Queridos lectores: Ya hemos llegado al ecuador de la historia.

Como todos sabéis en un principio pensamos escribir 16 capítulos y debido a ello apresuramos un poco las cosas. De sabios es rectificar y gracias a los consejos de Abriless decidimos tomarnos las cosas con calma y extender la historia a 20 capítulos.

Debemos confesaros que nunca creímos que "nuestra novelita del oeste" tendría tantos lectores.

Esperamos sinceramente que sigáis con nosotros en los próximos 10 capítulos, pero este está dedicado con todo el cariño del mundo a: Abriless, Aure, EnriqueAg, Eric, kyoshiob69, Alondra, anaaa.84, Neshlud, Ruthil, Sara, encarnillamera…, MBA, LorenaJFT, ElenaRHT, Garbancito, Lanister, Cara, Rosario, Asun, klaysna, Jandro, Paquita, Mohammed, Elsa, MP, Marga y tantos y tantos otros que nos leéis pero que no os animáis a dejarnos un mensaje.

Chicos ¡hay que perder la vergüenza! Que todos somos amigos, así que ya sabéis a leer el capitulo y dejarnos vuestras opiniones, buenas, malas, regulares…

Samwell123 y Kimba68


GHOST OF THE PRESENT PAST

Pasado.

Fue un nacimiento corriente hasta el final, y entonces la criatura se precipitó fuera del útero gritando, con el cordón envuelto alrededor de sus manitas. La anciana también grito. A pesar de que había atendido a muchos nacimientos, algunos casi milagrosos, nunca había visto nada como eso. Rápidamente hizo la señal de los espíritus con la mano derecha, uniendo el pulgar con el índice, y exclamo:

—"Espíritus , salvadnos".

Ante el sonido, la criatura guardó silencio. La anciana suspiro y recogió a la niña de las pieles que cubrían el hueco cavado en la tierra. Se volvió hacia la madre y se la entrego para que la viera. Acto seguido se dedico a lavar la sangre del alumbramiento, mirando de vez en cuando de reojo a la madre y a la niña. Cuando terminó, abandono el tipi corriendo…

Presente.

La mujer lleva un rato andando. Cada vez está más fatigada. Un escalofrío la recorre de arriba abajo, como un gélido viento. Se da la vuelta mirando a los árboles, pero estos no se mueven por el viento. Entonces vuelve a sentir el escalofrío, que la hace ponerse en tensión y temblar hasta que cesa. La mujer se mira las manos. Las tiene blancas como la leche. Cada vez más nerviosa se encamina hacia Nankoweap. Cuando llega tiene un intenso dolor de cabeza localizado detrás de los ojos. Se tumba en las pieles de su tipi y el dolor se le extiende hasta la coronilla. No se parece a a ningún otro dolor de cabeza que recordara haber tenido. Siente como si alguien la estuviera metiendo una lanza en las profundidades del cerebro.

Presa del pánico, permanece un rato echada e inmóvil, con la esperanza de que desaparezca esa extraña sensación, pero en lugar de desaparecer le empiezan a doler los músculos de las piernas. En cuestión de minutos está retorciéndose y gimiendo. Sufre un ataque de tos y empieza a ahogarse. Al oír los ruidos, acude su hijo.

—¿Qué pasa madre? ¿Por qué esta acostada?

—No me encuentro bien. Busca a "Alce Negro" y tráelo…

Pasado.

Entró en la tienda y, durante un minuto, nadie se dio cuenta de que estaba allí. Estaban demasiado ocupados con su excitado murmullo de comentarios y especulaciones.

Aunque medía solamente un poco más que la estatura normal, daba la impresión de ser muy alto, y sus hombros se veían anchos y poderosos bajo las pieles. No llevaba tocado de plumas y tenía el cabello abundante, muy oscuro y cepillado hacia atrás, dejando ver una amplia frente sin arrugas. La cabeza era de huesos delgados, nariz grande, mandíbula firme y los ojos estaban hundidos en las cuencas huesudas, subrayados por ojeras de color violáceo, como si tuviera moretones. Pero lo que más impresiono a los ancianos era su cara, casi transparente como si se hubiera desangrado por la yugular.

¿Era la palidez de una enfermedad mortal, o de un cansancio cercano a la muerte? las oscuras órbitas lo resaltaban aún más.

¿"Roca Negra", es cierto? — pregunto despacio el gran chaman, con voz baja y monocorde. Sin acento, pero con un timbre y resonancia sorprendente.

Si venerable anciano. Mi hija tiene un ojo azul como los míos y un ojo marrón como los de su madre, Aife…

Presente

El anciano Sale de la tienda a inspeccionar la escena que tiene delante de sus ojos. El sol, dubitativo, apenas permite distinguir la línea del horizonte, como si estuviera temeroso de iluminar la muerte y la destrucción que cubre a Nankoweap. En casi todas las tiendas alguien había enfermado. Alcanza a ver la entrada de la gruta donde hombres, mujeres y niños yacen enfermos al borde de la muerte.

"Alce Negro" ha establecido la siguiente norma: al primer síntoma de malestar el enfermo debía ser trasladado a la gruta y apartado del resto de la tribu. Allí eran velados por varias mujeres ancianas, así como por él mismo. Pero la medida no servía para nada, la pasada luna habían fallecido 18. Al principio envió jinetes a las tribus cercanas para pedir ayuda, y estos volvieron con ungüentos, emplasto, pócimas, pero ningún remedio surgió efecto frente a este terrible enemigo invisible.

No podía esperar más. Cada noche abandonaba la gruta y se dirigía a su tienda para meditar y hablar con los espíritus pero estos no les contestaban. Una y otra vez tenia la visión de dos majestuosas águilas volando juntas, hasta que desaparecían en elhorizonte. Toda su experiencia y sabiduría le estaban fallando, pues nunca había visto una enfermedad igual. Los ancianos no recordaban nada semejante y precisamente por eso se temía que este mal venia del hombre blanco que no solo ocupaba sus tierras y mermaba la caza; ahora había traído consigo sus enfermedades y frente a ellas no tenían nada con lo que luchar.

Necesitaban a "Nube Blanca", ella era su ancla. Desde el momento en que la vio supo que esa niña cambiaria la vida de todos y ahora era un buen momento para empezar antes de que no quedara nadie en la tribu a quien salvar.

Estaba decidido mandaría a Pequeño Hombre con algunos guerreros tras sus pasos debían traerla antes de que fuera demasiado tarde y no quedara nada ni nadie a quien salvar…

Pasado.

El ruido de unos pasos ligeros la despertó. Aife se enderezó para enfrentarse al intruso y al instante supo quién era la sombra que se recortaba en la oscuridad. Se inclino sobre el bebe que yacía al lado del camastro de pieles y lo miro. ¡Era tan poderoso y tan endiabladamente guapo!

¿Esta despierta la niña?- preguntó con frialdad.

Aife saco las piernas de debajo de las pieles y se puso de pie. Sabía que no debía sentir por él lo que sentía, pero no podía evitarlo.

Dámela, no le haré daño.

¿Por qué quieres llevarte a nuestra hija?, aun no lo comprendo.

El consejo ha decretado que la niña debe acompañarme en mi viaje a Nankoweap. Algo transcendental sucederá allí ya que el espíritu del coyote y del águila están implicados y ya sabes que mi tótem es el coyote.

Pero¿ Porque ella "Roca Negra"? ¡Es solo un bebe! ¿Qué puede saber un bebe de presagios, espíritus y tótems?

¡Silencio mujer! Mientras antes me marche, antes regresare con ella…

Presente.

Un relámpago rasga el cielo nocturno mostrando a los siete jinetes. Luego la luz del relámpago se extingue y su presencia se convierte en sombra. "Pequeño Hombre" levanta los ojos al cielo y sólo puede ver las hojas de los árboles y la cortina de agua que cae sobre su cara.

—¿Sabes dónde estamos? —Pregunta "Flecha rota".

—No te lo puedo decir sin ver las estrellas —contesta "Pequeño hombre" quitándose un mechón de pelo que le cae sobre la cara—, pero estamos cerca. Este es el camino que seguí con Nube Blanca antes de encontrarnos con la "Gran hechicera", aquella que puede leer el humo sagrado. Ella nos dirá donde esta Nube Blanca.

—Necesitamos encontrar algún refugio —inquiere otro de los indios.

—Podemos construirlo con las hojas y con las ramas de los árboles —"Pequeño hombre" está de acuerdo—, aunque creo que hemos de seguir hacia abajo. Puede haber una cueva detrás de esa cascada…

Pasado.

"Roca Negra" inspeccionó el campamento. Una vez que se aseguro que cada vigía estaba en su sitio, volvió a su tienda. Sin dilación se dirigió hacia el bebe y se tranquilizo al ver que la niña seguía durmiendo. Se sentía culpable. Quizás no debería haberla apartado tan pronto de su madre, pero mientras antes hablaran los espíritus mejor para í sabrían a qué atenerse.

De repente oyó en la distancia un retumbar estruendoso que con el transcurso de cada segundo iba creciendo en intensidad. "Roca Negra" se enderezó rápidamente.

¡Caballos! ¡Caballos que corrían hacia ellos al galope!

Cogió el arco y las flechas y miro a la niña. Respirando profundamente retiro con urgencia la cortina de la tienda y salió al exterior.

De inmediato sintió que unos tenebrosos cascos negros se le echaban encima. Saltó hacia atrás de manera instintiva y cayó al suelo rodando por el.. El caballo sin jinete, que echaba espuma por la boca, relinchó y pasó corriendo a su lado. Los gritos de batalla resonaban a lo largo y ancho del campamento.

Disparos sin cesar.

Por los espíritus — pensó—. Nos están atacando. ¿Qué diablos les ha pasado a los centinelas? ¿Por qué no nos han avisado?

Un dolor le atravesó el pecho, y lo último que pudo ver antes de cerrar los ojos para siempre fue la cara de Aife cantando a su bebe…

Presente.

Dos lunas han pasado desde la tormenta, pero al fin los siete jinetes llegan a la pradera donde se alzan los tipis al lado de la pequeña laguna. Sin dilación se dirigen a la tienda de la gran hechicera que les espera a la entrada de la misma. Sin dejarles desmontar ella les dice:

—Os estaba esperando —la mujer tiñe de urgencia sus palabras—. Cuando la guerra duerme, aunque sólo sean dos horas. Cuando la crueldad y el exterminio toman aliento para una nueva mortandad, la humanidad despierta con una añoranza conmovedora de paz y al igual que esta añoranza nos trae la esperanza, vosotros debéis cabalgar sin descanso durante dos lunas hacia el norte. Cuando veáis el camino del caballo de hierro habréis llegado a vuestro destino. El grán águila os guiará hasta una casa con un farol rojo en la entrada. Allá mora el hombre negro que os llevará hasta vuestra guía, la bendecida por el águila.

Tened cuidado, pues junto a ella estará la hija del coyote. Recuerda estas palabras "Pequeño Hombre" y transmíteselas a Nube Blanca: Que recuerde el medallón que le di. Y cuando la hija del coyote se sienta acorralada y sin salida, agobiada por la sangre que ha derramado, que se lo entregue a ella. El propósito no es otro que una búsqueda, una misión. Cuando la hija del coyote me encuentre, yo calmare su hambre. Yo saciare su sed…