Para todas las personas que conforman el capital humano del foro de Lost Girl, del cual Kimba y yo nos sentimos orgullos de formar parte. Con especial mención para nuestra jefa, Jen, que parece que ha vuelto a la senda de la escritura. ¡Qué ganas de leer un nuevo capítulo de "Ragnarok". Y no sería justo olvidarnos de nuestro particular "Gran hermano": Saranunu. Ingrata misión la de controlar nuestros vanidosos espíritus. Espero que la lectura de este capítulo contribuya ha hacerle menos penosa la misión.
¡Oh, boy. Yes!
¡DOCCUBUS FOREVER!
FOR WHOM THE BELL TOLLS. (Part 1: "War is here")
Make his fight on the hill in the early day
constant chill deep inside
shouting gun, on they run through the endless grey
on the fight, for they are right, yes, by who's to say?
Luchan en
La colina temprano por la mañana
Escalofrío constante por dentro
Arma que grita, siguen corriendo
Por el gris interminable
Continúan luchando, porque tienen razón
Si, pero ¿Quién puede decirlo?
for a hill men would kill, why? they do not know
suffered wounds test there their pride
men of five, still alive through the raging glow
gone insane from the pain that they surely know
Por una colina los hombres matan
¿Por qué? No lo saben
Las heridas sufridas ponen a prueba su orgullo
Hombres de cinco, aún vivos
A través del brillo furioso
Vueltos locos por el dolor
Que seguro conocen
for whom the bell tolls
time marches on
for whom the bell tolls
¿Por quien doblan las campanas?
El tiempo continúa su marcha
¿Por quien doblan las campanas?
take a look to the sky just before you die
it is the last time you will
blackened roar massive roar fills the crumbling sky
shattered goal fills his soul with a ruthless cry
Hecha un vistazo al cielo
Justo antes de morir
Es la última vez que lo harás
Rugido ennegrecido, rugido masivo
Llena el cielo que se desmorona
La meta destrozada llena su alma
Con un grito cruel
stranger now, are his eyes, to this mystery
he hears the silence so loud
crack of dawn, all is gone except the will to be
now the will see what will be, blinded eyes to see
Ahora sus ojos son más extraños
A este misterio
Él escucha el silencio muy fuerte
Grieta del amanecer, todo se ha ido
Excepto el deseo de existir
Ahora ven lo que será
Ojos cegados para ver
for whom the bell tolls
time marches on
for whom the bell tolls
¿Por quien doblan las campanas?
El tiempo continúa su marcha
¿Por quien doblan las campanas?
"For whom the bell tolls" es una canción de Metallica cuyo título y letra están basadas en la novela del mismo nombre que escribió Ernest Hemingway.
Ernest Hemingway participó en la guerra civil española como corresponsal de guerra y, fruto de sus experiencias, escribió esa magnífica novela que todos deberíais leer, si no lo habéis hecho ya. La novela explora temas como los horrores de la guerra, el fanatismo político, etc. Novela dura, intensa, pero hermosa, que sirve para hacernos llegar la sin razón de la guerra.
"Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti"
Jonh Donne ( Poeta. 1624)
Los suaves rayos del sol naciente iluminan el lento cabalgar de los jinetes camino de la casa del farol rojo. Veinte hombres de mirada dura, fuertemente armados, que recorren la calle principal del pueblo sin mostrar signo alguno de preocupación. Se diría que sienten como suyo el pueblo, cosa con la que no están de acuerdo los ocupantes del burdel, cuya misión, en esta mañana que se antoja va a ser calurosa, es hacerles ver a los hombres de Trick que las leyes, cuando no provienen de un hombre justo, se defienden con las armas.
El sheriff Bruce les sale al paso justo cuando han rebasado las últimas casas que preceden al burdel. Bruce sabe que la reluciente estrella que pende de su camisa no es más que un mero adorno. La realidad de ese pueblo es que las leyes se dictan desde el rancho del doctor. No obstante Bruce, dispuesto como está a ayudar a sus amigos en todo lo que pueda, obedece las órdenes de Tamsin y hace que el grupo se detenga en el punto exacto que le ha marcado su amiga. Allá donde sus hermosos ojos esmeraldas puedan escrutar a los jinetes sin peligro alguno…
—¿Y? —la temerosa voz de Kenzi rompe, por un segundo, el espeso silencio que reina en el interior del burdel.
—Rainer —murmura Eric dedicándole una mirada a Tamsin.
—Y sus compinches —remata la frase una de las pizpiretas paseando la mirada por el exterior de la casa.
—El que está hablando con Bruce —Tamsin no desvía la mirada del grupo de jinetes mientras responde a la urgencia que ha impreso Kenzi a la pregunta—es un caza recompensas llamado Rainer. El y sus cinco hombres suelen trabajar de vez en cuando para el doctor. Tipos duros y peligrosos. Eric y yo los conocemos muy bien.
—Esa gente no hace prisioneros —sentencia Neshlud con una sonrisa traviesa pintada en la cara.
—Bueno —replica Aure con un brillo salvaje en los ojos—, nosotros tampoco lo solemos hacer.
Faltan jinetes —Tamsin acaba el repaso visual al enemigo y se vuelve para encarar a los ocupantes de la casa—. Una docena de buenos jinetes. Y tampoco está Dyson en el grupo.
—¿Y eso que significa? —inquiere una asustada Crystal desde el puesto que ocupa, detrás de la barra del burdel, junto al resto de las chicas—. ¿Nos van a atacar por dos sitios a la vez?
—Dyson es el mejor jinete que tiene Trick —la rubia posa sus ojos esmeraldas en las chicas, transmitiéndoles una cierta calma—. Y también falta William. Un muchacho joven que pasa por ser el mejor explorador del rancho. Creo que no somos los únicos al que el doctor ha mandado atrapar.
—¿Bo? —el reverendo, que no se aparta del lado de su compañera, suspira, dejando salir su inquietud.
—Supongo —murmura Tamsin sumida en sus pensamientos—. De todos modos, lo que es una desventaja para ellas, es una ventaja para nosotros. Escuchadme bien. El verdadero peligro son Rainer y sus hombres. Por la despreocupación con la que están plantados en medio de la calle no creo que sepan quienes ocupan la casa. No dudo que saben de mi presencia en el interior del burdel, pero estoy casi segura que no saben nada de Eric y sus hijas. Por no hablar de los indios que custodian a Hale en la planta de arriba.
—Necesitamos un ataque seco y duro —Eric se vuelve para mirar a la rubia cazarecompensas—. ¿Eso es lo que estás diciendo? Eliminar a esos seis hombres hará que el resto de los atacantes, que no pasan de ser meros trabajadores, se lo piensen a la hora de atacarnos.
—Tú y yo —Tamsin busca en su amigo la complicidad de su mirada— nos encargamos de Rainer. Es fundamental que no sobreviva.
Eric asiente con la mirada y recarga su Winchester. Sus hijas lo imitan y miran a Tamsin, esperando órdenes.
—Chicas —las dos a por uno de los hombres que están a la derecha de Rainer. Las dos al mismo hombre.
—El del sombrero caído — Aure sentencia, buscando la confirmación de su hermana—. Neshlud mueve la cabeza afirmativamente.
—¿Vex?
El reverendo baja la cabeza, ligeramente avergonzado de su tibia negativa. No se siente capaz de dispararle a nadie.
—No importa —la rubia borra, con una suave caricia en la mejilla de Vex toda su vergüenza—, ocúpate de recargarnos las armas y de que no nos falte munición. Kenzi sube arriba y dile a Hale y a los indios lo que tienen que hacer. El otro hombre de la derecha de Rainer, el del sombrero calado, para Hale y un indio. Los otros tres que se los repartan entre el resto de guerreros. Ah —Tamsin detiene con su mano a la morena—, disparos letales. Nada de herirles. Hay que matarlos o lo vamos a pasar muy mal. Chicas. Debajo de la barra. En que disparemos de seguro que responderán y esto va a reventar. No quiero que una bala perdida os haga daño. ¿Todo claro?
Un murmullo de aprobación recorre el salón. Las armas se engatillan. Los cuerpos e tensan. Las miradas se fijan.
—¿Kenzi? —el grito de Tamsin corta el momento.
—Arriba listos —la morena asoma su cabeza por la barandilla del segundo piso y hace un gesto afirmativo.
Tamsin se acerca a la ventana y asoma el cañón de su rifle unos centímetros por la ventana, fijando su blanco. El resto de sus amigos la imitan, cada uno sumido en focalizar y apuntar a su blanco.
El seriff acaba de hablar con los jinetes y, con un suave golpe de las riendas, cabalga hacia la casa.
—Dejemos que Bruce llegue al porche —Tamsin eleva la voz para que Kenzi pueda poner al corriente a los ocupantes de la segunda planta.
El sol se eleva en el horizonte
Bruce descabalga junto al porche.
Los jinetes, arrogantes, disfrutan del momento. Creen que las duras palabras que el sheriff lleva a la casa serán motivo suficiente para provocar la rendición.
Nada temen. Ningún arma desenfundan.
Dentro de la casa los cuerpos se tensan. Las miradas se fijan. Los dedos rozan los gatillos, acarician las plumas de las flechas. Arcos tensos, armas preparadas.
Bruce pone un pie en el porche de la casa…
—¡Fuego! —retumba la voz de Tamsin, sacudiendo el silencio…
La balas son más rápidas que las flechas, y mucho más ruidosas. Rainer y el hombre del sombrero caído son fulminados por la efectividad de la que hacen gala, tanto Tamsin como el trampero y sus hijas. El resto de los hombres son alertados, por el ruido de los disparos, instantes antes de que las flechas cumplan su cometido. Solo una de ellas se clava profundamente en el hombro de otro de los jinetes. El disparo de Hale levanta una nube de polvo al impactar en el suelo de la calle y el improperio que profiere el hombre negro acompaña al rápido descabalgar de los tres Jinetes ilesos. En cuestión de segundos se han cubierto, usando los porches de las casas adyacentes, llevándose a su amigo herido con ellos. El resto de los hombres toma posiciones defensivas y el ruido de veinte armas al engatillarse precede a una autentica lluvia de plomo que asola el burdel.
—A cubierto —la firme voz de Eric hace que todos reculen y busquen refugio tras las paredes de la casa.
Aure y Neshlud arrastran una mesa y la vuelcan, proporcionando un exiguo refugio para ellas y para su padre. Tamsin y Vex se tumban en el suelo, el uno junto a la otra, mientras las balas silban por encima de sus cabezas. Los cristales de las ventanas estallan, salpicándoles el cuerpo entero. Las cortinas se agitan al son del silbar de las balas. Astillas de madera vuelan en todas direcciones. Los quedos sollozos de Crystal acompañan al derramarse de las botellas de licor, que estallan una tras otra, encima suya.
Una pequeña tregua en la balacera permite a Tamsin asomarse con cuidado por la ventana y realizar media docena de disparos que preceden a la calma. Satisfecha su ira momentánea por el sorpresivo ataque, los jinetes y sus secuaces se toman un respiro para valorar la nueva situación y decidir sus próximos movimientos.
—¿Alguien está herido? —Vex lo justo recupera el resuello para pasear la mirada por el derruido salón—.
—Kenzi —vocifera Tamsin acompañando al reverendo en su inspección de la habitación.
—Todos bien —las voces de la mujer morena y de Zee, que se sacude trozos de cristal del pelo se mezclan en una afirmación que llena de alivio a la cazarecompensas.
—Escuchadme todos —Eric se arrima a la ventana y apunta el Winchester hacia la calle—. Sin disparos salvo que alguno de esos hombres intente acercarse a la casa. Hay que ahorrar munición. Y eso va por vosotras también —sus dos hijas ahogan una sonrisa y aceptan las órdenes de su padre.
—¿Qué va a pasar ahora? —Alex asoma la cabeza por la barra con el terror todavía pintado en la cara.
—Ahora ya saben las fuerzas que tenemos —Tamsin se arrastra con cuidado hasta la barra, con la intención de consolar a las chicas—, así que se lo tomarán con calma. Tiempo más que suficiente para echar un trago, si es que esos malditos han dejado una botella sana.
—¿Nos van a asediar? —Zee deja caer la pregunta a la vez que rebusca en el botellero y encuentra un par de botellas intactas—. ¿Nos van a tener rodeados hasta que le hambre y la sed nos haga salir de la casa?
—No lo creo —Eric responde a la rubia mientras alarga la mano para recoger la botella que le pasan rodando por el suelo del salón. Le da un gran trago y le pasa la botella al reverendo—. Tres hombres de Rainer están ilesos. Y esos no son de los que tienen mucha paciencia.
—Tienes razón, Eric —Tamsin apura un largo trago y le pasa la botella a una de las chicas—. También hay que tener en cuenta que los habitantes del pueblo no van a aguantar esta situación mucho tiempo. Esa gente solo desea seguir con sus vidas, así que no tardará mucho antes de que alguno se arriesgue a cabalgar hasta el fuerte y dar aviso a los soldados. Y, en cuanto la caballería llegue, este asedio se habrá acabado. Trick es consciente de esta posibilidad y actuará rápido.
—¿Por qué no lo hemos hecho nosotros? —Crystal se sacude el miedo con un gran trago y toma parte en la conversación—. Si es verdad que los soldados pueden parar esto ¿Por qué no los hemos avisado ya?
—Bueno, Zee —Tamsin sacude la cabeza y ahoga una sonrisa—, no creo que sea buena idea tener al ejercito por aquí. No solo por el hecho de que tanto Eric como yo hemos tenido algunos roces en el pasado con ellos…
—Como por la presencia de cinco guerreros indios en la planta de arriba —Kenzi, recién descendidas las escaleras contempla el desolado aspecto que ofrece el salón, ahoga una mueca de disgusto y le arranca aTamsin la botella de las manos—. Los indios y Hale están vigilantes allá arriba, prestos a obedecer tus órdenes de nuevo.
El ruido de la puerta del salón al ser forzada eriza los pelos de la nuca de Tamsin. Esta se vuelve con rapidez, desenfundando el colt.
—Soy yo —Bruce susurra a través de la puerta.
—Vex —los ojos esmeralda refulgen de alivio.
El reverendo destraba la puerta y deja entrar a un sudoroso sheriff, con el susto pintado en el cuerpo.
—Tamsin —le recrimina el gran hombre—. No me dijiste nada de que iba a haber un tiroteo.
—Bueno —la rubia le pasa la mano por los hombros dándole un gran abrazo al hombretón—, ya sabes que soy imprevisible.
La carcajada es generalizada. Bruce contempla a aquel coro de mujeres, niega con la cabeza y, tras ahogar un suspiro de alivio, le da un gran trago a la botella.
—Van a esperar al anochecer —Neshlud aparta la mirada de la ventana y la fija en el coro de la barra tras apartarse un mechón moreno de la cara—. Cuando el sol esté poniéndose nos dará de cara y nos deslumbrará, dificultándonos la defensa.
—Es lo que haríamos nosotras —la pizpireta rubia acaba la frase de su hermana con una gran sonrisa pintada en la cara.
