Aquí estamos de nuevo queridos lectores y esta vez nos vamos a poner serios al hablaros de la historia de un genocidio perpetrado a lo largo de cuatro siglos. Se estima que, a la llegada del hombre blanco al continente americano en el año 1500, se contaba con una población nativa de alrededor de 12 millones. En el año 1900 solo había unos 237.000 nativos americanos. Y os preguntareis ¿Dónde está el resto? ¿Cómo murieron más de once millones y medio de personas?

Teniendo en cuenta que esta es una novela del oeste y que todos hemos vistos cientos de películas sobre el tema, rápidamente diremos que murieron en asaltos o bajo el fuego enemigo en la conquista de un país sin ley en el que simplemente uno tenía que ser más rápido que otro con el revólver…

¿Estáis seguros?

Recordad que la historia la escriben los vencedores, y la maquillan, vaya si la maquillan. La realidad, lamentablemente, fue otra. Se estima que murieron de forma violenta de un 10 % a un 25 % de la población (1,2 a 3 millones). Pero ¿Dónde está el resto? ¿Donde están los 9 millones restantes? ¿Quién fue ese asesino invisible? Antes de seguir me gustaría dejaros un enlace en el que podéis ver la distribución originaria de los asentamientos de los nativos americanos.

Como veréis hemos situado Nankoweap en un entorno privilegiado, pero volvamos a la historia. A mediados del siglo XIX se crearon las primeras reservas de nativos americanos, y hacia 1876 casi todas las tribus ya habían sido reubicadas cerca de fuertes militares. A partir de ese momento empezaron a recibir los productos básicos (commodities) del gobierno estadounidense, con una calidad ínfima, que diezmaron la salud de los indios y desataron pandemias. ¿Tienen nombre esas pandemias? Viruela, sarampión, gripe, tosferina, difteria, tifus, peste bubónica, cólera, fiebre escarlata…

Bueno, seamos positivos. en el año 1900 ese genocidio ceso. ¿Y todos fueron felices y comieron perdices. Lamentablemente no pues entonces empezó el abuso y la posterior discriminación. El gobierno estadounidense reconoce a día de hoy 565 tribus con una población de 2.5 millones de nativos. De los cuales alrededor de un millón viven en reservas, que en total abarcan una extensión de 22.5 millones de hectáreas. Un 2.3 % del territorio total de EEUU. Es decir los nativos americanos perdieron el 97.7% de sus tierras por no ser los más fuertes, ni los mas rápidos, ni los más listos.

Existe un "presunto incidente", ocurrido el 20 de junio de 1837. Ese día el ejército de EEUU empezó a distribuir mantas a los indios reunidos en Fort Clark (la actual Dakota del norte). Las mantas habían sido tomadas de un hospital militar en St Louis que estaba en cuarentena por viruela. Cuando el 14 de julio los indios empezaron a mostrar síntomas de enfermedad , un cirujano aconsejó a los acampados dispersarse y buscar "refugio" en los asentamientos de parientes sanos. ¿Os podéis imaginar que paso verdad?

Afortunadamente para Nankoweap esta historia la estamos escribiendo nosotros y la maquillamos a nuestra manera. Contamos con saber ancestral de "Alce Negro" y con el talento, la magia, y el favor de los espíritus de "Nube Blanca" para vencer a ese enemigo invisible que está haciendo enfermar al que sin duda ya es nuestro pueblo.

¿Queréis seguir con nosotros? Si la respuesta es un "sí", nos encantaría que nos escribieseis alguna review. En caso contrario no pasa nada. Es un placer cabalgar con vosotros en las extensas praderas del salvaje oeste. Con todo el cariño del mundo.

Samwell123 y Kimba68


SISTERS

¿Hermanas?

No. Es imposible.

La cabeza de Bo estalla.

—"Respira, respira. Intenta respirar. Esto no puede estar pasando. Bo tranquila. Respira, concéntrate, analiza los datos…

Empieza por el principio…

Respirar."

—Bo, ¡Bo! ¿Qué te pasa? —"Nube Blanca" agarra a Bo justo un momento antes de que la brava mujer se derrumbe en el suelo.

—"Pequeño Lobo", ¡Rápido! Busca ayuda…

Unos días antes

Bo cabalga al lado de "Nube Blanca" cuando ambas, acompañadas de un nutrido grupo de guerreros indios que las escoltan, entran en Nankoweap. El griterío es ensordecedor y amenaza con quebrar hasta las rocas del desfiladero que protegen el sagrado lugar.

Todos los habitantes del poblado han salido a dar la bienvenida a su chaman, con voces estridentes y excitadas que llenan el aire de palabras ininteligibles. Las mujeres se acercan a los guerreros y tocan sus piernas. Los niños corren delante de los caballos anunciando a gritos su llegada.

Acuden para admirar a Nuble Blanca. Ella es el orgullo y la esperanza de todos ellos. La miran como si fuera una especie de divinidad celestial. Una especie de … Ángel.

Bo estudia sus caras. Ve el amor que, hacia "Nube Blanca", anida en los ojos de los indios… y el desprecio con que la miran a ella. A Bo le sorprende lo limpia y pulcra que parece ser la gente.

¿Por qué en el rancho de su padre hay niños que apenas pueden caminar a causa de los pobres faldones, cuatro tallas más grandes que ellos, que usan todos los días? —se dice Bo mientras pasea su bicolor mirada por la multitud que le rodea.

Sus ojos escrutan las sombras de los tipis, buscando a los enfermos. Todos los poblados tienen ancianos débiles, guerreros tullidos. Y en Nankoweap además se había asentado una epidemia

¡Ni uno solo! —Bo se sorprende por la ausencia, por lo menos ante sus ojos, de enfermos—. ¡Deben de estar en alguna parte!

Sus ojos se fijan de nuevo en la gente, notando algo más. Todos parecen saludables, bien alimentados, pero no gordos.

¿No se supone que están enfermos? Por eso"Nube Blanca" regresa al poblado. ¿Quizás me haya engañado?

La rabia le sube a la garganta, como si fuera bilis. Quiere descargarla contra algo, contra alguien. Necesita deshacerse de aquella desagradable sensación de no comprender del todo la situación, pero esta reducida a la impotencia. Se siente fuera de lugar en aquel extraño escenario.

Sin que Bo lo note, un muchacho pequeño, que está parado no lejos de ella, se agacha y recoge un puñado de barro del suelo. El pequeño indio amasa el barro con las palmas de sus manos, pasándose la mugre compacta de una mano a otra. El niño sonríe al ver la bola que ha fabricado, con un pícaro plan pintado en su mirada. El chiquillo ha oído muchas historias acerca de la mujer mala, del demonio bicolor. Historias que lo hacen temblar en medio de la noche al pensar que esa mujer y sus caras pálidas puedan entrar en su poblado, acabando con todos ellos, quemando sus tiendas. Esta es su oportunidad de vengarse de la mujer mala. Apreta y amasa aun más la bola de barro.

Bo esta rodeada por el enemigo. Nunca en su vida se ha sentido tan impotente y pérdida. Ni siquiera cuando Dyson le comunico las ordenes de su padre. Aquellas duras palabras, en las que su vida dejaba de carecer de importancia a manos de los de su sangre, no la alteraron tanto como el estar ahora, plantada en medio de Nankoweap.

El muchacho levanta el brazo Lo inclina hacia atrás y lanza la bola de barro hacia la mujer mala. El amasijo de suciedad humedecida vuela por el aire, moviéndose rápidamente hacia su objetivo, pero el chiquillo no ha medido bien las distancias.

"Nube Blanca" se da la vuelta, instintivamente, cuando sus ojos captan un movimiento repentino. No tiene, sin embargo tiempo para reaccionar; La bola de barro se dirige directamente a su cara. Bo reacciona con rapidez. Alza la mano e impide que el barro de en el blanco. Bo cierra los dedos alrededor de la bola y retira su mano de la cara de "Nube Blanca". La mujer india la mira sorprendida, contemplando la masa aplastada de barro que ensucia la mano de la vaquera.

—Estoy segura que se dirigía a mí —le susurra Bo a su compañera, dejando caer los restos de la bola de barro al suelo.

—Lo siento Bo —"Nube Blanca" ahoga un suspiro de insatisfacción, con un pequeño deje de incomodidad—. Ellos no te conocen, pero tu fama te precede, así que sienten miedo. Ya cambiaremos eso. Un buen comienzo sería ponerte un compañero que te ayude a conocer y comprender este lugar. Yo tengo que hablar con mi abuelo y conocer el alcance de la situación. Tú quédate aquí con "Pequeño Lobo" —la mujer india señala al díscolo chiquillo que ha arrojado la bola—. Como castigo por arrojarte barro, a partir de ahora, será tu sombra y tu guía en Nankoweap. ¡Pequeño Lobo ven aquí! —"Nube Blanca" tiñe su voz de una autoridad nunca antes oída por Bo.

El muchacho se acerca lentamente, arrastrando los pies.

—A partir de ahora —la severa mirada de la Gran chaman amenaza a "Pequeño lobo" y este baja la mirada, levemente sumiso— y hasta que diga otra cosa, serás el guía de Bo ¿Has entendido?

—Si —murmura el chiquillo abrumado por la cercanía de la mujer diablo. Bo le mira con expresión severa.

"Nube Blanca" se aleja, en dirección a uno de los grandes tipis que conforman el centro del poblado y Bo se queda sola, parada junto al pequeño salvaje. Bo relaja un poco la mirada y le dedica una tibia sonrisa a "Pequeño lobo".

—Bueno, mi caballo y yo tenemos sed —Bo procura no usar un tono de voz muy duro.

—Mi pueblo no ayuda a los demonios —el chiquillo se encara a Bo, limpiándose la nariz con la manga sucia y dejando que sus ojos recorran desdeñosamente a la mujer blanca.

—No te he pedido que mates a nadie —Bo sonríe lentamente—, que es lo que hacen los demonios. Solo te he pedido agua.

—Yo no soy siervo de nadie —los pequeños ojos grises se entornan, cargados de odio—, búscate a otro que te ayude.

—Si insistes —Bo le dedica a "Pequeño lobo" un ademán de indiferencia con los hombros—, pero me pregunto que opinara de eso Nube Blanca.

El muchacho baja la vista, derrotada su hostilidad con la sola referencia a su Gran chaman, y comienza a andar. ¿Qué esperas, rostro pálido, señales de humo? —el chiquillo vuelve la cabeza, apurando un último gesto de rebeldía—¡Sígueme si quieres beber!

Bo sigue al muchacho bajo la atenta mirada de más de cien ojos vigilantes y recelosos…

Bo mira pensativa hacia fuera mientras la lluvia forma charcos fuera del tipi. Entrar en el poblado de "Nube Blanca", aguantando toda esa hostilidad contenida hacia a ella, le ha resultado difícil. Pero esperar en su tienda, durante casi todo el día, a que la Gran chaman hablara con ese tal "Alce Negro" se le estaba haciendo interminable. Sola, con la irritante compañía su pequeño guía. Le estaban entrando ganas de salir a cabalgar y hacer alguna locura, pero la maldita lluvia había llegado a media tarde y lo único que Bo ha conseguido de su guía es un bajo gruñido y una señal con la mano hacia la cortina de agua que se desataba más allá de la puerta del tipi cada vez que le recordaba a "Pequeño lobo" la necesidad de abandonar, aunque solo fuera por un rato, la asfixiante atmósfera de la tienda.

De repente Bo escucha unas rápidas pisadas acercándose al tipi y una empapadísima "Nuble Blanca" hace su aparición en medio de la cortina de agua.

—Siento haber tardado, Bo —la mujer india le dedica a Bo una tibia sonrisa, a medias entre la disculpa y el alivio de notar a Bo más alegre por su llegada, que enfadada por su retraso—. Mi abuelo me ha explicado la situación desde que marché y han sido muchas cosas de las que hemos tenido que conversar.

—Supongo que no te habrá sido fácil explicarle porque has traído al mismísimo diablo bicolor a Nankoweap —Bo transforma su cara en una mueca de ligera maldad y clava sus ojos en el fastidioso chiquillo. "Wohh"—susurra en dirección a "Pequeño lobo"—. El joven salvaje da un respingo y sale corriendo de la tienda.

—Bo —le recrimina "Nube Blanca" con dulzura.

—Un poco de respeto no le vendrá mal al chiquillo. Es deslenguado e impertinente —Bo le acerca a la "Gran Chaman" un trapo seco para que elimine la humedad de su cabello.

—Al comenzar la enfermedad —la mujer india se seca el cabello mientras comienza a relatarle a Bo lo acontecido— mi abuelo ordeno que las personas sanas permanecieran aquí a la orilla del río. Los enfermos fueron trasladados a la gruta, encima de la montaña. La gruta es un lugar sagrado, Bo. "Oso feroz" ha transigido con que te quedes en el poblado, pero bajo ningún concepto dejará que subas a la gruta. Así que tengo que dejarte aquí con "Pequeño Lobo" e ir a ayudar a mi abuelo con los enfermos.

—¡Estas loca! —Bo se revuelve con fiereza. La perspectiva de quedarse sola, en compañía de aquellos salvajes la pone de los nervios—. No pienso quedarme aquí con ese pequeño indio. Somos un equipo ¿recuerdas? Se supone que tengo que ayudarte con los diarios de mi padre y no puedo hacer eso si estas a una milla de distancia ¿No te parece? Así que si tú te vas a la gruta, yo te acompaño.

—"Oso Feroz" no lo permitirá. Además, Bo —la voz de "Nube Blanca" deja entrever una ligera preocupación— si subes conmigo, podrías enfermar o incluso morir.

—Bueno —Bo ahoga una leve sonrisa de satisfacción al ver la genuina preocupación de la que hace gala la mujer india— ¿Quién quiere vivir eternamente? Los tontos seguramente. Y yo no soy precisamente tonta. Vete y dile a quién quiera que sea "Oso Feroz" que su Gran chaman ordena que el demonio bicolor te acompañe a las cuevas.

—Mejor hablo con mi abuelo —"Nube Blanca" sacude la cabeza ante la tozudez de la que hace gala Bo— "Oso Feroz" es el jefe de los guerreros y guardián de las cuevas sagradas. Y doy fe de que hace honor a su nombre.

—Hazlo ya. No veo el momento de abandonar esta tienda. Comparado con este tipi y con "Pequeño lobo", una cueva y unos cuantos enfermos se me antojan el mismísimo paraíso…

Y así comienza el calvario particular de Bo. El demonio bicolor no cree que haya nadie en el mundo capaz de intimidarla, pero después de conocer a "Alce Negro" ya no esta tan segura. Ese hombre es, simplemente, impresionante. Su sola presencia deja aterrada a Bo, haciéndola temblar como una niña pequeña esperando su castigo. Bo esta segura de que cuando "Alce negro" posa su mirada ante ella, sus ojos la han taladrado y llegado hasta el más recóndito lugar buscando su alma…

—"Eso es un error —Bo intenta sacudirse el temblor del cuerpo mientras baja la cabeza, huyendo de la intensidad de la mirada del abuelo de "Nube Blanca"—. Yo no tengo alma. De tenerla, la perdí la primera vez que mi padre me mando a cazar salvajes."

"Alce Negro", tras la escrutadora mirada que le dedica a Bo, escucha las palabras de su nieta y accede a permitir que Bo acompañe a "Nube Blanca" a las sagradas cuevas. El venerable anciano aparca sus dudas y se deja guiar por las palabras de la, ahora, "Gran Chaman".

—"Si "Nube Blanca" lo considera conveniente, que así sea —se dice con convicción."

En las cuevas "Nube Blanca" pasa las noches con Bo estudiando y traduciendo los diarios de doctor McCorrigan, pero ocupa el día entero en cuidar y atender a los enfermos. Bo se siente algo inútil, sin nada que hacer durante el día, así que decide ocupar su tiempo en limpiar la dichosa gruta. Los enfermos, al principio reticentes, empiezan a recibir, con el paso de los días, con alegría la llegada del demonio bicolor. Por muy mala que sea esa mujer de rostro pálido, su presencia altera la monotonía en la que se encuentran.

Casi sin querer, bien lo sabe Dios, Bo empieza a intercambiar algunas palabras con ellos y a dirigirles, de vez en cuando, ya que no podía evitarlo, algunos comentarios hirientes. Poco a poco, a medida en que los va conociendo y viendo como sufren, su tono acaba por suavizarse. Bo comienza a interesarse por algunos de los enfermos. Les pregunta por sus familias, su ocupación en el poblado. Algunos de ellos, los ancianos sobre todo, le cuentan cosas acerca de Nankoweap. Uno de ellos le hace notar que entre los enfermos se encuentra "Pluma Ligera", la abuela del dichoso mocoso que "Nube Blanca" le impuso como guía. En cuanto a los guerreros enfermos, la presencia de Bo les supone un desafío. Un reto para curarse y seguir viviendo con el objetivo de proteger a su adorada chaman de las garras del "Demonio Nocturno", el nombre con el que ha sido bautizada Bo, gracias al maldito pillastre de su guía.

Bo acaba por compadecerse de los enfermos moribundos que quieren despedirse de sus seres queridos. Así que totalmente en contra de la voluntad del mocoso le obliga a ayudarla. Eso sí, siempre a regañadientes. Los enfermos le dan sus recados o mensajes a Bo y esta los baja de la gruta cuando toca recoger viandas, bebida y medicinas del poblado. Bo se encuentra con "Pequeño Lobo" en un punto acordado, pues el pequeño salvaje es el encargado de hacer de enlace entre la cueva y el poblado. Allá Bo le entrega los mensajes y el chiquillo se los hace llegar a los familiares, además recopila las palabras de aliento que los sanos dedican a sus personas enfermas. Bo retorna a la cueva con esos mensajes de aliento y es testigo de cuanta felicidad les proporciona a los moribundos tan gratas palabras de aliento.

Y así sin casi darse cuenta, el "Demonio Nocturno" pasa de ser una asesina de indios, a una mujer polifacética. Limpiadora, mensajera, confidente... compañera. Pues cada noche "Nube Blanca" llega destrozada por la pérdida de algún enfermo. Y es Bo quién la recibe con un tazón de sopa caliente y dulces palabras de aliento.

—"Cuando llegamos morían todos los días, ahora hace tres días que no muere nadie —suspira con alivio "Nube Blanca", dejándose envolver por la calidez del tipi y disfrutando del alimento caliente.

Con el paso de los días Bo se da cuenta de que el agua es lo más necesario en la cueva. Se necesitan grandes cantidades para bajar la calentura de los enfermos y acarrear con los baldes desde el poblado hasta la cueva agota a las mujeres ancianas que ayudan a "Alce Negro" y "Nube Blanca", así que el "Demonio Nocturno" piensa que lo que realmente necesitan es llevar la nieve de la montaña, que se alza encima del acantilado, hasta la gruta. Bo Recluta al mocoso que se encarga de que algunos guerreros corten una docena de árboles y los vacíen formando canales o surcos. El diablillo la ayuda como intérprete. Bo le explica lo que quiere y el pequeño tirano se lo escupe a los guerreros. La verdad es que el pillastre esta entrando en el corazón de Bo. Un hecho sorprendente, ya que hasta ahora eso solo lo han logrado Kenzi y "Nube Blanca". Los guerreros dejan los troncos en el punto de encuentro con Pequeño Lobo. Shadow y Bo se encargan de trasportarlos a la gruta y montar los canales. Shadow pone el músculo y Bo el cerebro.

—"¿Quién me ha visto y quién me ve? —Bo sacude la cabeza, dedicándole una tierna sonrisa al mocoso y sigue tirando de los troncos."

Aunque la verdad es que, como siempre, Bo aprende a base de errores. El "Demonio Nocturno" Tiene la nieve y tiene los canales, pero carece de un lugar donde almacenarla. Así que no tiene más remedio que tragarse sus miedos y hablar con "Alce Negro" y preguntarle si cerca de la gruta hay alguna cavidad en las rocas, parecida a una poza donde se pueda dirigir el agua del deshielo y que, en caso de desbordamiento, no produzca daños.

El venerable anciano le dedica una divertida sonrisa a la mujer blanca al ver el respeto con que la trata. —"La verdad que para ser un demonio, bien manso que es" —se dice "Alce Negro" antes de llevar a Bo hacia una esquina de la gruta y enseñarle una cavidad dividida en dos. Bo enseguida piensa que una de las partes se puede utilizar como almacén de agua, tanto para las necesidades de los enfermos como para beber, y la otra se puede utilizar para bañarse y lavar la ropa. Aunque la verdad sea dicha, poco o nada se lavaba en la cueva. Según las órdenes de anciano, cuando alguien fallecía, se le quemaba con todas sus pertenencias.

Y como no todo puede salir bien el puñetero chiquillo decide que no puede vivir sin saber que hace el "Demonio Nocturno" con los árboles, así que, desoyendo las prohibiciones, sube a la gruta. Por lo que ahora el castigo de Bo es constante ya que el pequeño salvaje ya no puede volver al poblado sin poner en riesgo de contagio a todos. Bo ve rota su rutina con los enfermos y sus gratas noches en compañía de "Nube Blanca" pues ahora tiene que cargar con una minisombra que no deja de gruñir, dar la lata a todas horas. Todo el día fastidiándola porque no le dejan ver a su abuela, "Pluma Ligera". El chiquillo incluso pasa las noches junto a "Nube Blanca" y Bo, rompiendo el encanto que envuelve a las lecturas de los diarios del doctor McCorrigan.

—"¿Quien sabe? lo mismo "Pequeño Lobo" aprende algo y acaba siendo un Gran Chaman o un gran medico —acota una "Nube Blanca" en extremo divertida al ver la frustración que acompaña a Bo cada vez que el chiquillo se acurruca entre ellas a la pálida luz de la hoguera."

Las noches son largas, sobre todo para Bo que tiene que mantener una ardua pelea con un dormido "Pequeño Lobo" empeñado en darle patadas y colocarle los pies en la cara hora tras hora.

Y las mañanas son divertidas, sobre todo para "Nube Blanca" que, cuando despierta al nuevo día, casi siempre contempla a una exhausta Bo y a un inocente crío abrazados en un dulce sueño. La guinda del pastel, lo que la hace afrontar con entereza el día a día de la cueva, es ver la reacción que tienen ambos al despertarse y descubrirse unidos el uno a la otra por un tierno abrazo. Los exabruptos de Bo hacia el chiquillo rivalizan en intensidad con los gritos que profiere "Pequeño Lobo" al descubrirse abrazado al, tan temido, "Demonio Nocturno". Eso si, las risas de la "Gran Chaman" siempre acaban ganando la partida a los gritos.

Lo que menos tolera Bo es la suciedad, así que le da un ultimátum al pequeño salvaje. O se baña, o le sube a lo alto de la montaña y le deja atado a una roca. "Nube Blanca", como siempre, intercede por el muchacho y decide que los tres necesitan un baño. Unos minutos después el pequeño salvaje es arrojado por una divertida Bo a la poza de agua. El "Demonio nocturno" no puede parar de reír al ver los aspavientos del chiquillo. Bo solo desvía un momento su mirada del entretenido espectáculo que le está proporcionando "Pequeño Lobo". Su vista se desvía para contemplar, con arrebolado candor, a su "Gran Chaman" introduciéndose en el agua. Los ojos de Bo navegan por la espalda de "Nube Blanca", dejando que tan hermosa vista conduzca a su mente hacia territorios bastante más placenteros que contemplar a un chiquillo sucio protestar cunado lo bañan.

Una mancha negra en la espalda de "Nube Blanca". Negra como la más oscura de las noches. Posada en la parte baja del omoplato, exactamente en el mismo lugar y con la misma forma que la que tiene su padre.

—"Es una marca de la familia —recuerda Bo que le respondió Trick la primera vez que la contempló—. Todos la tenemos.

Yo no —sentenció la niña de ojos bicolores que era por aquel entonces Bo.

Tú eres especial —sentenció el doctor, dando por terminada la conversación."

Bo siente que el suelo cede bajo sus pies.

Lauren es blanca. Los indios la encontraron de bebe. ¿Puede que ella sea hija de Trick? ¿Puede ser ella mi hermana?...

Respira, Bo...

Respira...