrisa y descabalga de Shadow.

En unos pocos minutos "Nube Blanca" recolecta un buen puñado de ramas secas y, mientras Hale enciende la hoguera, ella saca un hatillo de la silla de Shadow y se prepara su lecho. Hale la imita nada más encender la hoguera y ambos se acomodan, dejándose mecer por el tibio calor de la hoguera y comienzan a disfrutar de las viandas que portan. Tras un rato dedicado a disfrutar de la comida, "Nube Blanca" retoma la conversación.

—Cuéntame, Hale —"Nube Blanca" fija sus hermosos ojos en su compañero— me gustaría conocerte un poco mejor. Estoy en una situación difícil ya que al decidir ayudarte he puesto en marcha las ruedas del destino que me acercan al diablo de ojos bicolor y no sé si estoy preparada para ese enfrentamiento. Cuéntame, ¿alguna vez te has encontrado con un camino que se abre en dos y sabes que uno será tu desgracia y el otro tu salvación?

—No solo una vez señora, han sido varias —Hale responde a su acompañante dejándose mecer por la calidez que desprenden los ojos de "Nube Blanca"— Si no tiene sueño me gustaría hablarle de mi niñez.

—Me encantan las historias —"Nube Blanca se acomoda en su manta, tapándose hasta el cuello, dispuesta a dejarse llevar por las palabras de aquel extraño, pero fascinante hombre.

—Empezare por decirle que Hale no es mi nombre. Nací hace venticinco años en África, a las riberas de un río salvaje de nombre exótico: Vaal. Fui bautizado por mi padre con el nombre de Ash Lewis. Él era un hombre blanco miembro de la Sociedad Misionera de Londres y a la edad de veinte años dejo el país más civilizado del mundo para seguir su vocación, la llamada de su dios. Así que se embarco y cruzo grandes océanos hasta llegar a África en donde sucumbió a las tentaciones y los pecados de la carne al conocer a mi madre. Una pagana sin ropa como le gustaba describirla él, riéndose. Como consecuencia de su pecado fue expulsado de la Sociedad Misionera de Londres, pero el ante todo era un emisario de Cristo y se convirtió en un cruzado contra el tráfico de esclavos africanos, Así que convirtió su primer y único puesto misionero en un santuario para esclavos fugitivos. La misión Lewis, situada en el borde occidental del gran desierto de Kalahari cerca de un pequeño oasis en medio del páramo, donde surgía un manantial.

—Debía de ser un hermoso lugar —"Nube Blanca se deja llevar por la evocación de tan lejanos y fascinantes lugares.

—Casi tan hermoso como Nankoweap —Hale no puede dejar de adular el lugar donde vive su acompañante antes de continuar su relato—.Cuando tenía siete años recibimos una carta de Londres. Mi tío había fallecido sin descendencia por lo que mi padre se había convertido en el nuevo Conde de Durham, así que decidió enviarme a Londres para que recibiera la educación necesaria para ser su heredero y efectivamente la recibí. Tuve los mejores tutores que el dinero podía comprar, e incluso permanecí dos meses en el colegio más selecto de Londres hasta que el director intervino y me mando a casa debido a que, por el color de mi piel, era el blanco indiscutible del resto de los alumnos. A la edad de diez años mi madre falleció y mi padre enfermó. Constantemente tosía y escupía sangre, así que pensó que lo mejor era volver a la civilización. A su llegada empezaron a lloverle invitaciones a bailes y recepciones. Todos querían saludar al nuevo Conde de Durham y paso lo que tenía que pasar —Hale deja salir toda su amargura contenida—. Mi padre se caso con la hija de un Baronet y al año siguiente ella dio a luz a mis hermanos. Un niño, Charles y una niña, Lauren. Charles fue nombrado el legítimo heredero de mi padre y yo pase a ser el molesto hermano de color.

—Lo siento, replica "Nube Blanca" con ternura—, debe de ser difícil vivir con el rechazo familiar.

—Te pareces a ella, sabes —Hale se deja llevar y empieza a tratar con camaradería a "Nube Blanca"—. A mi hermana Lauren. Ella tenía los cabellos rubios como los tuyos. Hace tanto que no la veo en realidad no sé si estará viva.

—¿Cómo acabaste aquí? —"Nube Blanca" señala con la mano el paisaje circundante— .Hay un largo camino desde tus tierras hasta este lugar.

—Mi padre nunca se recuperó de su enfermedad ya que el clima inglés no hizo otra cosa que acrecentarla. Cuando yo tenía quince años él falleció. Así que con el beneplácito de mi madrastra, que quería librarse de mi, embarque rumbo al Nuevo Continente, solo con un fajo de billetes así como con el reloj y el sombrero de mi padre. Ese que cada vez que me pongo hace que muevas la cabeza con gesto de negación.

—Es muy ridículo —"Nube blanca" trata de someter la risa posando la mano en su boca. Hale se regocija del brillo intenso de sus ojos.

—En un principio pensé regresar a África —Hale continua su relato con una sonrisa plantada en su cara—. Se que ese hubiera sido el deseo de mi padre. El que yo continuara su labor en contra de la esclavitud, pero era joven y estaba lleno de resentimiento contra mis hermanos, mi madrastra y la sociedad que murmuraba a mis espaldas. Lo único que quería hacer era alejarme lo más posible de todo aquello que había conocido.

—¿Y viniste aquí? —"Nube Blanca" termina la frase—. ¿ Cómo sobreviviste sin tribu, sin familia?

—Al principio fue fácil. Tenía el fajo de billetes en el bolsillo y muchas ideas locas en la cabeza, pero según pasó el tiempo se me acabó el dinero. Puse un telegrama a mi madrastra solicitándole más y aun estoy esperando la respuesta — Hale se ríe entre dientes—. Así que pensé ¿Ash qué es lo que sabes hacer? ¿De algo tendrás que vivir? Tengo los modales de un caballero pero nadie quiere un tutor negro para sus hijos blancos. Hablo varias lenguas y tengo facilidad para ellas. Soy un hombre joven y simpático que se sabe relacionar con la gente, y se seguir el rastro de cualquier animal o persona por la selva, el desierto o cualquier otro terreno, así que me dirigí al cuartel del ejército en Charleston y ofrecí mis servicios como explorador. Como puedes ver a los quince años ya había tomado varias decisiones que cambiaron mi vida y mi futuro:

¿Ir a África o al nuevo Continente?

¿Regresar a casa con el rabo entre las piernas o ingresar en el ejército?

—¿Qué paso Hale? —inquiere con curiosidad "Nube Blanca"— ¿Por qué cambiaste tu nombre? Entre los de mi raza aquél que cambia su nombre es por que cree que sus espíritus lo han abandonado y busca con un nuevo nombre la gracia de otros de los muchos espíritus que pueblan nuestra vida. ¿Es eso? ¿Tus espíritus te han abandonado?

—Yo solo creo en un espíritu llamado Cristo, pero no se si me ha abandonado o no. Solo se que las cosas que vi me hicieron renegar de mi anterior identidad.

—¿Que viste?

—Después de llevar cinco años trabajando para el ejercito —Hale toma un trago de agua antes de seguir con su relato— me encomendaron una misión de exploración en solitario. La misión era vital pues temíamos un ataque organizado de los indios y yo era el encargado de encontrar sus asentamientos y marcarlos en un mapa para tenerlos controlados. Así que cabalgue como no había cabalgado nunca. Con el viento del desierto escaldándome las mejillas, bajo un sol de castigo. En mi camino solo me encontré con poblados desiertos, quemados y asolados, algunos cubiertos de cadáveres de nativos y aun ardiendo. Ni rastro de aquellos indios de los cuales temíamos el ataque. Mi mente se quedó en blanco ya que no podía concebir que tanto horror fuera obra de los soldados a los cuales servía. Sangre y sangre, sobre sangre. Cuando salí de mi letargo comprendí que aquello no tenía sentido pues en mi camino también me encontré con caravanas de colonos asoladas. Si todos los indios estaban masacrados la sangría en las caravanas de colonos tenía que ser obra de un tercero. Alguien que estaba empeñado en enfrentar a blancos y los indios. Y le daba igual a quien mataba para conseguirlo.

Me di cuenta de que todos eran iguales. Los soldados, los vaqueros, los indios. Todos eran hombres que podían cometer horribles actos de violencia contra inocentes. No quería tener nada que ver con eso, con ninguno. Combatí un impulso breve e intenso de parar el caballo, de dejarme caer sobre la suave arena y envolverme en su calor. Yacer allí hasta que encontrara la solución para evitar el baño de sangre que envolvía la región, pero me di cuenta que necesitaba pruebas. No podía volver con las manos vacías, así que vague durante semanas de pueblo en pueblo, de taberna en taberna, escuchando los rumores pero no conseguí nada así que volví al fuerte para informar de mi teoría. "Un escuadrón organizado de blancos son los responsables de los ataques" —expuse a mi superior.

—Una historia terrible —"Nube blanca" se revuelve incomoda en su manta.

—Y esa fue mi tercera bifurcación del camino —sentencia Hale—. La más importante hasta el momento. El capitán no me creyó. Deshecho mis teorías y ordeno salir a la mitad del regimiento en pos de cualquier indio que estuviera por la región, mientras a mi me mandó. directo al calabozo. Aquello fue lo que me salvo la vida cuando los pocos indios supervivientes asaltaron el fuerte. En la confusión del ataque escape pero para el resto del mundo allí falleció Ash Lewis hijo y hermano del Conde de de nacimiento y explorador y guía de corazón. Murió Ash y nació Hale Santiago el buhonero intrépido, capaz de encontrarte lo que buscas. Que trabaja igual con blancos, negros, indios.

—¿Te arrepientes de tu decisión Hale? ¿Volverías atrás y tomarías otro camino?

—Creo que no. Ash Lewis no tenía a nadie que le esperara. Pasaba por la vida sin pena ni gloria. pero Hale Santiago es diferente. Cuando entro con mi caballo y mi mula en un pueblo minero o en una aldea nativa me persiguen los niños riéndose. Esos niños son iguales independientemente de su raza. Se ponen contentos porque saben que les contare las historias de mis aventuras, porque les regalare dulces si me traen a sus padres para que les venda mis cachivaches. Ahora me siento útil. Vendo emplastos, curas y demás medicinas, cacerolas, pieles, redes, animales, cualquier cosa que necesiten yo se la facilito. Y en mis viajes he descubierto lugares maravillosos. Cataratas, bosques, desiertos, desfiladeros, selvas. En uno de ellos escuché un relato sobre Nankoweap y esa fue la cuarta bifurcación del camino, cuando os encontré y decidisteis salvar mi vida.

—Es curioso —"Nube Blanca adopta el tono de Gran Chaman para replicar a Hale"— por tus palabras veo que por dos veces engañaste al gran espíritu en tu viaje final. La primera vez en el cuartel y la segunda vez cuando el espíritu del Águila decidió salvarte y traerte a nosotros. Así pues tu camino y el mío estaban dispuestos a encontrarse. Espero con tu ayuda salvar a Nankoweap.

—¿Por qué? ¿Por qué Nankoweap necesita salvación? —Hale está un poco desconcertado.

—Fuerzas oscuras se acercan —"Nube Blanca" reprime un escalofrío—. Corren malos tiempos para mi pueblo, pero con tu ayuda y la de los espíritus lograremos ver una nueva estación. Dime Hale ¿Que haremos cuando lleguemos al pueblo? Necesito encontrar al demonio bicolor y saber que es lo que pretende sin desvelar mi identidad.

—Yo tampoco puedo exponerme en el pueblo —recuerda Hale—. Tanto el demonio bicolor como esa pistolera rubia me conocen y si nos ven juntos sospecharan de ti. Así que he pensado lo siguiente: Lo primero de todo nos dirigiremos a mi carromato. Antes de acudir al rancho lo deje al cuidado del reverendo de la ciudad. Un hombre de dios un poco peculiar llamado Vex. Luego ya no tuve tiempo de recuperarlo ya que me embarqué en el viaje a Nankoweap, pero creo que ese hombre es de confianza y puedo confiar que aún conserve el carromato y sus pertenencias. A partir de ese momento me dirigiré a usted como la señorita Lauren Lewis, a la cual he tenido el honor de escoltar en su largo viaje. Usted se dirige al Rancho del doctor McCorrigan para ofrecerle sus servicios como afamada chef. Yo me quedaré en compañía del reverendo y tú te presentarás en el rancho. Aprovecharemos tu color de la piel y te harás pasar por una gran cocinera. Es conocido por todo el mundo los gustos refinados del doctor MacCorrigan. Le puedes decir que vienes directamente de Paris. De trabajar con los mejores cocineros de la ciudad y que te diriges a la costa. A la gran ciudad que se está creando allá. El de seguro que no dejará pasar la oportunidad de disfrutar de tus platos por unos pocos días. ¿Serás capaz de hacer eso? ¿Podríass cocinar para un montón de hombres? —Hale desliza la pregunta dubitativo.

—Me ofendes Hale —le recrimina "Nube Blanca"—. La educación que he recibido en mi tribu ha sido completa. Mientras "Alce Negro" me enseñaba el camino de los espíritus y el don de cuidar el cuerpo y el alma de los hombres, las mujeres de la tribu me enseñaron a cocinar, lavar, coser, etc. "Oso Feroz" me enseño a rastrear a los animales y a cazar. Y "Pequeño Hombre" me subió a la grupa de un caballo antes de que pudiera ni siquiera andar. Así pues si que puedo cocinar para toda la gente que sea necesaria.

—Si consigues quedarte en el rancho, conocerás a la mujer con un ojo azul y el otro marrón. Pero debes de tener mucho cuidado con ella, no en balde le llaman el diablo bicolor.

—Lo se, Hale —"Nube Blanca corta la conversación"—. Ahora debemos descansar Hale. El viaje justo acaba de empezar y no sabemos lo que nos deparara así que debemos dormir para coger fuerzas. Yo haré la primera guardia y ya te despertare cuando te toque a ti…

La noche pasa sin sobresalto alguno, al igual que los dos siguientes días. Al caer la noche del tercer día, Hale Santiago y Lauren lewis descabalgan a la entrada del pueblo que crece junto al rancho del doctor McCorrigan y, cogiendo los caballos de las riendas, se amparan en las sombras de la noche camino de la iglesia del pueblo. Apenas hay gente en la calle principal. Solo se adivina, acercándose hacia ellos con el andar ondulante y dubitativo de los borrachos, a un pistolero. Lauren y Hale se paran un momento, dudando si continuar o no. El pistolero trastabilla y se tiene que apoyar en la columna de un soportal para no perder el equilibrio. El sombrero se le desliza de la cabeza y una hermosa cabellera rubia se desparrama por sus hombros. La luz de un farol cercano golpea su cara, reflejándose en unos hermosos ojos color esmeralda. Una mirada impregnada de alcohol y desdicha.

—¡Mierda! —Hale siente de nuevo el lacerante dolor de la bala incrustándose en su hombro. El terreno cediendo bajo sus pies. El vacío devorándolo—. Es ella —murmura—. La que me disparó.

—Vamos — "Nube blanca" reacciona con presteza—. Ata los caballos al poste más cercano y, cogiendo a Hale de la mano, sube los tres escalones que les separan de la puerta de la casa más cercana. La luz de un farol de color rojo alumbra sus caras al empujar la puerta…