RIDE LIKE A WIND.

"Pequeño hombre" tiene la habilidad suficiente como para cabalgar en medio de la oscuridad de la noche, por no hablar del instinto innato que parece anidar en el interior de Shadow y hace que el hermoso caballo jamás dude cuando "Nube blanca" monta en él. Incluso la luna, un cuarto creciente de luz plateada colgada en un techo tachonado de estrellas, parece haberse hecho eco de la urgencia de nuestros jinetes. El viento, sin embargo, no parece opinar de la misma manera. Lo que empezó siendo una suave brisa llevaba camino de convertirse en algo más que una molestia añadida a la precipitada huida del rancho. Las fuertes rachas de viento que, cada vez con más frecuencia, azotan a los jinetes levantan grandes nubes de polvo que dificultan la marcha sobremanera.

"Pequeño hombre" es consciente de que en esas condiciones lo más sensato sería buscar refugio y esperar a que el viento amainara, o en su defecto a la salida del sol, para continuar el viaje a Nankoweap. Pero como buen guerrero se debe a la obediencia dictada hacia su Gran chaman. Si "Nube Blanca" no ordena parar, él cabalgará, incluso en medio de un huracán, con tal de llevarla de regreso a casa. De todos modos el guerrero aprovecha la tregua entre ráfaga y ráfaga para dedicarle una mirada a su Gran Chaman y transmitirle con los ojos aquello que con palabras no se atreve a proponer.

"Nube Blanca", tras maldecir para sus adentros al maldito viento, da un ligero tirón de las riendas y Shadow se detiene con suavidad. El resto de los jinetes la imitan.

—¿Veis donde resguardarnos?

—Un poco a la derecha —la voz de Bo, amortiguada por el pañuelo que le cubre la boca apenas llega a oírse en medio del fragor del viento—, subiendo esa colina, creo adivinar unas rocas. Puede que allá encontremos refugio.

"Nube Blanca" ordena con la cabeza a sus dos guerreros que obedezcan la sugerencia de Bo y todos remontan con dificultad la escarpada pendiente hasta llegar a las rocas. Bajo la escasa visibilidad que proporciona la luz de la luna al filtrarse entre el polvo pueden ver media docena de grandes rocas que casi forman un semicírculo. Cabalgan hasta el interior del mismo y comprueban, con gran alivio, que las piedras hacen de barrera natural contra el inclemente vendaval.

—¿Pequeño Hombre? —la Gran Chaman busca la opinión de su guerrero antes de tomar una decisión.

El aguerrido indio, tras recorrer la totalidad del lugar con sus expertos ojos, hace una señal afirmativa con la cabeza.

—De acuerdo —"Nube Blanca" desmonta con presteza y le hace una seña a Bo para que la imite.

Bo descabalga y, con rapidez, libera a su caballo de la silla de montar. Las dos mujeres se acurrucan en la base de una de las rocas. "Pequeño hombre" habla brevemente con "Flecha rota" y este retoma el camino seguido, con el objeto de borrar las huellas que conducen hasta su precario refugio. El guerrero, tras ver partir a su compañero, descabalga y descarga un par de macutos que van en su caballo. Hace lo mismo con Shadow y deja que los animales busquen su mejor sitio para pasar la noche. El guerrero, tras rebuscar en su macuto, vuelve donde su Gran Chaman y le entrega un poncho con el que taparse y unas tiras de carne seca como único y frugal alimento. "Pequeño hombre" se vuelve hacia Bo y, tras dedicarle una mirada no muy amistosa, le tiende otra manta y unas pocas tiras más.

—Tengo la mía —Bo responde con sequedad señalando con la mirada su silla de montar y alargando la mano para coger el alimento.

—Una pequeña hoguera para entrar en calor no vendría mal —"Nube Blanca" busca la conformidad de su guerrero—, no creo que nos pongamos en peligro por encender un pequeño fuego.

—No lo creo —el guerrero hace un gesto afirmativo—. Estoy casi seguro de que nadie nos ha visto marcharnos del pueblo, además la noche es muy mala como para que consigan rastrearnos hasta aquí.

Las dos mujeres se dedican a mordisquear la escasa cena mientras "Pequeño Hombre" se dedica a recoger pequeñas ramas de matojos y a acumularlas a los pies de su Gran Chaman. "Flecha rota" retorna de su misión y, tras descabalgar y liberar a su caballo de la carga, ayuda a terminar la tarea. En pocos minutos unas tímidas llamas, que sin embargo proporcionan bastante calor, crepitan a los pies de "Nube Blanca" y de Bo. Los dos guerreros se retiran y se acomodan enfrente de las dos mujeres, al socaire de otra gran roca. Tras intercambiar unas palabras, "Pequeño Hombre" recoge su arco y se aleja unos metros, situándose entre dos rocas que le permiten vigilar el camino. "Flecha rota" le dedica a Bo una mirada de advertencia: "Duermo, pero vigilo" parecen decir sus ojos. Acto seguido el guerrero indio se tapa con un raído poncho y cierra los ojos.

Bo y "Nuble Blanca" cenan en silencio, obviando el ulular del molesto viento que sopla por encima de las rocas que las protegen. Ambas se dejan reconfortar por el calor de la pequeña hoguera y chupan con fruición las tiras de carne, intentando sacarles todo el jugo y el sabor.

—Gracias por dejarme acompañarte —Bo escupe un trozo de carne demasiado duro para su gusto y se limpia los labios con el dorso de la mano—. Bien pudiste mandarme detener en casa de Kenzi y dejarme allá. Y sin embargo te has arriesgado a dejar que te acompañe con tan exigua compañía. Aun a sabiendas de lo que soy y de lo que hago.

—Ya se que estás pensando —"Nube Blanca" sacude ligeramente la cabeza, asombrada de la altanería y el orgullo con el que se maneja Bo—, y no te niego que quizás con "Flecha rota" pudieras tener una oportunidad, pero "Pequeño Hombre" —"Nube Blanca" baja ligeramente la voz para no alertar a su hombre— es de largo el mejor guerrero que jamás he conocido. Así que no, definitivamente no me he arriesgado al traerte conmigo en estas condiciones. Y aunque así fuera, yo siempre mantengo mi palabra, sin olvidar que creo que este viaje te va a venir bien para ver las cosas desde otra perspectiva.

"Nube Blanca" guarda silencio, dejando que las palabras calen en su impetuosa y orgullosa acompañante, mientras deja vagar su mente, intentando encontrar razones que justifiquen lo arriesgado de sus planes. En condiciones normales, Bo jamás habría abandonado el burdel, pues "Nube Blanca" no dejaba de recordarse que Bo era el demonio bicolor que destruía Nankoweap en sus visiones. Pero por otro lado no podía dejar de pensar en la intrigante necesidad de tener a Bo cerca suya. Será por la convicción que "Nube Blanca" tenía de que Bo realmente no deseaba hacer lo que hacía y que realmente ella podía cambiarla.

—"O por esa sensación tan placentera que me invade cuando Bo está cerca mía. Por ese calor…" —el pensamiento la arranca una breve sonrisa—. "Nube Blanca" sacude la cabeza intentando centrarse.

—¿Entonces es verdad lo que me dijiste? —Bo deja vagar su mirada hasta encontrarse con los ojos de su interlocutora, maravillándose de los hermosos reflejos que las llamas arrancan de la mirada de "Nube Blanca".

—¿A qué te refieres? —"Nube Blanca" sacude la cabeza. Su pelo se alborota con suavidad. Se aprieta más la manta y devora con la mirada a Bo.

—"Cualquier persona por malvada que sea, tiene una parte buena. Si eres capaz de encontrarla y percutir sobre ella, puedes cambiarla" —Bo murmura de memoria unas palabras que ya tiene grabadas a fuego en su mente—. ¿Por eso me llevas a Nankoweap? ¿Para encontrar mi palanca y cambiarme? —Bo de deshace en la impaciencia, esperando oír la respuesta adecuada.

—Bo —"Nube Blanca" imprime a sus palabras el tono neutro y ceremonial que tan bien sabe usar, buscando ocultar esas extrañas sensaciones que la embargan—, tus conocimientos hacia mi raza están totalmente sesgados por las opiniones que tu padre tiene sobre nosotros. Y unas enseñanzas parciales y basadas en el odio no son para nada justas con el objeto de estudio. No te voy a negar que hay tribus de indios que son realmente hostiles y llevan una política muy agresiva hacia el hombre blanco. Aunque has de recordar que estas son nuestras tierras y vosotros, el hombre blanco, sois los invasores. Así que se podría justificar en alguna medida las reacciones de esas tribus. Pero yo te llevo a un sitio diferente. Nankoweap no entra en disputas con las otras tribus, ni siquiera pelea con el hombre blanco. Mi tribu se dedica a mantener viva la memoria de los grandes guerreros que ha dado mi pueblo. Les proporciona sepulturas adecuadas a tan grandes personas y vela porque su descanso eterno sea tranquilo, sin sobresaltos. En mi poblado conocerás algunas de las personas más justas y sabias que moran en la tierra. "Alce Negro", mi abuelo, te enseñará todo lo bueno que la nación india pueda ofrecerte. Y cuando hayas compartido su tienda, su comida, cuando sus palabras te hayan llenado por completo, entonces serás capaz de decidir por ti misma si has encontrado la palanca que puede cambiar el rumbo de tu vida.

—¿Tú no eres india verdad? —Bo se rebela ante tan hermosas palabras con lo único que ha aprendido ha hacer en toda su vida: desconfianza. Bo se niega a creer que aquella mujer que está empezando a arrebatarle el corazón, de verdad quiera ayudarla. Busca, como una serpiente herida, una salida que no implique ceder y desvelar sus más ocultos temores.

—Soy Gran Chaman de Nankoweap —"Nube Blanca" sacude la cabeza, confusa, ante tan absurda pregunta—. Claro que soy india. Me crié junto a ellos y ellos me enseñaron todo lo que sé. Me dieron todo lo que soy. Me convirtieron en quien soy. Yo soy Nankoweap y Nankoweap está en mi.

—Tu pelo claro. Tu piel blanca —Bo insiste—. Tú no naciste india.

—No. No nací india. Aunque eso poco importa, Bo. "Pequeño Hombre" me encontró entre los restos humeantes de una caravana de colonos. Sean quienes fueran mis padres, ellos me dieron por muerta y lo hubiera estado si ellos no me hubieran rescatado. Él —"Nube Blanca" desvía la mirada hacia su guerrero—, me llevó a Nankoweap y me entregó a "Alce Negro" quién me acogió como una mas de la tribu y me dio la vida que casi pierdo entre las llamas.

—¿Y estaba en tus sueños? —Bo necesita saber que las palabras de "Nube Blanca" son ciertas. Que a su lado puede encontrar el remedio al azogue y la incertidumbre que la embargan cada vez que se deja llevar por sus instintos asesinos para con los indios. Necesita encontrar la cura a la inenarrable sensación, de estar haciendo las cosas mal, que la inunda cuando, por las noches, cierra los ojos y ante ella desfilan los rostros de aquellos que encontraron la muerte por su mano.

—Destruías Nankoweap —"Nube Blanca" ahoga un escalofrío apretando más la manta contra su cuerpo al recordar las visiones de los espíritus.

—¿Y si estás equivocada? —Bo más que murmurar, solloza. Una lágrima corre por su mejilla—. Y si todo lo que te contó "Pequeño Hombre" fuera mentira. Puede que ellos —Bo gira la cabeza en dirección a los indios— fueran los responsables de la matanza de la caravana y tú fueras su trofeo de caza. Y si no fuiste encontrada, sino arrebatada a tu verdadera familia. Entonces tus sueños cobrarían sentido. Yo sería el castigo que los espíritus le reservan a tu pueblo por su maldad…

—Bo —"Nube Blanca" se altera al ver la angustia de Bo. Se gira para encararla y acerca su cara a la de aquella intrigante mujer.

—Entonces —Bo baja la cabeza, hundida—, no habría salvación para tu pueblo. Ni para mi.

—Duerme —"Nube Blanca" pasa su mano por la mejilla de Bo, limpiando las lágrimas que afloran por aquellos hermosos ojos bicolores—. Tus temores son infundados. Cuando estés ante "Alce Negro" y sus palabras te llenen el corazón, comprenderás que nada de lo que dices puede ser posible.

Bo se recuesta, dejándose llevar por el calor que el contacto de "Nube Blanca" ha dejado sobre ella. Cierra los ojos deseando creer a aquella, delirante en su hermosura, mujer.

—Yo te curaré —Las palabras de "Nube Blanca" acunan a Bo—. Alejaré los demonios de tu corazón…

Bo se sumerge en un tranquilo sueño sin que las caras de sus "muertos" se le aparezcan. Se duerme agarrada a la dulce sensación de saberse equivocada, que sus miedos y temores son infundados y de que puede haber un futuro para ella…junto a Lauren.

"Nube Blanca" se duerme pensando que va a ser complicado curar a Bo. La mujer de mirada bicolor parece albergar en su interior muchos más demonios de los que ella pensaba. Mucha confusión y dolor acumulados. No obstante el sueño la alcanza con la certeza de que, cueste lo que cueste, ella derrotará al demonio bicolor y le dará a Bo un futuro…¿junto a ella?

"Flecha rota" se despierta y releva a su compañero de la labor de vigilancia.

"Pequeño Hombre" se acuesta, tras comprobar que su Gran Chaman descansa. Le dedica una mirada de soslayo al demonio bicolor, meneando la cabeza sin acertar a comprender del todo su presencia junto a ellos.

El viento amaina. La noche se calma. El Gran águila sobrevuela el refugio, vigilante…

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Los tibios rayos del sol golpean la cara de Bo y esta abre los ojos. Frente a ella, arrodillados ante la pequeña hoguera, "Pequeño Hombre" y "Nube Blanca" sostienen una apagada conversación de la que no puede discernir palabra alguna. El guerrero indio advierte que Bo está despierta y, tras dedicarle una mirada bastante más cálida que las recibidas hasta ahora, advierte a su Gran Chaman.

—Toma —"Nube blanca" se levanta con un humeante cuenco en las manos y se lo tiende a Bo. Una gran sonrisa anida en su cara.

—Gracias —Bo no puede evitar rozar con sus manos las de "Nube Blanca" al recoger el cuenco. Un escalofrío la recorre el cuerpo.

—Disfrútalo con calma y desperézate, que tenemos un largo día por delante.

Bo se deja llevar por el calor que cada trago de la deliciosa infusión recorre su cuerpo y deja vagar su mirada por el refugio, deteniéndose en contemplar a "Nube blanca", sin disimulo alguno, entre trago y trago. A pesar de estar totalmente sumergida en los hermosos reflejos que el sol de la mañana arranca de la cabellera de su acompañante, no puede dejar de advertir un detalle que se le estaba pasando por alto.

—¿Dónde está el otro guerrero? —inquiere con curiosidad fijando su mirada en "Nube Blanca"

—"Flecha rota" —responde con tranquilidad "Nube Blanca"— ha ido a un poblado cercano a reclutar más hombres. Los necesitamos.

—Casi se me había olvidado —Bo sacude la cabeza censurándose por su desliz—. Gracias por cumplir tu palabra de mandar guerreros a ayudar a Kenzi.

—Ellos forman parte de Nankoweap, Bo. Mis palabras nunca son en vano y recibirán la ayuda prometida, pero estos guerreros vienen para acompañarnos a Nankoweap. Más adelante encontraremos otros poblados y mandaré todos los hombres que pueda en ayuda de nuestros amigos.

—Comprendo —Bo tira el cuando al suelo en un arrebato de ira. Junto a el, siente derrumbarse todas sus esperanzas.

—¿Lo haces? —"Nube Blanca" fija alternativamente su mirada en el cuenco y en Bo—. Parece, por tu reacción, que no das crédito a mis palabras.

—Claro que si —Bo se levanta de un salto y encara a "Nube Blanca" con el juicio ligeramente nublado. "Pequeño Hombre" se tensa ante tan brusca reacción—. Pese a las hermosas palabras de ayer a la noche, para ti sigo siendo el demonio que va a destruir tu poblado. Sería de necios suponer que me ibas a dejar cabalgar a tu lado con tan solo dos hombres para defenderte. No me llevas a Nankoweap como amiga, me llevas como prisionera. ¿Y para eso necesitas más hombres, verdad? ¿Cuántos? ¿Diez. Cien. Mil? ¿Cuántos guerreros crees que hacen falta para custodiar al monstruo que soy?

—Bo —"Nube Blanca" alarga la mano, buscando el contacto que calme a su airada acompañante—, mi pueblo está enfermo y yo llevo las medicinas que ellos necesitan. No puedo arriesgarme a cabalgar en tan exigua compañía con tan preciado cargamento. No es por ti, es por las medicinas.

Las dos mujeres se sostienen la mirada.

Bo quiere creer, pero su corazón nublado por tantos años de odio y oscuridad se resiste.

"Nube Blanca" intenta que crea. Deposita en su mirada toda la confianza y el amor que puede…

Bang.

El disparo rasga la mañana.

Impacta sobre una roca y arranca una astilla de la misma.

La astilla impacta en el tobillo de "Nube Blanca".

—Mierda —"Nube Blanca" cae al suelo llevándose la mano al tobillo. Un fino hilo de sangre empapa sus manos.

—Joder— Bo se agacha con celeridad y mira entre las dos rocas. Al menos una docena de jinetes cabalgan a su encuentro. Las armas desenfundadas. Sin tomar precaución alguna, como si fueran conscientes de su superioridad. Al frente del grupo cabalga una figura harto reconocible para Bo.

Bo se gira, sumida en la vergüenza de saber quién viene a por ellos y la preocupación por "Nube Blanca". La Gran Chaman ya está a su lado, arrodillada y con un arco en las manos.

—No es nada —acalla la muda pregunta de Bo con un tono seco.

"Pequeño Hombre", parapetado en la roca contigua, tensa su arco y la flecha hiende el cielo con celeridad, derribando a uno de los jinetes de su montura. El resto de los jinetes detienen su loco cabalgar y se refugian tras unas rocas cercanas. El guerrero vuelve a cargar su arco. "Nube Blanca" lo imita. Bo desenfunda su arma. Los dos indios giran sus arcos, olvidando al grupo de jinetes por un momento, y apuntan al demonio bicolor.

—Quizás un poco de desconfianza no me hubiera venido mal —los ojos avellana de la Gran Chaman amenazan con devorar a Bo con su infinita ira….