Para Kimba 68, guionista, coescritora, confidente…amiga, que hoy cumple los años.

Felicidades, jefa.

Y vosotros, queridos lectores, le habéis hecho uno de los mejores regalos posibles. Pasar de las 20.000 visitas en tan solo diez capítulos es una extraordinaria muestra de cariño y fidelidad lectora.

Uno, diez, cien, mil millones de gracias.

Eric, tus reviews nos encantan.

Aure, las tuyas también. Además tienes un nombre muy bonito.

Neshlud comenta poco, pero yo se que es una de las más fieles lectoras que tenemos. Y ese nombre transporta mi imaginación a territorios desconocidos, donde maravillosas historias van cobrando forma.

Vosotros tres sois los elegidos, pero en ellos estáis representados todos vosotros, queridos lectores. Disfrutad del capítulo y preparaos para lo que acontecerá en los venideros…

"War is coming"

Samwell123 y Kimba68.


THE DEVIL WEARS PRADA.

A Evony la estaban tratando bien en el burdel. De hecho, exceptuando las salvajes miradas asesinas que le dedicaba Bo cada vez que se cruzaba con ella, y la indiferencia con que la trataba Tamsin, que apenas cruzaba palabra alguna con ella, el resto de las muchachas eran amables con ella. Evony suponía que la profesión a la que se dedicaban las chicas ayudaba a quitarle hierro al "Desliz" que había cometido. Incluso Kenzi, la Madame, había sido correcta con ella. Le había puesto las cosas claras: comida y techo a cambio de ayudar en las labores del burdel. Sin compensación económica alguna. Si Evony quería ganarse algún dólar era libre de ponerse a trabajar como las otras chicas.

Evony calló. Calló y obedeció y se dedicó a fregar suelos, hacer la cocina y atender la barra del burdel. Incluso algunas noches se permitía el lujo de tocar el viejo piano del salón y amenizar, en la medida de sus posibilidades, los flirteos de las otras chicas.

Si algo tenía claro Evony es que no se iba a rebajar a subir las escaleras con ninguno de los rudos vaqueros que frecuentaban el burdel. Su sitio en la vida era otro. Ella aspiraba a cazar a un hombre galante y sensible, a ser posible rico, que se rindiera a sus encantos y le proporcionara la vida de lujo que ella anhelaba. En el este, en su ciudad natal, eso hubiera sido mucho más fácil de conseguir que varada en aquel burdel de mala muerte. Según lo veía Evony no le quedaban más que dos salidas. La primera era conseguir retornar al rancho del doctor MacCorrigan, el único sitio medianamente civilizado que había en millas a la redonda. En el rancho, pensaba Evony, quizás tuviera la oportunidad de seducir a alguno de los ricos rancheros que frecuentaban la compañía del doctor. La otra opción pasaba por atravesar la llanura y dirigirse a la gran ciudad que existía al otro lado de la misma. Una gran ciudad ubicada junto al mar, con infinitas posibilidades, de esto estaba casi segura, de medrar. El problema es que para aquella aventura necesitaba dinero. Y el dinero estaba en manos de su hermana Ciara. Sus padres se habían asegurado muy bien de que la díscola hija menor acabara donde ellos querían y habían mandado el dinero para su sustento no con ella si no por medio de un mensajero que la precedió y le avisó a su hermana de su próxima llegada, amén de hacerle entrega de los dólares necesarios para su sustento. Y desde su "Desliz" la relación con su hermana, más que pasar por un mal momento, era inexistente.

Evony, pues, se dedicó a pensar la manera de arreglar las cosas con su hermana o, en su defecto, de encontrar alguna manera de serle de utilidad al señor McCorrigan y que este la acogiera en su rancho.

Los días fueron pasando en el burdel. Evony trabajaba y pensaba. Trabajaba y pensaba. Trabajaba y…

Escuchaba.

Las chicas hablaban mucho entre ellas. Cuchicheos sobre sus clientes y sobre algunas cosas más.

La madame tenía sus pequeñas conversaciones con sus chicas y con algunas personas más que frecuentaban el burdel.

Tamsin bebía. Y cuando bebía se reía mucho con las chicas comentando una graciosa historia que de llegar a oídos de ciertas personas desataría un cataclismo en el pueblo.

Todos callaban, ese dato no se le pasó por alto a Evony, cuando la señorita MacCorrigan estaba presente.

Y así, poco a poco, entre susurros, risas, palabras de borrachos. Entre fregar, cocinar, tocar el piano…escuchar.

Evony acabó por encontrar el camino a la redención. Un camino que le abría de par en par las puertas del rancho del doctor McCorrigan y, con su ayuda, seguro que le garantizaría el acceso a su dinero…

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Evony se frota nerviosa las manos. Sentada en el gran sofá de piel del despacho del doctor MacCorrigan contempla como el pequeño hombre da buena cuenta de un gran vaso de whisky mientras su mirada vaga pensativa, pedida en las llamas de la chimenea. Ambos esperan la llegada de Dyson, que ha ido a buscar a Bo. Afuera de la habitación ya se empieza a notar en el bullicio previo a la gran cena de gala que va a tener lugar en el rancho. El día perfecto, piensa una Evony fleurette Marquise vestida como la ocasión pide, con sus mejores galas, para cambiar su destino de una vez por todas.

—¿Qué hace esta mujer aquí? —Bo apenas ha tenido tiempo de poner un pie en el despacho y su ira hacia Evony ya se ha desatado.

—Calla —el doctor MacCorrigan desvía la mirada de la chimenea y la fija el todos los presentes—. Calla y escucha lo que la señorita Fleurette nos ha contado. Creo que te va a interesar bastante.

—No creo que nada de lo que esta mujer os haya dicho me interese —Bo ya se está girando para marcharse de la habitación.

—¿Ni siquiera la verdad? —Dyson hace un tímido intento de detener a Bo.

—¿Qué verdad? —Bo duda un segundo.

—El señor Hale es en realidad el buhonero que tú y Tamsin expulsasteis del rancho hace un tiempo —la voz de Trick, cargada de seriedad se adueña del despacho—. Y esa mujer que vino con él. Esa mujer que yo contraté como cocinera y que estos mismos momentos está preparando la cena de gala. Esa mujer a la que tú dedicas más atenciones de las que debieras. Esa falsa mujer, es india —el doctor MacCorrigan escupe estas últimas palabras con odio—. Es una sucia salvaje con intenciones ocultas hacia nuestra familia.

—¿Cómo lo sabes? —Bo se gira con la sorpresa pintada en su cara y encara a Evony con fiereza.

—Todo el mundo en el burdel lo sabe —Evony busca con la mirada a Dyson, implorando que la defienda de la ira de Bo—. Tu amiga Kenzi y sus chicas la han ayudado a crear la fachada bajo la que se oculta. Y Tamsin también lo sabe y se lo calla.

—¡Mientes! —Bo levanta la mano con la firme intención de golpear a Evony. Dyson se interpone en su camino, agarrando la mano de Bo. Bo se revuelve como una serpiente herida y se deshace del contacto—. Padre —Bo se gira con furia—, es imposible que mis todos mis amigos me estén engañando. Si no hubiera metido a Kenzi de por medio podrías otorgarle algún crédito a sus palabras. Lo único que quiere esta mujer es salir del lugar a donde sus actos le han condenado y medrar a costa de personas inocentes —Bo se agarra desesperadamente a la idea de que Evony esté mintiendo. Lo contrario significaría la traición de todos sus amigos y la constatación de la mentira en la que se está desenvolviendo su relación con Lauren. Sería demasiado doloroso si fuera verdad.

—Esa posibilidad ya la he valorado —Trick hace gala de su prudencia—. Así que vamos a tener una pequeña conversación con la cocinera y a averiguar la verdad de todo esto. Pero ahora no. Traer a Lauren es estos momentos significaría la suspensión de la cena. Si lo hacemos ahora y la historia resulta ser cierta el rumor correría como la pólvora y acabaría manchado mi apellido, algo que no estoy dispuesto a permitir. Dyson —Trick imprime a sus palabras una gran seriedad—, vigila a la cocinera y cuando veas que ha terminado sus labores la traes a mi presencia.

—Si te acercas a ella te pego un tiro —Bo ya ha decidido por si sola quién es el mentiroso en esa habitación—. Yo hablaré con Lauren y os traeré las pruebas de las mentiras de esta perra —Evony se siente morir ante la intensidad del odio que destila la mirada bicolor de Bo.

Bo se gira y abandona el despacho con un fuerte portazo. Evony suspira con alivio. Dyson espera órdenes.

—Vigilalas —Trick hace un gesto con la mano hacia su capataz—. A las dos. A mi hija y a Lauren. Después de la cena ya veremos que hacer. Y usted, señorita Fleurette, es libre de disfrutar de la cena de esta noche, si así lo desea. Cuando comprobemos la veracidad de su historia —Trick también ha elegido bando—, tendremos una conversación en la que trataremos los términos de su recompensa por este trabajo.

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Lauren está dando unos toques decorativos a uno de los platos cuando Hale asoma la cabeza por la puerta de la cocina que da al exterior y le hace una seña para que se acerque.

—Hale, que sorpresa —Lauren se limpia las manos en el delantal al salir al exterior y juntarse con su amigo—. No sabía que estuvieras invitado a la cena. ¿Kenzi también viene? No, no lo creo —sentencia Lauren tras pasear la mirada por el porche buscando a la muchacha morena—. No creo que Trick se rebaje a tanto.

—Kenzi está muy ocupada —el tono urgente de Hale pone en alerta a Lauren— intentando calmar a "Pequeño hombre" y a los otros seis guerreros indios que tiene plantados en el salón de su casa, exigiendo ver a su "Gran chamán". Por no hablar —Hale traga saliva— del gran águila que les precedía y que se ha posado encima del farol rojo, a la vista de todo el mundo.

—¡Mierda! —Lauren siente el frío abrazo de un peligro ignoto que acecha tras aquellas palabras—. ¿Qué es lo que ha pasado para que "Pequeño Hombre" se haya arriesgado a venir a buscarme?

—Nankoweap se muere —Hale no puede reprimir un gesto de pesar—. Unas extrañas y letales fiebres se han apoderado de las gentes del poblado y lo están diezmando. Tu abuelo se ve incapaz de detener el avance de la enfermedad y reclama tu presencia junto a él.

—Vámonos —Lauren se quita el delantal con rapidez y lo tira al suelo, comenzando a andar a grandes pasos.

—Espera un segundo, Lauren —Hale sujeta por el hombro a su agitada amiga.

—¿Esperar a qué? —Lauren se remueve intentando soltarse del firme abrazo de su amigo—. Mi pueblo se muere, Hale. Nada de lo que hay aquí importa.

—Algo hay —Hale no cede su presa—. Si no, no estarías aquí. Fueron tus premoniciones de un futuro negro para Nankoweap las que te trajeron a este lugar…

—En busca del demonio de ojos bicolores, lo sé. Pero eso no importa ya.

—No —Hale se mantiene firme—. Hay algo más, Lauren. Estás empeñada en regresar a Nankoweap dejando todo esto atrás. ¿Y que vas a poder hacer tú que no haya intentado ya tu abuelo? ¿No te das cuenta? Tus premoniciones te han traído a un lugar en el que hay medicinas que los indios no poseen. Medicinas potentes del hombre blanco. Este es el rancho del mejor médico en muchas millas a la redonda. Aquí es donde te han traído los espíritus. La cura para tu pueblo puede que esté ahí dentro y no podemos irnos sin llevarnos esas medicinas.

—Puede que tengas razón y la visión de los espíritus se refiriera al peligro de la enfermedad, no al peligro que representa Bo —Lauren se relaja, haciendo innecesario el abrazo de Hale—. ¿Dónde pueden estar esos medicamentos?

—Arriba —Hale señala con la mirada una ventana del segundo piso—, en la consulta de Trick.

Vamos. Encontremos esas medicinas y regresemos a casa de Kenzi antes de que "Pequeño hombre" pierda la paciencia y se presente en el rancho. Eso sería una absoluta tragedia.

Lauren y Hale se dirigen con rapidez a la segunda planta del rancho y, tras comprobar con alivio que la puerta de la consulta del doctor no está cerrada con llave, acceden al mismo. En el fondo de la habitación hay una estantería con botes de cristal repletos de medicinas. Lauren deja vagar su mirada por los estantes sin saber que hacer. Las medicinas del hombre blanco le resultan del todo desconocidas y no sabe cual de ellas puede valer. Está a punto de buscar algo en que meter todas las medicinas y marcharse de allí cuando Hale coge una pequeña mochila que se halla en uno de los sofás de la consulta y, tras dar un par de pasos, aparta ligeramente a Lauren del estante. Hale pasea su mirada por los botes de medicinas y mete media docena de ellos en la mochila.

—Yo tampoco conozco muchos de ellos —Hale le susurra a Lauren indicándole con la mano la salida de la habitación—, pero creo que esos son los más potentes y adecuados para combatir la enfermedad. Siempre y cuando haya entendido bien las explicaciones de "Pequeño hombre".

El suelo de la habitación cruje ligeramente al compás de unos pasos. Lauren y Hale vuelven la cabeza con la certeza de haber sido descubiertos. El tiempo se detiene por unos instantes hasta que una voz inconfundible rasga el espeso silencio reinante.

—¿Te acuerdas del viernes pasado? —la inconfundible silueta de Bo recortándose en la entrada de la habitación deja helados tanto a Lauren como a Hale. Uno de los ojos de Bo, el azul, brilla con reflejos apagados cargados de tristeza y decepción. El otro, el marrón, es un pozo de oscuridad insondable—. Yo me cogí una buena borrachera en la cena y tú sostuviste mis pasos camino del rancho. Hablaste sin parar de cabalgar por la llanura por el solo placer de hacerlo. De escalar montañas por el placer de hacerlo. Y al llegar a la puerta del rancho me diste un suave beso en la mejilla. Todavía conservo el calor de ese beso impregnado en mi cara. Supongo que así se siente la traición: como un fuego intenso que te devora por dentro.

—Bo —susurra Lauren con temor pero con firmeza—. creo que te debo una explicación —la mente de Lauren trabaja a toda velocidad intentando encontrar una excusa que justifique el robo de las medicinas sin comprometer su identidad.

—Llegas tarde —Bo echa mano al revolver y lo amartilla, apuntado a sus dos contendientes— Hace un rato Dyson mi padre y yo hemos escuchado una historia de boca de Evony. Una historia a la que yo no quería dar crédito. Pero ahora, visto lo visto ya tengo las cosas claras… Todo ese cariño. Toda esa amistad que me has brindado —la voz de Bo se va cargando de ira—solo era para mantenerme alejada de tus verdaderas intenciones. ¿Todo para poder robarnos unas cuantas medicinas? Yo te las hubiera dado si hubieras sido sincera conmigo y me las hubieras pedido.

Lauren se queda paralizada por unos instantes. El negro abismo que se empieza a abrir bajo sus pies amenaza con devorarla. A ella y a Hale. Y por añadidura a todos los que la han ayudado a mantener su identidad en secreto.

—Estabas en mis sueños —Lauren reacciona y decide que no merece la pena mentir más. Sea como sea tiene que salir de esa habitación y escapar del pueblo inmediatamente. Y todo pasa por convencer a Bo de que les deje marchar—. Soy "Nube blanca" Gran chaman de Nankoweap y tú eres el demonio bicolor que vi en mis sueños. Amenazabas con destruirnos…

—Eso es lo que yo hago —Bo, superada la sorpresa inicial de saberse ante una habitante del poblado tantas veces buscado, tiñe sus palabras de ira y amargura—. Para eso fui criada y educada. Para matar salvajes como tú.

—Vine aquí para conocerte —Lauren camina un par de pasos en dirección a Bo. Bo mantiene la pistola fija en "Nube Blanca". Hale ni respira del miedo que tiene—. Pues toda persona, por muy maligna que sea, siempre conserva en su interior una parte buena. Si eres capaz de encontrar esa parte y percutir sobre ella, puedes cambiarla. Puedes hacerla mejor de lo que es. Por eso vine hasta aquí, Bo. Para conocerte e intentar cambiarte. Pero ahora nada de eso importa, pues mi pueblo se muere y necesito acudir en su ayuda. Me necesitan a mí, y necesitan las medicinas de tu padre.

—No —las palabras de "Nube Blanca" han removido algo en el interior de Bo y esta no está dispuesta a dejar marchar a la única persona que le ha hablado de la posibilidad de que ella albergue algo más que maldad en su interior—. No voy a dejar que te marches de mi lado.

—Entonces tendrás que matarme, Bo —"Nube Blanca" se para a escasos centímetros del cañón de la pistola—. Mi pueblo me necesita y nada, salvo la muerte, me impedirá acudir en su ayuda.

"Nube Blanca" navega la mirada bicolor de Bo. Bo lucha contra los sentimientos encontrados que alberga su corazón. Hale respira con temor. La tensión se hace dueña de la habitación.

—Voy contigo —Bo toma una decisión que descoloca a "Nube Blanca" durante un instante—. Si quieres salir de este pueblo con vida y ayudar a tu pueblo tendrá que ser conmigo a tu lado. Si te niegas, apretaré el gatillo.

—Vamos —"Nube blanca" apenas se concede un segundo en valorar las implicaciones de dejar que Bo la acompañe a Nankoweap, simplemente está llena de una urgente necesidad de escapar—. La "Gran Chaman" se encamina hacia la salida de la habitación con celeridad. Bo guarda su revolver y la sigue. Hale, tras recordarles a sus piernas como se camina, sigue a las dos mujeres. El miedo y la sorpresa habitan por igual en su mirada.

En el exterior de la casa, "Nube Blanca" y Hale se montan en la carreta en la que ha llegado el hombre negro. Bo se dirige al establo y, en unos instantes, se presenta junto a la carreta montada en su caballo.

—Nos vemos en el farol rojo —"Nube Blanca" azuza con suavidad a su caballo y la carreta se aleja del rancho. Al principio con calma, intentando no llamar la atención. Una vez traspasada la puerta del rancho la velocidad se hace dueña de la carreta. Bo cabalga a su lado en silencio.

El grán Águila siente la presencia de la "Gran Chaman" instantes antes de que la carreta se detenga en la puerta del burdel. Remonta el vuelo lanzando un caluroso graznido de bienvenida y, tras un rápido vuelo, se posa en el tejado de la casa. Lista para partir.

La carreta se detiene. El caballo también. Todos se apresuran a entrar en el farol rojo…

—¡Mierda! —Bo recula con un bufido mientras saca su revolver y lo amartilla con celeridad."Pequeño hombre" y sus seis guerreros, asombrados de tener enfrente suya al demonio bicolor, reaccionan como lo que son, guerreros. Los cuchillos asoman. Los arcos se tensan. Las letales puntas de sus flechas relucen a la luz de los candiles—. Por eso no musites pegas en que te acompañara, Lauren. Sabías que tus hombres estaban aquí y que ellos te librarían de mí.

—¡Basta! —la Gran Chaman impone su autoridad—. Bajad las armas, hermanos míos. Tú también, Bo. Escucha, "Pequeño hombre": no solo Nankoweap está en peligro, también lo estamos nosotros. Mi identidad ha sido descubierta y de no ser por Bo no hubiera podido abandonar el rancho. Ella nos va a acompañar en nuestra huida. Está de nuestro lado.

—¿Cómo? —Kenzi apenas puede sostener la mirada de Bo. Tiene claro que si todo se ha descubierto, su amiga sabe de la traición cometida.

—Evony —estúpida—. Bo tentada está de darle un golpe a su gran amiga. Evony se ha enterado de todo y se lo ha contado a mi padre.

—"Pequeño hombre" —"Nube Blanca" corta la discusión con celeridad—, prepara los caballos mientras yo recojo mis cosas. Hale recoge tus cosas lo más rápido que puedas. Kenzi, chicas, Trick sabe que me habéis ayudado. Si queréis venir con nosotros os garantizo a todos un lugar seguro en Nankoweap, junto a mí.

—"Nube Blanca" —Hale se encara con su amiga—. Yo no quiero abandonar el pueblo. He construido la escuela y mi intención es quedarme aquí, dar clases a los niños del pueblo, casarme con Kenzi. Este es ahora mi hogar.

—Lo mismo digo —Kenzi se posiciona del lado de Hale. Las chicas hacen un gesto de conformidad a las palabras de su Madame.

—Hale —"Nube Blanca" intenta razonar con su amigo—. Trick sabe que tu conoces el paradero de Nankoweap. Vendrá aquí y te arrancará el secreto a golpes.

—Trick no es la ley en este pueblo —Kenzi se mantiene firme—. Recurriremos a Bruce, pero no dejaremos que un ranchero orgulloso nos castigue por no haber cometido delito alguno.

—Vamos, Kenzi —Bo se impacienta—sabes que Bruce no pinta nada. Mi padre es el verdadero dueño de estas tierras. Mandará a sus hombres y os capturaran a todos. Dejaros de estupideces y acompañarnos.

—Lucharemos —Hale sentencia con voz firme. Las chicas y Kenzi se muestran igual de seguras—. Defenderemos nuestro hogar ante la injusticia.

—Jodidos cabezones —Bo da por perdida la batalla y levanta la mirada para fijarla en Lauren—. Será mejor que cojas tus cosas y nos marchemos antes de que llegue mi padre. Kenzi —Bo se acerca a su amiga y le da un fuerte abrazo—tú y yo tenemos pendiente una conversación. Llama a Tamsin. Ella es la única que puede ayudaros a defenderos de mi padre.

—Alex —Kenzi se deshace del abrazo y encara a su chica —corre hasta la iglesia y cuéntale todo a Tamsin. Dile que la necesitamos con rapidez.

"Nube Blanca" se toma unos segundos para subir a su habitación y recoger sus cosas. Baja con rapidez de nuevo al salón y se planta frente a su amigo. Le da un tierno beso en la mejilla y un suave abrazo antes de volverse hacia sus guerreros.

—Tú — la "Gran Chaman" posa su mirada en uno de ellos—, creo recordar que tu nombre era "Flecha rota".

—Si, venerada —"Flecha rota" inclina la cabeza en señal de respeto.

—Ayuda a "Pequeño hombre" con los caballos. Solo vuestros caballos y Shadow, que está en el cobertizo. Vosotros cinco, mis hermanos —"Nube Blanca" encara al resto de sus guerreros—. Escuchad bien. Ahora todas las personas de esta casa son nuestros hermanos. Ellos son Nankoweap tanto como lo somos nosotros. Os encomiendo la sagrada misión de permanecer junto a ellos y defenderlos de los peligros venideros. Especialmente os encomiendo la protección del hombre negro. Vuestra vida incluso deberéis entregar, si fuera preciso, con tal de evitarle todo daño.

Un fuerte alarido, acompañado del entrechocar de sus armas da fe de que los guerreros de Nankoweap siempre obedecen a su "Gran Chaman", por peligrosa o extraña que sea la misión que les encomienden.

—Escuchadme todos —"Nube Blanca" se planta en medio del salón. Y por primera vez todos son conscientes del verdadero poder que alberga la "Gran Chaman" en su interior. Bo no puede impedir que su mirada recorra el cuerpo de la hipnotizante mujer—. Mandaré ayuda. Camino de Nankoweap ordenaré a todos los guerreros que encuentre a mi paso venir aquí a ayudaros. Mandaré jinetes al resto de los poblados. Levantaré al pueblo indio entero en pie de guerra, pues ahora esta casa es Nankoweap, y Nankoweap reclama que todos y cada uno de los indios que pueblan la tierra vengan en su ayuda.

"Nube Blanca" seguida de su fiel guerrero abandona la casa con celeridad. Bo, hipnotizada, camina detrás de ellos. Todos montan en sus caballos y se pierden, con celeridad en la oscuridad de la noche. El gran Águila remonta el vuelo y retoma el camino de los jinetes, vigilante desde las alturas.

—¡Joder! —resopla Crystal rompiendo el asombro general.

—¿Qué hacemos ahora? —Zee ahoga un suspiro.

—Atrancar puertas y ventanas —Kenzi reacciona con celeridad— y buscar todas las armas que haya en las casa. Esperaremos a Tamsin y la pondremos al mando. Hale —Kenzi le dedica una tierna mirada a su hombre—los indios son cosa tuya. Encárgate de que nos ayuden.

Todos se afanan en cumplir las órdenes de Kenzi. Los minutos pasan. La tensión se acumula dentro de la casa. Un espeso temor va haciendo mella en sus ocupantes. Temor que cede un poco cuando Vex empuja la puerta del burdel y entra al mismo con un par de cajas con comida. Detrás de él viene Alex con otro par de cajas y también aparece la caza recompensas junto a otras tres personas más.

—¡Pahuska! —murmuran los guerreros indios tensándose al verse enfrentados al demonio rubio de las llanuras.

—Amiga —proclama Hale con calma—. Amiga, ayuda, ¿Comprendéis?

— Amiga, ayuda —los guerreros indios asienten con la cabeza y se relajan.

—Vaya —Tamsin sonríe burlona—, ya veo que no soy la única que trae amigos nuevos a la fiesta. Os presento —Tamsin señala con la mano a un hombre rubio que está detrás de ella. Su cara, de duras facciones, enmarcada por una sonrisa que apenas llega a ocultar la pequeña barba de color pajizo que habita en su mentón. Sus ropas de piel dan fe de que se trata de un trampero. Habitante de las montañas que se alzan junto a la llanura. Gentes conocidas por su dureza, como atestiguan los dos revólveres que porta al cinto, amén de un gran cuchillo de desollar y un Winchester colgado del hombro—, a Eric, un amigo mío que estaba de visita en el pueblo y que se ha prestado a ayudarnos.

Eric se planta en medio del salón y hace un gesto de saludo con el sombrero.

—Y este par de terremotos —Tamsin señala a dos jovencitas apenas entradas en la madurez que vienen detrás del hombre rubio. Dos dulces mujercitas que son la viva imagen una de la otra. Tan iguales como dos gotas de agua, excepto por el hermoso pelo negro de una de ellas y la reluciente mata de cabello color oro de la otra. Las dos chicas llevan el pelo recogido en dos coletas que les caen a ambos lados de la cara, remarcando unas suaves facciones en las que destacan unas dulces sonrisas que se contraponen con unos ojos brillantes, duros, afilados, atentos, inmisericordes. Las chicas van vestidas igual que Eric. Ropa de pieles, revólveres al cinto, Winchester al hombro. Relucientes cuchillos de desollar de magnético brillo—, son sus hijas. Aure y Neshlud. Dos pizpiretas asesinas.

—Bienvenidos —la voz de Kenzi deja entrever la alegría que le supone la llegada de Tamsin y Vex. Con el añadido de la presencia del trampero y sus dos hijas, que por lo que parece van a ser valores seguros en la batalla que se avecina.

—Bueno chicas —Tamsin se acerca a la barra, coge un par de botellas de whisky y, tras lanzarle una a Eric, encara a Kenzi y al resto de los presentes— hoy no cocinamos…

Hoy peleamos.