Para Audrey…una de mis musas nocturnas.
FOR WHOM THE BELL TOLLS. Part 3: "Fire, walk with me"
Tap, Tap.
—¿Qué ha sido eso? —Tamsin se despereza y se sacude de encima la modorra que la había invadido desde hace un par de horas. Justo después de acabar su turno de guardia frente a la ventana y de ser relevada por una de las hijas de Eric, había comido un plato del excelente guiso que Crystal, con la ayuda de Zee, había preparado. Había regado la comida con largos tragos a la botella de Whisky y el licor había hecho su trabajo, sumergiéndola en un agradable duermevela, roto por aquellos extraños ruidos.
—Parece que provienen de arriba —Aure responde sin desviar la vista del exterior de la casa.
Tap, tap.
—¿Veis algún movimiento ahí afuera? —la caza recompensas se pone en pie, con una desagradable sensación recorriéndole el cuello. Su sexto sentido le decía que el peligro estaba llamando a su puerta.
—Todo está…
—Antorchas —Neshlud corta con premura la frase de su hermana—. ¿Las veis, padre? Media docena de hombres subidos en el tejado de la casa de enfrente. Están tratando de incendiar la casa.
Eric entorna los ojos y trata de vislumbrar a las figuras que le señala su hija a través del fulgor que desprende el sol, casi oculto por las montañas del horizonte, pero todavía con suficiente luminosidad como para deslumbrarlos.
—¿Eric? Los ojos esmeralda de Tamsin demandan una rápida respuesta mientras recarga su Winchester y se aproxima a una de las ventanas.
—¡Mierda! —murmura el fornido hombre amartillando su rifle.
—¡Chicas! —el grito de Tamsin retumba por toda la estancia, activando a las tres mujeres de inmediato—. Arriba, al tejado. Coger cubos de agua, lo que sea, pero hay que apagar ese fuego. Avisad a Kenzi y a los indios. Que barran a flechazos el tejado de la casa de enfrente. Todos los demás —Tamsin asoma el rifle por la ventana y busca un blanco entre los malditos rayos de sol que no la dejan ver más que un atisbo del tejado—, fuego a discreción. Hay que matar a esos bastardos.
—Voy con ellas —El reverendo, al oír el revuelo sale con rapidez de la cocina con un par de cubos.
Todo se acelera en un momento. Cuatro rifles escupen fuego casi a la vez, con parcos resultados, pues, tal y como vaticino Neshlud, los atacantes han puesto al sol de su parte. Entre descarga y descarga se empiezan a escuchar los agudos silbidos de las flechas. Tampoco es que los indios tengan mucha más suerte que los vaqueros. Quizás se acercan más al blanco debido a su posición elevada, pero el sol sigue del lado de los atacantes, dificultando el apuntar.
—Alto el fuego —la voz de Eric se impone en medio de la balacera—. Con el sol de cara es inútil malgastar munición, además creo que ya han abandonado el tejado.
—Voy arriba a ver si han causado mucho daño—Tamsin se incorpora de un salto y se dirige a gran velocidad hacia las escaleras—. Vosotros tres atentos a cualquier movimiento.
La rubia sube a gran velocidad las escaleras y, al llegar al primer piso, se detiene un momento en la puerta de la habitación donde están los indios y Hale.
—Tamsin —el buhonero la traladra con ojos de preocupación al notar, al igual que ella, el olor a madera quemada y unas tenues volutas de humo que flotan en el ambiente.
—¿Kenzi?
—Arriba, con las chicas y el reverendo. La pobre está de los nervios ante la posibilidad de que arda su casa.
—Ven conmigo. Que los indios no dejen de vigilar la calle. Al menor signo que disparen.
Hale se demora unos segundos para dar unas leves instrucciones a uno de los indios y sigue a Tamsin escaleras arriba.
Al llegar al segundo piso las volutas de humo están empezando a conformar una espesa nube que empieza a desdibujar los contornos del lugar. El olor a madera quemada es acompañado por un suave crepitar, signo más que evidente de que el tejado ha prendido en llamas. Al fondo del pasillo, subido a una pequeña escalera de madera está Vex. Las chicas y Kenzi hacen una cadena para pasarle los cubos de agua que Zee está llenando en una de las habitaciones. Por suerte, el ataque a la casa interrumpió las labores de la casa y la bañera estaba llena de un agua sucia, pero efectiva.
—Está ardiendo. La casa está ardiendo —Kenzi es pura furia. Sus ojos azules refulgen con ira infinita—. Esos malditos le han prendido fuego al tejado y aquí suerte que había una bañera sin vaciar. Pero no va a ser suficiente, y subir agua desde abajo es tarea poco menos que imposible. Voy a matarlos a todos, Tamsin. Voy a salir ahí afuera con un rifle y les voy a pegar un tiro a cada uno de esos cabrones. Y a Trick dos tiros.
—Eso es lo que quieren —la rubia acaricia el hombro de su amiga tratando de calmarla—. Así que hazme el favor de hacerme caso en todo lo que te diga—. Vex —Tamsin reclama la atención del reverendo, que tiene medio cuerpo fuera de la casa, casi encima de las llamas.
—Media docena de antorchas —La voz de Vex es puro pesar—. Y la madera del tejado esta muy seca. Hay demasiado fuego como para poder apagarlo con un par de cubos y una bañera de agua sucia.
—Cabrones —murmura la caza recompensas, torciendo el gesto
—Tamsin —Crystal deja caer el cubo en el suelo del pasillo y tiene la vista fija en el exterior de la casa. Un brillante estallido de color naranja rivaliza en luminosidad con los últimos rayos del sol que, batiéndose en retirada, deja paso a las sombras de la noche.
Una carreta, llena de paja hasta los topes, empapada en brea.
Una bola de fuego, empujada con fiereza por una docena de hombres.
—¡Abajo! ¡Todos abajo! —el alarido de Tamsin parece despejar el humo a su alrededor. ¡Disparad! —grita Tamsin esperando que la alarma llegue a oídos de los indios y de Eric.
La rubia rompe con la culata del Winchester el cristal de la ventana y empieza a descargar balas contra los hombres que empujan aquella maldita carreta, promesa de problemas serios si logran hacerla llegar a su destino.
Las balas y las flechas silban en el atardecer.
Ruidos de pasos en las escaleras, angustia contenida.
Humo. Espeso humo que hace lagrimear los intensos ojos esmeralda de la caza recompensas.
El crepitar de las llamas en el tejado.
El ruido de una carreta en movimiento resonando en la intensidad del momento.
Balas, flechas… Un par de cuerpos tendidos en la calle.
Infierno desatado. La carreta chocando contra el frente de la casa.
Bolas de paja embreadas, convertidas en letales remedos del mismísimo infierno.
Cristales rotos. Maderas quebradas. Humo. Calor.
Tamsin deshace el camino hacia la planta baja. Al pasar por delante de la habitación de los indios les hace entender, con unas rápidas señales, de que no bajen la guardia y disparen a todo lo que se mueva en la calle. Se desliza por el último tramo de escaleras y enfrenta el caos.
Gran parte de la fachada de la casa está en llamas. Unas espesas volutas de humo negro se elevan allá donde la brea en combustión devora la madera. Eric y Neshlud atienden a Aure, que tiene un pequeño corte en la mejilla, producido por una astilla que su padre acaba de extraerle. Hale sostiene por los brazos a Kenzi, que contempla, desesperada, como las llamas empiezan a hacer presa en el salón. Las chicas están paradas en medio del salón, como petrificadas. Vex retorna de la cocina con el cubo de agua vacío.
—Han puesto a un tirador escondido en la loma que hay enfrente — el reverendo responde a la muda pregunta de Tamsin—. Es imposible llegar al pozo y coger agua.
—¡Joder! —murmura la rubia cogiendo una botella de licor de la barra—. Justo un segundo después una bala revienta la botella.
—¡Al suelo! —Eric se tumba con rapidez y los demás ocupantes del salón lo justo tienen tiempo de esconderse antes de que una espesa lluvia de balas arranque astillas de los pocos muebles intactos del bar.
Una bala rebotada le produce un leve rasguño al reverendo, haciéndole caer redondo en el suelo de la cocina.
—¡Bastardos! —el alarido de Kenzi, seguido de unas espesas lágrimas, no se sabe si de impotencia al ver su hogar devastado, o producto del acre y espeso humo que les empieza a rodear, estremece los cimientos mismos de la casa.
—¿Vex? —Tamsin rueda por el suelo del salón hasta llegar a la cocina.
—Estoy bien. Estoy bien —murmura un asustado reverendo frotándose la pequeña herida del hombro tras limpiarse unas gotas de sudor de la frente—. Solo es un rasguño, Tamsin.
—Ya basta —Hale se levanta del suelo con firme determinación—. Me quieren a mí, pues me tendrán. Voy a salir ahí afuera y me voy a entregar. Así parará este sinsentido.
—Ya es tarde —Aure se acomoda la venda que su padre le ha hecho con un pañuelo y se acerca a la semi derruida fachada de la casa, deslizando el rifle por un pequeño hueco al que todavía no han atacado las llamas.
—El daño ya está hecho —termina la frase su hermana.
—Ellas tienen razón —sentencia la caza recompensas haciéndole a el buhonero una seña para que se agache—. Si te entregas tendrán lo que han venido a buscar y nos matarán a todos. Dejarán que la casa arda hasta los cimientos con nosotros dentro.
—¿Entonces? —Kenzi es pura desesperación.
—Tenéis que escapar —sentencia Tamsin—. Los indios saben el camino a Nankoweap. Hale vete a buscarlos y que bajen aquí. Vosotros tres —Tamsin les hace una seña a Eric y a sus hijas—vigilar la calle. No quiero que nos ataquen ahora. ¡Vex!, mira la parte de atrás de la casa. Dime que ves en el camino que lleva a la llanura. Chicas, Kenzi. Coger algo de ropa y comida para el viaje. Lo imprescindible. ¡Ahora!
—Es una locura —Hale espera a que las chicas vayan en busca de lo necesario para el viaje y se planta delante de Tamsin—. Nos perseguirán y nos atraparán.
—No. No lo harán —la rubia le mira con fiereza—. Prepara tus cosas ya mismo o voy a ser yo la que te pegue un tiro.
—Hay dos carretas cruzadas en medio del camino —el reverendo retorna de su misión y se tumba junto a Tamsin—. Quizás haya media docena de hombres escondidos tras ellas.
—Una emboscada —La caza recompensas maldice al aire su mala suerte.
—Podemos evitarlos —Crystal y las otras chicas retornan con unos leves hatillos de ropa, un poco de comida y mucho miedo prendido en las miradas—. La mujer se dirige entre susurros a Tamsin. Hay un pequeño camino que baja al barranco. Tras caminar un poco menos de una milla vuelve a salir a la llanura. Yo suelo pasear por ahí. Es un buen sitio para recoger hierbas aromáticas para los guisos.
—¿Los caballos pueden pasar por ahí? —Tamsin clava sus ojos esmeraldas en la muchacha rogando tener un poco de maldita suerte.
—El camino es demasiado estrecho y abrupto como para cabalgar por el —niega Crystal con la cabeza—, pero se puede caminar llevando los caballos de las riendas.
—De acuerdo. Hale —Tamsin busca con la mirada al buhonero y lo encuentra en una esquina del salón, junto a los indios que ya han bajado de la planta de arriba—. Ven aquí. Y los indios también.
Hale se acerca seguido de los guerreros y se apresta a escuchar las instrucciones de los indios.
—Escucha, Hale —Tamsin carraspea a causa del intenso humo que se está adueñando de la estancia—, Crystal conoce un camino para evitar a los hombres que están apostados en el camino de la llanura. Que tus hombres la protejan y ella os guiará más allá del cerco. Luego diles a los indios que os lleven a Nankoweap. Lauren dijo que tú eras parte de Nankoweap, así que no se negarán. Díselo ahora.
Hale se demora unos momentos para hacerse entender por los guerreros indios. Tras una breve conversación, uno de los indios coge con suavidad a Crystal y ambos se acercan a la puerta trasera de la casa.
—Están de acuerdo —Hale suspira con alivio.
—Tamsin —Kenzi se enfrenta a su amiga—. Esto no puede acabar así. Todo lo que tengo está ardiendo en estos momentos —Las lágrimas corren por las mejillas de la muchacha morena.
—Escucha, Kenzi —Tamsin sujeta por los hombros a Kenzi, infundiéndole fortaleza—. Teneís que escapar en dirección a Nankoweap. Lauren dijo que mandaría guerreros en nuestra ayuda y de seguro que os los encontrareis por el camino. Ellos os ayudarán. Cuéntales a Lauren y a Bo lo que ha pasado aquí. Bo es su hija. La hija de Trick y tu mejor amiga. Ella se asegurará de darle a su padre lo que se merece y de seguro que recuperaras todo esto. Se que Bo lo hará.
—Tamsin —Kenzi sacude la cabeza con una súbita comprensión—. Tú no nos vas a acompañar.
—Alguien se tiene que quedar para mantener el engaño —la caza recompensas le dedica una tierna mirada a Kenzi.
—¿Qué engaño? —Vex se arrastra hasta las dos mujeres alarmado.
—Voy a dejar que la casa se queme hasta los cimientos y, justo cuando se esté derrumbando, me voy a entregar. Le diré a Trick que todos habéis perecido en el incendio y que solo yo he sobrevivido. Además alguien tiene que entretenerlos mientras escapáis.
—Te matará —Kenzi se agarra a su amiga con fuerza. Vex no pronuncia palabra alguna—. Trick te pegará un tiro en cuanto asomes la cabeza ahí afuera.
—No. No lo hará —Tamsin sacude la cabeza—. Recordad que él me encargó seguir a Hale. Bien puedo decirle que yo también se donde está Nankoweap. O al menos hacerle creer que estuve cerca. Con eso creo que bastará. Y ahora —la rubia pasea sus mirada por las llamas, que ya están empezando a lamer el techo del salón— es hora de irse. Esto se está poniendo muy feo.
—Volveremos a por ti —Kenzi ahoga unos sollozos antes de volverse e irse a juntar con Hale, las chicas y los indios. Todos listos en la puerta, esperando su señal.
Kenzi sostiene una breve conversación con Hale y con las chicas y cinco pares de ojos se vuelven para mirarla.
—No —niega Tamsin con la cabeza y se vuelve hacia donde están Eric y sus hijas.
—Tamsin —Vex no se separa de la rubia caza recompensas.
—Vete —Tamsin ahoga un sollozo y pelea por no dejar que sus brillantes ojos esmeralda se tiñan de lágrimas.
—No —El reverendo se muestra firme y decidido—. Una vez ya dejé arder una casa con gente dentro. Personas a las que tenía en gran estima. Y eso es algo que me acompañará durante toda la vida. ¿Acaso no recuerdas las llagas de mi espalda?
—Vex, por favor —Tamsin se enfrenta a la hermosa mirada del reverendo. Su corazón palpita de angustia. Las lágrimas se abren paso por el océano esmeralda.
—Me quedo a tu lado.
—Reverendo —Tamsin posa sus manos a ambos lados de la cara de Vex y deja que la profundidad de la oscura mirada del reverendo le conceda un segundo de paz.
—¿Si? —Vex está perdido en un océano esmeralda, ajeno al calor, a las llamas—. Ni siquiera el humo que les rodea puede apaciguar el hermoso fulgor verde que lo tiene atrapado.
—Te amo —Tamsin se deja llevar por sus sentimientos más profundos, depositando un intenso beso en los labios de Vex—. Te amo desde lo más profundo de mí ser, reverendo —Tamsin se desapega de la boca de Vex con rapidez—. Y si salimos de esta tenemos que hacer algo al respecto. Ahora coge ese rifle y ayúdame.
Vex y Tamsin se arrastran hasta llegar a la altura de las dos pizpiretas y de su padre. Evitando por el camino las pequeñas maderas ardientes que ya se empiezan a desprender del techo. Un seco crujido les avisa de que no hay tiempo que perder.
—Chicos —Tamsin le hace una señal a Eric para que miren hacia el resto de los ocupantes de la casa, prestos a salir por la puerta trasera—. Os están esperando para una divertida excursión a territorio indio.
—¿Y tú? —Aure le dedica una divertida mirada. ¿Acaso no te gustan las excursiones?
—Bueno, chiquilla —Tamsin le devuelve la sonrisa—. El reverendo y yo tenemos mejores cosas que hacer aquí dentro. Así que mejor os vais y nos dejáis a solas.
—¿Padre? —Neshlud no deja de mirar inquieta al exterior de la calle mientras espera la decisión de Eric
Eric pasea la mirada alternativamente entre el grupo apostado en la puerta, sus hijas y su amiga.
—Vas a distraerlos para facilitar la fuga —el Hombretón se sacude una astilla ardiendo del hombro—. Siempre te ha gustado ser la más dura del grupo. Ehh.
—Ya me conoces —Tamsin disimula como puede el rubor que empieza a teñir sus mejillas.
—Chicas —Eric reclama la atención de sus hijas—. Creo que nunca nos ha gustado mucho cabalgar por territorio indio —el fornido rubio le dedica una sonrisa de complicidad a su amiga.
—Además, ahí afuera hay hombres malos—Aure sentencia con firmeza reafirmando la decisión de su padre.
—Malos hasta para ti —Neshlud agita la cabeza mientras acaricia el gatillo del Winchester—. Creo que vas a necesitar nuestra ayuda.
—Va a ser muy peligroso quedarse aquí —la caza recompensas hace un tímido intento por convencer a sus amigos.
—Siempre es peligroso estar junto a ti, Tamsin —Eric le guiña un ojo al reverendo—. Advertido quedas, Vex. Esta mujer te llevará por el mal camino.
—Vale,vale —Tamsin se remueve incomoda y se sitúa junto a una de las ventanas—. Vex, junto a mí. A mi señal disparad a todo lo que se mueva ahí afuera. Hale —Tamsin se hace oír por el expectante grupo del otro lado de la sala—, ¿Listo?
—Cuando nos digas —el buhonero se hace oír a través de la espesa cortina de humo.
—Fuego… —El alarido de Tamsin sacude la noche.
—…camina conmigo —recitan a viva voz las dos pizpiretas asesinas apretando el gatillo.
