Para EnriqueAg, Aure y Abriless.
Las reviews favorables nos llenan de orgullo y satisfacción, pero son las reviews negativas las que nos hacen ponernos las pilas y sacar lo mejor de nosotros para poder hacer una historia realmente buena. Os agradecemos de corazón vuestras críticas. Seguir haciéndolo. Nos ayudan a mejorar.
El habernos autoimpuesto el acabar la historia en 16 capítulos hace que a veces, tal y como dice Abriless, aceleremos la trama. Vamos a ver si llevamos las cosas con un poco más de calma y si nos salen más capítulos, pues más disfrutaremos.
Desde que concebimos esta historia una de las cosas que más nos atraía era explorar la posibilidad de una relación romántica entre nuestro reverendo y nuestra caza recompensas. El primer paso, un poco brusco tal y como dice Enrique, ya está dado. A partir de ahora veremos si hay posibilidades para que nuestras dos almas perdidas puedan encontrar el consuelo la una en la otra, o si eso es una causa perdida. Lo haremos sin pausa, pero sin prisa, ya que necesitamos que volváis a creer en Tamsin y en Vex. Ellos dos son, a su manera, adorables.
Como dice Aure, la esclavitud es algo repugnante. Y el hecho de obligar a una persona a prostituirse también lo es. A Evony la necesitábamos en el "Farol rojo". Ese sitio es uno de los epicentros de la historia y nuestra querida "tontita" tenía que estar ahí si o si. El camino escogido se ha desvelado bastante desafortunado y ha dado pie a alguna que otra conclusión acelerada. Nada más lejos de la realidad. Leed y lo sabréis.
Esperamos de todo corazón haber acertado esta vez y que estemos en el buen camino. Si es así, hay que recordarle a Enrique que habrá gastado su segundo deseo. Que guarde el tercero como oro en paño.
Gracias a todos por estar ahí.
Saludos desde Desembarco del Rey y desde el Muro.
Samwell123 y Kimba68.
Fried green tomatoes.
Muchas cosas han cambiado en el pueblo desde el día que llegaron Nube Blanca y Hale. Algunas personas han cambiado el punto de vista que tenían sobre otras. Otras están a punto de hacerlo. Incluso hay un edificio nuevo en construcción. Y los nombres. Los nombres también han cambiado ya que nadie conoce a Nube Blanca y en cambio todos respetan a la señorita Lauren Lewis.
Por cierto, no sé si os lo he comentado, pero el día que llegaron Hale y Lauren fue el primer jueves de mes. ¡Y qué jueves! No sabéis el lío que se formo en el "Farol Rojo".
Una Bo furiosa arrastrando a una acobardada Evony.
Zee, una de las chicas de Madame Kenzi, posada en la puerta sin saber qué hacer.
Crystal tirándose de los pelos.
Lauren y Hale ocultándose en la habitación de Alex…
Menos mal que Kenzi pudo con todo.
En un periquete organizó el caos. Compartió con Bo una botella de su mejor whisky, dejándola desahogarse sobre lo zorra que era, a su parecer, la tontita del este; Sobre lo cabrón y calzonazos que era su capataz. Y, sobretodo, del daño que le habían causado entre los dos al pobre Bruce y a su amiga Ciara. La pobre, según palabras de Bo, ya tenía suficiente con los tres mocosos que revoloteaban a su alrededor, con el añadido del que guardaba en su vientre, como para encima tener que soportar a un marido infiel y a una hermana ligera de cascos.
Kenzi calló. Calló y escucho hasta que Bo estuvo un poco achispada. Entonces la mandó para el rancho, acallando las protestas de Bo sobre la necesidad de tener algo de "acción" para sacudirse el enfado.
—Vete y cuida de Ciara —le dijo con seriedad.
Una vez alejada Bo de la casa se puso en acción. Ordenó a Zee que compartiera su habitación con Evony hasta que decidieran que hacer con ella. Lauren compartió la habitación con Alex, aunque la verdad sea dicha no durmió nada ya que estuvo velando el sueño de la enferma.
Y os preguntareis ¿Qué paso con Hale? Pues él se ofreció a dormir en el establo con los caballos alegando que no sería conveniente que un hombre empañara la reputación de tanta señorita. Y la verdad sea dicha, se quedo bastante desconcertado con las risas de esas "señoritas" mientras abandonaba la casa.
Para Hale el espíritu femenino era algo tan insondable como la más negra de las noches, se dijo el Buhonero mientras se preparaba un lecho de paja en el establo.
Y al día siguiente, viernes, se reunieron todas las señoritas para ver cómo demonios podían arreglar el desaguisado en el que se encontraban. Y así, entre todas, idearon la historia perfecta para que Lauren se presentara en el rancho del doctor McCorrigan sin levantar sospechas. Acordaron que, a pesar de lo que pudiera pensar una "muy ofuscada Bo", el burdel quizás no sería el sitio más conveniente para la señorita Evony. No obstante le ofrecieron hospitalidad a cambio de que tocara el piano en el salón por las noches y de que ayudara en la barra de la cantina. Juraron mantener en secreto la identidad de Nube Blanca y, en vista de que la reunión fue tan productiva, acordaron reunirse todos los viernes a las cinco de la tarde para debatir sobre cualquier tema…
Y como el tiempo pasa volando hoy se celebra su quinta reunión. Hemos pensado invitaros a que asistáis con nosotros a la misma. Pero eso sí, queridos lectores, tenéis que hacer el sagrado juramento de todo lo veáis y escuchéis debéis mantenerlo en el más estricto secreto pues la vida de un pueblo entero depende de ello.
Porque todos queremos salvar a Nankoweap.
¿O no?...
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—Muy bien chicas —Kenzi pasea una satisfecha mirada por las chicas que están sentadas junto a ella en una mesa del salón, Aprobando con la mirada la exquisita colocación del juego de té en la mesa—, como veo que Lauren y Tamsin se retrasan empezaremos la reunión sin ellas. El viernes pasado hablamos de lo que nos gustaría hacer si alguna vez salimos de este pueblo de mala muerte. Gracias al señor Hale y a sus clases quizás alguna consiga hacer realidad dichos sueños.
Las chicas ahogan una risita nerviosa al oír el nombre del buhonero negro.
—Recapitulando —Kenzi hace un esfuerzo por no contagiarse de las risitas e intenta teñir la reunión con algo de la seriedad que se supone que ya debería de tener. El esfuerzo es casi en vano—.Alex dijo que le gustaría ser escritora y publicar una novela por entregas.
A Crystal le gustaría casarse y tener un pequeño rancho donde criar a sus hijos.
A Zee le gustaría triunfar cantando y que el público la adorara como si fuera la más importante de las diosas.
Lauren no nos dijo que le gustaría, solo se puso más roja que un tomate y empezó a divagar sobre su pueblo y sus costumbres.
Tamsin soltó un gruñido y nos llamo a todas locas, para, a continuación, beberse ella solita casi una botella de mi mejor licor. Así que he decidido que este viernes practicaremos una de las lecciones del señor Hale y tomaremos el té como las damas inglesas y comentaremos lo que hemos hecho en esta semana. ¿Os parece bien? —Kenzi pasea la mirada por la sala y solo encuentra miradas de aceptación—. Perfecto —la morena asiente con la cabeza—. ¿Qué os parece si empieza Alex? Pero antes de nada,querida, sírvenos el té.
Mientras Alex sirve el té se escucha un portazo que retumba por toda la casa. El eco del portazo acompaña a unos pasos precipitados, preludio de la aparición de Tamsin, corriendo y refunfuñando como siempre.
—¡Maldito hombre! —Tamsin es un huracán que amenaza con arrasar con el juego de té—. No tiene otra cosa que hacer que estar dándonos sermones y lecciones todo el día. ¡No Tamsin!, no andes como un vaquero. Las damas no separan las piernas.
¡Bruce! ¡Vex! cuidado con ese madero. ¿Qué queréis? ¿Que la escuela se hunda antes de abrirla?
¡Tamsin! Suelta ese martillo. Las damas no cogen herramientas. ¿Pero qué dama ni que cuerno quemado? ¿Es que ese hombre no tiene ojos en la cara?
El mayor error de mi vida fue no pegarle un tiro en la cabeza cuando apareció por la iglesia a por sus cosas y se dio de bruces conmigo. En vez de eso seguí los consejos del reverendo y, con lágrimas que no creo que se merezca, le pedí perdón.
¿Y que hizo él? Compincharse con Vex para construir una nueva escuela para el pueblo y obligarme a ayudarles como penitencia por mis errores. ¡Hombres! —Tamsin calla un segundo para coger aire.
—Tamsin —Kenzi ahoga una de las habituales risas que la presencia de aquella tormenta rubia tiene a bien producirle cada vez que aparece por el burdel—, estamos encantadas de que hayas decidido acudir a la reunión, aunque sea tarde. Y como veo que tienes ganas de hablar, te invitamos a que te desahogues tranquilamente y nos cuentes como van los trabajos de la nueva escuela ¿Progresan nuestros carpinteros aficionados bajo las instrucciones del señor Hale? Espera —Kenzi detiene la respuesta con un gesto del la mano—. Alex sírvele el té a Tamsin. Que beba algo antes de responder o puede que se atragante.
Alex está a punto de derramar el té al escuchar el bufido que suelta Tamsin.
—¿Té? —chilla la rubia—. Yo necesito un whisky doble. Desde luego no sé como aguantáis al negrito de las narices. ¡Ah, claro!, ya lo sé. Os tiene a todas enamoradas.
—Ok, Tamsin. Tú ganas. Alex sírvele un whisky a Tamsin…
—Por fin alguien que comprende mis verdaderas necesidades —la rubia interrumpe a Kenzi con un guiño de ojos.
Pero a cambio de que te sientes —Kenzi le dedica una franca sonrisa—, y no interrumpas. Y que te quede claro esta vez no te vas sin participar activamente. Que yo creo que solo vienes a beber gratis y para eso te vas a saloon del pueblo.
Cristal levanta una mano reclamando la atención de su Madame.
—Sea pues —Kenzi coge una taza de té y le da un ligero sorbo—que empiece Cristal. Dinos querida. ¿Qué has hecho esta semana mientras no trabajabas?
—Bueno—Cristal pasea la mirada, ligeramente turbada, por entre sus compañeras—,yo he recibido clases de historia del señor Hale. Esta semana he aprendido que Londres se extiende sobre una tierra antigua. Una tierra que marca su historia y su realeza. Los palacios y las iglesias se alzan con esplendor, cada uno de ellos diferente a las demás, y cada uno de ellos orgulloso del lugar que ocupan en la ciudad. Los muelles y las casas humildes muestran signos de putrefacción y apestan. Un deterioro que demuestra el engaño que subyace. Londres es un lugar que habla de la gente que la habita, reyes, nobles, plebeyos…
—Veis —interrumpe Tamsin—, eso es lo que os decía. Para que mierda le sirve a Crystal saber nada de Londres. Ella lo que quiere es pescar a un incauto y tener niños. No necesita saber ni historia ni poesía. Lo único que necesita saber es como manejar lo que lleva manejando dos años en casa de Kenzi. No necesita a ese principito de color para pescar un marido.
—Pero el señor Hale dice que la conversación es un arte —Zee interrumpe la diatriba de Tamsin—. Un arte que permite que la gente se conozca y que, mediante un lento baile de palabras, nazca una relación entre ellos. Incluso, si hay suerte, hasta hacer amigos. El dice que no hay necesidad de desnudar el alma ante cualquier desconocido, a menos que desee que sus más preciados secretos corran de boca en boca sin ningún tipo de reparo.
—Ja ja —Tamsin se regocija con las palabras de Zee—. Lo que yo decía estáis todas enamoradas de ese botarate de color. ¿Qué te parece Kenzi? —la rubia apura un gran trago y continua su discurso—¿No estás ni siquiera un poquito celosa de tus muchachas? Parece que te van ganando terreno con tu príncipe azul.
Kenzi sostiene la mirada de Tamsin como puede. Su blanca piel va tomando un color ligeramente sonrosado.
—¿Azul? —la rubia detecta el rubor de la madame y para ella es como más leña al fuego. Se envalentona y continua—. Perdón que me he equivocado. Que es negro.
—Tamsin —susurra Kenzi.
—¡Etiqueta! —continua Tamsin— Ese hombre no sabe hablar de ninguna cosa útil. Solo sabe hablar del que se debe decir y como se debe decir. De como tenemos que vestirnos, como tenemos que caminar. Por dios si hasta pretende enseñarnos …
—¡Basta! —exclama Kenzi con brusquedad—. Nos vamos a tomar el té en silencio y nadie volverá a hablar para burlarse de nadie. ¿Está claro Tamsin?
—Como el whishy —la rubia apura otro trago y pasea su mirada de suficiencia por el salon.
El silencio invade el salón. Las llamas crujen consumiendo los troncos de madera. La noche va ganando terreno al otro lado de la ventana sin cortinas, haciendo avanzar las sombras de la oscuridad sobre el suelo, jugueteando con los dibujos de la alfombra. La luz de las velas traza un círculo alrededor de todas las mujeres de la habitación. Los minutos pasan, las tazas se vacían. Tamsin apura los últimos tragos de la botella.
—Bien, ahora que estamos todas más tranquilas, hablare yo — Kenzi deja salir un suspiro ahogado—. A pesar de lo que puedas pensar, Tamsin, aquí ninguna de nosotras somos estúpidas y a todas nos gusta que un caballero nos trate con respeto. Y sí, he dicho caballero. Porque a pesar de ser un buhonero, el señor Hale es el único hombre que hemos conocido que siempre, siempre —Kenzi hace énfasis en la palabra—, nos ha tratado a todas con el máximo respeto.
A Tamsin se le empieza a atragantar el último trago de whisky.
—Lo único que pretende —Kenzi fija sus hermosos ojos azules en los dos faros esmeraldas de la rubia, amenazando apagarlos con el fulgor de su mirada—, es darnos una cierta educación para que no tengamos que estar toda la vida en el farol rojo abriéndonos de piernas a cambio de un miserable dólar.
—Bien dicho —murmuran sus chicas al unísono —. Definitivamente la mirada de Tamsin se apaga.
—Y en cuanto a ti —el ataque final es inesperado por su crudeza—, tú eres la mujer que se vendió al rastrero del padre de Bo, le pego un tiro al señor Hale, con intención de matarlo. Y aun así lo único que hizo fue perdonarte y ahora está ayudando a "tu reverendo" con su plan de crear una escuela para los niños del pueblo.
Tamsin suelta un bufido y abre la boca para replicar…
—Y el pobre Bruce —Kenzi le corta con fiereza—, al que le han puesto la cornamenta antes de pasar por el altar se está matando a trabajar para ayudar a "tu reverendo" a levantar la escuela detrás de la iglesia.
Un galimatías incompresible, por toda respuesta, es todo lo que puede murmurar la rubia ante tanta verdad.
—Que murmuras Tamsin —Zee sonríe con la victoria impresa en su mirada—, no te entendemos.
—¡No es mi reverendo! —el bufido de Tamsin resuena por toda la estancia—. Solo me acosté con él una vez y estaba más borracha que una cuba. ¡Por dios!, creía que acababa de ver un fantasma y necesitaba agarrarme a algo. Además no creo que cuente mucho, ya que no me acuerdo si estuvo bien o mal. Si me importara el reverendo digo yo que me acordaría. Eso sí —Tamsin ahoga una risa que contribuye a aligerar el ambiente—, cada vez que me acerco a él se pone nervioso y empieza a tirar o a romper cosas.
Kenzi le perdona con la mirada a Tamsin sus barbaridades, lo que da pie a que la rubia se anime a zanjar el asunto. Ya sea por que aquel grupo de mujeres es lo único parecido a unas amigas que ha tenido nunca y no está en su ánimo perderlas, ya sea porque la botella de whisky se ha acabado. Y por ese camino de seguro que ni agua le dan.
—En cuanto al principito —Tamsin no tiene remedio y se arranca con una pequeña burla—, reconozco que no cuenta mentiras. Dice muchas verdades. El otro día me contó algo interesante. Escuchad: Si un matrimonio tiene muchos hijos se dice que el marido es muy potente, pero si no los hay se dice que la mujer es estéril. Y, en según que culturas y dependiendo del hombre, este puede llegar a repudiar a la mujer. Y una mujer sin recursos solo puede depender de su cuerpo para ejercer la más antigua profesión del mundo, que aparece hasta en la dichosa Biblia del reverendo Vex. Él me dijo que esto estaba mal, muy mal. Y es algo con lo que yo concuerdo.
—Tamsin —Alex se anima a responder a la rubia—, Hale no nos miente a ninguna. Él proclama una verdad acerca del romanticismo, el amor autentico y la vida real. Él nos explico a todas lo que quieren los hombres. Quieren a una mujer que les ame, que su vida se desarrolle alrededor del sol que es el hombre. Pero un hombre, al igual que el sol, no ama a su mujer. Brilla para su mujer, calienta a su mujer, protege a su mujer, pero el sol no ama como lo hace una mujer…
Los pasos de una agitadísima Lauren interrumpen la conversación.
—Se puede —murmura con una mezcla de timidez y agitación—.Necesito desesperadamente vuestra ayuda.
—Es Bo — exclama Kenzi con premura— ¿Se encuentra peor? ¡Maldita estampida! —la morena se deshace en preguntas a Lauren y manifiesta su, más que evidente, enfado por el comportamiento de su amiga—.Solo se le ocurre a esa mujer salir a conducir una manada de ganado después de discutir con su padre y beber como una esponja. Gracias a Dios que cuando Dyson la trajo al rancho inconsciente y pisoteada ya estabas tú allí para ayudarla, ya que "el gran doctor" McCorrigan ni se molestó en mirarle las piernas. Te jugaste tu tapadera para inmovilizarla y entablillarla las piernas …
—No es Bo— Lauren calma los ánimos de la madame para, a continuación, ponerse roja como un tomate. Ella lo único que hace es estar en el porche de la cocina todo el día, siguiéndome con la mirada como un coyote mira a su presa. Y gruñir a todo el mundo —apostilla la gran chaman—. No sé por qué lo hace, pero cada vez que un vaquero se pasa por la cocina a por algo de comer fuera de las horas del rancho se pone a gritarle como una loca. Que si esta vagabundeando, que si no tiene trabajo que hacer…
—¡La mirada del coyote! —las tres chichas, junto a su madame, no pueden reprimir una carcajada.
—Que os hace tanta gracia —Lauren está algo indignada del tono con el que se están tomando sus urgencias.
—La mirada del coyote —Zee ahoga un bufido casi con lágrimas en los ojos—. Ya sabes, Lauren. El coyote…la presa…
—Oh, no —Lauren no enrojece, estalla de vergüenza—. No estaréis diciendo que Bo…Bueno, que Bo… Vosotras ya sabéis a lo que me refiero —Lauren lo deja por imposible. No le salen las palabras.
—Otra que es tonta, dios mío —exclama Tamsin—. No ve lo que tiene en frente de la cara. Va a ser que la única que tiene cerebro en esta habitación soy yo. Por cierto, Kenzi, ¿Me puedo tomar otra copa? Que al paso que vamos me vais a dormir con vuestra cháchara.
Kenzi le hace un ademán con la mano señalando la barra. Tamsin se levanta con el andar vacilante de quién ya se ha bebido una botella entera, calibra con la mirada la distancia hasta la barra y desiste de su cometido, dejándose caer pesadamente en la silla de nuevo.
—Por cierto, rubita —Tamsin fija su mirada en Lauren—, nos debes una historia. Tú viniste aquí con un propósito y nosotras estamos guardando tu secreto y el del principito de color. Que no veas lo que me costó convencer al coyote…
La risa es generalizada y amenaza con derrumbar las paredes del salón. Incluso Lauren deja asomar una tímida sonrisa en su cara.
—Bo —Tamsin recupera el resuello perdido—. Decía que me costó bastante convencer a Bo de que Hale no era el buhonero negro que expulsamos del pueblo y al que su padre me mandó seguir. Así que lo menos que nos debes es que nos cuentes todo lo que ha pasado desde que llegaste al rancho del doctor. ¡Hay dios! —Tamsin se da un golpe en la frente. La borrachera pasea por sus ojos esmeraldas—, me estáis convirtiendo en una cotorra romántica como vosotras,. Zee levanta ese culo de la silla y tráeme una botella.
—Vale, Tamsin —Kenzi pone un poco de orden—, deja que Lauren se explique. ¿Por qué necesitas nuestra ayuda?
—Es el Doctor. Va a dar una fiesta y espera a invitados importantes. Quiere que les deslumbre con un menú francés, pero yo no sé nada de comida francesa. Lo único que sé es alimentar a muchas personas a la vez, pero no sé nada de exquisiteces ni delicatesen. Y para rematar la faena, la señorita Stella no deja de entrar a la cocina para enséñame revistas con lo que ella llama menús y yo disimulo haciéndola ver que leo lo que me enseña y que estoy de acuerdo. Pero, Kenzi no se leer el inglés y no tengo ni idea de lo que quieren …
No te preocupes Lauren —Kenzi posa una mano en el brazo de Lauren—,entre todas te ayudaremos a preparar un menú para chuparse los dedos.
—Yo iré contigo el día de la fiesta —Crystal le dedica una tierna mirada a la gran chamán—, para ayudarte en la cocina.
—Objetivo menú perfecto —Zee se une al coro de amigas—. ¿Estamos de acuerdo?
Un si colectivo, acompañado de un ataque de risa, recorre el salón.
—Es genial —Tamsin no puede parar de reír—. Ahora las mujeres de vida alegre darán lecciones a la chef de cocina. Ni el dios de "mi reverendo" puede saber en que acabará esto.
—Basta Tamsin —Kenzi vuelve a enojarse ligeramente—. De verdad que no sé cómo te aguantamos ¿Tienes alguna receta interesante para aportar? Porque si no la tienes, te callas y te vas.
—Bueno —Tamsin levanta las manos, pidiendo una tregua—, a mi particularmente me encantan los "tomates verdes fritos".
—No me fastidies — exclama Zee con incredulidad. ¿Sabes hacerlos? Si es así, me encantaría aprender.
—Haber —Tamsin se pavonea como una gallina clueca—, que alguien apunte la receta. Y veamos si tenéis los ingredientes y os lo preparare para cenar. Y luego haber si sois capaces de aprender ha hacerlos de aquí al día de la fiesta.
—Dentro de 15 días —apostilla Lauren.
—Con quince días por delante no creo que tengamos problemas. Al lío. Lo primero que necesitamos son… Tomates verdes —Tamsin casi se desploma de la silla de la risa—. El nombre es por algo.
—Tamsin —Lauren le reprende con la mirada, pero no puede dejar salir una franca sonrisa—. La rubia es terrible, más cuando está borracha como ahora, pero hay que reconocer que tiene su punto.
Tenemos que lavar y cortar los tomates en finas rodajas —Tamsin parece que sabe lo que se hace y que por fin se lo toma con seriedad—, tirando la parte superior y la inferior. Después tenemos que salarlos y dejarlos reposar sobre un paño para que absorban el exceso de humedad. Mientras se secan, para ganar tiempo, podemos preparar la ensalada que servirá como base para los tomates verdes fritos. Necesitamos lechuga, cebolla tierna y bacón, aunque también los podemos servir con un poco de mayonesa y unas gotas de tabasco. Después rebozamos los tomates. Disponemos leche y yogur en un cuenco y lo mezclamos bien. Harina de trigo y de maíz en otro, mezcladas a partes iguales. Y pan rallado en un tercer cuenco. Luego seguimos el proceso habitual para cada rodaja de tomate, remojar, enharinar, remojar y empanar. Lo freímos con aceite vegetal o de cacahuete y dejamos que escurra el aceite en un trapo. Lo servimos sobre un lecho de ensalada.
El silencio y la admiración, a partes iguales, junto con las sombras de la noche se adueñan del salón. Tamsin sonríe como si hubiera encontrado una gigantesca mina de oro, o una bodega con miles de botellas de whisky.
—Que os parece chicas. ¿Lo probamos? —la risa de la rubia invade el salón. Sus ojos, dos faros verdes en la penumbra del mismo, refulgen de satisfacción…
